Marian se apareció directamente en su despacho. Estaba confusa y asustada. aquella situación con Voldemort la había sobrepasado y su corazón palpitaba con tal fuerza que creía que se saldría de su pecho. Con tan solo recordar cómo se había acercado el Señor Tenebroso a ella, como la había tratado, cómo sus finos y largos dedos dedos rozaban su rostro, se estremecía.

Recorrió la corta distancia que distaba desde su posición hasta su cama y se sentó en ella. Necesitaba desconectar y tranquilizarse. pero entonces, alguien llamó bruscamente a la puerta, lo que hizo que la joven se sobresaltara por un instante. No esperaba a nadie a esas horas.

-¿Sí? ¿Quién es? -Preguntó la joven.

-Abra la puerta, Wallace. -Contestó la fría y profunda voz del profesor Snape al otro lado de la puerta.

Una mueca de disgusto de dibujó en el rostro de Marian. Su día ya había sido lo bastante malo, y lo último que quería era empeorarlo aún más discutiendo con el amargado de Snape.

-Le aseguro que como no abra la puerta la tiraré abajo.- Amenazó el hombre.

Marian se resignó, se levantó y se dirigió a abrir la puerta, dando paso a la alta y oscura figura que la miraba fijamente, con expresión más cruda de lo habitual.

-¿Ocurre algo, profesor? Quiero decir... director.

Snape la agarró con fuerza del brazo y tiró de ella hacia el exterior del cuarto.

-Acompáñeme ahora mismo, Wallace. Dumbledore quiere verla.

Marian intentó zafarse del brazo de Snape, pero éste la sujetaba fuertemente, mostrando más hostilidad que de costumbre.

-Suélteme, Snape. -Dijo la joven con seriedad. -Deje de tratarme como a uno de sus estúpidos alumnos. Se moverme por mi cuenta.

Snape miró a la joven frunciendo el ceño y, sin decir palabra, soltó el brazo de la joven y se adelantó por el pasillo en dirección a que ahora era su despacho.

Marian lo seguía dos pasos por detrás sin entender la situación. Sabía que su relación con Snape era lamentable, pero el hombre no solía tratarla tan bruscamente como en ese momento. ¿Qué habría hecho mal? Snape parecía más enfadado que de costumbre. ¿Por eso quería verla el retrato de Dumbledore?

Al entrar en el despacho, Marian dirigió su mirada hacia el retrato del anciano ex-director, el cual la recibió con una cordial sonrisa.

-Oh, señorita Wallace, qué alegría volver a verla. Por favor, tome asiento.

Snape dirigió su mirada hacia Marian, y con un movimiento de cabeza le señaló un sillón cercano en el cual la joven se sentó de manera inmediata.

-A mi también me alegra verle de nuevo, Albus- contestó la joven con una sonrisa en los labios. -Tengo entendido que quería verme...

-Sí, querida. Necesito preguntarte algo. -dijo el cuadro, con un deje de preocupación en la voz que a Marian no le pasó desapercibido.

-Pues bien, usted dirá.

Retrato y actual director se intercambiaron una rápida mirada de complicidad. Marian frunció el ceño. La situación cada vez era más tensa y extraña.

-Verás, querida, -continuó el anciano- Severus me ha comentado que en la última reunión con Voldemort te quedaste más tiempo una vez que el resto de mortífagos se marchó y...

-Para el carro, Albus. -Interrumpió Marian con enfado.- ¿desconfías de mi? -Preguntó la joven con incredulidad.- Me estoy jugando la vida y la de quienes me rodean, ¿y desconfías de mi?

-Desconfiamos. -Se apresuró a contestar Snape.

La mirada de Marian se desvió rápidamente hacia el mago de negro, que la mirada con frialdad.

-¡Cómo no!-Exclamó la joven.- Estaba segura de que tú tenías algo que ver en todo esto.

La joven se dirigió hacia Snape con furia, mientras lo apuntaba con un dedo acusador. Se colocó delante del mago, y lo miró a los ojos desafiante, como nunca antes se había atrevido a hacer.

-Estoy empezando a hartarme de tus modales, Snape. ¿Se puede saber qué problema tiene usted conmigo? Siempre me trata como si fuera una inútil, me habla de mala manera y encima ahora esto. Le guste o no, estamos en el mismo barco y tiene que trabajar conmigo.

Snape miró a la joven con sorpresa y levantó una ceja. sin lugar a duda, la reacción inesperada de la joven lo había pillado por sorpresa. No obstante, mantuvo la compostura y frialdad que lo caracterizaban.

-Yo no trabajo con traidores. -Contestó Snape con asco.

Eso fue demasiado para Marian. Podía soportar las miradas de asco de Snape, su indiferencia y hasta sus malas palabras, pero acusarla de traición era pasarse de la raya.

-¡¿Traidores?! ¡¿Me acusas de traición?! -dijo con enfado e incredulidad y dirigió la mirada de nuevo hacia Dumbledore. -¡¿Y tú le crees, Albus?! ¡¿En serio?!

-Yo no he dicho tal cosa, Marian. Por favor relájate. -Intervino el cuadro.

Marian se llevó las manos a la cabeza e intentó relajarse como le había dicho Dumbledore, pero la presencia de Snape y su estúpida expresión de superioridad la enfurecía cada vez más.

-A ver tú. -Dijo Marian dirigiéndose a Snape. - ¿Que pruebas tienes? Vamos, habla.

-En ningún momento la he tuteado, Wallace, así que no vuelva a faltarme al respeto de esta manera o...

-¿O qué? -Interrumpió Marian.- ¿Me vas a acusar de traición sin pruebas? Ah, espera, eso ya lo has hecho.

-Tengo pruebas, Wallace.

-¿A si? Estoy desando escucharlas.

-¡Silencio! -Exclamó el retrato de Dumbledore poniendo orden. -Dejad de comportaros como críos.

Marian y Snape guardaron silencio a regañadientes, y miraron hacia el cuadro del anciano, que se disponía a hablar.

-Marian, querida, ¿podrías explicarnos por qué motivo Voldemort te llamó de manera individual cuando acabó la reunión?

Marian bajó la vista hacia al suelo y cerró los ojos. Volver a revivir la escena de ese momento no era plato de buen gusto, pero tenía que demostrar que ella no era ninguna traidora, sino todo lo contrario.

-El Señor Tenebroso... -Comenzó la joven- se mostró muy extraño conmigo.

-Explíquese con claridad, Wallace. -Inquirió Snape.

Marian le dirigió al mago una mirada de odio y volvió con su relato.

-Me llamó para felicitarme por mi buen trabajo, pero... no se... había algo más, algo extraño.

-¿Extraño cómo que? -Volvió a intervenir Snape.

-¡Maldita sea, Snape! -Exclamó Marian con enfado revivido. - ¡Empezó a hablarme y a acercarse a mi de una manera lasciva! ¡Joder! ¡¿Quieres más detalles o ya estás contento?!

En el rostro de Snape de dibujó la sorpresa más de lo que él hubiera querido, sin embargo en el de Dumbledore la preocupación aumentó inmediatamente.

-¿Te ha hecho algo más, Marian? -Preguntó el anciano.

-No. Peter Pettigrew apareció de repente y le interrumpió. -Respondió la joven con alivio. - Jamás pensé que me alegraría tanto de ver a ese idiota.

Le rostro de Dumbledore se relajó y miró a Severus, que se encontraba en silencio, aún con atisbo de sorpresa en el rostro.

-Parece que le debemos una disculpa a la señorita Wallace, Severus. -Dijo divertido el anciano.

Snape miró con incredulidad a Dumbledore. ¿Le estaba pidiendo que se disculpara? ¿A él? No pensaba hacerlo. No iba a rebajarse. No iba a pedirle disculpas a la inútil, débil y estúpida de Wallace por mucho de Dumbledore insistiera.

-Déjelo, Albus. -No necesito su perdón. -Dijo Marian viendo que Snape no decía palabra.- En fin, me marcho. Tengo mucho trabajo que hacer. Hasta más ver, Albus.

-Hasta la próxima, Marian. Siento lo ocurrido. -Se disculpó el cuadro.

-Tranquilo. No hay problema. -Contestó la joven con una sonrisa y se marchó del despacho, no sin antes dirigir una última mirada de hostilidad a Snape, que la miraba fijamente y seguía sin decir palabra.

En el despacho volvió a reinar la tranquilidad, y Severus se sentó en su butaca, cansado y pensativo.

-Te dije que era de confianza, Severus. -Dijo el cuadro.

-Vale, me equivoqué. -Admitió el mago de mala gana.

El retrato de Dumbledore sonrió. No todos los días se podía ver a Severus Snape admitiendo un error.

-Creo que deberías contar más con ella, Severus. Es una joven inteligente y muy valiente. Además, parece que Voldemort tiene un especial interés en ella que podría sernos de ayuda.

-Por Merlín, Albus. La acosó sexualmente.

-Lo se, muchacho, lo se. Nos interesa que Voldemort la desee, pero tampoco queremos que la ocurra nada malo. Por eso vas a tener que cuidar más de ella. ¿Lo harás?

Severus asintió con la cabeza. Aunque no le gustase su compañera tenía que reconocer que la joven era más valiente e inteligente de lo que había pensado. Ademas, tampoco quería que la ocurriese nada malo... Un momento... ¿Le importaba su seguridad?