Capí .
Caminante no hay camino, se hace camino al andar.
Las lágrimas son la forma en la cual nuestro corazón habla cuando tus labios no pueden decir lo que sientes.-Fairy Tail.
Lo que Harry más apreciaba de su tío Vernon eran sus modales a la hora de comer; Comía como un cerdo pero dejaba el plato reluciente facilitando el trabajo, igual que su primo Dudley. Fregar los platos se le hacía muy pesado a pesar de llevar haciéndolo desde su infancia, lo único bueno que tenía era poder oír las noticias para saber si Voldemort había atacado, que lo hacía constantemente sin descanso.
Cada noche más reportes de muggels desaparecidos o muertos salían en las noticias o en el periódico cada mañana; Era una barbaridad.
-He terminado.-Dijo Harry cerrando la llave agua.-Me marcho a mi habitación.
-¿Has limpiado los platos y la mesa?-Preguntó Vernon.
-Sí señor.-Dijo caminando hacia las escaleras pesadamente.
Entró en su habitación y sacó de debajo de la cama el libro que había comprado de Transformaciones Avanzadas y comenzó a echar un vistazo al índice, donde leyó un apartado de Transformaciones corporales en la página 210 y con sorpresa, comenzó a leerlo. Te explicaba con esquemas muy detalladamente algunos hechizos básicos y avanzados para cambiar el color del pelo y ojos, la altura y el peso entre muchas otras; Realmente útil. Muy concentrado comenzó a preparar un pergamino, pluma y tinta para comenzar a resumir todo ese apartado, destacando lo más importante e imitando los esquemas para lograr aprender los hechizos y el concepto que te enseñaban en menos tiempo.
Sentado en la silla del escritorio, comenzó a releer todo asegurándose de que nada faltase, cuando escuchó un plop tras de él y al girarse vio a un elfo joven con ojos saltones azules y nariz alargada, vestido con un uniforme negro que tenía un escudo esmeralda en el corazón.
-Buenas noches señor Potter.-Dijo el elfo con voz grave.-Soy Viriato el elfo del amo Severus, me ha enviado a que le traiga todo lo necesario de su casa.
-Este hombre piensa en todo…-Murmuró Harry mirando a Viriato con sorpresa.-Eh, bien ¿Podrías llevarle este pergamino al profesor Snape y que lo revisara ahora?-Preguntó tentativamente.
-Enseguida señorito Potter.-Dijo el elfo desapareciendo con otro plop.
Harry comenzó a pensar en Eckber Kähler, su otro yo. En otro pergamino comenzó a dibujar con un lápiz la apariencia que quería para él. Dibujar no se le daba muy bien pero se defendía. El cabello decidió que no sería pelirrojo, no tendría para nada la apariencia que adoptó para ir de compras, pero seguiría manteniéndolo como al chico semi-dulce y ocupado. El cabello sería negro de raíz con reflejos azules en las puntas (si se tenía que camuflar, que fuera guapo), desordenado pero liso tapándole la cicatriz. Los ojos de color azules-verdosos, la nariz un poco más puntiaguda, la boca un poco más rellenita, más bajo que su altura normal y unos kilos más. De esa forma nadie le reconocería y con esa técnica era muy improbable que descubrieran que aquel no era su verdadero rostro.
-Señor Potter, el amo Severus ha respondido. "El esquema está aceptable Potter, y el resumen satisfactorio. Revisa la parte redondeada."-Recitó de forma mecánica.-¿Desea algo más señorito Potter?-Preguntó haciendo una pequeña reverencia.
-Necesito que le pidas al profesor Snape una poción para que no detecten mi magia.-Pidió nuevamente.
El elfo hizo una pequeña reverencia y volvió a desaparecer con otro plop.
El cielo ya estaba oscurecido y las farolas encendidas. Bostezó sonoramente y los párpados comenzaban a pesarle; Había sido un día muy cansado hasta para él. Llevaba sin responder a la última carta que envió Hermione tres días, lo haría ahora que no estaba ocupado, si no, la chica sería capaz de plantarse en su casa para ver si sus tíos se lo habían comido. Tres líneas donde le explicaba que estaba bien, que pronto se verían y que se cuidaran. Estaba muy cansado, aun así tenía unas ganas infinitas de comenzar a leer todos los libros que se compró y repasar el esquema de Eckber, pero como fuerzas no le quedaban. Se conformó con leer el sinopsis de la historia de Nerta y su dragón Vaitiare.
...La pequeña Nerta siempre había viajado sola por el mundo desde que tenía memoria. Cruzó mares y montañas, caminos largos y cortos, tediosos y entretenidos. Todos ellos para vivir la vida. Recuerda vagamente haber comenzado el viaje por el reino de Nefalem, en un pueblo llamado Resenberg, con algo de comida y bebida abandonó el nido dirigiéndose a Nahulatl donde encontró las piedras más preciosas de aquel reino. En una ciudad llamada Kissope logró viajar hasta el reino de Zumbal en un gran pulpo gigante durante 2 lunas llenas. Atravesó aquel reino con muchas dificultades por la terrible calor y los animales que por la noche le acechaban. Durante el tiempo que no puede recordar, consiguió llegar al reino que buscaba: Svënja, donde logró encontrar la sabiduría y la experiencia necesaria para encaminarse al último reino…
-¡Potter!-Gritó su tío en un susurro abriendo la puerta de golpe.
-¿Qué?-Preguntó el muchacho sobresaltado, tirando el libro al suelo.-¿Pasa algo?-
-Tenemos una conversación pendiente. Tu primo y tu tía ya están dormidos, así que no hagas ruido. Iremos a buscar lo que te dije por la mañana.-Dijo el hombre mirándolo con asco.- ¡Vístete!-Le ordenó mientas salía.
El muchacho desconcertado guardó el libro-las letras habían desaparecido- bajo la cama y se puso las bambas. Minutos después ambos abandonaron las silenciosas calles de Privet Drive en el grisáceo coche de su tío.
-No vas a decirle nada de esto a nadie, ni a tus amigos anormales, ¿entiendes?-Dijo el hombre dando un volantazo a la izquierda.-Esto será entre tú y yo, sino, ya sabes lo que pasará.
Harry, que no deseaba tener más castigos, asintió teniendo la impresión de que se habían alejado bastante de su casa. Las farolas eran cada vez más escasas y los hogares tenían menos pintas hogareñas.
-Ahora llegaremos a Winsorf(1). Tendrás que bajar y recoger una cosa. Toma el dinero.-Dijo un poco nervioso entregándole un sobre.-Entra en ese pub de allí, acércate al camarero y pregunta por Silver, él sabrá qué darte.-Dijo con prisa echándolo del coche.-Y revisa que sean 20.-Mencionó cerrando la puerta.
Frente a él había un pub llamado W.L.P con un letrero parpadeante rojo y muchos coches de alta gama aparcados. Abrió la puerta con molestia y la eléctrica música a todo volumen llegó hasta sus oídos, acompañada de gritos de júbilo, entre los que destacó el épico ¡Bebe, bebe! . El local estaba muy oscuro, iluminado por luces de neón de todos los colores y gente abarrotada en cada lugar, unos bailando y otros compartiendo su eterno amor. Intentando pasar inadvertido, se coló entre la gente intentando llegar a la barra. A pesar de la poca luz pudo distinguir a dos hombres fornidos cerca de la entrada vigilando el local.
-¡Camarero!-Gritó sobre la música.
-Dime muchacho.-Le respondió un chico de ojos castaños rojizos.
-Vengo a ver a un tal Silver de parte de Vernon.-Dijo Harry frunciendo el ceño.
-¿Eres Harry? Sígueme.-Dijo el camarero haciéndole una seña a uno de los imponentes hombres fornidos.
El camarero salió por la parte izquierda, agarró al chico de la muñeca y lo guió por todo el pub en silencio hasta llegar a una puerta donde dos hombres de negro con un pinganillo en la oreja la custodiaban.
-Queremos ver a Silver, de parte de Vernon.-Dijo el camarero. En aquel momento a Harry le resultó familiar su voz.
-Adelante.-Dijo uno de los hombres apartándose.
Harry sorprendido, abrió la puerta y comenzó a toser por la repentina humareda. Esa habitación estaba iluminada y apenas se oía algo del ruido que tenían montado fuera, una mesa de billar situada al centro de la sala con armas en las esquinas y alrededor mujeres escasas de ropa sentadas en cómodos sofás rodeadas de hombres.
-¿Eres Harry?-Dijo un hombre calvo de siniestra mirada.-¡Un mocoso!-Gritó carcajeándose con el puro en la boca y el vaso de alcohol en la mano.
-¿Algún problema?-Preguntó el muchacho seriamente.-Dame lo que tengas que darme, rápido. No tengo pensado pasarme aquí la noche.-Dijo sabiendo que se la jugaba.
-Tienes coraje o eres un idiota. ¡Dadle el éxtasis al chico!-Ordenó sonriendo como un tiburón.
Un hombre alto y delgado de vestimentas azules, le entregó una pequeña bolsa con pastillas blancas en forma de estrella de cinco puntas y él le lanzó el sobre con todo el dinero.
-Como nos delates a quien sea será tu fin y el de toda tu familia. Pero no hace falta que te lo recuerde, ¿cierto?. Ahora, piérdete.-Le ordenó levantándose con un palo de billar y tirando, metiendo la bola número 4.
-No, dame las 20 pastillas. Aquí hay 15.-Dijo con una mirada fiera.
-¿Qué, te atreves a seguir delante de mí?-Preguntó.-¿Sabes con quién estás hablando, mocoso idiota?-Dijo mirándolo.
-No lo sé, y no me importa. Dame lo que he pagado.-Le ordenó apretando el puño.
-¿Ah sí?-Dijo burlonamente, mientras hacía una seña con la mano.-Tuyo H.-Ordenó al hombre delgado.
El hombre lo miró y sonrió enseñando sus amarillentos dientes. El cigarro que se acababa de encender lo tiró al suelo y lo pisó con las botas. Se crujió los dedos y sin mencionar nada le dio un puñetazo en la mejilla tirándolo al suelo. Sus gafas fueron a parar a algún lugar y Harry, soportando el dolor y sin ver nada, se volvió a levantar ágilmente y se colocó en posición de pelea. "Agáchate", le susurró una voz en su cabeza, y él lo hizo justo cuando el otro intentó darle otro puñetazo. Se volvió a levantar y le dio un derechazo en la mejilla izquierda al hombre, haciéndole girar la cara. Entonces con prisa miró por toda la borrosa sala, buscando algo para poder defenderse cuando el hombre lo agarró de la muñeca. Patada izquierda en la cara y el así lo hizo, velozmente y librándose del ataque. Cogió un palo de billar y se lo partió en la cabeza haciéndole una brecha. Justo cuando iba a darle el último golpe, el hombre calvo aplaudió.
-Muy bien muchacho, me caes bien. ¡Dadle sus cinco pastillas y saquen a este idiota de aquí!-Le gritó a dos hombres que estaban sentados.-Esa mejilla no tiene buena pinta, sangra, míratela al llegar a casa y oye, tienes buena forma física… Si alguna vez te apetece pelear y ganarte un dinero extra, no dudes en venir a buscarme.-Le dijo dándole unas palmadas amistosas en la espalda, mientras le entregaba las gafas.-Ahora sí, lárgate antes de que termine contigo.-Dijo, y uno de los hombres que custodiaban la puerta entró sacándolo por el cuello de la camiseta.
-¿Qué te ha pasado?-Le preguntó Vernon al ver sus ropas desaliñadas y la mejilla con sangre.
-No fue tan simple conseguirte esto.-Le dijo sacando la bolsa y sentándose en el asiento con la adrenalina corriendo por sus venas.
-¿¡Las tienes!? Perfecto, volvamos a casa.-Dijo arrebatándole la bolsa.-Como te atrevas a decirle algo a Petunia…-Murmuró mirándole.
El viaje de vuelta a casa fue más silencioso que el de ida, ya que ni la radio estaba puesta. Su tío en una recta sacó una de las pastillas y con agua se la tragó. Parecía muy satisfecho consigo mismo.
-Ahora tú y yo vamos a terminar nuestra conversación pendiente. ¿A qué ha venido la contestación de esta mañana?-Preguntó.
-No le he contestado señor.-Dijo tragando en seco, fijándose que ya habían llegado.
-Sí lo has hecho, fenómeno. Las cosas van bastante mal para que tu tía y yo tengamos que aguantar tus comentarios.-Dijo bajando del coche.-Te pedimos que ayudes con unas tareas diarias de casa y aun así no aprendes.-Dijo pegándole un empujón.
-No, yo no, no…-Se intentó excusar alzando las manos, atemorizado.
-¡Deja de balbucear!-Le susurro peligrosamente al entrar en la casa.-Fenómeno…-Le murmuró dándole una bofetada.-Que sea la última vez que te quejas de algo.-Le dijo marchándose a su habitación.
El muchacho acariciando su mejilla, subió corriendo a su habitación y dejando las gafas, se echó en la cama tembloroso. Intentó dormir, pero involuntariamente comenzó a llorar y no pudo cerrar los ojos hasta un buen tiempo después.
Remus Lupin tomaba un té caliente sentado en un viejo sofá negro, frente a él Severus Snape bebía un vaso con whisky de fuego.
-….¿Entonces dices que terminé bebiendo con Mundungus y que le entregué una gran cantidad de galeones a Tom?-Preguntó rascándose la cabeza avergonzado.
-Cuando entré en el local, estabas cantando una canción con Mundungus… Y si no recuerdo mal, me pediste perdón por algo de Hogwarts.-Dijo el hombre divertido.
-¡Oh dios mío!…-Atino a decir cubriendo el rostro que le ardía de vergüenza.-Que desliz…-Murmuró.
-¿Desliz? Querías ponerte en medio del callejón a darle color. Te confisqué la varita.-Dijo dejando el vaso en la mesa.-Pero no te he sacado a las dos de la mañana del Caldero Chorreante para decirte todo esto, es por Potter.-Aclaró poniéndose serio.
-¿Está bien, le ha pasado algo?-Preguntó repentinamente.
-Está muy cambiado y… Bueno, en general las cosas están cambiando. No es tan idiota como hace un año, sus lealtades han cambiado radicalmente.-Explicó con un suspiró.-Harry espera lealtad de ti y yo te voy a contar todo… Si le dices algo a cualquier persona sobre lo que voy a contarte, te hundiré.-Le aseguró.
-¿Realmente crees que traicionaría a Harry? Es mi cachorro, yo nunca haría eso.-Le dijo frunciendo el ceño.
-El chico no quiere saber nada más de Dumbledore, lleva todo el verano estudiando con los pocos libros que tiene para hacerse más fuerte y poder quitarse a Voldemort de encima.-Resumió.-Me ha pedido a mí ayuda, así que me toca encargarme de todo.-Dijo.
-Oh Merlín.-Dijo con pesadez.-¿Por lo de Sirius, verdad?-
-Entre tantas cosas, el viejo le escondió que la profecía habla de él y que por eso Voldemort lo persigue. Lo culpa de la muerte del pulgoso y personalmente lo apoyó, ese viejo es un manipulador. A vosotros no os lo parece porque nunca habéis tratado con el verdadero Dumbledore; Pero yo sí, y en repetidas ocasiones.-Aseguró Snape, levantándose cansado.-Ahora tú decides ¿Seguirás con Dumbledore o con Harry?-Preguntó.
-Cuando Harry nació, Sirius y yo le juremos a James y a Lily que cuidaríamos de él hasta nuestra muerte. Sirius lo ha cumplido, y yo no seré menos.-Aseguró, poniéndose en pié.
-Entonces hagamos un pacto del silencio, ya sabes cómo va esto.-Dijo extendiendo la varita.
Media hora después del pacto, Lupin continuaba despierto sentado en el mismo sofá, llorando con frustración. A su lado, Snape tensamente le daba unas palmadas en la espalda a modo de consuelo.
-No-no pude hace-e-er nada…. El s-sol-o cayó…-Repetía aferrándose a la túnica de Snape.-Fui-i un cc-obar-dde.-Le aseguró roto.
-Lupin, sé un hombre y acepta la muerte del chucho. Murió haciendo lo que más quería… Luchando.-Le dijo con un suspiro.-¿Tienes donde pasar la noche?-Le preguntó.
-Estaba vivi-endo con los padres de To-Tonks pero con todo esto de-l comi-enzo de la guerra las cosa-aa-s están muy tensas y no param-os de discutir así que por eso me mar-ché al Cal-cal-dero Chorrea-a-nte.-Le dijo calmándose un poco.
-Entonces quédate aquí, arriba. La última puerta a la izquierda es una habitación libre.-Le dijo con pesadez.-Mañana temprano acordaremos todas las cosas que tengo que decirte de Harry.
Remus asintió y secándose las lágrimas le dirigió una mirada de agradecimiento, fue hacia la escalera y se dirigió a su habitación tirándose en la cama como niño pequeño. Severus se encargó de recoger el té con la varita y pocos minutos después él también se echó a dormir.
Mientras tanto, muy lejos de allí, en los países del norte un hombre de pelo cano, con ojos marrones y algunas arrugas por el rostro, caminaba pensativo con las manos en los bolsillos. Hacía cuatro siglos que no se reunía el consejo de Morgana-que se decía pronto-y justo hoy, su vieja amiga Alfhild le había escrito después de dos siglos sin saber nada de ella para reunirse.
Ahora el hombre se encontraba en la solitaria cubierta, apoyado en la barandilla mirando hacia el oscuro vacío, donde no se sabía lo que era mar y lo que era cielo. Si el consejo de los cinco dragones volvía a estar en marcha, era porque habían encontrado al próximo Nefalem; Entonces también el consejo de Arturo se estaba poniendo en marcha y eso era un problema. Siempre lo había sido.
Comenzó a caminar rumbo a su camarote, encontrándose a un par de personas por el camino que lo saludaron amablemente. Una vez allí adentro, miró el reloj y calculó que en menos de media hora desembarcarían en Noruega. Con la varita hizo un par de movimientos y su equipaje se preparó en la puerta.
-¡Otôsan!-Dijo alguien debajo de la almohada.
-Musuko ¿Ha pasado algo?-Preguntó el hombre cogiendo una piedra azul transparente.
-Quería saber como va el viaje, si has llegado ya.-Dijo la voz del muchacho.
-Falta menos de media hora.-Dijo con una suave sonrisa.
-¿Cuándo vas a volver?-Preguntó.
-Si no he llegado aún ¿Cómo quieres que sepa cuánto tardaré en volver? Espero que menos de una semana, pero con estos cuatro, uno nunca sabe.-Dijo con pesadez.
-Haré los últimos arreglos a la ropa que nos pidieron y me iré a dormir. Cuídate otôsan.-Se despidió y la piedra dejó de brillar.
Cuando el hombre desembarcó era de madrugada, casi las tres, y la mayoría de muggels iban tan cansados que salir del barco fue una tarea lenta, ya que por motivos de seguridad tenía que dar su pasaporte y la identificación; Un tedioso calvario.
-Perdone señor, documentación.-Pidió con voz monótona una señora.
-Tome.-Le tendió el pasaporte con una suave sonrisa.
-Señor… Helman Abendroth.-Murmuró la mujer entrecerrando los ojos y dirigiéndole una breve mirada a su compañero situado en su izquierda.-¿Puede esperar? Tenemos un problema.
Helman asintió manteniendo la sonrisa confiada. La mujer le susurró algo a su compañero, un hombre alto, pelirrojo y muy serio que enseguida se le quedó mirando fijamente, arrugó el ceño y asintió dirigiéndose a él.
-¿Señor Helman Abendroth? El mismo Helman Abendroth que venció a Alejandro Magno.-Afirmó el hombre.
-No sé de qué me habla.-Le dijo Helman dejando de sonreír.
-Si lo sabe…-Dijo alzando la varita.-Everte Statum.-Gritó, y un rayo dorado se dirigió a Helman, quien se puso serio y esquivó la varita dando un salto a la izquierda.
-No se puede hacer magia con muggels presentes.-Lamentó alzando la varita.-Supongo que puedo saltarme esa norma…. ¡Expulso!-Le gritó a la mujer el rayo azul, que estaba situada tras del otro hombre, que salió volando por la borda del barco al agua helada.- Verdimillious.-Dijo apuntando al hombre que había bajado la guardia, una nube verde más densa comenzó a salir como un gas y enseguida se apegó al hombre por todo su cuerpo, que lo apretó hasta sacarle todo el aire y dejarle en el suelo inconsciente.-No puede viajar uno tranquilo en estos tiempos.-Se quejó cogiendo su documentación y saliendo rápidamente de aquel barco ignorando a los estupefactos muggels.-Oh no…-Dijo con voz lastimera cuando un aleteo comenzó a oírse.
Un dragón en lo alto comenzó a divisarse de entre las nubes, rojo como el mismo fuego. A medida que descendía notó que la parte de abajo era de un rojo más suave, mientras las alas y la parte de duras escamas era realmente roja. Cuando sus patas traseras y delanteras se posaron en el suelo, el inmenso animal bufó sacando una gran cantidad de aire por la nariz y su cola en forma de flecha pegó una terrible sacudida que logró mover un poco el barco, y entonces lo reconoció, era un Fuego Eterno(2). De lo alto de su cabeza, una mujer bajó de un salto. Era de piel morena, alta y delgada, con el pelo negro corto hasta los hombros, los ojos de un rojo fuego que parecía como si una llama viviera en ellos. Vestía una chaqueta remangada hasta los codos y una camiseta blanca debajo, unos pantalones rojos con las rodillas rajadas y unas botas negras, altas hasta el gemelo.
-¡Helman! ¿He llegado a tiempo?-Saludó la mujer con voz divertida con la mano como una adolescente.-¿A qué viene esa cara tan seria?-Preguntó curiosa.
-¿Cómo se te ocurre traer a tu dragón delante de todos estos muggels, estás loca?-Le dijo como si fuera una niña pequeña.-Los de Arturo están en marcha, acabo de toparme con dos de ellos en el barco.-Dijo negando.
-Qué molestos.-Se quejó ella.-Mi pequeño quería venir, te echaba de menos. ¡Sube que nos vamos!-Le dijo, haciendo desaparecer las maletas con un gesto de mano.
-No cambias Alfhild, después de tres siglos sigues igual a como te conocí.-Dijo él subiendo al dragón.
-Ojalá pudiera decir lo mismo, tú estás más viejo.-Dijo ella haciendo que el dragón volviera a volar.
(1) Winsorf está inventado por mí, no tengo ni idea si existe o no.
(2)Fuego eterno es un dragón que saqué de t5-razas-de-dragones-y-habilidades.
¡Quiero avisar de que no sé si actualizaré regularmente! Porque entre que mi inspiración viene y va, estoy muy enganchada a unos animes y me viene casi cada semana algún examen o alguna presentación. Me absorben buena parte del tiempo.
Espero que ninguno de vosotros quiera matarme. Un abrazo y saludos a todos.
