¡BUM, BEBIBI!... Ah, re que no esperaban esta… Bueno, la cosa es que me embarga la emoción y me he puesto a escribir… Antes que nada, este capítulo me ha llevado una calada de algo que parecía cigarro, un trago de frezze (paja buscar si e escribe así o no) y mucho, muuuucha inspiración… Bueno, no, lo de la inspiración creo que faltó un poco, pero la cosa es que a mi me gusta como quedó… Y sí, eso es peligroso… ¡Prepárense mentalmente, nenas, que van a flashear con esto!

Lo se, lo se, el título del cap es bastante… sugerente…

Como para poner una rusa por aquí… sexo oral por allá… y UN PINCHE ANAL AL FINAL… Ah, re… ¡PERO NO! NO HAY NI SIQUIERA UNA PUTA MAMADA… ¿Por qué? Sencillo… Porque no me da la gana… Nah, posta, hoy algo raro pasa conmigo JAJJAJA

A ver… ¿Qué era lo que iba a decir ahora...? ¡Ah, si!

A ver, a ver… Tú, si, tú, Leonard kenway… Si a eso nos referimos, hay que admitir que soy muy contados los fics que respetan al cien por cien la personalidad de los personajes… ¡Vamos! ¿Por qué Po no actuaría así?...

Lo cierto es que me gusta jugar con las diferentes facetas de una personalidad, me gusta jugar con las emociones y las miles de formas de describirlas… Y bueno, a veces tiendo a distorsionar un poquitín todo… Pero lo hago con buena intención.

Además… Todos relatan historias en donde el amor es un hermoso sentimiento, que llena de dicha y felicidad, que lleva a las personas al bla, bla, bla… Vamos, ¿Qué nunca estuvieron enamorados ustedes? ¡EL AMOR ES UNA CACA!...

También harta un poquito ver que Tigresa se niega en reconocer que está enamorada, cuando es obvio, mientras que Po no encuentra maneras de demostrárselo ya… O sea, ¡No!

¡No tiene por qué ser así!... Ah, re (Santiagueños entenderán)

A ver… Ah, si, tú IECS… Si tan especial es, no jodas y has algo al respecto.

En fin… Ya vayan a leer y dejen de quejarse. Que ya faltan solo dos capítulos para que esto termine.


La Lujuria.

Ni Tigresa, ni Shuo, se presentaron a cenar.

Po queda solo en la cocina, sentado en su lugar, con la mirada fija en la mesa y los palillos girando en sus dedos. Dijo que lavaría los platos, pero no tiene ánimos para ello. De hecho, ni siquiera sabe de dónde sacó los ánimos para cocinar algo decente. Toma aire, lo exhala y cierra los ojos unos segundos. La cabeza le duele y no, no es solo por el golpe.

La mirada de Tigresa, aquella mirada llena de fuego, vuelve a sus recuerdos sin que pueda hacer algo para evitarlo.

Todo es tan… estúpido.

Y para colmo, si se pone a analizar la situación, fue él quien comenzó con todo. No golpeando a Shuo, no, eso solo fue el desenlace de toda la frustración acumulada. Lo suyo con Tigresa se fue cultivando, ya estaba ahí aunque se negara a verlo. Creyó que ella era incondicional, que siempre estaría ahí. De alguna manera, se atrevió a llamarla suya, pero sin llamarse a sí mismo como suyo.

Al final, Mono y Mantis tenían razón; Tigresa sí quería su atención. Pero no como ellos lo pintaban. No era un capricho digno de una niña consentida, no, que va, Tigresa no es de esas. Era un sentimiento, un pedido. Quería que se fijara en ella como algo más, que viera la verdad detrás de sus actos.

¿Estaba celosa? Sí, claro que lo estaba… Y él solo se burló.

¿Realmente cuestionaba su moral cuando le reclamó aquel comportamiento en el valle?... No, solo le pedía que no lo hiciera, que no mirara a esas chicas, o al menos, que no lo hiciera cuando sabía que ella estaba ahí para verlo.

Pero… ¿Por qué?

Ellos no eran nada. No eran pareja, ni siquiera estaban en plan de serlo. Solo era… Amigos.

La puerta se abre, haciendo que abra sus ojos abruptamente. Se endereza en la silla y aclara la voz, preparado para mandar a los chicos a volar, pues quiere estar solo. Sin embargo, sea lo que sea que haya planeado decir (no lo recuerda), se queda atascado en su garganta al ver aquellos rubíes…

—¿Tigresa?

—Tú y yo vamos a hablar —Demanda la felina, severa.

Po pega un respingo en la silla cuando ella cierra la puerta de un azote. No puede evitar tragar grueso y aunque quiere enfocarse en su rostro, sus ojos se desvían sutilmente hacia aquellas caderas, que se contonean de manera tan… felina.

Si será tonto… Tigresa acaba de entrar con toda la pinta de ir a matarle y arrojar su cadáver a algún pozo ciego, pero él tan solo puede mirarle. Pero ¿a quién quiere engañar? Le encanta verla así. Le gusta la seguridad que muestra al moverse, le gusta el fuego líquido de su mirada, la manera en que sus labios se retraen y enseñan la dentadura, mostrando a la fiera detrás de aquel semblante tranquilo. Le gusta ella.

Sí, siempre le ha gustado. Siempre tuvo cierta debilidad por ella, especialmente cuando estaba enojada, cuando podía ver el carmín de sus ojos en todo su esplendor.

Tigresa se detiene al otro extremo de la mesa, apoyando sus manos en el borde de esta. Las garras se clavan en la madera, pero a ella no parece importarle.

Po se contiene de sonreír. Enojada se ven bonitas. Es cierto, completamente cierto.

—No tengo nada de qué hablar —Responde, tranquilo.

De repente es como si nada hubiera pasado. De repente, se siente seguro, calmo. Aquel enfado ha desaparecido y el estómago ha dejado de dolerle. Verla enojada le llena de cierto alivio. Le gusta que ella haya ido hasta ahí para encararlo.

—No te hagas, panda, no estoy de humor.

—Pues vete con tu amigo, tal vez él te lo mejore.

Tigresa gruñe.

—Serás…

—Seré ¿Qué? —Le interrumpe— Haber, dime, tengo toda la noche.

Se acomoda en la silla, cruzando los brazos sobre el pecho. Chulo. Le divierte un poco ver a Tigresa enfurecerse aún más ante aquella postura tan… arrogante.

Silencio. Un silencio incómodo, en el que parecen retarse con la mirada.

El carmín se funde con el esmeralda. Po le sostiene la mirada, firme, tranquilo, dándole a entender que no le teme. No, él no es Mono, no es Mantis, ni Grulla, ni ninguno de aquellos machos tontos y cobardes. Él la conoce tan bien, que ella ya no puede intimidarlo.

—¿Por qué golpeaste a Shuo? —Pregunta Tigresa.

Sin embargo, su voz ha perdido por completo aquel matiz autoritario. Entonces, lo ve. No es ira lo que inunda sus ojos. Lo parece, si, como una máscara, pero él es capaz de ver debajo de aquella máscara; Tigresa está dolida.

Claro, piensa, le duele porque le golpearon al novio. El pensamiento se instala amargo en su mente. Le enfada, pero no como hace un rato, no con aquella ira, tan cruda y violenta. Él jamás podría enfadarse así con ella. Jamás podría desear hacerle daño. Le enfada… Pero es un enfado leve, solo lo suficiente para ocultar lo frustrado que se siente.

La observa, en silencio. Ella se ve cansada. Ahora lo nota. Su entrecejo se arruga, pero no con molestia, y hay profundos surcos oscuros bajo sus ojos. Parece llevar tiempo sin dormir.

—Contéstame —Habla, luego de unos minutos.

Po traga grueso. ¿Qué le dice ahora?

—Él se propasó contigo.

Tonto, tonto, tonto…

Silencio. Tigresa exhala una exclamación muda, escéptica, seguida de una amarga y sensual risa. No lo puede creer. Se endereza, cruzando los brazos sobre el pecho.

—Y según tú… ¿Cuándo se ha propasado?

Po tensa los puños. Tigresa se está burlando.

—Lo vi besarte.

—Mentira.

—No me veas la cara, Tigresa, los vi.

Ella arruga el entrecejo, esta vez, confusa.

—Shuo jamás me ha besado, panda.

—Mientes —Masculla.

Tigresa vuelve a reír, pero la risa no llega a sus ojos. No hay gracia alguna, carece de sentimiento siquiera.

—¿Te golpee demasiado fuerte, panda, o ya viniste así de fábrica?

—¿Y a ti siempre te gustó andar volando o recién se te pegó la maña?

—¡No te lo permito!

—¡Entonces no lo hagas!

—¡¿Hacer qué, panda estúpido?!

Y Po no lo soporta.

Se levanta de la silla, furioso, echándola atrás. Su puño cae pesado sobre la mesa.

—¡QUE PARECES GOLFA POR DETRÁS DE AQUEL TIGRE!

—¡ERES UN ESTÚPIDO!

—¡GATA!

Tigresa ruge, furiosa, y su puño golpea la mesa, dejando unas delgadas líneas en la madera.

—¡AHORA SÍ TE ARRANCO LA CABEZA, IDIOTA!

Aquello parece ser la gota que colma el vaso. No lo soporta. Po no es quien para llamarla de aquella manera, mucho menos de aquella manera tan injusta. Claro, es una golfa por pasar tiempo con Shuo, pero no cuando pasa tiempo con él. Claro, muy lógico todo. No exagera al decir que le arrancará la cabeza. Tal vez no la que está pegado a su cuello, pero si puede asegurar de que aquel oso tendrá una cabeza menos.

Sin embargo, en cuanto avanza, rodeando la mesa a zancadas fuertes, Po la sujeta de ambas muñecas, evitando así que lo golpee. No le es difícil, pues es mucho más fuerte que ella, pero Tigresa no deja de jalar del amarre, emitiendo bajos y amenazadores gruñidos… Oh, cuando le agarre.

No, jamás la golpearía, no para lastimarla… Pero ¡Joder! Que maldice a los dioses que la gata no sea macho. Al menos, así no tendría remordimientos por querer hacerlo.

No, no puede golpearla, pero… Cansado, harto de aquel forcejeo, la empuja contra la mesa, acorralándola, y sin ningún rodeo, planta bruscamente sus labios sobre los de ella.

¿Por qué? No lo sabe.

¿Le gusta?... Demasiado.

Sus manos aún sostienen las muñecas de ella, aunque no le hace falta gran fuerza. Tigresa se ha quedado de piedra, con los ojos abiertos como platos, aún sin creer lo que pasa. Se encuentra tensa. Lucha entre el impulso a apartarlo y el de corresponderle, aunque no tiene idea de cómo. Es su primer beso. No sabe ni siquiera si debería mover los labios.

Las manos de Po se tensan en las muñecas de ella. Quiere una respuesta, exige que le responda de alguna manera. Que lo empuje, que lo arañe o que le corresponda. No le importa. Solo quiere que reaccione.

Está a punto de separarse, pero en cuanto lo intenta, Tigresa vuelve a buscarle con los labios, atrapándolo nuevamente entre estos.

El beso apenas si dura unos segundos… Pero son los mejores segundos de toda su vida.

Los delgados labios de la felina se mueven con brusquedad, aunque algo torpes, sobre los suyos, devorándolos, alternando con alguna mordida para nada suave. Lo besa con furia y él no se queda atrás. Todo aquel enfado, aquel rencor, las frustraciones desde que aquel tigre llegó, todo eso y más derramado en aquel gesto que apenas si dura unos segundos

De un momento a otro, Tigresa echa atrás la cabeza, cortando aquel contacto tan abruptamente que Po se queda con los labios entreabiertos, besando el aire.

Por un momento, todo lo que llena el silencio son los jadeos de ambos.

Se sienten abrumados.

Sus mejillas han adquirido un notorio rubor y el calor sube por sus cuerpos, sofocándolos levemente. Sin abrir los ojos, Po vuelve a encarar aquellos dulces labios, buscando más, buscando saborearlos, degustarlos por completo, pero Tigresa se aparta nuevamente…

Po no tiene idea de en qué momento le ha soltado las muñecas. Se entera cuando ella lleva las manos ya libres a su pecho para empujarle y apartarlo. El intento de apartarse queda en lo que es; un intento. Po rápidamente la sujeta de las caderas, reteniéndola, y jala de ella nuevamente.

Con un brusco movimiento, Tigresa se encuentra encaramada a la mesa y Po está entre sus piernas. Los jadeos son fuertes y toscos, forzados. Están tan cerca… Las manos de ella se tensan sobre los brazos del oso, que se cruzan a cada lado de su cuerpo, cortándole cualquier posibilidad de escaparse. Escucha a Po gruñir contra sus labios y es aquel sonido, bajo, grave, con cierta amenaza leve, lo que termina por derretirla.

¿Cómo han pasado a eso?

Hace tan solo unos minutos estaban dispuestos a matarse mutuamente y ahora… ahora se besan como si no tuvieran mañana.

Los labios del panda asaltan sin delicadeza alguna los de ella.

Tigresa aparta sus zarpas de los brazos de él y las lleva a los bordes de la mesa, clavando sus garras en la madera para no lastimarlo.

Po se inclina hacia delante y obliga a Tigresa a recostarse, apresándola bajo su cuerpo.

El tenerla así… verla tan predispuesta… oírla jadear cada vez que empuja entre sus piernas, rozándose aún sobre la tela…Lo vuelve loco. Es un placer que en la vida ha probado. No es que se declare inocente de nada. ¡Es un hombre! Tuvo y tiene sus necesidades.

Y nuevamente vuelve a preguntarse… ¿Cómo han llegado a eso?

—Po… —Su voz es un susurro— Po… Basta…

Pero Po no la escucha. Abandona sus labios solo para deleitarse con la curva de su cuello.

Tigresa gruñe, un poco molesta por aquello. Lleva sus manos a los hombros del oso y clava sus garras en él, empujándole. Pero nuevamente, las manos del panda le empujan contra la mesa. Un gemido bajo escapa de entre sus labios.

—Me has jodido las pelotas toda la semana —Murmura Po, con los labios pegados a la mejilla de ella— ¿Qué quieres, Tigresa?

La voz ronca del oso le acaricia los oídos. El cálido aliento le hace estremecer.

—Te pusiste celoso de Shuo… —Murmura.

—Muy celoso…

Tigresa ladea el rostro, pegando sus labios a la mandíbula del oso.

—¿Por qué?

Las manos de Po se tensan en sus caderas. El agarre es doloroso, pero solo un poco.

Se separa para verla; labios hinchados, mejillas sonrosadas y aquel brillo oscuro en sus labios, que ahora arden con algo misterioso y seductor… ¿Ha mencionado alguna vez lo mucho que le vuelve loco aquella mirada? Lo saca de si, le hace perder todo rastro de cordura.

Su mente trabaja vertiginosamente, mostrándole muchas escenas muy poco decentes. En parte, siente pena de imaginarse a su amiga de aquella manera… Pero por otra, aprovecha empujando entre sus piernas, solo para disfrutar de la hermosa visión que supone el verla morderse los labios, ansiosa por aquel tacto.

Le es fácil notar que es la primera vez que tiene un contacto así.

Se ve segura, como siempre, pero sus ojos la delatan; nunca nadie la tocó de aquella manera… Y comienza a perder la cordura, embriagada en aquellas sensaciones, tan nuevas, tan fuertes para su inexperto cuerpo.

—Porque me tienes loco —Murmura... y ya no puede decir más.

¿Qué más decirle?

No dirá que la ama… No dirá lo mucho que la desea… No dirá nada que luego pueda ser usado en su contra. No dirá todo aquello que, en ese momento, ansía poder hacerle.

Porque todo el enfado, todo el rencor, la ira y demás… Todo ese ha sido solo una manera de ocultar por más tiempo lo mucho que aquella felina le importa. Lo mucho que la quiere. Lo mucho que le afecta verla con otro macho.

Oh, Tigresa… Si supieras.

Pero claro que ella sabe. Porque las mujeres tenemos un sexto sentido para eso.

Sabe perfectamente cómo sacarlo de quicio y usarlo a su favor. Por eso, cuando Po intenta besarla de vuelta, ella ladea el rostro y aprovecha aquella distracción para empujarle, apartándose rápidamente de la mesa y de él.

No voltea, ni siquiera se molesta en darle las buenas noches.

Contoneando las caderas de aquella manera tan suya, se va de la cocina dejando a Po parado en medio de esta, preguntándose si todo aquello realmente ha pasado o solo ha sido el producto de su más vergonzosa fantasía…

Continuará…


¡Oh, yes…! Bueno, no sé si he dejado claro el mensaje en este fic. Intenté poner el tema, sin mencionarlo tanto… Es decir, el deseo, la lujuria, como un sentimiento espontaneo, algo que no se controla y que invade por X motivo…

En fin, creo que hoy no estoy graciosa… ((¿Cuándo sos graciosa vos, boluda?)) Hasta mi subconsciente me hace Bullying