Sé muy bien que este fic no ha tenido muy buena acogida, y que no tiene tantos reviews como mis otras historias, pero hoy me sentía inspirada, por lo cual subo el segundo capítulo de esta historia. Ojala disfruten tanto leerla, como yo hice escribiéndola ^^.

Disclaimer: Harry Potter NO me pertenece, sino que a J.K Rowling y a sus asociados.


Lógico

Por E. Waters

Capítulo II

Hermione POV.

El timbre sonó, claro indicio que las clases finalizaron, y por primera vez quise que la clase de educación física no terminase, y es que me podría ir muy bien en asignaturas cómo en otras asignaturas como literatura y química, pero en cuanto a en los deportes se refería, me iba fatal.

—Granger, ya puedes retirarte del gimnasio. —me dijo la profesora Hooch, a lo que yo asentí.

Busqué desesperadamente a Harry o a Ron, en busca de encontrar la mirada de alguno de ellos dos, todo para hacer tiempo para no irme directamente a afueras del colegio, en donde seguramente Fleur me estaría esperando.

Sin embargo, los minutos pasaban, yo caminaba lentamente por el pasillo que conducía a la salida del gimnasio, y ni había noticias de ninguno de mis dos mejores amigas.

Mis pasos eran lentos, muy lentos y largos, todo para alargar el tiempo antes de encontrarme precisamente con ella.

¿Qué me pasaba? O sea, todo lo que tenía que hacer era enseñarle algo de matemáticas a un compañera de curso y ya.

Pero Fleur Delacour no se trataba de cualquier persona; y tal vez no lo sería aún nada, sino fuese por esa pesadilla, porque no fue un sueño, ligado directamente con la muchacha más popular del colegio.

Era, sinceramente algo frustrante.

—Hermione, te esperaba.

Yo alcé mi rostro, y mi mirada café se topó con la azulosa de Fleur, a lo que mi corazón dio un doloroso brinco.

Ahí estaba, apoyada en la pared, con los brazos cruzados y una sonrisa que no pude descifrar por completo.

—¿Nos vamos? —añadió ella, a lo que yo sin poder siquiera chistar, me agarró de la muñeca y poco menos me arrastró hacia el deportivo perteneciente a la misma Fleur. —¡Nos vemos, chicas! —dijo, despidiéndose con el resto de su grupillo, del cual todas me miraron con cierta superioridad.

Pero total y absolutamente lógico. ¿Cómo era eso que de pronto la discreta de Hermione Granger, sí esa misma que prefería estar pegada al Nintendo con sus amigos, a que ir a fiestas, se juntaba con la muchacha más popular de la escuela?

Sobre todo, considerando esa aparente simpatía, de parte de Fleur…

Me senté en el asiento del copiloto, y apenas cerré la puerta del deportivo, mi 'alumna', por decirlo de alguna manera, ella partió a toda velocidad hacia el hogar de los Delacour, ubicado en la zona de más alta alcurnia, de mi pequeño pueblo.

En menos de lo que esperé, llegamos a la casa de ella, y bajando algo torpe de su deportivo, me llevó hacia la inmensa puerta de su casa.

—Bienvenida, señorita Delacour.

—Gracias, Mandred. Con mi amiga estaremos en mi habitación, por lo cual que nadie me moleste.

Cuando Fleur se refirió como 'amiga' a su mayordomo, yo alcé curiosa una ceja. No entendía; ella me había ignorado durante años, y justamente ahora, después de ese espantoso y sáfico sueño, me estuviese prestando atención era realmente raro.

Jugarretas del destino, supongo…

—Ponte cómoda. —me dijo Fleur, a lo que yo atiné a sentarme en una silla que estaba al frente de un escritorio, en donde además había una computadora de última generación.

Seguidamente, ella se sentó a mi lado.

Todo estaba muy bien; mi alumna, para mi sorpresa, resultó ser mucho más aventajada de lo que esperaba, y yo estaba muy enfrascada cuando de pronto sentí como la mano derecha de Fleur se posó sobre mi pierna.

Alto ahí.

¿Fleur… poniendo una mano, en mi pierna? La miré de reojo, y ella seguía poniendo su mirada sobre el libro de álgebra, como si fuese ajena a los movimientos de su mano.

¿Era yo la rara, por sonrojarme?

—¿Pasa algo, Hermione?

—No, nada. —dije rápidamente, teniendo que ladear mi rostro hacia un lado, para ocultar mi sonrojo.

La mano de Fleur, entonces, se desprendió de mi pierna, pero eso no evitó que sintiese su cara muy cerca de la mía.

Pero posiblemente, toda era mera imaginación mía. Por supuesto, estaba yo muy influenciada por esa pesadilla, y seguramente era yo quien estaba malinterpretando las cosas.

Las horas pasaron volando, y fue cuando me di cuenta que estaba oscureciendo.

—Debo irme. —y sin que mi 'alumna' pudiese decir o hacer algo, me levanté de la silla, y me coloqué mi mochila al hombro.

—¿Te paso a dejar?

—No es necesario.

—Yo creo que sí.

Y dicho esto, Fleur me agarró de la muñeca, como lo había hecho en el colegio, y me llevó hacia la primera planta de su inmensa casa.

—Manfred, dejaré a Hermione, no demoraré.

Me senté entonces otra vez en el asiento de copiloto del deportivo de Fleur, y en silencio nos dijimos hacia mi casa, de la cual para mi sorpresa, ella recordaba donde se encontraba.

—Y dime, Hermione, ¿es Ron o Harry?

—¿Ah?

De pronto ella rompió el hielo con esa pregunta, y yo la miré confusa.

—Que con quién estás, si con Ron o Harry.

—¿Tú te refieres a…?

—¿Qué cuál de los dos es tu novio?

—Ahh…—le respondí algo aturdida, aunque no era primera vez que me preguntaban eso. —Ninguno.

—¿Estás segura? —y Fleur alzó curiosa una ceja.

—Segura… hemos llegado. —dije, cuando vi mi casa a través del vidrio.

—Oh, cierto…

—Bueno, adiós.

—Espera. —y ella fue quien otra vez, me sujetó de la muñeca. —Gracias por enseñarme.

—No hay de qué. —le respondí, encogiéndome los hombros. —Después de todo, el profesor me lo dijo…

—Oh, bueno, adiós. —y el auto de Fleur partió hacia la dirección contraria, a donde se encontraba mi casa.

Viendo como el deportivo avanzaba, me regañé a mí misma. ¿Qué era de 'después de todo, el profesor me lo dijo'? Pero claro, yo qué realmente quería. Una cosa, era tener sueños… húmedos con ella, pero otra cosa era que quisiese hacer esa pesadilla, una realidad.

¿Eso quería?

No, no realmente.

Pero al recordar el cosquilleo que sentí cuando Fleur posó una de sus manos sobre mi pierna, enrojecí hasta la raíz del cabello.

Realmente, yo jamás he tenido novio, la verdad es que tampoco había dado siquiera mi primer beso. Es más, hasta dentro de la esfera social del instituto, era reconocida por ser una total y absoluta 'frígida', aunque eso no me molestaba.

¿Qué me iba a interesar, la opinión de unos adolescentes con hormonas revolucionadas?

—Hija, ¿dónde estabas? —me preguntaron mis padres, apenas llegué.

—Donde… Delacour.

—¿Fleur Dlacour… una chica?

Y no, no era rara la respuesta de mi padre. Yo carecía de amigas, posiblemente, debido a que encontraban que la naturaleza femenina era mucho más cruel y venenosa, que la naturaleza masculina.

—Sí, papá, una chica. No tengo hambre… ¿puedo ir a mi alcoba?

—Claro. —me respondió él, con una gran sonrisa en su cara. —Tal vez, puedas traerla la próxima vez a casa.

—Como sea…—solté, no queriendo rebatirle nada a mi padre.

Estaba demasiado cansada, como para discutir sobre si Fleur Delacour era mi amiga o no. Había sido muy intenso, y por sobre todo lleno de infames coincidencias.

Vi un rato televisión, y cuando me aburrí me puse a leer una novela histórica, mi género literario preferido.

Cuando el sueño me invadió, me coloqué mi camisa de dormir, me acurruqué en mis sábanas, y traté de cerrar los ojos y pensar en alguien que no fuese Fleur Delacour precisamente.

Sin embargo, toda la noche soñé con la mano de Fleur sobre mi pierna, y el su pálido y hermoso rostro muy cerca del mío.

—Te ves fatal, Hermione. —me dijo Ron, al día siguiente, cuando me pasó a buscar a la parada del autobús.

—Créeme, lo sé. —respondí. —Digamos que tuve muchas pesadillas.

—¿Pesadillas? —me decía Ron, mientras subíamos al autobús. —¿Con Snape? —y rió.

—Claro. —pero obviamente, Fleur no tenía nada que ver con el desagradable físico de mi profesor de química.

—Por cierto, quiero que me hagas un favor.

—¿Qué pasa, Ron? ¿Otra vez olvidaste la tarea?

—No… bueno, sí, pero no es lo que te iba a pedir.

—¿Entonces…?

—Quiero que me consigas una cita con Delacour.

—¿Estás loco?

—Venga, Hermione, es un pequeño favor.

El bus entonces se detuvo, y Harry se subió en él, y apenas nos vio se dirigió hacia donde nosotros estábamos sentados.

—¿De qué hablan? —preguntó, una vez que sentó a mi lado.

—Ron quiere que el consiga cita con Delacour.

Y esta vez, fue Harry quién rió.

—¡Qué! —Ron enrojeció, igualando el color de su cabello.

Seguidamente, nos desviamos del tema. Conversamos sobre el próximo juego de Mortal Kombat que saldría, y esas cosas de las cuales siempre conversábamos, nada relacionado con el exclusivo mundo de Fleur Delacour.

Cuando ingresamos al colegio, por mero instinto cerré los ojos con fuerza que me lanzaran un granizado. Pero ya no más; después de todo, ahora era algo así como la nueva aliada de Fleur, obviamente no me lanzarían granizado alguno.

Sintiéndome mejor, y sobre todo más segura de mí misma, caminé con la espalda erguida, en vista que ya nadie más me acosaría… Tal vez, después de todo, eso de ser tutora de Fleur, no sería algo malo, sino algo que me beneficiaría.

—Hermione. —fue lo que alguien me susurró a mi oído.

Yo por acto reflejo di un pequeño brinco, sumado a un escalofrío que recorrió toda mi espina dorsal. Rápidamente me di la media vuelta, y me topé con los ojos azules de la propia Fleur.

—¡Fleur! —exclamé, visiblemente sorprendida.

—¿Cómo estás, Hermione?

—Bien… gracias. —dije, y moviendo un poco la cabeza, me di cuenta del séquito de chicas, que le seguía. —¿Está bien, que hables conmigo?

—Yo hablo con quién quiera. —y me guiñó un ojo. —Pero… aún así, quiero que pasemos más tiempo…como los viejos tiempos.

Mis ojos marrones se abrieron mucho. ¿Acaso Fleur Delacour, recordaba que habíamos sido amigas en nuestra infancia?

Había algo raro en todo es… era absolutamente poco lógico que de un día para otro ella, precisamente ella me comenzase a buscar, justo, pero justo después de aquella pesadilla. Estaba divagando sobre ello, cuando la voz de la propia Fleur, interrumpió mis pensamientos.

—¿O no quieres?

—Claro que sí. —respondí, casi atropellándome en mis palabras.

—Muy bien, mira… ¿por qué no vienes a mi cumpleaños?

—Pero…

—¿Pero qué?

—Es muy raro que una empollona como yo, vaya a tu tipo de fiestas.

—Es sólo cuestión de ropa. —Fleur me sonrió, o eso creí ver. —Ven un par de horas antes de que comience la fiesta, y yo te ayudaré a vestirte.

—¿No es mucho trabajo?

—Para nada. —y dicho esto, me plantó un beso en mi mejilla.

Siendo así, Fleur me dejó ahí parada, con una cara seguramente de bobalicona. ¿Qué me estaba sucediendo? ¿Por qué de pronto, me ponía de esa forma, un beso cualquiera en la mejilla?

Pero ah, no era un beso cualquiera… era un beso de Fleur Delacour.

—¿Hermione?

Al escuchar la voz de Harry, me sobresalté. Me di entonces la media vuelta, y encaré con toda la cara ruborizada a mi amigo.

—¿Por qué tienes esa cara? —y él alzó una ceja.

—¿Qué cara?

—Bah, no importa… si no quieres contarme.

—No es eso. —rebatí rápidamente. —Es Krum.

—¿Krum? ¿El chico extranjero?

Por supuesto, mentí. Tampoco es que no encontrase atractivo a Krum, pero no era tanto como para me sonrojase de esa forma… pero, esperen un momento, ¿acaso Fleur me gustaba, porque me sonrojaba con ella?

No, eso no podía ser… ¡ambas éramos chicas! Y por lógica, yo siempre hacía lo correcto, aún cuando mis acciones hacían lo contrario.

—Sí.

—¿En serio? ¿Te gusta? —Y Harry entrecerró sus ojos.

—O sea, no es que me guste, pero lo encuentro muy atractivo. —dije, lo cual no era del todo mentira.

—Oh, bueno… mientras Ron no lo sepa…

—¿´Qué tiene que ver Ron?

—Nada. —se apresuró a decir Harry, a lo que yo escuché como el timbre que indicaba el comienzo de clases, comenzó asonar.

Siendo así, y casi olvidando el asunto de Ron, yo me encaminé lo más rápido que pude hacia el salón de clases de literatura. Detestaba, detestaba con todas mis fuerzas llegar atrasada a clases, así que salí casi volando hacia este.

Tan pronto como cuando me senté en el banco, lo hice en primera fila, y para mi suerte aún la profesora aún no llegaba al salón de casa.

Y aunque literatura era mi clase preferida, casi ni presté atención a lo que mi profesora hablaba o decía.

Después de todo, nada se me hacía lógico. Todas esas causalidades estaban tan propicias y perfectamente complementadas, que sencillamente no podía ser realidad.

Pero lo era, y el hecho de saber que Fleur no me era tan indiferente como yo creía, algo en todo ese asunto me molestaba.

Y pensando que lo mejor sería dejarme llevar, pero siempre haciendo lo universalmente correcto, logré prestarle más atención a mi clase.


Bueeeno, ¿quieren más? ¡Review! Además harán a una autora feliz (: