- Vamos Hope, tú puedes hacerlo, eres poderosa, solo concéntrate.

Hacia más de una hora que intentaba hacer ese bendito hechizo, pero lo máximo que había logrado fue una terrible jaqueca, mareos y nauseas. Sentía que en cualquier momento se desvanecería.

Miró escaleras arriba ¡como quería saber qué estaba pasando fuera! Seguramente los héroes de siempre estaban buscando hacerse cargo de la situación y apostaba a que Roland diría algo así como: "solo déjenmelo a mi" y golpearía sus puños contra las palmas. Tratarían de encontrar a su medio hermano y emboscarlo, y si eso no funcionaba, lo enfrentarían. Su mamá y Emma se creían muy poderosas, y lo eran, pero no lo suficiente como para derrotarlo. Su Green Mommy le había enseñado condenadamente bien. El solo hecho de imaginarse a su mamá parada frente a él le aterrorizaba. Le aterrorizaba la idea de perderla, a ella o cualquiera de las personas que amaba.

- Vamos Hope, tu puedes.

Una vez más estaba frente al espejo, de él colgaba el reloj, y del reloj, la llave. Sostenía la hoja en una mano y el corazón en otra. Alzó el papel para leer el hechizo que casi se sabía de memoria. Se concentró como nunca. Pensó en su madre, enfrentando a su medio hermano. Pensó en su medio hermano, clavándole aquella flecha en el pecho cuando tenían él diez y ella siete años. Y pensó en ella misma, en que realmente, e increíblemente, amaba a su hermano, a pesar de todo, y quería que él tuviera una mejor oportunidad. Respiró hondo y comenzó a pronunciar:

Si buscas una buena solución y no la encuentras, consulta al tiempo,

la máxima sabiduría

El espejo no sabe mentir; lo que le dijeron ha de decir.

Mis palabras de esta hoja es la llave que lo libera.

El tiempo no es un campo que se mide por codos; ni un mar que se mide por millas;

es el latido de un corazón.

Apenas alcanzó a terminar la última frase que sintió como si le arrancaran una parte de ella. Y, en efecto, un resplandor rosáceo se desprendió de ella y atravesó el espejo, que paso a ser una laguna plata suspendida en el aire. Gimió sorprendida: lo había logrado. No, no del todo. Aún tenía que indicar al portal a dónde, o cuándo, iría. Pensó firmemente en la fecha que había calculado, cuando su medio hermano fuera un bebe. Apretó los puños y cerró los ojos. Nuevamente sintió lo de hacía unos segundos y un nuevo, y más poderoso, resplandor se desprendió de ella, y otro, y otro. La sensación empezó a volverse torturante, era como si le desprendieran un pedazo tras otro de piel, como si le quitaran la respiración. Mientras la laguna de plata absorbía el reloj y la llave, la hoja se quemó en sus dedos en un fuego rosa, y, cuando creía que no podría soportar más tormento el portal empezó a reclamar su corazón. Lo sostuvo firmemente y, en el segundo en que se le escapaba de las manos, supo que había sido una terrible idea. Sentía que le estaban arrancando la vida. Extendió la mano para alcanzar su corazón, pero solo llegó a rozar la superficie plateada; y eso fue suficiente para que el portal la absorbiera también.

VEINTE AÑOS PARA ATRAS...

Emma intentaba hacer entrar en razón a Regina. Ella estaba segura de que Zelena seguía siendo la misma de siempre, su poder nunca le había fallado y podía decir con seguridad que aquella bruja mentía sobre algo, sobre todo. Había aceptado,difícilmente, que sus padres hubiesen bajado los brazos ante su perfecta y amorosa actuación , pero no podía permitir que Regina se rindiera. La había seguido desde la ciudad hasta su bóveda, y no la dejaría hasta que cambiara de opinión.

- No me estoy rindiendo, Emma. Sé que mi hermana trama algo, no caeré en su jueguito.

- Entonces ¿qué es?

Regina se detuvo y volteó hacia la Salvadora.

-Es... es Robin, y todo. Tú lo has dicho: trabajé muy duro que tener mi felicidad. Tú tuviste que sacrificarte por ello. Y ahora, lo estoy arruinando.

Emma lo comprendía, pero al mismo tiempo no podía dejar que la Bruja Mala del Oeste se saliera con la suya. Era un héroe. Necesitaba recordarse eso.

- No te preocupes, no dejare que Grennie gane. - aseguró Regina - Pero ahora, haciendo todo este circo, estoy dándole lo que quiere: a mi, derrotada. Y no pretendo consentirla más.

- Tienes razón - suspiró Emma - Quizás sea lo mejor. Por ahora. ¿Tienes un trago por ahí? - agregó.

Regina se internó en el interior de la bóveda, dejandola sola junto a la escalera.

- A Henry no le va a gustar - anunció Emma en voz alta.

- Él va a entender.

Pero su compañera ya no la escuchaba, estaba atenta a otra cosa. Un extraño resplandor llamó se atención. Al principio parecía una muy delgada capa de tela sobre el espejo, pero su tamaño e irradiación aumentaba a medida que se movía. Se acercó para ver mejor y se dio cuenta que el movimiento parecía el latido de un corazón. El resplandor se intensificó, hasta tomar un claro color rosáceo y ella tuvo que dar un paso hacia atrás, chocándose con Regina, que miraba su espejo extrañada.

- ¿Qué es eso? - preguntó Emma.

- ¿Tengo cara de saber lo que es?

- Es tu bóveda.

Regina le dejó los vasos a Emma y se acercó al espejo. En el momento en quiso tocarlo, la cosa empezó a brillar más, tanto que tuvo que cubrirse los ojos. Ahora se escuchaba con claridad el latido del corazón. La Salvadora tiró de su brazo y la alejó de allí a tiempo. Lo que fuera eso, estalló, haciendo añicos el espejo. El resplandor se apagó y, antes de que Regina pudiera preguntar qué rayos había sido eso, vieron algo que las dejó más desconcertadas. La explosión había dejado en el medio de la bóveda a una chica, de cabello revuelto y oscuro, estaba tendida en suelo, boca abajo, con el brazo extendido y un corazón en su mano.