Capítulo-VI- Entrenando.
El dolor de hoy mañana será tu fuerza.
*El lobo siempre será el malo si caperucita es quien cuenta la historia*
Harry despertó mirando el techo anaranjado por tercera vez consecutiva. Hacía tres días que por fin se había librado de los Dursley y volvía a estar en casa con su familia. Agradecía tener que madrugar tanto solo para poder evitar a la histérica señora Weasley, era peligrosa. Nada más llegar Ron se encargó de explicarle sobre el casamiento entre Fleur y Bill, recordaba como Ginny se quejaba continuamente de su nueva cuñada. Se dirigió a ducharse con agua fría repasando mentalmente todos los hechizos y maldiciones que conocía.
Los dorados rayos que avisaban que el sol estaba saliendo, daban contra el cuerpo del chico que terminaba de colocarse la ropa.
Una vez en la cocina, se encargó de prepararse una ensalada, un zumo de naranja y unos huevos revueltos; Todo a la vez. ¿Para qué mentir? Amaba cocinar, mover las sartenes, ver como echando un poco menos de sal la comida tenía un sabor más explosivo. Ver como con tu esfuerzo se convertía en energía, era muy gratificante.
Salió a correr notando como las agujetas volvían a pinchar su cuerpo, especialmente en las extremidades. El primer día había llevado más o menos bien correr la primera media hora, pero al haberse saltado los estiramientos; El cuerpo se quejó porvocandole un dolor de mil demonios hasta en las pestañas.
Terminó de correr asfixiado y rojo como un tomate. Ahora, el tercer día corriendo se le hacía gratificante oír a los pajarillos cantar sus dulces melodías, ver el sol salir de entre las colinas y sobretodo el amado silencio-Cosa que no existía en la Madriguera-. Muchas veces se perdía en su mente, pensando en todo y a la vez en nada. Se preguntaba inútilmente cuando sería la hora de enfrentarse a Voldemort y arrebatarle la vida. Si Dumbledore era tan magnífico, el mago más poderoso del mundo, quién había hecho actos más heroicos que nadie, bla bla bla... ¿Entonces, cómo cojones no había matado ya a Voldy? Había tenido miles de oportunidades a lo largo de estos años, sobretodo el anterior, cuando se enfrentaron en el ministerio. Solo habían hecho alarde de sus grandes trucos de magia sin llegar a nada, Voldy seguía vivo al igual que Dumbledore y él mismo por lo tanto, ambos habían fallado en sus misiones.
Y siendo sinceros, le importaba una mierda justo ahora Voldy. La persona que en ese momento acaparaba toda su atención, la persona que más ganas tenía de asesinar era sin duda alguna; Bellatrix Lestrange. Esa sucia arpía, esa perra del infierno, esa anomalía del mundo… ¡Solo Merlín sabe las ganas que tenía de quitarla del medio! Podría lanzarle un Avada Kedabra y terminar rápido, podría envenenarla lentamente y hacerla sufrir, podría descuartizarla y dársela de comer a Fluffy... ¡Podría hacer tantas cosas, tantas formas de quitarle la vida! Pero no, no la mataría así. Le haría sentir de los dolores más agudos, física y mentalmente hablando; Le haría rogar por la muerte y justo cuando no pudiera más, cuando más quebrada estuviera, le daría una esperanza y terminaría con ella. Terminaría con ella, como ella terminaba con los muggles; Dándole un poco de su medicina
Con todo el cuerpo cubierto sobre capas de sudor, con la cara roja del esfuerzo y con sus pulmones vacíos de aire; Terminaba su carrera. Se recostó contra un árbol y cerró los ojos convocando una manzana roja. Ahora se daba cuenta de cuánta hambre tenía, su barriga gruñía por algo de alimento. Pero si comía demasiado terminaría hinchado y los ejercicios serían más dolorosos, como los de ayer y personalmente; No tenía pensado volver a pasar. Así que con dos manzanas y con el agua que cabe en una botella pequeña en el estómago, se dispuso a hacer sus series de ejercicios.
En una parte del pequeño bosque Harry había creado algo así como un discreto parque donde se encargaba de entrenar cada día. Unas barras donde hacía flexiones de pie, otra en el suelo para hacerlas tumbado, una cuerda para saltar a la comba y una tabla de madera en pie donde practicaba puñetazos, patadas y hechizos.
Así que cuando llegó allí, se quitó la camiseta y comenzó a hacer su intenso entrenamiento.
¡Y por fin, después de días en medio de la nieve, encontraban la cueva de tristán! Nos saltaremos dar detalles sobre los días que pasaron caminando sin rumbo. La cueva era alta y estrecha, las paredes estaban calientes y húmedas. Alfhild iluminaba el camino con una antorcha de fuego azul, evitaba pisar la fría agua que corría hacia abajo y Helman iba tras ella apoyándose en las paredes y asegurándose que elegían el camino correcto a la hora de girar. Llevaban unas buenas horas caminando y los pies comenzaban a dolerle, las gotas de sudor le caían por la frente a ambos. Helman temblaba por la tensión de saber que, si se equivocaba a la hora de girar, tendrían que batallar contra cualquier animal que sus amables compañeros les habían dejado preparados. Había notado la primera vez una manada de toros adormecidos, la segunda tres osos pardos, la tercera había notado a dos trolls y en la última un grupo de linches* que le habían dejado helado. Ahora ya faltaba poco para llegar a la luciérnaga o eso esperaba Helman.
Otro camino que te ofrecía girar a la derecha o a la izquierda y otra vez que el hombre tuvo que clavar su puño en la pared, haciendo un agujero bastante inmenso. Cerró los ojos y se volvió a concentrar en la energía que fluía por el lugar. Los volvió a abrir de par en par muy asustado.
-¿Pasó algo?-Preguntó Alfhild al ver que tardaba demasiado.
-Si giramos a la derecha, nos encontramos un muro y si giramos a la izquierda, nos encontramos con algo de alma oscura.-Explicó con pesadez.
-¿Tenemos que batallar, por fin?-Preguntó satisfecha la guerrera.
-Eso parece.-Dijo él.-No se que le ves a pelear, jugarte la vida contra adversarios más fuertes que tú.-
-En eso está la adrenalina viejo, en superarse a uno mismo.-Dijo con una enorme sonrisa.
Giraron hacia la izquierda y caminaron un par de metros. La estrecha cueva se abría hasta ser tan grande como el salón de una mansión. Escasamente iluminada por cuatro antorchas de fuego púrpura que, apenas dejaban ver los huesos que había desperdigados por el suelo. Un olor nauseabundo comenzó a aparecer por la sala, tan insoportable que los ojos comenzaron a llorarles, a ambos. Helman se encargó de ponerle un casco a Alfhild y a él mismo, como una pecera redonda del revés, con la única diferencia de que filtraba oxígeno y no agua. Se miraron durante un instante y asintieron, entrando en la nueva puerta para llegar al infierno.
Sus pasos rebotaban en el agobiante silencio, sólo roto cuando alguno rompía algún hueso que pisaba. La mujer frunció el ceño y miró a ambos lados buscando algo; Ella si estaba notando como algo los rodeaba, como algo los observaba cauteloso. Pero Helman parecía que no, estaría demasiado asustado para fijarse en los pequeños detalles. Por ejemplo, de las paredes caía poco a poco, una sustancia tan densa como la saliva, con la diferencia de que esta era de un color verde sucio casi marrón. Si te centrabas mucho, oías con claridad como unos pasos, pasos como los de su dragón; Silenciosos y clavando las uñas. Se quedó quieta y el hombre chocó con su espalda.
-¡Que mierda te pasa!-Dijo Helman reponiendose del choque.-¿Por qué te paras justo aquí, es este sitio?-Preguntó mirando a todos lados.
-Callate viejo. No estamos solos.-Dijo Alfhild sacando una espada de quien sabe donde, el mango en forma de flecha de blanco y azul; Como hecha de hielo y grande, muy grande.
-¿Que diablos haces con eso?-Preguntó escandalizado el hombre.
-¿No pensarás que iría a una misión sin una de mis fieles armas?-Respondió con ironía.- Nosotros no batallamos por placer, no luchamos por saciar nuestra sed. Nosotros, los cruzados, purificamos el mundo eliminando toda oscuridad que se ciña sobre él; Con nuestra espada y nuestro escudo, con nuestras manos y nuestras piernas; estamos destinados a morir por lo que creemos, a batallar hasta que la cabeza abandone nuestros hombros.-Recitó y al instante, de sus ropas y su espada; Runas rojas comenzaron a brillar haciendo que su espada creciera unas pulgadas más.
Un grito de agonía retumbó por toda la sala, tan agudo, tan estridente, que intentaron taparse los oídos y cerraron los ojos rezando para que parase. Un grito tan desgarrador que sentías tu propia alma rompiéndose, como cuando un brazo se le es cortado a alguien.
La cruzada, que había caído de rodillas, volvió a ponerse en pié con una irónica sonrisa en el rostro. Frente a ella un enorme monstruo se mostraba, como una aberración de la naturaleza; Mitad dragón, mitad serpiente. Sus escamas eran negras como el carbón y cubiertas de algún rastro de sangre. Sus dientes tan afilados como cuchillas y ojos blancos sin pupilas. Con dos patas delanteras con grandes zarpas, todas manchadas de sangre, saliva y restos de alguna criatura, su cola era tan larga como la de una serpiente y todo el lomo cubierto de pinchos.
La repugnante fiera sacó su lengua viperina y una cascada de saliva cayó contra el suelo. Fijó su vista en la mujer y al instante, un alarido de ira salió de su garganta. Se abalanzó contra ella intentando darle un zarpazo, pero la muchacha rodó sobre si misma chocando con huesos y cubriéndose de babas para librarse. Helman sorprendido tiró un chorro de hielo sobre la zarpa derecha congelando el ataque. El monstruo movió su cola y el viejo hombre fue tirado contra la pared, quedando inconsciente y con una brecha en el casco.
-No digas que no te lo advertí.-Murmuró la muchacha con rabia.
Corrió con fuerza e incó la espada en la mitad del lomo, apenas adentrándose un par de centímetros. Una sangre viscosa, rojiza marrón, comenzó a salir y el animal se movió furiosamente. Se giró violentamente, llenando aún más las ropas de la muchacha de babas y volvió a zarandear la cola, dándole un fuerte golpe en el torso, dejándola doblada sin oxígeno.
(...)Entonces, Escorpio cogió su lanza y atravesó la cola de aquel demonio que la perdió en el camino. Tiró la flecha en sus dos bastones, derribandolos. Degolló con su espada a la razón y el demonio cayó, a sus pies, muerto.(..)
¡Bingo! Párrafo 505 del libro más sagrado de todos Vida y aventuras de Escorpio. Ese era el animal, esas eran las simples adivinanzas que tanto amaba Escorpio, las que sólo se entendían si veías a sus monstruos; Los que él creó para derrotarlos.
Haciendo acopló de todas sus fuerzas y gritando con cólera, con su espada corrió y cortó de un tajo la mitad de la cola dejándola inservible y inerte a unos metros del monstruo. La sangre viscosa le salpicó la mano y las nauseas le invadieron al ver el hueso. El monstruo arremetió contra ella, dejándole un enorme zarpazo en el pecho. Quedó tirada en el suelo, con las pupilas en blanco. Helman abrió los ojos recobrando la conciencia, la muchacha estaba sangrando bastante y temió por ella. Se levantó demasiado rápido mareandose y caminando poco a poco se acercó a ella. Le lanzó un pequeño tarro que guardaba un fragmento de manzana dorada y creó dos llamaradas de fuego morado con las manos, cegando momentáneamente al animal. Esos pequeños segundos de ventaja la mujer los aprovechó para tragarse la medicina casi sin respirar y después de un instante; Pudo notar, gratificantemente, como las heridas comenzaban a cerrarse y sus ganas de batalla volvían. Esta vez se muy seria y estiró su arma dándole su verdadera apariencia. La espada era más clásica, del siglo XVIII. Hecha de metal, tenía el mango de oro con rubíes incrustados. Se acercó al monstruo con la mirada fija en sus ojos blancos, alzó la espada a la altura de su pecho y comenzó la batalla.
Alfhild corrió con la espada de lado, sujetada por sus manos se acercó hasta sus piernas e intentó cortarlas. Con el mismo movimiento que hace un jugador de béisbol al batear, ella cortó la pierna derecha manchando todo de sangre menos la espada; Ya que misteriosamente la sangre se deslizaba por la hoja sin mancharla. El animal volvió a gritar y escupió su saliva negra nuevamente en el pecho, infectandola de Merlín sabe que cosa. Dolía, dolía mucho… Su respiración se había acelerado al punto de que su pecho subía y bajaba sin frenos. Escocía, casi podía sentir su piel derritiéndose.
Pero estar en carne viva no la había a frenar, solo la muerte podía hacer eso. Con la energía que la cólera le regaló, saltó alto y le cortó la cabeza, como una bailarina que en patinaje de hielo, salta como una mariposa.
Eso era Alfhild, una mezcla de inocencia y sangre.
Le dolían todos los huesos, todos sus músculos ardían, hasta las pocas ideas que se le pasaban por la cabeza le mareaba. Se encontraba hincado de rodillas frente a su lord, fiel como solo él sabía serlo. Su rostro imperturbable, ahora se encontraba cubierto de su propia sangre y crispado por el dolor; Probablemente tendría la nariz rota y si no se equivocaba, el labio le hacía compañía. De su cuello para abajo no notaba nada, nada que no fuera dolor intenso, dolor que apenas te permitía moverte. Estaba muy seguro de que su túnica negra tendría muchísimas manchas más oscuras, fruto de la sangre que salía de sus nuevas y viejas heridas.
-Severus, ponte en pie.-Le ordenó el señor oscuro con una irónica sonrisa.
Este cumpió la orden con lentitud Encima se cachondea de mi, mi lord. Le hubiera encantado soltar, pero nadie en su sano juicio haría eso.-Llevas una semana sin reportarme ninguna noticia importante Severus. ¿Te estás ablandando, el viejo ya no confía en ti?-Preguntó Voldemort arrastrando cada letra.-¡Respóndeme!-Le ordenó alzando la varita.
-Mi se-señor, no he vi-visto al direc-ctor.-Dijo con un esfuerzo sobrehumano, tosiendo la sangre que tenía en su garganta; Dejando el suelo con manchas.
-¿Sabes? Al principio de todo, cuando tu te acababas de unir a mi… No pensé que tendrías tanto aguante, de hecho, ni se me asomó por la cabeza que dudarías más allá de un año. Y mírate, casi toda tu vida has pasado sirviendome de la forma más fiel.-Le apremió.-Fué toda una sorpresa cuando Lucius me habló de ti, el niño que con 15 años hacia pociones mejor que Horace, toda una sorpresa.-Guardó la varita por los pliegues de su túnica y se puso de pie, acercándose al malherido.-Aún siendo un prodigio con las pociones, has demostrado serlo con la magia negra y en todos los campos que requerí de ti. Por eso, mi muchacho tienes tantos privilegios sobre el resto. ¿Por qué si no, le negaría a nuestra amiga Bellatrix el placer de torturarte?-Dijo colocándose a la altura de Severus, quitándole un poco de sangre de la mejilla.-Te mandaría así a casa, como tantas veces he hecho pero… Estoy de buen humor y no quiero que te pierdas nuestra reunión.-Se permitió apretar la herida de la mejilla haciendo que el hombre se mordiera el labio y dió media vuelta.-¡Colagusano, tráeme a Hera!-Gritó en dirección a la puerta.
-¿Me mandó a llamar, amo?-Preguntó una muchacha a la que Severus le echaba unos 16 años.
-Hera…-Murmuró el hombre acercándose a ella.-Tan atenta, tan servicial... Sí, te mandé a llamar. Quiero que cures a nuestro amigo Severus lo mejor que sepas; No podemos dejar a nuestro invitado con estas pintas... Curalo aquí y rápido.-Ordenó.-¡Colagusano, deja de oír y comienza a preparar las cosas para la reunión!-Gritó moviendo la varita; Haciendo que la puerta se abriera y este cayera contra el suelo.
-A-amo, sí-i ensegui-da-da.-Dijo el hombrecillo temblando y saliendo con rapidez.
-Amo. ¿Quiere usted que me divierta con él? Un poco de dolor no le hará nada.- Preguntó la muchacha de rostro angelical.
-No Hera, a él no.-Respondió sin apartar la vista del hombre que ahora, yacía tumbado con los ojos cerrados fuertemente.-Desmaius.-Dijo señalando a Severus y al instante el hombre relajó su cuerpo y quedó desmayado.
-Lo ha dejado muy mal amo, no se como ha podido resistir esto toda su vida.-Se quejó la muchacha quitandole la capa y la eterna túnica.-Tiene tantas heridas, algunas incluso mal cicatrizadas... Pero qué valiente.-Murmuró delineandolas suavemente mientras se mordía el labio.
-Hera, querida. Concéntrate en curarle todo lo que puedas y no te desvíes a tus necesidades más... Primitivas.-Pidió sujetándose la cabeza con el puño, en pose de aburrimiento.
-Como ordene, necesito distintas pociones curativas para que este excelente.-Pidió la rubia dejando el pecho del herido al aire libre.
-Lo que necesites. ¡Jugson ven aquí y tráeme todas las pociones
curativas!- Gritó.
Merlín, necesitaba oxígeno. Tendría que pasar los próximos tres siglos de su vida con una botella de oxígeno. Una enorme, qué cansancio. Todo su cuerpo estaba bañado en sudor, la camiseta ahora servía para secarse el cuerpo y los pantalones ya no podían arremangarse más, estaba debatiéndose en aparecer por casa en calzoncillos. Merlín bendito.
Mientras hacía ejercicio no se encontraba nada mal, los músculos se le endurecian y la respiración se agitaba un poco, pero se sentía bastante bien. Pero al parar, siempre, se sentía como si pesara noventa kilos, o quizás el doble; Ojala supiera aparecerse. Probablemente llegaría arrastrándose como una lombriz. Y el cansancio físico era lo de menos, lo peor era el mental. Estaba seguro que cuando entrara Ron y Hermione lo secuestrarían hasta que le confesara por qué estaba tan raro, suponía que los primeros días lo achacaban a la muerte de Sirius pero… Esa teoría no le serviría para todo el tiempo que tenía que pasar allí.
No sabía si podría contarle a ambos lo que quería hacer… Habían pasado tantas penurias juntos por su culpa, que quizás ellos se habían cansado. Y él no tendría tiempo para estar con ellos… Pero si lo contaba y ellos iban directo al director, estaba perdido. Tendría que irse de la madriguera antes de lo pensado, no volvería a Privet Drive así que, o marchaba con Quejicus o se iba a alguna vivienda heredada de los Black. No le quedaba otra.
¡Cómo maldecía el destino que le había tocado a él! ¿No podría haber sido otra persona del mundo "el elegido"? Toda la responsabilidad sobre sus hombros y el resto, tan felices preocupados por el novio y los estudios… En ocasiones se sentía tan fuera de lugar, tan solo.
Se levantó con muchísima pesadez, arrastrando los pies. Ahora que se fijaba tenía los nudillos enrojecidos y las rodillas raspadas; Seguramente estaría despeinado y dudaba tener fuerzas para hacer unos hechizos… Si tenía suerte, podría evitar a la señora Weasley y a los chicos; Dios tendría que echarle una mano.
Estiró todos los huesos e intentó entrar por la puerta trasera de la humilde casa. Error, estaba cerrada. Las ventanas bajadas y… No tenía pensado escalar. Mierda, solo podía entrar por la puerta grande, dando la nota. Pico tres veces a la puerta y esperó pacientemente que le abrieran.
-¡Tú, animal insensible!-Gritó Hermione nada más abrir la puerta.-¿Como se te ocurre marcharte sin avisar? ¡Pensábamos que te habías escapa…! ¿Pero qué diablos te ha pasado?-Preguntó al fijarse en su apariencia.-Te ves fatal.-Lo repasó de arriba abajo y negó repetidas veces.-¡Si piensas que por llevar esas pintas vas a esquivarme, te juro que no te servirá Harry James Potter!-Gritó más fuerte y a Harry le recordó más que nunca a Molly.
-Hermione, respira.-Dijo Ronald asomando su cabeza por el hueco de la puerta.- ¿Que has estado haciendo? Apestas tío.-Se quejó con una mueca.
-¿Es un interrogatorio?-Preguntó Harry cruzándose de brazos con un suspiro.-Chicos, si dejáis que me de una pequeña ducha y me cambié de ropa, os dejaré interrogarme.-
-Diez minutos Harry. Si en diez minutos no estás listo, juro que te mataré.-Dijo Hermione haciéndose a un lado.
-Lávate bien eh, hueles a perro muerto.-Dijo el pelirrojo con una mirada avergonzada.
Y a Harry le tocó lavarse corriendo, ni disfrutar del agua caliente pudo. Agradecía tener ropa decente por su armario, una camiseta de tirantes negra y unas bermudas rojas fue todo lo que el chico pudo ponerse cuando sus dos amigos entraron
-Diez minutos.-Dijo la muchacha sentándose a la izquierda de Harry mientras Ron lo hacía a su derecha, flaqueandole.-¿Que has estado haciendo estos días? Te vas toda la mañana a quien sabe donde, apareces para comer y no hablas con nadie que no sea los señores Weasley solo para volverte a encerrar en la habitación leyendo. ¿Estás bien con lo de Sirius, te hemos hecho algo, estás bien?-Preguntó del tirón sin fijarse casi en lo que decía, demasiado ocupada en escudriñar el rostro del muchacho.
-He estado entrenando...-Dijo con cansancio.-Por las mañanas salgo a correr, vuelvo y como para estudiar todos los libros que tengo a mano. ¿Estarías tú bien si de la noche a la mañana se te fuera la única persona en el mundo que te quedaba? Y estoy perfectamente.-Respondió comenzando a enfadarse.
-Tío, podrías habernos dicho todo eso el primer día que llegaste. Se siente muy raro que siempre hayamos sido tres y de golpe te hayas ido.-Le confesó su mejor amigo colocando su mano en el hombro.-Si estás entrenando nos parece bien, es más, si tu quieres podemos unirnos a ti y ayudarte en todo lo que necesites. Hermione y yo siempre vamos a estar cuando lo necesites... Sabemos cómo te sientes, cuando murió mi abuelo me sentí igual que tu, mama dice que fue el peor mes que ha vivido conmigo.-Explicó.
-Harry lo siento, pero entiendeme. Después del ministerio fue todo muy confuso. La profecía se rompió sin saber que decía, te fuiste con tus tíos y en tus cartas se te notaba demasiado triste para responder a nuestras dudas. Luego apareces aquí tan cambiado y con tanto secretismo... Me asusté-Dijo abrazandolo con fuerza.
-Chicos, no está siendo esto fácil para mi y mucho menos ahora que os tengo cosas que contar.-Se levantó moviendo la varita y al instante se oyó en clic, la puerta se cerró y se aseguró de insonorizarla.- Yo sí escuché la profecía. Trelawney se la hizo a Dumbledore, por eso él pudo contarmela. El único con poder para derrotar al Señor Tenebroso se acerca... Nacido de los que lo han desafiado tres veces, vendrá al mundo al concluir el séptimo mes... Y el Señor Tenebroso lo señalará como su igual, pero él tendrá un poder que el Señor Tenebroso no conoce... Y uno de los dos deberá morir a manos del otro, pues ninguno de los dos podrá vivir mientras siga el otro con vida... El único con poder para derrotar al Señor Tenebroso nacerá al concluir el séptimo mes...-
Se oyó un sollozo y al instante Hermione comenzó a llorar, mientras Ron quedaba estupefacto, mirando a su compañero asustado. Y Harry cayó y no digo nada, ninguna palabra que él conociera sería suficiente para callar el llanto de su amiga o para quitarle el miedo a su amigo, ninguna era suficiente.
-Pe-pero colega, puede que haya otra persona... Alguien que naciera al final de Julio o algo. Hay billones de personas en el mundo, puede ser cualquiera.-Dijo con esperanza.
-¿Bromeas, hay billones de personas con unos padres que hayan desafiado tres veces a Ryddle?-Replicó frunciendo el ceño, en ocasiones Ron era idiota.
-Bu, bueno no... ¡Pero Neville nació un día antes que tú! Siempre le envió el mismo pastelito que a ti, os encantan.-Recordó sonriente, esperando haber acertado.
-Ya... Sí, están deliciosos pero…-A Neville no le marcaron Ron, a Harry sí, la cicatriz.-Le cortó con un par de hipidos.
-E-entonces tú eres el elegido como dice el profeta, tienes que acabar con.. V-Volde-Voldemoort.-Dijo soltando aire.-Por eso te has estado entrenando...-
-Harry, me da igual si tienes que acabar con ese monstruo. Nosotros vamos a seguir a tu lado, hemos estado cinco años juntos... ¡Hemos vencido a un Trol, a Quirrell, un basilisco, un hombre lobo, Umbrich, los mortifagos! ¡No vamos a abandonarte porque tengas que enfrentarte a algo como eso.-Declaró su amiga secándose las lágrimas.
-Yo, tampoco voy a dejarte tirado. Eso no es de colegas, estamos para todo.-Dijo Ron palmeandole el hombro.
-¿Están seguros de todo esto? Las palabras no os van a servir cuando tengáis que enfrentaros a él, cuando tengáis que entrenar todo el día. Podríais morir chicos...-Dijo el muchacho con tristeza, mirando por la ventana.
-Moriremos igual, ayudándote o no. Si tu mueres, se terminó todo.-Dijo Hermione poniéndose en pie.-Estamos en una guerra, mucha gente caerá y nosotros estaremos en peligro yendo o no contigo... ¡Somos el trío dorado!-Se balanceó de adelante hacia atrás y sonrió de la forma más brillante posible, mientras más lágrimas le surcaban el rostro.
-Eso no es todo... Tendré que aprender todo lo posible y... Eso incluye las Artes Oscuras; A vosotros no os va a gustar la idea pero, es magia a fin de cuentas. Si se usa para el bien, no pasará nada.-Argumentó.
-Eh. Eh colega. Si tienes pensado meterte en ese enjambre, hazlo solo y bajo tu responsabilidad. Es magia demasiado poderosa, hasta que no controlemos de sobra la magia blanca; Para mi sería un problema utilizarla.-Explicó el pelirrojo mirándolo extrañado.
-Estoy diciéndote lo que yo haré, tú tendrás que estudiar con lo que quieras... Solo aviso que será duro.-Dijo Harry alzando ambas manos.-También hay... Otro... Pequeño problema. No estoy a favor de Dumbledore, él... Es solo un manipulador.
No he podido contarlo antes porque no me había fijado pero... Cuando comenzó la primera guerra, decir su nombre era un tabú; Con él dabas automáticamente a conocer tu paradero, exceptuando si estás bajo un fidelio. La gente se dio cuenta y pasó a ser «El-Que-No-Debe-Ser-Nombrado-» Mientras él siempre nos ha influenciado para llamarlo por su nombre, la gente parece que ha olvidado ese detalle... Por eso quiero que os dirigais a él como Ryddle y frente al público como ese o, SO, Señor oscuro.
No voy a ponerme a dar ejemplos de sus actos de manipulador, de que no es tan buena persona. Vosotros sois quienes elegís pero, os dejo muy claro que o Dumbledore o yo. Si siempre a sido lo típico de Luz contra Oscuridad... Va a cambiar. Nosotros seremos el tercer bando, no puede haber un mundo sano en el que dos personas como estos existan. Seremos el grupo que sabe jugar con ambas magias para defender en lo que realmente cree.-Explicó con auténtica devoción.
-Nos... Nos estas diciendo que peleemos contra nuestra familia, contra el director; Ha ayudado muchas veces a mi familia tío. Pero joder, me cuesta creer eso…-Dijo Ron con indecisión.-
-Si es tan manipulador, ¿Que hacías con él la primera noche?-Preguntó Hermione.
-Teníamos que ir a ver a un nuevo profesor llamado Horace…-Explicó.-Os digo que lo creáis, claro que tendremos que interactuar con él… Por ahora nos conviene pero, no le hagáis caso.
-Si eso es lo que necesitas, yo no le creeré, pero necesito más pruebas.-Dijo Hermione siempre queriendo saber más.
-A mi no me queda otra, no voy a perder a mi mejor amigo por un director ultra poderoso, no hay ni que dudarlo.-Bromeó.
-En ese caso, necesito que hagáis un pacto conmigo.-Dijo Harry.-Se llama Pacto del Silentium.-
-¿Estás loco?-Preguntó Hermione seriamente.-Ese pacto es… peligroso.
-Solo si lo incumples.-Dijo él ofendido.
-¿De qué va?-Preguntó Ron confuso.
-Juras determinadas cosas y si las incumples, pierdes tu magia. Así sin más y no, los imperio no puedes sacarte nada de información.-Dijo Hermione asustada.-¿No te vale el pacto del Silencio, de toda la vida?-
-O lo hacéis ó, os borro la memoria.-Avisó alzando las cejas.
-No pasará nada Hermione, no vamos a contar nada.-Dijo él alzando la mano.
Me disculpo por tardar tanto. Pero a un que os parezca mentira, estoy muy entretenida viendo DBZ y Fairy Tail, jugando al juego de DBZ y... Bla bla, me cuesta mucho ponerme a escribir :/ Lo siento.
