¡Hijos del gran santan! ¡He vuelto!... (Ni que te hubieras ido un año, boluda) No, no un año, pero cada día se me hace eterno. Escuela, responsabilidades (¿qué sabes de eso vos?), una hermana a la cual cuidar… ¡Todo es un impedimento para no escribir! Pero bueno, ¿qué le vamo a hacer?
¡Saquen la droga! ¡Preparen el porro! ¡Traigan la bebida!... ¡PORQUE BLACK ROSE LES HA TRAIDO VIDA, LOCO, VIDAAAAA!... *Insertar carcajadas de psicópata esquizofrénica*…¡OH, SATAN, VEN A MI!... Ok, no, me calmo…
Ya que, a leer… Antes de que me de algo… O sea.. ¡No! ¡Bye! xD
La Ira.
Se había planteado una y mil veces no interponerse. Nada tenía que hacer con aquel tigre. Es más, no le importaba. No, claro que no. Tigresa podía irse con aquel tigre y hacer lo que se le pegara en gana. Estaba seguro que Shuo no la trataría ni la mitad de bien de lo que él la trataba, estaba seguro que él no la amaría ni la mitad de lo que él la… ¿La amaba? La pregunta se planteó sola en su mente, deteniéndolo justo antes de que golpeara aquel muñeco de madera, que giró sobre su eje y lentamente se fue deteniendo hasta quedar inmóvil.
Tigresa le gustaba, no iba a negar eso, le gustaba mucho. La encontraba hermosa, aunque de una manera rara y atípica, y tenía una fuerza en su mirar que era simplemente única. La quería como algo más que una simple amiga, pero ¿La amaba? ¿Era eso que sentía amor?
—Ignórala… —Había dicho Mono.
—Recuerda que solo quiere molestarte… —Dijo Mantis.
Pero era difícil ignorarla, era difícil ignorar que Tigresa prácticamente se paseaba de la mano con aquel tigre. Odiaba verlos tan juntos, ¿para qué negarlo? Odiaba ver cuando él la abrazaba, de aquella manera tan… intima, ver que ella buscaba su contacto, que se acurrucaba en su pecho y sonreía de aquella manera tan tierna, de aquella manera que, una vez, Po llegó a pensar que era solo para él. Mi sonrisa, solía pensar. Esa sonrisa era suya.
Se aparta del circuito y camina hasta las tarimas. No había nadie más allí. Era domingo, se suponía que bajara al valle para ver a su padre, pero sencillamente no estaba de humor. El Sr. Ping era viejo, pero no por eso tonto. Rápido se daría cuenta de que algo le pasaba a su hijo. Po no estaba de humor para dar explicaciones, ni siquiera a su padre.
Se soba el rostro con ambas manos, frustrado, conteniendo el impulso de jalarse las orejas.
Y para colmo, a nadie parece importarle que un tigre cualquiera tenga intenciones con Tigresa. ¡Ni siquiera a Shifu!... Oh, vaya decepción. Hubiera esperado un poco más del panda rojo.
¿Estaba celoso? Si.
¿Envidia? Tal vez.
¡Joder!... Solo quería a su amiga de vuelta, solo quería que Tigresa volviera a ser la misma.
Al principio, pensó que solo estaba enojada, pensó que seguramente se le pasaría en unos días. Pero desde que llegó aquel gato, todo estaba peor. Ella ni siquiera le miraba.
Estaba todo el tiempo con Shuo. Le seguía a todas partes. Bajaban juntos al valle, lavaban juntos los platos (cuando le tocaba a ella hacerlo, claro), entrenaban juntos. Incluso había visto a Shuo salir del cuarto de Tigresa la noche anterior. ¡Eso estaba mal!
¿Desde cuándo Tigresa era tan liberal?
¿Desde cuándo dejaba a alguien entrar en su habitación?
¡¿Desde cuándo Tigresa, si, Tigresa, la dura y fría Tigresa, la ruda maestra de Kung Fu, se mostraba interesada por un macho?!
Observa sus manos, sintiendo el corazón desbocado. Las cierra, las abre, las aprieta en puños y las relaja. Está inquiero y… y… ¿y qué? Quiere golpear algo, sí, pero cuando mira los muñecos de madera, estos le resultan insignificantes. No, no quiero golpear algo, quiere golpear a alguien.
Quiero golpear a Shuo.
La idea le resulta siniestramente tentadora.
Todas las tardes, Shuo baja solo al valle. Es el único momento en el cual Tigresa no está con él. Sería una buena oportunidad ¿No? Ella no se enteraría, porque no creía que aquel tigre fuera tan poco macho como para ir a delatarle con una mujer. No, seguro que no le decía nada.
¡No!... No puede ser. Él no es así.
Po no va por la violencia, eso no arregla nada… Se siente culpable, pero aquel sentimiento sigue. Un sentimiento fuerte, abrumador, que le llena e invade hasta el más recóndito rastro de sentido común en su mente. Un sentimiento, que se transforma en deseo. Un deseo disfrazado de necesidad. Necesita sacar a aquel tigre de en medio.
Porque cuando Tigresa estaba sola, no tenía problema alguno. No había nadie quien se la quitara, nadie se fijaba en ella y eso, de alguna egoísta y retorcida manera, le tenía tranquilo. Porque ella podría ser tan orgullosa como quisiera, pero si algo sabían todos, es que la amistad con Po era tan fuerte que muchos hasta la tachan de dependencia.
No podía estar sin él, aunque, ojo, él tampoco podía estar sin ella.
Pero son Shuo allí… Todo había cambiado. Tigresa sonreía incluso sin estar con Po. Reía y sus ojos brillaban como nunca. No necesitaba estar con el panda para esbozar de aquellas pequeñas y discretas sonrisas, de esas que a todos les llenaba de un profundo sentimiento de cariño.
No, no lo soporta.
Se levanta y sale de aquel lugar, caminando a zancadas, pisando fuerte y con el gruñido vibrando en su pecho. Ni siquiera repara en que por poco no se lleva por delante a Víbora al salir. No, no se fija en nada. Sus puños tiemblan, como nunca, y la ira le nubla el juicio.
Aquel desgraciado… ¡Todo es su culpa!
No le es difícil hallarlos. Escuchó perfectamente cuando Tigresa le propuso ir a meditar a Shuo. Y solo hay un lugar en el cual ella medita; El Durazno Sagrado. Si, ahí tenían que estar.
Se encontró con Mono y Mantis en el camino, también con Grulla, que intentó detenerle. Por algún motivo, todos adivinaron con tan solo verle cuales eran sus intenciones. Pero bueno, con aquella mirada… Si parecía que el verde en sus ojos se había tornado más oscuro, más duro. Todos podían oírle gruñir, aunque él no fuera consciente de que lo hacía.
Nunca habían visto a Po tan… enloquecido.
Finalmente llega hasta aquel lugar. Tal como lo previó, tanto Shuo como Tigresa están ahí.
Están en silencio. Tan solo se observan. Ella sentada con la espalda apoyada en el tronco y las piernas extendidas. Él con el cuerpo atravesado, apoyándose en su mano para no aplastarla.
El tigre sonríe y ante la atónita, y furiosa, mirada de Po, se inclina para besarla…
No ve bien, desde aquel ángulo es imposible ver sus labios, pero la ha besado.
¡La ha besado, joder!
No lo soporta, no… ¡Es mía, maldito!
—Te falta divertirte —Comenta Shuo, risueño— Bailar un poco, salir… ¡Anda, que envejeces!
Tigresa, sentada junto al Durazno sangrado, baja la mirada hacia su regazo, divertida. Se contiene de una risotada, ante tal locura… ¿Ella? ¿Salir? No, no es lo suyo.
Shuo está recostado en el suelo, con la cabeza en el regazo de su amiga y las manos tras la nuca. Mantiene los ojos cerrados y la sonrisa, aquella sonrisa reservada para Tigresa, en los labios. Se ve relajado, tranquilo… Como siempre, piensa Tigresa, observando las duras facciones del tigre
Llevan rato ahí. Habían ido con la excusa de meditar, pero conseguir la paz necesaria para ello con Shuo presente es algo simplemente imposible… Aquel tigre es un charlatán. Tan duro que se ve en público, tan reservado que se muestra, solo para que luego termine cotorreando aún más que Víbora. (Porque si, resulta que eso es posible).
—No me divertí cuando tenía edad, menos lo haría ahora —Responde ella— Es tarde.
—Ni que fueras vieja.
—Fácil podría llegar a los cuarenta.
Shuo abre los ojos, observando escéptico a la felina.
—Me estás jodiendo.
—Tenía entre cinco o siete años cuando vine —Recuerda Tigresa— Y desde entonces han pasado casi treinta años.
Ella arruga el entrecejo, pensativa. Nunca se puso a pensar en cuantos años tendría realmente, era una cuestión que le traía sin cuidado. Nunca supo su fecha de cumpleaños, pero tampoco es que hubiera alguien a quien le interesara festejarlo. En ese sentido, siempre se sintió sola, pero tampoco le importaba demasiado. Tal vez, solo un poco, cuando era niña.
El silencio llena el lugar, repentinamente invadido por la cálida brisa de las tardes de verano.
Shuo, aún sonriente, se reincorpora y apoya una mano en el suelo para sostener su propio peso, con la mitad del cuerpo por encima de las piernas de ella, aunque sin aplastarla. Tigresa tan solo le observa, en silencio, esperando alguna burlona contestación, pero no.
—Aun así, no aparentas tanto —Le elogia él— Es más, yo diría que no tienes más de… ¿Veinticinco?
—Eres un mentiroso.
—Un mentiroso encantador.
—No, solo un mentiroso.
Ambos ríen, Shuo se acerca al rostro de Tigresa y juguetonamente le muerde una mejilla. Ella chilla, sorprendida, solo para luego volver a reír, no sin antes propinarle un certero, aunque no muy fuerte, golpe en el hombro a su amigo.
—¡Tonto!
—¿Tonto? —Shuo sonríe de lado— ¿Yo?
—¡Sí!
—¡Ahora te enteras!
Y Tigresa, aprisionada bajo el pesado cuerpo del tigre, no puede hacer nada en cuanto este comienza una guerra de cosquillas… Cintura, abdomen, costillas. No importa en donde le toque, ella ríe a carcajadas limpias, pidiendo entre jadeos que la suelte. Pronto comienza a dolerle el estómago y una solitaria lágrima rueda por el costado de su rostro, pero tal es la risa que de repente ni siquiera encuentra fuerza suficiente para apartarlo. ¿Quién lo diría? La fría y dura Maestra Tigresa tiene cosquillas hasta en las manos. Descubrimiento que divirtió mucho a Shuo.
Tampoco es que a ella le moleste. Se siente bien con Shuo. Pero no bien en algún sentido romántico, ni nada que se le asemeje, sino bien… Como con un hermano. Es una confianza que nació entre ellos desde que se conocieron. Una confianza que parecía ya estar ahí.
Cuando Shuo se detiene, luego de haberse divertido mordisqueando las mejillas de su amiga, Tigresa no puede dejar de jadear y siente sus pulmones arder.
Tiene el chaleco un tanto corrido y las vendas del pantalón flojas. Las mejillas le arden de repente. ¡Si alguien la viera…! ¿Qué imagen es esa? Con un reproche para nada creíble, empuja a Shuo y tan rápido como le es posible, se acomoda la ropa, enderezándose con los hombros tan rectos como hacía unos minutos.
—¡Serás idiota! —Masculla.
Shuo tan solo ríe, sentado frente a ella.
—Vamos, te hace falta reír más —Le anima— A ver, te enseño.
Estira una mano hacia el rostro de ella y con la yema de los dedos índice, le levanta la comisura de los labios, formándole una extraña mueca similar a una sonrisa.
Tigresa, en un rápido movimiento, atrapa la mano de Shuo entre sus dientes. Claro, no lo lastima, ni siquiera emplea fuerza alguna. Allí se quedan, quietos, observándose… Se observan como quienes se han visto antes y no lo recuerdan, como quienes buscan en lo profundo de su mente algo que les relacione en algún otro momento, en algún otro lugar. No encuentran nada.
Cuando ambos se dan cuenta, el sol se encuentra bajo en el horizonte y las nubes están teñidas de suaves tonos ambarinos.
Shuo se endereza, al lado de Tigresa, y ella apoya la cabeza en el hombro de él. Se siente a gusto. Tanto, que por un momento, olvida aquello que viene martirizándole estos últimos días. Bueno, no es que lo olvide, pero por un momento se le hace un poco más fácil dejarlo de lado. ¿Qué importa que, últimamente, Po se comporte como un arrogante? ¿Qué importa si no va a hablarle hasta que el muy presumido se digne a reconocer su error? No, no importa. Al menos, no le importa ahora… O eso quiere hacerse creer.
La siente tensarse contra su cuerpo. Intuye en qué puede estar pensando y una mueca le tuerce los labios. Pensar en que alguien lastime a Tigresa le resulta tan desagradable como pensar en que alguien le hace daño a una de sus hermanas.
—¿Algo que me quieras contar? —Pregunta, cauteloso.
Tigresa niega con la cabeza, a la vez que siente el fuerte brazo del tigre rodearle la cintura, apegándola más a su cuerpo.
—No te pierdes de nada.
—Sabes, me extraña verte tan… aislada de tu amigo, el panda —Le comenta, como quien no quiere la cosa— Es raro. Son tan unidos ustedes.
Tigresa suspira, tranquila, resignada. El aroma de Shuo es como un tranquilizante, uno muy efectivo.
—Tenemos nuestras diferencias.
—Sí, eso se nota a simple vista.
—Bueno, cuando se difiere tanto…A veces las cosas no salen bien.
No, a veces no salen bien, se repite mentalmente. Aunque, claro, podría ponerse empeño.
Tigresa se muerde el labio, conteniendo el suspiro de sus pulmones, gesto que no pasa desapercibido para el felino. Suavemente, aparta la cabeza de ella de su hombro y se endereza, quedando frente a frente. La ve, ve que no está bien, ve en sus ojos que algo le duele.
—¿Me contarás? —Pregunta.
Y Tigresa asiente, solo porque ya no quiere callarlo.
Cuando el sol desaparece del cielo, dejando lugar a los tonos fríos, Tigresa decide que es hora de irse. Además, necesita un baño y un largo rato a solas, para pensar.
Las lágrimas humedecen suavemente el pelaje de la felina. Shuo le sonríe, cálido, y se inclina para besarle la mejilla, junto a la comisura de los labios. Un beso casto, de labios secos, carente de intención alguna además de consolar a su amiga. Tigresa sonríe y tomando la mano del tigre, se coloca de pie. Ni siquiera ha volteado, cuando la presencia de alguien le pone en alerta.
Silencio. Voltea y su corazón da un vuelco al ver a Po parado allí.
Hasta donde ella sabía, él estaba en el valle, pues es el día en que baja a ver a su padre. ¿Desde cuándo está ahí? ¿Habrá escuchado algo? El horror se dibuja en su mirada al pensar que Po podría haber escuchado algo que le dijo a Shuo. No es como que quiera esconderlo del panda, pero tampoco es algo que quisiera que se enterara de aquella manera.
Los ojos del panda alternan frías miradas entre Shuo y Tigresa, como si quisiera descifrar algo, como si buscara hallar algo comprometedor en ellos.
Tigresa sonrío, altiva, arrogante, y sujeta la muñeca de su amigo.
—Vamos.
Shuo sonríe. Conoce bien las intenciones de ella y a ser sincero, le causan algo de gracia. Si Po tan solo supiera… no estaría tan receloso. Pero claro, si algo comparte aquellos dos tigres, eso es aquel cinismo propio de la especie.
Sonríe, una sonrisa torcida, de aquella que solo entre machos han de entender, y gira la muñeca para tomar la mano de Tigresa. No dice nada, tan solo le sigue… O eso intenta, porque cuando menos se lo espera, un asfixiante dolor se extiende por todo su rostro.
El puño de Po ha impactado justo en su nariz.
Continuará…
¡Ooooohhhh!... ¡Bardo! ¡Bardo! ¡Bardo!... ¡Dale con todo, Po!... *Inserte Turn Down For What*… Ah, re
