Capítulo-VII- Monstruos.

En el fondo de tus ojos destruidos duerme la locura.

*Esta noche tu vida será consumida por el fuego infernal, mientras te ocultas en la oscuridad*

Harry se debatía entre coger tres trozos más de budín de Yorkshore o un trozo más de pastel de calabaza, una decisión muy complicada. Esos panes tan redondos tenían una pinta espectacular, pero ese pastel naranja le llamaba para comérselo; Le incitaba a terminar con él. Se debatió durante un largo minuto, mirando de un plato hacia el otro, esperando que su "fino" paladar se decidiese. Se mordió el labio inferior y cedió a coger un pedazo de pastel y unos cuantos trozos de budín, para no discriminar. Pinchó un pedazo de pastel y lo introdujo en su boca, disfrutando del sabor de la nata y de la calabaza en su paladar, dulce, muy dulce. Que mano tenía Molly para cocinar, era la comida perfecta; Le gustó tanto que se permitió cerrar los ojos con gozo durante unos segundos. Levantó la mirada y se encontró con la de su mejor amiga, Hermione Granger, que en ese momento hacia morros con los ojos muy abiertos. Él la miró con una ceja alzada, confuso. La castaña al ver que por fin había captado su atención, cambió la mueca a una enorme sonrisa y cerró sus ojos con fuerza. Harry por el contrario cambió a asustado, casi igual que el cuadro de "El Grito". La muchacha cambió finalmente a parecer un payaso y el ojiverde no pudo hacer más que reír.

-...¡Y gana Hermione Jane Granger por uno a cero!-Dijo Ron como un comentarista, haciendo que Ginny y Fred estallaran en carcajadas.-Muy bien, muy bien. El antiguo campeón Fred Weasley le hará el honor de entregarle la copa.-Comenzaron a aplaudir entre ellos y Fred se levantó llamando la atención del resto de la mesa, con una sonrisa le estampó un trozo de pastel en la cara a la ganadora.-¡Enhorabuena!-Gritó Ginny sobre las carcajadas de todos los presentes. Hermione quedó con la cara anaranjada y con algo de blanco en las cejas; Su sonrisa delataba que iba a asesinar al pelirrojo.-¡Fred Weasley, estás muerto!-Gritó esta vez Hermione levantándose hecha una fiera. El pelirrojo se levantó con tal ímpetu que la silla cayó hacia atrás, corrió hasta ponerse en una punta del sofá mientras Hermione se colocaba en el lado contrario. Corrieron por todo el salón tirando jarrones, mesitas, moviendo sillones... Haciendo un desastre. Ronald y Ginny gritaban a pleno pulmón para que Fed huyera, al contrario del señor Weasley y Harry; Que apoyaban a Hermione.

-¡Vosotros dos, quietos!-Gritó la señora Weasley sobre los animadores. ¡Tarantallegra!-Y al instante ambos se pusieron a bailar como locos, sin frenos. Otra vez las carcajadas inundaron el lugar.- Ma-Mamá, van a fun-ndir el suelo.-Dijo Ginny carcajeandose, casi incapaz de hablar.-A George le encantaría ver esto, lástima que esté ocupado con la tienda.-Se quejó Ron riendo cuando Hermione y Fred comenzaron a bailar juntos

-¡Por favor mamá, para!-Dijo Fred dando una vuelta.-Esto cansa, cansa mucho.-Se quejó.-Señora Weasley por favor.-Imploró Hermione.

-Esta bien, con eso bastará.-Dijo Molly con una suave sonrisa.-¿Ya querida?-Preguntó un desilusionado Arthur, que tenía los puños apretados como un niño pequeño.

-¡Papá!-Se quejó Fred con indignación.
-Hijo sabes que te quiero pero… Es que bailabas tan bien.-Ironizó Arthur.
-Ha sido una velada hermosa familia, pero yo y la pequeña Ginevra nos marchamos a la tienda.-Se despidió fred mientras recuperaba el aliento.

-¿Qué, ella se va contigo y nosotros aún no la hemos visto?-Dijo Ron con indignación.-Soy tu hermano, de antes que ella.-

-Pero yo lo quiero más.-Dijo Ginny sacando la lengua.-Y Feddy, no me llames Ginevra.-Se quejó golpeándole en el hombro.

-Oh no... ¿Ginny qué has hecho?-Dramatizó Fred sujetándose el hombro.-Llamar a un sanador, me ha roto el brazo... ¡Me lo va a arrancar!-Gritó con pánico.

-¿Mamá, en qué pensabas cuando tuviste a Fred?-Preguntó la pelirroja atónita.

-No lo sé, creo que es la sangre de tu padre; A mi no ha salido.-Dijo Molly con resignación.-

-¡Molly!-Se quejó Arthur.

-Yo te quiero igual cariño.-Respondió esta con una sonrisa.-Coger la Red Flú si os tenéis que ir ya, a Ginny no le gustan mucho las apariciones.

-Eso teníamos pensado, adiós a todos.-Se despidió Fred entrando en la chimenea.-¡Adiós a todos, besitos besitos!-Se despidió Ginny riendo. Pero antes de irse, el pelirrojo ordenó el desastre con la varita y las llamas verdes se tragaron a ambos hermanos.

-Ronald querido, necesito que os deshagais de unos calderos.-Dijo la señora Weasley.-Tu padre tiene que irse a trabajar, yo tengo que arreglar la casa, tus hermanos están trabajando así que; Tienes que hacerlo.-

-Si, si mamá. Enseguida.-Dijo Ron con pereza.

Todos se marcharon a hacer sus labores, Ginny, Fred y George se encargaban de organizar la tienda. Arthur se marchó al ministerio y no volvería hasta altas horas de la noche, Molly se quedó dentro de casa preparandolo todo para el cumpleaños de Harry y demás. El trío salió fuera de la madriguera buscando los calderos mientras hacían hipótesis sobre la tienda. Hermione estaba bastante despistada, más en la luna que en la tierra; Y no era de extrañar. Desde antes de comer sus respuestas eran algo secas y despistadas, solo cuando trataban un tema muy innecesario que no se relacionara con nada importante respondía como siempre; Incluso había participado en una conversación de Quidditch.

-¿Tenemos que limpiar esos cuatro calderos?-Preguntó Ron con pereza.-Harry hazlo tú, tienes magia.-Se quejó poniendo ambas manos en su nuca, despreocupado.
-¿Y tú cómo sabes eso?-Preguntó Harry desconfiado.

-Lo dijiste anoche en sueños.-Dijo Ron restándole importancia.

-Ese huele fatal.-Dijo Hermione arrugando el rostro.

-Vale... Wingardium Leviosa.-Dijo Harry y los calderos se elevaron, el olor creció y este los volvió a dejar en el suelo.

-Mierda... Los hemos removido, ahora todos huelen fatal.-Se quejó la muchacha.

-¡Tiralos al estanque!-Dijo el pelirrojo.

-¿Qué? No puedes hacer eso.-Se quejó Hermione.

-Es mucho mejor que lavarlos... ¿Quién sabe lo que habrán mezclado allí Fred y George?.-Dijo Ron.

-¡Exacto! Piensa en... En... ¡Los peces!-Dijo negando con la cabeza, haciendo que los dos amigos se miraran extrañados.

-Yo no sé qué pasa si un pez se bebe un filtro de amor.¿Vosotros sí?-Preguntó Ron.- A lo mejor se enamora de ti Hermione. Glub glub, te quiero, glub, glub.-Bromeó haciendo de pez.

-Siempre tan maduro Ronald.-Se quejó Hermione.
-Vamos Harry, deshazte de esos calderos antes que mamá venga y comience a gritar.-Pidió Ron.

-Wingardium Leviosa.-Repitió Harry alzando todos los calderos de una vez, lanzándolos con poca discreción al estanque; Haciendo muchas salpicaduras.
-¡Eso a estado genial! Mamá nos hubiera tenido hasta navidades fregando.-Dijo Ron.

-¿Para qué utilizar un hechizo de limpieza verdad?-Ironizó Hermione.
-¿De qué te quejas tanto si a salido todo bien?-Preguntó Ron frunciendo el ceño.-Al menos yo tengo ideas efectivas, no como otras… Que llevan empanadas las tres últimas horas.-Se quejó.
-¿Yo, empanada?-Dijo ella ofendida.-Yo nunca estoy empanada, estoy concentrada; Término que tú desconoces.-
-Chicos, ya basta.-Dijo Harry.
-No, no basta Harry.-Dijo Ron.-¡Perdona si no soy tan inteligente como tú, si no me paso horas y horas entre libros y prefiero jugar al Quidditch!-
-¡Idiota! ¿Quién te está diciendo nada ahora, eh? A mi me llena aprender y a ti perder el tiempo, no veo el problema.-Se defendió.-Por si no te interesa… ¡Me ha escrito el profesor Snape!-
-¡Eres de…!-Se paró abriendo mucho los ojos.-¿Qué, cómo?-Preguntó confuso.-¿A ti, para qué?
-¡Por qué no me lo has dicho antes Hermione!-Saltó Harry.-¿Que dice?
-No a sido muy exacto… Solo dice Tres dragones en un Callejón prohibido, Responde el fuego. ¿Cómo voy a saber que significa?-Se quejó.
-Hermione, no hay que analizarlo.-Dijo Harry.-Nosotros somos los tres dragones, tú, Ron y yo; Yo soy el del fuego.-Explicó.-Lo del callejón… Un callejón prohibido; Supongamos que sabe que tenemos que ir al Callejón Diagon, él puede hablar del callejón Knockturn, que lo tenemos prohibido.-Dedujo.
-¿Desde cuando eres así de inteligente?-Preguntó una confusa Hermione.

Alfhild, tumbada en el suelo, sonreía con la respiración agitada, fruto del cansancio. En el pecho le habían salido unas ronchas rojas que ardían como lava; Su ropa estaba desgarrada y su espada descansaba a unos metros de ella; Dejándola totalmente indefensa. Estaba bastante satisfecha por haber terminado ella sola con una de las criaturas más extrañas que había visto a lo largo de su vida. Sin embargo, le preocupaba la forma en la que sus compañeros habían conseguido traer un monstruo así; Tan agresivo y oscuro.

Los ojos de Helman iban del monstruo a Alfhild y, de nuevo, al monstruo, como si no se creyera lo que había pasado. Se habían enfrentado a tantos monstruos a lo largo de su vida… Y siempre era igual, nervios, miedo y victoria.

-Eso ha sido… ¡Alucinante!-Le felicitó acercándose a ella. Su expresión cambió al ver las marcas que tenía Alfhild. -Pero... Creo que eso no tiene buena pinta... Esas ronchas…No son buena señal... Serán un contratiempo…
-Helman, déjate de idioteces y haz algo... O tendré que morir aquí sola. ¡Pero ni se te ocurra pincharme!-Se quejó mirándolo.
-No digas tonterías. Nunca te he pinchado.-El hombre puso sus expertas manos sobre el pecho de Alfhild, sin llegar a tocarlo. Un color verde comenzó a rodear las manos y las ronchas comenzaron a desaparecer poco a poco sanandola. Aquel color verdoso no desapareció hasta dejar a Alfhild como nueva. Helman se acercó entonces al fallecido monstruo y cogió bastantes escamas, garras, saliva, y demás. Eran cosas muy útiles para crear determinadas pociones. Estaba seguro de que, tarde o temprano, le vendrían bien. Volvió donde se encontraba la chica, le dio la mano y levantó de una vez a Alfhild, quién después se dirigió por su espada, la colocó en horizontal y redujo su tamaño hasta ser una pequeña daga, la guardó en su cinturón y comenzó a caminar junto a Helman hasta la salida. Esta era grande y muy antigua, hecha de piedra.
Para abrirla el hombre tuvo que concentrar su magia para crear un pomo de hierro; Al traspasarla ambos se quedaron sorprendidos. Un pequeño puente colgante de madera los guiaba hasta un pequeño prado, con las hierbas más verdes que ellos hubieran visto nunca. El resto de la cueva era rocosa, con lacrima incrustada que lo iluminaba todo de un suave azul claro. De esas rocas, caía agua de todos los colores, cada una con sus respectivos efectos; Formando un arcoiris cuando caían hacia abajo, en dirección al río. En el centro del prado, un grupo de magos meditaban tranquilamente; Disfrutando de la calma que del lugar emanaba.

-Hemos llegado Alfhild, esto es la Luciérnaga.-Sentenció Helman con un suspiro, mirando hasta el más mínimo detalle.
-¿Ya, tan pronto? ¡Y qué ocurre con lo de guiarnos por nuestro instinto!-Se quejó la mujer.
-Deja de quejarte y saluda a tus compañeros.-Le reprendió él, caminando sobre el puente.
-¡Chicos, hemos vuelto!-Gritó haciendo que los tres se giraran con molestia.
-Tú podrías haberte quedado por el camino, ¿No crees?-Se quejó un hombre grande, tanto de espalda como de cuerpo. Su cabello era corto y negro, su barba enmarañada y sus ojos grises. Su apariencia llamaba mucho la atención, casi tanto como la de Hagrid; Pero lo que más resaltaba era la pesada hacha que descansaba, cerca de él, clavada en el tronco de un árbol.
-Hakurei, no has cambiado nada. Cualquiera diría que la última vez que te vi fue ayer y no hace tres siglos.-Dijo la muchacha sacandole la lengua.
-Helman, ¿Cómo está tu hijo?-Preguntó Sokeë estrechandole la mano.
-Bien... espero, le dejé a cargo de la tienda.-Dijo Helman algo tenso.

-Es mejor así. que se haga la idea de lo que es ser mayor; Porque probablemente pierda a su padre.-Replicó el hombre.
-¿Quién sabe qué pasará cuando ayudemos a la última estrella caída?-Dijo Elëndir evitando una discusión.-Ahora lo que más nos preocupa es que él venza al Consejo de Arturo y a sus propios enemigos. Después ya veremos lo que ocurre..-
-¡Al fin, un enfrentamiento de nuevo! -Dijo Hakurei con una carcajada.-Llevaba demasiado tiempo sin hacer nada. Mi hacha estaba comenzando a perder el filo.-Se quejó.
-¿Estás de coña?-Preguntó Alfhild sorprendida-He leído los periódicos de Alemania y Suiza durante este tiempo, y tú rastro no ha pasado desapercibido. Te has dedicado a atacar aldeas y ciudades sin descanso... ¡Has atacado a los aurores!
-Tampoco es para tanto, me aburría en casa. No aguantaba un día más sin hacer nada. -Se defendió.- Además, no hay nada mejor como pelear contra un buen contrincante.
- Claro, lo olvidaba. Es lo más normal del mundo… Por cierto, ¿Dónde están nuestros dragones?-Preguntó la pelirroja.
-Nos encargamos de llevar a tu Fuego Eterno con el resto. No nos lo puso fácil, pero Elëndir lo convenció al final.-Explicó Hakurei.-Cada uno de ellos tiene su propio hábitat repartido por este enorme lugar. Además, tienen uno en común. Mi Wyvern está el más apartado. Su territorio está lleno de grandes montañas y rocas, como nos gusta a nosotros. El Ridgeback de Elëndir tiene el territorio que está situado aquí al lado, en un gran bosque lleno de enormes árboles, flores, un río y una cueva; Ya sabes como adoran eso. Al Hielo Interminable de Sokëe lo tenemos al lado del mío, con un enorme glaciar helado; Siempre nevando y todo eso. El tuyo está separado de Hielo, por lo que pueda pasar. Hemos movido el antiguo terreno de Pureza para que no se pelearan, así que está cerca de Ridgeback; Le hemos preparado un pequeño volcán ardiendo.-Suspiró.-Te estoy haciendo un breve resumen, luego vas a visitarlos y comprobarás que los paisajes son inexplicables. Casi tanto como este magnifico lugar.

-Claro, los que tenemos dragones nos encargamos de cuidarlos todo el tiempo; Los que no tienen, que se lamenten.-Soltó Sokeë venenosamente.
-¡Sokeë!-Le regañó Elëndir abriendo los ojos.-Cállate.
-Déjalo mujer.-Pidió Helman.-Los que no tenemos dragón, sufrimos por su pérdida a cada segundo.-Se defendió. En su mirada brillaba un destello de dolor.
-¿Sufrir por su pérdida?-Se rió el hombre.-¡Fué tu maldita culpa! Y todo por haber traído a ese niño al mundo. El tuyo era el mejor dragón de todos, el más puro… ¡Y el idiota dió su vida por tu hijo, un muchacho que no tiene ni tendrá su valía! Un cobarde como tú.-Le gritó encarándose, la respiración se le agitaba.

-Sokeë, basta.-Pidió Alfhild sujetando a Sokëe del brazo, y viendo como Elëndir comenzaba a entrar en shock, puesto que sus manos habían tapado su boca que ahora, tenía forma de O.

-¡Y tú qué diablos sabrás de lo que pasó aquel día, de por qué yo no pude protegerlos! Dedicate a cuidar al tuyo y olvidate de mi y de mi familia.- Gritó Helman perdiendo los nervios. su puño aterrizó en la quijada del hombre calvo, separándolo unos metros.-No tienes ni idea de por qué sucedió. Tú no sabes nada de mi hijo. ¡No te atrevas a hablar de él!
-¡Se que es un cobarde como tú!-Gritó con la cólera irradiando.-¡Un mald...!

-¡Ya está bien!-Le cortó el bárbaro, levantándose.-Parecéis niños mal criados los dos. No vuelvas a mencionar a ese dragón ni a su hijo y tú no le sigas el juego. ¡Se acabó idiotas! Tenemos una misión que cumplir, hay cosas más importantes y más grandes que vuestras estúpidas discusiones. Si nos matamos entre nosotros, Morgana nunca nos lo perdonará.-Puso paz soltando todo el aire por su nariz.
Sokeë gruñó pero cedió. Su mirada de odio se clavó en los ojos de Helman antes de desaparecer a quien sabe donde.

-Necesito estar solo.-Le pidió a Alfhild, quien lo miró con ojos de angustia y también desapareció hacia el antiguo hábitat de su dragón..

Estaba tumbado en algún lugar que no recordaba, se sentía como si estuviese durmiendo en una nube, esponjosa y caliente: Casi podría decir que se sentía como un dios. Su cuerpo y su mente seguían adormilados, semi inconscientes. Hacía tanto tiempo que no tenía una sensación tan placentera; Descansar con la conciencia tranquila era algo de otro mundo. Pero en algún momento tendría que despertar. Su cuerpo ya estaba programado para no dormir demasiado y, desgraciadamente; Comenzaba a despertar.
Abrió un párpado, una tenue luz lo bañaba todo. Su cabeza giró lentamente a la izquierda, donde unos ojos azulados lo observan, azules como el mar y como el cielo. La cabellera era rubia, rizada. La piel tersa y un rostro angelical. Sus labios eran de un rosa claro y pequeños; La belleza en persona. Casi se sentía como en el cielo. Alomejor y solo alomejor, estaba ya muerto y ella era un ángel. Pero los ángeles no te hacían beber ninguna poción morada con sabor amargo que te curaba las heridas internas. Así que su cerebro comenzó a funcionar y, ¡Bum! Al fin recordó quién era aquella muchacha, la que parecía tener 16 años; era Hera, el nuevo juguete de Voldemort.

-Ya era hora de que despertaras.-Dijo Hera vendando el brazo de Severus.-Te he dejado semi-nuevo. Tienes diez minutos para alistarte, tenéis reunión en el salón principal en un cuarto de hora. El rubio con bastón te ha dejado en la mesita algo de ropa.-Le sonrió y se alejó hasta la puerta casi genuinamente.-Portate bien la próxima vez, tus heridas necesitan una semana de atención si quieres estar presentable-Se despidió saliendo de la habitación sin hacer ruido.

El hombre se sentó en la cama dándose cuenta de que se encontraba casi sin ropa, sus bóxers eran lo único que lo tapaban, la sabana que tendría que tener hasta el cuello estaba desparramada por la cama; Solo arropando sus pies. Sus heridas estaban todas vendadas, casi dándole un aspecto de momia egipcia. Ahora tenía una reunión con "Su señor" y estaba casi seguro de que no traería nada bueno, como de costumbre… Se comenzó a vestir con rapidez. Se conocía aquella habitación de memoria, siempre que visitaba la casa de Lucius, éste terminaba invitandolo a dormir, siempre en la misma habitación desde que lo conoció.
Una vez que se colocó la capa y revisó tenerlo todo listo, salió de la habitación con paso apresurado. La reunión era bastante importante según sabía, los nuevos aliados serían presentados. Entró en el salón con su capa ondeando, la mitad de las sillas estaban vacías lo que significaba malas noticias para ellos. "Su señor" encabezaba la reunión, sentado en el sillón verde, con su fiel serpiente en su regazo. La silla situada a la izquierda del señor oscuro era su lugar desde hacía unos meses. Frente a él la "querida" Bellatrix ocupaba el otro lugar más importante, comentaba algo con su hermana Narcissa. Pero algo estaba mal, ¿Dónde estaba el marido de Bellatrix, donde estaban los hermanos Carrow y sobretodo, por que Lucius lo miraba con esa cara de angustia tan mal disimulada? Algo estaba pasando y él se lo había perdido.

-¿Te ha tratado bien Hera, Severus?-Preguntó Voldemort mirándolo de aquella forma tan escalofriante.
-Sí mi señor, sus servicios han sido… Excelentes.-Respondió éste, tosiendo un par de veces para recuperar su voz.
-Perfecto entonces. ¡Muchachos! Os he reunido hoy aquí porque tenemos asuntos entre manos. Veamos… Os tengo que presentar a nuestros aliados; Quiero aclarar antes de nada que, quiero que los tratéis con el mismo respeto que me tratáis a mí; Ya me entendeís. Colagusano, que entren.

Y entraron, eran 4. En una fila india destacaban todos por su aspecto, sobretodo el Flayer. Éste era un ser acuático-subterráneo, con la piel de color malva oscuro y azul. Sus ojos eran negros con pupilas blancas. De su boca salían cuatro tentáculos largos hasta menos el pecho; Su cuerpo era como la de un pulpo humanizado, delgado y casi escuálido. Su vestimenta era extraña, una especie de túnica rasgada hasta los pies, los antebrazos vendados y unas joyas en el cuello.
Trás él, se encontraba un orco mucho más pequeño y encorvado. Era un humanoide con los brazos largos y las piernas arqueadas; Su piel era una mezcla entre grisácea y verde, con hocico y dientes caninos muy desarrollados. Sus ojos eran pequeños y rojizos. Las armas que portaba eran extrañas; Un arco descansaba en su espalda de un material que no podían distinguir y sus ropas eran casi primitivas.
Al lado del orco, un liche se encontraba. Un liche era una criatura que se creía leyenda desde hace siglos; Según los libros que él había leído, era un muerto viviente cuyo cuerpo y alma habían sido separados mediante un ritual de nigromancia. Era escuálido, huesudo y con las cuencas de los ojos vacías, iluminadas por dos llamas rojas. No tenía nada de piel y le daba un aspecto maquiavélico. Vestido con una capa ostensosa y una túnica hecha harapos. Un medallón de oro, anillos de piedras preciosas, una corona tallada y un amuleto en el cráneo lo acompañaban. Se apoyaba en un bastón de madera antigua, que en la empuñadura tenía una especie de bola de cristal azul. Severus colocó su mano sobre el rostro, ocultando su barbilla y su nariz-dándole un aspecto de analizador.- que comenzaba a sufrir el desagradable olor que esas especies emanaba; Sobretodo el "Rey de los muertos" que no podía ni darse una simple ducha. Ahora entendía por qué su madre siempre le repetía que la colonia era en el cuello y en las muñecas, para este tipo de peligros.

Un muchacho de unos 20 años estaba de pie en el lado contrario. Su pelo era negro y estaba perfectamente peinado hacia atrás. Su tez era muy blanca, como la de él mismo; Sus ojos destacaban mucho más, rojos como la sangre. Una altura de 1'80 probablemente y vestido con un fino traje. ¿Había que ser muy inteligente para darse cuenta de que su señor adoraba a los vampiros? Este en concreto, era casi idéntico al antiguo Voldemort, antes de su… Tenebroso cambio.

Daba hasta escalofríos tenerlos cerca de ti, un paso en falso y justo allí cabaría su propia tumba. Lucius le hizo una seña con la ceja queriendole transmitir su… Incomodidad por los nuevos invitados. A un que ya siendo sinceros, no sabía que le molestaba más, si la mano que tenía Hera sobre su muslo tan inocentemente o el hecho de que esos cuatro asesinos irían a trabajar con ellos de aquí hacia delante. Y lo peor, que su señor le miraba con cara de pocos amigos, sin duda se estaba imaginando cosas que no eran.

-Muy bien muchachos, os presento a nuestros queridos amigos. Él es Yâiz, un Flayer que viene a representar su pequeño clan. El pequeño orco GuthRakk viene representando su clan, también nos ayudarán con sus esclavos; Como por ejemplo, unos cuantos Ettins y Enanos. Tenemos aquí a el tan famoso Gellert Grindelwald, digamos que hace unos largo años, le ayudé en algo y a prometido estar incondicionalmente a nuestro favor.-Dijo señalando al Linche con una sonrisa.-Y por último tenemos a la joya de mi corona, sin ofender, por supuesto al resto. Él es André, del clan de los vampiros más fuerte de Europa.