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CAPÍTULO 4. DREAM PORT.
-Laissez-moi! Levi arrêté-toi!
-Merde! Tais-toi!
-Tu es fou! Laissez-moi!
-Tais-toi!
Hanji forcejeaba con Levi en su cuarto privado de baño. Era un misterio el saber cómo Levi había logrado burlar la seguridad del cabaret y llegar hasta ella, pero tampoco quería saberlo. La había tomado en una posición desprevenida mientras se duchaba, así que tuvo fácil de atarle las manos y las piernas aun con una sola mano. Hanji trataba de liberarse pero no le era posible, los amarres estaban bien hechos. Ahora, solo podía revolcarse como un bulto en el piso gritando, pero sabía que nadie la escucharía ya que el ajetreo de los ensayos de las otras chicas ofuscaban cualquier otro sonido.
Fastidiado de sus gritos, le puso una mordaza y le desmayó con un golpe en la nuca, lo había aprendido en sus días de soldado de guerra. Con bastante esfuerzo logró colocarle un vestido blanco ligero que vio entre sus prendas. La tapó con una sábana, dando la impresión que solo llevaba un muñeco de trapo. Le cargó sobre sus hombros, así nadie sospecharía que en lugar de llevar un maniquí, secuestraba a la rosa escarlata.
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Levi sintió que algo no andaba bien; Hanji estaba completamente en silencio y sin atacar a como pudiera la parte trasera de la carreta donde estaba sentada, ya sin la sábana que la ocultaba. El camino aparentemente estaba desierto de población pero aún no estaba totalmente a las afueras de la ciudad.
Detuvo el andar de la carreta.
El silencio de Hanji le helaba el alma más que otra cosa. Cuando ella permanecía en silencio, era porque realmente estaba herida. Deseaba tanto que le gritara, que luchara por liberarse. Pero no era así. Esa era la manera en que Hanji le estaba diciendo con toda seriedad y sinceridad que no quería estar con él.
Sintió que el estómago se le revolvió más cuando al desatarle los nudos, ella seguía en su seriedad. La bajó de la carreta y al ponerla de pie, se miraron en silencio. Hasta que la castaña alzó la voz, en una tonalidad totalmente fría.
-Qu'est que tu veux de moi?
-Je veux que tu reviens avec moi.
-JAMAIS!
En el corazón de Levi, añoraba esos tiempos de armonía. Su corazón era un ser errante en el mar de arena y estaba anhelando el agua que Hanji emanaba. Pero la frialdad de Hanji eran como cuchillas que le lastimaban al grado de hacer que sus uñas sangraban intentando buscar su agua. Y la mirada castaña solo era un "adiós". El nombre de "Hanji" era ya un sueño, una fugaz melodía desvaneciéndose desde hace mucho.
El ritmo de su corazón le decía que, solo quedaba una duna más por cruzar. Muy dentro de él, enterró en el campo de arena de su alma, aquellas oraciones donde suplicaba volverse a encontrar con ella y si su llanto silencioso llegaba hasta la luna le entregaría su cuerpo para sentir tan solo una vez más que le hacía volar, llamándole por su nombre y encendiendo en sus labios una canción de amor. Pero ya era demasiado tarde; el crepúsculo de su amor ya había llegado y ahora solo le restaban las últimas lágrimas que caerían y limpiaría con la palma de sus manos.
-Je veux ton… -desvió la mirada; esas palabras le eran muy difíciles de pronunciar.
Hanji le miró compasiva. Sabía el trasfondo de su mirada.
-Levi je… Je te pardonne les douleurs, les blessures et la tristesse que tu m'avais fait mais… Je ne vais pas revenir avec vous. Jamais.
Esas palabras fueron el dolor más grande que jamás había sentido, ni siquiera cuando le arrancaron su brazo sintió tal dolor. Comprendió que debía respetar la decisión de Hanji. Ahora solo le quedaba una sola cosa por hacer que era en realidad la más importante de todas. Porque ya le había hecho suficiente daño.
-J'ai pris ton plus précieux trésor.
-¿Eh?
Le dio un beso en la frente y citó la única frase que se sabía en otro idioma.
-Fly me and take me to the forgotten realm, take me there, fly me…
Le tendió un objeto. Con manos temblorosas, Hanji lo recibió. Levi volvió a su carretera y dándole una sonrisa de lado, montó su caballo. La vista de Hanji bajó un poco para apreciar ese objeto. Se sintió una tonta al creerle que se le había aparecido el fantasma de su hijo; ya había visto la fotografía. Pero era una fotografía en blanco y negro así que… ¿Cómo pudo haber sabido el color de los vestidos y el cabello de las marionetas?...
Hanji sentía como si en ese momento, el viaje de su vida se estuviera desconectando del presente. Ahora solo escuchaba los cantos de aquellos preciados días; inclusive podía su eco. Se quedó en pie viendo la carreta partir a su destino. Y recordó tantas cosas; aquella promesa escondida tras esas palabras:
-Le port du rêves...
Levi continuó su camino hasta el lugar donde sabía iba a encontrar su paz. Era demasiado evidente que Hanji no iba a regresar con él, solo quería su perdón. Y como ya lo tenía, ahora podía morir tranquilo. Ahora solo quería eso: tranquilidad.
Como si fuera algo invisible que la empujaba, la rosa escarlata dio tres pasos hacia adelante. Su boca iba a abrirse para gritarle a ese hombre que no la dejara sola otra vez. Pero sabía que era diferente, ahora quien le daba la espalda era él a ella. Iba a gritarle pero, el recuerdo de aquellas heridas que aun no habían sanado le hizo preguntarse ¿Qué es lo que esperaba de él?
En su corazón quería creer que regresaría a aquellos días, a aquellos tiempos de armonía. Su mente contrariaba; que eso jamás regresaría.
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Se hicieron algunas noches. Nuevamente estaba en el Moulin Rouge. Sentada frente al espejo, retocándose el rostro con maquillaje cargado para que hasta el espectador más lejano pudiera apreciarla, se sentía diferente. Se sentía vacía.
Quedó completamente en tinieblas. Ahogó un grito; tal vez fuera una falla temporal en la electricidad, pero la piel se le erizó al ver por la rejilla de la puerta que en el pasillo si había luz. Su cuerpo entumeció y frente a ella apareció un niño en trajecito con dos niñas rubias a su costado; los tres pequeños seres brillaban como luciérnagas en la oscuridad. El llanto comenzó a caer sobre sus mejillas. Era su hijo.
El fantasma de Laurencin movió sus labios pronunciando algo en silencio y al terminar, desapareció. La luz hizo acto de presencia en forma abrupta, que caló la vista de Hanji y tuvo que cerrar los ojos hasta sentir que podía abrirlos. Sabía lo que su hijo le había dicho. Y continuó arreglándose, aun sintiendo que no podía contener sus lágrimas. El alma de su pequeño aun continuaba vagando por la tierra. Aun no podía descansar en paz pero ¿Por qué? ¿Qué era lo que le aquejaba a aquella inocente creatura para que sus asuntos en la tierra aun no terminaran? ¿Qué era aquello que aun no le dejaba disfrutar de las mieles celestiales?
Los días continuaron. Hasta que una noche al terminar de arreglarse tomó la fotografía en sus manos. Recreó una y otra vez esas palabras hasta comprender lo que su hijo le gritaba. Comenzó una débil risa, que fue haciéndose más fuerte hasta estallar en carcajadas; no lo creía posible.
El guardaespaldas gritó: -Allez Hanji! Á scène!
Nadie más que ella, sabía que esa sería la última noche que el Moulin Rouge disfrutaría de la belleza de Scarlet Rose.
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Al amanecer tomó sus cosas más preciadas y aprovechando la coartada que era su día libre y quería pasarlo en un centro de descanso a las afueras de la urbe, la rosa escarlata abandonó su vida en el espectáculo. Tomó una carreta que la llevaría al lugar donde sabía que estaría Levi esperando por ella. Sabía cuales habían sido las palabras del fantasma de su hijo, porque siempre las decía cuando terminaba de jugar con sus marionetas, después de invitar historias de caballeros enamorados. Abrazó contra su pecho la fotografía que guardaba como su tesoro más preciado y tarareó aquellas palabras que Levi le dijo como despedida cuando se fue a la guerra y hacía un tiempo atrás.
-Fly me and take me to the forgotten realm, take me there, fly me…
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Lo encontró tal y como lo imaginaba: recostado en una hamaca que se mecía suavemente, mientras disfrutaba del sublime paisaje que hacían las olas al elevarse del mar y se arrastraban hacia la arena. El pelinegro sintió una presencia a su costado, lo que le hizo ponerse en pie. Se sorprendió de ver a su mujer con el cabello almendrado ondeante por la cálida brisa marina.
Los dos estaban parados frente a frente, sin bajar la mirada porque eran precisamente sus pupilas lo que hablaba por ellos. Una débil sonrisa pero sincera se fue dibujando en sus rostros.
Porque sabían que con el tiempo cada sonido se desvanece en la soledad. Ambos estaban temerosos del destino pero aun así, sus corazones se aferraban a llegar a esa lejana playa de los sueños, aun batiendo los fuertes vientos.
Ambos podían escuchar una melodía eterna en sus corazones conectados, cuyo eco distante siempre los estuvo llamando.
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El tiempo transcurrió en el puerto de los sueños. Ahora tenían la bendición de gemelas, a las que llamaron como aquellas marionetas con las que jugaba Laurencin: Violette y Hortense.
Tenían una vida tranquila, con carencias pero feliz. Una tarde, algo misterioso ocurriría. Las dos niñas jugaron un buen rato a ser cantantes, dando un pequeño concierto a sus padres. Para cerrar el acto, estaban paradas en la orilla de la albufera, estando un poco de distancia. Sus padres vieron con sorpresa cuando ambas alzaron la mano a un costado, como si hubiera alguien en medio de ellas que las estaba tomando como si fuera un caballero.
Los corazones de Levi y Hanji se congelaron cuando escucharon las palabras que dijeron sus gemelas:
-Roman est trouvé ici…
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FIN.
Si llegaste a este punto, muchas gracias. Con amor, FJ Ale-chan.
