Capítulo 9: Cuando ama un artista marcial
-¡Mousse, al fin te encuentro!-Ryoga exhala un suspiro de alivio al divisar entre la multitud al joven chino.
Ha llegado el momento cumbre del baile de los Tendo, y las parejas vuelven a llenar la pista de baile, riendo y conversando entre sí, preparándose para el último baile de la noche, previo al momento en que todos deben descubrirse el rostro y revelar su identidad. Es preciso que los tres muchachos abandonen este lugar cuanto antes, y con cada momento que demoran, el peligro de ser descubiertos se agudiza. Ryoga avanza entre la gente a grandes zancadas hacia donde se halla Mousse, en un apartado rincón del salón de baile, donde casi pasa inadvertido, de pie junto a uno de los altos ventanales que miran hacia el jardín, ajeno a la alegría general, con aire ausente y la mirada fija en la oscuridad de afuera.
-Te he estado buscando por todas partes-susurra ásperamente Ryoga al reunirse con su amigo.-¿Tienes idea de dónde se puede haber metido Ranma?
-No, hace ya mucho rato que desapareció. No lo he visto-responde Mousse con indiferencia.
-Bueno, pues tenemos que encontrarlo.-A pesar de que trata de hablar bajo para no atraer la atención, la voz de Ryoga deja traslucir un tono de urgencia que no logra contener.- Ya casi es medianoche, así que sugiero que salgamos de aquí antes de que llegue el momento en que todos se quiten los antifaces. En realidad nunca debimos quedarnos tanto tiempo, pero no sé cómo se las arreglaron ustedes dos para perderse de vista.
-¿Ya es tan tarde?-se sorprende Mousse.- No me había dado cuenta de la hora. En fin, Ranma tiene que estar en alguna parte. Vamos a buscarlo.
Después de cerciorarse discretamente de que Ranma no se encuentra en el salón de baile ni en los balcones, ambos muchachos se dirigen a paso rápido por los pasillos de la mansión hacia la puerta de la casa, hasta alcanzar la escalinata de mármol que conduce a la entrada principal de la mansión Tendo. Ryoga y Mousse bajan los escalones a toda prisa y salen al jardín, mirando en todas direcciones, hasta que al dar la vuelta a una esquina de la casa casi chocan con Ranma, quien viene caminando con lentitud en dirección opuesta.
-¡Ranma, al fin te encontramos! ¡Tenemos que salir de aquí...!-empieza a exclamar Ryoga, pero se interrumpe al darse cuenta de que, a pesar del encontronazo, Ranma apenas y parece darse cuenta de la presencia de los dos muchachos. Ryoga frunce el ceño y toma a su primo de los hombros, sacudiéndolo un poco.-Hey, Ranma, ¿qué te pasa? ¡Tenemos que salir de aquí! ¡Ranma! ¿Me estás oyendo? ¿Y qué haces sin tu antifaz? ¡No sé tú, pero yo no tengo ganas de que me reconozcan como un Saotome en esta casa!
-Ryoga... Mousse...-Al fin las palabras de Ryoga parecen penetrar en la consciencia de Ranma, haciéndolo reaccionar, volviendo en sí como lo haría un sonámbulo, como si ascendiera lentamente a la superficie de un profundo abismo.
-¿Es que acaso estás sordo? Bueno, qué más da, lo importante es que ya te encontramos.- Una vez que su primera indignación se apacigua, Ryoga respira hondo y se calma un poco.-¡Ahora sí, vámonos de aquí!-y agarrándolos de un brazo, casi arrastra a Ranma y a Mousse tras de sí, y sin mayor contratiempo, los tres jóvenes llegan a la verja de acceso de la mansión, y abandonan rápidamente la propiedad Tendo.
Durante la corta caminata de vuelta, Ranma se ha sacudido su extraño ensimismamiento, y de pronto aprieta el paso y deja atrás a los otros dos muchachos. Al llegar a su auto estacionado, se adelanta y salta al asiento del conductor, y casi sin esperar a que Ryoga y Mousse también suban, arranca el auto a toda velocidad. Los dos chicos se sorprenden un poco ante la impetuosidad de Ranma, pero no pronuncian palabra mientras se arrancan por fin los antifaces de la cara, y Ryoga se quita también el casco de samurai y se sacude el cabello al viento. El convertible color plata surca como un luminoso relámpago las calles de Nerima, ahora vacías y silenciosas, internándose cada vez más rápido en la oscuridad de la noche, y es la inusitada velocidad a la que conduce Ranma la que hace al cabo que Ryoga y Mousse caigan en la cuenta que algo parece no marchar bien. Ambos voltean a ver de soslayo a Ranma, que tiene las dos manos sobre el volante, sujetándolo férreamente, con decisión, la mirada fija hacia adelante y los dientes apretados, e intentan protestar ante su forma de conducir.
-Oye, Ranma, ¿no crees que vas muy rápido? ¡Baja la velocidad!
-¡Sí, si te quieres matar, hazlo cuando no venga yo contigo!
Ranma no contesta, ni siquiera da señales de haber oído las palabras de Ryoga y Mousse, presiona el acelerador del convertible todavía más a fondo, y aún desearía poder ir más rápido, para ahogar en adrenalina el tumulto de emociones que le inundan el pecho, que él siente como una marejada que se estrellara incontenible contra las rocas de un acantilado. Es como si al poner kilómetros de por medio entre él y el lugar que acaba de abandonar pudiera borrar las horas pasadas y todo lo que sucedió en el dojo Tendo, como si al sentir el helado viento de la madrugada azotándole de lleno el rostro éste pudiera apagar el torrente de fuego que le corre por las venas y brindarle el olvido de las emociones vividas. Pero ni la distancia, ni el viento, ni la velocidad logran disolver su desesperación, sofocar la rabia que siente contra el destino que inesperadamente lo puso cara a cara con Akane Tendo, que despiadadamente lo dejó desarmado e indefenso al enfrentarse por primera vez contra un enemigo demasiado poderoso aún para el mejor artista marcial de Nerima, que a pesar de toda su fuerza y su destreza, por primera vez se siente impotente, que está descubriendo que nada puede contra el amor.
Mousse y Ryoga no pueden más que sujetarse a sus asientos mientras intercambian miradas de extrañeza. No es típico de Ranma que sea así de temerario al conducir. Ninguno de los dos logra explicarse qué le ocurre al joven Saotome. ¿Qué pudo haber pasado en la mansión de los Tendo para transtornarlo de esa manera?
-¡Ranma! ¿Estás loco! ¿Qué no me escuchas? ¡Que bajes la velocidad, idiota! ¡Nos vamos a matar!-insiste Ryoga una vez más, y esta vez parece que sus palabras surten efecto. Sorpresivamente Ranma aplica los frenos del auto, pero en lugar de detenerse por completo, diestramente hace dar media vuelta al auto entre un rechinido de llantas, y reemprende velozmente la marcha en dirección contraria, para dirigirse una vez más rumbo al lugar donde partieron.
-¿Qué te propones, Ranma?-pregunta Mousse, entre confundido y molesto. Al ver que Ranma sigue sin hablar, Mousse prosigue tentativamente, con la única explicación razonable con la que su mente logra dar.- ¿Sucedió algo con Ukyo? ¿La viste, hablaste con ella...?-Ante la mención de Ukyo Kuonji, Ranma por fin parece reaccionar.
-¿Ukyo?-Ranma repite el nombre como si lo estuviera escuchando por primera vez, y voltea a ver a Mousse como si éste hubiera pronunciado el mayor de los absurdos.-No, claro que no.
-¿Entonces quieres explicarnos qué demonios te pasa?
-¡Sí, desde hace un rato estás muy raro!-interviene Ryoga-¿Adónde vamos?
-De vuelta a la casa Tendo-responde Ranma concisamente, con la mirada fija una vez más hacia adelante.
-¿Qué? ¿Estás demente? ¿Para qué diablos quieres regresar ahí? ¿Te quieres suicidar?-exclama Ryoga. Pero por más que él y Mousse insisten en interrogar a Ranma, éste ya no les responde nada más. Se limita a conducir en silencio, concentradamente, aunque esta vez a velocidad algo menor, y finalmente Ryoga y Mousse se dan por vencidos ante el obstinado mutismo de Ranma. Los últimos minutos del trayecto transcurren en silencio total, roto únicamente por el ruido del motor, hasta que Ranma detiene el auto en un solitario callejón a espaldas de la casa Tendo, que en contraste con las brillantes luces, la decoración y la música de la fiesta de esta noche, ahora se halla oscura y silenciosa como una tumba.
-¿Y bien? Ya llegamos. ¿Ya nos vas a explicar qué estamos haciendo aquí?-demanda Mousse.
-Tengo un asunto pendiente que debo resolver.-Sin hacer caso del enfado de Ryoga y Mousse, Ranma salta resueltamente fuera del convertible, dejando las llaves puestas en la ignición.-Ustedes váyanse, y no se preocupen por mí.
-¿Un asunto pendiente? ¿Qué asunto puedes tener en esta casa?-pregunta Ryoga en el colmo del asombro.
-Dejé mi corazón aquí, y voy a buscarlo-responde Ranma sin detenerse ni voltear a mirarlos.
-¿Qué? ¿De qué rayos estás hablando? ¡Ranma, espera! ¡Ranma!-Ryoga también baja del auto y da unos pasos tras él, con la intención de detenerlo del brazo, pero Ranma es demasiado rápido para que le dé alcance, ha llegado al pie del elevado muro que delimita la propiedad, y su habilidad de artista marcial le permite saltarlo fácilmente y desaparecer tras él. Mousse también ha bajado del auto, y él y Ryoga se quedan inmóviles, dudando si deben seguir a Ranma, contemplando incrédulamente la oscuridad por unos instantes.
-¿Su corazón? ¿Qué diantres quiso decir con eso?-pregunta desconcertado el joven chino.
-No tengo idea- musita Ryoga.- Estaba de lo más extraño. Nunca lo había visto así.
-¿Crees que Ukyo...? Cuando se nos perdió de vista, Ranma estaba decidido a buscarla... ésa fue la única razón por la que aceptó ir con nosotros a esa fiesta...-vuelve a especular Mousse, pero Ryoga lo corta en seco, negando con la cabeza.
-No, no lo creo. Ni siquiera por ella se había puesto así. Y él mismo dijo que no se trataba de eso, ¿no recuerdas?
-Sí... cuando se la mencioné, por un momento pensé que me iba a preguntar quién diablos era Ukyo-comenta Mousse, levemente divertido por unos instantes, para después volver a fruncir el ceño.- Pero tiene que tratarse de ella, porque si no es así, entonces no me explico qué puede ser lo que le pasa. Quiero decir, hasta hace un rato estaba loco por ella... no pudo haberla olvidado en tan poco tiempo...
-En todo caso, no la vendría a buscar aquí, ¿no te parece? No, Mousse, lo conozco bien, y presiento que aquí pasa algo más, hay algo que no comprendemos, aunqué no sé qué pueda ser...- La voz de Ryoga se va apagando, por unos instantes mira otra vez el muro tras el que acaba de desaparecer Ranma, y tras unos momentos más de silencio, finalmente se vuelve hacia Mousse.- Bueno, creo que ya no tenemos nada que hacer aquí.
-¿Quieres decir que nos vayamos y lo dejemos aquí solo?
-¿Qué más podemos hacer?-Ryoga se encoge de hombros.-Tú mismo lo escuchaste. Es obvio que no quiere nuestra compañía.-Desganadamente, Ryoga sube al asiento del conductor y enciende el auto. Tras esperar a que Mousse también suba renuentemente al auto, ambos jóvenes reemprenden su viaje pensativos y en silencio. En realidad, Mousse tiene sus propias razones para sentirse callado y abstraído, aunque Ryoga, sumido en sus propias reflexiones, parece no notarlo. El convertible vuelve a internarse en medio de la noche, y sus luces se pierden una vez más en la oscuridad de las desiertas calles de Nerima.
De nuevo dentro de la propiedad Tendo, Ranma avanza por el oscuro jardín, sigilosamente, pero con determinación, deslizándose entre las espesas sombras sin hacer ruido. No tiene ningún plan definido, ninguna estrategia a seguir, al invadir de nuevo este lugar, pero la veloz carrera de hace un rato en el convertible y la frialdad del viento nocturno le han servido para aclararle la mente y reponerse de la tremenda impresión que las revelaciones de Cologne le provocaron, y le han permitido tomar en su interior una resolución inquebrantable: él es, ante todo, un artista marcial, el mejor artista marcial de Nerima, y los artistas marciales se enfrentan abiertamente a los problemas, no se rinden ante los obstáculos, toman las riendas de sus propias vidas, escriben su propio destino. Aunque no pueda explicarse porqué o cómo sucedió, el encuentro que sostuvo con Akane, para bien o para mal, a pesar de su brevedad ha cambiado irremediablemente el curso de su vida, y ante ese hecho innegable él no puede simplemente darse la vuelta y alejarse, pues sabe que habiéndola visto una vez, ya no puede olvidarla, que ya para él no existe ni existirá absolutamente nadie más, que le pertenece entero a ella en cuerpo y alma, que la amará única y exclusivamente a ella el resto de su existencia. Así que eso significa que debe ver a Akane de nuevo, debe hablarle con el corazón en la mano, sincerarse ante ella, desnudar el alma por completo, tiene que averiguar qué significaron para ella los momentos vividos juntos en el dojo, si los besos que ambos compartieron dejaron marcada su piel y sus labios como lo marcaron a él. Ranma no piensa en el peligro de ser descubierto en este lugar, ha olvidado por completo la mortal enemistad entre su familia y la familia Tendo. No hay en su mente más que una sola idea, un solo pensamiento: pasar por encima de todo lo que se atraviese en su camino, llegar hasta Akane, plantarse frente a ella, mirarla directamente a los ojos y preguntarle si lo ama tanto como él a ella, y su vida a partir de ese momento tendrá que ser lo que resulte de aquella respuesta.
