Mi primer lemon, ha pasado el tiempo, ¿no?
Buenas, lectores, les traigo una re-edición del fanfic del cual me siento más orgulloso.
Un lemon de Commoner, por lo que si no te gustan este tipo de historias, estas a buen momento de irte xD
Enjoy :D
Más allá del sexo.
Pueblo Arenisca.
La luna se posaba armoniosamente sobre la bella Sinnoh. Iluminada tenuemente por esta, la mayoría de personas se encontraban durmiendo tranquilamente, esperando un nuevo amanecer.
Sin embargo, había una pequeña luz que sobresalía de la elegante mansión Berlitz. Aquella luz provenía de la biblioteca de la mansión. En medio de los grandes estantes se encontraba una elegante chica de pelo negro, leyendo con interés un libro rojo.
La chica no pudo evitar fijar sus ojos y leer minuciosamente un párrafo que rápidamente captó su atención.
"El sexo, ese calumniado y bello acto que dos individuos realizan en su intimidad. Es su forma más primitiva, su único fin es la reproducción y proliferación de las especies.
Sin embargo, fuera de los orígenes biológicos de dicho acto, el sexo se ha convertido en la acción más mística que todo ser humano puede realizar. Más que unir dos cuerpos, se unen dos almas en la infinidad del cosmos.
Aunque la única forma de llegar a esa fase de unión, es que ambas almas se profesen un amor verdadero el uno al otro. Una relación realmente pura es capaz de llegar a aquel punto máximo del ser humano con el cosmos."
—Interesante descripción —dijo la chica de ojos almendrados, para después rodar sus ojos hacia el reloj de la pared— ¡Oh Arceus, ya es tarde!
Platinum no pudo evitar sorprenderse de que estuviera leyendo hasta la una de la mañana. Lo que se había convertido en una pequeña actividad para matar el tiempo la había hecho desvelarse más de la cuenta.
—Mañana tendré más tiempo, este libro es interesante —dijo, levantándose con una mirada ligeramente decaída.
La heredera se acercó a la gran estantería, que contenía todo tipo de libros de filosofía, y acomodó el libro de manera cuidadosa en el hueco donde pertenecía. Luego de eso, la chica se apresuró a salir de la biblioteca, apagando las luces y dirigiéndose a su cuarto.
Su cuarto estaba listo para recibirla. Su gran cama blanca, la pequeña lámpara de su mesa de noche y una cortina siendo agitada por el tenue viento que entraba por una ventana abierta le invitaban a dormir plácidamente.
La chica rápidamente se puso su pijama, se acomodó en su cama, apagó la luz de su lámpara y procedió a dormir. Sin embargo, con los ojos cerrados, Platinum no pudo mantener su mente en blanco, el texto que había leído seguía en su cabeza en forma de preguntas que despertaban su curiosidad.
—¿Tendrá razón ese libro? ¿Acaso, el sexo entre dos enamorados es la sensación más bella que el ser humano puede experimentar? —se cuestionó en voz baja, mientras apreciaba su techo rojo.
Platinum se había mantenido fuera de todas las cuestiones de la sexualidad, era virgen y apenas había dado su primer beso hace nueve meses atrás, solo había tenido un novio y nunca había tenido interés en la sexualidad, ni siquiera había experimentado con sus partes, nada de nada.
—No sé, tal vez tenga razón, aunque tal vez debería preguntárselo a alguien más... —menciono con curiosidad.
Al no encontrar respuestas, sus ojos se abrieron tenuemente, mientras su mano derecha tocaba su frente. Lentamente, la heredera se giró hacia la izquierda, encontrándose con una pared llena de fotos.
Había fotos de ella y sus padres, de sus amigos, e incluso con sus pokémon en una visita que hizo a Johto. Pero, en medio de todas las fotos, se encontraba una con un marco de plata en la cual se le veía a ella con un chico de pelo oscuro y ojos azules.
Esa foto se la tomó en las afueras de Ciudad Jubileo, cerca del Bosque Vetusto. Ella estaba sentada en un tronco junto a aquel chico, tomándose de la mano y sonriendo a la cámara. Aquel chico era Diamond, su novio desde hacía once meses era su novio luego de dos años de amor en secreto.
—Diamond... —dijo en voz baja, mientras se levantaba y tomaba la fotografía—. Aún recuerdo aquel día.
[...]
Pueblo Arenisca
Los Pelipper y Wingull daban la despedida al sol del atardecer, dejando detrás de si la pequeña playa del Pueblo Arenisca. En medio de las tranquilas olas de mar y de la arena tibia, Diamond y Platinum parecían disfrutar de un pequeño picnic en la orilla.
Mientras Diamond apreciaba el atardecer mientras comía una bola de arroz, Platinum jugaba con la arena bajo sus pies. Sin embargo, la chica rápidamente volteó a ver a su acompañante con una expresión de curiosidad.
—Diamond, esta tarde ha sido muy linda, pero, ¿por qué me citaste?
—B—bueno —Diamond se puso nervioso—, la verdad es que quería pasar la tarde en la playa, y ya que Pearl está entrenando en Unova, pensé que sería buena idea invitarla, señorita.
—¿O sea que solo era tu segunda opción? —mencionó, algo enojada.
—No, claro que no —el chico negó rápidamente con la cabeza—. Es solo que, bueno, ya había querido invitarla desde hace mucho.
Al escuchar aquello, Platinum no pudo evitar ruborizarse profundamente. Sintiendo el rápido latido de su corazón, la heredera intentó desviar la mirada hacia el mar.
—¿Ha-hablas enserio? —preguntó, con nerviosismo.
—Sí, desde hace mucho —confesó, derrotado—. Es solo que no había tenido el valor.
—¿Y qué te llevó a que lo hicieras ahora? —aunque nerviosa, la chica miró otra vez a Diamond.
—Bueno, un poco por la motivación de Pearl, pero también...
Aquella pequeña pausa se sintió eterna. Platinum vio la cara súper sonrojada de Diamond, su respiración parecía agitarse y sus manos temblaban. La heredera se sentía igual, y quería llegar al fondo de esto.
—¿También qué?
—Señorita... —con un nudo en la garganta, Diamond consiguió hablar— ¿Qué soy para usted?
Al escuchar aquello, la heredara no pudo evitar que su corazón volviera a agitarse una vez más, sintiendo como salía del pecho. Con sus mejillas ardiendo, Platinum tomó un poco de aire y preguntó.
—¿A que te refieres con eso?
—Solo dígamelo, para saber si debo decirle esto o no —respondió Diamond.
—So-solo dímelo, soy tu amiga después de todo —Platinum sentía como el aire parecía irse de sus pulmones.
—Ese es el problema... —sintiéndose al borde de un ataque, Diamond cerró los ojos, respiró profundamente y miró a la chica—. Platinum, tú... —apretando su puño, Diamond cerró los ojos— tú me gustas.
El lugar se quedó sumamente callado luego de aquella confesión. Diamond se encontraba con los ojos cerrados, mientras que Platinum se quedó inmóvil, viéndole. Sintiendo como la presión en su pecho desaparecía la chica lentamente tomó la cálida mano de Diamond.
—Sabes Diamond, ya tenía una corazonada de esto, lo presentía —dijo un poco nerviosa— y yo, yo también estoy enamorada de ti.
El corazón de Diamond volvió a latir al momento de oír esas palabras.
—¿Hablas enserio? —preguntó, incrédulo.
—Por supuesto, para que mentiría en algo así.
La hereda no pudo evitar sonreír ligeramente, sintiendo una explosión de emociones en su interior. Finalmente había ocurrido, el día con el cual ambos habían soñado desde hacía tanto tiempo.
Sin embargo, la chica se sorprendió cuando Diamond le pidió que se levantara. Al hacerlo, el chico se arrodilló frente a ella y tomó su pequeña y fría mano. Ante aquel acto, Platinum volvió a ruborizarse completamente.
—Platinum, ¿quieres ser mi novia? —preguntó Diamond, con seriedad
—Claro que si Diamond, me encantaría ser tu novia.
Diamond no pudo evitar responder con una gran sonrisa a la heredera. Platinum lentamente se agachó hacia él y le dio un pequeño beso en la mejilla, para posteriormente abrazarlo fuertemente. Diamond correspondió, abrazándola fuertemente, sintiendo las pequeñas lágrimas de felicidad que su ahora novia tiraba sobre su camisa.
[...]
Aquellas memorias volvieron vívidamente a la mente de la heredara. Soltando un suspiró. Platinum volvió a acostarse en su cama y apreció detalladamente la fotografía.
—Diamond, eres la primera persona de la que me he enamorado, siempre me gusto tu alegría, tu forma de pensar, incluso tus errores eran graciosos —admitió con una ligera risa—. Incluso recuerdo la vez que te caíste a la piscina de mi casa.
Fijando su vista en la ventana, Platinum recordó una ocasión que invitó a Diamond a jugar voleibol en el patio de su mansión. En una de las jugadas, Platinum lanzó el balón hacia la piscina en un mal movimiento. Diamond se apresuró a recogerla, pero el pobre chico terminó dentro de la piscina. Platinum le ofreció una toalla y lo dejó ir a su cuarto a que se cambiara de ropa, mientras ella lo esperaba en el patio.
Los pensamientos de la heredera se fijaron en el momento justo que pudo ver a Diamond sin camiseta desde la ventana de su cuarto. Aunque solo lo apreció por unos segundos, su cabeza se quedó estancada en aquella imagen.
Diamond no era precisamente un fisicoculturista, tenía un abdomen igual que la media, a pesar de que comía demasiado, pero en ese momento justo, a Platinum le empezó a encantar.
Una idea rara pasó por su cabeza, una insana curiosidad que le hizo rápidamente negar con la cabeza, soltando la fotografía y pasando sus manos por su sonrojado rostro.
—Arceus, en que estoy pensando —dijo, golpeando su colchón con sutileza.
Desde luego que esos pensamientos no eran normales en ella, nunca había imaginado la posibilidad de ver a Diamond completamente desnudo. Intentó poner su mente en blanco, pero el hipotético cuerpo de su novio al natural seguía dentro de su mente.
No estaba segura de que pudiera haber sido, solo no podía quitarse esa imagen mental de la cabeza, por más que quisiera. Tal vez aquel libro que había leído era el responsable de aquel pensamiento. Conforme más lo pensaba, más sentido tenía.
—Vamos, Platinum, deja de pensar en eso —se dijo en silenció mientras giraba alrededor de su cama.
Aquel acosador pensamiento solamente se potencializó cuando sus ojos se fijaron en un sobre lo que había en su mesita de noche. Lentamente se acercó y tomó el pequeño sobre que Diamond le había entregado.
No le importó el contenido del sobre, pues sus fosas nasales rápidamente se llenaron de un embriagante olor. La carta contenía el aroma del perfume que Diamond siempre usaba, un perfume que solo sirvió para incrementar sus extraños pensamientos.
Acercó la carta a su nariz y la aspiró como si de una droga se tratara. De inmediato, la chica sintió una extraña sensación en su zona intima. Con la cara completamente roja y su mente completamente extasiada por el olor de la carta, la heredera sentía como su mano parecía dirigirse sola a su parte privada.
—Tal vez no sea correcto... pero no puedo aguantar más —dijo, jadeando.
La chica entonces comenzó aquel ritual que jamás pensó en cometer, algo que pensaba estaba reservado a aquellas personas más promiscuas. Lentamente, la chica dejó que sus más bajos instintos tomaran el control.
Era inexperta, no sabía exactamente cómo hacerlo, pero su instinto tomó el control y lentamente comenzó a frotarse la parte superior de su intimidad, estimulando su botón de placer.
Paralelamente a esto, su mente se llenaba de locas ideas sobre su novio mientras inhalaba el perfume del mismo como si de una droga se tratara. Mientras continuaba con aquel ritual, su espalda se retorcía ligeramente y sus manos comenzaban a temblar.
Era la mejor sensación que había experimentado en años, introdujo un dedo dentro de su intimidad para estimular más su clítoris y aumentar la excitación de su cuerpo. Sentía como su alma gozaba con ella y como, lentamente, llegaba al clímax de su ritual.
Llegando a la recta final, arrugó la carta y el olor era mucho más potente, su alma se agitaba y gozaba, y su mente recordó las dulces palabras de su enamorado "Te amo", lo que le condujo al punto más excitante de todo el acto.
Sintió como una parte de ella salía y ensuciaba su pijama, mojándola. Dio un gran gemido que ahogo rápidamente para no ser descubierta, tiro sus dos manos a los lados, dejando la carta de Diamond a un lado de su cabeza.
Estaba completamente agitada, sus pulmones reclamaban más oxigeno mientras su mente daba vueltas y vueltas. Sentía sus brazos completamente debilitados, al igual que sus piernas mojadas. Sin embargo, podía sentirse bastante bien, como si su alma hubiese disfrutado por primera vez en su vida, dejándole el cuerpo mucho más ligero y calmado.
—Ar-Arceus —dijo muy agitada—, lo hice, no puedo creerlo, pero lo hice...
El instinto había dejado sus pensamientos y ella volvió a tener el control. Aunque el sentimiento de vergüenza comenzaba a golpearla por dentro, la enorme satisfacción que sentía la opaco completamente.
Cuando sintió que la fuerza había vuelto a sus brazos y piernas, la heredera se levantó y caminó hacia su baño para cambiarse de pijama. Mojó el pantalón de su pijama y sus bragas en la regadera para usar la cuartada de un accidente con la misma y las tiró cerca de ahí.
Mientras se ponía una nueva pijama, Platinum pudo verse en el espejó. Su rostro estaba completamente rojo y su respiración aún era profunda.
—Nunca me había puesto tan roja en mi vida —mencionó, poniendo sus manos en las mejillas.
Volvió a su cama, dejó la carta en su sitio, a pesar de lo arrugada que la tenía. Con la mente despejada pudo pensar lógicamente en lo que había pasado. Aunque ya no era tan fuerte, sentía que aquella sensación aún estaba oculta.
—No creo que esto sea esporádico —mencionó en voz baja, cubriéndose con la cobija—. Tal vez debería dejar que mis instintos tomen el control esta vez, como lo decía aquel filosofo.
Platinum intuía que algo en su interior le obligaba a hacer eso, su alma le pedía a gritos que le diera placer, y sus instintos le pedían más.
—No debería ceder a ellos, aunque por otro lado seria como no escucharme y hacer esto más grande. No lo sé.
Platinum estaba en un debate, por un lado no quería ceder a sus instintos, pero por el otro sabía que desobedecerlos involucraría una traición a su persona y a larga esos instintos la golpearían una vez más.
Su debate interno no la dejaba dormir. Girando ligeramente la cabeza, la chica notó como el reloj daba las tres de la madrugada. Golpeando una vez más sus sabanas, la chica pensó en las ventajas y desventajas de aquella idea.
—De acuerdo, hare lo que el libro dice —aceptó, suspirando—. Dejare que mis instintos lo hagan, por esta vez.
Sabía que su próximo deseo seria el siguiente nivel, su alma suplicaba por su acompañante. Después de todo, mientras realizó aquel ritual, aquella idea de estar con su amado tenía el principal foco.
—Si hare esto, debe ser bien, y necesitare ayuda de alguien —confesó, llevándose la mano derecha a la barbilla.
La única persona que le podría ayudar en eso, la única amiga a la cual le tenía la suficiente confianza y, por su edad tal vez sabría algo del tema, Blue. Teniendo la idea de llamarla en la mañana, Platinum finalmente pudo dormir tranquilamente.
[...]
La luz de la mañana despertó a Platinum. Levantándose con más energía de la que esperaba, la chica procedió a lavarse los dientes y comenzar con su día.
Para su fortuna, la cuartada del accidente de la bañera funcionó a la perfección cuando se lo explicó a la trabajadora doméstica, aunque no pudo evitar sonrojarse levemente al recordarlo.
Luego de vestirse, la heredera bajó hasta el comedor, donde su desayuno ya la estaba esperando. Sentándose delicadamente para comer, sus oídos lograron escuchar el programa que se reproducía en la gran pantalla del comedor.
"Atención a todos nuestros televidentes, les avisamos que este próximo catorce de febrero, habrá un hermoso espectáculo nocturno"
Las palabras de la presentadora de noticias llamaron poderosamente la atención de la hereda, desviando su mirada inmediatamente.
"Los astrónomos afirman que en la media noche del catorce de febrero habrá una bella lluvia de estrellas. Y no solo eso, también Venus y Marte harán una visita en la bóveda celeste, creando así un escenario perfecto para todos aquellos aficionados a mirar al cielo y para los enamorados".
Una sonrisa se escapó de sus labios al imaginarse aquel espectáculo. El solo contemplarse viendo tan fantástico evento le hizo agendar mentalmente dicha fecha, no podía perdérselo.
La heredera siguió con su desayuno, pensando que aquel día podría ir a la cabaña de sus padres en el Bosque Vetusto para ir a ver el espectáculo. Cuando menos se dio cuenta, su comida se había acabado.
Limpiándose la boca, la hereda dejó su plato y se dirigió a su habitación, no sin antes agradecer al chef por la comida. Ya en su cuarto, la heredera cerró lo mejor que pudo la puerta, buscó unos auriculares y su laptop para buscar a Blue en su Skype. Para su fortuna, la holder de Kanto estaba conectada.
Preguntándole por mensaje si podían hablar, Blue rápidamente aceptó. Pasaron alrededor de diez segundos hasta que la castaña contesto.
—Hola, Platinum —saludó Blue, con una sonrisa—, me sorprende que me llames ¿cómo han estado todos en Sinnoh?
—Hola, Blue, todo ha estado bien por aquí, ¿y qué tal lo llevan por allá? —preguntó de vuelta.
—Afortunadamente bien, aburrido pero tranquilo.
—Me alegro por ello —Platinum sonrió levemente, para después poner una cara más seria—. Bueno, te hablaba para preguntarte algunas cosas. Más bien, pedirte consejos.
Blue no pudo evitar abrir los ojos al ver la actitud de Platinum.
—Claro, dime en que te puedo ayudar —Blue mantuvo una sonrisa sincera.
—Bueno... no sé cómo comenzar —empezó a ponerse roja y nerviosa—, es algo un poco penoso.
—Vamos, Platinum, no tengas pena y habla con confianza.
—De acuerdo —la heredera suspiró, tomando valor—. ¿Ya has tenido relaciones sexuales?
[...]
Ciudad Jubileo
En el centro comercial de la enorme Ciudad Jubileo dos chicos caminaban entre tienda y tienda. El chico rubio parecía estar desesperado por encontrar algo, mientras que el chico de pelo negro solo lo seguía lentamente.
—Es increíble que hayamos visitado ocho tiendas de videojuegos y ninguna tenga ese juego —dijo el rubio, algo enojado.
—Tal vez ya se los llevaron todos, es un juego muy demandado sabes —le respondió su acompañante.
—Dia, quiero decir Diamond, revise las páginas web de todas estas tiendas y decían que si las tenían, y apenas fue hace cinco horas —el rubio estaba bastante desesperado—. Ven, vamos a la siguiente.
Pearl corrió a toda prisa hacía el norte, mientras que su agotado y hambriento amigo lo seguía de cerca, ya habían pasado una hora buscando el juego y no lo encontraban, y el olor de la comida rápida no ayudaba al agobiado Diamond.
Finalmente llegaron a la última tienda del centro comercial; un local azul pequeño algo escondido. Pearl entró de inmediato y se acercó a la dependiente del lugar.
—Disculpe señorita, ¿tiene este juego? —preguntó entusiasmado el chico, mostrándole la caratula del juego de peleas desde su pokéreloj.
—Déjame ver —dijo la chica mientras checaba en su computadora—. Oh lo siento, se nos acaban de acabar en la mañana.
Las palabras le dolieron al chico, era la última tienda que había.
—¿Esta segura?—le preguntó, incrédulo.
—Sí, están todos agotados, lo siento.
—Pearl, ¿si encontraste el juego? —preguntó Diamond, entrando a la tienda.
—No, otra tienda sin él, creo que tendremos que ir al centro comercial de Ciudad...
Diamond solo podía sentir como no terminaría vivo después de caminar más acompañando a su amigo. Para su fortuna, la dependienta les interrumpió.
—Espere, joven —mencionó la dependienta—, nos queda aún uno.
—¿Enserio? —los ojos de Pearl se iluminaron al escuchar aquello.
—Sí, parece que un cliente canceló su apartado, tenemos el juego en su versión especial con los personajes exclusivos.
Una sonrisa de oreja a oreja se dibujó en el rostro del rubio.
—¿Cuánto cuesta? —Preguntó.
—Mil pokédolares.
La felicidad del rubio se desvaneció al escuchar aquello, solo contaba con ochocientos para comprar la edición normal. Tenía su amado juego tan cerca pero fuera de su alcance.
—Gra-gracias —Pearl simplemente puso su cara de tristeza y salió junto a su amigo.
—¿Qué pasa, porque no lo compraste? —preguntó Diamond.
—Cuesta mil y solo tengo ochocientos —contestó tristemente.
Diamond vio a su pobre amigo, quería ese juego, de hecho ambos lo querían, pero Diamond lo había apartado con antelación, y Pearl no. Sin embargo recordó un detalle importante.
—Pearl no te preocupes, yo tengo los doscientos que faltan, puedes usarlos —respondió alegremente.
—¿Hablas enserio? — respondido alegre.
—Claro, no los necesito.
Diamond le dio el dinero, a lo que Pearl procedió a darle un fuerte abrazo. Diamond solo sonrió y vio cómo su amigo iba a comprar su juego.
Una vez comprado, ambos chicos fueron alegremente a comer algo, Diamond tenía mucha hambre y ambos compraron una hamburguesa con papas mientras platicaban en una mesa del lugar.
—Después de esto, tenemos que estrenar a este bebe en una batalla —dijo Pearl con su juego entre las manos.
—No creo que sea buena idea, te falta avanzar en el juego para desbloquear a todos los personajes —respondido Diamond con su hamburguesa en su mano.
—Lo dices solo porque tú compraste con antelación, yo no tenía dinero porque me lo gaste todo en una cita con Maylene.
—Me lo imaginaba, deberías ahorrar mejor.
—Como sea, ya tengo esto entre mis manos —Pearl tomó el juego y lo dejó en su bolsa—. Bueno, y ¿cómo han ido las cosas contigo y la señorita?
—Bien, aunque Platinum se la pasa leyendo mucho últimamente —le respondido un poco serio.
—No debería de sorprenderte —rio levemente, cruzándose de brazos—. Pronto será su aniversario, ¿ya tienes pensado que le haras?
—Bueno —se llevó la mano a la barbilla—, la verdad no tengo nada planeado.
—¿Cómo qué no? —preguntó, sorprendido— Los aniversarios son algo muy especial para todas las parejas, más para las chicas.
—Lo sé, pero recuerda que a Platinum no le gustan esas cosas tan banales —le respondió escéptico.
—Diamond, a pesar de los pensamientos y la forma de ser de señorita, estoy seguro que ella también le gustan esos pequeños detalles.
Diamond se detuvo un momento y pensó en ella, recordando todas las veces que había estado con ella. Lentamente suspiró miró a su amigo a los ojos.
—Bueno, supongo que tienes razón —admitió.
—Claro, Maylene casi me mata cuando no celebramos nuestro aniversario de un mes —dijo entre una pequeña risa.
—En ese caso, podría invitarla a la playa, ahí fue donde empezamos nuestra relación, puedo organizar un picnic —dijo mientras miraba hacia arriba.
—Bastante romántico, aunque no podrían... —el chico se detuvo un instante, viendo con curiosidad a su amigo—. ¿Tú y ella ya lo han hecho?
—¿A qué te refieres? —preguntó de vuelta, confuso.
—Ya sabes, eso, tú me comprendes —dijo algo nervioso Pearl.
—No te comprendo.
—Qué si ya hicieron el amor, vaya —dijo fastidiado.
Aquello hizo que Diamond casi se cayera de su asiento. Sujetando su silla, el chico miró con los ojos completamente abiertos a su mejor amigo.
—Pe-pearl, ¿Por qué me lo preguntas? —su rostro comenzaba a volverse rojo.
—Ya casi van para dos años, es un largo tiempo —dijo, casi sin percatarse de lo incomodo que era.
—Sabes, leer esos libros raros te está afectando —dijo, intentando eludir el tema—. ¿Acaso tú ya lo hiciste con Maylene?
—La verdad sí, es algo fascinante créeme —se acercó a su oído—. Si quieres un consejo que me lo dio Gold, manténganse los dos sentados, eso las hace sentir mejor —dijo, guiñándole el ojo.
—Pearl, podríamos cambiar de tema, esto es algo vergonzoso —el tono del chico expresaba incomodidad y molestia.
—Está bien —el chico alzó los hombros—. Solo tómalo como nota —dijo mientras daba el último mordisco a su hamburguesa—. Bueno, vámonos, que este juego no se pasara solo.
Diamond estaba demasiado sonrojado y nervioso. Luego de terminar de comer, ambos chicos abandonaron el lugar, dirigiéndose a la casa de Diamond para jugar un rato.
[...]
Pueblo Arenisca
Blue se quedó de una sola pieza, mirando fijamente a una Platinum que estaba completamente sonrojada y trataba de no mirar directamente el monitor. Luego de unos minutos de silencio, la heredera habló.
—Si no quieres contestar no hay problema, yo...
—No, es solo que me tomó por sorpresa —Blue rio nerviosamente, mientras se rascaba la cabeza—. Sí, soy sexualmente activa, pero, ¿a qué viene la pregunta?
—Bueno —la chica estaba demasiado nerviosa—. Es que, veras...
—No me digas que tú ya lo hiciste —preguntó de manera curiosa.
—No, claro que no, solo que...
—¿Entonces quieres intentarlo? —preguntó, girando su cabeza hacia un lado.
—Pues —la heredera suspiró y bajó cabeza—. Sí.
Blue no puedo evitar soltar un pequeño gritó de sorpresa, ahogándolo con sus manos. Platinum no podía evitar sentirse tan avergonzada, ocultando su cara entre sus manos.
—¿Hablas enserio? —preguntó sorprendida Blue.
—Sí, hace poco lo estuve pensando, y decidí que quería hacerlo.
—¿Con Diamond?
—Obviamente.
—Oww cosita —respondió en un tono lleno de ternura.
Le pareció algo bastante tierno, es decir, Diamond es un chico demasiado inocente, Platinum alguien demasiado reservada, era una combinación tierna, más cuando Platinum tenía la iniciativa.
—Bueno, a lo que me refiero, necesito consejos para que todo salga bien.
—Por supuesto, pero quiero preguntarte primero ¿estas segura de esto?
—Si —dijo determinadamente.
Ya no había vuelta atrás, Platinum había cerrado el pacto, y por las próximas tres horas le explico todo lo que debía saber.
Platinum se quedó embobada y sonrojada escuchando todo lo que Blue tenía que contarle. Escuchando a detalle como Blue le explicaba todas aquellas cosas prácticas que no se veían en los libros de texto.
Sin embargo, Blue le aclaraba que al final lo más importante era que ambos disfrutaran de aquello, cosa que la heredara comprendió a la perfección.
—No es como presentar un examen, es más como un juego —dijo la castaña—. Recuerda que la comunicación es esencial, Diamond es un chico gentil, así que es bueno que le expreses lo que te gusta y lo que no, y si ambos no saben que les gusta, pues esta es la ocasión para que se exploren.
A pesar de estar algo avergonzada, Platinum no pudo negar que los consejos que Blue le daba realmente los necesitaba. Fue bastante liberador hablar con su amiga, expresarle sus inquietudes y todo ese tipo de cosas.
Luego de casi tres horas, finalmente la llamada finalizó. Platinum se sentía muy feliz y agradecida por la asesoría que su amiga de Kanto le había dado. Blue le deseó lo mejor y se despidió alegremente, deseándole suerte.
Al darse cuenta de la hora que era, la chica rápidamente volvió a bajar para comer, sintió como el día se le había ido volando después de aquella llamada. Mientras comía, una idea llegó a su mente.
Rápidamente, preguntó a su padre si podría ir con Diamond a la casa de Ciudad Vetusto a ver la lluvia de estrellas. Aunque su padre no pareció agradarle la idea de dejar a su hija sola con su novio, su madre rápidamente intercedió por ella.
Luego de una larga charla, ambos padres aceptaron, dejando a Platinum muy feliz y con una sonrisa de oreja a oreja. Agradeciéndoles, la heredera se marchó para ir a la biblioteca, para continuar con aquel libro que había empezado toda aquella odisea.
Tomando el libro en sus manos, Platinum volvió a leer aquellas reflexiones de filósofos de hacía mucho tiempo. Aunque ya tenía los consejos de Blue, aquella lectura no hacía más que estimular su imaginación, haciéndole desear que aquel esperado día llegase. Solo debía decirle a Diamond parte de su plan.
Cuando la noche llegó, Platinum volvió a dejar su libro en su lugar y subió a su alcoba, acomodándose y vistiéndose para dormir otra noche más. Sin embargo, antes de poder recostarse en su cama, debía llamar a su novio. Haciendo uso de su pokéreloj, la chica llamó de inmediato a su novio, el cual no tardó en contestar.
—Buenas noches, Platinum —contestó Diamond con una gran sonrisa en su rostro.
—Buenas noches, Diamond —la chica le lanzó otra pequeña sonrisa—. ¿Qué tal estuvo tu día?
—Pues, estuve jugando con Pearl todo el día y ahorita vine a mi cocina por un vaso de leche y pastel.
—Vaya, parece que tuviste un día interesante.
—No tanto, Pearl me trajo de un lugar a otro en busca de un videojuego —rascándose la nuca—. ¿Y cómo estuvo tu día?
—Bastante interesante, estuve hablando con Blue todo el día.
—Genial, y ¿de que hablaron? —preguntó de manera inocente, sirviéndose su leche en un vaso.
—Oh, bueno —se puso nerviosa y sonrojada—. Pues de cosas de chicas, ya sabes, después fui a seguir leyendo.
—Oh, genial, parece que todo el mundo está leyendo ahora —Diamond rio un poco—. Aún no he terminado el libro que me regaló tu hermanita.
—No te sientas presionado, le dije a Moon que no era buena idea regalarte algo relacionado con venenos.
—No es que no me interese, solo que tantos nombres y variedades me abruman —respondió, moviendo la cabeza—. Si la leche funcionara como en aquel juego todo sería más fácil.
Aquello hizo que ambos rieran bastante. Platinum recordaba perfectamente ese juego, lo jugaron en su cuarto junto a Pearl, Maylene y Moon, y al final las dos últimas se aburrieron y se fueron.
Cuando las risas se disiparon, Platinum recordó la razón por la cual llamaba a su amado.
—Por cierto, ¿escuchaste del evento de San Valentín? —preguntó de manera curiosa.
—Oh sí, lo escuche cuando pasaba por una de esas tiendas que tienen televisiones en exhibición —recordó.
—Bueno, es que mis padres me dieron permiso de ir a ver el espectáculo y acampar, así que, ¿Por qué no adelantamos nuestra celebración de aniversario para ese día?
Diamond se sorprendió un poco. Lo más común era que él le propusiera la idea a ella. Sin embargo, el que su novia tomase la iniciativa le alegraba bastante, además de darle una excusa perfecta para planear que hacer en su aniversario.
—Me parece buena idea, solo debo consultarlo con mamá, pero lo más probable es que si me deje —el chico se había sentado para comer su cena—. ¿A qué hora quieres que pase por ti?
—A las nueve está bien, mis padres tienen una vieja cabaña por el Bosque Vetusto, y tiene ventanas en el techo y un telescopio, podremos observar mejor el acontecimiento.
—Perfecto, entonces podremos verlo el espectáculo en todo su gloria —sonriendo.
—Genial, entonces te esperare dentro de dos días. No olvides llevar ropa de invierno.
—No te preocupes, estaré preparado.
—Perfecto —un pequeño bostezo salió de sus labios.
—Bueno, será mejor que vayas a dormir —dijo en un tono ligeramente paternal—. Descansa.
—Tienes razón, eso hare —sonriendo—. Buenas noches, Diamond, te amo.
—Yo también te amo, Platinum —se despidió—. Dulces sueños.
La chica colgó el teléfono, ya estaba todo listo para el gran día en que los impulsos de la heredera tomarían el control de su cuerpo y mente.
[...]
Pasaron los días, y Platinum tenía todos los preparativos para la gran noche. Un día antes fue a la cabaña y, con la ayuda de sus pokémon, se tomó la responsabilidad de limpiarla para que todo estuviese impecable. Cuando la mayoría de construcción se encontraba limpia, la heredera subió hasta la habitación donde ambos estarían.
Era un cuarto amplio de madera, contaba con una cama, una silla, un ordenador y un gran telescopio. Su particularidad más interesante era el techo, todo el techo estaba hecho de cristal fino y resistente y, al estar en el segundo piso, tenía una vista al cielo nocturno libre de hojas de árboles, podía abrirse con un apagador a modo de observatorio.
Cuando dejo todo eso listo, la heredera se marchó para prepararse mentalmente para lo que iba a pasar, intentando planear todo a la perfección. Con una pequeña ayuda por parte de Blue, Platinum escogió con delicadeza la ropa que usaría para que Diamond se quedara impactado con ella. Era la primera vez que deseaba verse hermosa para él.
Por otro lado, Diamond había encontrado la forma perfecta de celebrarle a su novia. Una sorpresa digna de las estrellas, la cual solo necesitaba ser montada en la habitación donde verían el evento. Por ello tuvo que pedirle ayuda a Maylene y Pearl, lo cuales accedieron con alegría a ayudarlo en su pequeña empresa.
Los tres se vieron a las afueras de la mansión Berlitz, siendo Maylene la que cargaba con una bolsa negra, bastante grumosa, pero increíblemente ligera, mientras que Pearl sostenía otra bolsa más pequeña pero más pesada. Diamond no llevaba nada más que su ropa puesta; unos pantalones azules, una camisa de vestir gris y una chamarra color kaki, además de su clásica gorra.
—Entonces, a las once cuarenta convenzo a Platinum que salga, entonces ustedes la distraen y yo monto todo esto —dijo Diamond a sus amigos.
—Así es, tienes que ser rápido, Diamond —mencionó Maylene
—Diamond, sé que tu especialidad no es la velocidad, pero trata de ser rápido. No creo soportar tanto a esa chica gruñona.
Fue entonces que el rubio pudo sentir un dolor en el costado de su estómago producto de un golpe de su novia.
—Oye, háblale con respeto, que es mi amiga y la novia de Diamond.
—Ya pues, no es necesario tu violencia —dijo Pearl sujetándose donde había recibido el golpe.
—Creo que estas pagando con ella todos los golpes que me das en los actos de comedia —rio levemente.
—Pero yo no te golpeo tan fuerte —Pearl suspiró—. Bueno, ya son las ocho cuarenta, hazlo ahora, Diamond.
—Cierto, suerte —le deseó Maylene con una sonrisa determinada.
El chico se despidió de ellos y fue hacia la residencia. Después de pasar a seguridad, fue a la mansión de su amada, tocó el timbre y salió el mayordomo Sebastián, quien ya conocía al joven Diamond y lo hizo pasar.
Solo tuvo que esperar tres minutos hasta que la voz de su amada sonó bajando las escaleras.
—Oh, Diamond, ya estoy lista —mencionó feliz la heredera.
—Oh, Platinum, me alegra que...
Diamond se levantó, y al ver a su enamorada se quedó sorprendido.
A pesar de que Diamond la veía siempre con vestidos finos, él siempre se sorprendía de su enorme belleza que ella derrochaba al usarlos.
Llevaba un largo vestido rojo que caía delicadamente hasta sus tobillos. Sus manos estaban cubiertas por unos guantes rojos, de su cuello colgaba un bello collar de diamantes con un colguije en forma de corazón justo en medio de sus pechos y sus hombros eran cubiertos por un velo rojizo transparente.
—Wow —dijo Diamond, completamente sonrojado.
—¿Qué pasa? ¿Me veo mal? —preguntó con curiosidad.
—Por supuesto que no, te ves estupendamente hermosa —dijo encantado, rascándose la nuca.
—Gracias —dijo agradecida y sonrojada—. Tú también te vez muy elegante, como un caballero de los años treinta.
—Gracias —dijo alegremente—. No tenía muchos sacos para ser honesto.
—Bueno, vámonos de una vez, mi padre dice que podemos quedarnos a dormir ahí, la cabaña tiene todos los servicios.
—Vaya, cuando la vi no pensé que tuviera electricidad —sorprendido de aquel detalle—. Bueno, vámonos.
El chico tomó la mano de su amada y ambos se fueron a la cabaña caminando. El camino duro apenas media hora al estar bastante cerca. Por lo que ambos pudieron deleitarse de ver a la Sinnoh nocturna. Cuando llegaron, pudieron apreciar como ya había campamentos a los alrededores de la cabaña.
—Hemos llegado —Diamond parecía bastante emocionado.
—Así es —respondió Platinum, sacando las llaves y abriendo la puerta con la enorme B—. Bienvenido a la cabaña de respaldo de la familia Berlitz.
Platinum abrió la puerta, dejando ver una elegante sala con una chimenea, una cocina y comedores amplios, así como unas escaleras de cuarzo muy elegantes.
—Wow, se ve mucho más pequeña desde afuera —Diamond se encontraba bastante sorprendido de cómo era la cabaña por dentro.
—Ese es el plan, para que pase desapercibido —rio levemente Platinum—. Bueno, el evento no empezara hasta las dentro de 2 horas, así que, ¿qué propones hacer? —sentándose en el gran sofá rojo.
—Ya se, cocinare unos bocadillos para la ocasión —respondió alegremente Diamond dirigiéndose a la cocina.
—Genial —Platinum pareció emocionada por la idea—. La cocina esta al fondo, hay bastantes ingredientes, y si necesitas ayuda puedes llamarme.
—No te preocupes, puedo con ello solo —Diamond sonrió alegremente, quitándose la chamarra—. Estaré por allá.
Diamond se aventuró hacia la enorme cocina, la cual contaba con una enorme puerta de cristal corrediza que daba al bosque. Aquello fue de gran ayuda, pues el chico pudo salir y tomar las cosas que sus amigos llevaban consigo para meterlas dentro de la cocina, ahora solo debía esperar a que Platinum se fuera para empezar su plan.
Por el momento, el chico debía ejecutar el primer plan; la cena. La bolsa pesada que cargaba Pearl tenia dentro de ella alguna comida e ingredientes ya preparados para facilitarle a Diamond la elaboración de su cena; papas horneadas en salsa de baya Higog, agua de baya Oran y el espectacular "Pie Berlitz". El pie en cuestión no era otro que él mismo que Diamond le había dado cuando ganó su primer concurso, es por ello que lo había bautizado con el nombre de su amada.
Luego de una hora y quince minutos, la comida estaba lista, por lo que el chico se comenzó a servir la comida y ponerla en la elegante mesa del comedor.
—Platinum, por favor pasa a la mesa, la cena está servida —anunció el chico, emocionado.
—Oh claro —Platinum cerró el libro que estaba leyendo y fue al comedor.
Los ojos de Platinum se deleitaron al ver lo que le esperaba. La enorme bandeja de las papas horneadas descansaba en la mitad de la elegante mesa de cristal, siendo escoltada por una gran jarra de agua fresca y algunas guarniciones.
—Por Arceus, Diamond, ¿cómo lograste hacer todo esto en tan poco tiempo? —preguntó Platinum, completamente sorprendida.
—Conozco algunos trucos para acelerar las cosas —admitió con ligero nerviosismo.
—Wow, te superas a ti mismo en cada comida —la chica se acercó y le dio una olfateada a las papas, las cuales desprendían un arroma que deleitaba las papilas de Platinum—. Por Arceus, huelen igual a las que prepara mi madre.
—Gracias, sabía que te gustaría —Diamond se acercó a una silla—. Llevo meses intentarlo dominarla, aunque aún me falta dominar la salsa.
—Mi madre siempre decía que solo ella era capaz de preparar la salsa de baya Higog.
—Algún día podre dominarla a la perfección, es mi propósito en este año —dijo decidido.
Ambos entonces se sentaron a comer los manjares que Diamond había preparado. Platinum disfrutó de sobremanera las papas, sabían mucho mejor de lo que olían, haciéndole comer un poco más de la cuenta. Diamond por su parte sonrió alegremente al ver como Platinum comía sin preocupaciones. Verla feliz le hacía esbozar una gran sonrisa.
Luego de terminar de comer, Diamond se retiró a la cocina, dejando confusa a Platinum. Para fortuna del chico, el postre estaba listo para ser degustado. Cuando volvió, le mostró en bandeja de plata aquel delicioso Pie Berlitz.
—Por Arceus, ¿enserió? —preguntó, genuinamente sorprendida—. No creí que pudieras.
—Existen algunos milagros, supongo —admitió Diamond alegremente—. Vamos a comer.
Sirviendo, Diamond le dio a su amada su rebanada de pie. Platinum no pudo evitar sonreír de alegría al ver aquel postre y comenzar a comerlo. Sabia tan delicioso y dulce como aquella vez.
—Sabes, Diamond, siempre que pruebo el pie me acuerdo de ese día —mencionó Platinum con un tono nostálgico—. Estaba desesperada, no sabía cómo seguir después de que esas tipas me arruinaron. Pero entonces llegaste tú, con este mismo pie, unos cuantos consejos y muchos ánimos. Me animaste a seguir como nadie jamás lo había hecho, y mira, gane el concurso, gracias a la motivación que tú me diste —al estar al lado de su amado, Platinum tomó su mano—. Debo confesar que desde ese día me empecé a enamorar de ti, de tu forma de actuar, de tu bondad, amabilidad, inteligencia, de tu forma de tratarme y de confiar en mí, esa forma que tienes de poner la mejor cara en los momentos difíciles —la chica puso su cabeza en su hombro—. Muchas gracias, Diamond, gracias por estar a mi lado y apoyarme, eres lo mejor que me ha pasado.
Diamond se sonrojó demasiado al sentir las cálidas y extremadamente raras palabras de Platinum, rara vez ella era romántica, y Diamond no sabía que decir ante tales palabras.
—Platinum, no tienes que agradecerme nada. Yo soy el que te debe agradecer, tu eres la primera chica por la cual he experimentado este sentimiento que tengo en mi corazón, eres la persona con la cual puedo expresar mis verdaderos sentimientos, emociones, formas de pensar, todo, ni siquiera con Pearl eh tenido esa confianza, como cuando estábamos en ese lago hace años —Diamond acarició levemente el cabello de su novia—. Te amo.
Ambos se quedaron en esa posición un largo rato, sintiendo el calor del otro de una manera muy amena y tranquila. Se sentían bien, era un momento de paz y tranquilidad para ambos.
Cuando se separaron, ambos terminaron su pie y Diamond llevó los platos sucios al lavabo para empezar a lavarlos. Cuando el chico llegó a la cocina se dio cuenta que la hora acordada estaba a punto de llegar, por lo que debía moverse rápido para mandar a Platinum al patio.
—Diamond, deja los platos, mañana los lavamos —dijo Platinum—. Vayamos al cuarto.
—Claro, señorita —Diamond se puso a pensar en algo, hasta que vió el baño—. ¿Podría ayudarme con algo? —preguntó, comenzando a moverse de manera agitada hasta el baño.
—Claro, ¿Qué necesitas? —preguntó, curiosa.
—Veras, en el patio deje mi billetera, ¿podrías ir por ella? Es que tengo que ir al baño.
—Está bien —Platinum aceptó un poco confusa.
Ella nunca lo había visto en el patio, pero accedió al ver a Diamond entrando al baño. Diamond no cerró la puerta y espero a que la chica saliera, momento en el cual aprovecho y salió para tomar las bolsas de la cocina y llevarlas al cuarto. Para su fortuna, la chica no había salido por la cocina.
—Veamos donde la habrá dejado —dijo fastidiaba Platinum mientras buscaba en los alrededores del patio.
Pearl y Maylene se dieron cuenta de su presencia y empezaron el plan. Sin embargo, ambos se habían distraído lo suficiente como para no haber planeado absolutamente nada. Peleando por lo que deberían hacer, Maylene simplemente golpeó a Pearl hacía el patio.
—Hola, Pla-Platinum —dijo nervioso Pearl.
—Oh, hola, Pearl, no te había visto —la heredera se sorprendió de ver al rubio por ahí—. ¿Qué haces por estos lares?
—Buscó a Maylene, venimos a ver el evento estelar, pero se perdió. Ya sabes que es un poco tonta para eso de ubicarse —Pearl rio de manera nerviosa, rascándose la cabeza
—Agradece que ella no está cerca, podría golpearte si te oye decir eso.
—Vamos, ella no es agresiva, solo un poco brusca.
—Un poco —Platinum se cruzó de brazos y arqueó la ceja—. La última vez que vino a mi casa rompió un peluche solo porque perdió su equipo de baloncesto favorito.
—Bueno, es algo fuerte, pero es muy buena chica —el rubio deseaba dejar el tema de su pareja antes de que algo peor le pasase—. ¿Y tú que haces por acá?
—Tengo una cita con Diamond, solo que me pidió que buscara su cartera, pero no la veo por ningún lado de este pastizal.
—Tú sabes cómo es él, pierde todo, es muy olvidadizo.
—Cierto —suspirando en forma de derrota—. Bueno. creo que subiré y le diré que no la encontré...
—¡No, espera! —gritó Pearl al ver a Platinum que se estaba marchando.
—¿Qué pasa? —le preguntó de manera asustada.
—Deberías buscar mejor, quiero decir, Diamond tal vez necesite mucho su cartera, en cualquier momento puede que necesite dinero para un juego en oferta que encuentre.
—No te preocupes, si encuentra algo interesante puedo comprárselo, ese no es problema...
—Es más, yo te ayudare a buscarla.
Pearl saltó la valla y empezó a buscar, a lo que Platinum también buscó, algo fastidiada. El rubio debía mantenerla la mayor cantidad de tiempo posible distraída hasta que Diamond le diese una señal desde la ventana, así que empezó a fingir buscar dicho objeto. Logró gastar un montón de tiempo hasta que Platinum lo detuvo.
—Ves, te dije que no había nada —reclamó, cansada.
—Tiene que estar por aquí, hay que seguir buscando —dijo Pearl, tratando de convencerla.
—Olvídalo, iré a decirle que no la encontré y...
—¡Te encontré! —grito una chica que venía hacia las vallas.
Maylene decidió salir cuando vio que Pearl no podía controlarla.
—Oh, Maylene, Pearl te ha estado buscando —le dijo Platinum al ver a su amiga.
—Por Arceus, Pearl, te dejó por un momento y ya estas ligando con Platinum.
Ambos se quedaron muy sorprendidos y desconcertados.
—No, Maylene, estas malinterpretando las cosas —dijo Platinum asustada.
—No tienes que explicarme nada, se cómo es Pearl, desde que se juntó más con Gold se volvió más promiscuo —reclamó, fingiendo enojo y cruzándose de brazos—. Ni siquiera a la novia de tu mejor amigo puedes respetar.
—No es eso, es que Diamond perdió su cartera y él me está ayudando a buscarla...
—No le expliques nada Platinum —Pearl fue hacía Maylene, con una cara fingida de enojo—. Tú eres la celosa neurótica, te vi perfectamente cómo le hacías ojitos al chico nuevo del gimnasio.
—Eso no justifica la vez que te le quedaste viendo a los pechos de Candice —le recriminó.
Platinum se sentía demasiado incomoda estando en una pelea de pareja ajena.
—Mujer, ves cosas donde no hay nada, además eso no justifica la cita secreta que tuviste con Volkner.
—Te he dicho mil veces que era una reunión de líderes, además tú tienes en tu teléfono fotos de Blue y Sapphire semi desnuda, ¿qué respondes a eso?
—Son fotos artísticas, sabes que quiero ser fotógrafo.
—¡Ya basta ustedes dos! —gritó Platinum enojada— Miren, no sé cuántos problemas tengan en casa, pero esta no es manera de hacerlo —la heredera se acercó hacia Maylene—. Pearl solo me ayudó a buscar algo que no encontré, así que por favor vayan a solucionar sus problemas a otra parte.
Pearl y Maylene se quedaron callados al ver a su amiga enojada, paralizados, hasta que pudieron ver a Diamond por la ventana diciéndoles que ya estaba listo.
—Tienes razón, tal vez exageramos —mencionó Maylene, avergonzada.
—Cierto, después de todo nos amamos, anda ven pequeña nuez —dijo de manera cariñosa el rubio, acercándose a Maylene.
Pearl saltó la valla, tomó el rostro sorpresivo de Maylene y la besó con fuerza. Aunque confundida, el beso de Pearl era tan profundo que la chica comenzó a abrazar la espalda de su enamorado mientras se concentraba tanto en él que ambos cayeron al suelo.
Platinum se puso roja al verlo hacer eso frente a ella. Fue entonces que recordó lo que tenía que hacer esa noche. Suspirando, la chica dejó solos a sus amigos, momento que fue apreciado por Pearl, el cual se despegó de Maylene.
—Ya se fue.
—Si —la cara de Maylene era completamente roja—. Qué tal si vamos a mi casa, es de noche y no hay nadie en mi casa —dijo nerviosa y excitada.
—Oh, Maylene, será un placer.
Ambos se levantaron y se fueron a la casa de la chica, deseando buena suerte a su amigo.
Platinum, confundida, entró finalmente a la cabaña y miró a Diamond saliendo del baño.
—Lo siento, Diamond, no encontré tu billetera —le informó de una manera confusa—. Además, creo que encontré a Pearl y Maylene algo ocupados.
—Oh, no sabía que estaban aquí, deben haber venido a apreciar el espectáculo —sonriendo, el chico se acercó a su enamorada—. No te preocupes por la billetera, la buscare luego, antes que nada me gustaría que te pusieras esto.
Diamond saco un pañuelo rojo y se lo mostró a Platinum. La chica miró con curiosidad el objeto y cuando Diamond lo acercó a su rostro, ella aceptó ser vendada.
—Diamond, ¿para qué es todo esto? —preguntó curiosa.
—Tú tranquila, ya lo veras.
Diamond tomó a su novia de los hombros y la guio para que pudiese subir las escaleras sin problemas, atravesar el pasillo y entrar lentamente a la habitación destinada para ver el espectáculo. Una vez dentro, Diamond cerró la puerta y con delicadeza le quitó el pañuelo.
—Ahora abre los ojos —dijo risueño.
Platinum entonces abrió los ojos, para ver la pequeña sorpresa que Diamond le había hecho.
Un gigantesco papel tapiz cubría una parte de las paredes, era un gran dibujo que hacia semejanza al espacio exterior, con estrellas, galaxias agujeros negros e incluso supernovas.
Del techo de vidrio colgaban la mayor parte de planetas del sistema solar hechos con hielo seco, que emitían una tenue luz y la lámpara que iluminaba la habitación tenía una esfera gigante de aspecto al sol, incluso en la mesa donde estaba el ordenador estaba una nave espacial, y un pequeño hombrecillo con la bandera de Sinnoh.
—¡Feliz aniversario, Platinum! —dijo tiernamente en el oído de su novia.
—Por Arceus, Diamond, esto —Platinum se mantenía impactada de todo lo que estaba viendo, acercándose a su cama y observando la figura del planeta tierra.
—Perdón por no terminar de decorar la pared, digamos que tuve algo de problemas con mover algunos muebles y eso...
—Es hermoso —los ojos de Platinum se iluminaron, parecían brillar. De inmediato, la chica fue hasta su novio y lo abrazó con fuerza.
—No puedo llevarte al espacio verdadero, pero al menos puedo intentar emularlo —rio sonrojado.
—No importa, esto es hermoso, y más si estoy contigo —Platinum dejo de abrazar a Diamond y lo miró a los ojos—. Te amo.
—Yo también te amo.
Diamond y Platinum lentamente acercaron sus labios, hasta al final sentirlos tocándose entre ellos, en una pequeña danza mutua y pasional, durando más de un minuto, hasta que sus reacciones naturales les pidieron más oxígeno.
—Estoy feliz de estar a tu lado —la cara de Diamond estaba roja como un tomate.
—Yo también, nunca me arrepentiré de estar junto a ti —Platinum parecía querer llorar de emoción, su voz estaba a punto de quebrarse de la felicidad que sentía.
Diamond sonrió de sobremanera al verla así. Platinum se encontraba demasiado alegre, y eso le hacía sentirse genial. Su felicidad era su maldita felicidad. Luego de otro fuerte abrazó, el chico miró al cielo y notó algo muy curioso.
—Platinum, mira —Diamond apuntó hacia el cielo.
De lo que no se percataron es que había comenzado el espectáculo de la lluvia de estrellas. Podía verse desde la cabaña como los pequeños meteoritos caían a la tierra, mientras que dos grandes puntos estaban cerca de la luna. Platinum fue al telescopio y lo puso en posición, para posteriormente conectarlo al ordenador para que este transmitiera la imagen. Se podía ver a la luna en cuarto creciente, y al lado Marte y Venus en miniatura.
Ambos se quedaron asombrados viendo la imagen y se sentaron en la cama mientras podían ver la lluvia de estrellas sobre sus cabezas.
—Vaya, es un espectáculo asombroso —menciono Diamond, mirando hacía el techo
—Así es —Platinum también miraba de forma emocionada—. Sabes, el color de los meteoritos depende de su composición, ya que al reaccionar con las moléculas de la atmosfera toman ese color.
—No lo sabía, es hermoso, y lo mejor es que puedo compartirlo contigo.
Diamond tocó la mano de Platinum y ambos se sonrojaron.
Platinum entonces sintió que ya era la hora. Su corazón comenzó a latir muy fuertemente, sus labios se secaron y sus ojos se dilataron, sintió una extraña sensación dentro de ella, sintió como su alma ardía, necesitaba de su alma gemela, y estaba al lado suyo. Ella sabía que pasaría esto, después de todo era el plan, pero se sentía nerviosa. Sin embargo decidió desactivar su cerebro un momento, dejar que sus emociones, instintos y alma tomaran el control.
Giró suavemente la cabeza de Diamond y choco sus labios con los suyos, Diamond solo correspondió, sonrojado, mientras Platinum puso sus manos en la cintura del chico y este en los hombros de ella.
Lentamente ella se acercó más a él y sin detener el beso lo tiro en la cama poniéndose esta arriba de él y siguiendo el beso, pero Diamond interrumpió.
—Pla-Platinum ¿Qué haces? —preguntó, nervioso y sonrojado.
—No te preocupes, solo déjate llevar.
Platinum volvió a besarlo lenta y apasionadamente, quería sentir su cuerpo, ese cuerpo que apenas hace unos días le parecía tremendamente atractivo, quería sentirlo, pero no solo su cuerpo, si no su espíritu, quería que sus almas se tocaran y fusionaran en una sola, después de todo había dejado que esta tomara el control de su cuerpo.
Diamond solo puso sus manos la cintura de la chica, disfrutando de su hermoso beso que comenzó a subir de nivel al este introducir su lengua en la boca de su enamorada como reacción natural del placer que estaba sintiendo. Sus dos lenguas jugaban entre ellas y se entrelazaban como una cadena de ADN, mientras que en la habitación aumentaba la temperatura.
Diamond entonces comenzó a sentir un cosquilleo en su entrepierna, era claro lo que estaba pasando. Sin embargo, estaba confundido, sentía lo mismo que Platinum hace unas noches, a pesar de que él no estaba tan alejado de la sexualidad, siempre la mantenía alejada de su concepto de Platinum, pero ella estaba haciendo eso, ella tenía la iniciativa, rompiendo con toda lógica que este se había planteado en la cabeza, hasta que recordó la conversación que había tenido con Pearl en el centro comercial, y también las palabras que le dijo alguna vez Gold e incluso la misma Platinum le había dicho hace unos instantes. "Déjate llevar". Así que decidió hacerlo, dejó que sus instintos tomaran el control, después de todo tenía la autorización de Platinum para poder hacerlo.
Diamond bajo más sus manos, solo para meterlas en el vestido de la chica y acariciar su espalda, era firme y lisa, sentirla era un placer casi de los dioses.
Platinum solo respondió empezando a acariciar su pecho, quería sentirlo por fin. Con lentitud fue desabrochando la camisa de vestir del chico, sin dejar de besarlo, hasta que este se vio libre de ella. Por fin pudo sentirlo, estaba demasiado caliente por su protección de ropa y la intensidad del momento. Poso sus manos en su estómago y su pecho y empezó a acariciarlo, el calor que le irradiaba era como la de un sol a algún planeta congelado, que le descongelaba aquella parte que toda mujer tiene pero Platinum había tenido guardado, la pasión y la sensualidad.
Platinum interrumpió el fructuoso beso, se levantó y se puso de espaldas, mientras veía al cielo y se quitaba su vestido, a la par que Diamond se despojaba por completo de su camisa, pero su mirada se mantenía fija en la espalda de Platinum, era hermosa, firme y tan blanca como la nieve. Era como una foto negativa del universo, y la línea que posaba a tres cuartos de su espalda, como el trópico de cáncer, empezó a caer al suelo.
—Platinum, tu espalda es hermosa — dijo tiernamente.
Platinum, con el rostro completamente rojo y cara excitada, volteo sin su brazier, dejando ver sus pequeños y frágiles pechos. Diamond no pudo dejar de verlos, eran hermoso, dos hermosas lunas gemelas en el espacio que representaba todo su torso.
Ella volvió a besarlo con la misma pasión que antes, este correspondió, para después empezar a sentir su cuerpo con sus labios, besando su cuello, bajando a sus hombros y finalmente besando sus pechos.
Ella sentía con cada beso suyo como su alma se exaltaba, sus gemidos representaban como lo estaba gozando, como pedía más, pero a la vez disfrutaba el momento pasional que sentían, lo envolvió s´con sus brazos, mientras el subió de nuevo a su boca para seguir con aquel jugueteo.
Platinum podía sentir como su parte intimida estaba lista para seguir al siguiente nivel, mientras que el miembro de su novio golpeaba ligeramente aquella zona, provocándole pequeños gemidos. Sus almas estaban listas para unirse, sus instintos lo pedían a gritos.
Platinum empezó a desabrochar el pantalón del chico, bajándolo lentamente, y quitarle su bóxer, dejando su miembro erecto al descubierto, quien lo tomó entre sus manos, mientras procedía a quitarse sus bragas rojas
—Oye, ¿estas segura de esto? quiero decir, no tengo protección y...
Platinum lo interrumpió poniendo su dedo en su boca y exclamó
—No te preocupes, tome las medidas adecuadas, solo disfrútalo.
Diamond asintió aún muy rojo, mientras que la Platinum aún más roja se despojó de su última prenda, se acostó sobre su pareja y empezó su ritual.
—Diamond, por favor se gentil, por favor.
—Cla-claro —respondió, nervioso.
Diamond entonces comenzó a introducir su miembro en la intimidad de su amada. Lo hacía de manera lenta y calmada, no quería dañar a Platinum, trataba aquella operación como si tuviese que abrir un huevo. Platinum solo sentía como Diamond entraba en su ser, en la ventana de su alma, dio un gemido un poco fuerte, y Diamond solo se detuvo, además de denotar que salía un poco de sangre de ella.
—Platinum te estoy lastimando, no es necesario que.
—No te preocupes, es algo natural, quiero hacerlo, solo no te detengas —lo interrumpió.
A pesar de todo, el instinto protector de Diamond aún seguía activo, pero las palabras de Platinum, lo apagaron por algunos minutos.
Diamond entonces prosiguió, a decir verdad, nunca creyó que los miles de consejos de Gold le fueran útiles, pero increíblemente le estaban sirviendo en esta ocasión, aunque también sus instintos le ayudaban. Entro más a dentro, hasta lo profundo de su ser cuando sintió que llego a su límite.
Entonces empezó con suaves y lentas embestidas, mientras Platinum gemía por la excitación que sentía, pero no eran gemidos de su cuerpo, eran de su alma, por fin podía encontrarse con su alma gemela, con la que necesitaba, solo les faltaba unirse. Abrazó a Diamond por la espalda y apoyó todo su peso en su pecho, dejándole a él tomar el control.
El chico deslizó sus manos por su curvilínea cintura y tocó son redondeadas asentaderas, apretándolas ligeramente para tomar el control de que tan rápido iba en aquel acto que ambos estaban disfrutando.
Luego de un rato, Platinum decidió cambiar de posición, poniéndose esta debajo de Diamond mientras se mantenía conectado a ella, fundiéndose como dos metales preciosos. Ambos se miraron directamente, estaban sonrojados, excitados y sudados, estaban disfrutando de aquello.
Platinum, con algo de agresividad, usó sus piernas para aferrarse a las caderas de Diamond, deseaba tenerlo aún más cerca. El chico respondió aumentando ligeramente la velocidad y decidiendo probar una vez más aquellas lunas gemelas, provocando que las uñas de Platinum comenzaran a clavarse en su espalda.
—Pla-Platinum, te amo.
—Y-y yo a ti, Dia —dijo Platinum, abrazándose y aferrándose a él.
Fue entonces que pudo ver la bóveda celeste, observando a Marte, Venus y la Luna. Esos tres astros eran los testigos de cómo estas dos almas se entregaban el uno con el otro, de cómo se unían en un ritual sagrado, que la mayor parte de la humanidad solo entendía como "una pagana entrega carnal". Pero era para ellos era una muestra de amor que iba más allá del sexo, más allá del bien y el mal.
Diamond entonces levantó a la chica, para que ambos se sentaran sin romper su unión, y enrollarse con sus piernas, la misma posición que Pearl le recomendó, y efectivamente comprobó lo placentero que se sentía.
Platinum sentía como sus almas se unían cada vez más y más. Como aquellas emboscadas la llevaban cada vez más y más a este estado mental que tanto había deseado. Donde se desprendía de su propio ego y, junto a Diamond, se volvía uno con el cosmos.
Cerró los ojos de la excitación, y al abrirlos, pudo ver como parecía que las estrellas de la pared brillaban más, como las galaxias parecían moverse, como las explosiones de rayos gama parecían viajar por toda la pared, y vio que encima de sus cabeza, reposaba Saturno y la Tierra, quienes parecía estar girando, al igual que los otros planetas que colgaban del techo. Platinum y Diamond ya no se sentían en esa habitación, en esa región, ni siquiera en ese planeta. Ellos se sentían que estaban en medio del gigantesco espacio, y no era para menos, sus almas estaban uniéndose en un solo ser, uniéndose en la complejidad del universo y sellando su amor ante el cosmos.
Diamond continuó con sus embestidas que estaban un poco ralentizadas por la posición, pero no impedía la excitación que tenía, estaba llegando al clímax.
Platinum sentía como ella también estaba llegando a su límite, vio a Diamond y el la vio, sabían lo que pasaría, y se besaron para sellar el ritual.
Entonces pasó, pudo oírse un enorme gemido en los cuerpos de los dos que no pudo salir al exterior. El pacto se había sellado, Diamond finalmente había dejado su esencia material en ella, y la esencia de ella también salió, combinándose ambas, que sellaba el pacto de estos dos mortales con el cosmos, sus almas se habían vuelto una sola, estaban satisfechas.
Ambos cayeron agotados a la cama, mientras veían como lo que parecía ser el espacio exterior, volvía a ser aquel papel que Diamond había puesto.
Diamond salió de ella, mientras los dos se dejaron de besarse, para verse detalladamente. Estaban ahí los dos, desnudos, mirándose, impactados por lo que había pasado, tan rojos como un tomate, y tan calientes como un sol...
—Te amo —dijeron los dos al mismo tiempo, mientras volvieron a darse otro pequeño beso más tierno.
Una vez calmados los instintos, ambos volvieron a tomar el control, ya podían pensar sin que esos instintos los quemaran por dentro.
—No puedo creer que lo hayamos hecho —dijo Diamond agitado—. Fue algo fantástico.
—Lo sé, no podía soportarlo más, pero al final los resultados fueron espectaculares —menciono Platinum quien se levantó y pudo sentir como la habitación comenzaba a tornarse más fría—. Necesito mi vestido.
Ambos decidieron cambiarse para protegerse del frio, pues el calor emanado de sus cuerpos comenzaba a desvanecerse. Mientras lo hacían, Diamond pudo observar algo curioso en el monitor.
—Mira Platinum.
Platinum fue a observar. Marte y venus estaban más juntos, mientras que la luna estaba debajo de ellos y pareciese que brillaba más.
—Parece que marte se movió hacia venus, es interesante —dijo la chica con unas sábanas—. Bueno, será mejor que nos cobijemos.
—¿Dormiremos aquí? —preguntó Diamond, confuso.
—Sí no te preocupes, mis padres pensaran que dormimos en camas separadas —respondió alegre Platinum—. Además, después de esto, creo que no importa que dormimos juntos, ¿no te parece?
Diamond rio levemente apenado, no había caído en cuenta que después de lo que habían hecho, aquello ya no era tan impactante. Entonces ambos se acostaron en la cama, se cubrieron con la sabana y se quedaron viendo a los tres astros en el cielo.
—Sabes algo, en la mitología romana, marte es el dios de la guerra, y venus la diosa del amor, ambos eran amantes —mencionó Platinum, quien se acurruco en el pecho de Diamond.
—No lo sabía, que curioso —respondió viendo los planetas—. Aunque, parece que ellos 2 son los únicos testigos de esto, ¿no es una curiosa coincidencia?
—Lo es, a decir verdad —Platinum se acercó a los labios de Diamond y lo besó una última vez—. Buenas noches, Diamond, te amo.
—Buenas noches, Platinum, yo también te amo —dándole un tierno beso en la cabeza.
Y ambos se quedaron dormidos, dejando a esos tres astros como testigos de lo acontecido, de la unión de amor de sus espíritus, algo que trascendía más haya de todos los conceptos y planos del ser humano. No fue solamente un simple acto carnal, fue un ritual espiritual, una unión y un amor, de ellos para el cosmos, fue algo, más allá del sexo.
