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CAPITULO 3. MOULIN ROUGE.
En el centro nocturno de París, con letras de colores y un molino danzante como adorno, ese cabaret daba la bienvenida a los hombres y mujeres que se veían atraídos a gastar su dinero a cambio de diversió las mesas estaban llenas.
Él se rehusó a tener una dama de compañía; ya había comprado el derecho de pasar al camerino privado de la flor más hermosa del molino rojo: Scarlet Rose. Su corazón temblaba al saber que la vería. Lo sabía, porque ella era la estrella de la noche que era anunciada en grandes carteles por toda la ciudad, su rostro estaba en cada esquina, así que no fue difícil encontrarla.
Se encontraba tomando una copa de brandy. Vestía de traje elegante, ya que así lo requería la entrada a ese célebre cabaret, de ese místico establecimiento. Después de varios actos de vedettes que trataban de ganarse el corazón del público, el momento esperado de la noche llegó.
-La promesse d'une soirée inoubliable! Scarlet rose! Applaudissez! S'il vous plaît!
Las luces menguaron su intensidad y Levi sentía que el corazón se le iba a salir en cualquier momento. Se escuchó como unos pequeños retumbes indicaban que la melodía empezaría. Entonces, iluminándose en color blanco tenue mientras las cortinas eran corridas hacia los costados, una mujer apareció en medio del escenario. Tenía su mirada melancólica y su voz soprano también mostraba esa melancolía que expresaban las primeras dos líneas de su presentación.
Dansez dansez moulin rouge... qui fait les belles fleurs croître...
Dansez dansez moulin rouge... qui progage les belles fleurs...
El sonido del violín junto con otros instrumentos continuó su participación. La mujer caminó hasta el centro del escenario, en hermosos pasos con tacones rojos, vestido escarlata ondeante y su cabello recogido en una alta coleta lacia, con listones negros y rojos que pendían en cascada sobre su hombro derecho.
Ella era la rosa escarlata del Moulin Rogue. Ella era Hanji.
Su único puño temblaba de rabia al verla bailar provocativamente por todo el escenario. De ver como otros hombres aclamaban su belleza. La furia dormida empezó a despertar. Ardía en deseos de ponerse en pie y alejarla de todas esas miradas lascivas que le daban los caballeros. De sacarla a cualquier costa de ahí y tenerla solo para él. Pero permanecería en silencio. No tenía un brazo y eso complicaría el efectuar sus deseos. Sonrió para sus adentros. Dejaría que todos esos cerdos disfrutaran de verla a lo lejos. Él tenía algo mejor que hacer. Se permitió disfrutar de la belleza física y vocal de quien por las leyes eclesiásticas, era su mujer.
Hanji había ido a buscar una mejor suerte de vida en el centro de Francia: París. Y por azares del destino quedó enrolada en ese ambiente. Primero como mesera, después como una vedette aclamada. Guardaba en su corazón el dolor de haberse quedado sin los dos hombres que amaba: el primero era un muerto en vida y el segundo su cuerpecito estaba muerto, pero su presencia seguía ahí.
Levi bebía lentamente su copa. Y antes que terminara el número, una de las vedettes le dijo que la acompañase para hacer efectivo su pago de una visita privada en el camerino de la artista. Durante el trayecto le advirtió que solo podía tener una plática rápida y solo eso. Cualquier intento de abuso hacia la rosa escarlata lo iba a pagar caro.
Levi entró al camerino que estaba repleto de flores y cortejos. Su puño tembló de rabia aún más. Se quedó de espaldas a la puerta. En cualquier momento entraría quien más deseaba abrazar. Husmeó en el peinador que estaba repleto de artículos de belleza. Detrás de un jarrón con varias rosas, como si quisiera esconder un tesoro a la vista de todos, encontró un marco con una fotografía. Se llevó tremenda impresión cuando su vista se topó con la imagen algo borrosa en blanco y negro de un niño sentado en una silla con dos muñecas a sus costados. El alma se le fue del cuerpo y regresó en un instante con la idea que ese niño que se parecía a aquel que se apareció unos meses atrás, fuera su hijo. Sorprendido por esa idea, volvió a colocar la fotografía en donde estaba; pero su mente seguía perdida en el espacio.
En el pasillo había un guardaespaldas al costado de la puerta de su camerino. Hanji terminaba de abrocharse su bata de seda.
-Hanji, vous avez une visite spéciale. Il s'appelle Rivaille.
-D'accord, merci beaucoup.
Y abrió la puerta, hablando con bastante alegría. Ya estaba acostumbrada a que bajando del escenario, alguien quisiera conocerla personalmente.
-Monseuir Rivaille, bonsoir.
-Mon nom est Levi, pas Rivaille. Hanji.
Levi al escuchar la voz de Hanji reaccionó y se dio la media vuelta. Y la sonrisa del rostro de Hanji desapareció. Y sin saber bien el porqué, ambos contuvieron la respiración y su cuerpo sostenido en dos piernas, temblaba sobre el suelo. Fueron segundos de silencio, pero parecía que habían entrado en un bosque y sus pensamientos ocultos surcaban la oscuridad.
Estremeciéndose por completo ante una desesperación que brotaba a mares, se abrazaron con fuerza. Y sin saber bien el porqué, los dos se aferraban a sus cuerpos tan fuerte, que parecía se iban a quedar sin aliento. Pero los recuerdos, tal cual codicia que corretea a sus deudores hasta ver cubierto el polvo deudor, los hicieron separarse.
-Qu'est que tu veux?
Hanji habló con entereza y bastante dureza. Había flaqueado al calor de la emoción de ver a Levi con vida, repuesto y vestido elegantemente. Sus ojos y sus adentros no dejaban de admirarlo, pero su mente y corazón le recordaron todo lo malo que le había hecho pasar. Levi por su parte, estaba estremecido por ese abrazo. Pero tenía algo que preguntar antes que cualquier otra cosa.
-Et… Notre enfant?
-Notre enfant? Mon enfant!
-Comment il s'appelle?
-Il s'est appelé Laurencin.
-S'est appelé?
-Oui… Il… Il est mort.
-Ça fait combien de temps?
-Quelques mois.
-Six mois?
-Comme tu le…?!
-Il m'a visité il ya quelque temps... Six mois. Et il a eu deux poupées, une violette et l'otre verte...
-Tais-toi!
Hanji palideció. No había manera que Levi supiera eso. Cuando llegó embarazada al Moulin Rouge, las chicas le regalaron dos marionetas. Cuando nació Laurencin, jugaba mucho con ellas. Pero él enfermó, murió y lo enterró con ellas, para que no estuviera solo.
-Levi arrêté-toi! Pas jouer avec moi!
-C'est pas un jeu...
Se hizo un poco de silencio. En ambos había demasiadas emociones. Pero la voz del guardaespaldas interrumpiría el momento.
-Allez Hanji! Á scène!
-Oui!
Era el momento del segundo número, el público no dejaba de aclamarla, pidiéndole más de su talento y belleza en el escenario. Se quitó la bata y caminó hasta la puerta.
-Qu'est que tu veux de moi?
-Je veux que tu reviens avec moi.
-Levi, pardon mais… Je ne vais pas revenir avec vous. Jamais. Oublie-moi, je suis seulement un momento fantasmagorique.
La puerta se cerró.
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Esa noche, Hanji danzaba más provocativa que nunca, al saber que entre el público se encontraba aquel que un día le prometió una vida tranquila, más allá del puerto de los sueños.
Levi volvió a sentarse en su mesa. La letra de la canción que interpretaba Hanji fácilmente podría describir lo que él sentía sobre sí mismo. Sobre lo que anhelaba. Levi se había convertido en un hombre que ya había superado ese oscuro período de rabia y que ahora se movía a una siguiente vida. Una siguiente vida en la que estaría al lado de su amada hasta que sus vidas perezcan.
J'essayerai de fuir avec mon plus précieux trésor et je prendrai votre main!
Levi sorbió las últimas gotas de brandy de su copa. Una sonrisa malvada se dibujó en su rostro; Hanji misma le había dado con su cantar, una idea que ejecutaría costara lo que le costara.
Dansez dansez moulin rouge... qui vois le finale d'une époque brûlante…
Dansez dansez moulin rouge...qui donne le bienvenue á un momento effrayant…
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La hermosa luna descansó y volvió a aparecer en el cielo oscuro varias veces iluminando el espectáculo de la rosa escarlata, hasta que una noche ese ciclo se vería interrumpido. Las flores del Moulin Rouge buscaban entre el público al misterioso hombre del brazo invisible, en la esperanza que él cediera a sus coqueterías, pero no le encontraban. Como todas las noches, los espectadores ansiaban ver a la rosa escarlata del Moulin Rouge. Pero sus aplausos nunca fueron atendidos. La rosa escarlata nunca apareció.
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Merci beaucoup!
