Gracias a los dioses.
Sujetè a la tambaleante chica del otro brazo y la apretè, recibiendo quejas de su parte. En realidad, no podía recriminarle nada, yo tambien había bebido. Bastante pero podia caminar por mi cuenta. Oh si, de ninguna manera verían a Megurine Luka caerse por el alcohol. Al menos no en público.
Como pudimos y a regañadientes, practicamente arrastramos a mi amiga fuera del lugar para llevarla a casa. A juzgar por el color del cielo, serían cerca de las siete de la mañana. Pobres los dueños del bar, tendrian que ir sacando a escobazos a los otros que quedaron.
Kaito paró un taxi metiendo a empujones a la castaña, se veía muy enojado y estoy segura que pelearian cuando se le fuera la borrachera. Definitivamente yo no queria estar ahi para ver eso. Por eso con gesto militar me despedi sonriendo, queria caminar a casa. Un tanto preocupado, y pesado, el peliazul insistía en llevarme, con un "no me jodas" me dí la vuelta y emprendí mi camino.
Queria estar sola. Caminar con el dolor de pies y los comentarios groseros de los tipos que me creían prostituta. Me da mucha gracia oirlos, de verdad creen los hombres que esas palabras excitan a una chica? A mi no, pero no sè porque necesitaba mover mis pies a casa. Soportar todo, hasta el sufrimiento buscado de estar... en soledad. No tenía trabajos, había adelantado todo y podría echarme en la cama con música suave y llorar, como todos los dias de borrachera. Soy una masoquista sentimental.
Caminè, despacio y tarde algo en llegar a casa. La cara de las señoras que se levantaban temprano a comenzar sus rutinas era puro horror al verme vestida de manera "sexy" a esas horas. Que se pudran. Torpemente busquè las llaves en mi bolso rosa pastel y con una poco de dificultad las tomè, buscando la cerradura.
- L...Luka...-. Momento! Esa voz! Me di la vuelta para ver a la mismisima joven Hatsune mirarme perpleja. Verguenza, eso sentí. Mi temblorosa mano tiró las llaves. En automático me agachè a recojerlas. Unas manos en mi cintura impidieron que lo hiciera. - No, permiteme.- Ella misma lo hizo, luego volvió a tomarme por la cintura con un brazo y con el otro abría la puerta, o eso me parecia ver.
Miku me llevo caminando despacio hasta el sofá, dejandome sentada y un poco mareada. Se fue a cerrar la puerta y volvió a acercarse, mirandome con detenimiento. La pena mas infinita me hundió, apostaría lo que fuera a que le daba asco ver a una costurera con una diminuto vestido azul, borracha y con una aliento fatal. Y ella... tan linda, con el cabello suelto y los brazos cruzados, callada. Mirandola mas le vi la ropa. Si, era mi confección, el vestido celeste y de mariposa rosa que le había echo. Una terrible angustia me estremeció.
- Te queda precioso...-. Y dicho esto, me puse a llorar. Quien sabe què me pasaba, yo solo derramaba lágrimas bajando la cabeza, ocultando mi rostro con las manos. Un ángel me miraba , veía lo patètica que era. Repentinamente me apretaron, un abrazo brusco y fuerte me hizo abrir los ojos. Miku me abrazaba con la frente apegada a la mia, la pureza de una sonrisa detuvo mi llanto.
- Tu eres preciosa... no llores te lo suplico.-. Habló y se me desconecto el cerebro. Su voz, su cuerpo, todo cuardaba en lo perfecta que era. Sus ojos poseían un color único, como si mezclaras el verde y el celeste, el río con la pradera. Esto de estar borracha me hace divagar, pero no sueño al mirarla y decir que es la chica mas hermosa que he conocido. No separaba su rostro del mío, mi corazón latía fuera de control.
- Perdóname...-. Le dije con sinceridad ya controlandome sin llorar, toquè su hombro aún envuelta entre sus brazos. Hatsune negaba despacio y acarició mi espalda.
- Què ocurrió? B..bebiste mucho Luka-. Cualquiera podia notarlo, aunque pudiera caminar dentro de lo normal, mis ojos siempre me delatan.
Como un cielo azul comenzando a nublarse.
- No...te preocupes y Perdoname...Puedes venir en otro momento? -. Me odiaba al pedirle eso, pero no me quedaba otra. No queria que nadie me viera asi, mucho menos Miku. - Disculpame pero no me irè, no voy a dejarte asi.- Sus brazos me soltaron pero seguia con su carita cerca. Demasiado para mi gusto en ese momento.
De un segundo a otro, como una suave brisa rápida de otoño, me sentí como una niña perdida. Los labios de la dulce chica peliaqua estaban apoderandose de los mios, todo era real, yo no podia dar credito a lo que mi boca sentia, pero estaba pasando y se sentia muy bien. Poco a poco la nebulosa que me inquietaba desapareció, dejando a mi cuerpo con un extraño calor.
Deseaba mas de Miku, la necesitaba.
