Capítulo-V-Horace Slughorn.

La oscuridad es la luz que no vemos.

No existe el bien o el mal, sólo hay poder y aquellos que son muy inútiles para usarlo.-Lord Voldemort.

Harry se despertó con la boca pastosa, por la ventana entraba la escasa luz de las farolas; Si estás estaban oscurecidas, es que al final se había quedado dormido. Bostezó como un león y se puso en pié lentamente, dirigiéndose al salón en busca de su tía. Los escalones de madera chirriaban a medida que el los pisaba. Se asomó en la entrada y vio a su primo sentado en el suelo concentrado, viendo algún programa basura; A su tío sentado en el sofá hablando por teléfono con alguien de su oficina y a su tía sentada a su lado tejiendo algo rojizo.

-Tía Petunia.-Llamó en voz baja esperando que esta le oyera.-Tía Petunia.-Dijo un poco más fuerte; Pero entre los gritos de Vernon y la televisión a todo volumen, ella continuó sin oírle.- ¡Tía Petunia!-Llamó entrando en el salón.

-...Entiendo, sí; Adiós.-Dijo Vernon colgando.-¿Qué haces aquí fenómeno?-Preguntó su tío.

-Dumbledore vendrá a buscarme a las once, tendría que haber venido el viernes pero le pedí que lo hiciera hoy; Solo venía a avisar.-Dijo mirando a su tía.

-¿¡Uno de ellos vendrá a buscarte, aquí en mi casa!?-Chilló tu tío poniéndose de color púrpura.-¡No, eso sí que no!

-A mí también me desagrada la idea querido, pero si tiene que venir y llevárselo lo que queda de verano… Será un alivio cielo.-Dijo ella acariciándole el brazo izquierdo.

-Solo estará aquí dos minutos muchacho, solo dos.-Dijo Vernon con un tono amenazador.

-Más que suficiente tío Vernon.-Dijo el muchacho agachando la cabeza.-Me retiro.-

Nuevamente en su habitación el muchacho se encargó de hacer la cama y ordenarla antes de marcharse. Estaba enrabiado de tener que ir a quien sabe donde con ese parásito… Él quería ver ya a Ron y a Hermione, él quería ir con su verdadera familia, no tener que dar vueltas por todo Londres. Revisó el baúl una vez más asegurándose de que todo estuviera en su lugar y entonces se dio cuenta de un sobre escondido en el lado izquierdo. Con el ceño fruncido lo cogió y leyó "De Canuto para Harry Potter." Sus ojos se abrieron enormemente y sin cuidado rompió el sobre.

"La muerte no existe Harry, la gente muere cuando la olvidan. Si nos recuerdas, siempre estaremos contigo"

Hola mini Cornamenta,

Si estás leyendo esto será porque probablemente haya muerto. Primero que todo Harry no tienes que culparte de mi muerte, ni de la de tus padres, ni de la de nadie; Tú no nos has matado, Voldy se ha encargado de eso. Seguramente ahora esté en el paraiso, jugando a Quidditch con James y molestando a la querida Lily. Quiero que sepas que todos nosotros estamos orgullosos de ti en cada decisión que tomes, que pase lo que pase nunca te abandonaremos. ¡Velaremos por ti en cada momento! Espero no verte por aquí en mucho tiempo, no quiero que te dejes vencer por él; Tú eres más fuerte.

Te he dejado todo lo que poseía, todo lo que los Black alguna vez tuvieron ahora es tuyo y ninguno de ellos podrá recurrir para que tú no lo obtengas; Todo es tuyo.
Se me hace difícil expresar con palabras todo lo que hubiera querido decirte en todos estos años… Me hubiera encantado adoptarte yo junto a Remus y haber podido tenerte con nosotros, hubiéramos sido la familia perfecta. Pero ya ves, todo se torció y al final solo hemos compartido un pequeño tiempo juntos, que espero que nunca olvides.

Lucha por aquello que quieres, utiliza los medios necesarios pero, siempre; Se fiel a ti mismo. No quedan más palabras que decir… No te culpes de nuestra muerte, vénganos derrotándolo y después, se libre, se feliz y sobretodo sé tú Harry.

PD: Cuida de nuestro Lunático.

"No es grande aquel que nunca falla, sino el que nunca se da por vencido".
Att: Sirius Black.

La carta estaba llena de lágrimas tanto de Canuto como de Harry, la tinta negra estaba corrida en algunos lugares y algún que otro tachón en los bordes. No sabía cuándo pero había comenzado a llorar, las lágrimas caían una a una por sus mejillas rompiéndose contra el suelo. Tuvo que leerla tres veces más para entender todo lo que Sirius le decía, ahora se sentía raro… No sabía cómo iba a hacerlo, no sabía si el entrenamiento con el grasoso iba a ser suficiente, pero de lo que estaba seguro es que él terminaría con Voldemort y sus secuaces; Todos ellos caerían ante sus pies, pidiendo clemencia cuando su varita se alzara. Todos ellos temblarían ante la presencia de su nombre.
Sonó el timbre de la puerta y Harry oyó los toscos pasos de su tío junto a los apresurados de su tía, el chirrido de la puerta abrirse y barullo. Con una mano bajó el baúl y con la otra su escoba de forma lenta hacia el salón.

-Albus Dumbledore, nos hemos escrito ¿Verdad?-Saludó a todos desde el umbral de la puerta.

-Sí.-Gruñó Vernon.-Adelante.-Dijo haciéndose a un lado.-Póngase cómodo.-Ofreció con ironía.

-Un detalle por su parte.-Dijo el viejo mago sentándose en la butaca más cercana de la chimenea.-No le robaré mucho de su hospitalidad. Ahora Harry, tienes una cantidad considerable de galeones en tu cuenta junto a todas las pertenencias de Sirius, incluyendo el número 12 de Grimmauld Palace.

-¿Has heredado una casa?-Preguntó su tío estrechando los ojos.

-Puedes seguir usándola como cuartel, no me Harry con prisa.

-Eres muy generoso.-Repuso Dumbledore.-Sin embargo, hemos desalojado temporalmente el edificio.-

-¿Por qué?-Preguntó alzando las cejas.

-Verás, la tradición de los Black establece que la casa se transmita por línea directa de al siguiente varón apellidado Black. Como ni su hermano Regulus ni el mismo Sirius dejó herederos es probable que, a pesar de que tu padrino deja muy claro que la casa te pertenece; Es probable que haya algún encantamiento o sortilegio para que sólo un sangre pura pueda poseerla.-Dijo el Director con tristeza.-Lo más probable es que en estos momentos pertenezca a su prima Bellatrix Lestrange.

-¡No!-Gritó Harry poniéndose en pie.- ¡Esa arpía no pondrá un pie en mi casa, nunca!-

-Cálmate, si has heredado la casa; También has heredado…

Después de mover la varita se oyó un crack y un elfo viejo, vestido con sucios harapos pareció en el salón. Dudley que estaba sentado en el suelo, brincó y se colocó tras sus padres; Como un medio de protección.

-¿Qué diablos es… Eso?-Preguntó su primo atónito.

-...A Kreacher.-Dijo Dumbledore.

-¡Kreacher no quiere, Kreacher no quiere, Kreacher no quiere!-Protestó con voz ronca, pataleando contra el suelo.

-Tú…-Susurró Harry con odio.- ¡Cállate estúpido elfo!-Gritó y al instante el elfo con esfuerzo se calló, pero continuó pateando el suelo con los labios apretados.

-Entonces, sí, eres el legítimo heredero del 12 de Grimmauld Palace y de Kreacher.-Dijo Dumbledore con los ojos brillándole.-Si quieres puedes mandarlo a Hogwarts para que este por las cocinas.-Ofreció.

-No, a Molly le vendrá bien un ayudante en casa.-Dijo Harry y el elfo le miró con los ojos desorbitados pataleando más fuerte.

-Entiendo. También tenemos el asunto de Buckbeak, Hagrid lo ha cuidado desde que Sirius falleció; Pero si prefieres otra cosa…-Dijo Dumbledore.

-No, Buckbeak preferirá quedarse con Hagrid y yo, también.-Respondió.

-Hagrid estará encantado, por seguridad hemos tenido que cambiarle el nombre a Witherwings. No hay nada más que tratar, ¿Lo tienes todo?-Le preguntó el mago poniéndose de pie.

-Sí señor, todo está listo.-Dijo Harry dirigiéndose a la puerta.

-Ah, se me olvidaba. Harry alcanzará la mayoría de edad el año que viene y…

-¡No!-Saltó Petunia preocupada.-Él tiene un mes menos que Dudders y no cumple los dieciocho hasta dentro de dos años.-

-Pero en el mundo mágico la mayoría es a los 17.-Dijo el director con una pequeña sonrisa pasando por alto el comentario de Vernon.

-Ya les he contado por cartas, que Harry está siendo amenazado por Voldemort y ya saben lo que opino de lo mal que han tratado al muchacho. Cuando Harry cumpla los 17 las barreras de protección caerán, así que solo les pido que vuelvan a recogerlo el año que viene.-Dijo el director mirándolos con una sonrisa.-Ahora sí, marchemos; Pero antes saca tu capa.-

Sacó la capa del baúl y se cubrió los hombros con ella quedando invisible-Para el asombro de Dudley.-Adiós.-Se despidió de ellos.

-Adiós Harry, cuídate mucho ¿Vale?-Se despidió Petunia dándole un pequeño abrazo.-Tienes que acabar con ese Voldemort…-Le susurró.-Por tú madre y… Por mis padres.-

Harry perplejo asintió lentamente y al girar se dio cuenta de que Kreacher todavía seguía allí sin armar escándalo.-Kreacher por favor ¿Serías tan amable de llevar mis cosas a la Madriguera y ayudar a Molly Weasley en todo lo que necesite? Muchas gracias.-

Una vez que todo estuvo listo ambos salieron de la casa y Harry se fijó en la ennegrecida mano del director, pero no comentó nada. Caminaron hasta el final de la calle compartiendo un tenso silencio, el director le agarró el brazo y sin avisar se aparecieron en Budleigh Babberton.

-Te acabas de aparecer Harry y lo has soportado extremadamente bien, mis felicitaciones.-Dijo palmeándole la espalda.-Verás, tenemos que ir por un viejo colega mío, a que acepte ser profesor en una vacante.-Dijo.

-¿Cómo voy a ayudar yo, en eso?-Preguntó siguiéndolo.

-Será más fácil de lo que tú crees…-Dijo el director.

Ambos caminaron hasta llegar a una casa. La puerta colgaba de los gozones. El director iluminó el lugar y entró en la casa murmurando-Algo terrible ha pasado aquí…-Todo el lugar estaba roto, los cristales partidos, los cojines con tajos y las paredes cubiertas de una sustancia rojiza que hizo que la adrenalina del chico aumentara.

-No te preocupes, está por aquí…-Murmuró guiñándole un ojo y con la varita pincho un sillón que gritó.

-Buenas noches Horace.-Saludó a un señor calvo, bajito y rechoncho.

-¡No tenías que haberme pinchado, me has hecho daño!-Se quejó acariciándose el bigote de morsa.-De todas formas, ¿Que me ha delatado?-Preguntó.

-Querido Horace, si los mortífagos hubieran venido la marca tenebrosa brillaría.

-Claro… Ya decía yo que se me olvidaba algo…-Murmuró para sí.-¿Te importaría poner orden?-Le preguntó al director quien, amablemente, movió su varita y en unos segundos todo el comedor que estaba hecho trizas, volvió a sus orígenes como si nada hubiera pasado.

-¿Cómo va todo?-Preguntó.

-No muy bien… Tengo tos, problemas respiratorios, reuma, fatiga; La edad.-Resumió.

-Y has tenido menos de tres minutos para montar semejante espectáculo.-Felicitó Dumbledore.

-Realmente han sido dos, me estaba dando un baño cuando sonó el primer aviso. Pero el caso es que estoy muy mayor Albus, un anciano que se ha ganado tener una vida tranquila lejos de ti.-Dijo.

-Eres más joven que yo y no, no voy a jubilarme.-Le dijo amablemente.

Helman caminaba con pesadez sobre más de 30 centímetros de nieve, hundiéndose en ella cada vez un poco más. Sentía los músculos entumecidos a causa del frío, el aire venía tan congelado y seco que respirar era una tortura. Su nariz se había vuelto roja y el hecho de traer oxígeno a sus pulmones le provocaba ardor de garganta, y los pulmones; Casi como si estos se fueran helando poco a poco.

Frente a él, Alfhild, caminaba con la cabeza bien alta; Como demostrando que un poco de frío no terminaría con ella. Apenas iba abrigada con una chaqueta y un pantalón de chándal y la muchacha se movía por la nieve con tanta facilidad como un copo. Llevaban todo el día andando y el cielo comenzaba a oscurecerse, habían tenido algunos percances con ciertos animales. Se habían encontrado con dos osos adultos que cuidaban de su cría, con una manada de zorros y con un rebaño de cabras montesas que, a pesar de parecer de lo más indefensas; Habían embestido a Alfhild por la espalda con rabia cuando ella comenzó a pasar entre medio de todas.
Ahora con el final del día, desde allí podían ver como el sol comenzaba a desaparecer, dejando paso a la eterna noche. Ambos estaban muertos de hambre y tenían pensado acampar en un claro cercano; Con un poco de magia y la ayuda de la pelinegra, podrían pasar la noche sin apuros.

-Helman, nos quedamos aquí. Por lo que más quieras, haz fuego.-Pidió ella sacando de su mochila una tienda de campaña roja con runas grabadas en azul.

Cuando el sol terminó de esconderse, el improvisado campamento estaba hecho. Un pequeño fuego rodeado de troncos, donde Alfhild cocinaba una sopa de vegetales. Al lado la pequeña tienda rodeada de más runas grecas. Dentro de esta, Helman hacía las camas mientras limpiaba el salón y sacaba un pollo para acompañar la cena.

-Entonces pasaremos aquí la noche.-Dijo el hombre sentándose al lado de la mujer.

-Sí, yo también estoy cansada.-Dijo ella bostezando.- ¿Quién crees que será esta vez la estrella caída?-Preguntó.-¿Un joven hombre, una sabia mujer? ¿A qué clan pertenecerá? O será cierta le leyenda y tendrá un don para todos…-

-Lo dices como si hubieras visto muchas.-Dijo Helman riendo suavemente.

-He leído sobre ellos. Tauro, Orión, Escorpio, Casiopea, Boötes, Capricornio y el último, Leo.-Dijo ella con arrogancia.

-Todos ellos importantes, desde el gran Tauro; El hijo de Morgana hasta nuestro último invitado, Leo.-Dijo él con una sonrisa.-Es el último de todos, supongo que con él; Nuestra misión termina.-Añadió tras un silencio.

-Nuestra misión termina… ¿Para siempre… Entonces, también terminamos nosotros?-Preguntó.

-No lo sé muchacha; Ningún libro escrito habla de eso.-Dijo Helman abrazándola sobre el hombro.-Pero espero que no, no podría dejar a mi muchacho solo en este mundo.

HolaRemus,

Ha pasado el tiempo desde la última vez que hablemos, eh. Vi a Severus hace unas horas en el callejón diagón. ¿Podríamos vernos? Han pasado 17 años, ni yo soy un niño como la última vez, ni tú tienes a una manada de mortífagos tras de ti.

¿En una semana en Florean Fortescue a las cinco y media? No llegues tarde

Aleksey Korsakov.

-¿Lo has visto?-Preguntó Remus a Severus con un hilo de voz.-Tú, murciélago narizón, lo has visto… ¡Y no te dignas a decírmelo!-Le gritó al profesor perdiendo los nervios.

-¿Tú me has preguntado si me he encontrado con alguien en especial? Si no preguntas, no es mi problema.-Se excusó cruzándose de brazos.

-¿Que no es tu problema, asquerosa serpiente? ¡Diecisiete años sin verlo y te atreves a decirme que no es tu problema?-Tiró la carta sobre la cama.

-Asqueroso chucho, cállate. ¿Cómo iba yo a saber que era justo él tú querido amigo? ¡No nunca lo conocí, idiota!-Le gritó estrechando la mirada.

-Claro que no lo conocías, estabas demasiado ocupado con los mortífagos en potencia para preocuparte por el resto del universo, ególatra.-Le reprendió.

-¿Ególatra? Ególatra el imbécil de James Potter y el imbécil de Sirius Black. A ti no te importa lo que yo me dedicaba a hacer.-Dijo saliendo de la habitación, sabiendo que ese comentario le había dolido.

Con un portazo se metió en su pequeño refugio, su laboratorio de pociones. Los ingredientes reposaban en los estantes de madera, perfectamente ordenados en orden alfabético. Las vitrinas cubiertas por capas de polvo guardaban desde los ingredientes más comunes hasta los más exóticos. Inspiró y expiró repetidas veces de forma lenta y profunda, intentando calmar la ira que esa conversación le había brindado. Podría echarlo de casa y mandarlo con Aleksey muy lejos de aquí, podría matarlo y nadie se enteraría de ello. Pero se contuvo a hacer alguna tontería; el mocoso Potter no se lo perdonaría ni su Lily tampoco. Se conformó con pegar un par de puñetazos a la pared y descargar así su ira. Se sentó en un taburete cerca de la única ventana del lugar y sacó de su bolsillo un cigarrillo, lo miró indeciso unos instantes; Pero finalmente accedió a fumarlo. ¿Quién le mandaría con quince años a rebuscar en las cosas de su padre? Ese mal vicio que había intentado dejar en tantas ocasiones… Todas y cada una de ellas fallando catastróficamente. Soportaba días y semanas de un humor de perros, con una enorme ansiedad para nada.

-¡Como odio la aparición Sokeë, es la última vez que la realizó.-Se quejó una voz femenina.

-Estoy enfermo, o salía contigo o no salía; Y esto es importante.-Dijo una voz masculina.

Severus se giró con la varita en alto y el corazón a mil, la sangre se le heló. Un hombre alto un poco encorvado, vestido con ropas pobres y totalmente calvo. Con las cejas espesas de un marrón oscuros y los ojos de un dorado intenso. La barba era larga hasta tapar el cuello, oscura como las cejas y enmarañada. En la frente y en el entrecejo tenía pintado dos puntos rojos y los brazos y las piernas estaban cubiertos de runas tatuadas en un azul oscuro, resaltando su piel crema.

A su lado una mujer más baja, de piel muy oscura, llamaba mucho más la atención. Su rostro era ocultado por una enorme máscara muy perturbadora, parecida a un tótem de colores muy llamativos. Vestía como una chamán africana, con escasa ropa llena de calaveras antiguas, plumas salvajes y cuernos.

-¿Cómo diablos habéis atravesado las protecciones anti-aparición?-Preguntó Severus tensándose.

-Eso es lo de menos amigo, baja la varita. Ninguno de tus mediocres ataques podrían hacernos el daño más leve.-Dijo el hombre barbudo.-Primero las presentaciones, soy Sokeë y ella es Elëndir. Tú eres Severus Snape y este es tú hogar, conviviendo con Remus Lupin; Lo sabemos.-Dijo con una pequeña sonrisa.

-¿Qué hacéis aquí, qué queréis?-Preguntó frunciendo el ceño con desconfianza.

-Cálmate humano.-Dijo Elëndir con voz suave.-No estamos aquí para hacer ningún mal.

-Sabrás muy pronto quiénes somos más allá de nuestros nombres, ten paciencia. Hemos venido a advertirte, los planetas se han alineado y a ti te han marcado, como el protector de la estrella caída. Serás su norte y sur, serás su este y oeste; Serás de entre todos, el más acechado y a la vez, el más recompensado.-Dijo Sokeë dejando su voz amable a un lado y adoptando una más grave.-Lo protegerás aun estando tu vida en juego, cuidarás sus heridas olvidando las tuyas y sobre todo, lucharás su guerra olvidando la tuya Severus Snape. Cuando el sol vuelva a resurgir victorioso, la estrella caída estará rodeado de su clan y un enemigo. No permitas que se pierda el rebaño por una oveja descarriada; Nosotros ya marchamos.-Se acercó y le dibujó sobre el corazón, sin rozarle, un pentagrama.-Crea tu clan Severus, se cauto y astuto.-Se despidió el barbudo agarrando a la mujer y desapareciendo en una especie de círculo dorado con neblina.

El sol se había apagado hacía horas y Severus aún no abandonaba su laboratorio, preparando la poción matalobos e intentando encontrar sentido a la charla que Sokeë le había dado. Tantas metáforas, todo tan poco exacto; Le volvía loco.

-...Espero que me perdones por mencionar esto, Harry, pero estoy contento y un poco orgulloso en lo bien que pareces adaptarte después de que todo lo que pasó en el Ministerio. Permítame decir que pienso que Sirius habría estado orgulloso de ti.-Dijo el director apretándole el hombro.

Harry se quedó de piedra. De todos los temas que podría haber en el mundo para hablar, escogía al más puro de todos; Alguien como él, no se merecía ni pensar en Sirius… Ni mencionar su nombre.

-Fue cruel.-Dijo Dumbledore suavemente.-Tú y Sirius pasaron muy poco tiempo juntos. Un final brutal a lo que debería haber sido una relación larga y feliz.- Que tú te encargaste de joder- Le hubiera encantado responder. Pero en su lugar asintió y apretó los dientes.

-Sirius, Mi padrino… Nunca hubiera querido que yo me quedara en la cama llorando. Aunque me cueste acostumbrarme a estar sin él, me he hecho la idea de pasar el resto de mi vida sin poder vernos nuevamente.-Contestó de forma madura.

-Estoy orgulloso de ti Harry.-Dijo el director.

-He estado leyendo el profeta… ¿Ha habido filtraciones?-Preguntó frunciendo el ceño.

-De eso quería hablarte, las únicas personas que sabemos acerca de la profecía están en este momento en un cobertizo lleno de arañas. Nadie sabe nada, solo lo suponen.-Explicó.

-Tengo pensado contársela a Hermione y Ron; Ellos estuvieron en el ministerio y han estado siempre… No podría esconderse algo así, pero tampoco quiero herirlos.-Un poco de nobleza Gryffindor para el famoso huérfano pensó.

-Me parece estupendo, necesitas a tus amigos.-Dijo con los ojos brillantes.-No privemos más a Molly de la posibilidad de quejarse de lo delgado que estás.-Dijo el director abandonando el cobertizo.

-Director, una última cosa.-Suspiró rascándose el cuello.-Necesito que le pida perdón a Sna… Al profesor Snape por lo del pensadero.-Dijo de forma lenta, costándole cada letra que salía.-He estado pensando mucho este mes de verano y... Él no tenía la culpa.-

-Has madurado demasiado pronto, mi muchacho.-Se limitó a responder con una sonrisa de tristeza.