Capítulo 10: Dulce locura

Dentro de su habitación en penumbra, con los ojos abiertos en la oscuridad, Akane se revuelve inquieta sobre su blanda cama. Ha llorado sin consuelo largo rato en brazos de Cologne, hasta sentir que no le quedan más lágrimas, y aunque finalmente ha logrado recobrar algo de serenidad, apenas lo bastante para que Cologne al fin acepte renuentemente dejarla sola, al cerrarse la puerta tras la anciana, Akane ha descubierto para su pesar que siempre es posible sufrir más, que siempre quedan más lágrimas que derramar. Pero esta vez Akane se rehúsa a abandonarse a su dolor, la primera tormenta de su desesperación se ha disipado, y resueltamente endereza los hombros, con la espalda recta y la cabeza en alto. No más llanto, ha llegado el momento de ser fuerte, de recuperar la entereza, de dejar atrás de algún modo su pena y hallar la forma de seguir adelante con su vida.

-Ya basta-susurra ásperamente para sí, limpiándose las lágrimas rabiosamente, con decisión.-Soy una hija de la casa Tendo, una artista marcial... tengo que sobreponerme... tengo que luchar... aunque tenga destrozado el corazón, no puedo derrumbarme de esta manera.

Akane aspira hondo varias veces, hasta que las lágrimas dejan de brotar de sus ojos. Sabe que es imposible siquiera intentar dormir, que ni ésta ni sin duda muchas otras noches logrará conciliar el sueño. De modo que no le queda otro camino a seguir que enfrentarse a las largas horas vacías y encarar la realidad, mirar de frente a los hechos y replantearse el curso que tomará ahora su vida. Akane cierra los ojos y vuelve a evocar en su mente los sucesos de esta noche inolvidable, que han quedado grabados a fuego para siempre en su memoria: aquel inesperado encuentro con el chico al que conoció esta noche en el dojo, cuyo nombre no ha dejado de repetir en su mente una y otra vez, cuya intensa y profunda mirada azul ha sentido perseguirla desde entonces, cuyos labios firmes y apasionados aún puede sentir sobre los suyos.

-Ranma...- murmura Akane, llevándose los finos dedos a los labios, reviviendo el momento en que la dulzura de sus besos y la luz de la luna se unieron en la gloriosa alquimia del amor, envolviéndolos en su magia, enlazando para siempre los destinos de los dos.

Al fin Akane sacude la cabeza como para alejar sus pensamientos, vuelve a abrir los ojos y se obliga a salir de su ensoñación. Así que por fin ha encontrado al hombre al que amará para toda su vida, de forma irrevocable. Y que ahora ella esté consciente de su identidad, que ese hombre haya resultado ser un Saotome, uno de los odiados enemigos de su familia, en nada logra cambiar este hecho innegable: antes de dejar de amarlo, sería más fácil para ella dejar de respirar. Eso al menos está claro. Así que la pregunta ahora es: ¿qué hará ella al respecto?

Una cosa es segura: la sola idea de contraer matrimonio con cualquier otro resulta impensable. Este hecho refuerza su anterior determinación de rechazar la ventajosa pero insultante propuesta matrimonial que sus padres han recibido de parte de Tatewaki Kuno. En esto respecto no hay nada que discutir, nada ni nadie podría hacerla cambiar de opinión. Pero dicha decisión en nada resuelve la cuestión principal: Aún si ella no se casa con Tatewaki, ¿qué clase de futuro pueden tener juntos un Saotome y una Tendo?

Una repentina punzada de dolor le contrae de pronto el corazón. Que ella ama a Ranma Saotome, por encima de su nombre, de su familia, de su herencia, de su posición, del odio ancestral entre ambas casas, no puede haber duda alguna, ella lo ama y lo amará por el resto de su vida, y eso es definitivo. Que él la ame a ella... ésa es otra cuestión completamente diferente. ¿Será posible que aquellos fugaces momentos en que la tuvo en sus brazos en la semioscuridad del dojo hayan tenido en él el mismo efecto que tuvieron en ella? De eso Akane no está segura... quisiera creerlo, pero hay demasiadas cosas en juego, su corazón, su vida entera, como para atreverse a esperar que sea así.

-Ranma... Sé que tenemos prohibido amarnos, que nuestras familias se odian, que tengo que olvidarte... pero antes tendría que arrancarme el corazón para dejar de sentir lo que siento por ti... Ranma... ¿Porqué tuve que amarte antes de saber tu nombre? ¿Porqué tenías que ser un Saotome? Si pudieras dejar de serlo... Si tú me amaras, si tú me lo pidieras, yo sería capaz de dejar de ser una Tendo...

Akane suspira y apoya melancólicamente la cara sobre una de sus manos. Si estuviera segura de que él la ama, ella sería capaz de darle la espalda a todo lo que le ha importado hasta hace apenas unas horas, pero que ahora ya no tiene ningún significado para ella. Todo lo que ha sido su vida... su familia, las artes marciales, la escuela Tendo ... ella lo dejaría todo en un instante sin dudarlo, sin mirar atrás, se enfrentaría a todo y contra todos con tal de amarlo abiertamente, a la luz del día.

-Ranma... si tú me amaras, nada más en el mundo tendría importancia para mí... Oh, Ranma, ¡qué importa quién seas, o cuál sea tu nombre! La flor del cerezo tendría el mismo dulce aroma si se llamara de otro modo.

Una desacostumbrada e imprevista intranquilidad, una agitación creciente y poderosa, se apodera repentinamente de Akane. En agudo contraste con la calma y oscuridad que envuelven toda la casa, la joven Tendo siente una febril exaltación surgir desde lo más profundo de su ser y correr por sus venas. Su corazón empieza a latir a ritmo rápido y desacompasado, que Akane siente como un repique de campanas alzándose dentro de su pecho, como si le anunciara que algo trascendental está por suceder. Incorporándose a medias sobre la cama, Akane se coloca las manos sobre el pecho, como si quisiera contener aquel latir frenético, se abraza las rodillas, enlaza las finas manos como en ademán de súplica. Todo es en vano. No logra sacudirse aquella sensación de expectación, de algo que viene hacia ella, se aproxima, se acerca cada vez más. Y sin que pueda explicarse porqué, tiene la repentina certeza de que de algún modo se relaciona con Ranma, es casi como si él pronunciara su nombre en la distancia, como si la estuviera llamando en medio del silencio nocturno, con una voz que sus oídos no pueden escuchar, pero que surca certera a través del tiempo y el espacio, y llega directamente hasta su corazón.

De forma instintiva, casi inconsciente, Akane se pone de pie y se dirige sin prisa hacia el ventanal de su habitación. Su blanco y vaporoso camisón brilla en la penumbra con reflejos perlados, dándole una apariencia etérea, insustancial, y más que caminar parece flotar como en un sueño. Sí, es Ranma quien la llama, está segura de ello, puede sentirlo... y no existe fuerza en el universo capaz de impedir que ella acuda a su llamado.

Akane abre con suavidad el ventanal y sale al amplio balcón de su habitación. La fresca brisa nocturna que fluye levemente agita un poco su corto y sedoso cabello azulado, las estrellas resplandecen en la lejanía contra la inmensidad del firmamento, la luz de la luna se derrama como lluvia de plata sobre los cerezos en flor, pero ella está ciega a la belleza de la noche, no tiene ojos para otra cosa que no sea la silueta que surge silenciosamente en ese momento de entre las sombras del jardín, y que avanza hacia ella a paso decidido, enérgico, y que su corazón ha reconocido antes que sus ojos, la silueta inconfundible del hombre al que amará hasta el final de sus días.

Al llegar directamente bajo el balcón de Akane, Ranma mira hacia arriba como pudiera mirar a una estrella, y no puede contener la sonrisa que le brota del alma a flor de labios al verla a ella de pie allí, como si estuviera esperándolo, como si supiera que él vendría a ella por todos los medios, pasando encima de todos los obstáculos. La tenue claridad lunar la envuelve en un juego de claroscuros, como rodeándola de una luz celestial. Ella es tan hermosa... aún más de lo que recordaba, tanto que le roba el aliento, que casi le rompe el corazón al mirarla. Una vez más le parece estar viendo una ilusión creada por su fantasía, la imagen ideal que ha buscado toda su vida, y que había creído hallar en otra mujer. Pero ahora sabe que esta vez la ha hallado por fin, ha encontrado la otra mitad de sí mismo, la estrella que guiará sus pasos de ahora en adelante. ¡Qué no diera por que ella supiera todo lo que le hace sentir, todo lo que le llena el corazón, hasta casi hacerlo estallar! Apenas se atreve a soñar que ella le corresponde, pero está resuelto a averiguarlo, y sin dudarlo más sube con facilidad de un solo salto hasta el balcón. Al quedar frente a frente, por un segundo se han quedado sólo mirándose, tranquilos, sin sobresalto, embelesados en la contemplación uno del otro, hasta que con un murmullo inarticulado ambos se funden en un estrecho abrazo... abrazo largo, inmenso... abrazo infinito... abrazo interminable... donde no caben las palabras, no hay espacio para las dudas... casi un delirio de los sentidos, una sinrazón del corazón... No hace falta decirse nada... las palabras sobran... Es como si el tiempo corriera hacia atrás, como si las horas trascurridas desde que se separaron en el dojo nunca hubieran existido. Una vez más, al contacto de piel con piel, el universo mismo se ha detenido, el mundo entero a su alrededor parece desdibujarse, borrarse, desvanecerse ante este maravilloso sueño imposible en que ambos se hallan suspendidos, y que sin embargo parece más real que la vida misma.

Ranma la estrecha aún más contra sí, como si nunca fuera a dejarla ir, como si quisiera fundirla en su carne, sus huesos y su piel, volverse uno solo, indivisible, con ella, y al sentirla temblar contra su cuerpo, sabe que todas las preguntas se han vuelto innecesarias. Al mirarse a los ojos, casi es como si pudieran leer en ellos hasta el último de sus pensamientos, como si sus corazones latieran al mismo compás. Ahora Ranma sabe que ella lo ama tanto como él la ama a ella, que se dejaría matar por ella, que por ella él sería capaz de escalar montañas, cruzar océanos, atravesar el fuego, enfrentarse solo al mundo entero con las manos desnudas. Y Akane sabe que el mismo sentimiento que alienta en su pecho por el hombre que tiene enfrente halla su contraparte en el pecho de él, al sentirse de nuevo en sus brazos, la misma felicidad sin nombre, el mismo dulce éxtasis, les embarga a los dos.Ranma... Akane... No pueden más que repetir sus nombres una y otra vez, en un susurro tan leve que es casi un suspiro, como si quisieran convencerse de que están ahí, juntos, y que nunca nada logrará separarlos.

Al fin Ranma rompe el abrazo para mirarla de nuevo, llenar sus pupilas de esa imagen idolatrada que es para él la culminación de todos sus sueños, mirándola como un viajero perdido en el desierto, sin esperanzas, muriéndose de hambre y de sed, pudiera contemplar el oasis que surge de pronto de entre la arena y que representa su salvación, y al mirarla siente de nuevo el golpe del corazón subiéndole del pecho hasta oprimirle la garganta, impidiéndole hablar. Y es Akane quien al fin rompe el silencio, con voz un poco entrecortada por la emoción sin límites, casi intolerable, que le llena el alma.

-Ranma, estás aquí, viniste... oh Ranma... sé que esto es una locura... eres un Saotome... yo soy una Tendo... sé que no debemos amarnos... que sólo nos conocimos hace unas horas... pero nada de eso me importa, ya no puedo vivir sin ti...

-Akane... -Ranma logra hallar al fin su voz para responderle con el mismo acento sincero, conmovido -a mí tampoco me importa nada de eso... tú eres lo único que me importa, sólo tú... y por eso no podía mantenerme alejado, no podía... tenía que verte, decirte todo lo que significas para mí... Qué más da no haberte conocido antes de esta noche, si en el momento en que te vi por primera vez supe todo lo que necesitaba saber, que eras la única mujer que existe ya en el mundo para mí, que ya no puede haber otra que no seas tú. Cuando te tuve enfrente fue como si ya te conociera desde siempre... quizás en un sueño, quizás en otra vida... Pero no fue sólo la belleza de tu rostro exquisito lo que me cautivó, fuiste toda tú, tu sonrisa, tu dulzura, tu fuerza y tu suavidad, al mirarte fue como si tu espíritu hubiera salido al encuentro del mío, y me di cuenta que eras lo que siempre me había hecho falta sin saberlo, lo que había estado buscando, como si te reconociera, no con los ojos, sino con el corazón y el alma.

Al oír la voz de Ranma decir todo lo que ella anhelaba escuchar, Akane sonríe, y cierra los ojos por unos instantes, como bebiéndose con ansia sus palabras. Hay tanto, y al mismo tiempo, nada que decir, ella ya ha leído en los expresivos ojos de él todo lo que encierra su corazón, ¡pero es tan dulce escuchar su voz pronunciar las palabras tan ardientemente deseadas!

-¿Y después?-pregunta Akane, con innata e inocente coquetería.

-Después... ya lo sabes, te besé, y ya no hubo vuelta atrás, ni para ti ni para mí. Por eso volví, porque comprendí que ya no importan los nombres que llevamos, no somos ni un Saotome ni una Tendo, somos sólo Ranma y Akane, que se aman, que se pertenecen uno al otro, y que estaban destinados a encontrarse.

-Pero Ranma, ¿cómo has entrado?-súbitamente la angustia se apodera una vez más de Akane, ensombreciendo su mirada-. Yo también quiero estar contigo, decirte todo lo que siento por ti, pero tienes que irte de aquí. Esto es peligroso, siendo quien eres, si mi familia te descubre aquí, te matará.

Pero Ranma se ríe del peligro, estando al lado de Akane, teniéndola en sus brazos se siente invencible, invulnerable, y sabe que la noche, la luna y el silencio son cómplices de los enamorados, protegiendo el secreto de su presencia ante ojos indiscretos.

-¿Crees que acaso tengo miedo de ellos? Hay más peligro en tus ojos, dulce niña: peligro de que me rechazaras, de que me dijeras que no me amas, que no sientes lo mismo por mí, que todo lo que pasó esta noche entre nosotros fue sólo un sueño, una mentira, una ilusión de mis sentidos. Preferiría mil veces la muerte a que me faltara tu amor. Dime otra vez que me amas...-exige apretándole los hombros fuertemente, con rudeza tierna, y Akane vuelve a sonreír ante su tono vehemente, autoritario.

-Te amo, te amo, Ranma, mi corazón es tuyo, te lo entregué aún antes de que me lo pidieras, no puedes dudarlo, te lo he demostrado ya esta noche con claridad...-de pronto Akane vuelve a ponerse seria, pensativa, apartando la mirada con timidez-. Acaso hago mal en aceptarlo tan fácilmente, tal vez debí haberme mostrado ante ti más esquiva, menos accesible... pero soy ingenua, inexperta, no sé fingir. No sé que impresión tengas de mí al haberme comportado como lo he hecho esta noche, permitirte tomarme en tus brazos y besarme, sin oponer resistencia ni protestar, pero nadie nunca me ha hecho sentir lo que me hiciste sentir tú...

Ranma la hace callar a la mitad de su frase, poniéndole con delicadeza los dedos sobre los labios trémulos, tomándola suavemente de la barbilla para levantar su cara y de nuevo hacerla asomarse hasta el fondo de su mirada.

-Mi absurda y adorable Akane, ¿qué más puedo pensar de ti, sino que eres perfecta, maravillosa, única, la mujer de mis sueños, todo lo que un hombre puede pedir de una mujer? Akane, tú tampoco puedes dudar de lo que siento yo por ti, yo tampoco había sentido por nadie nunca lo que siento por ti ahora, yo tampoco puedo vivir sin ti... eres todo para mí, mi esperanza, mi anhelo, mi vida, mi razón de ser... si no pudiera tenerte no desearía seguir viviendo... Te amo, Akane Tendo, como ningún hombre sobre la tierra es capaz de amarte... te amaré siempre, y ahora sé que tú también me amas, así que respóndeme: ¿quieres ser mi esposa?

Hay entre ambos un momento de silencio, Akane lo mira con ojos azorados, y después responde con incredulidad:

-¿Tu... tu esposa?

-Sí, mi esposa-repite Ranma con firmeza-. Quiero que me pertenezcas, que seas mía y de nadie más, unirte a mí con un vínculo que ni la muerte sea capaz de romper. Sé que estoy pidiendo demasiado, que tenemos todo en contra, pero créeme cuando te digo que por tu amor daría lo que fuera, por tu amor soy capaz de todo, excepto renunciar a ti. ¿Qué dices? ¿Aceptas a Ranma Saotome como tu esposo, para toda la vida, y más allá de la vida misma?

-¿Lo dices en serio? No hay nada en el mundo que desee más que estar contigo, pero Ranma, nuestras familias nunca lo permitirán-concluye Akane con desaliento.

-Sé que nuestro camino no será fácil, habrá dificultades, pero las enfrentaremos juntos, y si tú estas conmigo no habrá obstáculo que nuestro amor no pueda franquear. Y si ponemos a nuestras familias ante un hecho consumado e irrevocable, tarde o temprano será forzoso que acepten que nos amamos.- La ha vuelto a estrechar fuertemente contra sí, y sostenida por aquel abrazo posesivo, enérgico, Akane siente que la invade una sensación de deliciosa debilidad, que la induce a rendirse incondicionalmente ante aquella voluntad más fuerte que la suya-. Akane... dulce niña... -tomando su rostro entre ambas manos, Ranma la besa como un loco entre cada frase, casi con desesperación- eres mi vida entera... tienes mi vida en tus manos... no pienses en nada más... sólo en mí... en nosotros... dime que sí... ¿O tienes miedo de desafiar a tu padre?

-¡No, no tengo miedo!-responde Akane sin titubear, apartando la boca de la de Ranma para mirarlo de frente-. Yo también soy capaz de renunciar a todo por ti, y no tengo miedo de nada más que de perderte. Acepto, sí quiero casarme contigo, sí quiero ser tu esposa, Ranma. Sólo dime la hora y el lugar, y te seguiré adonde quieras llevarme, hasta el fin del mundo si es necesario.

Ahora es Akane quien se aferra a él, es ella misma quien le ofrece sus labios, para después esconder el rostro contra su pecho, mientras Ranma la acuna en sus brazos y junto a su corazón, sosteniéndola como podría sostener al tesoro más frágil y más preciado del mundo, murmurando palabras de amor con los labios contra el cabello de ella, y la noche se desgrana sobre ellos lentamente como la arena en un reloj, sin que ninguno de los dos advierta el paso inexorable del tiempo, hasta que en el cielo nocturno las estrellas empiezan a apagarse una por una, y sobre la copa de los cerezos en flor rompe y despunta la difusa luz del alba, inflexible presagio del nuevo día que nace y que por fuerza habrá de separarlos.

Nota de la autora:

Este ha sido el capítulo más largo y el que más tiempo me ha llevado escribir, pero creo que la escena lo ameritaba. ¡Adaptar a un grande como Shakespeare son palabras mayores! Y más aún una escena como la escena del balcón, quizá la más importante y difícil de toda la obra. Espero que quienes estén familiarizados con la escena original no hayan quedado demasiado decepcionados si me ha quedado irreconocible. No puedo tener la pretensión de igualar uno de los momentos cumbres de la literatura, no sólo inglesa, sino universal. Obviamente que mi versión resultó ser muy diferente, tuve que hacer muchos cambios, pues lo que funciona bien sobre la escena no necesariamente funciona igual en una narración, y aunque en general he tratado de apegarme lo más posible al original, en esto caso el cambio más notorio resulta de combinar los personajes de Romeo y Julieta como los escribió Shakespeare con los de Ranma y Akane como los conocemos en el manga y en el anime, y de reducir el tiempo que se pasan hablando solos (pues eso y no otra cosa son los monólogos), procurando en lo posible incorporar dichas líneas a la narración. No sé ustedes, pero realmente no fui capaz de imaginar a Ranma ni a Akane declamando las famosas líneas: "¿Qué luz es la que allí despunta? Ese balcón es el balcón de oriente, y Akane es el sol," y "¡Ranma! ¡Ranma! ¿Porqué eres tú Ranma? Reniega de tu padre y de tu nombre: si a tanto no te atreves, sé mi amante, y ya no me tendré por Tendo." (Me recuerda demasiado a los episodios de la obra de Romeo y Julieta en el volumen 8 del manga.) Digamos que escribí la escena como hubiera podido suceder en un sueño, e hice que Ranma y Akane se comportaran, no como Romeo y Julieta, ni como lo han hecho siempre, sino como a mí me gustaría que lo hicieran, dadas las personalidades que les dió Rumiko Takahashi, si el orgullo y su inmadurez de adolescentes no se interpusieran entre los dos. Al fin y al cabo, la tensión romántica entre la pareja protagónica es uno de los componentes más importantes de la historia de Ranma 1/2, y si Ranma fuera tan decidido y seguro de sí mismo en el manga y el anime como yo lo describo en mi historia, dicha tensión se perdería sin remedio. En fin, concluyo con las palabras de Puck en Sueño de una noche de verano: "Si esta ilusión ha ofendido, pensad, para corregirlo,que dormíais mientras salían todas estas fantasías. Y a este pobre y vano empeño, que no ha dado más que un sueño, no le pongáis objeción..." En otras palabras, sean indulgentes con el fruto de mi imaginación desbordada.