Nuevo disclaimer: Harry Potter nunca había sentido un dolor tan agudo como cuando vio a su padrino Sirius Black caer tras el velo. Los primeros segundos había esperado que saliera por la otra parte y continuara luchando contra Bellatrix, pero no; Sirius Black había muerto en aquel momento.
Las palabras del profesor Lupin le resonaban una y otra vez en su mente taladrando como un martillo. "No puedes hacer nada Harry, es demasiado tarde Harry, Se ha ido…".
Recordaba aquel momento a todas horas, culpandose por caer engañado tan fácilmente. Pero la culpa la tenía Albus Percival Wulfric Brian Dumbledore, ese anciano manipulador que le había arrebatado su última esperanza de ser feliz.…. Su padrino estaba muerto por su maldita culpa, por callarse la profecía, por dejar que fuera Snape la persona que le enseñara Oclumancia, por aparecer cuando era tarde.
Pero si ese viejo pensaba que Harry Potter se iba a quedar de brazos cruzados sin vengar a sus seres queridos esperando ser siempre rescatado estaba muy equivocado, ahora él sería el creador de su juego. Junto a Severus Snape, Remus Lupin y un nuevo grupo de amigos, Harry intentará derrotar a Voldemort y quizás a algún otro enemigo.
Slash relación hombre-hombre. Severus maestro. Dumbledore manipulador. Harry Darck.
Esta historia está basada en el libro "Harry Potter y el misterio del príncipe mestizo" No seguirá la trama original. No al plagio, saca tú lado original.
Dedicatoria-Advertencia: ¡Hola queridos lectores! Quiero dedicarle este capítulo a mi fiel amigo Brian (No digas nada cuando leas esto ¬¬") por su ayuda a la hora de escribir esta historia.
Si alguien ha jugado a Diablo III encontrará muchos parecidos, lo utilizo de fuente de inspiración pero aviso; No será NADA igual solo es para la inspiración.
Agradezco a todas las personas que están leyendo esa historia y me disculpo por tardar tanto.
Capítulo-IV-El Cíclope.
Encontré una luz y cerré los ojos para abrazar mi oscuridad.
Hay un momento en que una persona necesita abrazar la oscuridad por el bien de las personas que ama.-Bleach.
Despertó abrazado a su almohada más tranquilo que cuando se acostó, pero aún con esa sensación de tristeza por todo el cuerpo. Había soñado con el recuerdo de la final de Quidditch de hace tres años, cuando días antes había conocido a su padrino. Soñó que volvía a volar con su Nimbus 2000 buscando por todos lados la Snich, volaba libre como un pájaro y daba una paliza a Slytherin. Recordar aquello que había olvidado le devolvió un poco su casi extinguido buen humor.
Se desperezó, permitiéndose unos minutos más en la cama mirando el techo con ambas manos tras su nuca. Viriato apareció a su lado con una bolsa blanca flotando.
-Señorito Potter, el amo Severus le entrega la ropa que compraron al muggel, también le deja un horario que tendrá que cumplir sin excepción y la poción que pidió. Tiene que beberla una vez al mes sin dejar ni una gota.-Dijo el elfo dejándoselo todo sobre el escritorio y desapareciendo con una pequeña reverencia.
Señor Potter, me he tomado la libertad de prepararle su entrenamiento. ¿No se pensaría que continuaría vagueando todo el verano?
Le he dejado en la bolsa, la ropa de Lycra planchada y lavada; Comenzará mañana. Sé que hoy el director irá por usted. ¡No quiero quejas sobre lo intenso que pueda ser! No tendrá tiempo para sus amistades, tendrá que acostumbrarse.
De lunes a sábado se despertará a las 06:00 a.m., se duchará y desayunará antes de las 7:00a.m. y a esa hora saldrá a correr hasta las 9:30a.m. sin descanso. Parará 30 minutos a almorzar algo ligero y continuará con el ejercicio físico hasta la hora que coman los Weasley. Después tendrá una hora para volverse a duchar o quitar el sudor de su cuerpo. A las 14:00p.m. Comenzará a estudiar Transformaciones, Encantamientos, Pociones, DCAO, Historia de la Magia, Herbología y Runas Antiguas. Una hora por asignatura, alternando entre un día teórico y otro práctico. Terminará a las nueve, cenará y subirá a dormir para estar listo al día siguiente. El domingo es para usted, decidirá si seguir entrenando o dedicarse a sus cosas.
Att: S.S
Leyó la carta sorprendido, estupefacto. Era la primera vez que alguien le ponía un horario tan duro; Y eso que el de los Dursley le agotaba. Se desperezó poniéndose en pie, y fue directo hacia la bolsa, donde sacó con cuidado la poción morada y la ropa perfectamente doblada. Miró la poción morada que a tras luz tenía un tono más claro, la abrió y la olió. No olía a nada, pero gracias a su experiencia probando pociones supo que eso no significaba nada y que, seguramente, sabría a perro muerto. Cerró los ojos llenando sus pulmones de oxígeno y comenzó a tragar el espeso líquido que bajaba por la garganta frío como el hielo. Cuando terminó de tragarla, los ojos se le pusieron llorosos y comenzó a rascarse la lengua con los dientes y las manos. Estaba demasiada ácida así que terminó bebiendo del grifo del cuarto de baño, rezando porque se le quitara el picor. Cuando volvió a estar normal, regresó a su habitación y terminó de empaquetar todas las cosas con magia en un momento-feliz de que ninguna carta del ministerio hubiera llegado.-, aprovechando para recoger su habitación y limpiarla. Hoy era Domingo lo que significaba que teóricamente estaba libre de tareas y que su tía se encargaría de cocinar y limpiar, todo un desahogo para él; Pero también significaba que por la noche vendría el viejo a buscarlo para ir a casa de los Weasley. Una verdadera pérdida de tiempo, preferiría ir él tranquilamente en Red Flú o ir montado en Buckbeak, como hizo su padrino en tercer año.
Movió la cabeza quitando esos pensamientos de su cabeza y comenzó a repasar con un peluche-Cortesía de Cho Chang- los hechizos de transformaciones que necesitaría para crear a Eckbër.
-Buenos días. ¿Está Severus?-Preguntó un recién duchado Remus.
-Señor Lupin, el amo Severus se marchó temprano a una reunión en Gringotts. Le ha dejado un mensaje diciendo Lobo pulgoso, ves a por tus cosas y ordénalas en tu habitación. Te quedarás aquí un buen tiempo.-Dijo una elfa con voz aguda.-Yo soy Lispide, la elfa del amo Severus y hermana de Viriato.-Explicó moviendo sus orejas felizmente.
-Oh, encantado.-Respondió Remus perplejo estrechando la pequeña mano.-Yo soy Remus Lupin, encantado de conocerte.-
-¿Qué quiere para desayunar?-Le preguntó la elfina de ojos verdes.
-Café y tostadas estaría bien.-Dijo sentándose en el sofá.
*Así que Severus está en Gringotts, entonces después de desayunar iré a casa de Tonks a por mis cosas. Espero que todo salga bien.*-Pensó amargamente.
Severus se dirigía a Gringotts con Aleksey Korsakov, un hombre de 35 años alto con porte atlética. Con el pelo castaño claro engominado hacia atrás, con un ojo azul y otro verde acompañado de una expresión seria. Iba vestido con un traje negro, camisa blanca y corbata roja.
-...¿Entonces señor Snape solo tenemos que ordenar la bóveda de Sirius Black y Harry Potter?-Preguntó con voz amable.
-Sí, tenemos que arreglar todo el papeleo y marcharnos.-Dijo el profesor entrando en el banco.
-Buenos días Úras, soy Aleksey me atendiste hace menos de un año.-Le saludó el hombre con una fría sonrisa.-Buscamos a Algot el director del banco de parte del señor Severus Snape.-Dijo.
-Sí-sí se-señor, ensegui-ida.-Dijo Úras con los ojos abiertos de par en par y la voz muy chillona.
-La última vez que pasé por aquí les arruine.-Dijo Aleksey con una sonrisa.
-Señores, síganme.-Dijo Úras guiandolos hacia la sala donde hacía un día se habían reunido.
-Señor Snape.-Saludó Algot sentado detrás de un enorme escritorio lleno de papeles, ofreciéndoles asiento.-Buenos días, tenía entendido que se pasaría por aquí en una semana.-Dijo limpiando sus gafas.
-Eso creía yo, pero las cosas se han apresurado.-Dijo Snape.-Él es Aleksey Korsakov, el encargado de leyes mágicas.-Presentó.
-Ya tenemos el placer.-Dijo Aleksey sonriendo.-Iremos directos al grano.
-Aquí tienen la lista con todos los objetos que hay dentro de la bóveda.-Dijo Algot entregando una lista a ambos hombres.-Una casa en Grimmauld Palace el número 12, no hemos podido encontrarla. Un apartamento más pequeño en la quinta calle de Hogsmed y una mansión en Noruega, en el 23 de Kirkenes.-Dijo el elfo ajustándose las gafas.-Dentro hay en total toda una fortuna, 10.000.000 de Galeones en total. Dos inmensas bibliotecas, armaduras, joyas, baúles, todo tipo de armas.-Bufó el elfo dejando de enumerar todas las cosas.-Aquí tiene la carta para Harry Potter, firmó la herencia ayer y como el señor Korsakov vino ayer tarde y se encargó de todo; No tenemos más que hablar.-Dijo Algot levantándose, sonriendo tensamente.
-Un momento. ¿Viniste ayer, por qué?-Preguntó Snape confundido.
-Por que conocí a Sirius Black, el acudió a mí para que arreglara todo este embrollo y dejárselo todo al chico.-Dijo el aplicador de la ley suspirando.-Es hora de marcharnos, Severus. ¡Un placer negociar con usted Algot!-Se despidió del elfo tuteando a Severus mientras lo sacaba del banco.
-¿De qué me conoces?-Preguntó Severus cuando ya habían salido.-Primero te ofreces voluntario sin saber de qué va la cosa y ahora dices conocer al perro.-Dijo apretando la muñeca del hombre.
-Estudié con vosotros, era un año menor. Pero os conozco a todos, desde Lily Evans y Lucius Malfoy, hasta Remus Lupin y tú; Severus Snape.-Dijo él soltándose del agarre.-Le debía el favor y cumplí con lo último que me pidió.-
-No te recuerdo.-Dijo Snape suspicaz.
-Nunca te hablé, fui a Ravenclaw.-Dijo orgullosamente.-Antes de tú pelea con Lily yo era el chico que siempre se juntaba con ella en la biblioteca, al que James siempre le pedía ranas de chocolate..-
Severus asintió desconfiado y se separó unos metros de él.-Ya has cumplido tu misión con el perro, si me disculpas.-Echó a caminar.
-¡Espera!-Dijo alcanzándolo.-Quiero ver a Remus, sé de sobras que está en tu casa.-
-Escríbele a él si quieres verlo, no soy su representante.-Dijo frunciendo el ceño.-
*Hace media vida que no sé nada de él y ahora me toca escribirle*-Pensó quedándose parado, viendo a Severus marchar.
-¡Helman!-Gritó Alfhild agudamente sobre un sofá.-¡Baja, nos atacan!-Gritó.
-¿Qué pasa?-Preguntó el hombre alarmado bajando las escaleras.-¿Quién nos ataca?-Preguntó.
-Eso, esa… ¡Eso!-Gritó la chica señalando algo en el suelo.-Se mueve. ¡Viene, viene!-Gritó saltando en el sofá.
-¿Pero qué demonios…?-Preguntó Helman avanzando hacia ella.-¿Dónde?-Preguntó.
-Allí, bajo la mesa.-Dijo ella saltando a sus brazos.-¡Sálvame!-Gritó enterrando el rostro en el hueco de su cuello.
Helman apartó la silla desde lejos y se agachó un poco, sus ojos se abrieron asustados y tiró a la chica sobre el sofá.
-¿¡Qué diablos es eso!?-Gritó subiendo él también al sofá.
-¡Viene desde el infierno! ¡Es la cucaracha más grande que he visto en mi vida, joder!-Gritó señalándola temblorosa.
-¡Mátala Alfhild, tú eres la guerrera!-Dijo el hombre mirándola asustado.
-¡Y tú el mejor mago!-Dijo ella sacando la varita.-Inmovilízala o algo así.-
-¡Estoy algo mayor para estas cosas!-Reprendió él haciendo que una olla se le pusiera en la cabeza, un colador agrandado en el pecho y muchas cucharas por las extremidades.-¿Con esto me atacara?-Le preguntó a Alfhild.-Si me pasa algo, le dejo todo a mi hijo.-
-¡Vamos Helman, por favor mata a eso! Que se mueve.-Dijo la chica con los ojos lagrimosos y saliendo disparada para la escalera.
-¡Avada Kedavra!-Gritó apuntando bajo la mesa. La cucaracha chilló y comenzó a correr rumbo a Alfhild y está, gritando desesperada, subió las escaleras y corrió por el pasillo hasta llegar a la puerta de la habitación de Helman.
-¡Helman por lo que más quieras, mátala!-Le suplicó intentando abrir.
-¡Avada Kedavra!-Le gritó enfadado. Le dio de lleno y la cucaracha cayó de lado, fallecida con las patas cerradas sobre su cuerpo.
-¿Está muerta verdad? Menos mal, creía que iba a morir. ¡Esto es demasiado!-Gritó ella temblando.-Maldita sea qué asco, me voy a duchar. ¡Límpiala o pulverízala.-Le pidió con un temblor en su cuerpo.-¡Qué asco!-Gritó dentro del baño.
-¡Menudo morro tienes muchacha! ¿Y tú eres una cruzada?-Dijo incinerando a la cucaracha con una mueca de asco.
Helman terminó de arreglarse decentemente y se encargó de todas las tareas de aquel hogar, incluyendo la alimentación del dragón de Alfhild. Y después de toda la mañana ocupado se sentó en una butaca de madera, cerró los ojos y se relajó.
-Ni que fueras un abuelo.-Dijo Alfhild sentándose enfrente con las piernas cruzadas.
-Ni que fueras una adolescente.-Le replicó el hombre mirándola.
-Me sacas veinte años.-Dijo ella ofendida.
-Llevamos más de un siglo vivos, no eres joven.-Dijo mirándola con una ceja alzada.
-Que observador. Vamos al tema principal, el consejo de Morgana…-Dijo la muchacha con un suspiro.-He contactado con todos ellos y Hakurei asegura que todos están listos y que para nuestro pesar tenemos que reunirnos ya. Me ha mandado las indicaciones hasta la cueva de Tristán(1), a partir de allí tendremos que guiarnos por nuestro instinto y llegaremos a la luciérnaga; Dónde nos reuniremos a partir de ahora.-Informó la chica.-Han leído las estrellas sagradas y por fin han encontrado a nuestra estrella caída, tendremos que ayudarle en su misión y… Todo terminará, creo.-
-Esperemos que sea así, no me gustaría tener que abandonar a mi hijo otra vez.-Dijo Helman con tristeza.
-Nunca tendrás que dejarlo, me encargaré de ello.-Le dijo ella con una sonrisa radiante.
Remus suspiró volviéndose a mirar en el espejo por duodécima vez. Estaba recién duchado, peinado y afeitado apropiadamente. Se había puesto una camisa blanca y unos pantalones de pana con una túnica a juego y algo no terminaba de convencerle. Tenía que ir a casa de los padres de Tonks a buscarla a ella e intentar hablar las cosas, pero tenía un mal presentimiento. ¿Cómo saber que ella no iba a rechazarlo a él, un simple hombre-lobo? ¿Se le habría pasado el enfado de hace días o no? Cogió la varita y alisó la cama por duodécima vez y se volvió a mirar al espejo.
-¿Tiene algún problema señor Lupin?-Preguntó la elfa amablemente.
-Eh, no… Ni-ninguno.-Tartamudeó mirándose.
-Está temblando.-Dijo la elfina.
-No estoy temblando, es la emoción.-Dijo con una tensa sonrisa.
-Oh… Entiendo, al amo Severus le pasa eso cuando mira una foto de su infancia.-Dijo con una sonrisa.-Hay veces que llora y todo, después se bebe un vaso de lo que sea y se va a dormir. Alomejor usted también necesita eso.-Le recomendó desapareciendo con un chasquido.
-Whiskey de fuego, sí, eso necesito.-Se repitió a sí mismo dirigiéndose a la cocina.
Después dos copas y media de whiskey tuvo el valor suficiente para dirigirse a casa de los Tonks, decidió que ir por Red-flú sería más seguro que aparecerse.
-¿Remus?-Preguntó Ted Tonks inseguro levantándose del sofá.
-Hola Ted, venía a ver a Dora.-Dijo saludándolo con un apretón de manos.
-¿Quién es cariño?-Preguntó Andrómeda entrando en el comedor.-Oh, Remus…-Saludó sorprendida.
-¿Está Dora?-Preguntó con una sonrisa brillante.
-Sí, pe-pero está ocupada con el trabajo.-Dijo Ted con una sonrisa tensa.-¿Quieres tomar algo o venir más tarde?-
-Muchas gracias pero la verdad, tengo mucha prisa Ted.-Dijo Remus.
Una risa se escuchó de arriba y el hombre miró a sus suegros con interrogante, su sonrisa se borró y se dirigió a la escalera a toda prisa.
-Remus no subas, no subas.-Dijo Andrómeda agarrándolo por la chaqueta.-Vete a casa.-Le pidió con una mueca de tristeza.
Remus no hizo caso a la petición y librándose de su agarre continuó su camino, subiendo en absoluto silencio y abrió la puerta de par en par. Su corazón dejó de latir por un instante y sus ojos se abrieron en toda su totalidad. Nymphadora estaba sentada a horcajadas sobre Kingsley besándose de una forma lenta y dulce.
-¡Dora!-Gritó Remus con los ojos inundándose de lágrimas.
-Re-Remus. ¿Qué haces aquí?-Le preguntó despegándose del otro hombre y mirándolo con miedo.-No es lo que parece.-
-¿¡Qué no es lo que parece!?-Le gritó caminando hacia atrás.-¿Cuánto tiempo llevas con él, cuanto?-
-Dos meses...-Le dijo sin poder mirarle a la cara.
-Por eso las discusiones, por eso el no poder vernos…-Dijo él mirándola con traición.-Nunca más, en tu vida intentes dirigirme la palabra; ¡Nunca!-Le gritó dando un portazo y pasando de largo de los gritos de Andrómeda y Ted; Se metió en la chimenea gritando Casa de los Prince.
Helman se agarraba con fuerza a la cintura de Alfhild y esta, se agarraba al arnés de acero con un grabado de runas. El mago miraba a ambos lados fijándose en el paisaje, enormes montañas nevadas se alzaban a gran altura, el viento helado le golpeaba en el rostro; estaba abrigado como para ir al polo norte añadiendo los hechizos de calentamiento y aún así tenía las extremidades entumecidas y el pecho ronco. Mientras Alfhild que iba mucho más desabrigada se concentraba en guiar a Ragnarök hacia la cueva de tristán que estaba situada en algún lugar de esa montaña noruega.
El hombre sacó de su bolsillo interior una piedra en forma de rombo azul cielo y presionó el centro diciendo "Ostenderit mihi.". La piedra cambió su forma a una flecha y flotando sobre su mano, giró hacia la derecha. Alfhild lo guió como indicaba y una hora después aterrizaron en una parte llana de la montaña, toda cubierta de nieve helada.
-¿Ahora qué?-Preguntó la mujer ayudando a Helman a bajar.
-Buscaré energía.-Dijo hincando una rodilla en el suelo y enterrando su puño derecho bajo toda la nieve posible. Cerró los ojos calmando su respiración y guiándose por la energía que sentía, una luz dorada rodeó el puño y a medida que se enterraba más en la nieve, más brillaba. Ante sus ojos pasaron todas las partes de la montaña que contenían algo de magia incluyendo animales y plantas; Pero lo que llamó su atención fue una montaña abandonada que intuía que era la entrada a la cueva; El único problema es que, estaba bastante lejos de allí.
-Ya… Ya está.-Dijo rellenando todos sus pulmones de oxígeno cansado.
-¿Dónde tenemos que ir?-Preguntó la muchacha estirando los músculos.
-A una cabaña en el oeste y no muchacha, no puede venir Ragnarök; Podría provocar una avalancha por el aleteo.-Le avisó con pesadez.
-Está bién.-Dijo a regañadientes.-Pero déjale al menos cazar.-Pidió con ojos de cachorrito.
-Puede hacer lo que quiera, pero solo en parte llana y sin llamar la atención. ¿Quieres que alguien lo encuentre y haya problemas?-Le reprendió.
-Como sea, a caminar.-Dijo la muchacha con la mochila al hombro.
-¿No quieres avanzar de una forma más divertida?-Le preguntó con media sonrisa.
-Va, haz tu magia.-Respondió como si le hablara a un niño pequeño.
Helman con sus manos cogió un puñado de nieve y comenzó a moldearlo con habilidad. Minutos después y gracias a un pequeño fuego del gran dragón, Alfhild y Helman abandonaron el lugar con un trineo montaña arriba, la muchacha gritando y el hombre dándole toda la velocidad posible.
-¡Renos!-Gritó Alfhild agarrándose a una palanca del trineo.
-¡No toques eso!-Dijo Helman volviéndola a sentar.-Esa palanca es solo para emergencias.-
-Los renos nos siguen…Les va a salpicar toda la nieve, pobrecillos.-Dijo mirando hacia atrás.
-No nos sigues, huyen de algo.-Dijo Helman acelerando.
-¿Cómo lo sabes?-Preguntó ella.
-El suelo vibra bajo el trineo, los pájaros están volando huyendo de allí atrás. Y aparte…¡Lo estoy oyendo!-Dijo el hombre canoso girándose con miedo.-¡Mira eso! ¡Un cíclope joder!-Gritó señalándolo.
Un cíclope tenía su ojo azul fijo en ellos dos, corriendo y gritando cosas sin sentido. Con cada pisada el suelo retumbaba y los animales huían asustados; Ellos intentan deslizarse lo más rápido que podían sobre la nieve, pero aún yendo con el trineo de hielo no era cosa fácil. Giraron a la derecha internándose en un pequeño bosque de fresnos sin hojas, intentando despistar al cíclope; cosa que no funcionó. Este corría con más ímpetu partiendo por la mitad a los árboles que apenas alcanzaban los dos metros, todos caían hacia la derecha o la izquierda creando grandes vibraciones que hacían que el hielo más frágil del trineo comenzara a agrietarse, a punto de romperse.
-Muchacha, tenemos que tenderle una trampa o no llegaremos a la cabaña y está bastante cerca.-Le dijo el hombre frenando el trineo.
-Creo… Creo que tengo un plan. ¿Recuerdas cómo frenemos a aquel toro del laberinto? Pues usaremos la misma técnica, pero la prepararás tú mientras yo lo entretengo; Sabes que con una mirada sus ojos nos encontrarán… Pero con la corta inteligencia que este ejemplar tiene, será fácil.-Dijo la pelinegra bajándose de un salto.
-No va a funcionar…-Dijo Helman.-Pero si te empeñas, confiaré en tu criterio.-Dijo él con un suspiro.-Entretenerlo ya, yo me encargaré de ponerla alta.-
Alfhild se arremangó la chaqueta de cuero y corrió ocultándose entre unos árboles que el cíclope de cuatro metros ya había derribado, se subió encima de uno de ellos y comenzó a gritar.
-¡Eh tú, uni-ojo bobalicón, sígueme si puedes!-Mientras movía las manos para llamar su atención.-¡Bola de grasa, persígueme con ese ojo!-
El cíclope se giró con el ojo extremadamente abierto y gritó con toda su fuerza ahuyentando a todos los animales que andaban por allí cerca y derribando algunos árboles más por la raíz. La muchacha se mordió el labio escondiendo una sonrisa y echó a correr por el camino que ya había recorrido, aún sabiendo que estaba en desventaja. En dos pasos el cíclope estuvo delante de ella enseñando sus amarillentos dientes.
-¿No te enseñaron a lavarte los dientes?-Gritó Alfhild negando suavemente.-No quería tener que recurrir a esto, pero no me dejas más opción.-Dijo con pesadez, como si le molestara tener que recurrir a aquello.
Del bolsillo de su pantalón sacó algo en forma de estalactita, transparente y afilado. Lo cogió por la cuerda que estaba atada en el borde del final y se la tiró al cíclope clavándosela en la pierna. El grandullón gritó y se dobló sobre su estómago intentando quitarse el palo tan fino y pequeño como una astilla y ella, aprovechó la distracción para dirigirse donde la cuerda ya tendría que estar preparada.
-Vamos saco de grasa, ven a por mí.-Dijo ella colocándose en posición superman.
El cíclope intentó ignorar el agudo dolor de su pierna izquierda y volvió a correr tras la humana con mucha más rabia. Alfhild corrió marcha atrás cuando el bicho se acercó donde supuestamente la cuerda estaba colocada, se oyó un pequeño crack y el cíclope cayó de bruces al suelo, con las piernas atadas.
-¡Ahora!-Le gritó Helman saliendo de un árbol.
La pelinegra corrió y saltó dos metros agarrándose en el trozo de tela que tapaba la espalda del cíclope, se colocó sobre él firmemente y con su varita logró que las manos de este, se enredaran entre sí evaporando sus brazos; Dejándolo boca abajo. Helman se acercó a su peluda oreja y dejó que veintiuna gotas doradas cayeran, dejándolo dormido durante horas.
Ambos se miraron con una sonrisa cansada y suspiraron con pesadez, encaminándose hacia la cabaña.
Harry se estiró en su cama crujiéndose los huesos de la espalda, se había pasado toda la mañana terminando todos los deberes que tenía pendientes y ahora notaba que necesitaba un merecido descanso. Sus músculos se relajaron y su cuerpo disfrutó del contacto con el mullido colchón, invocó el libro de Nerta y su dragón Vaitiare y lo admiró. La portada era de un rojo sangre con márgenes dorados con el centro ocupado por la ilustración de un dragón plateado que protegía una copa mitad dorada, mitad negra..-Que él dedujo que sería Vaitiare.-El lomo era del mismo color solo que con un tejuelo donde tenía unas letras ilegibles y muchas runas de plata grabadas. Abrió las primeras páginas en blanco y comenzó a leer.
Capítulo 1 " El reino de Nefalem".
Nerta nació y se crió sola en un pueblecito de Resenberg sin conocer nunca a ningún familiar. En aquella época las escuelas no existían y normalmente, se educaban a partir del concepto Aprendiz-Maestro en todas las profesiones; Aquellos que tenían suerte, claro está. La mayoría de personas como Nerta que nunca tuvieron la oportunidad de tener uno, se conformaban con convivir de una forma más simple conreando campos o vendiendo en mercados. Luego había un mínimo grupo de personas, que con mucha fuerza de voluntad, decidían estudiar toda la magia posible por otros como libros, medios ellos solos.
La muchacha vivía en una pequeña casa apartada del pueblo. La casa era alta y rural hecha con piedras de pizarra bien colocadas y madera de roble. Por dentro estaba el suelo y las paredes cubiertas de madera, exceptuando su habitación que tenía detalles en piedra. La casa estaba distribuida en un pequeño comedor, una cocina, un cuarto de baño y una habitación; Más que suficiente para Nerta que sola se apañaba. Ella no recordaba nada de su vida desde los ocho años hacia atrás, todo lo demás estaba vacío; Como si no hubiera tenido una infancia, unos padres o algún juguete que recordará. A pesar de que los vecinos insistían de que sus padres se marcharon cuando ella tenía siete a encontrar una medicina, ella no lo recordaba. Desde la "huida" de sus padres, la muchacha se encargaba de trabajar para el resto del pueblo siempre de una forma muy impecable, cumpliendo todos los encargos antes que el resto; Con un poco de ayuda de su magia que-milagrosamente-nadie sabía que tenía. Trabaja duro en el campo, con los mercaderes, enseñando a un par de niños con dificultades a leer y a escribir; Incluso supo ayudar a que una mujercita perdiera el miedo a las alturas… Y al final del día tenía como recompensa bastante comida de los pastores, dinero de lo más ricos o vestimenta de los mercaderes. Aún conociendo a todo el pueblo, la chica nunca se paró a tener amigos. Algunos no la aceptaban por ser demasiado "rara", otros se dedicaban a otras cosas y nunca habían tenido relación y ella; Ella estuvo tan centrada en la magia que nunca necesitó relacionarse más de lo necesario con el resto
Con el paso de los años Nerta creció y se fue formado como mujercita, con ayuda de todos los libros que había leído y todos los hechizos que pudo aprender, pronto marchó de aquel calmado pueblo dirigiéndose a la gran ciudad; Dónde buscaría a un maestro lo suficientemente bueno para ella.
Harry quedó muy decepcionado cuando las letras comenzaron a desaparecer, justo cuando llegaba a la mitad del primer capítulo. Se cubrió la cara con las manos y comenzó a frotarlas para volver a estar despierto; Era muy interesante aquel libro que no recordaba haber comprado. Lo guardó con cuidado en su viejo baúl y volvió a pasar el resto del medio día pidiéndole comida a Viriato y practicando encantamientos. Desechó cualquier tipo de pensamientos y se dedicó solo a eso, a disfrutar la magia.
Severus leía por enésima vez el primer párrafo del libro La magia y sus desventajas sin terminar de concentrarse. Su vaso de brandy medio vacío ocupaba la mesa y a su lado una carta arrugada le hacía compañía. El pocionista había tenido que aguantar toda la hora de la comida el intenso relato de lo que Lupin había sentido, antes, durante y después de enterarse de que su Dora le era infiel con Kingsley; Toda una aventura de emociones. Él se preguntaba si realmente un hombre podía sentir tanto por una persona, vale que en sus días estudiantiles había amado a Lily Evans como a nada; Pero nunca sintió todo lo que Remus. Había probado la ilusión, el dolor, la tristeza, el odio y el rencor entre tantos otros… ¿Pero el miedo, la incertidumbre, la decepción de que otra persona fuera feliz con otro? Nunca. Su odio hacia James Potter se había disparado, pero nunca se había sentido decepcionado; Quizás traicionado…. Pero, no estaba seguro. Sentado con las piernas cruzadas Severus miró hacia las escaleras oyendo el llanto del hombre-lobo, gritando contra la almohada y haciendo trizas todos los objetos de la habitación y eso no le estaba sentando nada bien al hombre. La vena de su sien comenzaba a palpitar peligrosamente, su mirada se mortifico y entonces se cansó; Se dirigió hacia la habitación como alma que lleva el demonio e irrumpió con un grito.
-¡Lupin! Oye me bien saco de pulgas… O en este instante dejas de llorar como una nena o juro que te mataré de la forma más dolorosa que conozca; Te haré trizas con mis propias manos.-
-Se-Se-Sever-us.-Tartamudeó con los ojos rojos.-¡De-dej-dejame!-Le gritó tapándose con las mantas.
-Por Merlín...-Susurró frotándose el puente de la nariz.-¡No tienes tres años para montar estos numeritos!-Le gritó destapándolo.-Sal inmediatamente de la cara o te juro que te sacaré yo.-Dijo apretando la mandíbula
-No-o.-Hipó Lupin volviéndose a tapar.
-No digas que no te lo advertí.-Gruño sacando la varita.-Levicorpus.-Murmuró haciendo que Remus fuera agarrado por una fuerza invisible de los tobillos, quedando boca arriba, indefenso, a un lado de la cama.
-¡Suéltame Snape!-Gritó Remus moviendo furiosamente las piernas.
-¿Si te suelto, dejarás de llorar?-Preguntó alzando una ceja.
-Sí.-Gruñó tras unos segundos.
Una lechuza parda picoteó en la ventana llamando la atención de los dos magos. Remus vuelto a la normalidad le abrió y la pequeña lechuza entró con una carta atada en la pata derecha. Cuando la sacaron la lechuza picoteó cariñosamente el dedo de Remus y este, terminó llamando a la elfina para darle golosinas.
Remus que al abrir el sobre se sorprendió, miró a Severus y habló.-Es de Aleksey….-
