Shingeki no Kyojin no me pertenece, sino Jean no sería tan tímido con Mikasa (?)

Advertencia: El fic en general contiene un alto grado de spoiler en conjunto a lenguaje adulto y escenas de violencia.
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—Without Regrets—

«I will fight for you»

Eren contempló el paisaje invernal que se mostraba fuera de la ventana de su hogar.

Mikasa, ése era su nombre.

Uno muy extraño y bonito. Nunca antes había oído algo igual. A decir verdad, le agradaba bastante.

Habían transcurrido varias semanas desde su primer encuentro. Y luego de pasarse horas platicando, ambos habían acordado utilizar dicho bosque como punto de reunión, encontrándose allí pocos días después de conocerse. Claro que esa vez había estado todo programado.

Y así habían seguido; sentándose a charlar —ya fuese sobre trivialidades o temas "importantes"— a los pies de los enormes árboles o realizando caminatas en la zona tan natural y hermosa.

Les había contado a sus padres el mismo día que la había conocido y éstos se había mostrado tan contentos de que se consiguiera al fin otro amigo. Y lo que más les había llamado la atención había sido que se trataba de una niña. Su primer amiga del sexo opuesto.

Eso había bastado para poner como loca a su madre, que quiso saber todo sobre ella. Hasta le había cuestionado sobre su belleza y, a pesar de que se había sentido avergonzado y no lo hubiera admitido, la chiquilla era linda. Se veía delicada y bella. Aunque claro, ¿qué sabía él sobre eso? Siendo tan solo un niño pequeño...

Volviendo a lo importante, la chica le caía muy bien. A veces era algo seria y callada, pero también había demostrado tener un lado amable y alegre. Asimismo, algo que lo impulsaba a querer saber más de ella —dejando de lado su dificultad para sociabilizar con los demás niños de su edad y el hecho de que apenas se conocían hacía casi un mes—, era que tenían una visión del mundo bastante parecida. Como si compartieran desde siempre ese deseo de libertad. Por supuesto que Armin había sido el impulsor y hasta creador del ya mencionado anhelo al haberle mostrado aquel olvidado libro que contaba sobre las maravillas del mundo exterior; pero que ahora otra persona supiera como se sentía y lo comprendiera, le daba curiosidad y ganas de saber todo sobre dicho individuo. Hasta le causaba emoción.

Miró a su madre, quien se encontraba tejiéndole un nuevo suéter, y luego a su padre, el cual tomaba una taza de té mientras leía el periódico. Luego, Se acomodó las botas y el abrigo, colocando su bufanda favorita alrededor de su cuello. Estaba listo para salir.

—Me voy a ver a Mikasa; adiós mamá, adiós papá —gritó, abriendo la puerta para salir, siendo sorprendido por una fuerte corriente gélida de aire. Tembló ligeramente por el brusco cambio de temperatura.

—Espera, Eren —fue detenido por la voz de su mamá. Se giró a verla, desganado por la interrupción—. Ya de paso, recoge un poco más de leña —demandó Carla, dejando su labor de lado unos segundos para señalar el portaequipaje de madera.

El aludido suspiró y tomó el objeto indicado, colocándolo sobresueldo espalda. Musitando un suave «Adiós», procedió a abandonar la vivienda, cerrando la puerta tras sí.

Apenas pudo salir, se encontró con Armin, el cual había acudido a su casa en su búsqueda. Este al verlo le sonrió. Llevaba el tan querido libro en manos.

Le había contado sobre Mikasa, también le había dicho dónde y cuándo sería su próximo encuentro. Y al verlo allí con un rostro lleno de emoción, pudo adivinar que él quería conocer a la chica. No era necesario que hablará pasará darse cuenta.

—Hola Eren —saludó alegre—. ¿Vas a ver a Mikasa? ¿Puedo acompañarte? —indagó con entusiasmo y sin esperar su respuesta, comenzó a caminar a su lado.

Sí, también le había mencionado sobre sus ideales compartidos y demás charlas que habían tenido. Eso podía explicar por qué Arlet cargaba con el antiguo y olvidado volumen sobre las ya desdeñadas maravillas del mundo exterior. Era obvio que quería enseñárselo a la morena.

Charlaron amenamente mientras transitaban sin prisa las calles del distrito exterior, dirigiéndose a la puerta interna del muro para poder acceder al bosque.

En ningún momento notaron los tres individuos que los acechaban, siguiéndolos en silencio a una distancia prudente.

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Ackerman miró sin interés la escena que la rodeaba. Había nevado los últimos días, por lo que los copos blancos aún se podían ver amontonado en el suelo y en las copas de los árboles desprovistos de su acostumbrado y frondoso follaje.

Suspiró con impaciencia, recostándose contra un tronco, dedicándose a contemplar el cielo nublado y oscuro. Nevaría de nuevo seguramente.

Desde que se había reencontrado con Jaeger, se había encargado de que acordaran sus "citas" lo más seguido la una de la otra que les fuese posible. Ahora que lo había encontrado, no lo dejaría ir tan fácilmente.

También se había concentrado en no mostrarse tan obsesiva ni sobreprotectora. Lo que menos quería en esos momentos era alejar al chico cuándo recién habían comenzado a entablar una amistad. Y a pesar de que le era muy difícil volver a ser la de antes, con práctica y esfuerzo, se había vuelto un poco más cálida, amable y risueña. Logrando dejar poco a poco —Y muy poco a poco— ese lado antisocial y retraído de lado. Aun así, no podía permitirse bajar la guardia o dejarse llevar. Debía mantenerse alerta todo el tiempo.

Resopló ante el retraso del de orbes aguamarina, aventurándose un poco hacia la entrada de la arboleda.

Siguió transitando sin rumbo, algo confundida. Él nunca tardaba tanto. Ya habían pasado veinte minutos y aún no aparecía.

¿Le habría sucedido algo?

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Ni bien habían cruzado la muralla interna y habían puesto un pie en el bosque, fueron sorprendidos por tres chicos un par de años mayores. Eran los brabucones que siempre molestaban a Armin y al parecer los habían seguido para hacer de las suyas.

—¡Pero mira a quién tenemos aquí! —se mofó el rubio regordete del grupo—. ¡El imbécil buscapleitos y el hereje marica!

Eren apretó los puños, rechinó los dientes y frunció el ceño. Estaba muy enfadado. ¿Por qué demonios esos idiotas siempre debían arruinarlo todo?

El de larga melena platinada y apariencia de mujer se burló, mientras que con su amigo moreno se paseaban alrededor del par, como si fuesen sus presas.

—Si te vas por donde viniste y te dejas de joder, todo saldrá bien —ladró Eren, malhumorado, aunque sólo hizo reír a sus agresores.

—¿Y quién me obliga a irme, bastardo? —Le tomó por el cuello de la camiseta, alzándolo varios centímetros del suelo—. ¿Tú y cuántos más?

—Por favor, déjenlo en paz —rogó Armin, acercándose al blondo más alto. Pero fue golpeado por el morocho en la cara logrando tirarlo al piso, descostillándose de risa. Haciéndole burla a la pronunciada debilidad física de Arlet.

—¡Armin! —Le llamó al borde la histeria, perdiendo los estribos—. ¡Suéltame, maldito desgraciado! —exigió, sacudiéndose violentamente.

—Cálmate idiota —escupió el de cabellera áurea, dándole un puñetazo en la nariz, haciéndola sangrar. Lo arrojó contra un tronco y se cruzó de brazos, asqueado ante la supuesta inferioridad de los agredidos.

—¡Malditos estúpidos, los destruiré! —exclamó, poniéndose de pie, a punto de abalanzarse sobre el que le había pegado. Sin embargo, una sorpresiva patada en la boca del estómago, de parte de uno de los secuaces del supuesto líder, lo volvió a tumbar. Solo que esta vez no logró recomponerse enseguida. Ese golpe le había dejado sin aire.

Armin observó con ojos llorosos a su mejor amigo, quien se hallaba en posición fetal, descansando sus manos en su zona afectada intentando recuperar el aliento.

Siempre era así; el fuerte aplastaba al débil, lo devoraba. A ese paso, nunca tendrían oportunidad por el simple hecho de ser inferiores.

—Te lo vuelvo a repetir, Jaeger —habló perversamente el que había agredido en un principio al de ojos claros, pateándole la espalda para después volver a levantarlo de la camiseta—. ¿Tú y cuántos más van a detenerme? —Lo puso a su altura, esquivando sus pataleos para que lo dejara en el piso.

Un poco más y lo ahorcaba.

—¡Eren! —lloró el de orbes azules, impotente, suplicando en silencio para que los dejaran en paz.

—Eren y yo podemos darte una paliza sin problemas, ¿sabes? —irrumpió una inexpresiva y suave voz, cuya dueña hizo aparición de entre los arbustos con un semblante impasible.

—¿M-Mikasa? —pronunció el de bufanda granate con cierta dificultad, sin creer lo que había escuchado.

Armin abrazó su libro mientras que sus ojos vidriosos divisaban la delgada figura de la recién llegada. ¿Ésa era la nueva amiga de Eren? ¿Por qué enfrentaba a los matones? ¿Acaso quería morir? ¿No se daba cuenta de que le superaban en fuerza, en tamaño y en número?

El rubio soltó a Eren con dureza y se acercó a la chiquilla con aire soberbio, escrutándola desde arriba.

—Eren es un cobarde debilucho por tener que esconderse tras una niñata como tú —dijo venenosamente, buscando mosquearla, aunque dicho comentario no le afectó en lo absoluto—. ¿Sabes? No hago diferencias entre niño o niña y aprovecharé para mostrarle al imbécil de Jaeger que no se meta más conmigo —se carcajeó, avanzando se encontraba, siendo secundado por sus coleguitas de cuarta.

La morena sonrió ladinamente. Los ilusos creían poder vencerla, pobres almas ignorantes. Si le sumaba su fuerza sobrehumana a su arduo entrenamiento como soldado y sus experiencias en combate, podría derribarlos en un parpadeo. Además, en todo ese tiempo había logrado aprender técnicas mediante los entrenamientos o viendo a los demás combatir; utilizaría esos conocimientos en ese preciso instante. Aquellos tarados no sabían que se estaban a punto de enfrentar a una de los mejores soldados de la legión de reconocimiento. Sí, no eran los mismos términos ni contextos que antes, pero sus técnicas y habilidades seguían intactas.

Se arremangó un poco el vestido, separó las piernas y se puso en guardia, mientras los tres enemigos se acercaban a toda velocidad para capturarla y molerla a golpes —supuestamente—.

El dúo de mejores amigos, observaban incrédulos y asustados lo que sucedía. ¿Qué estaba haciendo? ¿Por qué no escapaba cuando tenía la oportunidad? ¿¡Por qué!?

—¡Mikasa, cuidado! —gritó el castaño para intentar hacerla entrar en razón, mientras que su acompañante solo se dedicaba a mirar la escena aterrado.

Y entonces, la niña mostró que de verdad era una caja de sorpresas: Cuando el «Agresor líder» se acercó lo suficiente, con una premura inigualable, sujetó al muchacho de la camisa y el brazo, para enseguida realizar con su pierna derecha una barrida —O más bien una patada extremadamente fuerte—. Cuándo su oponente perdió su apunto de apoyo, utilizó ese férreo agarre que estaba manteniendo a la altura de su pecho para alzarlo por los aires, girarse y arrojarlo contra un tronco que se hallaba a sus espaldas.

Y cuando los secuaces del desmayado fueron a por ella enfurecidos y con sus puños listos, los interceptó y apretó con brutalidad, oyendo los huesos de las —ahora— víctimas crujir. Después, jaló el que se encontraba a su derecha hacia la izquierda y al que se encontraba a la izquierda a la derecha, haciéndolos chocar entre sí. Y, dando un giro sobre sí misma para tomar impulso, los mandó a volar en la dirección contraria a la que había tirado al primero. Incluso habían llegado más lejos.

—In-increíble —musitó el rubio de nueve al ver como los que los habían agredido, luego de varios minutos recuperándose de la golpiza, salían huyendo despavoridos. Aterrados de las habilidades tremendamente superiores de la niña.

Cuando ella se giró hacia donde estaban, tragó en seco, pensando que serían los siguientes. Ansioso, abrazó su amado libro aún con más ahínco sin poder detener su llanto silencioso.

Eren solo pudo poner una mano en el hombro de su amigo, queriendo tranquilizarlo un poco. Temblaba y todo. ¿Acaso por el susto aún no notaría que ya estaban a salvo?

Ackerman se arrodilló frente al de joyas color esmeralda y juntó un poco de nieve con sus manos, colocándola con suma delicadeza sobre la nariz herida de éste.

Él dio un respingo ante el tacto helado sobre su magullada piel y solo se limitó a apartar la mirada mientras que su salvador se encargaba de pasar el montoncito de helados copos blancos sobre sus heridas visibles para desinflamar. No se había esperado eso.

—¿Te duele? —preguntó tenue, sin mirarlo directamente.

El muchachito no respondió nada, avergonzado por haber sido rescatado por una delicada —no tan delicada— chica, sin ser capaz de defenderse como el hombre como era.

—No ha sido nada —respondió al fin, desviado su vista, obteniendo un resoplido como respuesta por parte de su interlocutora.

Arlet, queriendo romper el ambiente tenso que se había armado, tosió forzadamente para atraer la atención de los dos.

—Eren me ha hablado mucho de ti —sinceró, haciendo ruborizar al mencionado, quien gruño fastidiado—. Mi nombre es Armin, un gusto conocerte —sonrió, ya repuesto de su susto aunque con el rastro de las gotas salinas aún visible.

Ella le devolvió el gesto, acercándose para limpiar con cuidado su rostro. Le dio una mirada reconfortante, indicándole en un mudo mohín que ya no había nada que temer y que ya no debía seguir llorando. Armin le miró agradecido.

Estaba muy contenta de que estuvieran los tres juntos de vuelta. Tanto que la emoción le era casi incontrolable.

—Soy Mikasa, aunque estoy segura de que eso ya debes saberlo —rió divertida, cosa que sacó otro gruñido de la garganta del castaño. Pero simplemente lo ignoró para posar su atención en la vieja enciclopedia que el de melena clara sostenía firmemente entre sus brazos, como si la vida se le fuera en ello.

Conocía muy bien aquel objeto, recordaba las soñadoras palabras que le había dicho su poseedor mientras le enseñaba las finas y amarillentas páginas con la ilusión tatuada en el rostro.

—¿Un libro? —Fingió curiosidad, estirándose para palpar el viejo encarpetado de cuero, sacándole otra sonrisa a su dueño, quien hizo una mueca de suficiencia.

—¡Sí, pero éste no es cualquier libro! —exclamó con excitación.

—¿Oh, no lo es? —Se hizo la desentendida—. ¿Por qué no?

Esta vez, Jaeger habló:

—Es un libro que dice sobre las cosas del mundo exterior.

Se obligó a sí misma a no carcajearse ante la felicidad que ambos mostraban mientras hablaban con tanto ímpetu sobre lo que ellos catalogaban como «Maravilla mundial». Oh, hacía mucho que no veía ese tipo de reacciones en sus dos mejores amigos y le era imposible no contagiarse de su optimismo.

Por otro lado, sintió un poco de pena, porque aún eran inocentes y no se imaginaban el tipo de infierno que les esperaba. No tenían ni idea de lo que estaba por venir y eso, en parte, le daba lástima. Pues ella sí estaba muy preparada para lo que vendría, después de todo ya lo había vivido, en cambio esos dos no.

Estaba lista para enfrentar todo lo que les deparaba el destino y reaccionar aún más rápido de lo que lo había hecho antes, para así poder corregir los errores cometidos —ya que ésa era su supuesta misión, ¿no?—. También estaba pronta para hacer todos los sacrificios necesarios, para enfrentarse con la muerte en un duelo mano a mano sin temor, para hacerle frente a las adversidades y ser fuerte por todos; aun así, aquellos a los que consideraba su familia, no. No sabían nada ni estaban dispuestos a enfrentar la barbarie que poco a poco eclipsaba su mundo y eso era lo que le dolía. El hecho de tener que volver a oír sus gritos, sus lamentos... tener que volver a ver el dolor en sus rostros y la impotencia de no hacer nada, opacando su espíritu de una manera tortuosamente lenta... La destrozaría por completo. Pero ya no había nada que pudiera hacer. No había marcha atrás.

No se rendiría, no se rendiría nunca más. Soportaría todo lo necesario sin importar el dolor o las heridas, saldría adelante y los mantendría vivos sin importar qué.

Porque ellos le daban razón a su existencia y con el tiempo, se convertirían en su todo.

—¡Mikasa! —gritó alguien en su oído, haciéndola dar un saltito. Era Eren.

—¿Qué? —preguntó sobándose la oreja que había recibido el ruido de lleno.

—Al fin vuelves a la realidad —suspiró burlón el de bufanda—. Estabas ida.

—¿En qué pensabas? —quiso saber Armin, mirándola con un brillos de interés en sus profundas lagunas azuladas.

—En nada, solo estaba pensando en lo que habrás pasado para mantener oculto este libro —repuso, ojeando el volumen, acariciando sus desgastadas hojas.

—¿Eh? —profirió confundido el más listo, rascándose la nuca—. ¿A qué te refieres?

Lo niños le realizaron un examen visual, queriendo entender su lógica, intrigados por su comentario y por esa forma de pensar tan revolucionaria que, según Eren, tenía.

—Lo que digo es que, si no me equivoco, aquí deben estar registradas todas las criaturas y entes naturales que alberga este mundo. Una información muy valiosa a decir verdad —musitó—. El inmenso e inacabable mar de agua salada, las llanuras de arena, los ríos de fuego y las montañas de hielo... Toda una inmensidad, concentradas en estos párrafos —añadió, leyendo para sí una vez más las frases plasmadas en ese muy emblemático y representativo atlas—. Este tipo de material está más que prohibido y si la policía militar lo descubriera, nos mandaría a prisión sin pensarlo dos veces —hizo una breve pausa—. Pero tú lo mantienes contigo, lo estudias y memorizas, guardándote para ti ese deseo de compartir con todos tan preciada información con el pueblo ignorante. Reteniéndote a ti mismo para no mostrar una verdad que yace oculta hace más de cien años. Eso es un gran esfuerzo, Armin y te admiro por eso —zanjó, dejando estupefactos a sus oyentes.

De repente, los orbes del rubio se encendieron con una vorágine de emociones que le fueron difíciles de descifrar, pero supo que le alegraba encontrar a alguien que lo comprendiera. Que entendiera el calvario y a la vez la bendición que significaba cargar con tal elemento. Estaba muy contento de poder compartirlo con ella sin temor.

Confesaba que al principio había dudado si llevar o no el arcaico tomo, pues era una completa extraña para su persona. Sin embargo, si era tal cual si amigo la había descrito, no tenía que temer. Y con eso en mente había ido a buscar al de ojos aguamarina para sumársele, sabiendo que ese día iría a visitar a su nueva amiga al bosque. Y se daba cuenta de que esa paliza y todo lo que habían pasado esa tarde, no había sido en vano.

Por otro lado, para Jaeger la morocha era cada vez más sorprendente. Era fuerte —en extremo—, comprensiva, dulce e igual de inconformista y luchadora que ellos dos. Tanto en su aspecto como en el de Armin. Como si ya se conocieran de antes y se entendieran a la perfección.

¿Cómo era posible tener ese nivel de empatía y confianza con alguien que conocía hacía poco menos de un mes? Simplemente extraordinario.

De la nada, Ackerman se puso de pie, mortalmente seria.

¿Ahora qué?, pensaron los chiquillos sin apartar la vista de ella.

—Lo que pasó esta tarde... Siento no haber aparecido antes para poder ayudarlos —se disculpó, apenada, impresionando aún más a sus compañeros—. Y como sé que yo no estaré con vosotros siempre, además de que estoy segura de que os comenzará a parecer molesto que alguien como yo los defienda, quiero proponeros algo —comentó, intrigándolos aún más—. Quiero enseñaros a pelear cuerpo a cuerpo.

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Continuará...


¡Hoooola!

Dios, no me esperaba pasar de tener ningún review a tener cuatro así de golpe. Estoy muy agradecida por eso, no os imagináis cuánto.

Y bueno, estoy actualizando lo más seguido que puedo, pues cuando empiece la preparatoria de nuevo ya no podré estar tan presente, aunque por ahora intentaré adelantar este fic lo más que pueda para subir el otro que tengo en mente.

Bien, en respuesta a vuestros reviews:

Lightblue17:

Sí, sé muy bien que esta trama está bastante trillada en el mundo de la ficción, aunque admitiéndolo, nunca vi un fic de Shingeki no Kyojin con dicha temática. A lo mejor existe, pero yo no lo he visto.

Eso mismo era lo que quería mostrar, esa indecisión y ese dolor que la hacen dudar de todo. Además de que desconoce la causa de su viaje y ella misma se ha puesto un objetivo que supone debe seguir. Y ahora que ha ingresado en la vida de Eren de otra forma, intentará a acercarse a él de una forma que en el futuro que ya no existe no había podido. También deseo mostrar el esfuerzo de Mikasa para poder esforzarse y ser una persona "más agradable", ya que si no fuese por Eren y Armin, sería alguien muy solitario y hasta aburrido —Que conste que amo a Mikasa, me parece muy badass, admirable y fuerte, mas su constante silencio y hasta inexpresividad no la vuelven la persona más sociable del mundo. Por más que me cueste admitirlo, no es perfecta u.u—.

También me esfuerzo para no hacer aburridos los capítulos, ya que estos suelen superar las tres mil palabras y aunque éste es un capítulo bastante equis, por así decirlo, hasta aquí termina la «introducción» del fic para darle paso a la acción. Y claro que habrá algunos saltos temporales y demás. Pero eso ya lo verán, no me adelantaré mucho por el momento.

Te agradezco un montón por el review y espero que este capítulo te guste y no dejes de leer.

Mac Mackensi:

Jajaja aquí tienes tu conti, espero que te guste este capítulo y que aun siendo algo… monótono, te siga gustando.

Mori Verman:

No mueras, que si no, no podrás leer este capi D: (?)

Me alegra de sobremanera que te haya gustado y aquí está tu tan esperado capítulo número tres. Como ya dije, ha estado algo aburrido y no sale de lo normal, ¡pero ya en el que viene arranca la acción! Con tiros, cuchillos, gritos, llantos y… Okey, Pando, ya cálmate (?) xD

Jajaja a mí también me encantó hacer que se encuentren ahora para comenzar su relación de una forma más amena y placentera, como nos la plantea el manga original (aunque no por eso no deja de encantarme).

Ya tengo toda una trama planeada para el próximo fic, pero aún me falta la escena final del capítulo y ando algo lenta con eso. Y como es la introducción vendría a ser el capítulo más aburrido y pesado, pero prometo que en esa historia habrá bastante humor —ácido e irónico, pero humor—. Además, quiero ya haber pasado aunque sea el cuarto capítulo de este fic y tenerlo algo avanzado antes de publicar el otro.

Dem:

Aquí está la continuación, espero que te guste.

Bueno, sin más yo me despido. No os olvidéis de comentar, que me hace muy feliz y me impulsa a actualizar más rápido. Y aunque valoro vuestros favs y follows, un review nunca está de más ;)

Besazos.

Los quiere,

Pandora. —Esta vez, sin ayuda de la inútil de Morgana. ¡Hmp! (?)—