Hola de nuevo, siento muchísimo el retraso, varias cosas se acumularon y no he podido subirlo antes :( Prometo subir el siguiente a tiempo, espero que os guste ;)
La chica parecía haberse sorprendido, por lo que esperó paciente hasta que reaccionó y le tomo la mano.
-Un placer, Ryddle – contestó con seguridad una vez recompuesta – no esperaba verte ya hoy.
-Lo cierto es que ya regresaba a mi Sala Común, como supongo que era tu caso.
-Así es, pero me pareció ver algo y creí que debía investigar - explicó simplemente la chica.
-Para eso estamos ¿no? En cualquier caso ya es tarde y no hay nada más interesante en este piso ahora mismo que nosotros dos – dijo sin perder esa pequeña sonrisa.
-Sí – asintió Minerva y le miró unos segundos antes de concluir – buenas noches, Ryddle.
-Buenas noches McGonagall – respondió Tom con una leve inclinación de cabeza, a modo de despedida, y vio alejarse a la joven por el mismo pasillo por el que había venido.
No le gustaba que le siguiesen, no pensaba que la chica hubiese notado su presencia, ni esperaba que fuese en pos de él, pero se había equivocado.
No importaba, no la había dicho más que la verdad, no le quedaba nada más por hacer allí esa noche.
-Este verano irán a Casablanca, así que esas semanas tendré la mansión libre – dijo con una sonrisa de suficiencia Abraxas Malfoy.
-Sí, igual que este verano y el anterior y el anterior - se burló Walburga Black, a lo que todos respondieron con un coro de carcajadas.
-Entonces no era seguro – se defendió el chico, lanzándole una mirada de reproche – ahora es distinto.
Tom presenciaba la conversación mientras mordía una manzana. Tras el encuentro de anoche se había ido directamente a dormir, al fin y al cabo tenía todo el curso por delante y muchas patrullas para investigar.
El desayuno acabó y cada uno se fue a su clase. Le echó un vistazo a su horario. Historia de la magia a primera hora.
El grupo de Slytherins salió del Gran Comedor, algunos ya quejándose por su primera clase. Llegaron al aula y se fueron sentando en los pupitres hasta ocuparlos todos.
Tom entendía a la perfección las quejas de los otros, el Profesor Binns era, sin lugar a dudas, la persona menos interesante que había conocido y sus clases eran un reflejo de esto. Pero por lo menos no le daba problemas como otros.
Una imagen cruzó su mente y se le oscureció el semblante. Era irónico, en cierto modo, que el que fue designado para introducirle a su nueva vida como mago, fuera el que menos aprecio le tuviese en ese mundo.
A sus dieciséis años, Tom era un alumno modelo; buenas notas, buena reputación, popularidad tanto entre compañeros como profesores, prefecto... y sin embargo el gran Albus Dumbledore se le resistía, le trataba como al resto, por supuesto, y eso era lo que no le gustaba.
El otro extremo era Slughorn. Se dice que un maestro no debe tener favoritismos, pero, gracias a Salazar, ese hombre no parecía importarle eso a la hora de impartir sus clases, donde se podía distinguir fácilmente quien estaba congraciado con él y quien no.
Pero el culmen de esto era el llamado "Club de Slughorn", al cual, por supuesto, Tom pertenecía. Dicho grupo estaba formado por los alumnos que, a ojos de este personaje, tenían un futuro prometedor, ya fuese por sus aptitudes académicas, sociales o por su apellido, por lo que tampoco era de extrañar que varios de sus miembros fuesen Blacks, Malfoys y Lestranges.
Historia pasó razonablemente rápido y las clases que la siguieron también. Ya fueron acumulando algunos deberes, pero fue un día ligero, aunque claro, era el primero del curso, y comparado con el año anterior, sospechaba que este estaría menos cargado.
-Oh! Disculpa – se excusó la chica de coleta castaña que acababa de cruzarse con él cuando intentaba entrar a cenar.
"Minerva McGonagall" se acordó en cuanto se volvió a verle.
-Tranquila ¿estás bien? – respondió al instante con una pequeña sonrisa.
-Sí, gracias. Nos vemos esta noche.
La muchacha siguió caminando, abriéndose paso entre la gente hasta su mesa.
-Esa es McGonagall ¿no? La cazadora de Gryffindor – preguntó Cygnus nada más sentarse en el banco.
-Sí y es su primer año como prefecta de Gryffindor – añadió Tom, alcanzando su copa.
-¿McGonagall? No me suena ese apellido – saltó en seguida Walburga.
-Tal vez sea una sangre sucia – sugirió Ignatus con una mueca al pronunciar la palabra.
-Ni idea, pero muy pocos la igualan sobre una escoba – sentenció Cygnus mientras cortaba una patata, aún caliente.
-Oh, Black está enamorado de una sangre sucia, que bonito.
-¿Pero qué dices? Claro que no – le rebatió el afectado, devolviéndole a la morena una mirada dolida – además, puede que sea de sangre pura – concluyó y en ese mismo instante se dio cuenta de la frase que acababa de decir, pero ya era demasiado tarde, el grupo de serpientes volvió a reír, mientras que algunos canturreaban "Cygnus está enamorado".
Tom soltó una risa fría, pero en cuanto pudo dirigió la mirada hacia la mesa de los leones, donde había visto sentarse a McGonagall. Allí también reían al parecer.
Lo cierto es que no sabía mucho de ella, poco más de lo que se acababa de discutir.
La cena llegaba a su fin y uno a uno los sitios fueron vaciándose. La conversación fue avanzando a costa de algunos escándalos amorosos en grandes familias hasta que llegaron a la Sala Común de Sytherin, donde el debate continuó sentados en los sillones.
Finalmente llegó la hora de su patrulla, así que dejó el discurso de Violetta Bullstrode a medias, llamó a su compañera Lucy Bell y salió en dirección al Hall principal.
-¡Hola! - Al parecer la pareja de Gryffindor llegaba a la vez que ellos.
-Hola er... – correspondió McGonagall al saludo de Lucy, incapaz de acordarse de su nombre al parecer.
-Es verdad, ayer al final no me presenté, me llamo Lucy, Lucy Bell.
Mientras terminaban de conocerse, el resto del grupo fue llegando y al igual que la noche anterior, se dividieron y empezaron a deambular por los pasillos, varita en mano.
Es cierto que ser prefecto era una responsabilidad, pero para Tom era más bien una recompensa, no solo por la Sala y el baño de Prefectos, que no estaban nada mal, pero el muchacho apreciaba mucho los paseos por el castillo de noche, en silencio, y, sobre todo, la autoridad que le daba esa pequeña y brillante insignia.
La noche fue avanzando y el joven Tom con ella, hasta que llegó a la estatua que franqueaba la entrada al despacho del Director Dippet "ya solo me queda la mitad y se acabó" pensó para sí.
Pero parecía que no iba a ser tan sencillo; un poco más adelante vio una luz que se alejaba.
Con un "Nox" susurrado apagó su varita, guiándose por la de la figura, y con pasos ligeros y rápidos se acercó a ella, hasta una distancia suficiente para no perderla de vista ni ser percibido.
-Me temo que no deberías estar aquí – dijo con suavidad. La varita del desconocido se giró al instante hacia él, acordándose por un fugaz momento de McGonagall la noche anterior.
-¡Que susto me has dado! ¿no podías, no sé, haber hecho algún ruido antes, carraspear tal vez?
-Sí, entonces podrías haberte ocultado – respondió en el mismo tono. Ahora que ella se había girado y él había vuelto a encender su varita, vio que se trataba de una chica Hufflepuff, más o menos de su edad, un año menos quizás.
-Touché ¡ah! Espera... – pidió la muchacha. Hundió las manos en los bolsillos de su túnica, impasiva ante los mechones pelirrojos que le taparon el rostro pecoso al bajar la cabeza - ¡aquí está! – proclamó triunfal, enseñándole un trozo de pergamino.
Tom lo desenrolló y pasó los ojos rápidamente por las palabras. Un permiso del director para volver a su Sala Común, tendrían algo de que hablar, aunque evidentemente, ese asunto no venía detallado en la breve nota.
-Acabo de salir del despacho y ya volvía a mi cuarto, al menos antes de que me asustaras - explicaba la chica mientras acababa de leer.
-No era mi intención, Ryan – se disculpó, acompañando el gesto con una pequeña sonrisa.
