Disclaimer: Todo lo aquí utilizado es de propiedad intelectual y creativa de J. , yo sólo utilizo esto con fines recreativos.
Envidia; Amor por los propios bienes pervertido por privar a otro de los suyos. Deseo de situaciones, objetos o elementos ajenos.
—¿A que no es perfecto? Su cabello, su sonrisa...Moriría por saber cómo besa, por los cien magos, es simplemente...—Eowyn Corner tomó aire, sorbió otros milímetros de su whisky de fuego y suspiró:—Perfecto.
—Sí, es perfecto...Un perfecto idiota.
—Eso no es lo que dices en tus sueños mojados.
—¿Qué demonios sabes tú de mis benditos sueños mojados?
—Así que sí tienes sueños mojados...
Rayos.
Definitivamente había sido una mala idea ir a la fiesta que Albus y sus amigotes habían planeado desde el mes pasado. En primer lugar porque lo que menos quería era ver a gente borracha, besuqueándose por donde hubiera un hueco y haciendo que su plasma sanguíneo se volviera licor; y en segundo lugar porque sabía desde un principio que Scorpius Malfoy estaría en la fiesta.
Gruñó. El sólo hecho de pensar en el, ahora patoso, muchacho le daba ganas de ponerse una soga en el cuello y amarrarse a la parte más alta de la torre de Astronomía. O mejor dicho amarrarlo a él. ¿Habría sogas en Hogsmade? Debía averiguarlo en su próxima salida.
—Si ellos tienen bebés quiero que se casen con los míos.
—Dudo que lo desees Eowyn. Te aseguro que tendrán el cerebro del tamaño de un maní.
—Eso lo dices porque estás celosa...
—¡No estoy...!
Su amiga se fue, antes de que ella pudiera dar una respuesta coherente— que vale decir no tenía formulada aún—, con su horrendo novio Patrick Harries.
Dos meses, dos semanas, un día y medio. Tiempo que había pasado desde que el idiota con letra mayúscula de Malfoy había atinado a moverle todo que tenía en el cuerpo—tal como lo harían los huracanes que sus ojos le recordaban—,tiempo en el que había quedado en una especie de "coma-de-idiota-encaprichada". Sí, prefería mil veces llamarlo así a ponerle un nombre convencional. Y es que...¿Cómo demonios puede rotularse en forma común todo lo que le estaba pasando por la cabeza? Había buscado palabra por palabra en su diccionario mental, analizando una y otra vez los síntomas ilógicos que empezaban a hacerla delirar como la mismísima Juana la Loca.
¿Por qué diantres sus ojos iban hacia él sin importar lo que estuviera haciendo?¿Cómo se llama la enfermedad que hace que uno esté en una montaña rusa cuando una persona en específico entre en la habitación?¿Sería sarampión? Probablemente tenía hepatitis.
" Me pones nervioso."
Desde ese día él había empezado a ponerla nerviosa a ella, a la propia Rose Weasley por el amor de los cielos. Definitivamente le había pegado algún bicho.
" Me pones nervioso."
Qué rayos. Si lo ponía nervioso y, según él, lo llevaba haciendo desde que la había encerrado por primera y única vez hacía ya cuatro años—cosa que indudablemente decía que él ya traía la enfermedad esa desde tiempos inmemoriales—,entonces...¿Por qué se estaba besuqueando con la rubia de Ronda Farmers?
—Idiota.—musitó, mientras tomaba al seco una botella de vodka que alguien amablemente había aliñado con jugo de limón y azúcar. Cuando terminó un par de personas aplaudieron ante la hazaña con asombro, a lo que ella sólo atinó a subirse un poco más los tirantes del vestido y dejar su pelo libre del moño que antes lo controlaba. Como era de esperar su cabello voló a todas partes haciendo que momentáneamente sólo pudiera ver cabello rojo enrulado y casi fue el paraíso.
Luego la vio encima de él y volvió al santo purgatorio.
—¿Otra botella?—le dijo a su primo al tiempo que se acercaba a la improvisada barra que habían formado sus amigos y él con dos tableros de ajedrez sobre la fina madera para no tener que limpiarla luego, apartando la vista del babeo. Albus tenía una gorra de Slytherin en la cabeza, lo que significaba que estaba ya bastante ebrio o al menos lo suficiente para que no le importara llevar algo de su casa rival—disputa que sólo se ignoraba para las fiestas—, una especie de pendiente colocado en la oreja derecha y tenía las mejillas tan rojas como las primeras rosas de primavera.
—Como ordenes, Rosie.
Aunque el hecho de que su familiar le llamara de aquella forma resultaba preocupante, dado que era sabido por toda su parentela que la palabra Rosie equivalía a un golpe en la coronilla de esos que te aturden por un buen rato, resultaba más alarmante aún que a la chica le importara un verdadero comino en aquellos momentos que apodo usaran para referirse a su persona.
Fue por esto qué, en el instante mismo en el que su primo le pasó el licor—que no reconocía y parecía estar hecho a base de ron—se marchó lo más rápido posible y se sentó en el asiento más cercano, que resultó ser uno junto a Terry Marshall; un chico de séptimo, bastante alto y el mejor de su promoción. Era Premio Anual, pero en esos instantes parecía sólo ser capaz de vomitar una sustancia roja que al inicio pensó que era sangre, pero que resultó ser una mezcla de todo el alcohol que había tomado.
A Rose no le sorprendía. Todos olvidaban sus cargos en las fiestas de los Viernes de Albus y su tropa, dado que nunca habían sufrido de una redada por parte de la directora y que lo que sucedía entre tragos se quedaba allí, haciendo que al día siguiente todos fingían que estaban cansados por hacer los deberes de Historia de la Magia.
—Menuda resistencia, Weasley—la voz de Marshall sonaba acartonada y a la chica no le gustaba como pronunciaba su apellido debido a que él era de Irlanda y arrastraba o enfatizaba las palabras indebidamente, sin embargo no dijo nada.—Te vi, haciendo lo tuyo con el vodka. Lamentablemente yo no pude hacer lo mismo con la tercera botella.
—Ajá—dijo ella, mientras tomaba un largo trago de su nuevo licor. Resultaba, asombrosamente más suave y dulce que el anterior, pero no así más suave. Apuntó en su mente preguntarle a Albus qué era cuando volviera a la sobriedad.
Estaba a punto de preguntarle a Marshall que había tomado, pero al muchacho le pareció más conveniente hablar con el tarro que contenía su vómito. Por ello irremediablemente se vio obligada a ver a Malfoy y a Farmers en la otra esquina.
Habían cambiado de posición en el sofá. Ella estaba colocada, como si montara un caballo, sobre él y le toqueteaba el pecho con frenesí, pero él se mantenía sólo tocándole la cintura con delicadeza, casi quieto. Quizá estaba intentando mantener su supuesta reputación de caballero, o lo poco que le quedaba de ella. Tal vez estaba intentando pegarle el mismo virus que a ella.
La escena de ella mirándolos con una botella en mano, junto a un Premio Anual vaciando sus entrañas dentro de un contenedor y con el cabello como llamaradas bailando ante cada compás de la música, debía ser un panorama deprimente digno de la típica película de la pobre solterona que vive en su departamento con un gato llamado Bolita. Pero aún así le era casi imposible apartar la vista: en primer lugar porque nadie se fijaba en lo que ella estaba haciendo—excepto Eowyn claro, pero ella había desaparecido misteriosamente en dirección al cuarto de chicas con su novio—, y en segundo lugar porque mientras más miraba a esos dos besarse más errores encontraba en el cuadro.
Era como mirar esos libros de Encuentra las Siete diferencias que su madre le pasaba cuando era pequeña, diciendo que si los resolvía le daría una paleta y que tenían el secreto fin de aumentar su afinidad mental. Exactamente lo mismo.
Malfoy no era, definitivamente, lo suficientemente ancho para Farmers. Ella era una chica de huesos grandes, con la nariz evidentemente demasiado pequeña y el busto demasiado grande. Si bien el rubio tenía las manos grandes, ni teniendo cientos de ellas cubriría bien el cuerpo de la muchacha. Sus cabellos no combinaban; el de él era demasiado claro y el de ella era de un color que más que rubio le recordaba al queso amarillo que su padre compraba en spray.
¿Cómo diablos era entonces que Farmers se había conseguido a Malfoy si tampoco era la más agraciada de todas y no tenía ningún talento en absoluto? ¿Cómo había conseguido a alguien? O mejor dicho...¿Cómo había logrado hacer que cayera entre sus tentáculos de pulpo?
No. Se negaba a admitir que estuviera envidiosa de la grandota esa. Era curiosidad, se decía, mera, lógica y sincera curiosidad. Aunque, si se atrevía a admitirlo en su fuero interno, ella estaba segura qué, de estar en la posición de la grandota, sería capaz de aprovechar y hacer que el chico lo pasara mucho mejor de lo que parecía estar pasándolo.
Tomó otro trago, al tiempo que Marshall terminaba de llenar el balde de sus desperdicios, lo limpiaba y lo colocaba del armario de escobas, que estaba junto a ellos y era donde lo había sacado. A continuación el tipo se levantó tambaleante y caminó sin rumbo hacia el lado opuesto de la habitación, dejándola sola junto a la barra, su primo y una pareja revolcándose en el sofá que estaba a unos metros.
Estaba tan interesada en ver al Premio Anual, cuya silueta fue desapareciendo ante sus ojos por la oscuridad que reinaba en la sala y que sólo era interrumpida por unas botellitas que estaban esparcidas por todo el lugar con colores neón, que no notó que el mismísimo Scorpius Malfoy se dirigía a la zona de tragos. Tenía la camisa verde desabrochada y el pantalón arrugado.
—Otra botella—le dijo a Albus. Su primo arrugó la nariz y tanteó entre las cajas hasta que sacó una que tenía un líquido color hielo. Se la pasó al muchacho y continuó moviéndose con ánimo a un paso que no tenía nada que ver con la melodía que sonaba.
Malfoy lejos de marcharse con Ronda Farmers, que ahora hablaba animadamente su amiga Lisa Chang, se acercó a ella con una sonrisa torcida. De cerca y pese a la oscuridad, ella pudo notar que sus pupilas se dilataban considerablemente.
—Lindo pelo, Weasley.
—Vete, Malfoy.—lo dijo con un perro salvaje. El alcohol realmente nunca había sido muy amigo suyo en temas de control de temperamento y ahora lo agradecía: si había alguien a quien quisiera agredir, aunque fuese sólo por palabra, era al que tenía al frente.
—Estás ebria—rio. Sus ojos blancos resplandecieron casi tanto como las botellitas neón.—Esto no ayudará a tu reputación de Prefecta perfecta. Aunque si lo hace con la de la chica rebelde...
—No estoy ebria—gruñó.—Estoy, como se dice, feliz en una manera alcohólica moderada y responsable. Ahora, si me disculpas, tengo media botella con la que conversar que estará muy feliz de dañar mi hígado en un tiempo futuro.
—No puedes estar feliz si bebes.—declaró él. Aparentemente no estaba muy dispuesto a marcharse. Ella encogió los hombros.—El alcohol es una droga depresora, eso significa que está diseñado para...
—No me importa.—lo decía con honestidad, aunque realmente estaba sorprendida que supiera, aunque fuese un poco, lo que era una droga. Quizá en Estudios Muggles, clase que él tomaba y que ella no se había dignado a apuntar en su calendario, le habían explicado más que la verdadera función de una tostadora.
—Debería pues...
—¡REDADA!—gritó alguien, una chica de quinto, que entró jadeante al lugar. La música calló y todos dejaron de hablar, sin embargo nadie se movió ni un pelo porque realmente nadie entendía que estaba pasando.—¡EL CELADOR!¡Lo he visto!¡Viene en camino!¡Ha habido un soplón!¡Llegará en menos de un minuto, lo juro!
Se desató el pánico. Todos procedieron a hacer desaparecer todo lo que tenían, algunos hicieron invisibles los licores y muchos se escondieron tras los sillones, bajo las mesas, aprovechando la oscuridad. Los de la torre de Gryffindor pudieron correr hacia sus cuartos, pero no hubo suerte para los que, como Rose se encontraban demasiado alejados de la escalera y que debido al ajetreo no podían siquiera llegar a ellas.
Aterrada, se metió en el armario de escobas con los pies dentro del balde que Marshall había usado antes para vomitar y que, gracias a Merlin, se había preocupado de limpiar y antes de que se diera cuenta Malfoy la siguió cerrando la puerta.
Se preguntó quién habría sido el soplón. Llevaban ya dos años organizando aquellas reuniones y nunca había sucedido algo parecido. Es decir...¿Quién querría privarse de una fiesta? o mejor dicho ¿Quién querría exponerse a que su primo Albus y sus seguidores lo encontraran? Claramente el culpable de aquello sería perseguido por todos los Weasley y los Potter hasta el resto de la eternidad. ¿Para qué querer someterse a ello?
El espacio era increíblemente reducido. Sus narices casi chocaban y su pecho rozaba el del muchacho. Extrañamente le recordó a su encerrada, en un gabinete en segundo año.
—No me encerraré contigo aquí.—estaba dispuesta a salir, cuando él le tomó la muñeca impidiéndoselo.
—Está por llegar.
En efecto, los pasos pesados y cansados del celador resonaban por el pasillo, no muy lejos de allí, acompañados de los maullidos de su fiel y momificada gata. Si salía no alcanzaría a subir completamente las escaleras y sería encontrada en plena huída, lo que irremediablemente significaba la extracción de su título de Prefecta y la no admisión de su postulación a Premio Anual.
—Diablos.
—Hueles a alcohol.—murmuró él.
—Tu hueles a piernas abiertas.—respondió ella.
Aunque aquello era mentira, se sintió bien hacerlo. Quizá, si tenía suerte, haría que se sintiera aunque fuera remotamente mal.
Los pasos del hombre se sentían cada vez más cerca. Podía escuchar su voz diciendo la contraseña de la sala común de Gryffindor sin titubear.
—Estás...¿Estás celosa?
Ella abrió preparó la garganta para responderle, enfurecida, cuando Filch puso su anciano pié en la habitación y la mano de Malfoy fue directamente contra sus labios. El inspector caminó por todos lados, lento y a la vez enfurecido, al no encontrar ningún tipo de prueba debido a la oscuridad mientras refunfuñaba contra su vejez, que le impedía ver con nitidez las formas, y contra sus ojos que le engañaban y le hacían ver en vez de alumnos escondidos tras el sofá cojines y respaldos.
Mientras caminaba para Rose el tiempo se hizo interminable así como también adormecedor. La respiración de Malfoy, junto con la suya, acarreaban tal cantidad de dióxido de carbono que empezaba a sentir el peso de la bebida y el aletargamiento que ésta acarreaba. Después de unos minutos, cuando Filch empezó a revisar el lado contrario de la sala común a donde ellos estaban, el muchacho sacó su mano de la boca de ella. Entonces hizo algo inesperado: colocó su mano sobre la de ella y empezó a alzarla en dirección a su cuello; una vez alcanzó el punto exacto que deseaba hacerle palpar tomó sus dedos e hizo que presionaran sobre el lugar, haciendo que sintiera la fuerza de la sangre chocando contra sus venas.
Su piel era suave. Sus latidos salían de estratósfera.
Inmediatamente Rose atribuyó la elevada presión del chico a la inspección y llegó a cuestionarse si sería posible que al chico le diera un paro cardíaco allí mismo. Absolutamente ella no estaba dispuesta a llevar el cadáver. Sin embargo, cuando el celador se hubo marchado y la gente comenzó a marcharse, el pulso de él no dejo de batallar contra su cuerpo ni por un segundo.
Aquello la puso ansiosa e hizo que empezara a querer correr fuera del armario, pero sus pies permanecían pegados a la cubeta como si esta tuviese pegamento y su mano seguía contra el cuello de Malfoy al igual que lo harían imanes con cargas opuestas.
—Cuando dije que me ponías nervioso no bromeaba.—susurró él. Sonaba tal como lo había hecho aquella vez tras lo de la cocina: dulce y galante, lo que calzaba con su imagen de chico perfecto y redimido, pero que contrastaba con el chico que había tenido a una rubia sobre él hacía poco.—De haber sabido que te pondrías celosa de Ronda simplemente no habría dejado que me toqueteara.
—No estoy celosa.—prefería pensar que era envidia a que eran celos un cien por ciento. Aunque ¿No estaban, técnicamente, los celos y el deseo de tener lo ajeno prácticamente ligados?
—Ya.
—No lo estoy.—refunfuñó. Dicho aquello retiró su mano del cuello del chico con apuro y se preparó para salir.
No pudo hacerlo, una mano jaló la suya con tal fuerza que no pudo moverse.
—Te pongo nerviosa igual, ¿No es así?
—No.
—Mírame y dímelo a la cara.
No había notado que había estado evitando el rostro de su compañero de espacio. A pesar de la oscuridad, que ahora se veía interrumpida por el brillo de las botellitas de neón que volvían a encenderse, y, por muy cliché que sonara, no pudo hacerlo. Porque para ella los nervios eran un síntoma de la enfermedad que la acongojaba y negar su existencia iría casi contra sus principios.
Él notó aquello y sonrió tan abiertamente que Rose pensó que se haría daño. Sólo al verlo sonreír se dio cuenta de que el armario era demasiado pequeño para él y que tenía que doblar el cuello para caber, mientras que a ella le faltaban varios centímetro para siquiera rozar el techo. El encierro evidentemente enfatizaba la diferencia de tamaños.
—Te besaría, pero estás demasiado borracha como para siquiera disfrutarlo.—lo dijo con un tono tan feliz que a ella le dieron ganas de vomitar arcoíris y bailar al son de canciones infantiles.—He esperado años para esto, puedo esperar más.
—Que demon...
No pudo decir nada porque él salió casi brincando del armario, dejándola sola dentro de éste. Estaba por salir cuando él regresó, probablemente corriendo desde la puerta, con la respiración jadeante y las mejillas extrañamente sonrojadas.
—El próximo sábado. Biblioteca. A las diez en punto. No faltes.
¿En qué universo paralelo dentro del inmenso cosmos había pasado de tener ganas de golpear a Malfoy hasta que su cara bonita se volviera sangre a tener una cita con él?
Realmente el mundo estaba lleno de sorpresas. Cuando salió del armario pudo ver a Ronda Farmers mirando a todos lados, buscando a Scorpius Malfoy sin éxito.
Sin tener claro por qué Rose pensó que el sábado pasaría a ser a partir de ese momento su día favorito de la semana.
—
Heme aquí con el segundo capítulo! Aprovecho de agradecer los lindos comentarios que recibí en el primero! En serio mil gracias! Pensé que recibiría alrededor de...hum...cero comentarios y tener cuatro me hace de lo más feliz! xx
Espero que este les guste de igual forma c: Si es así los comentarios me alegran el día y me hacen soñar con ponis! Si no les gustó las críticas son siempre bien recibidas, estoy aquí para mejorar.
Mil gracias de antemano!
Sarunami
