El verdadero Hades.
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Volvía a Giudecca con una sonrisa tonta en su rostro, se pasó todo el día con Hypnos en los Elíseos y, lamentablemente, no pudo dar con Thanatos. Aunque claramente ya lo encontraría y volvería a hacerle travesuras; le encantaba pasar tiempo con los gemelos, sobre todo porque el rubio se ponía de su parte para molestar a su hermano.
Frotando uno de sus ojos con cansancio llegó a la habitación, formando una expresión de desilusión al no ver a Hades allí. Era obvio y lo sabía, apenas llegó al Inframundo y debía poner las cosas en orden. Si bien él se había esforzado, el verdadero Dios de los muertos era su poderoso novio.
Se tiró en la blanda cama sin importarle nada más, no tenía energías y eso le parecía extraño, pero ya no podía pensar, su mente quedó en blanco. Atribuyó ese hecho a que no había dormido en días por estar planeando el rescate de su chico, cayendo en un profundo sueño.
—...nh...Alone... —susurró dormido, colocándose en posición fetal. Esa vez, no sería Hypnos quien controlara sus sueños.
Dreams
Un largo vestido blanco y largos cabellos lilas, ojos color esmeralda y enigmática sonrisa; así era la bella mujer frente a él, una replica exacta de Sasha. En su diestra Nike descansaba y en su estómago, un protector dorado llevaba; sin embargo, no era ella. Lo sabía, lo sentía. Un aura maligna se dejaba sentir a su alrededor, sobre todo por aquella mirada que poseía.
—Tenma —musitó, e incluso su voz era la de su fallecida amiga—. ¿Por qué lo hiciste? —preguntó dolida, desapareciendo de su lugar para reaparecer frente al santo, tomando sus mejillas— Me traicionaste con Hades. Allí, en Plutón. ¡Alone confió en ti!
Tenma se soltó asustado, retrocediendo varios pasos; mas no pudo seguir más, puesto que una columna le detuvo, quedando de espaldas a ella.
—No huyas —siseó la joven, caminando con fuertes pasos hacia él, hasta quedar a solo centímetros de su cuerpo—. Él no te ama, Tenma. ¿Lo has visto? —su tono sonó burlón, claramente estaba burlándose— No te hizo caso a la hora de atacar la Tierra, no le importó —acarició sus labios de forma dulce, cada vez acercando más sus rostros—. Ni le va a importar ahora que está mi nueva reencarnación, Saori. Los matará a todos...
Un fuerte dolor oprimió el corazón del castaño, quedándose sin aire unos segundos. Por más que lo intentó, no pudo hablar, algo estaba bloqueándole; ni siquiera su cuerpo podía mover.
Aquella chica, hizo el amago de juntar sus labios; sin embargo...
—¿Cómo te atreves a irrumpir en el sueño de mi señor? —se escuchó una masculina voz y, poco después, la silueta de Hypnos comenzó a formarse en medio de todo aquello— Debes tener agallas para tomarte tanto tiempo, cuando yo soy el Guardián de los Sueños.
Sasha formó una expresión aburrida, alejándose de Tenma. Parecía flotar en el aire, volando con alas invisibles a sus espaldas. Su largo cabello se movía con gracia ante cada movimiento, terrorífico.
—Oh, querido —comentó en un lamento—. Solo quería probar al pegaso —soltó una estruendosa carcajada, sentándose sobre un caído pilar.
—Circe, te creía más inteligente —musitó el rubio con molestia, colocándose a un lado de Tenma para que no se le acercara—. Me gustaría saber la opinión de Hécate —comentó con burla, sintiendo al castaño aferrarse a él, algo que hizo que frunciera el ceño. ¿Qué demonios le había dicho aquella chica? Era idéntica a la antigua Diosa de la Guerra, lo peor es que al no estar Hades, no la había detectado.
—Qué aburrido eres, solamente...necesitaba ver su alma —jugueteó con una esfera de energía, observando con diversión a ambos—. No noto arrepentimiento, qué lástima...¿No extrañas a tu-? ¡AGH! —frenó sus propias palabras, soltando un quejido al sentir un fuerte impacto. Hypnos estaba utilizando su energía para quitarla de la mente del santo.
—Que una maldita hechicera venga a desafiar al Dios de los sueños, en su propio mundo, es imperdonable —si bien no había elevado su tono de voz, se notaba la frialdad y enojo en cada una de sus palabras, lo cual lo hacía más imponente. La estrella de su frente emitió un brillo y, de golpe, un fuerte grito se escuchó. Aquella joven desapareció de allí y Tenma, despertó de golpe.
Dreams End
—¡AAAAAAH! —gritó, levantándose de la cama con su pecho subiendo y bajando rápidamente, su respiración estaba agitada y se encontraba muy sudado.
—¡Tenma! —se escuchó la voz de Pandora, la cual abrió la puerta de una potente patada. Su tridente se encontraba en su diestra, brillando amenazante; sin embargo, al no encontrar peligro alguno y ver el rostro del castaño, suavizó su expresión para formar una preocupada, haciendo desaparecer su arma a la par que se acercaba a su príncipe— Tenma...¿Qué sucedió? —preguntó con suavidad, sentándose a un lado de la cama.
El nombrado solo la observó unos segundos antes de abrazarse a ella con fuerza, empezando a sollozar. Él no había querido que esa Guerra Santa ocurriera, ni que todas esas vidas se perdieran. Él no quiso decepcionar a Dohko, ni tampoco dejar desprotegido el Santuario. No había sido su culpa enamorarse de aquel Dios, claro que no, solo...solo...
—...l-lo amo mu-mucho... —sollozó, hundiendo su rostro en el cuello de la joven, la cual parpadeó sin entender.
—...y mi señor te ama a ti, por favor, no llores. Solo fue un sueño, ya luego golpearé a Hypnos —intentó tranquilizarlo, acariciando sus cabellos con ternura; y como si lo hubiera invocado, el rubio Dios apareció en la habitación, ganándose una mirada de reproche por parte de la chica.
—Debemos hablar con Hades en cuanto sea posible, Circe estuvo merodeando en la mente de nuestro señor. Tch...ni siquiera pasaron dos días y ya comienzan a hostigarlo —informó, se notaba a leguas el fastidio que tenía. ¿No podían simplemente dejar al Averno en paz?
—Pandora... —habló el ex pegaso por primera vez, limpiando sus lágrimas algo tembloroso— N-no te vayas, Hades no vendrá y...
—Ssh...me quedaré aquí contigo —susurró con ternura, haciendo que se acostara para arroparlo como un niño—. Está bien, Hypnos-sama. En cuanto esté todo calmado hablaremos con él, ahora no es posible, está...ocupado —y no mentía. El pelinegro se encontraba alistando a sus ejércitos, así como adiestrando a todas las criaturas mitológicas que se encontraban en el Inframundo. Para la posible batalla, estarían preparados.
—Hablaré con mi hermano —fue su última palabra, desapareciendo del lugar.
La joven se quedó allí por largos minutos, velando el sueño de su príncipe hasta que, finalmente, pudo dormir por completo. Esa vez el rubio Dios velaría su sueño, y nadie le molestaría más.
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Los días pasaban con relativa normalidad, Tenma no vio a Hades ni una sola vez y eso hacía que estuviera constantemente de mal humor o deprimido. Los dioses gemelos y Pandora apenas podían distraerlo un poco, y es que el castaño empezaba a molestarse con creces.
Hasta que el quinto día, explotó.
—¡SI NO VENDRÁ, ME VOY! —gritó con furia, ni siquiera él sabía por qué actuaba así, nunca lo había hecho. Últimamente sus cambios de humor eran explosivos y el hecho de no tener a su esposo a su lado, fue la gota que derramó el vaso.
Haciendo aparecer su armadura, se dirigió con decididos pasos hacia las prisiones, dispuesto a subir a la Tierra; incluso Cerbero le ladró y mordió sin llegar a lastimarlo para que no se fuera, pero él estaba demasiado molesto, por lo que no lo pensó dos veces.
—¡Señorita Pandor-!
—Silencio, Cheshire. Informa de esto a nuestro señor —ordenó la joven, sonriendo apenas. Ya había entendido el estado de Tenma.
El joven castaño se arrepintió a medio camino, quedando justo en el Jardín de Perséfone. Mentiría si dijera que no lo odiaba, y es que era de la ex esposa de Hades. Cada vez que la nombraban...se ponía celoso, se sentía inferior ante una Diosa a pesar de ser más poderoso ya.
Soltó un suspiro de agobio, recostándose en el suave pasto que allí crecía. Una fresca brisa removió sus castaños cabellos y, sin poder evitarlo, cerró sus párpados.
Una maratón de recuerdos inundaron su mente, haciendo que formara una mueca; sin embargo, no despertó de tal letargo, hundiéndose en sus pensamientos.
Recordaba el momento exacto en el que le dijo a su maestro que se verían en la otra Era, teletransportándose junto con Sasha y Alone hacia Plutón, el lugar donde estaba el alma de Hades. La última batalla se llevaría a cabo y solo ellos tres podían hacer algo al respecto, salvando las pocas vidas que seguían luchando por sobrevivir; sin embargo, pasó algo que nunca creyó posible.
Se rindió ante Hades, y de la peor manera posible.
Se enamoró...
Si bien todos terminaron muertos en aquella batalla, su alma no quedó a la deriva, sino que la mismísima Pandora se encargó de buscarlo, llevándolo al Inframundo. No podía tener contacto alguno con los seres que habitaban en la Tierra, sobre todo porque el poderoso Dios de los muertos temía la reacción de los demás y velaba por su seguridad ante todo. Es por eso que el castaño jamás pudo hacerse notar, algo que al principio le afectó, mas luego pudo soportarlo; incluso manifestándose como un simple espíritu. A pesar de que Dohko creía que hablaba solo o con alguna que otra alma en pena, no era así, pues era él mismo quien le respondía cuando estaba allí en los cinco picos. Hades solía decirle que dejara de hacerlo, que dejara de encariñarse porque a la final la nueva Guerra Santa vendría; sin embargo, Tenma hizo oídos sordos, ignorando lo que vendría más adelante.
El verdadero Hades era...muy diferente a su amigo Alone, nunca preguntaba, nunca sonreía, rara vez decía algo lindo y nunca, pero nunca, mostraba emociones.
Le dio cinco años para arrepentirse de estar a su lado, y en esos cinco años él hizo que hiciera todo lo que antes no hacía. ¿Quería ser así con los demás? Perfecto, pero no con su novio. Y en esos momentos, estaba feliz con el progreso, ya que incluso era mucho más cariñoso y posesivo.
Pero...todo se arruinó con la llegada de la nueva reencarnación de Sasha. Fue como si toda la maldad oculta en Hades saliera de golpe, negándose a escuchar a Tenma. Esa Guerra Santa debía hacerse y ya, así fue desde la mitología y no iba a cambiarlo por nada del mundo.
Fue ese momento en el que se separó del Dios con lágrimas en los ojos, diciendo que si destruía la Tierra, lo haría con él. Aquello desató la furia del pelinegro y, debido a su estúpido orgullo, terminaron distanciados.
Aunque estuvo velando desde las sombras a su esposo, jamás intervino o hizo algún acto de aparición. Excepto cuando el auténtico final llegó, ese momento en el que Hades utilizó su espada para atravesar al nuevo Pegaso. Si no asesinó a Seiya fue porque lo recordó a Tenma, y si fue derrotado por Athena, si no usó su verdadero poder, también fue por tenerlo presente en sus pensamientos. Eso había hecho que, a la final, el castaño lo perdonara, convenciendo a Zeus de su regreso.
Se levantó del suelo con dificultad, sintiéndose algo mareado. Las palabras de Circe calaban hondo en su corazón, lastimándolo de sobremanera. ¿Cómo podía él decirles a todos que lo lamentaba? No había medido la gravedad de sus actos, todo lo que dejó atrás por irse con el Dios. Pero...si volvía a tener la oportunidad, lo volvería a hacer, y es que lo amaba demasiado. Las mitológicas peleas entre Hades y Pegaso no eran más que un amor oculto entre tanta guerra y maldad.
Sus ojos pesaron y una gran debilidad se apoderó de él, la armadura que poseía desapareció en un destello morado y, sin poder sostenerse más, cayó de costado.
Pero nunca llegó a tocar el duro suelo.
Hades había aparecido detrás de él, sosteniéndolo a tiempo para que no cayera. Sus fríos orbes azules demostraban el susto que se había dado cuando le dijeron que Tenma se iría, dejando todo tirado para teletransportarse por el Inframundo.
—Tenma... —musitó, mas de nada sirvió, su esposo estaba completamente dormido en sus brazos. El pelinegro solo soltó un suspiro, cargándolo para poder llevarlo de regreso a Giudecca— ...ya estás bien, amor. No me volveré a ir —prometió, negando un par de veces.
Creyó que el castaño sería capaz de aguantar un poco más sin él, ya que era un guerrero con todas las letras y depender de alguien no era algo que fuera con su carácter; sin embargo se llevó una gran sorpresa con eso, al notar que Tenma no podía estar demasiado tiempo alejado de él. Aunque, por otro lado, eso le llenaba de una gran satisfacción.
Apareciendo en el gran Castillo, fue recibido por Pandora, la cual con una extraña sonrisa le sugirió la visita de la confiable Diosa y Hechicera Hécate, alegando que le parecía extraño el comportamiento de Tenma y que podría estar enfermo.
—¿Hay algo que no sepa? —preguntó el Dios de manera fría, si bien la joven era su más cercana compañera, él no era muy amable que digamos.
—No. Nada, mi señor —respondió Pandora al instante, inclinándose en señal de respeto—. Solo me preocupa la salud del príncipe.
El pelinegro la observó por largos momentos, algo que pareció una eternidad para la chica. Hasta que, finalmente, asintió con desdén, adentrándose a sus aposentos. Con suavidad, recostó a Tenma en la cama una vez más, frunciendo el ceño con preocupación. Nunca le había hecho un berrinche así, ¿Qué estaba pasando?
Acarició su mejilla con ternura, inclinándose para dejar tiernos besos en su rostro, logrando que se removiera un poco entre sueños. Sus labios llegaron hasta los suyos y, ahí, depositó un beso que demostraba todo su amor...aquello que solo él poseía. Estaba algo caliente, lo que le daba a entender que tal vez tenía fiebre. Suspiró, definitivamente no se iría más por tanto tiempo.
La puerta sonó dos veces y la voz de los Dioses Gemelos se dejó oír, debía ser urgente para que molestaran a su señor justo en su habitación.
—Hades-sama —nombraron ambos a la vez, haciendo una reverencia.
—¿Qué sucede ahora? —si bien su voz no demostraba nada, se notaba que estaba fastidiado de todo el asunto; aún tenía sujeta la diestra de su esposo, quería que sintiera su calor.
—Tuvimos la inoportuna visita de Circe —habló Hypnos—. Se adentró a los sueños de nuestro príncipe...con...con la apariencia de Sasha, la antigua reencarnación de Athena.
Por unos momentos todo quedó en silencio, incluso los gemelos aguantaron la respiración. Hades se levantó con gracia de la cama, colocándose frente a ambos. Sus ojos se desviaron hacia uno y luego hacia el otro, como si estuviera esperando que fuera una broma o tuvieran una explicación coherente.
—...descuido mio —agregó el rubio, una gota de sudor bajó por su sien.
—¿Es todo lo que tienen que decir? —siseó, apretando sus puños.
—Le habló sobre los caídos en batalla, su maestro Dohko y el hecho de que usted no lo ama —habló Thanatos, no quería quedarse sin hermano tan rápido.
—¿Que no lo amo? —repitió el Dios, un tono rojizo se dejaba ver en sus pálidas mejillas, estaba furioso.
—S-si...e-es que...nuestro príncipe intentó detenerlo cuando quiso luchar contra Saori Kido, la actual Athena —carraspeó —. Y usted lo pasó por alto, incluso se distanciaron.
—Mi señor, si me permite decirlo... —agregó Hypnos— ...eso fue un error muy grave, y tal vez esté haciendo dudar demasiado a Tenma.
Una sonrisa escalofriante apareció en los labios del pelinegro, haciendo que ambos Dioses quisieran desaparecer. Sabían que tal vez éste iba a desquitar su furia con ellos y no, no les convenía; sin embargo, como si fuera un milagro divino, la puerta se abrió sin aviso alguno. Era Hécate la que entraba, y es que al sentir el cambio en el cosmo del Dios de los muertos creyó que algo grave estaba pasando.
—...Ah...lo lamento, creo que he venido en el momento equivocado —se disculpó la hermosa mujer. Llevaba una larga capa que cubría todo su cuerpo junto con una capucha, la cual en esos momentos se encontraba baja, dejando ver el largo y brilloso cabello verde que poseía. Sus ojos eran del mismo color y denotaban pureza, como si de un lago se tratase.
—No, has venido en el momento indicado —frenó Hades, ahora que sabía que Circe había actuado, necesitaba saber si Tenma estaba bien—. Necesito que revises a mi esposo, tu querida Circe estuvo merodeando por donde no debía —gruñó con claro disgusto, y en el rostro de la ojiverde pudo verse sorpresa. ¿Su hermana?
Sin esperar más, se acercó al castaño, el cual dormía profundamente; en su rostro no se dejaba ver nada en particular, solo una expresión tan serena que llegaba a asustar. La joven colocó su delicada mano en su frente, comprobó su pulso y, finalmente, lo destapó un poco.
—¿Es necesario eso? —preguntó el Dios, era demasiado celoso.
—Hades-sama... —comentó Thanatos divertido, ganándose una fulminante mirada del nombrado.
—Tranquilo, mi señor. No haré nada que no deba —musitó Hécate, frunciendo el ceño completamente concentrada en lo que hacía. Podía sentir un extraño cosmo en Tenma, pero no era el de la otra hechicera, más bien...—. D-disculpe pero...¿Él es...virgen? —preguntó insegura, y esta vez Thanatos no pudo evitar soltar una risa.
—Silencio —le gruñó Hypnos, pegándole un zape.
—¡Ouch! ¡No tenías que hacer eso! —bufó.
—¡SILENCIO! —rugió Hades, volviendo a prestar atención a la Diosa— No, no lo es.
Hécate ya no dijo más nada, estaba completamente sorprendida con lo acontecido. Estuvo a punto de decir que una nueva vida llegaría al Averno cuando el cosmo del Dios de los cielos se dejó sentir, no pasó mucho tiempo hasta que Pandora se adentró a la habitación, parecía incómoda.
—Zeus-sama ha bajado a hablar con usted, algo ha ocurrido en el Olimpo —informó, haciendo una reverencia antes de salir de allí.
—Creo que hasta aquí llegamos, no volverá a suceder, Hades-sama —reverenció Hypnos, desapareciendo apenas Hades asintió, seguido de su hermano.
—¿Puedes cuidarlo en lo que vuelvo? —aunque fue una pregunta, la hechicera bien sabía que no podía negarse.
—Sin problemas, mi señor —asintió al instante, observando el remolino oscuro que rodeó al pelinegro, desapareciendo del lugar.
—Niño...en lo que te has metido... —murmuró la joven, logrando que Tenma comenzara a despertar.
—¿Hé...Hécate...? —preguntó con dificultad, conocía a la chica.
—Ten, bebe esto —ordenó, colocando un pequeño frasquito en los labios ajenos, haciendo que lo bebiera.
—¡Ugh! ¿Qué es esa cosa? —se quejó con asco, aunque sirvió para que despertara por completo, incorporándose de la cama de golpe.
—Te necesito despierto para esto, y baja la voz —susurró—. Ha venido Zeus a hablar con Hades, en unos momentos estará aquí contigo, ¿Bien?
—...bien —rodó los ojos, ¿No podía tener a su esposo para él solo? Ya estaba queriendo encerrarlo en la habitación para que no saliera.
—Escucha, lamento lo de Circe...es mejor que en tu estado ya no sufras de esto, no es recomendable —recomendó con suavidad.
—¿En mi estado? —repitió confundido, y solo necesitó que la hermosa hechicera colocara su diestra en su estómago, para entender lo que sucedía— ¿Cómo...?
—Es un Dios, mi niño —respondió la joven, intentando calmar con su cosmo los crecientes nervios del caballero—. Tranquilo, eso es, respira. No tengas mied-...
—¡¿Miedo?! —exclamó Tenma, pegando un salto para bajar de la cama con una resplandeciente sonrisa en su rostro— ¡Es genial Hécate! ¡Siempre lo quise! —se notaba la emoción en cada una de sus palabras, mientras llevaba sus manos a su vientre con ilusión. Entonces...si podría, si podía darle una familia a Hades, si podía completar su corazón.
—...eres...increíble —musitó la chica, parpadeando un par de veces para quitar aquella expresión de sorpresa.
—¡Iré a decirle a Hades! —ni siquiera dejó que ella reaccionara, salió disparado de la habitación.
—¡Espera Tenma! —gritó Hécate, acercándose a la puerta con pasos apresurados. Llevó una mano a su corazón, lo había perdido de vista al instante, era demasiado rápido.
No...no sabía de lo que Hades hablaría con su hermano, Tenma no debía ir hacia allí y eso era lo que su intuición le decía.
—...solo espero que esto no traiga desgracias —murmuró la Diosa, colocándose la capucha para salir del Castillo.
Solo espero...que pueda sobrevivir.
