MUAUAUAAJAJAJAJJAJAJAJAJAJ… ¡Jelou, beibes!... Oh, soy tan feliz hoy… ¡Si, Rose ha tenido un buen día!...Jejejejejejeje *Insertar cara de violadora serial del bosque*… Tengo una pequeña, pequeñita, pequeñita, obsesión con Jake Bass últimamente y no, no puedo evitarlo… Es que él es tan… kladghsnalsdhdbeuybxoa ohh, papeee, leendo, te hago 145647978135 hijos… Ahre, no, pero ustedes entiende…
¿Cómo viene eso al caso?... ¡Simple! ¡No tiene nada que ver!
No, hijos míos, no os daré clases de como satisfacerse a sí mismos con Jake Bass… Aunque Po tal vez las necesite… 7u7 oh, yes, esto está sukistrukis…
Y bueno… ¿En qué iba? ¡Ah, sí!... ¡Hemos llegado al último capítulo! La pereza, porque no se le antojó el culo venir antes y se quedó por ahí a morfarce un chori de dimensiones africanas (Oie, zhi 7u7), recién acaba de llegar y hace acto de presencia en este último capítulo… Lindo, ¿No?
Pero no lloréis, no desesperéis… Que os tengo una propuesta… Pero primero, leed… (((Ya, boluda, bájale a lo gallego)))
Porque la pereza… Es pereza y punto.
La pereza.
Po siempre había sido perezoso para una que otras cosas, especialmente por las mañanas… Pero hoy, parecía que se había despertado únicamente para quedarse en la cama todo el día. Y no era de menos. A su derecha, rodeada de manera posesiva por su brazo, se encontraba Tigresa plácidamente dormida. La observa, como lleva haciendo desde que despertó, y sonríe. Sus pasean suavemente por la espalda de ella, arrancándole bajos ronroneos. Definitivamente, daría todo por despertar así cada mañana del resto de su vida. ¿Qué decir? Era una visión sencillamente bella. Su pelaje está revuelto y se ve más mullido, sus labios entre abiertos de vez en cuando esbozan alguna sonrisa entre sueños, su pecho sube y baja al ritmo de su acompasada respiración. Todo en ella irradia paz.
Gira en la cama, cuidando de no despertarla, y la acuna entre sus brazos. Como respuesta, las manos de ella se aferran con posesividad al pelaje de su pecho, acto que tan solo ensancha la sonrisa de Po. Soy tuyo. Sí, es tan de ella, como ella lo es de él. Lleva una mano y suavemente acaricia su mejilla. Le gusta. Todo en ella le gusta mucho más de lo que podría reconocer.
No tiene idea de cómo se las ingeniaron para dormir en la misma cama y no caerse en el intento. Se recostaron de lado, claro, pero el espacio seguía siendo reducido. La idea fue de Tigresa (si, ¿Quién lo diría?) y al ver que, era incómodo, se retractó alegando que mejor volvía a su cuarto. Pero a Po no le importaba el espacio. Tomándola por desprevenido, la jaló justo cuando iba a levantarse, provocando que cayera sobre él.
—¿Recuerdas aquella misión? Cuando acampamos cerca de las montañas y te dormiste sobre mi… —Murmuró, divertido.
Aún con la poca iluminación del cuarto, pudo distinguir fácilmente el rubor en sus mejillas. Ella no respondió. Solo se acomodó sobre el pecho de él y por lo visto, muy incómoda no estaba, pues al poco tiempo se quedó dormida.
Estuvo horas observándola, contemplándola. Sus manos le recorrieron la silueta una y otra vez, disfrutando de sus ronroneos, y no se resistió a regalarle algún que otro beso. Casto, dulce. Con algo de pena, admite que la despertó en una que otra ocasión, solo porque sí, solo para ver aquellos rubíes. Pero Tigresa tampoco se quejaba. Tan solo sonreía y llevaba sus manos a las mejillas de él, acercándose para unir sus labios y besarle una vez más.
En ocasiones, fue ella quien le despertó a él.
Cuando eso sucedía, Po giraba en la cama, quedando sobre ella, y llevaba sus manos a cada lado del cuerpo de la felina. No solo para que su peso no le incomodase, sino para contener aquellas ansias de tocar mucho más de lo que ella le podría permitir en ese momento. No quería incomodarla, no quería presionarla ni que sintiera que únicamente buscaba eso. Quería demostrarle que respetaba todos sus tiempos… Pero, claro, le era difícil. La deseaba y aquel aroma tan… tan a hembra, dulce y atrayente, no ayudaba demasiado con aquel propósito.
Se recuesta nuevamente boca arriba, observando al techo. Sentir el pequeño cuerpo de la felina a su lado es algo relajante, un sedante, que le calma y lo tranquiliza. Se siente como si tuviera al mayor de los tesoros resguardado entre sus brazos. Tigresa se remueve y ronronea en sueños, avisando cuán cómoda se siente en aquel pequeño espacio.
Po sonríe y vuelve la mirada al techo.
Definitivamente, aquella mañana despertó para quedarse en la cama.
Los minutos pasan y el cielo va aclarando aún más. Po se encuentra con los ojos cerrados, pero despierto, cuando unas suaves caricias en su pecho le llaman la atención. Ríe entre dientes y sujeta la mano de la felina sobre su pecho, deteniendo aquellas caricias, que comienzan a ponerle los vellos de punta.
¿En qué momento ha despertado? No tiene ni idea. Baja la mirada y ella está ahí, observándole con serena admiración, con una paz y tranquilidad jamás reflejadas en aquel hermoso color carmín. Po sonríe. Una de sus manos se aferra a la estrecha cintura de ella, arrimándola más a su cuerpo, a la vez que su mano (aquella que sostiene la zarpa de Tigresa) se eleva para regalarle un tierno mimo en su mejilla, acariciando el mullido y alborotado pelaje.
Tigresa responde al tacto con un bajo y reconfortante ronroneo.
—Te ves hermosa.
Su voz es apenas un murmullo. Tigresa le sonríe, con el rubor tiñendo sus mejillas.
—Buenos días, Guerrero Dragón.
—Buenos días, mi amor.
Otra vez aquellas palabras. El corazón de ella se acelera, entusiasta, y sus ojos brillan con ilusión. Le gusta cómo suena cuando Po lo pronuncia. Siempre vio al panda como alguien tierno, blando, y oír aquella voz ronca y posesiva en cierta manera le resulta extraño. Extraño, pero reconfortante de alguna manera.
El silencio se apodera del momento, uno en donde aquellas miradas valen más que cualquier palabra que pudieran decirse. Sonríen y lentamente se acercan hasta unir sus labios en un beso tierno y suave. Dulce.
Guiada casi por instinto, Tigresa rodea a Po con una de sus piernas, girando para quedar sobre él, y apoya las manos sobre su pecho para sostenerse. En ningún momento deja de besarle, con aquella suavidad propia de la inexperiencia. Le siente sonreír sobre sus labios, a la vez que sus manos, firmes y fuertes, le sujetan de la cintura, acomodándola en una… mejor postura. El rubor tiñe sus mejillas, pero hace de cuenta que este no existe, fingiendo que aquel contacto, tan íntimo, no la perturba en lo más mínimo.
Un cosquilleo en lo profundo de su vientre, un estremecimiento a flor de piel, un impulso instintivo que le lleva a balancear levemente sus caderas. Como un experimento. Como quien tantea un terreno, antes de lanzarse a correr sobre este. Siente el agarre a su cintura afirmarse, tenso, y sabe que lo ha hecho bien.
—N-no… Pará… —Tartamudea Po— Tigresa, no lo hagas…
Ella le está provocando… Pero él no piensa ceder. No es el momento, no es la forma.
Tigresa se endereza y le observa, con la confusión clara en sus ojos. Se siente como si le hubieran echado un balde de agua fría encima. La idea de aquel rechazo da vueltas en su mente, pero rápidamente se va al reconocer que tampoco es lo que quiera. No. No lo hizo a voluntad. Fue solo un impulso, un acto reflejo.
—Lo siento.
Po sonríe, tierno.
—No, no te disculpes. No hiciste nada —Le aclara— Solo… No lo hagas, ¿Si?
Y él también se ruboriza.
—Yo…
—Ven. Recuéstate.
Jala suavemente de ella, recostándola en su pecho. No se la quita de encima, le gusta tenerla tan cerca. Tigresa, aunque aún algo confundida, se deja hacer. Las etapas en celo eran las peores, pero siempre pudo concentrarse para dejarlo de lado, casi hasta olvidar que estaba ahí. Todo con un poco de meditación. Meditación y un pequeño confinamiento lejos de aquellos… candidatos que pudieran llamarle la atención.
Aunque claro, jamás estuvo tan cerca de Po.
Se acurruca en el pecho del oso, como toda una felina, enterrando la nariz en aquel suave pelaje. El aroma de Po le era tan atrayente como podría serle a él el de ella. Durante los siguientes minutos, se limita a observar su mano entrelazada con la del panda. Las caricias suben y bajan por su espalda, pero su atención está puesta en aquel gesto tan inocente como el de tomarse las manos.
—¿Po?
—¿Humm?
—¿Qué somos? —Pregunta, tímida.
Sabe que no debe, pues Po no habló en ningún momento de ser algo, pero no puede evitarlo.
No quiere dejar eso como algo sin importancia. Po es importante para ella. Le ama y no teme decirlo. Sabe que él le corresponde, pero por algún motivo que no comprende, se niega a siquiera insinuarlo. Como si temiese algo.
Le siente tensarse debajo suyo y cuando pasa un par de minutos, sabe que no le contestará, por lo que decide enderezarse y encararle. El carmín, intenso y profundo, fijo en el mar de miedos que se ha tornado aquel color esmeralda. ¿Desde cuándo Po es tan inseguro? ¿Desde cuándo medita tanto las cosas? La situación hasta podría ser graciosa. Po, aquel oso impulsivo y un poco tonto, mostrándose tan reservado en un tema con el que jamás tuvo tapujos es algo difícil de creer.
Finalmente, él sonríe, pero es una sonrisa forzada, nerviosa. Intenta besarla, pero esta vez, Tigresa ladea el rostro, dejando que esos labios terminaran en su mejilla. No, no va a distraerse. Se quita de encima de él y se sienta a su lado en la cama, con el semblante serio, aunque igualmente sereno.
—¿Qué somos? —Repite.
Po ríe entre dientes para quitarle importancia.
—¿A qué te refieres, Tigresa?
—Po… —Toma aire, nerviosa— Yo te amo.
—Tigresa…
—Y necesito una respuesta tuya —Le interrumpe— Me conoces; no me gustan los cabos sueltos, ni perder el tiempo. ¿Qué sientes por mí?
Se ve tan seria, tan decidida, aunque eso no quita que Po pueda ver la preocupación y el miedo muy profundo en aquel color carmín. No, no quiere lastimarla, pero tampoco puede responderle con tal seriedad. La quiere, la valora y la respeta. Pero no nace de él decirle un te amo.
Imitando aquel semblante serio, vuelve a tomarle de la mano y la recuesta a su lado nuevamente, volviendo a acunarla en su abrazo. Necesita estar tranquilo para pensar con claridad. Casi sonríe al sentirla acurrucarse a su lado. Al menos, no está enojada.
—Tigresa… ¿Te basta si te digo que volvería a golpear a Shuo si lo veo cerca de ti otra vez?
—No.
—Tigresa, por favor.
—Po… Sí o no, es todo lo que te pido.
Ella gira sobre su estómago, quedando boca abajo, y apoya los brazos cruzados sobre el pecho de él para observarle.
—Yo… —Habla, con apenas un hilo de voz— Confía en mí, Tigresa, por favor.
Las orejas de ella apuntan ligeramente hacia atrás, su semblante parece decaer de repente. Lo sabía. Aquella respuesta le duele más de lo que creyó y Po lo sabe, lo ve en sus ojos, en la manera en que sus labios se tuercen en una mueca.
Guarda silencio, esperando a por su respuesta. Ella se muerde los labios.
—Está bien —Murmura, aunque con voz insegura— Esto… ¿Me darías un beso?
Po sonríe y lleva una mano a su mejilla, accediendo a aquel pedido. La besa con ternura, despacio, demostrándole en aquella caricia lo que no puede decirle en palabras, pero cuando Tigresa le responde… todo es completamente distinto. El contacto es demasiado corto, apenas un suspiro, antes de que ella se aparte de él.
Se endereza en la cama, sacando sus pies por el costado, para luego levantarse y estirar perezosamente sus músculos.
Po se reincorporó, apoyándose en sus codos.
—¿A dónde vas?
Tigresa se detiene delante de la cama, observándola, con una serenidad tal que era hasta exasperante.
—No creerás que dejaré que me vean saliendo de aquí —Espetó.
En parte, tenía razón, no solo por los chicos, sino más por Shifu, que claramente no aceptaría un comportamiento tal, menos entre ellos. Pero algo en su voz molestó a Po, algo en su manera tan… arrogante, como si el simplemente hecho de haberle preguntado aquello la ofendiera.
—Quédate aquí, solo un rato —No lo puede evitar.
—No.
Guarda silencio unos segundos.
—Bien.
No se le ocurre qué más decir.
Le observa caminar hacia la puerta, serpenteando perezosamente el rabo, de aquella manera tan felina que le vuelve loco, y finalmente salir del cuarto. Toma aire y se deja caer de espaldas, expulsándolo bruscamente. Se siente tan… mal, como si de la nada tuviera un peso extra encima, uno demasiado grande.
Entonces, la puerta vuelve a abrirse y no puede evitar reincorporarse nuevamente, con una ancha y boba sonrisa en su rostro… Sonrisa que rápidamente se esfuma al ver que Tigresa apenas si asoma el rostro, con el semblante tan serio como hacía unos segundos.
—Por cierto, no te vuelvas a dormir —Le pide. Mejor dicho, le ordena— Vega, que va a tocar el gong. No seas perezoso.
Y la puerta se cierra antes de que tenga tiempo de responderle.
La ama... No tiene dudas, está claro, y sabe que ella a él también. Pero también sabe que ella no le esperará eternamente, mucho menos con aquel Shuo tan cerca suyo. Nuevamente, aquel sentimiento rencoroso se apodera de él, pero esta vez, cargado de frustración. ¿Por qué? ¿Por qué Tigresa tiene que ser complicada? Sin embargo, rápidamente sus labios se curvan en una sonrisa; Porque si no lo fuera, ni siquiera se hubiera fijado en ella desde un principio.
Después de todo, ¿qué es el amor?... sino una manera inconsciente de pecar. Pecas por ella, para ella y solo porque sabes que ella lo vale.
Y Tigresa lo vale.
Fin…
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Del comienzo… Jejejejjje
¡Oie, zhiiii!... Como ven, nenitas, les he dado un final bastante… bueh, no sé si abierto (((¡abiertas tus piernas!))) Ya, bájale con el bullying, nena… Emmm, ¿en qué iba?... Ah, sí, bueno… la cuestión es que he dejado estos conflictos un poco al aire y prácticamente "a imaginación del lector"… ¿Po logrará darle a Tigresa aquella respuesta que ella desea? ¿Qué hace Shuo tan cerca de la felina? ¿Por qué Tigresa se permite tales confianzas con el tigre?... Bueno, esas y creo que varias preguntas más…
Mi mayor pecado… Sería la segunda parte y contaría apenas con unos diez capítulos cuando mucho (intento escribir cosas cortas y centradas, sin mucho relleno)… Po intenta demostrar a Tigresa todo eso que ella quiere saber, pero sin decírselo, a la vez que intenta lidiar con los continuos avances de Shuo hacia ella. Porque el tigre gana terreno, aunque, tal vez, no sea como Po lo piensa…
En fin… ¡Los comentarios deciden!.. (No sé a quién engaño, si igual lo subiré) JAJAJJAJAJAJAJAJA
