La mujer de mi vida

troublemakerSly

Capítulo 8: Baile, bajo la luna.

Hola, hermosuras. Comencemos.

*Juro solemnemente que mis intenciones no son buenas**


- Nada, no les hagas caso. Solo hablamos de lo hermosa que te ves conmigo de tu lado -dijo Draco besando a su chica cuando todos comenzaron a reír. Hermione saludó a todos después que Draco la hizo sentarse a su lado y comieron el desayuno.

Al terminar su desayuno, se encaminaron al jardín. Querían dar un pequeño paseo para disfrutar un poco del aire fresco que les ofrecía la mansión. Iban solos, nadie les interrumpía, nadie hacía bromas acerca de ellos ni comentarios sugerentes.

- Draco... necesito decirte algo... -dije. Él se detuvo en seco, mirándome. Giró su cuerpo y quedamos frente a frente, con las manos aún entrelazadas.

- ¿Qué pasa, ratona? -susurró al momento en que posaba su mano libre en mi mejilla. "¿cómo se supone que se lo debo decir...?" pensé. Sonaba como algo sencillo, pero en estos momentos no tanto... sabía que debía decirle y que tarde o temprano él sabría la verdad, pero me resultaba difícil poder confesarle el pequeño-gran secreto que Harry había estado guardando por tantos años.

- Es... anoche Harry me dijo algo, algo que cambiará mi vida dentro de poco... -confesé. No sabía muy bien cómo quería decirle todo aquello, pero entendía que sobre la marcha se irían acomodando las palabras para explicar todo de una mejor manera.

- Explícate... -dijo con una mirada confusa, tratando de leer entre líneas.

- Necesitas saber que no soy sangre...

- ¡Basta! No lo digas... -estalló. Me miró con el ceño fruncido, claramente enfadado y, podría asegurar que también con algo de dolor, por mi comentario.

- No me mires así... Escucha lo que quiero decirte -le dije. Calmé mi tono de voz y volví mi mirada a la suya, luego de mirar al horizonte.

- Habla... te escucho... -murmuró. Sus ojos estaban expectantes, su mirada me infundía aliento para poder decir lo que requería decir, pero debía medir mis palabras para no hacer de ésto un verdadero embrollo.

- Esto... Harry me confesó algo que pasó la noche en que fue atacado...

- No entiendo... ¿eso qué tiene qué ver contigo? -inquirió.

- Me confesó que yo... soy su hermana -dije. Quería terminar este asunto lo más pronto posible. Estudié su rostro, pero se encontraba tranquilo, incluso podría decir que se encontraba aliviado- ¿Draco... me escuchaste?

- Por supuesto que te escuché, cariño... Es solo que... ¿para esto han hecho tanto drama? yo creía que te había convencido de no casarte conmigo... además no es como que no actuaran como hermanos desde años atrás... -murmuró.

- Entonces... ¿no te molesta que sea una Potter? -susurré. Estaba aliviada, puesto que no sabía cómo tomaría la noticia Draco, pero la había tomado bastante bien. Una vez más me sorprendía el rubio, le sonreí.

- Por supuesto que no... pero quiero que me cuentes todo lo que sepas, quiero estar enterado de la versión original antes de que lleguen las lechuzas de El Profeta.

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Pasó el tiempo en la mansión, poco a poco se iban sintiendo nostálgicos de dejar de estar a sus anchas y de estar disfrutando de un descanso merecido. Pronto regresarían a las guardias y a los momentos incómodos, debido a que, hasta anoche, nadie de la escuela, a excepción de sus amigos, se había enterado de su compromiso... pero estaba segura de que al momento de llegar al Gran Comedor con su sortija en mano y Draco a su lado, no les sería muy difícil que su compromiso llegara a ser contado también en El Profeta, así como su recién apellido... Por cierto, necesitaba hablar con Harry acerca de ello, para saber cómo le iban a hacer para que sus papeles quedaran a nombre de Hermione Potter y no Hermione Granger.

- ¿Qué piensas...? -me dijo Draco, sacándome de mis cavilaciones.

- Nada importante... ¿por qué no has guardado las cosas aún? -pregunté con un atisbo de nerviosismo. Draco me miró y comenzó a hacer el equipaje. Volví mi vista al libro que tenía en las manos.

- Iré a ver si ya ha llegado el carruaje -dijo al momento en que salía de la habitación. Asentí.

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Pansy POV

Entramos al Gran Comedor, estábamos esperando a que llegaran los del equipo de la sociedad de alumnos. Nos habían encargado organizar la gestión de las mesas y acomodar a los invitados en ellas. Cuando Harry llegó a verme le he dicho que me apoyara a acomodar a los de Gryffindor, de una forma en la que no se sintieran incómodos. Luego hemos estado discutiendo acerca de cuál banda elegiremos para el baile, puesto que todas son muy buenas y están especializadas en diferentes géneros.

- Sigo pensando que sería buena idea tener un poco de música tranquila para la hora de la comida, digo... no es como que te quieras parar a bailar cuando estás comiendo... -dijo Astoria al momento en que hacía asentir a Luna y Theo.

- Bien, pero entonces tendríamos que contratar a dos bandas... una para la comida y otra para cuando todos quieran bailar... -dijo Harry, el cual comenzaba a fruncir el ceño. En eso, se nos acercó Neville, el cual venía con un chico a su lado derecho. Por más que trataba de identificarle no podía, sin embargo su cara... estaba segura de que ya había visto esa cara anteriormente.

- Chicos, les presento a John... es músico, tiene una banda y está dispuesto a prestarnos sus servicios a un considerable precio -comentó Neville mientras las chicas de Hufflepuff y Ravenclaw cotilleaban acerca del muchacho que le acompañaba. Fue en ese preciso momento que vi sus ojos, esos ojos que nadie puede confundir. Los mismos ojos grises de todo Malfoy.

- John, ¿qué haces aquí, amigo? -saludó Harry al momento en que regresaba de... ¡¿en qué momento se fue?!, me dije. Estaba tan inmersa en mi mundo que no me había percatado de nada.

- Harry... pues escuché que necesitaban una banda y, entenderás que mi padre también me insistió en venir, digo... es un baile en honor de Draco... -comentó amablemente. Los demás les veían con cierta incertidumbre.

- Pues, nos alegra que vinieras... ¿no es así, cariño? -sonrió al darme la mano. Asentí y le extendí la mano a forma de saludo. Él sonrió y seguimos hablando bastante tiempo, después de todo.

- Debo irme, se me hace tarde... -dijo, sonriendo de lado, de una manera cómplice. Harry asintió y le dijo que debíamos quedar alguna otra ocasión con él para seguir platicando y divertirnos un poco- Podría ser una cita doble, ¿les parece?

- Wow, debes decirnos quién es tu novia... -comenté. Sonrió y asintió.

- Lo haré, después... cuando tenga el valor suficiente para invitarla a salir... -sonrió cabizbajo. Fruncí el ceño.

- ¿Cómo...? -preguntó Harry- no me digas que le tienes miedo a una chica...

- Potter... ¿debemos recordar quién le teme a quién? -dije. Sonreí, pues era bien sabido que cuando me enojaba sucedían catástrofes.

- Ok, tranquilos, amigos... no es que le tema... es que ella es mayor que yo -admitió, volvió a poner cara de cachorro. Le miré con ternura.

- Vamos, no hay edad para el amor... el amor se puede sentir en cualquier edad... además, podría decirte sin conocerla que a ella también le gustas. ¡Por Merlín, simplemente observa ese rostro que tienes! -Harry me dio un codazo. Sonreímos John y yo- nadie se compara contigo, cariño... en verdad.

- Bien... supongo que tienes razón... ¿crees que deba buscarle ahora? -inquirió con voz de preocupación.

- Si quieres puedo acompañarte en lo que Pansy termina de elegir los manteles y fundas que se ocuparán -se ofreció Harry, le miré con una mirada de agradecimiento y le di un beso en los labios.

- Vayan, diviértanse... No se metan en líos -dije. Se levantaron, se fueron riendo. Luego de un tiempo se me acercó Luna, con su mirada soñadora.

- ¿Necesitas ayuda con algo, Pans?

- La verdad es que sí... estoy tan nerviosa... mis nervios no tardan en colapsar -admití.

- Dime qué hacer y te ayudaré sin chistar.

- Bien... ¿qué te parece si vas a recibir las flores? se supone que las traerá el vendedor al despacho de McGonagall... -sonreí. Si me ayudaba con eso podría ir con Snape por los floreros y demás adornos.

- Claro, ¿necesitas algo más? Theo vendrá conmigo, él puede hacer otra cosa... -dijo. Le tendí una caja, era pequeña, en ella estaban situadas las invitaciones que se debían repartir. McGonagall quería invitar al ministro y demás personajes importantes, por lo que también invitamos a la prensa, de igual manera a los padres que eran de cargos importantes en el mundo mágico.

- Necesito que manden estas cartas... y que entreguen las otras, las de los alumnos son las pequeñas, las de la prensa son las de sobre color plateado y las de los padres son de sobre color negro. Confío en que las entregarán todas.

Nos separamos y estuve buscando a Snape, al cual no le había encontrado en su despacho. Supuse que podría estar en la biblioteca, así que me dispuse a ir hacia allí. Al ir caminando me topé con los mismos chicos, de Hufflepuff, que nos habían chiflado el día de la pijamada y la salida a Hogsmeade.

- Parkinson... -susurró uno.

- ¿Qué hace tan sola la novia del elegido? -dijo otro. No me agradó nada cómo mencionó la palabra "novia", sin embargo me limité a alzar el mentón y contestar lo más fríamente que me era posible.

- Es obvio que hasta para una pregunta así de fácil te hace falta cerebro, ¡ahora entiendo por qué no quedaste en Ravenclaw! -dije y puse una sonrisa ladina, una llena de veneno.

- Podría preguntarte exactamente lo mismo, ¿que hace una bola de tejones-haraganes-buenos-para-nada rondando a la novia de alguien más? -contestó Harry, situándose a mi lado. Posó su mano al rededor de mi cintura, ¡de una manera tan jodidamente posesiva y a la vez tan sensual! Estaba más que embelesada con mi caballero, el cual había llegado a mi rescate. Los Hufflepuff al verse frente a dos de los más poderosos alumnos de la escuela, simplemente se dieron la vuelta y echaron a correr. Giré mi rostro, topandome con dos grandes esmeraldas que me veían fijamente- Recuerdame no dejarte sola, en ningún momento.

- Potter... bésame...-inquirí. Harry tenía el poder para hacerme sentir una verdadera princesa. Teniéndole a mi lado sabía que nada malo me pasaría, estaba segura de que cada vez le iba queriendo más y más, aún a pesar de que creía imposible quererle más de lo que ya le quería. Comenzó a acercarse, cada vez un poco más y más, hasta que nuestros aliento se mezclaba, nuestras narices se tocaban y nuestras caras se ladeaban ligeramente; esperando el beso.

- Señorita Parkinson, estuve buscándole por todo el castillo. ¿Se puede saber por qué no había ido a por los adornos? -inquirió Snape al momento en que Harry y yo nos deplazabamos de la cercanía establecida. Un ligero sonrojo se apoderaba de nuestras mejillas.

- Le estuve buscando, profesor... -dije, pero me interrumpió abruptamente.

- Le aseguro que nunca me encontrará en la boca de Potter... -dijo. El sonrojo que hasta entonces era sutil, se tornó en uno más fuerte y notorio.

- ¿Podemos ir por a por los adornos ahora? -cuestionó Harry, al momento en que me tomaba de la mano y me guiaba hacia el despacho del profesor. Caminamos y caminamos, hasta que nos topamos con la puerta del despacho, el profesor entró a por los adornos y nos los entregó.

- ¿Está de más recordarles que deben terminar con los arreglos del baile hoy? -preguntó. Negué y Harry y yo nos encaminamos de nuevo al Gran Comedor. Íbamos en silencio, no en uno incómodo, pero sí en uno que englobaba los sentimientos y la pasión demostrada hacía unos cuantos momentos.

Pov Hermione

Llegábamos al castillo, Draco tomaba mi mano con su mano derecha y con la izquierda me trazaba pequeños círculos en el dorso. Íbamos en silencio, en un silencio demasiado anormal entre nosotros.

- ¿Quieres cenar algo? -preguntó. Besó mi mano y me envolvió en un abrazo. Le miré. Detenidamente, observando cada una de sus facciones- ¿Herm...? -comencé a besarle. Así estuvimos un tiempo, besándonos. Luego de un rato comencé a sentir un ligero mareo, me separé de él abruptamente. Era un mareo de esos que hacen que te quedes con un mal sabor de boca, con esos que te hacen doler la boca del estómago. Traté de respirar profundamente, necesitaba mucho oxígeno para mandar lejos esas sensaciones.

- Draco... pide... haz... ¡que se detenga la carreta! -exigí. Llevé una mano al estómago y otra a la boca. Draco gritó al chofer para que se detuviera. Salí de la carreta y comencé a caminar un poco.

- ¿Querida, te encuentras bien? -Draco me miraba, con esas miradas llenas de consternación y preocupación. Su mirada estaba llena de temor. Le miré y me encamine hacía donde se encontraba él y le abracé.

- No es nada, cariño... ha de ser que como no viajo seguido en carreta, por eso se me ha revuelto el estómago -contesté. Recargué mi cabeza en su pecho y nos subimos nuevamente a la carreta, luego de unos momentos más de aire libre.

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Al entrar al castillo nos dirigimos a nuestra torre, para cambiarnos de ropa y dejar el equipaje. Draco me miraba de soslayo, yo trataba de encontrar algo bonito para bajar a cenar. Quería verme bien, puesto que llevaba mi sortija en la mano, quería que cuando la vieran notaran también que me sentía bien conmigo misma por estar comprometida. Y, también, cómo negar que también me agradaba la idea de ser objeto de envidia por parte de todas las alumnas de Hogwarts, al estar no solo comprometida, sino de estarlo con uno de los más guapos y cotizados magos de la escuela.

- ¿En serio estás bien? -dijo Draco, me miraba con un atisbo de miedo en sus ojos. Tenía el ceño fruncido.

- Ya te dije que sí, cariño... y no frunzas el ceño, te arrugaras como una pasa si lo sigues haciendo... -dije divertida. Le aventé un cojín de la cama y sonrió.

- Me das miedo, ¿sabes? A momentos estás bien y a momentos no... -contestó. Seguía desempacando la maleta, ordenando tanto la ropa sucia como la limpia.

- Solo estoy un poco nerviosa... ya sabes, no tardarán en notar, cierta joya en mi dedo, al entrar al Gran Comedor... todos querrán saber qué y cómo sucedió -admití. Bajé la mirada al momento en que me sentaba en la cama. Ya estaba cambiada, había optado por una falda azul marino, la cual tenía unas franjas de color plateado en la parte baja. Arriba llevaba una camisa blanca, una que lucía casi como la del uniforme, pero que tenía los botones grandes, de un color plateado, para los pies había optado por unos zapatos de tacón azules que tenían unas piedritas en la parte delantera.

- Mein Hermione, me resultas encantadora... ¿por qué no me habías dicho que todo era por eso? -preguntó sonriente. Yo, estaba embelesada, él mejor que nadie sabía que tenía una pequeña fijación con el acento alemán. Él, como buen Malfoy, hablaba a la perfección seis idiomas, entre los cuales el alemán figuraba a la perfección.

- Presumido, Malfoy... bésame...-dije, casi como un susurro. Necesitaba sentirme en las nubes antes de entrar al Gran Comedor, necesitaba la ayuda de Morgana, Circe y Merlín... ¿qué demonios? Necesitaba la ayuda de todos los dioses y magos existentes... necesitaba sobrevivir a los chismes y a las habladurías que comenzarían a tomar parte esta noche.

Bajamos cuando terminamos de... hacer lo que estábamos haciendo, nos encaminamos al Gran Comedor, en donde se encontraban nuestros amigos. Al llegar vimos a Luna, la cual estaba tomando asiento a un lado de Pansy. En el camino, todas las miradas comenzaban a posarse en nosotros, casi de inmediato dirigían la mirada a nuestras manos entrelazadas, notando así mi anillo.

Los búhos comenzaron a llegar, lanzaban cartas a diestra y siniestra, todos estábamos un poco atónitos pues la entrega del correo era en la mañana. Delante de nosotros cayó una carta:

Señores Premios Anuales:

Se les invita, cordialmente, al evento que ha sido planificado para celebrar la buena convivencia de las casas.

Estamos complacidos por pedirles asistan el día 20 de noviembre, a las 18.00, en la sala de los menesteres.

M. McGonagall

Nos miramos en seguida, faltaban dos días para aquella celebración. Dos días. Draco me miró de una manera inquisitiva, por lo que nos paramos de la mesa y nos dirigimos fuera del gran comedor. Al salir, nos escondimos en uno de los rincones de una sala que se encontraba vacía.

- ¿Qué opinas de esto? -preguntó, señalaba la carta. No contesté, de momento, estaba tratando de tranquilizarme y no sentirme presionada por tener que conseguir un vestido. Draco pareció notar qué era lo que tenía en la mente- Podemos ir a comprarlo, lo sabes.

- Bueno... pues, eso es lo único que me preocupaba... Quiero ir -dije. Él sonrió de lado, envolvió mi cintura con sus manos y me dio un tierno beso. Poco a poco comenzamos a escuchar que alumnos salían del gran comedor. Nos separamos y nos dirigimos, de nuevo, al gran comedor.

- Vaya, se perdieron de un buen discurso... Snape explicó lo del baile, dijo que es necesario que vayamos en parejas, solo pueden asistir los alumnos de tercer año para arriba... -resumió Ginny, la cual estaba preparando una tostada al momento en que hablaba- ¿ya tienen su vestido?

- ¡Demonios, no! -chilló Pansy. Estaba algo pálida. No era normal que a ella se le pasaran detalles como aquellos, más cuando tenían qué ver con la ropa.

- He encargado algo para ti, cariño... sabía que algo se nos podía olvidar, con lo del baile, por eso me adelanté un poco... He encargado mi traje de gala y tu vestido -murmuró Harry. Pansy casi se le echó encima, le dio un sonoro beso en la mejilla. Todos les veíamos con cara de pocos-amigos, estaban llamando la atención demasiado. Pansy se percató de ello, se sonrojó y volvió a sentarse. Todos reímos.

- Nosotros debemos irnos, no habíamos planeado asistir a una fiesta... No tenemos algo decente, iremos a pedir permiso para ir a comprar algo. Supongo que los veremos en la comida, mañana -dije. Todos asintieron, nos despedimos y nos dirigimos al despacho de Snape, pues Draco decía que era más fácil que su padrino nos diera permiso de salir, que McGonagall.

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Regresamos a nuestra torre, necesitábamos descansar bien, pues al día siguiente tendríamos que ir a comprar lo que fuera que necesitáramos para el baile.

- ¿D-Draco...? ¿Qué haces? -dije. Se había acercado a mí, retrocedía cada que él daba un paso hacia adelante. Terminó por acorralarme, sentía su respiración tan cerca de mi oído, sus manos estaban a mis costados a la altura de la cabeza.

- Todavía no quiero dormir... -murmuró, casi contra mi mejilla. Sentí un escalofrío recorrer mi espalda, mis piernas comenzaban a temblar. Mi corazón palpitaba un poco más fuerte a cada momento que pasaba.

- D-debemos dormir... -murmuré, él rió. Acortó la distancia que nos separaba, la cual era casi inexistente, nuestros labios comenzaron a responder: los de uno a los del otro- D-Draco...

- Ratona... Me tienes de cabeza... -dijo. Puso su frente con la mía, nos quedamos así un momento, él se separó de mí, luego de un rato. Caminó hacia el ropero, estaba buscando algo, antes de poder preguntarle qué era lo que buscaba, regresó. En las manos traía una hoja, estaba escrita...

- Quise decirte de otra manera que me vuelves loco, estuve buscando en tu artefacto muggle... ese que toca canciones y melodías... encontré una canción que me gustó mucho... -dijo. Me extendió la hoja y comencé a leer:

Nunca llegarás a comprender cuánto te amo... nunca llegarás a comprender qué tanto me interesas...

Escucha... ¿quieres saber un secreto? ¿prometes no decirlo?

Permite que te susurre las palabras que, sé, te encantaría escuchar: ESTOY ENAMORADO DE TI

Mi corazón se daba vuelcos, estaba palpitando cada vez más y más fuerte, nos veíamos a los ojos. ¿Esto duraría mucho? ¿De verdad llegaríamos a pasar muchos años juntos, con nuestros hijos... e incluso... nietos? ¿En verdad me veía de aquella manera con él? "Él es el indicado" me decía una vocecilla, mi razón comprendió que la duda había terminado. Me lancé a sus brazos, queriendo tenerle así, de esa manera siempre.

- Te amo, dragón... -admití. Le miré, quería perderme en sus ojos, quería estallar dentro de esas enormes galaxias- te amo, tanto...

- Quisiera poder congelar el tiempo... estar así, contigo... siempre -dijo. Su mano se posaba en mi mejilla, comenzaba a trazar círculos con su pulgar, haciendo que cerrara los ojos. Me sentía tan bien estando así con él... si esto no era amor, entonces no sabía qué más podía serlo.

Nos quedamos de esa manera bastante tiempo, hasta que el cansancio hizo mella y nos metimos en la cama: estábamos verdaderamente agotados, pues no tardamos nada en caer en los brazos de Morfeo.

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Al día siguiente nos despertamos temprano, verdaderamente temprano. Fuimos de compras, encontramos un vestido hermoso que, según nos dijeron, era especial. Más valía que lo fuera, puesto que no habíamos pagado poco por él, la verdad es que estaba un poco preocupada porque no le pudiera sacar el provecho suficiente al vestido.

- Te ves preciosa con él, ratona -se sinceró Draco cuando ya estábamos de regreso. Habíamos arrojado las bolsas al escritorio, nos dispusimos a quitarnos los zapatos y nos arrojamos a la cama. Fácil nos dormimos, estuvimos en brazos de Morfeo hasta la hora de la cena. Nos desperezamos y nos dispusimos a bajar.

- ¡Hey! Les estuvimos buscando todo el día… ¿han podido comprar algo lindo para mañana? –dijo Pansy, la cual venía con Harry, parecía que ellos también iban camino al gran comedor.

- Sí… Lo conseguimos –admití sonrojada. Draco me miró, extrañado, por unos momentos. Les sonrió y contestó:

- La verdad es que hemos batallado un poco… casi en ningún lado había algo interesante. Ya sabes, siempre tienen lo mismo… -dijo, desdeñoso. Pansy hizo una mueca, asintió y me miró.

- Debí acompañarles… -susurró. Le mire sonriendo, me enternecía que fuera de aquella manera, se le quitaba lo atemorizante… quedaba completamente tierna y sensible.

- Cariño, ya están grandecitos… -bromeó Harry, Draco se carcajeó y no pude evitar reír, la cara que hacía Pansy era un poema, parecía comer vivo a Harryt- lo siento, ya no diré nada…

- Potter, cenaré sola: en la mesa de mi casa –dijo, acentuando el "mi". De verdad que se había cabreado, estaba algo sentimental… aunque, claro, era comprensible pues, para Pansy, últimamente éramos como sus hijos pequeños.

Nos dirigimos a la mesa de Gryffindor, cenamos y platicamos con un abatido Harry. Por lo visto no era su primer enojo, pues estaba preocupado y nos preguntaba por consejo; quería saber qué era lo que podía hacer para que Pansy ya no se molestara con él de aquella manera.

- Es que ya no sé cómo reaccionará cuando hablo… me da hasta miedo decir algo –admitió Harry. Para mi sorpresa, Draco se encontraba con el ceño fruncido, como preocupado por algo.

- ¿Hace cuánto que se comporta así, Potter? –preguntó. Miré, confundida, primero a Draco y luego a Harry. Harry estaba pensando, o al menos eso parecía, pues se encontraba muy callado… como queriendo recordar… hasta que:

- ¡Diantres! –masculló por lo bajo. Draco se puso de pie y lo tomó por la corbata y le acercó a su rostro. Yo, aún confundida, les miraba... hasta que a duras penas comprendí a qué se debía aquel comportamiento.

- ¡Eres un estúpido! ¡¿Por qué carajos no habías dicho algo?! –inquirió Draco.

- Stupeffy… -susurré. No podía dejar que armaran más relajo en el gran comedor. Todos les veían, estaba segura de que incluso Pansy estaba volteando hacia acá. Claro, aturdir a Draco no había sido mi mejor idea… cuando despertara se armaría un verdadero lío, pero estaba dispuesta a dejar que las aguas se calmaran un poco entre Harry y Pansy, para que pudieran confirmar nuestras sospechas.

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Al día siguiente nos encontramos en un pequeño predicamento, pues Draco seguía molesto conmigo por haberle aturdido... en mi defensa: él habría matado a Harry si lo dejaba consciente. Por otro lado, las horas pasaban volando, cual snitches, ya solo faltaban tres horas para el baile; lo cual, en idioma mujer indica: "solo dispones de lo necesario para arreglarte" según me habían dicho Luna y Pansy.

Ginny, Pansy y Luna habían venido a la torre, habíamos quedado en vernos para arreglarnos juntas, lo cual había sido un verdadero alivio, pues yo no era, lo que se dice, diestra con el maquillaje y los peinados. Seguíamos debatiendo los peinados que quedarían perfectos; tanto para la ocasión, como para los vestidos y accesorios. Debía admitirlo, mis amigas tenían un muy refinado gusto... ¡sabían lo que hacían!

- Sigo pensando que ese peinado no le va tan bien como el otro -dijo Luna. Todas la miramos, tenía razón, Ginny no se veía espectacular y radiante con ese peinado, simplemente se veía peinada.

- ¿Qué les parece si mejor lo dejamos natural? -preguntó Ginny, Pansy le miró de soslayo- a Blaise le agrada mi cabello así, natural... a mí también... siento que ésto es demasiado.

- Concuerdo con Ginny... se ve mucho mejor así, al natural... -admití. Luna asintió, miró a Pansy con ojitos de cachorro.

- Vamos, Pansy... también yo quiero que hagas magia en mi cabello, se está haciendo tarde y no hemos adelantado casi nada... -dijo Luna.

- P-perdona, Lovegood, pero hemos avanzado bastante. Hemos hecho pedicura, manicura, depilación y demás que ha surgido en nuestro ingenio, no vamos tan atrasadas... -contestó Pansy, con un tono claro de indignación. Reí, no había algo que fuera mejor que ésto; bueno, sí lo había, era mi prometido. Por más molesto que estuviera, no dormimos separados, incluso hablamos más que en las noches anteriores... era, lo que yo suponía, una nueva etapa... una en la que las pequeñas cosas nos unen cada vez más y más...

El tiempo, como ya dije, pasaba volando, pronto nos encontramos listas y preparadas para lo que prometía ser una de las mejores noches de nuestra vida. No solo por estar juntas, como amigas, sino porque podíamos estar rodeadas de aquellos a quienes más queríamos. Pronto nos encontramos con los chicos fuera de la torre, esperando a que hiciéramos aparición. Draco estaba ahí, recargado en uno de los muros frente a la torre, cuando le vi nuestras miradas se conectaron completamente, sonreía de oreja a oreja.

- Te ves tan hermosa, ratona... -dijo. Me sujetó por la cintura y nos fundimos en un beso, uno lleno de amor y cariño, nuestras manos se entrelazaron y nos dispusimos a caminar hacia la sala de los menesteres.

POV Pansy

Me sentía verdaderamente nerviosa, digo, no todos los días se hacían bailes... y nunca había tenido una pareja como Potter,el famoso, el niño que vivió... Cada vez me sentía más y más aterrada, hasta que cuando Hermione salió y lo vi... mi corazón se detuvo, tal cual. ¿Se podía ser más feliz de lo que yo lo era? Era un pensamiento egoísta, pero no me importaba, yo sabía que aquello era lo que yo más quería.

- Mi corazón... -comenzó, una lágrima rodó por mi mejilla, no entendía por qué... estaba demasiado hormonal durante los últimos días, esperaba que esa lágrima no me estropeara mi obra de arte con el maquillaje- te ves hermosa... -susurró Harry al momento que posaba sus brazos al rededor de mi cintura. Limpió mi lágrima con un beso, luego me besó en los labios.

- Basta... quiero que mi maquillaje permanezca intacto, al menos hasta que arribemos al baile -sonreí.

- Somos magos, ¿no? -susurró al momento que me lanzaba un hechizo y, posteriormente, me besaba intensamente. No pude evitar sonreír, nos encaminamos hacia la sala de los menesteres con las manos unidas y en un abrazo: yo adelante y él me abrazaba por la espalda.

Narrador

Está por demás decir que la entrada a la sala de los menesteres parecía un extraño lugar, uno menos el de un baile, puesto que todos se encontraban fuera, esperando a que los demás alumnos llegaran y pudieran ingresar todos juntos. La profesora McGonagall se encontraba cerca de las grandes puertas de la sala, con una lista enorme en mano, cuando veía a unos recién llegados les buscaba en la lista y los iba tachando.

Por otro lado, Severus Snape se encontraba dentro de la sala de los menesteres, perfeccionando lo que se necesitaba perfeccionar. Se le veía preocupado, como que estaba buscando un lugar para poder colocar una cubeta que llevaba en la mano, al parecer una alumna acababa de vomitar su almuerzo, debido a los nervios de los preparativos y que ya habían llegado los reporteros de El Pofeta y Corazón de Bruja.

A los pocos minutos se comenzaron a escuchar susurros, todos decían lo mismo: ¿Ya viste? ¿Quiénes son? Hermione Granger... sí, con Draco Malfoy... ¡Miren! Son... ¿Parkinson...? con... Potter, Harry Potter.

POV Hermione

La noticia de las parejas seguía dando de qué hablar, pues a penas pasaron las puertas, los del Pofeta se encontraban frente a ellos, tomando fotos y escribiendo acerca de cada minúsculo detalle de cada pareja.

- La verdad preferiría que nos permitieran disfrutar de la velada, pues hemos asistido para celebrar este año... no para informar a la comunidad mágica de nuestra vida social, la cual es privada, por cierto... -dije, Rita Skeeter no se encontraba por ningún lado, lo cual significaba que las noticias no estarían tan alteradas como de costumbre. Caminé con Draco, hasta nuestra mesa designada, en el camino nos topamos con Neville, el cual se encontraba algo nervioso, a un lado de Astoria Greengrass.

- Un hermoso anillo el que llevas... -me había susurrado Astoria, al momento en que se situaba a mi lado y cogía mi mano para observarle mejor- Ojalá pronto nos den la noticia de la boda, estoy esperando un pretexto para llevar de compras a Daphne, ya sabes, no le agrada mucho, pero acepta ir cuando hay un evento importante.

- Estoy segura que podrás usar en más de una ocasión ese pretexto...no pidas detalles, por favor, solo confía en lo que te digo -comenté. Draco se había quedado callado durante una fracción de segundo, recordando el episodio del día anterior. Afortunadamente, la música comenzó a sonar, tranquilamente, las personas comenzaron a unirse frente al escenario.

- Buenas noches a todos, esperamos ser de su agrado... Quisiera comenzar con una felicitación, una felicitación para los premios anuales de Hogwarts... Hermione Granger y Draco Malfoy -decía, el que reconocí casi inmediatamente como John, el hermano de Draco. Nos señaló con su copa, brindó la banda y comenzaron a tocar una canción lenta.

- ¿Me permite, madame? -dijo Draco, me ofreció su mano y nos dirigimos a la pista de baile. La canción era tan lenta que posé mis brazos al rededor de su cuello y él sus manos en mi cintura.

Te ves tan hermosa esta noche... es difícil para mí dejar de mirarte.

Parecía ser cierto, pues Draco no dejaba de fijar su mirada en la mía. Todos nos observaban, pero nosotros pretendíamos estar solos. Poco apoco la pista se comenzó a llenar de parejas, las cuales buscaban un momento mágico como el nuestro.

Cada vez que me hablas, mi corazón late... cuando te vas, él deja de latir, y yo dejo de existir.

Al momento en que se acercaban las parejas a nosotros, nos felicitaban, buscaban hacernos saber que nos deseaban lo mejor. Fue en esos momentos en los que comprendí que ya habían notado mi anillo; no solo los alumnos, sino también profesores, los padres que son miembros del comité y... para mi pesar, también los periodistas lo notaron.

Por ti... Por ti puedo esperar por siempre.

Justo en estos momentos me encontraba algo nerviosa, pero al escuchar aquella última frase, comprendí que así era nuestro amor... Draco no me exigía estar con él bajo ciertas condiciones, ni bajos periodos de tiempo... sino que nos encontrábamos juntos porque creíamos que podíamos ser un equipo, una pareja... Lo mejor que se podia pedir.

Pansy POV

Nos encontrábamos bailando, Harry me había tomado de la cintura con ambas manos. Se le veía preocupado, a momentos fruncía el ceño, pero componía el gesto cuando me miraba a los ojos.

- Harry... ¿te encuentras bien? -susurré. Asintió, sonrió de lado y comenzó a guiarme hacia un rincón de la sala, uno en donde parecía no haber chismosos- cariño... tú... -se le veía contrariado, como si no supiera si debía o no decirme- ¿no tienes algo qué decirme?

- Creí que eras tú quien quería hablar... pero, en fin... yo... ¿decirte? no lo entiendo, yo te cuento todo... -admití, mi semblante cambió a uno de desesperación y Harry parecía notarlo, pues se apresuró a decir:

- ¿Segura que no debes decirme algo? Algo... ¡Algo como que seremos padres! -gritó. Las miradas nos escudriñaban, los reporteros estaban anotando frenéticamente y los fotógrafos tomaban fotos de nosotros a diestra y siniestra. En un abrir y cerrar de ojos nos encontramos fuera de la sala, a decir verdad no sabía bien en qué lugar nos encontrábamos. Parecía ser una cabaña, una muy acogedora y familiar... sentía como que ya había estado en este lugar antes. Una figura se colocó frente a nosotros y nos sonrió, fue cuando comprendí que nos habíamos refugiado en el árbol, del que Harry había abierto una puerta, y habíamos visto a Tonks y Remus.

Narrador

Mientras tanto, en Hogwarts se encontraba un pequeño grupo de magos concentrados en una charla un poco acalorada. Estaban tratando de llegar a un acuerdo, sin embargo no estaban teniendo mucho éxito.

- Severus, creo que deberías considerar esa posibilidad... finalmente, en la fiesta de premios anuales todo indicaba que los estereotipos entre casas se habían terminado. Son jóvenes, es más fácil que ellos puedan perdonar -dijo Minerva McGonagall. Comenzó a caminar al rededor de la estancia, caminando al rededor del escritorio de Severus Snape, el cual estaba atento a cada movimiento que ésta se dedicaba a hacer.

- Bueno, he de admitir que me sorprendí bastante en ese baile... -dijo sonriendo maliciosamente.

Flashback**

Se encontraban en la mesa de profesores, anunciando que la fiesta conmemorativa para los premios anuales tendría inicio a partir de ese momento. Vieron dar un paso al frente a Draco Malfoy y a Hermione Granger, los cuales estaban tomados de las manos, podría decirse que incluso se complementaban en sus atuendos.

- Así, entonces, doy comienzo al baile de premios anuales -concluyó el director Albus, el cual se encontraba sonriendo de oreja a oreja... y no era de esperarse, ya que él había predicho hacía cuatro años atrás que ese par terminarían enamorados. Así, hizo una proposición a la pareja- ¿serían tan amables de abrir la pista de baile, por favor?

Los premios anuales se limitaron a sonreír y avanzar hasta quedar en el centro del salón, donde comenzaron a bailar al compás de la canción. Cada movimiento que hacían parecía premeditado, nadie nunca había visto a una pareja que se complementara tanto, ¡y de tal manera!. No tardaron mucho en sonar los aplausos por sus compañeros, los cuales comenzaban a elogiar su cordial trato. "¡Eso es, Hermione! ¡Demuestra quién manda ahora, Malfoy!" y muchos gritos más resonaron en la habitación. El director Albus Dombledor no podía encontrarse de mejor humor, tanto así, que invitó a Severus y a Minerva a bailar junto a los premios anuales.

- No pienso que sea lo mejor, profesor -dijo Minerva al momento en que se situaba a un lado de Snape. El profesor le dirigió una sonrisa y ella entendió que debía hacerlo. No tardó mucho en llegar al centro de la pista con Snape, y al llegar, se giraron ambos para poder verse frente a frente. No hizo falta decirse lo que en aquellos momentos pasaba por su mente, pues ambos sabían que lo que llevaban dentro era tan profundo y tan inevitable, que simplemente comenzaron a bailar y a dejarse llevar por el momento. Al igual que con los alumnos, con ellos vitorearon a cada momento, cada vuelta que hacían, cada cambio de pasos.

- Yo tampoco creo que sea lo mejor... -dijo Snape al momento en que comenzaba a acercar su rostro al de la profesora, sin embargo la música cesó y fue donde entendieron que debían separarse. Ambos volvieron a los tratos convencionales y comenzó a doler el hecho de ser tan indiferentes el uno con el otro.

- Profesores, Draco, Hermione... Espero esta noche la puedan disfrutar, pues es por su arduo trabajo que vimos correcto el reconocerlo.

Fin del Flashback**

- Aún creo que todo eso no era lo mejor... -dijo Severus, al momento en que levantaba la mirada y se encontraba con una Minerva estática, la cual con la simple mención de eso comenzó a sentirse seriamente nerviosa. No sabía cómo debía reaccionar, sin embargo no tenía miedo a nada, pues sabía la clase de hombre que era Snape y que nunca le haría daño; a menos que fuera para protegerla.

- Te-te equivocas... -dijo Minerva al seguir con su caminata. Severus de pronto se sintió nervioso, lo distraía mucho el hecho de verla caminando en círculos entorno suyo, así que se levantó y se plantó frente a ella. Ella se sintió un poco invadida de espacio y comenzó a retroceder, hasta topar con la pared.

- Me distraes demasiado... -dijo Severus al momento en que comenzaba a acercar su rostro al de Minerva. Ambos estaban expectantes, no querían que pasara aquello, sin embargo no se oponían a lo que estaba a punto de suceder.

- ¿Yo...? -dijo Minerva observando sus labios y perdiendose en aquella boca majestuosamente delineada. Nunca había sido así antes, nunca había mostrado interés en la fisionomía de una persona, sin embargo hacerlo en Severus no era para ella nada raro, sino todo lo contrario, le gustaba admirarlo.

- Shhh... -dijo al momento en que fundía su boca con la de ella. Sus labios comenzaban una danza constante, una que sabían cómo responder entre ambos, parecía una coreografía impuesta por ellos mismos. Cada caricia que aconteció lo era. Nadie les dijo nunca nada acerca de cómo amarse, sin embargo sus almas estaban destinadas a encontrarse para satisfacerse la una a la otra.

Sin embargo, la vida es corta, se basa de momentos que se deben disfrutar en cada momento. No podemos encerrarnos y pretender que no existimos. Todos entendemos eso, y también sabemos que no era la intención de dos alumnos encontrar de aquella manera a los profesores en el salón de pociones. Ellos estaban en su momento único en la vida, y en ningún momento sopesaron la idea de ser descubiertos por alguien, sin embargo quizá sería eso lo que a ambos llevaría a la eterna felicidad en la vida...


**Travesura realizada.

Lamento mucho no haber actualizado en mucho tiempo. He de notificarles, a todos los que siguen la historia, que he modificado los capítulos... Les he editado debido a ciertos problemillas que tenían y también para darle un giro a la historia. Les recomiendo leerla de nuevo. No olviden sus REVIEWS! Les quiero.