Disclamer: Free! No me pertenece. Ninguno de los guapos muchachos me retribuye algo de lo que hago. Ocio puro :)

Notas: No puedo evitarlo, lo mío es el angst. Y me cuesta demasiado no hacer sufrir a un personaje como Makoto. Es demasiado lindo y feliz.

Notas 2: Gracias por llegar hasta aquí. Este es el útimo capítulo de mi primer fic poliamoroso en la vida. Me gustó mucho escribirlo, aunque ni de cerca es como pensé que podía ser, pero me alegra poder terminarlo. Les quedo debiendo un extra con harto sexo. Besitos de panda. Dejen review con sus comentarios, que me sirven para mejorar. La Rio.


Juntos y revueltos.

Parte IV - Final.


(34)

Mirar hacia atrás era un ejercicio complicado. Era extrañar. Era preguntarse si pudo haber sido distinto.

Makoto miró con nostalgia las fotos de su niñez, en donde compartía con sus amigos y familia la alegría que la natación le traía.

Estar solo era un ejercicio de fortaleza diario. Aguantar la distancia era tortuoso, pero se había convencido a sí mismo de que debía valerse por sí mismo y decidir si realmente tenía la valentía de aceptar sus sentimientos y explicarlos correctamente.

Como recordatorio: Un arete, una pulsera y un anillo. Rin, Sousuke y Haruka.

Respiró profundo y aguantó el aire un período que le pareció eterno.

El aire canadiense era helado y le calaba los pulmones.

Quinta semana sin verlos. Aún quedaban 19 por delante.


(35)

Sousuke fumaba en la terraza con un café en la mano. Lo extrañaba como al demonio.

El silencio se había hecho recurrente. La rutina difícilmente volvía a ser lo que era.

El peso de la ausencia de Makoto era innegable y doloroso. La necesidad de ese vacío también parecía inevitable.

Durante años vivieron juntos una fantasía en la que no necesitaban justificarse ante nadie. Simplemente eran cuatro jóvenes guapos viviendo juntos.

Pero el tiempo avanzaba sin tregua. La sociedad exigía hitos en la vida de sus miembros.

No sabía por qué habían sido precisamente los Tachibana los que no habían entendido lo que vivían.

El enorme departamento se sentía medio vacío cuando uno faltaba. En la cama todos despertaban sobre el colchón.

Apretó los dientes con tal fuerza que cortó el cigarrillo.

Miró la pulsera y el anillo. Sintió el peso del arete en su oreja.

Quinta semana sin verlo. Aún quedaban 19 por delante.


(36)

Salió de la piscina olímpica en silencio. El entrenador lo felicitó por su impecable registro y le dijo que la siguiente semana harían ejercicios de resistencia, para poder comenzar a probar distancias nuevas.

Rin asintió con aplomo y fingió que leía sus estadísticas con mucha concentración.

Intentó pensar en el agua y en la forma en que esta lo abrazaba. Intentó pensar en cómo mejorar sus tiempos y en prolongar un poco más su estancia en la competencia internacional.

Si los mocosos del equipo B creían que no había escuchado que "se estaba poniendo viejo", estaban muy equivocados.

Se llenó de ira de un momento a otro. Y era entonces que la tranquilidad de Makoto le hacía falta de manera insoportable. Saber que el castaño no estaría cuando volviera a Tokio; que estaba a un océano de distancia, solo (un día en el pasado), que quizás se sentía miserable y pequeño como un niño cuando seguía siendo una orca que nadaba en el hielo confiando en el próximo respiradero estaría cerca, pero temiendo que estuviera lejos, estaba matándolo.

Agotado de todo, se dejó caer en la cama del dormitorio australiano de una ciudad cuyo nombre ya no recordaba. Pero lo había prometido… cuando Makoto volviera, la selección japonesa olímpica estaría definida y él debía estar dentro.

Apretó el puño y sintió el tintinear de la pulsera, mientras el anillo le apretaba el dedo. El arete le enfriaba la piel, pero le recordaba que tenía una meta que debía ser cumplida y que tenía un plazo impostergable.

Quinta semana sin verlo. Aún quedaban 19 por delante.


(37)

Haruka esperaba nervioso en un café elegante del centro de Tokio. Había escogido uno relativamente lejos de la estación de trenes y no se había ofrecido a pasar a buscar al matrimonio Tachibana, a propósito.

Si Akira y Reika Tachibana querían hablar con él de su hijo mayor, entonces tendrían que ir donde él estuviera. Sin embargo no los invitaría a la casa que compartían junto a Rin y Sousuke. Ese era un templo sagrado en donde ellos habían perdido el derecho a entrar en cuanto rechazaron a Makoto con crueldad.

Reika-san parecía asustada cuando llegó. Su marido estaba más tranquilo, pero con evidente incomodidad en sus gestos. Había pasado casi un año desde que Iwatobi se había convertido en un destino que no visitaban, y los adultos no sabían bien como desenvolverse con ese muchacho que siempre conocieron y quisieron, en un ambiente al que no estaban acostumbrados y con un sentimiento en el pecho que no sabían cómo describir.

Akira-san inició la conversación con un dubitativo "Haruka-kun…" y Nanase agradeció que, al menos, entendieran que ya no era "Haru-chan". No quería volver a ser mirado como hijo por ese matrimonio, a menos que lograran que Makoto volviera y fuera el de antes.

(El de antes, por un demonio)

Los dejó hablar acerca de las apariencias, de lo correcto, de moral y de "lo normal". Dejó que le hicieran preguntas y las contestó breve pero correctamente.

"Makoto era feliz. Y no parecía importarles por qué…" Les dijo, cuando pidió su segundo café. Los mayores lo observaron en silencio, mientras el nadador parecía perderse a ratos en la contemplación del anillo de plata (que, aunque no lo sabían, tenía en su interior grabado S.M.R.H.), mientras la discreta pulsera y el arete pasaban desapercibidos.

Los Tachibana le dijeron que estarían tres días en la gran ciudad, y que esperaban poder entender mejor lo que ocurría en ese tiempo. Haru los despidió en la puerta del café y no se ofreció a ayudarlos a encontrar su hotel.

Miró el cielo y vio que las nubes estaban cubriendo todo. Suspiró.

Quinta semana sin verlo. Aún quedaban 19 por delante.


(38)

Su colapso los había tomado a todos por sorpresa. Era un día de mayo cuando lo encontraron desmayado en el pasillo.

Asustados, lo llevaron al médico, en donde quedó en observación por una noche.

Su teléfono no paraba de sonar. Mensajes llegaban uno tras otro, tal como las semanas anteriores, desde las fiestas en Iwatobi. Cansado, Sousuke abrió el aparato, para saber quién requería con tantas ganas a Makoto.

El contenido de los mensajes, todos provenientes de Ran, le heló la sangre y, por un segundo, dudó si mostrárselos a los demás.

"Todavía no te mueres?" rezaba el último "Celebrando tres meses sin verte" decía otro.

¿Cómo no se habían enterado de eso? ¿Por qué Makoto nunca les había dicho nada?

Cuando Tachibana despertó, los tres estaban alrededor de la camilla, con una enfermera con cara de miedo que trataba de explicarles que no podía haber tanta gente en la habitación.

Cuando al fin estuvieron solos, ninguno se atrevió a empezar el tema.

"Tu celular se nos perdió en el camino" le mintió Sousuke, tendiéndole una caja nueva "Te compramos otro."

Los tres notaron cómo eso pareció revitalizar a su compañero. Les agradeció con una sonrisa e hizo un chiste acerca de preocuparse más de su salud.

Cuando lo dieron de alta, un martes al mediodía, Makoto levantó las cejas con sorpresa cuando se dio cuenta de que ninguno debía trabajar ni estudiar.

"¿Pasa algo?"

Haruka dijo "Boté tu celular a la basura" y Makoto entendió que estaban enterados de lo que pasaba. Se disculpó en voz baja y Rin saltó a abrazarlo con demasiada fuerza.

"No te alejes" le susurró el pelirrojo, sabiendo que hablaba por todos. "Me muero si me falta alguno."

Desde ese día hasta la tarde que el castaño les informó que se iba a Canadá por 6 meses a un diplomado en medicina deportiva, que le servía para su tesis, las cosas habían pasado demasiado rápido.

"Lo siento… pero creo que es bueno para mí estar solo un tiempo."

Los demás sabían que eso no era verdad, pero Makoto necesitaba ordenar su mente y no lo conseguiría en Tokio.

Rin comenzó a llorar camino al aeropuerto. Haruka cuando Tachibana se despidió y se acercó a las puertas de embarque internacional. Sousuke cuando volvieron a casa y se acostó con un nadador en cada brazo.

Les faltaba un pedazo de vida.

Semana uno. Quedaban 24 por delante.


(39)

Haru tuvo que admitir, durante su segunda reunión con los Tachibana, que no lograría nada sin enseñarles cómo vivían, por lo que detuvo la perorata sobre hijos y formar familia y les pidió que lo acompañaran.

Sousuke estaba en el Centro Olímpico en ese momento y Rin aún no volvía de sus últimos días de preparación intensiva en Australia. El departamento estaba limpio y en silencio, pero guardaba la esencia de la presencia de cada uno.

Las medallas del pelirrojo estaban colgadas junto a los títulos enmarcados de los demás. Una serie de fotografías adoraban las repisas, una carpeta con recortes de los triunfos de Matsuoka y de las competencias culinarias de Haruka, más algunos regalos significativos y galvanos que tanto los deportistas como la Universidad les habían dado a los otros dos.

Era un mueble lleno de triunfos y sonrisas. Había una serie de álbumes ordenados cronológicamente, desde la más tierna infancia de cada uno (y los Tachibana pudieron reconocer otros amigos de su hijo en ellos, como Nagisa y Rei), más fotos familiares y otras más actuales.

También notaron que las últimas fotos del último álbum eran de la navidad pasada.

En una caja pequeña, en el fondo del mueble, Haruka les mostró las fotos que habían sacado de sus marcos, y que correspondían a los hermanos menores de Makoto. Les dijo que recién las habían sacado cuando había partido a Canadá, ya que no se los había permitido antes.

Era un departamento poco común. Casi muy ordenado para ser de cuatro adultos jóvenes. La cocina era espléndida y tenía equipamiento excelente. Un gran televisor adoraba la sala, y los sillones eran –claramente- gusto de Makoto y combinaban con la alfombra.

"Gracias a ustedes, esto ya no lo hace feliz" les dijo Nanase, de forma acusadora, sin importarle más las apariencias. "Gracias a ustedes, y su estúpida normalidad, todo esto que construimos le causa dolor."

Y aunque la mayor parte de la vida en grupo la hacían en el dormitorio de Sousuke, Haruka los llevó al de su hijo, para que vieran que era casi igual al de Iwatobi. Había una amplia cama, un escritorio, un mueble con demasiados libros (en japonés, en inglés, en alemán y también en francés y español, aprovechando los idiomas de los demás), peluches de delfines, una consola y un televisor más pequeño.

Reika-san finalmente rompió a llorar y balbuceó que no podía entenderlo, pero que quería a todos sus hijos felices y juntos alrededor de la mesa.

El tercer día no se vieron. Haru tampoco se ofreció a llevarlos de vuelta a la estación de tren, ni mandó saludos a los gemelos. Sin embargo, llamó a Rei y le pidió que él y Nagisa fueran a Tokio a pasar algunos días. Que necesitaban un poco de compañía. Ryugazaki le prometió que irían en cuanto pudieran.

Lloró cuando colgó por la soledad que sentía.

Quinta semana sin verlo. Aún quedaban 19 por delante.


(40)

"En cuanto pudieran" se convirtió en ese mismo fin de semana. Nagisa llegó con una enorme bufanda rodeándole el cuello y saltó sobre el primero que vio en la puerta, sin importar quién fuera. El premiado fue Rin, que había llegado esa misma mañana desde Australia y se disponía a descansar un poco cuando decidió abrir la puerta.

Ese día Haru no tenía que ir al restaurant así que cocinó un delicioso almuerzo para todos, mientras Rei admiraba la belleza de los platos que preparaba y Nagisa se divertía con Rin y Sousuke en la sala con la consola de juegos.

Antes de llevar los platos a la mesa, el de pelo azul le preguntó a Nanase cómo lo estaban llevando. Él le contó de la visita de los Tachibana y de sus impresiones y se sorprendió cuando Ryugazaki sonrió.

"Todo estará bien, Senpai" le dijo, con mucha seguridad "¿Cuántas veces Makoto-senpai se ha alejado de ti y ha vuelto?"

Haruka recordó aquella vez, de niños, cuando lo encontró frente al mar. También cuando le avisó que se iba a Tokio sin esperar a que él mismo decidiera su futuro y cuando postuló a Canadá por primera vez.

Todas habían sido iniciativas no conversadas de Makoto, pero finalmente todas habían terminado siendo una instancia para que ambos se reencontraran con más fuerza y más unidos que nunca.

(Todas, sin embargo, habían significado también un profundo dolor para Tachibana.)

"Quinta semana sin verlo" dijo, con pesadez. "Aún quedan 19 por delante."

Rei tomó dos platos y enfiló hacia el comedor. Al pasar por la puerta, volteó y volvió a hablar, obligando a Haruka a secarse las lágrimas antes de reunirse con los demás.

"La quinta semana está terminando, Senpai. Ya solo quedan 19."


(41)

La sorpresa los llenó cuando Nagisa y Rei anunciaron su traslado definitivo a Tokio. Nagisa les dijo que iban a esperar para cuando Makoto volviera, pero finalmente decidieron adelantar las cosas.

"¿Y si llamamos ahora?"

Sou, Rin y Haru se miraron un poco nerviosos. Ciertamente habían hablado poco esas cinco semanas, respetando los horarios de Tachibana y en llamadas que no duraban demasiado, sin embargo no habían terminado de calcular la diferencia horaria cuando el rubio ya estaba instalado frente al moderno televisor que podía conectar a su teléfono (el cual ya estaba marcando por Skype a su amigo) y llamando a los demás con la mano.

Makoto apareció en la pantalla somnoliento, pero claramente despierto y sorprendido. Hazuki lo saludó como si se hubieran visto el día anterior y le dijo que estaban todos juntos.

Nagisa hizo su magia como siempre y mientras hablaban como si nada pasara, los otros pudieron ver como el brillo volvía a los ojos de Makoto.

"¡Te extrañamos!" dijo Sousuke en un impulso, durante un segundo que el rubio guardó silencio "Vuelve pronto…"

Rin sintió cómo Haru tomó su mano con ansiedad y la apretó con fuerza, entrelanzando los dedos, demostrando –por primera vez –lo mucho que le pesaba el viaje de su mejor amigo.

"Si nos engañas, lo sabremos" bromeó ante la cámara, abrazando a Haru por el cuello "¡Así que mantenlo dentro de tus pantalones o te castraré a la vuelta!"

"¡Te amo, Makoto!" dijo Haru, finalmente, sorprendiéndolos a todos. "Te amamos…"

Entonces lo escucharon. Junto a los ojos brillantes de lágrimas, al anillo, a la pulsera y al arete, las palabras que solucionaron todo.

"Yo también los amo"

Nagisa hizo una expresión exagerada de felicidad y estuvieron conversando y riendo hasta que a Makoto le dieron las 4.30am.

Haruka no pudo evitar abrazar con fuerza a Nagisa y Rei cuando enfilaban a su dormitorio, que usaban como de invitados.

Entre la mudanza de sus amigos, el restaurant y la definición del equipo olímpico de natación, las semanas pasaron volando y, sin que se dieran cuenta, ya estaban en el aeropuerto. Y ahí estaba. Considerablemente más delgado, con los lentes colgando del puente de la nariz, leyendo algo que parecía abstraerlo del mundo mientras caminaba con el carro lleno de maletas.

Rin y Haru se le tiraron encima sin contemplaciones, reclamando la falta de anticipación para verlos. Sousuke se rió cuando vio el contenido de lo que Makoto leía. Era un correo de un amigo en común del equipo olímpico. "Makoto-kun, no le digas a nadie que lo supiste por mí. Este es la lista de la selección olímpica de natación…".

Por supuesto, el nombre de Rin estaba en ella.

Yamazaki levantó de un impulso al castaño cuando pudo sacarse a los otros dos de encima y le dio un abrazo tan apretado que le quitó el aire de los pulmones.

Tachibana respondió todos los gestos sin pudor ni preocupación por la gente que los rodeaba. Solo sonreía y trataba de tocarlos a todos, tratando de no llorar.

"Los extrañé tanto…"

Fin día 185. La semana 24 había terminado.

"Vamos a casa…"

En el departamento, Rei, Nagisa, Gou, Momo, Nitori, Seijuuro y otros amigos de la universidad y los trabajos estaban esperándolos. Entre ellos, reconoció Sousuke, el soplón que le había enviado el mail a Makoto, el entrenador de la selección de natación japonesa y el entrenador australiano de Rin.

A Matsuoka se le fueron los colores de la cara. La presencia de sus entrenadores solo podía significar una cosa.

"Autorizado a embriagarte, Maldito CabezaDura" le dijo en japonés su entrenador personal.

A nadie le importó que fueran las 10 de la mañana. Haru comenzó a cocinar, ayudado por Rei y Momo, mientras los demás acosaban a Makoto con preguntas sobre Canadá y Rin parecía absorto en su nube de felicidad.

En medio del revuelo, una torta apareció. Era un modelo sencillo, y Sou, Rin y Mako reconocieron que era la primera torta que Haru había hecho para ellos una vez terminada su especialidad en repostería. Tenía merengue italiano y escrito en chocolate "Bienvenido Makoto" con una hermosa caligrafía cursiva.

El pastel era considerablemente pequeño para todos los presentes, pero de alguna forma todos comieron. Nagisa incluso se las arregló para repetir. Salió champaña, salió cerveza y de pronto Rin terminó de entender lo que estaba pasando y comenzó a llorar con la foto de su padre entre las manos.

Sou suspiró ante el escándalo en su casa. Su casa. Su hogar volvía a estar completo. Makoto volvía y Rin estaba en las olimpiadas. Haru estaba en la cocina, y él vigilaba desde su posición privilegiada que todos estuvieran bien. Estiró los brazos y sintió cómo el aire llenaba sus pulmones. Estaba completo de nuevo. Era la mejor sensación del mundo.

-¡A beber de una vez! –gritó, encendiendo el famoso equipo de sonido que tantas multas les había generado en todos esos años. Ya tendrían tiempo de ordenar, y dar la bienvenida familiar a su castaño favorito. -¡Makoto, tú primero!

Y todo pareció volver a su cauce. Todo como debía ser. Quizás las cosas con la familia de Tachibana aún no estaban resueltas, pero el tiempo se encargaría de eso (y si no lo hacía, ¡qué diablos! Se lo perdían), pero ahora Makoto estaba de vuelta, con más energía que nunca, dispuesto a que siguieran siendo los cuatro, como desde hace tanto, asumiendo su amor extraño y populoso como la realidad que querían vivir.

Se pasaron toda la tarde tirándose besos a escondidas, toqueteando al castaño al pasar, disimulando miradas lujuriosas y gestos obscenos porque no todos los invitados estaban enterados de la verdad (y la verdad no les interesaba que se enteraran, tampoco).

Tres veces Makoto se perdió de la vista de los invitados. Una con cada uno de sus amores. En todas volvió sonriente y contento, sonrojado y feliz.

(Si el entrenador se enteraba que Rin podía meterse la polla del castaño hasta el fondo, probablemente lo sacaba del equipo titular por pervertido, así que se limpió la comisura de los labios con disimulo y sonrió cuando volvió de la bodega con tres botellas de vino más para beber.)

(Y si los otros se enteraban que Haru dejaba que Makoto se la metiera casi de golpe y hasta el fondo del culo, quizás nunca más querrían ir a la casa, así que se acomodó bien los pantalones y caminó con naturalidad, pensando que no había nada mejor que ese calorcito agradable en las entrañas.)

(Y si supieran lo que a Sousuke le gustaba el trasero de Tachibana, lo más seguro es que pensaran que era medio psicópata y lo denunciaran, así que trató de no mirarlo mucho, sin embargo no pudo evitarlo cuando se cruzó con él cerca del segundo baño, en donde había lubricante y condones (como en todos lados, estratégicamente ubicados) y aprovechó de poseerlo dando algunos buenos mordiscos.)

-Al fin solos. –suspiró Makoto cuando terminaron de ordenar y se fueron al dormitorio.

-Solos. –repitió Haru, que estaba borracho.

-Haru, Haru, di "paralelepípedo". –Rin también estaba borracho.

-Chúpalo, Matsuoka –respondió Nanase. Mako se quiso adelantar para detenerlos, pero Sou lo detuvo de la cintura.

-Déjalos pelear, aprovechemos el tiempo. Ya se nos unirán.

Hicieron el amor, tuvieron sexo sucio, hicieron el amor de nuevo y volvieron a follarse con saña. Los ebrios se quedaron dormidos antes y Yamazaki aprovechó de monopolizar a Tachibana hasta el amanecer.

-No vuelvas a irte –le dijo, abrazándolo por la espalda, besando todas las marcas de mordidas que dejó. –No podría soportarlo.

-Lo siento Sou. No pasará de nuevo.

No pudo evitar sonreír cuando Haru comenzó a llamarlo en sueños. Se incorporó y le dio un beso en los labios a cada uno, y finalmente se acomodó a dormir.

-Estoy en casa…

Y no pudo enojarse cuando despertó en el suelo. Simplemente rió con ganas (despertando a los demás) y les robó una almohada, para dormitar un poco más.

Al rato, estaban los cuatro en el piso, piernas y brazos enredados, melenas de colores y abrazos que se cruzaban.

Juntos.

Como corresponde.

Los cuatro.


.~Owari~.