Romeo y Julieta 1/2
Respectivos disclaimers a William Shakespeare y Rumiko Takahashi. Esta obra es puramente con fines de entretenimiento y no persigue ninguna ganancia material.
Nota de la historia: Escribí los primeros capítulos de esta historia en 2004, aunque únicamente hasta ahora me decidí a hacerlos públicos o a terminar de escribirla. Espero que en estos once años a nadie se le haya ocurrido la misma historia.
Sinopsis:
¿Qué sucedería si los Saotome y los Tendo en lugar de ser amigos fueran enemigos? Una historia completamente diferente, pero con un final absolutamente feliz.
Dramatis personae:
Happosai, príncipe de Nerima.
Kuchou Kuno, Ministro de Educación de Nerima, de familia noble y pariente del anterior.
Tatewaki Kuno, joven de familia noble, hijo del anterior y pariente de Happosai.
Genma Saotome, jefe de la familia Saotome, enemigos de los Tendo.
Soun Tendo, jefe de la familia Tendo, enemigos de los Saotome.
Ranma Saotome, hijo de Genma.
Mousse (Mu Tsu), pariente del príncipe y amigo de Ranma.
Ryoga Hibiki, primo de Ranma.
Ryu Kumon, sobrino de la condesa Tendo.
Dr. Tofu Onno, quiropráctico de Nerima.
Sasuke y Gosunkugi, instructores del dojo Saotome.
Hiroshi y Daisuke, instructores del dojo Tendo.
Nodoka, condesa Saotome.
Naoko, condesa Tendo.
Kasumi, hija mayor de los Tendo.
Nabiki,segunda hija de los Tendo.
Akane, hija menor de los Tendo.
Ukyo Kuonji, joven de la que está enamorado Ranma.
Kodachi Kuno, hija de Kuchou Kuno y hermana de Tatewaki.
Akari Unryu, joven de la alta sociedad de Nerima.
Cologne (Koh Long), ama de Akane.
Shampoo (Xian Pu), bisnieta de Cologne.
Primera parte
Prólogo
De un raudo río allá en la orilla amena,
en la bella Nerima,
lugar de nuestra escena,
de dos familias, en nobleza iguales,
el odio antiguo en nueva lid se encona,
y en discordia civil sus ciudadanos
con sangre tiñen sus civiles manos.
De las entrañas de estos dos rivales
nacen dos malhadados amadores,
cuyas desdichas y funesta suerte
entierran con su muerte
la enemistad fatal de sus mayores.
De su pasión la historia desdichada,
la saña de sus padres enconada,
que con la muerte de los propios hijos,
y entre duelos prolijos,
término sólo halló, por horas cuatro
el objeto será de nuestro teatro.
Y si el senado ilustre a bien tuviere
prestar a todo oído bondadoso,
procuraremos con afán celoso
las faltas enmendar que ello hubiere.
Capítulo 1: Saotomes vs. Tendos
Los pasos de dos personas, confundidas entre la ligera bruma matinal, resuenan en las calles que bordean la plaza pública de Nerima. Es aún temprano por la mañana, y la plaza está vacía. Son los dos instructores del dojo Tendo, Hiroshi y Daisuke, los que han llegado a la plaza, cada uno armado con su respectiva katana, aunque al parecer éstas no bastan para infundirles tranquilidad en esa desapacible mañana de invierno. Ambos miran nerviosamente em todas direcciones al caminar, como si esperaran ve surgir un enemigo de cada esquina.
-Estoy seguro de que terminarán por descubrirnos-susurra Hiroshi.
-No seas cobarde- le reconviene el otro.-Tenemos una misión que cumplir, Hiroshi, y no pararemos hasta derribar a los Saotome.
-La pelea es entre nuestros amos, no entre nosotros, los instructores- masculla Hiroshi entre dientes.
-Formamos parte de la escuela Tendo, ¿lo olvidas?
-Sí, es cierto, pero... ¡Espera, Daisuke! ¡Allá vienen los del dojo Saotome!
Efectivamente, son Sasuke y Gosunkugi, los instructores de la escuela Saotome, acérrima rival de la escuela Tendo, quienes se acercan a la plaza. Nadie en Nerima ignora la enconada rivalidad entre ambas escuelas, ambas luchando por la supremacía en Artes Marciales de Estilo Libre, y ambas con igual mérito para apoyar su pretensión. Los cuatro instructores detienen sus pasos al quedar frente a frente.
-Vaya, vaya. Mira, Gosunkugi. Nada menos que los instructores Tendo- inicia Sasuke con voz burlona.
-¿Quieren pelea?- desafía Daisuke, adoptando una feroz pose de lucha.
-¿Con ustedes?- ríe Sasuke con desprecio.-No pierdo mi tiempo.
-¡Defiéndanse, si es que son hombres!- Temblando de rabia, Hiroshi desenvaina su katana y se dispone a atacar a sus rivales. Sasuke y Gosunkugi también desenvainan sus armas, y la plaza antes silenciosa se llena del ruido metálico de las hojas de acero bruñido al chocar entre sí, y de las maldiciones y gritos de batalla de los combatientes.
-¡Basta!- Repentinamente, una voz resuena en la plaza, con tal autoridad y firmeza que los cuatro instructores, sorprendidos, suspenden momentáneamente su pelea y se vuelven hacia la persona que acaba de entrar en escena. Con su eterna mochila a cuestas, y la bandana amarilla adornando su cabello, es Ryoga Hibiki quien camina con paso decidido hacia los instructores.
-Tranquilos, hombres. Es muy temprano para pelear, ¿no creen?
Sonriendo ligeramente, con suavidad les quita las katanas a los cuatro instructores, que, asombrados, no oponen ninguna resistencia. Todos conocen perfectamente el nivel de luchador que tiene Hibiki, y que en toda la ciudad sólo su primo Ranma, el primogénito de los Saotome, le aventaja. Y aún así, la diferencia entre los dos es casi imperceptible. No hay artista marcial en Nerima que no respete a Ryoga Hibiki. Ryoga coloca las armas a sus pies, une las palmas de sus manos en un ademán de profunda concentración, aspira hondo, y con un movimiento raudo y eficiente, se inclina hasta tocar con un solo dedo extendido un punto particular de las espadas, mientras exclama:
-¡Bakusaitenketsu!
Súbitamente las espadas estallan en una pequeña explosión de astillas y esquirlas de metal que se depositan suavemente en un inofensivo montón a sus pies. Ante esta increíble demostración de poder, los cuatro instructores guardan un respetuoso silencio.
Silbando levemente entre dientes, Ryoga se dispone a proseguir su camino, dejando a cuatro embelesados instructores contemplando sus armas rotas, cuando otra voz resuena a sus espaldas en el renovado silencio de la plaza.
-¿Peleando contra simples instructores, Hibiki? Vuélvete y contempla cara a cara la muerte que te espera.
-¡Ryu Kumon!- Con movimientos lentos y deliberados, Ryoga se vuelve hacia el inesperado retador, un pariente de los Tendo. En la ligera sonrisa que aún conserva en los labios, se lee la glacial indiferencia que le inviste su superioridad consciente como artista marcial. Ryu Kumon es poderoso, quizá lo suficiente para darle pelea, pero no basta para no poder vencerlo sin problemas.- No me interesa pelear contigo. Déjame en paz.
Pero Ryu Kumon no se irá sin obtener lo que ha venido a buscar. Y sabe que la única manera de hallar reconocimiento como artista marcial consiste en luchar y vencer. Con una sonrisa de desprecio torciéndole los apretados labios, Ryu avanza hacia su enemigo, con la katana desenvainada por delante.
-¿Dejarte en 'paz'? Detesto esa palabra, tal y como detesto a todos los Saotome, incluyéndote a ti. ¡Defiéndete, cobarde!- y al decir esto, se lanza a fondo hacia Ryoga.
-¡Tú lo pediste!- Ryoga arroja a un lado su mochila y enarbola su legendaria sombrilla, que nadie sino él puede manejar con tal maestría. Ambos se traban en un mortal cuerpo a cuerpo, en el que sólo se escuchan sus jadeos y el ocasional choque de la katana de Ryu y la sombrilla de hierro. Este combate es muy diferente del que Ryoga ha detenido sólo unos momentos atrás. No es el orgullo entre miembros de dos dojos rivales el que los motiva a atacarse uno al otro sin cuartel. Es odio puro y genuino el que arde en las pupilas de Ryu Kumon, y que encuentra su contrapartida en los ojos encendidos de Ryoga Hibiki. Los cuatro instructores parecen al fin despertar de su trance al ver luchar a sus respectivos amos, y nuevamente se enzarzan en furioso combate. A falta de las katanas, sus puños y piernas son armas perfectamente contundentes con las que derrotar al enemigo. Y el ruido de la pelea colectiva acaba de atraer a los habitantes de la ciudad que despierta.
-Otra vez Saotomes contra Tendos. ¡Ojalá se mataran todos entre sí!- exclama un hombre desde su ventana, ajeno espectador de la lucha que se desenvuelve en la plaza, y una multitud se empieza a reunir alrededor, cuando dos automóviles se escuchan llegar presurosos. Cada uno de ellos ha llegado por calles opuestas, pero su destino es el mismo. Sin cuidarse de otra cosa que sus propósitos particulares, los conductores no dudan en estacionarse en lugares prohibidos o en sentido contrario a la circulación. La sorpresa deja a todos sin aliento, cuando las portezuelas se abren casi al mismo tiempo, y los ocupantes de los dos autos descienden, apresurándose a llegar hacia el centro de la plaza. Casi al llegar a donde Ryoga y Ryu, al verlos llegar, han suspendido su combate y se miran entre sí con recelosa desconfianza, los recién llegados reparan por primera vez uno en el otro, y la misma llamarada de odio que ha brillado hace un momento entre
Ryoga y Ryu, se enciende entre ambos al reconocerse.
-¡Genma Saotome!
-¡Soun Tendo!
Las miradas de ambos chocan en el aire como dos espadas. La tensión puede palparse en el aire, al enfrentarse cara a cara los dos rivales en medio de la plaza. Los cuatro instructores corren a apostarse junto a sus amos, y Ryoga y Ryu, caminando lentamente y sin quitarse los ojos de encima, se incorporan también a su respectivo bando.
Lentamente, Soun Tendo y Genma Saotome desenvainan sus espadas, cada uno con la misma sonrisa desdeñosa temblándole en los labios. Los dos grupos de combatientes se disponen a reanudar la interrumpida batalla, pero una voz se deja oír repentinamente.
-¡Viene el príncipe!- En, efecto, el lujoso automóvil del príncipe Happosai ha llegado a la plaza, y con él, el séquito de artistas marciales que se encarga de vigilar la ley y el orden de Nerima.
-¡Armas al suelo! ¡Armas al suelo!- ordena el príncipe con voz autoritaria. Saotomes y Tendos hacen una profunda reverencia, sometiéndose a la autoridad del príncipe de Nerima, y olvidando momentáneamente su mutuo odio.- Muy bien. Ahora escúchenme todos. ¡Ya basta de estas peleas! ¡Dejen de perturbar la paz de Nerima! Si alguna vez vuelven a quebrantar el orden de nuestras calles, responderán de ello con sus vidas. ¡Estamos hartos de todo esto! Ahora, váyanse todos.- Los ojos de Happosai despiden frías llamaradas.
Soun Tendo hace otra reverencia silenciosa ante Happosai, y a una seña suya, Ryu, Hiroshi y Daisuke lo siguen hacia su automóvil. Al pasar junto a su odiado rival, Soun susurra en voz tan baja que sólo éste lo puede oír:
-Volveremos a vernos, Saotome.
-¡Así lo espero, Tendo!- ha contestado Genma con voz estentórea. El príncipe vuelve la cabeza frunciendo el ceño, pero los Tendo se apresuran a subir a su automóvil, y éste se aleja de la plaza, La multitud se ha dispersado ya, y Genma Saotome ordena a sus instructores:
-Váyanse al dojo. ¡Y tengan los ojos muy abiertos!- Sasuke y Gosunkugi obedecen presurosos, y se pierden por una calle lateral.
El príncipe se dirige nuevamente a Genma:
-¡Lo dije en serio, Saotome! ¡Ni una pelea más!- Sin una palabra, Genma se inclina respetuoso hacia Happosai, con la misma reverencia que Soun Tendo hizo unos momentos atrás. Happosai parte de la plaza en su automóvil, mientras su séquito se dirige también a sus respectivos vehículos. Sólo Ryoga Hibiki y Genma Saotome han quedado en la plaza ya desierta.
-Muy bien, querido sobrino. ¿Qué sucedió aquí?- demanda Genma, ya más tranquilo.
-Una tontería, como siempre, tío. Cuando llegué, encontré luchando a los instructores. Detuve su pelea, y en ese momento llegó Ryu Kumon, retándome a pelear. Eso es todo.
-¡Malditos Tendos!- exclama Genma, apretando los puños, cuando una suave voz de mujer se oye, haciéndolos voltear.
-¿Ryoga?- Es Nodoka Saotome, quien ha permanecido dentro del automóvil estacionado, y que sólo ahora que la paz ha renacido ha descendido del auto, dirigiéndose a su sobrino.- ¿Ryoga? ¿Has visto a Ranma hoy? Gracias al cielo que no intervino en esta pelea, pero estoy preocupada por él. ¿Sabes dónde está?
-Lo vi en los Jardines Imperiales poco antes del amanecer, tía, cuando fui a correr como acostumbro.
-¿Ranma estaba en los Jardines tan temprano, Ryoga?- se sorprende Nodoka. Ryoga asiente.
-Supongo que quería estar solo, tía. Traté de acercarme a él, pero cuando me vió, se dio la vuelta para evitarme y desistí.
-Ya me habían dicho que últimamente pasa mucho tiempo allí- comenta Genma pensativo.- Y tiene varios días que lo he notado melancólico y huraño. Ha dejado de entrenar, rehúye hasta a sus amigos, y cuando por fin llega a casa, sube enseguida a encerrarse en su habitación.
-¿No saben qué es lo que le pasa?- inquiere Ryoga, sinceramente preocupado.
-He tratado de preguntarle, y se niega a contestar.
-Ni siquiera a mí quiere hablarme- acota Nodoka, al borde del llanto.
-¡Shh! Tía Nodoka, tío Genma, ¡aquí viene!- susurra Ryoga. Estos se vuelven hacia donde señala su sobrino. En efecto, es Ranma, el apuesto y carismático primogénito Saotome, quien se acerca a paso lento y desganado a cierta distancia.- Váyanse, por favor. Trataré de hablar con él. Quizá yo pueda hablar con él.
-Ojalá que averigües qué le pasa, querido sobrino- musita Genma.- Vámonos, Nodoka.- Ambos suben a su automóvil y se marchan, dejando a Ryoga solo en medio de la plaza, esperando a que Ranma llegue hasta donde está él.
-¡Buenos días, primo!- saluda Ryoga con voz artificialmente alegre.
Ranma alza la cabeza ante su saludo, como si apenas entonces se hubiera dado cuenta de su presencia.
-Ryoga, qué tal. ¿Era mi padre el que estaba contigo?
-Así es. Él y tu madre acaban de irse. Pero te veo muy raro. ¿Qué te pasa?
-Nada- evade Ranma.- ¿Qué sucedió aquí? ¿Otra pelea?
-Pues, sí, pero...
-Otra vez Saotomes y Tendos, ¿verdad? ¿Es que este odio no terminará nunca?- Su tono cambia, ahora habla más para sí mismo que para Ryoga.- Odio... odio y amor... ¿acaso hay alguna diferencia? ¿O en el fondo son lo mismo? Tal vez... porque lo opuesto del amor no es el odio... es el desdén, es la indiferencia... eso es lo que me está volviendo loco...
-Ranma, ¿qué te pasa? ¿Sabes que tus padres están muy preocupados por ti?- inquiere Ryoga, extrañado ante las palabras de Ranma. Pero éste no le escucha, y prosigue con su monólogo.
-¿Alguna vez has intentado atrapar el viento entre tus manos, Ryoga?- la voz de Ranma se ha convertido en un susurro.- ¿O un rayo de luna? ¿O una ola del mar sobre la arena? No me hables de mis padres: nadie, y menos ellos, podría comprender lo que me pasa. Y al mismo tiempo... ¡si pudiera confiar en alguien! ¡Si pudiera compartir con alguien el peso de esta pena que me agobia el corazón! Pero no, es inútil. Ni siquiera tú lo comprenderías...
Una súbita idea asalta a Ryoga, y parece empezar a comprender lo que le pasa a su primo.
-Ranma, ¿puede ser que tú...? ¿Tú estás enamorado?- Ranma lo mira con fijeza triste.
-Es cierto, Ryoga. Lo has adivinado- y suspira profundamente, bajando la mirada hacia el suelo.
-¿Entonces a qué viene tanta tristeza?
-¡Porque ella no me quiere!
Ryoga parpadea sorprendido.
-¿Estás seguro?
-He intentado todo por lograr que se fije en mí. Y todo ha sido inútil, Ryoga. Ni siquiera se da por enterada de que yo existo. ¡Y yo me muero por ella!
-Entonces ella no te conviene, Ranma. Olvídate de ella. ¡Un artista marcial no debe pensar en nada que no sea su arte!
-¿Dejar de pensar en ella? Eso es imposible.
-¡Bah! Hay muchas mujeres en el mundo. No tiene sentido torturarte aferrándote a quien no te quiere. Búscate otra chica.
-¿De qué me serviría? Al compararlas, sólo conseguiría pensar más en ella. No, Ryoga, es ella o nadie. ¡No esperes que la olvide jamás!- Y Ranma se aleja de su primo a paso raudo, de nuevo buscando la soledad. Ryoga ha quedado completamente solo en medio de la plaza, sonriendo entre dientes hacia la espalda de Ranma que se aleja.
-Yo haré que la olvides. Ya verás, ya verás, Ranma Saotome. Cuando Ryoga Hibiki se propone algo, lo logra.
Nota del capítulo: Todo el que haya leído el manga se dará cuenta que la técnica del Bakusaitenketsu, como se explica en el Vol. 6, sólo funciona en rocas. Mi única excusa es que cuando escribí estas páginas hace once años, todavía no había leído el manga completo, sólo unos cuantos capítulos sueltos. Cuando caí en cuenta de mi error, ya me gustaba la idea de que Ryoga exhibiera desde el primer capítulo su técnica tan distintiva, así que decidí dejarlo como estaba. En mi defensa, sólo puedo aducir que en el Vol. 33, en el episodio de los Hongos de la edad, cuando se convierte en niño, Ryoga usa una técnica llamada Bakuchaitenkechu, y se explica que es exactamente igual al Bakusaitenketsu, excepto que funciona en pisos en lugar de rocas. Si desean, a mi técnica la podríamos llamar Bakusaitenmetsu y hacer que funcione en metales. :)
Capítulo 2: Amores y desamores
Hay un visitante en el dojo Tendo. Es Tatewaki Kuno, uno de los jóvenes más conocidos en Nerima, tanto por el renombre de su familia, una de las primeras en la aristocracia de Nerima y en la que se cuentan importantes funcionarios y personalidades de la vida pública, como por el que ha alcanzado por sí mismo gracias a su habilidad con el bokken, pues además de ser el heredero de la adinerada familia Kuno, Tatewaki es el capitán de la selección nacional de kendo, y como todo astro deportivo, disfruta de una enorme popularidad que además se encarga de cultivar al máximo. Y estando además estrechamente emparentado con el príncipe Happosai, es sin duda uno de los partidos más apetecibles y codiciados de todo Japón.
A lo que se suma su indudable apostura y arrolladora autoconfianza.
Soun Tendo ha recibido al joven Kuno en el despacho desde el que dirige con mano fuerte los destinos del dojo Tendo, y ya no sabe si arrepentirse o alegrarse de haber concedido esta audiencia. Acaba de recibir de Tatewaki una proposición inesperada, e intenta ganar tiempo cambiando de tema, pues a pesar de todo lo que éste tiene a su favor, no es una decisión que se pueda tomar a la ligera.
-Te habrás enterado de lo que pasó esta mañana en la plaza. Si tuviera 20 años menos no me habría importado lo que dijera el príncipe. Pero ya estoy viejo, y a veces creo que lo mejor será vivir en paz de ahora en adelante.
-Es una verdadera lástima. Las dos familias son ilustres y dignas. Pero dígame, señor Tendo, ¿qué contesta a mi proposición?
-No sé que decirte, Tatewaki- contesta Soun, renuente.- Mi hija es muy joven. Apenas tiene 18 años. Ni siquiera ha terminado su educación. Dale 2 años más por lo menos a que haya madurado lo suficiente como para casarse.
-Otras de su edad ya están casadas- apunta Tatewaki persuasivo. Habiendo hecho ya su elección, no es fácil que desista de obtener lo que desea,
Soun Tendo se reclina hacia atrás en su sillón ejecutivo de cuero, mientras exhala lentamente, eligiendo sus palabras con cuidado.
-Compréndeme, Tatewaki. No tengo ninguna prisa por casar a mis hijas, y menos a Akane. Es la más pequeña de mis hijas, y la única que ha demostrado interés en las artes marciales. Ella será la heredera del dojo Tendo, y es la única esperanza para mi vejez.
-Precisamente por eso, señor Tendo. ¿Será Akane lo suficientemente fuerte para dirigir sola el dojo? Pero si se casa con un artista marcial como yo, la sucesión de la escuela Tendo estará asegurada.
-Puede que tengas razón- acepta Soun.- Pero apenas y te conoce, y no quiero obligarla a nada. Trátala un tiempo, y si ella te corresponde, será tu esposa. Hoy por la noche habrá una fiesta aquí en mi casa. ¿Porqué no vienes? Así tendrán ocasión de conocerse mejor.
-¡Me parece espléndido! Aquí estaré- Tatewaki Kuno se pone de pie, y hace una profunda reverencia hacia Soun Tendo, con la fácil y afectada sonrisa que le da la seguridad de que tarde o temprano su propuesta será aceptada. Soun no puede contener una leve sonrisa a su vez ante la arrogancia de Tatewaki. Le respeta como artista marcial, y desde luego, por ser un Kuno, y sabe que indudablemente es un buen partido, pero no puede evitar preguntarse si realmente le conviene como esposo a Akane. Al cerrarse la puerta tras el joven, Soun Tendo se pone de pie y, como siempre que quiere pensar en algún asunto importante, se dirige al dojo. Es mediodía, no hay clases por el momento, y los instructores deben estar comiendo en la cocina o descansando antes de que empiecen a llegar los estudiantes de la tarde. Seguro de que estará en completa soledad, Soun entra al dojo sin hacer ruido, pero el ruido de unos ladrillos al romperse le deja saber que alguien se le ha adelantado.
No es difícil adivinar de quien se trata.
-¡Akane!- llama Soun Tendo, mirando a su hija menor con afecto y placer. Ataviada con un cómodo gi de entrenamiento, y con total concentración en el rostro, Akane acaba de partir una pila de ladrillos con un solo golpe. Al ver entrar a su padre, una brillante sonrisa ilumina su rostro, y se precipita hacia él.
-¡Papá!
Soun recibe a su hija entre sus brazos. La más pequeña y la más amada. La única artista marcial de la familia. Y también podría ser la primera en comprometerse de las hermanas Tendo. No puede evitar estrecharla más fuerte al recordar la proposición que hace sólo unos minutos recibiera de Tatewaki Kuno.
-Acabo de romper mi récord de ladrillos, papá- anuncia Akane son orgullo, separándose de su padre y señalando la pila de escombros que recubre el suelo.
-Mi pequeña Akane. Estoy orgulloso de ti- ¿Le dirá lo que ha hablado con Tatewaki? No, es demasiado pronto. Ajena a los pensamientos de su padre, Akane continúa hablando.
-Estoy ansiosa por representar por primera vez al dojo Tendo en el Torneo de Artes Marciales de este año, papá. Todavía no puedo creer que me hayas permitido hacerlo, pero ya verás que no te defraudaré. Si seguimos entrenando como hasta ahora, el trofeo será nuestro este año. ¡Me muero por derrotar a los Saotome!- Y ahora no sólo brilla la sonrisa de Akane. También sus ojos emiten destellos glaciales al pronunciar el nombre de Saotome, como si los odiados enemigos de la familia estuvieran presentes.- ¡Mira, papá!
Akane respira hondo, preparándose para el golpe, y una nueva pila de ladrillos cae al suelo partida en dos. Jadeante, pero con una sonrisa de triunfo, Akane busca la aprobación en la mirada de su padre.
-Excelente, Akane. Bueno, tengo cosas que hacer. Te dejo practicar a solas, pero recuerda que seguiré supervisando personalmente tu entrenamiento. ¡Muerte a los Saotome!
-¡Muerte a los Saotome!- exclama a su vez Akane con fiero acento. Es casi un ritual que padre e hija den por terminadas sus sesiones de entrenamiento con esa frase, como si Soun buscara seguir inculcando cada día en su hija, a cada oportunidad que se le presenta, la enemistad entre ambas familias, y siendo la única artista marcial entre sus hermanas, es lógico que sea Akane quien mantenga más viva la llama de aquel odio tradicional. Intercambiando una última sonrisa con Akane, Soun sale del dojo, mientras el sonido de los ladrillos al romperse a sus espaldas le indica que Akane ha reanudado su tarea.
De regreso dentro de la mansión Tendo, todo es un remolino de actividad mientras se realizan los preparativos para la fastuosa fiesta de esta noche. Naoko, la condesa Tendo, y su hija mayor Kasumi, dirigen a los numerosos sirvientes que se afanan disponiendo lo necesario para la celebración, afinando hasta el último detalle para estar a la altura de lo que se espera de la casa Tendo. Nabiki, la segunda hija, entra en ese momento por la puerta principal, cargada de cajas y bolsas que delatan que viene de un verdadero maratón de compras en el centro comercial más exclusivo de la ciudad. La vista de su ajetreada familia arranca una sonrisa a Soun, que se va a refugiar nuevamente a su oficina. Y en cuanto a la propuesta de matrimonio, tal vez haya alguien más indicado para darle la noticia a Akane.
Mientras tanto, a poca distancia de la casa Tendo, es precisamente un Saotome el que dirige sus pasos errantes y sin rumbo. Ranma ha vagabundeado por las calles de Nerima por horas enteras, como si quisiera agotar en cansancio físico el desasosiego que lo agita por dentro. Es demasiado cierto, como ya lo han notado sus seres queridos, que prefiere desde hace un tiempo la soledad a la compañía de los seres humanos... porque la compañía que realemente desea es la única que se le niega. Ranma sonríe con amarga ironía: él, el primogénito de una de las familias más insignes de la ciudad, el más poderoso artista marcial de Nerima, el heredero de la Escuela Saotome de Artes Marciales de Estilo Libre, sueño romántico secreto de muchas jovencitas de la buena sociedad, a quien a un solo gesto suyo se le brindaría fácil y sin esfuerzo el amor de muchas, no puede conseguir el amor de aquella de quien realmente lo desea, la única que ante él se porta indiferente y esquiva, hundiéndole un poco más con cada desaire la aguda espina del amor no correspondido.
Y a pesar de la completa soledad en que trata de envolverse, Ranma no puede conseguir el olvido que tan ardientemente desea, pues cuando se encuentra a solas consigo mismo es cuando la presencia de la elegida de su corazón se hace más tangible: su voz parece resonar en cada soplo de viento, y en cada fragante flor naciente cree percibir su perfume. Ranma ya no sabe cómo nació este sentimiento dentro de su corazón, ni puede ya decir si es amor lo que siente, o se ha convertido en obsesión... sólo sabe que a dondequiera que va, lleva la imagen de ella delante de sus ojos, y sólo en repetir su nombre halla una gota de consuelo como bálsamo que vierte a su corazón herido.
-Ukyo... Ukyo... Ukyo...
Apenas se fija ya por dónde lo llevan sus pasos... camina de manera mecánica y ausente, ensimismado en la batalla sin cuartel que libra su razón contra su corazón.
-Ja. Mírate, Saotome. Muriéndote de amor como un idiota. Eres patético... pero no, no lo puedo evitar, necesitaría arrancarme el corazón para dejar de pensar en ella, para dejar de anhelar su presencia junto a mí... si ella es como el sol de la mañana, desvaneciendo con su mirada las tinieblas de mi alma... ella se ha convertido en mi razón para existir... ¿y a quién trato de engañar? Aunque quisiera olvidarla no lo lograré jamás...
Ranma suspira profundamente, y en ese suspiro se encierra todo el doloroso anhelo del desamor.
-Ukyo, ¿porqué no me amas? ¿Qué debo hacer para que te fijes en mí?- Y en medio de su abstraída marcha llega hasta él una de las voces que más se ha esforzado por evitar desde esta mañana: la de su primo Ryoga Hibiki.
-¡Por fin te encuentro, Ranma! Te he estado buscando por media ciudad.
Con un gesto de fastidio, Ranma apresura el paso para tratar de esquivar a Ryoga.
-Hombre, sí que te dió duro el amor- dice Ryoga levemente burlón al darle alcance. Sin detener su andar, Ranma le asesta una mirada de rencor, pero no contesta. Ryoga trata de mantener el paso de su primo.- Ranma, tienes que reaccionar. ¡Pensar que el mayor artista marcial de Nerima ha sido derrotado sin oponer resistencia... y por una mujer!- Y por 'esa' mujer en particular, si la fuerte sospecha que tiene de su identidad es cierta. Ranma sigue sin contestar, y Ryoga vuelve a la carga- Vamos, Ranma. Recuerda que un clavo saca a otro clavo.
Con impaciencia, Ranma explota contra su primo.
-¡Déjame solo, Ryoga!- y en un afán de separarse de él, bruscamente tuerce su andar hacia una esquina, lo que ocasiona que choque de frente contra un muchacho vestido de uniforme, el cual, con los brazos cargados de paquetes, no lo alcanza a ver a tiempo y deja caer un revuelo de cajas y bolsas al suelo.
-¡Maldición!- exclama el chico, indudablemente un sirviente de alguna casa noble, y se arrodilla a recoger los objetos caídos. Ranma se inclina a su vez, muy avergonzado y con objeto de ayudarle.
-Lo- lo siento, no te vi...-Al escuchar la voz de Ranma, el chico yergue la cabeza, y la sorpresa dilata sus ojos al darse cuenta a quién tiene delante. Al reconocer a Ranma, y a Ryoga, a quien el incidente ha permitido darle alcance a su primo nuevamente, recoge a toda prisa sus cosas y se pone rápidamente en pie.
-¡Saotomes!- musita entre dientes, e inmediatamente se echa a correr, alejándose de ellos y tomando la esquina por la que acaba de aparecer Ranma.
-¡Por todos los cielos, Ranma!- ríe Ryoga a carcajadas.- ¿Tenías que ir a chocar con un sirviente de los Tendo? No lo puedo creer.- Ranma, confundido, no contesta, lo que Ryoga aprovecha para sacar de su mochila un ejemplar del periódico del día, abriéndolo en la sección de notas de sociedad.- Escucha, quiero que oigas algo, te puede interesar. "Hoy por la noche se llevará a cabo el tradicional baile de disfraces de la familia Tendo, en el cual se reunirá lo más selecto de la alta sociedad de Nerima, exceptuando, como es de esperarse, a los Saotome..."
-Por favor, Ryoga, ¿qué me puede importar eso?
Pero Ryoga pasa por alto las palabras de Ranma y busca entre los párrafos de la nota la información que desea que Ranma escuche.
-¡Ah, aquí está! "Entre los invitados a este importante acontecimiento se encuentran el barón Toshio Takeshiro y familia, la condesa viuda Hayakawa, la familia Kawatori, Asuka Saginomiya, Tatewaki y Kodachi Kuno, Mu Tsu, Hinako Ninomiya, Mikado Sanzenin, Ukyo Kuonji, Tsubasa Kurenai, Asuza Shiratori y Ryu Kumon, por mencionar tan sólo unos cuantos nombres de la crema y nata de nuestra sociedad."- Las sospechas de Ryoga se han confirmado al percatarse de que Ranma ha reaccionado al oír un nombre en particular.
-¡Ranma! ¿Te diste cuenta? Tu amada Ukyo asistirá a la fiesta de los Tendo.
-¿Y eso qué?
-¡Vamos a esa fiesta! Mousse está invitado, y no le será difícil conseguir que nos dejen entrar con él.
-No podemos ir a esa casa, Ryoga. Somos Saotomes, ¿lo olvidas?
-¡Es una fiesta de disfraces, idiota! Nadie nos reconocerá.
-¿Estás loco? ¡Yo no entraré a la casa Tendo!
-Oh, vamos, no seas cobarde. No nos pasará nada. A pesar de todo, los Tendo también son gente honorable. Además allí verás muchas chicas más bellas que Ukyo.
-¿Más bellas?- pregunta Ranma con escepticismo.-Eso es imposible.-Ryoga prosigue entusiasmado.
-¡Sí! Dicen que esa Kodachi Kuno es una belleza, y que Asuza Shiratori no se queda atrás. Debo decirte, Ranma, que a veces creo que cometemos un error al embebernos tanto en nuestro entrenamiento. Deberíamos participar más en la vida social. En fin, ¡ya verás cómo nos vamos a divertir esta noche! Ven conmigo, vamos a conseguir los disfraces.
-No, Ryoga. Iré contigo a esta fiesta, pero sólo para poder ver de nuevo a Ukyo.
-¡Por lo que sea! Lo que importa es que vayamos. Y tomando a Ranma del brazo, casi lo arrastra tras de sí, mientras corre dirigiéndose a la residencia Hibiki.
Capítulo 3: La heredera rebelde
-Cologne, ¿has visto a Akane?
Las últimas horas de la tarde caen lentamente sobre Nerima, y Naoko, la condesa Tendo, ha entrado al cuarto de Akane, ataviada con un lujoso e invaluable kimono de seda plateada, decorado con delicados crisantemos pintados a mano, y sujeto con un obi de color azul claro. Naoko Tendo es una mujer todavía joven y atractiva, aunque es muy poco el parecido físico que pueda tener con su hija menor.
Al ver aparecer a su señora, Cologne, el ama de Akane, alza la vista. La anciana china la ha cuidado desde que era una bebé, y nadie mejor que ella conoce a su querida niña. Mientras da una puntada a la labor de bordado que está haciendo, responde a su señora:
-Acaba de regresar del dojo, condesa. En este momento está en el cuarto de baño.
Naoko Tendo frunce el ceño. Nunca le ha gustado que su hija menor se dedique a las artes marciales, a las que considera como impropias de una dama de la alta sociedad, pero no se atreve a oponerse a los deseos de su esposo, Soun. Y si tal es el deseo de Akane... En ese momento, la propia Akane entra a su habitación, envuelta en una mullida bata de baño y secándose el húmedo cabello con una toalla.
-¿Mamá?- pregunta Akane, extrañada. Es muy raro que Naoko Tendo ponga un pie dentro de la habitación de su hija menor. Y si en estos momentos se encuentra allí, tiene que tener un motivo muy poderoso para ello.
-Akane, ¿todavía no estás lista para la fiesta? -se sorprende Naoko.- Tus hermanas ya están en el vestíbulo, y debes acompañarlas para recibir a los invitados.
Akane no puede contener una mueca de fastidio.
-¡Oh, mamá! Sabes perfectamente que no me interesan las fiestas.
-Eso no importa. No vamos a discutir por eso de nuevo. Tienes que estar presente. Como una Tendo, tienes deberes que cumplir con la sociedad. Además...- Naoko cambia de tono de voz- existe una buena razón por la que debería interesarte la fiesta de esta noche.
-¿Y cuál podría ser?- pregunta Akane, frunciendo el ceño. Naoko no contesta directamente, sino que soslaya la interrogante de su hija con otra pregunta. Lo que tiene que decir es difícil, y no sabe cómo lo tomará Akane.
-Dime, Akane, ¿has pensado en el matrimonio?
-Por supuesto que sí, mamá, pero para eso falta mucho tiempo.
Mal comienzo. Naoko aspira profundo y lo intenta de nuevo.
-¿Y qué pensarías de casarte pronto?
-¿Ahora? ¿A mi edad? Claro que no, mamá, qué ocurrencia. Todavía soy muy joven- rechaza Akane.
-Lo sé, Akane. Pero escucha, hay algo que debes saber- Naoko toma aliento de nuevo y aprieta los labios antes de continuar- El noble Tatewaki Kuno visitó hoy a tu padre para pedirle formalmente tu mano en matrimonio.
Tanto Akane como Cologne abren desmesuradamente los ojos ante la noticia. Akane se ha quedado sin habla y mira alternativamente a su madre y a Cologne. Naoko aprovecha el silencio de Akane para proseguir apresuradamente.
-Como es natural, el matrimonio no se llevaría a cabo por algún tiempo, estipularíamos un compromiso de al menos seis meses, además del tiempo que tomaría elaborar los contratos matrimoniales y todos los trámites que esto conlleva. Y claro, la última palabra sobre un compromiso la tienes tú. Tu padre ha invitado a Tatewaki a la fiesta de esta noche, y así podrás empezar a conocerlo mejor. Aunque por supuesto, ya conoces perfectamente todas las cualidades que posee. Es rico, joven, bello, de buena familia, y un gran artista marcial. Sólo le falta encontrar una esposa digna de él, y esa puedes ser tú, Akane. Serás la envidia de toda la ciudad. Y no necesito decirte la gran ventaja que representará contar con él para asegurar la
sucesión del dojo Tendo. ¿Qué te parece?
Akane parece tener problemas para hallar su voz, y no quiere herir a su madre, que tan preocupada está por su bienestar y felicidad, y que tan segura se encuentra de que su hija saltará de alegría ante la perspectiva de convertirse en una Kuno. Finalmente, se decide por una respuesta neutra que no la comprometa en ningún sentido.
-Yo... tengo que pensarlo, mamá. Es muy repentino. Y apenas y conozco a Tatewaki... tendría que conocerlo mejor.
Naoko Tendo sonríe ampliamente, y su alivio se refleja en su voz.
-Es suficiente por ahora. No pido más. Ahora, apresúrate a vestirte y baja. Yo acompañaré a tus hermanas a recibir a los invitados. Mira bien a Tatewaki esta noche, y piensa si podrías amarlo.
Cuando Naoko sale de la habitacíon, Cologne lanza una intensa mirada a Akane, que no se encuentra nada contenta. No le agrada en absoluto la idea de un matrimonio arreglado por conveniencia, y menos con alguien que es un virtual desconocido para ella, por muchas cualidades que tenga. ¡Ella desearía casarse con alguien a quien ame con todo el corazón! Y para su orgullo de artista marcial, tal proposición es casi una bofetada. Significa que su padre no tiene confianza en la capacidad de ella como heredera del dojo, sino que debe reforzar su derecho de sucesión teniendo un hombre fuerte a su lado que la respalde. Akane tiembla de rabia, pero aprieta los dientes para disimularlo, ajena al discreto escrutinio de Cologne.
-Quiero... quiero estar sola, Cologne. No es necesario que me ayudes a vestirme.-No es Cologne la responsable de los manejos de su familia, y desde luego sabe que está siendo injusta con ella, pero no logra suavizar del todo la aspereza que su voz deja traslucir. Cologne esboza apenas una leve sonrisa que pasa totalmente inadvertida a Akane, embebida en sus propios pensamientos, y acata con la cabeza.
-Está bien, pero date prisa. Ya están comenzando a llegar los invitados. Dejé lista tu ropa sobre tu cama.- Cologne sale de la habitación, cerrando tras de sí la puerta con suavidad.
Al quedarse sola, Akane apoya la espalda contra la pared y eleva el rostro hacia el techo, suspirando profundamente. Hasta sus oídos alcanza a llegar el rumor de los invitados que llegan. Akane detesta el hecho de tener que bajar, tan impecablemente ataviada como su madre y hermanas, y estar obligada a cumplir con sus deberes de hija de la casa Tendo. Este es uno de los numerosos momentos en que se siente fuera de lugar entre su familia, con la excepción quizá de su padre. No, el lugar de Akane no está entre esa sociedad exquisitamente frívola, lo más selecto de la aristocracia de Nerima, que se ha dado cita en su casa, y que sonríen, conversan y se mezclan entre sí, hablando siempre de las mismas nimiedades que el día anterior, y que le provocan siempre el más mortal de los aburrimientos, lo que ocasiona que sus apariciones en la vida pública sean tan escasas. Y pensar que entre los invitados estará el joven que ha pedido su mano sin tomarse la molestia de preguntarle primero a ella su opinión, y que además, deberá departir con él y sonreírle, y fingir que está encantada ante la perspectiva de ser su esposa. Hasta la última fibra de su ser se rebela de sólo pensarlo.
Tratando de sobreponerse, Akane se dispone a bajar a la fiesta. Cologne ha dejado preparada sobre su cama una versión algo más juvenil del lujoso kimono que llevaba su madre, con un diseño apropiado para fines del invierno y el despertar de la primavera, pero súbitamente Akane decide no ponerse esas prendas. Animada por una repentina idea, busca en su armario hasta encontrarlo: un valioso dou-gi, o traje de lucha, que su padre le compró en un monasterio en las montañas, que visitaron en un viaje familiar. Akane se viste a toda prisa, admirándose ante el enorme espejo que recubre toda una pared de su habitación. El traje es cómodo, ligeramente entallado, pero enormemente favorecedor, ya que realza su esbelta y grácil figura de artista marcial, y sin embargo, no puede contener la feminidad que desborda la curvilínea silueta de mujer de Akane. No puede haber atuendo que le siente mejor que el dou-gi, y que al mismo tiempo sea tan apropiado para su forma de ser. Sabe que indudablemente Naoko Tendo, y acaso Kasumi y Nabiki, desaprobarán su elección, sobre todo en vista de la importancia de la fiesta de esta noche, pero no le importa en absoluto. Esta noche desea ser ella misma, demostrar que no lleva el apellido Tendo simplemente por nacimiento, sino porque se lo ha ganado por sí misma a través del esfuerzo y la superación. Sí, reflexiona Akane, ella es, ante todo, una artista marcial, y no una correcta dama de sociedad como sus hermanas mayores. ¡Nunca podrá serlo! Y mientras da los últimos toques a su arreglo, no puede evitar una leve sonrisa al pensar que si Tatewaki Kuno espera hallar una novia convencional, débil y pusilánime, no tendrá más remedio que buscarla en otra parte.
Capítulo 4: Ni en un millón de años
Ha caído la noche sobre Nerima, y ocultos bajo su manto de oscuridad, tres siluetas caminan resueltamente en dirección a la mansión Tendo. Abriendo la marcha, un joven de largo cabello negro avanza con paso ligero y confiado, envuelto en un pantalón negro y una túnica china blanca de amplias mangas, entre cuyos pliegues se hunden y desaparecen sus manos ágiles y delgadas. En la media sonrisa que se dibuja en sus labios finos, y en la expresión serena y levemente divertida con que sus ojos negros miran al mundo, apenas se puede discernir al experto artista marcial que se esconde en su interior. Alegre, despreocupado, y sin complicaciones, tal es Mu Tsu, a quien sus mejores amigos, los primos Saotome, llaman Mousse.
Siendo compañeros de estudios y camaradas de combate desde la niñez, y más recientemente socios en fiestas y diversiones, Ranma y Ryoga lo estiman como persona, como artista marcial y como amigo, tanto más por cuanto la familia de Mousse es igualmente noble, o más, que la de los dos primos. Mousse es sobrino del príncipe Happosai, y primo lejano de la familia Kuno, si bien está exento de la afectada superioridad que el parentesco con el príncipe confiere a su primo Tatewaki. Acaso sea esta misma sencillez y desenfado los que le han valido ganarse el afecto y aprecio de todos, y le han convertido en el sobrino predilecto de su ilustre y poderoso tío.
Detrás de Mousse, Ranma y Ryoga avanzan con un paso más cauteloso... no olvidan que, después de todo, se dirigen a la casa de sus aborrecidos rivales, se encontrarán en territorio enemigo, y no quieren ser tomados por sorpresa en ningún sentido. Ryoga se ha vestido de samurai, y no hay detalle de su atuendo que no haya estudiado cuidadosamente, desde la brillante armadura completa hasta la afilada katana que cuelga de su funda, ambas verdaderas antigüedades del siglo XVIII, parte del patrimonio de la familia Hibiki que ha pasado de padres a hijos por generaciones. Por su parte, el disfraz de Ranma no es tan elaborado como el de su primo, y es en esa misma simplicidad donde se encuentra su particular estilo. Se trata de una réplica del uniforme del ejército chino, de gruesa tela color verde militar, con la clásica gorra con una estrella roja bordada sobre la visera. La trenza de Ranma asoma oculta a medias bajo la gorra, pero él no ha querido esconderla, pues siendo como es, el más poderoso artista marcial de Nerima, no siente temor de ser reconocido aún delante de los Tendo, sabiendo que en su misma superioridad reside su invulnerabilidad.
-¿Qué vamos a hacer, chicos?- pregunta Ranma de improviso.- ¿Entramos así, sin más?
-¿Acaso quieres anunciarte abiertamente como un Saotome?- replica Ryoga.- Entraremos sin decir nada, y que digan lo que quieran de nosotros. Bailaremos un rato, y después nos vamos.
-Yo no estoy de humor para esas cosas- rechaza Ranma.
-Oh, vamos, Ranma- interviene Mousse. -Hasta aquí alcanzo a oír la música, y no vamos a desperdiciarla.
-Acepté venir con ustedes porque quiero ver a Ukyo, y nada más.
-¡Qué serio te has vuelto desde que estás enamorado!- exclama Mousse.- No me extraña que Ukyo no te voltee a ver. Pero allá tú con tu tristeza. Yo tengo la intención de divertirme- dice poniéndose sobre el rostro el antifaz que trae como complemento a su disfraz. Ryoga se pone también el suyo, pero Ranma ha detenido su marcha bruscamente.
-¿Saben? Creo que sería mejor que no fuéramos a esa fiesta.
-¿Porqué?- se sorprenden Ryoga y Mousse, deteniéndose a su vez, y volteando a verlo con extrañeza.
-No sé, pero tengo un presentimiento, algo malo va a suceder.
-Lo que va a suceder es que vamos a llegar tarde- dice Ryoga con impaciencia.- Y ya no podemos arrepentirnos. Ponte tu antifaz y vámonos.
Sin decir palabra, Ranma se coloca el antifaz y sigue a Ryoga y a Mousse. Tras la breve caminata desde donde han dejado el lujoso auto convertible color plata, estacionado en una callejuela lateral a corta distancia de la casa Tendo, listo para una eventual huida rápida, los tres muchachos llegan ante la imponente verja de acero forjado que da acceso a la iluminada y concurrida residencia Tendo. Ranma y Ryoga titubean ligeramente, pero Mousse ya se ha adelantado, tiende la invitación que lleva en la mano al portero que los recibe, y seguido por los dos primos penetra en la propiedad.
Al entrar al suntuoso salón de baile, decorado al estilo occidental, con un lujoso piso de mármol blanco e iluminado por brillantes candilejas que derraman su luz sobre la concurrencia, los tres amigos se mezclan entre los invitados. Mousse y Ryoga rápidamente encuentran pareja y se pierden entre los danzantes que llenan la pista de baile, mientras que Ranma trata de pasar inadvertido entre la multitud de invitados, esforzándose infructuosamente por identificar bajo su disfraz a la mujer que se ha adueñado de su corazón.
Una de las parejas que bailan llama de pronto su atención. El joven, vestido con un uniforme de kendo, se mueve con mal disimulada arrogancia, mientras que es obvio que la chica que baila con él no se encuentra a gusto entre sus brazos, pues el antifaz que porta no alcanza a esconder la leve mueca de fastidio que descompone su rostro, como tampoco alcanza a ocultar del todo sus finas facciones y la notable belleza de sus rasgos. Ranma no puede dejar de notar que el disfraz que porta ella es de lo más original, un dou-gi auténtico, y que además le sienta de maravilla, moldeando de manera seductora cada una de las líneas de su joven y esbelto cuerpo. Ranma ha reconocido al enmascarado luchador de kendo, pues en todo Japón sólo puede haber una persona así, pero la chica le resulta totalmente desconocida. Sin darse cuenta de ello, Ranma ha olvidado por completo a Ukyo Kuonji, ya que toda su atención se enfoca en esa pareja que gira a la distancia, mientras se pregunta quién puede ser la hermosa chica que baila contra su voluntad con Tatewaki Kuno.
Inconsciente de que están siendo observados, Tatewaki sonríe con la afectada sonrisa que tanto ha llegado a detestar Akane. Estar tan seguro de sí mismo le impide ve que Akane sólo está deseando que la pieza termine para librarse de él, y que sólo responde con monosílabos o meras frases corteses a lo que él le dice. Toda la conversación de Tatewaki se ha reducido a narrar sus hazañas con el bokken y los numerosos combates que ha ganado. Akane se dispone a musitar "Qué interesante" o una frase por el estilo, cuando su sexto sentido de artista marcial la pone súbitamente en guardia, tensando cada uno de sus nervios. Siente sobre sí, casi como algo físico y tangible, una mirada que resbala por su cuerpo. En medio de los giros de la danza, trata de descubrir quién la está observando, mientras Tatewaki prosigue con su monólogo, sin darse cuenta del silencio de Akane.
Akane recorre con la vista todo el salón de baile, hasta que lo descubre: se trata de un chico de pie en la penumbra de un rincón, alto y espigado, vestido de verde militar y con el obligado antifaz cubriéndole el rostro. Los ojos de ambos hacen contacto directo a través de los antifaces, quedándose por un instante enganchadas sus miradas, pero en ese momento Tatewaki la hace girar, rompiendo así la invisible conexión que se ha establecido entre los dos. La música ha parado, y Tatewaki se inclina en una airosa reverencia.
-Eres una maravillosa bailarina, Akane.- Ella se inclina a su vez, sonriéndole tal y como exige la cortesía.
-Gracias, Tatewaki. Tú tampoco lo haces mal.- Cualquier otro se daría cuenta de que la respuesta de Akane es mecánica y ausente, pero no Tatewaki Kuno.
-¿Bailamos de nuevo?
Momentáneamente olvidada del misterioso chico de verde, a quien no alcanzó a reconocer, Akane sólo piensa en huir del insistente joven.
-Me... me encantaría, pero... tengo que... ir a ayudar a mi madre a... a atender a los invitados...- no sabe si su excusa suena creíble o no, pero no le importa.- ¿Porqué no bailas con Nabiki? Hace un momento vi que no tenía pareja.
-Me imagino que siendo tu hermana no sentirás celos de ella, ¿verdad? Bueno, mi hermosa Akane, nos veremos luego.
Mientras Tatewaki se aleja, Akane no puede contener la sensación de profunda repulsa que la invade. Nunca, ni en un millón de años, será capaz de amar a Tatewaki Kuno, porque Tatewaki Kuno es incapaz de amar a su vez. Así de simple. Akane siente súbitamente que se ahoga entre la multitud, y que no puede soportar ni un instante más estar en esta fiesta. Dando media vuelta y despojándose del antifaz, Akane corre entre las parejas que reanudan su baile, sin importarle si llama la atención o no. Siente la imperiosa, absoluta necesidad de escapar, de alejarse de allí, de estar sola, y para ello únicamente hay un lugar en toda la casa adonde puede ir.
En el apartado rincón en el que se oculta, Ranma se siente repentinamente intranquilo. La pareja que observaba se ha roto, pues ahora Tatewaki baila con otra muchacha, y la joven del dou-gi ha desaparecido sin dejar rastro. Echando a andar, Ranma siente ganas de respirar aire fresco, y dirige sus pasos hacia una puerta lateral que da al jardín. Antes de que llegue a la salida, un servidor de la casa lo intercepta, ofreciéndole solícitamente una bandeja sobre la que se alínean numerosas copas de bebidas preparadas.
-¿Un trago, señor?
-No, gracias- responde Ranma, negando con un gesto, y disponiéndose nuevamente a salir, pero sin que Ranma lo advierta, el sonido de su voz ha hecho voltear hacia él una cabeza: la de Ryu Kumon.
-Esa voz... esa voz la conozco- sisea Ryu con los dientes apretados y una mueca de odio torciéndole la cara.- ¡Es un Saotome!- Y poniéndose de pie, se dispone a salir tras Ranma, pero antes de que logre desenvainar su arma por completo, una voz le detiene.
-¿Qué te pasa, Ryu? ¿Para qué quieres sacar tu espada?- Es Soun Tendo, mirando con expresión severa a su sobrino.
-Tío, ¿viste al que acaba de salir del salón? Es un Saotome, un enemigo nuestro, y sin duda ha venido a insultarnos y burlarse de nosotros.- La mano de Ryu tiembla de impaciencia sobre el mango de su katana.
-Era el joven Ranma, ¿verdad?- pregunta Soun con expresión levemente sorprendida.- Qué crecido está...
-Eso no importa, tío. Es un Saotome, y eso es suficiente.
-Cálmate, Ryu, y guarda tu katana. Déjalo estar en paz. No tengo idea cómo ha logrado entrar en esta casa, pero se ha comportado como un caballero, y a decir verdad, es uno de los jóvenes más notables de Nerima, dejando aparte su apellido. Ni por todo el oro del mundo le haría yo una ofensa hallándose en mi casa. Olvídate de él, y mejor dedícate a disfrutar la fiesta.
-¿Olvidarme de él? ¡No, tío Soun! ¡No aguanto su presencia!- Ryu da unos pasos hacia la salida por donde desapareció Ranma, pero Soun Tendo, con ojos relampagueantes, sujeta a su sobrino del brazo y lo obliga a detenerse.
-¡La aguantarás! ¡La aguantarás!, ¿me oyes?- Soun habla en voz baja, pero con incuestionable autoridad. Ryu se ha quedado pálido y mudo, mirando con ojos muy abiertos a su tío, sin poder creer lo que éste está diciendo.- ¿Quieres provocar una riña enfrente de mis invitados? ¿Y sabiendo además cómo están las cosas con el príncipe Happosai? ¡Muchacho imprudente! ¡No te lo permitiré! Más te vale recordar quién manda en esta casa, y si hay algo que no puedas soportar, te sugiero que mejor te vayas de aquí.- Ryu aprieta los puños y respira hondo varias veces hasta calmarse.
-Muy bien, tío, como tú quieras. Pero es una vergüenza- y soltándose de la mano de Soun, Ryu desaparece hacia el interior de la casa.
Ajeno por completo a la escena que se desarrolló a sus espaldas, Ranma se ha quitado el antifaz y ha vagado por el jardín vacío, hasta el que apenas alcanza a llegar el rumor de la música, las voces y las risas de los invitados. Sin darse cuenta, sus pasos lo han llevado hasta la puerta misma del dojo Tendo. Esta es la primera vez en toda su vida que Ranma ha entrado en esta casa, y no puede resistir la tentación de conocer cómo es el lugar de entrenamiento de la familia que rivaliza con la suya por la supremacía en artes marciales. Sin pensarlo más, empuja la puerta de acceso al dojo, que se abre suavemente y sin hacer apenas ruido. Caminando lenta y sigilosamente, Ranma penetra en el oscuro interior. Detrás de él, por la puerta abierta a medias, se filtra la leve claridad de la luna llena, lo suficientemente brillante para iluminar un poco el dojo ante su vista. Ranma da unos cuantos pasos mas, admirando el recinto, la madera pulida por las huellas de los combates de innumerables generaciones, cuando su estado de perpetua alerta como artista marcial le indica que no está solo en el dojo. Apenas iluminada por la débil claridad lunar, y ya con el rostro descubierto, ante él se encuentra la joven del dou-gi, y la mutua sorpresa deja a ambos sin aliento, mientras sus miradas se vuelven a enganchar una de la otra como un rato atrás en el salón de baile.
Por primera vez en sus vidas, Ranma Saotome y Akane Tendo se encuentran frente a frente.
Capítulo 5: Juega la Rosa Negra
La música en el salón de baile ha parado por breves instantes, y algunos de los danzantes salen a los amplios balcones que dan hacia el jardín para respirar aire fresco. Entre ellos se encuentra una alta y joven mujer vestida de negro, color que realza la tersa blancura de su piel y la esbeltez de su figura. Una delgada cinta de terciopelo negro ciñe su garganta en una manera que la favorece extraordinariamente, una rara rosa negra corona el elaborado peinado de fiesta que lucen sus cabellos oscuros, y negros como la noche son también sus ojos, de mirar profundo e intenso. Con el antifaz entre los dedos y llevándose una copa de champaña a los delicados y finos labios, que se contraen en una leve sonrisa entre indiferente y despectiva, la joven vestida de negro contempla con aire ausente el bien cuidado jardín de la residencia Tendo. Hasta el balcón de blanco mármol pulido donde se encuentra alcanza a llegar la tenue fragancia de los cerezos en flor, perfumando la brisa que la envuelve en su frescura, mientras sus pensamientos acaso vuelan llevados en las alas del viento de la noche... cuando una voz almibarada resuena en el silencio, haciéndola voltear.
-¡Kodachi, querida!
-Ah, Ukyo, no te había visto.- Kodachi responde en el mismo tono azucarado a la joven que se le ha unido en el balcón. Ukyo Kuonji se ha vestido esta noche al estilo Luis XV, con un amplio vestido cargado de gasas, encajes y cintas, y mientras Kodachi somete a un disimulado escrutinio el disfraz de Ukyo, ésta examina con igual interés el disfraz de 'femme fatale' que lleva Kodachi.
Una vez que ha barrido con la mirada a Ukyo de pies a cabeza, Kodachi se recuesta complacida contra la baranda del balcón. Lejos de ser una competencia para ella,el disfraz tan barroco y recargado que lleva Ukyo forma un agudo contraste que no hace más que resaltar la elegante simplicidad de su ajustado vestido negro. Fingiéndose absorta en la contemplación del jardín, Kodachi observa de reojo a la joven Kuonji.
En los últimos días, Ukyo se ha convertido en el centro de las habladurías de la alta sociedad de Nerima, pues, aunque no se puede negar que, sin ser arrebatadora, es bonita, nadie puede explicarse cómo una advenediza social, hija de una familia de nuevos ricos, ha sido capaz de conquistar a uno de los solteros más codiciados y de una de las familias más ilustres de todo Japón. Y es que, desde que la recién adquirida fortuna de su padre le ha abierto camino hasta los suntuosos salones donde se reúne la aristocracia de la ciudad, Ukyo siempre ha sentido hacerse un vacío a su alrededor. A la vista de la sociedad que ahora frecuenta, la recién llegada conserva un aire de clase media que la ropa de marca y los zapatos caros no logran esconder. Y es difícil olvidar que la familia Kuonji comenzó con un modesto carrito de okonomiyakis, aunque su negocio haya crecido hasta convertirse en la gran cadena de restaurantes que es ahora. Sin embargo, a fuerza de perseverancia, de tragarse desdenes amargos y de fingir que no se da cuenta de la ola de comentarios maliciosos y burlonas risitas que se levantan a su paso, Ukyo ha conseguido abrise paso en el círculo de jovencitas de las mejores familias de Nerima, si bien las pocas que le han ofrecido su amistad no lo hacen tan sinceramente, pues en cuanto Ukyo les da la espalda, no titubean en criticarla y burlarse de ella. Y entre ellas destaca precisamente Kodachi Kuno.
Kodachi bebe el último sorbo de su champaña y deposita la copa vacía sobre una mesita destinada para este fin. En cada uno de sus movimientos, aún en los más leves, se puede notar la distinción natural que le brinda el formar parte de una familia que ha sido de la más alta alcurnia por generaciones, a lo que se suma un aire de estudiada indiferencia, que complementa su porte altivo. En esto, todas las demás chicas le llevan años luz de ventaja a Ukyo, una ventaja que jamás será capaz de igualar, pues aún no ha aprendido a actuar con la naturalidad que requiere el formar parte de la aristocracia, y que chicas como Kodachi poseen desde su nacimiento.
Por otro lado, a diferencia de su hermano mayor, Tatewaki, a quien la arrogancia y el orgullo ciegan por completo, Kodachi está dotada de una fría visión analítica que le permite trascender más allá de lo evidente. Y Ukyo resulta transparente como el cristal ante su capacidad de observación. Aunque ella finge que Ranma Saotome no le interesa en absoluto, Kodachi se da cuenta de que Ukyo no está siendo sincera. Es obvio que disfruta de ser asediada, sobre todo por alguien tan deseado como lo es Ranma, y está encantada de ser la envidia de todas las chicas de Nerima, las mismas que sólo unos días atrás la despreciaban por no ser de familia noble. Y sobre todo, sabe que ese poco de resistencia fingida hace elevar su valor a los ojos de Ranma Saotome. Aunque Ukyo ha jugado cuidadosamente sus cartas hasta ahora, y nadie más que Kodachi se ha dado cuenta de la verdadera situación.
-¿Sabes, Ukyo?- Kodachi retoma la conversación con calculado desinterés.- Hace un rato vi entre las parejas a un chico vestido con ropa china. No podría asegurarlo, por el antifaz, pero estoy segura de que era Mousse.
-¿Tu primo? ¿Y eso qué?- se sorprende Ukyo, pues es de todos sabido que Mousse no es muy allegado a la rama Kuno de su familia, debido a que sus respectivos carácteres se repelen entre sí como el agua y el aceite. Ukyo sólo conoce a Mousse muy superficialmente, pero como a todos, su agradable manera de ser le simpatiza. Kodachi hace un gesto de desdén.
-Primo lejano, Ukyo. En cualquier caso, ese no es el punto. ¿No te das cuenta? Recuerda que Mousse es el mejor amigo de los Saotome, no va a ninguna parte sin ellos, y si los Tendo lo invitaron esta noche, sólo puede haber sido por cortesía, debido a que también es sobrino de mi tío Happosai, y seguramente con la idea de que no vendría a esta casa por lealtad a sus amigos. Y si Mousse aceptó venir a la fiesta de los Tendo, con toda seguridad que trajo a Ranma consigo. O a Ryoga. O quizás a ambos. Es exactamente la clase de cosa que Mousse sería capaz de hacer.
Al oír el nombre de Ranma, Ukyo toma el cuidado de permitir que una mueca de fastidio cruce repentinamente por su rostro, afeando sus facciones por unos instantes.
-No lo creo. ¿Qué ganaría Mousse haciendo algo así?
-Nada. Divertirse un poco, tal vez. Si los Saotome estuvieran aquí, y los Tendo llegaran a reconocerlos, es obvio que habrá pelea. Aunque tomando en cuenta lo que sucedió esta mañana en la plaza, no creo que ninguna de las dos familias se arriesgue a afrontar la ira de mi tío Happosai. En fin, será interesante ver qué sucede cuando llegue la hora de que todos nos quitemos los antifaces.- Kodachi calla por unos instantes, en espera de lo que Ukyo responda a sus palabras.
-Pues espero que no. Vine a divertirme esta noche, y lo que menos deseo es soportar a Ranma siguiéndome por todos lados y rogándome como siempre que le de una oportunidad.- Pero a pesar de que Ukyo trata de disimular sus verdaderos sentimientos, la delatan el brillo de sus ojos y una leve sonrisa que no puede contener y que se abre paso entre sus delgados labios. Ukyo se siente estallar por dentro de vanidad y satisfacción. Si lo que dice Kodachi es cierto, sólo puede haber una razón por la que Ranma Saotome se ha atrevido a entrar en la casa misma de la familia a la que odia con todo su ser. Y esa razón tiene que ser ella, únicamente por verla a ella, sin importarle las consecuencias y el peligro de ser reconocido por sus enemigos. Viendo sonreír a Ukyo, Kodachi sonríe a su vez, con burlona ironía.
-Vaya, vaya. La inalcanzable Ukyo sigue inmune a los encantos de Ranma Saotome. Pero si fuera tú, tendría cuidado, ¿sabes? Recuerda que no hay mucha distancia entre el odio y el amor.
-¿Cómo puedes decir eso, Kodachi? No lo soporto. Ojalá se fijara en alguien más y me dejara en paz a mí.- Pero la voz de Ukyo suena hueca e insincera. En realidad, en su interior ha tomado una decisión: esta noche, será esta noche, en el baile de los Tendo, cuando por fin le dirá Sí a Ranma, pues si en verdad se encuentra aquí no tardará en acercarse a ella y ofrecerle una vez más su corazón entero. Esta vez Ukyo no lo rechazará más, aceptará plenamente este giro del destino que le brinda la oportunidad de elevarse de un sólo paso por encima de todas las demás. Ha llegado el momento de dejar de fingir.
-Entonces, siendo así, no te molestará si yo pruebo mi suerte con él, ¿verdad?- pregunta Kodachi con voz inocente, y observa divertida cómo se le descompone el rostro a Ukyo, sin que esta acierte a responder. La sonrisa de Kodachi se hace más amplia por momentos hasta convertirse en una franca carcajada.
-Ukyo, querida, la verdad es que no eres tan buena actriz como tú crees. Pero no te preocupes, tu secreto está a salvo conmigo. Nadie sabrá que en realidad no puedes creer tu suerte de que Ranma Saotome se haya fijado en ti, y que sólo te estás haciendo la difícil para atraerlo más. Pero te lo advierto como amiga: eso no durará. De eso me encargaré yo.
Ukyo abandona por completo el fingimiento para reaccionar con furia.
-¡Basta, Kodachi! No te atrevas a acercarte a Ranma.
-¿Ah, no? ¿Y exactamente cuál es la razón? Acabas de decir que no lo soportas.
-¡Porque él me quiere a mí! Y si es necesario, pelearé con uñas y dientes para conservarlo.
Kodachi se despoja a su vez de la máscara de falsa cordialidad, descubriendo el glacial desprecio que verdaderamente siente por Ukyo. Y las palabras de Kodachi son de hielo también.
-Eso no será necesario, querida. No hay por qué recurrir a esas tácticas melodramáticas... y bastante clasemedieras, diría yo... Claro que es a lo que estás acostumbrada a usar... Pero escúchame bien, Ukyo Kuonji. ¿Crees que podrás conservar por mucho tiempo a Ranma? Has sido muy lista al usar la táctica de la atracción por lo prohibido, lo inalcanzable... despertaste el instinto masculino de la cacería. Aunque si se fijó en ti en primer lugar, es sólo porque no frecuenta mucho la sociedad, y una cara nueva llama siempre la atención. Pero disfrútalo mientras puedas, porque en cuanto te conozca mejor, se dará cuenta de que no eres la adecuada para él. Él necesita algo más refinado, con más clase. Sólo mírate, querida. Quieres parecer una aristócrata como nosotros, pero no lo eres, y no lo serás jamás. En cambio, alguien como yo... Te advierto que estoy decidida a conquistar a Ranma, y ni tú ni nadie podrá impedírmelo. Y si no quieres salir lastimada, más vale que te apartes de mi camino. ¿Entiendes?
La furia de Ukyo se ha disuelto ante las palabras de Kodachi, y no puede más que mirarla como hipnotizada, sin mover un solo músculo o emitir ningún sonido. Y mientras lágrimas de rabia y odio asoman a los ojos de Ukyo, Kodachi, lanzándole una última mirada de desprecio, abandona el balcón, y poniéndose de nuevo el antifaz, vuelve a entrar en el salón de baile.
La música ha vuelto a sonar, y la pista se llena nuevamente de parejas. Mientras Kodachi trata de buscar disimuladamente a Ranma entre la multitud, un ligero toque sobre la piel desnuda de su brazo izquierdo la hace voltear.
-Toda vestida de negro sólo puede ser Kodachi Kuno. ¿Quieres bailar conmigo?
-Ah, Ryu. Te reconocí por la voz. Me encantaría.-Kodachi acepta con gracia la invitación, aunque eso signifique no poder hallar a Ranma por el momento, y finge reprender a Ryu.-Aunque se supone que debemos mantener nuestras identidades en secreto.
-Bueno, tratar de identificar a nuestros conocidos forma parte de la diversión, ¿no te parece?-responde Ryu encogiéndose de hombros.
Y mientras gira al compás de la música en los brazos de Ryu, Kodachi hace una promesa silenciosa: "Ranma Saotome, tú serás mío... o dejaré de llamarme la Rosa Negra."
Capítulo 6: Un vals bajo las estrellas
Fuera de la mansión Tendo, un taxi se ha detenido junto a la verja que protege una de las entradas laterales. Una joven vestida con un largo vestido chino de roja seda, de largo cabello azul purpúreo, y con una pequeña bolsa de viaje, desciende del auto, notando con extrañeza las luces que encienden la mansión, y el eco de la música, la conversación y las risas de los invitados que llegan hasta ella. Mientras el taxi que la ha transportado se aleja en la distancia, el ruido de la verja que se abre la hace voltear, y la voz de Cologne resuena dándole la bienvenida:
-¡Shampoo, llegaste!
-¿Me extrañaste, bisabuela?- sonríe a su vez la recién llegada, abrazando a la anciana china con afecto.-Te prometo que ya no te volveré a abandonar. He completado mi entrenamiento. Tienes ante ti a una amazona legítima de la aldea de la Supremacía Femenina-anuncia con orgullo.
Cologne, alarmada, mira nerviosamente de lado a lado.
-¡Shh! No hables tan alto, niña. Nunca se sabe quién puede estar escuchando.
-¿Con todo ese ruido? No me dijiste que iba a haber una fiesta. ¿O es mi fiesta de bienvenida?-bromea la joven china. Cologne ríe de buena gana.
-Los Tendo siempre celebran una fiesta de disfraces en estas fechas. Vamos adentro, bisnieta. El frío de la noche no es bueno para mis achaques.
-¿Achaques tú, bisabuela? Si eres más fuerte que un roble.-Las dos entran en la propiedad por un sendero que conduce a una de las entradas de servicio de la casa Tendo y que llevan al ala de la casa donde se encuentran las habitaciones que ocupa Cologne. La anciana conduce a su bisnieta por un pasillo hasta una pequeña pero cómoda habitación al lado de la suya propia, que incluye su propio cuarto de baño, y con un amplio ventanal que da a una pequeña terraza con acceso al jardín.
-Ésta será tu habitación, Shampoo. ¿Qué te parece?
-No está nada mal, bisabuela.- Shampoo deja caer su maleta en el piso y atraviesa la habitacion, abriendo el ventanal.-Te ha ido bien en Japón, ¿eh?
-No me quejo, querida. Es tan buen lugar como cualquier otro.
-¿Así que todavía nadie tiene idea de quién eres en realidad? ¿Y cómo explicaste mi presencia a los Tendo?
-No fue necesario explicar nada. Para todos sólo soy una inmigrante china más, huyendo del régimen comunista, así que el que quisiera traer conmigo a mi bisnieta no tiene nada de particular ni provocó ningún interés. Esta casa es lo suficientemente grande para dar cabida a mucha más gente sin hacer preguntas. Bueno, debes estar cansada del viaje, y yo todavía tengo algunos deberes que cumplir. Descansa, y hablaremos mañana.
-Hasta mañana, bisabuela.-Shampoo se inclina y besa a la anciana de despedida, y ésta se retira.
Pero en realidad, la joven china no está cansada. Al cerrarse la puerta tras Cologne, Shampoo camina inquieta por la habitación, y sale a la terraza, donde se queda inmóvil por unos instantes, aspirando la fragancia del viento nocturno, mirando a la distancia las luces de la mansión Tendo. Presa de una repentina agitación, Shampoo echa a andar sin rumbo, llegando con pasos ágiles y silenciosos hasta el jardín en penumbra que rodea la parte principal de la casa, iluminado tan sólo por la tenue luz de las estrellas. La música de la fiesta llega con suavidad hasta ella, envolviéndola, y Shampoo se deja llevar por ella, girando como una hoja en el viento, hasta que una voz la sorprende, haciéndola detenerse:
-¿Me concedes esta pieza?
Sobresaltada, Shampoo se paraliza al darse cuenta de que no está, como pensaba, sola en el jardín, y mira con azoro al apuesto joven de largo cabello negro y túnica blanca que ha sido testigo de su danza a solas bajo la luz de las estrellas. Pero sin darle tiempo de responder nada, él ha avanzado hacia ella y la toma entre sus brazos, haciéndola girar al ritmo de la música. Shampoo logra reaccionar tras unos segundos.
-Espera...no...-pero el muchacho sólo le sonríe seductoramente y la ciñe más contra su cuerpo, impidiéndole escapar. Sintiendo que con ese contacto su voluntad se desvanece, Shampoo suspira levemente, cierra los ojos y se deja llevar una vez más por la magia de la música y de las estrellas, y los dos bailan en silencio hasta que la pieza termina. Al renacer la quietud, el joven se separa un poco de ella, pero continúa tomándola de la estrecha cintura, mirándola intensamente a los ojos.
-Eres nueva aquí- es una afirmación, no una pregunta.
-Sí, acabo de llegar de China-responde Shampoo en voz baja.
-Mi familia también es originaria de China, aunque ya lleva varias generaciones viviendo en Japón-comenta el joven de blanco.-Me llamo Mousse.
-Yo...-empieza a decir ella, pero repentinamente, ahora que la música ha parado, la cordura vuelve a nacer en ella. ¿Qué está haciendo? Esto es peligroso, está poniendo en riesgo el secreto de la identidad de Cologne, y de la suya propia... ¿en qué puede haber estado pensando? Shampoo lucha por desasirse de los brazos del joven de blanco.-Perdóname... no puedo hacer esto.-Y soltándose del abrazo, corre y se pierde en la penumbra del jardín.
-¡Espera! ¡No te vayas!-llama Mousse tras ella, pero tan sólo el silencio le responde.
Mousse empieza a andar hacia donde desapareció ella, pero aquí la oscuridad es casi total, y le resulta imposible seguirla. Desalentado, el joven de túnica blanca se queda inmóvil en medio del jardín. A pesar de la brevedad del encuentro con ella, su mente ha quedado llena de imágenes de la misteriosa joven del cabello violeta, aún la puede ver bailando sola bajo la luz de las estrellas, aún puede sentir entre sus brazos la huella indeleble que le dejó su contacto. Mousse frunce el ceño, desconcertado de que un encuentro tan fugaz pueda tener este profundo efecto en él, y trata de reunir las piezas del rompecabezas. Evidentemente ella no forma parte de los invitados a la fiesta de los Tendo, pues no estaba vestida de fiesta, ni es tampoco parte de la familia. ¿En dónde encaja aquella chica que acaba de llegar de China? Pero a pesar de que no puede explicarse a sí mismo la razón, Mousse siente la repentina certidumbre que aquella chica será de importancia primordial en su vida, que debe volver a verla, que no estará completo hasta que logre encontrarla. Y Mousse es un artista marcial y no está acostumbrado a darse por vencido. Aprieta los puños con determinación y promete en voz alta:
-La encontraré, lo juro, aunque tenga que ir a buscarla hasta el fin del mundo.
Capítulo 7: ¿Crees en el amor a primera vista?
En medio de la penumbra del dojo Tendo, el mundo parece haberse detenido para los dos jóvenes que se miran frente a frente. El tenue claroscuro lunar danza en un juego de luz y sombras, creando un entorno mágico que los envuelve por completo, como si de pronto todas las leyes del universo se hubieran suspendido. Ranma apenas se atreve a respirar, pues la chica que tiene frente a sus ojos es hermosa más allá de toda ponderación, con la belleza inmaterial que sólo se puede encontrar en los sueños más secretos del corazón, y teme que con sólo un parpadeo ella se desvanezca como si se tratara de un espejismo creado por su fantasía. Casi sin saber qué hace, se acerca a ella paso a paso, mirándola como deslumbrado, como si fuera de aquellos ojos marrones no existiera para él otra meta, y que en alcanzarla le fuera la propia vida.
Akane, por su parte, también se siente cautivada por aquel extraño e intemporal hechizo que los envuelve a los dos. La mirada de aquel chico parece tenerla clavada en su sitio, como fino alfiler que atravesara el cuerpo de una frágil mariposa de alas translúcidas. Los pasos de Ranma lo han llevado hasta ella, y ninguno de los dos se atreve a hablar, sólo mirándose como si se reconocieran, como si los dos supieran que se han estado buscando uno al otro desde el principio de los tiempos, que todo otro sentimiento antes vivido no era más que una pálida sombra de esta realidad nueva, que todo lo que ha sido su vida antes de ahora no ha sido más que un preludio que ha desembocado aquí, en este momento y lugar, y que a partir de ahora nada volverá a ser igual que antes.
-¿Eres... eres real?- pregunta al fin Ranma con ojos anhelantes y voz soñadora.
-¡Por supuesto que soy real!-Akane ríe suavemente mientras extiende una de sus finas manos, en un gesto que resulta grácil y encantador. Ranma toma la mano de ella entre las suyas, maravillándose ante su suavidad, y al mismo tiempo sintiendo la fuerza que vibra bajo estos esbeltos y delicados dedos. No puede haber otra explicación: ella tiene que ser una artista marcial, y de las mejores. Su propio instinto de artista marcial se lo señala. Impulsivamente, Ranma lleva la mano de Akane hasta sus labios, y mientras la mira directamente a los ojos, deposita un audaz beso entre sus dedos finos.
Akane no logra explicarse qué le sucede. No logra dejar de mirarlo, y no puede oponer ninguna resistencia al cálido toque de los labios masculinos sobre su piel, que despierta en ella sensaciones jamás vividas. Peor aún, aunque pudiera hacerlo, no siente ningún deseo de retirar su mano o su mirada. Todo lo que desea es estar aquí, con él, olvidando todo lo demás. Y animado por la mirada de ella, Ranma la toma por la cintura para acercarla más así.
-Eres lo que siempre había soñado, ¿sabes?-Y llevado por el mismo impulso, la besa sorpresivamente.
¿Cuánto tiempo ha durado este beso? Un minuto o una eternidad... ninguno de los dos podría decirlo. El tiempo ha perdido todo significado para ellos. Sólo saben que nunca nada se ha sentido tan correcto, tan perfecto, que el universo entero se encuentra en armonía. El beso se alarga, se profundiza, se eterniza, los envuelve a los dos en un torbellino de emociones nuevas e incomprensibles, que les roba a ambos el aliento. Los brazos de él la rodean, moldeándola, estrechándola contra su cuerpo, y pareciera que ella ha sido hecha a la medida de su abrazo, que éste es el lugar donde siempre debe estar. A su vez, las manos de Akane se deslizan por la espalda de él, inciertas al principio, después con mayor confianza, siguiendo el camino que por primera vez le susurra su instinto de mujer, ascendiendo lentamente hasta enredarse en la trenza del chico, volviendo a bajar, recorriendo sus brazos, deleitándose al contacto de la marcada musculatura del joven desconocido. Y el beso sigue...
Al separarse por fin, los labios de ella tiemblan levemente.
-Yo... ni siquiera sé tu nombre...-empieza titubeante.
-¿Eso quiere decir que no te gustó mi beso?-Con voz juguetona, Ranma frunce el ceño, fingiendo enojo. -Entonces devuélvemelo.- Y nuevamente sus labios se unen a los de Akane, que no puede más que permitirle hacer con ella lo que desee. Todo lo que faltó con Tatewaki, esa chispa, esa conexión, esa reacción química al contacto de sus miradas, de piel con piel, ahora se enciende avasalladoramente entre los dos, y con la misma certeza que sintió antes de nunca poder amar a Tatewaki, ahora sabe que finalmente se ha encontrado con su destino, que desde este momento ya no se pertenece a sí misma. No, ahora su corazón, su alma y todo su ser le pertenecen a este muchacho, de manera irrevocable y para toda la eternidad.
-¡Akane! ¿Dónde te has metido?-Una voz que resuena en la oscuridad rompe inesperadamente el dulce hechizo. Una puerta que conecta al dojo con el interior de la casa se ha abierto, dejando entrar un rectángulo de luz artificial que inunda el recinto y choca con la claridad de la luna. Ranma separa sus labios de los de Akane, mientras ambos voltean hacia la luz, que delínea la figura de una anciana china de rostro severo.-Estaba segura de que estarías aquí.-prosigue Cologne.-Tu madre te está buscando. Le dije que yo te encontraría y me encargaría que regresaras enseguida al salón de baile.-Cologne enarca una ceja al darse cuenta del significado de la escena que ha interrumpido, pero no dice más.
Con la llegada de Cologne, el extraño efecto de la luna se ha disuelto instantáneamente. Akane siente arder sus mejillas, y una invencible timidez la invade. Dando un paso hacia atrás, y con la mirada baja, se suelta del estrecho abrazo en el que todavía la tiene envuelta el joven desconocido. Siente de pronto que ya no puede mirarlo a los ojos, que si lo hace él podrá leer en ellos hasta el más recóndito de sus secretos, y un último resto de su orgullo de mujer se lo impide. ¿Quién es este chico, a quien ha permitido hacer con ella lo que jamás ha permitido a ningún otro? ¿Qué pensará de ella, que no ha intentado ni siquiera detenerlo, o protestar? Akane se ha ruborizado furiosamente, y un único pensamiento llena ahora su mente: escapar de él.
-Iré enseguida, Cologne-anuncia con voz débil, y se lanza corriendo hacia la puerta al interior.
Ranma se ha quedado inmóvil al verla desaparecer. "Akane... Akane... se llama Akane..." Como un encantamiento, el nombre de ella resuena en la mente de Ranma, apagando todo otro pensamiento. Tampoco él puede explicarse exactamente todo lo que sucedió entre él y la chica que acaba de abandonar sus brazos, dejándole un doloroso vacío en ellos. Cologne tampoco se ha movido. Los ojos de la anciana china recorren especulativamente al joven que tiene enfrente, escrutándolo, escudriñándolo, como queriendo averiguar sus pensamientos más ocultos.
-Vaya, vaya, señor Saotome. Qué interesante encontrarlo aquí.-Cologne rompe al fin el silencio.
-¿Sabe quién soy?- pregunta Ranma, volviendo en sí a la realidad, instantáneamente alerta.
-Dudo que haya alguien en todo Japón que no haya oído hablar de Ranma Saotome-responde Cologne con voz suave, y sonríe socarronamente al proseguir.-Aunque la pregunta ahora es, ¿lo sabe ella? Lo dudo mucho, así como no creo que usted sepa quien es ella, porque si lo supieran, no los habría encontrado así.
Ante las palabras de Cologne, un repentino pensamiento atraviesa a Ranma como una puñalada.
-¿Quién es ella? ¿Quién es ella? ¡Responda, anciana!-demanda con voz ahogada. La sonrisa de Cologne se acentúa aún más.
-¿Le dice algo el apellido Tendo, señor Saotome? Ya lo veo que sí.
-No... no es verdad, no puede ser- rechaza Ranma con desesperación.-Ella, ¿una Tendo? -y ciegamente da unos pasos hacia atrás, como si al poner distancia entre él y la anciana pudiera borrar las palabras fatales que ésta ha pronunciado. "Una Tendo... una Tendo... ella es una Tendo," vuelve a resonar en su cabeza, ahora como un eco burlón al que no logra acallar. "Una Tendo... una Tendo... es una Tendo... tenía que ser una Tendo... una Tendo..." -¡No es verdad! ¡No puede ser verdad!-vuelve a gritar, más hacia sí mismo que hacia Cologne, y sale tambaleándose del dojo por la puerta que da al jardín.
Ranma avanza sin ver por dónde va, no tiene más que el rostro de ella ante sus ojos, y su corazón destrozado se rebela ante esta nueva y amarga burla de su funesto destino: amar a primera vista y para siempre a la hija del enemigo de su familia.
Capítulo 8:
Al abandonar el dojo, Akane no se ha dirigido de vuelta a la fiesta donde su familia aguarda su presencia. Sabe que no se encuentra en condiciones de encontrarse con nadie, y sube corriendo desesperadamente por las escaleras privadas que conducen a la parte de la casa donde se encuentran las habitaciones de la familia. Una vez en su habitación, cierra la puerta tras de sí y se arroja sobre su cama, apoyando la barbilla sobre sus brazos cruzados, con la mirada perdida en la lejanía mientras tratan de encontrar algún sentido a lo que ha sucedido. ¿Es posible que ella, Akane Tendo, la mejor artista marcial femenina de Nerima, a quien hasta ahora únicamente le había interesado su entrenamiento, quien siempre ha declarado abiertamente que no le interesan los muchachos, haya podido comportarse de esa manera, que haya podido abandonarse hasta el grado de caer en brazos de un chico a quien nunca ha visto antes? ¿Qué pensarían todos si lo supieran? Pero al mismo tiempo Akane sabe que debe ser honesta consigo misma, reconoce que si el tiempo volviera atrás, si volviera a encontrarse en la penumbra del dojo, si la puerta del jardín volviera a abrirse, y el mismo chico volviera a entrar y se encontrara de nuevo frente a él, volvería a ocurrir exactamente lo mismo, ella caería de nuevo en los brazos de él, sin oponer resistencia y sin hacer preguntas.
"Y ni siquiera sé quien es, o si volveré a verlo alguna vez," musita Akane para sí misma, escondiendo el rostro entre sus manos.
Un repentino toque a su puerta la saca de su ensimismamiento.
-Akane. Soy yo, Cologne.
-Pasa- responde Akane, volviendo la cabeza hacia su puerta, por donde entra la anciana china, con una expresión preocupada en el rostro.-Lo siento, olvidé que me dijiste que mamá me estaba buscando...-empieza a decir Akane, incorporándose a medias de la cama, pero Cologne ataja con un gesto.
-No te preocupes, ya no es necesario que bajes. Le dije que estabas muy cansada y que ya te habías retirado a tu habitación. Kasumi y Nabiki se bastan solas muy bien para despedir a los invitados.
-Gracias, Cologne.-suspira Akane, aliviada. El silencio se prolonga por unos instantes más, hasta que Akane se decide a romperlo, y empieza tentativamente:-Cologne... hace un rato... en el dojo...-Cologne sigue sin responder, limitándose a observarla, y Akane prosigue:-Bueno... tú viste lo que sucedió...-Akane no puede enfrentar más tiempo la mirada de Cologne, se pone de pie y se dirige hasta su ventana, donde se queda unos instantes contemplando hacia afuera el cielo nocturno.
-Sí, lo vi- responde al fin Cologne.- ¿Te preocupa que se lo pueda decir a tus padres?
-No es eso, Cologne-niega Akane con la cabeza, volviéndose para mirar de frente a Cologne.-O al menos, no es sólo eso. Yo... no quisiera que pensaras...-pero antes de que pueda continuar, Cologne la interrumpe con decisión.
-No digas más, Akane. No es mi lugar juzgarte ni a ti ni a tus acciones. Pero en realidad es mejor que las dos finjamos que nada sucedió.
Akane empieza a asentir, pero se detiene. Quizá sería lo mejor, pero su recién asumida honestidad la obliga a enfrentarse abiertamente ante los hechos, y responde suavemente:
-Pero es que sí sucedió, Cologne, es algo que no puedo negar.
-Entonces déjame decirlo de otro modo. Debes olvidarte de todo lo que sucedió esta noche, Akane. Sobre todo, debes olvidarte del chico con el que estuviste en el dojo.
-¿Porqué, Cologne? ¿Tú sabes algo de él?-pregunta Akane frunciendo el ceño. Hay algo que anda mal, puede percibirlo claramente. Cologne se encuentra demasiado seria, su mirada es demasiado intensa, y Akane tiembla sin saber porqué, acaso presintiendo la presencia de algo desconocido y amenazador, algo que puede cambiar el curso de su vida.
Ahora Cologne es la que rehúye la mirada de Akane, bajando los ojos hasta el suelo.
-No me hagas más preguntas, mi niña. Tienes que confiar en mí, cuando te digo que ese chico no es para ti, no puede serlo nunca.
-¿Porqué? ¿Sabes quién es? ¡Dímelo, Cologne!-exclama Akane angustiada. Cologne sigue mirando hacia abajo, y Akane cruza a grandes zancadas la habitación y toma a Cologne de los brazos, obligándola a mirarla de frente. -¡Tú sabes quén es! ¡Dímelo!
-Sí mi niña, sé quien es- responde al fin Cologne renuentemente, y aún intenta evadir.-Pero dudo que te agrade la respuesta. Por favor no me hagas decírtela.
-¡Ya has dicho demasiado para callar ahora! ¡Dímelo, Cologne, necesito saberlo, tienes que decírmelo!-insiste Akane con desesperación, con las manos enlazadas sobre el pecho, mientras que de sus ojos empiezan a brotar cristalinas lágrimas que amenazan con derramarse, sintiendo que toda su vida depende de aquella respuesta.
-¡Mi niña! Créeme que daría cualquier cosa por poder ahorrarte este dolor. En cuanto sepas su nombre, entenderás porqué debes olvidarte de él, porqué no puede haber nunca nada entre ustedes dos-Cologne titubea en proferir las palabras que habrán por fuerza de destrozarle el corazón a Akane, pero comprende que aunque quisiera, no puede ocultarle la verdad por más tiempo. Akane debe saberlo antes de que salga lastimada. Cologne sonríe irónicamente: ¿acaso el daño no está hecho ya? Aspira hondo, y finalmente responde:-Se llama Ranma y es... un Saotome, el heredero de la familia.
"Un Saotome... un Saotome... él es un Saotome..." Las palabras de Cologne parecen resonar por toda la habitación de Akane, y ella cae de rodillas, tapándose la boca con las manos para contener un sollozo desesperado, mientras las lágrimas se derraman incontenibles por sus tersas mejillas.
Al eco de aquellas palabras, Akane siente que todo su mundo se destroza en mil pedazos, que todo da vueltas a su alrededor, y que un espantoso abismo se abre ante sus pies. El chico que la tomó en sus brazos en el dojo en penumbra, que con sólo un beso fue capaz de robarle al mismo tiempo el corazón y la voluntad... un Saotome, un miembro de aquella familia aborrecida, el heredero. ¿Porqué tuvo que saberlo demasiado tarde? Akane llora y ríe al mismo tiempo, ríe amargamente, burlándose de sí misma y de su ingenuo corazón: fue demasiado tarde desde el primer momento que lo vio, desde la primera vez que estuvieron frente a frente no hubo ya escape para ella. El destino ha hablado, y su condena es irrevocable, está obligada a amar al hombre a quien su familia le ordena odiar.
Cologne abraza a Akane, y la deja llorar largo rato sobre su hombro, acariciándole el cabello, meciéndola suavemente. La anciana china ha vivido demasiado tiempo, y conoce demasiado bien a Akane, para no darse cuenta de lo que sucede en el corazón de la chica. "Verdaderamente lo amas, mi niña.-piensa en silencio Cologne-Y mucho me temo que el joven Saotome te corresponde. Por increíble que parezca, un único encuentro ha bastado para los dos. Si es así, no quiero imaginar lo que podría suceder. Mi niña, ¿porqué tuvo que venir ese muchacho a esta casa? ¿Porqué tuviste que encontrártelo?"
Pero Cologne comprende que las lamentaciones son inútiles, que no hay modo de volver el tiempo atrás. -Ven, mi niña. Te llevaré a tu cama.-Cologne ayuda a Akane a incorporarse, y ésta se deja conducir por la anciana dócilmente y sin protestar, como aturdida, como una autómata, como alguien que ha perdido irremediablemente toda esperanza, todo deseo de vivir.
Fin de la primera parte
Segunda parte.
Prólogo
Una pasión antigua yace muerta,
y otra pasión naciente
para heredar su frenesí despierta.
La dama que tan bella parecía,
por quien amor gemía
y la muerte anhelaba, de repente
perdió su encanto, y no parece bella
con la tierna Akane comparada,
que es de Ranma amada,
como él amado de ella:
Tal cambio obró el poder de la hermosura.
Mas ¡ay! Es menester que a su enemiga
refiera él su querella,
y a ella el destino sin piedad obliga
a arrebatar el cebo codiciado
que amor le tiende, de terrible anzuelo.
Siendo enemigo de mi estirpe, apenas
podrá hallar él propicia coyuntura
para contar sus penas
y revelar su amor al ser amado,
y ella, en igual cuidado,
apenas ofrecer podrá consuelo
a su hondo y triste duelo.
Mas la pasión les da valor y bríos,
les da lugar el tiempo y su albedrío
para colmar unidos su ventura,
templando con dulzura
la saña y el rigor del hado impío.
