-Bueno, si me lo dices así, tendré que perdonártelo – aceptó Cat divertida - Eres Tom ¿no? Tom Ryddle.

-Así es – respondió él simplemente, tomándose unos segundos para pensar y que ella aprovechó para echarle un vistazo rápido, desde el bajo manchado de sus pantalones hasta la melena oscura que hacia suspirar a tantas, y finalmente devolviéndole la nota – y tú eres Catalina Ryan – afirmó a su vez, extendiendo su mano.

-Sí, aunque todo el mundo me llama Cat – tomó su mano con una sonrisa – bueno, hechas las presentaciones, creo que deberías ir ya dormir, es tarde.

Cat se volvió a guardar el trozo de pergamino en el bolsillo de la túnica. Sin borrar la sonrisa de sus labios, se despidió con un "adiós", volvió a girarse y siguió por el pasillo, guiada por su varita.

No era la primera vez que veía a Tom Ryddle, no en vano era, probablemente, el chico más popular de la escuela, y un par de veces habían intercambiado unas pocas palabras, pero esta vez había podido verle mejor.

Realmente no esperaba encontrarse con nadie, era tarde, cabía la posibilidad de que los prefectos ya hubiesen acabado su patrulla, y, para qué negarlo, estaba cansada.

La visita al despacho esa noche no era la primera del curso y llevaban allí 2 días, pero para Cat no era ninguna sorpresa, ni predecía que sería la última.

Arrastrando los pies llegó hasta la entrada de Hufflepuff, junto a las cocinas, y con unos pocos pasos más se deslizó hasta su cuarto, procurando no despertar a nadie, se dejó caer sobre la cama, acallando a la voz de la responsabilidad que le advertía que después no tendría fuerzas para cambiarse al pijama, y se durmió.

-Hora del desayuno.

Cat abrió un ojo. Le parecía haber oído algo sobre comida. Poco a poco, sus sentidos fueron regresando del mundo de los sueños y consiguió separar la cara de la almohada.

A quien primero vio fue a una muchacha con una larga melena oscura y cara de mala uva, también conocida como Laureen. Ante esta visión volvió a meter el rostro entre la mullida almohada, pero entonces algo le acertó en el cogote.

-Mfhhfmm... – se quejó desde el resguardo de la sábana.

-Pues acuéstate antes – le respondió la voz que la había sacado de su descanso.

Finalmente, haciendo acopio de todo el esfuerzo que pudo reunir, se separó de las garras de la cama. Recogió el cepillo que la había golpeado y se empezó a cepillar frente la ventana, como un autómata.

-Ya... prefiero el cepillazo – dijo después de unos minutos, antes de que la muchacha de la coleta morena se fuese.

Esto era ya un ritual, si no fuese por Natalie dudaba que lograse llegar algún día a primera. Por lo menos ese día no tenía que cambiarse.

El Gran Comedor estaba tan lleno y animado como siempre "¿Cómo lo hacen?" se preguntaba para sí Cat mientras tomaba asiento en el banco de Hufflepuff, sin prestarle ninguna atención.

-No está nada mal – la reclamaron a su derecha – has llegado casi al principio del desayuno.

Cat miró con ambas cejas alzadas al muchacho castaño mientras el resto de chicos reían la broma. Con tranquilidad alcanzó unas galletas mientras este le pasaba la leche con una gran sonrisa divertida en la cara.

-Tal vez si tú te tomases un poco más de tiempo por las mañanas te verías mejor, Derrick, aunque entonces probablemente llegarías tarde al almuerzo – le replicó ella, acercándose a morder la galleta que acababa de mojar.

-No sé de qué te ríes, Sheppard, aún así me veo mejor que tú.

-Más quisieras – contestó el ofendido - ¡eh, McGrath! ¿Quién es más guapo, este con los pelos de punta o yo?

-No sé ¿quién fue el que me trajo aquella piruleta de whisky de fuego tan buena? – preguntó Ophelia McGrath al oír su nombre.

-Ninguno 'Pheli, ese fue el chico de Diaggon Alley – le corrigió su amiga, volviendo a su conversación inmediatamente.

-Oh, es verdad, entonces da igual, igual de feos los dos – se burló la peli-verde, sacándoles la lengua.

-Agh ¿y tú eres de la casa de los tejones? Siempre igual de desagradable – se oyó una voz detrás de ella – está claro que Derrick es más mono.

El vencedor le agradeció y miró tanto a Sheppard como a Cat con cara de satisfacción, pero Karen McGrath no le prestó atención y tras esa breve intervención volvió a ignorar a su gemela.

-Pero yo sigo siendo más guapa – bromeó Cat nada más acabar el bol de leche, ante la mirada que le había lanzado Derrick.

-La que más – concedió el muchacho entre risas a la vez que la veía levantarse y caminar de espaldas mientras se relamía el bigote de leche para que la viese.

Alan Derrick, probablemente el chico con el mismo nivel de timidez que ella, en números negativos.

A la salida del Gran Comedor alcanzó a una chica a la que tenía que enseñarle cierta información sobre el Colacuerno Húngaro que habían estado hablando antes de vacaciones. Regresó a su habitación y con ella y el resto de su grupo bajó a Cuidado de Criaturas Mágicas.

El Profesor Kettleburn era sin duda un hombre dedicado, se notaba que le gustaba lo que enseñaba y sabía transmitir ese entusiasmo a sus alumnos, por lo que las clases eran amenas, sin contar con que era bastante simpático. Cat esperaba que algún día la escuchase y les sorprendiese con un dragón, pero sospechaba que ni el director ni la junta aprobarían eso, por muy simpático que él fuese y que ella lo desease.

Y el día fue avanzando, las clases fueron pasando y las tareas se fueron acumulando hasta llegar por fin a última hora; Transformaciones con el Profesor Dumbledore.

Transformaciones era una de sus asignaturas preferidas, a pesar de costarle mucho, tal vez fuese, en parte, por eso. Le interesaba bastante el tema y Dumbledore la impartía muy bien, así que era de las asignaturas en las que más se frustraba o alegraba por sus resultados en los exámenes.

Al acabar la clase y darse cuenta de que ese día ya no tenían más, recogió sus cosas con una sonrisa y salió con la leona con la que había compartido pupitre, charlando animadamente y despidiéndose del Profesor antes de franquear la puerta.

Sin embargo, esa fugaz felicidad se encogió un poco al darse cuenta que tenía deberes de todas las asignaturas que habían dado. Con un suspiro cogió el resto de libros y se dirigió con Natalie, con quien se había topado en la Sala Común, hacia la biblioteca. Se sentaron en dos sitios contiguos y se pusieron manos a la obra, avanzando con un ritmo nada desdeñable. Al rato se les unieron una pareja de slytherins con los que había hablado en Encantamientos.

Las agujas del reloj hicieron su recorrido sin pausa hasta que todos fueron completando las tareas. Únicamente le quedaba concluir la redacción de Transformaciones, bueno la mitad. Vale, solo había escrito una frase.

-Oye ¿te importaría darle esto a Ophelia? Lo estaba buscando antes, se le ha debido caer al quitarse el jersey – Le pidió a Natalie, siendo consciente de que la redacción le llevaría todavía un rato y eso le servía de excusa para no obligarla a quedarse.

-Claro, le diré que lo has encontrado – aceptó cogiendo el colgante sin cadena – Nos vemos luego.

-Sí – se despidió con la mano, todavía sentada frente a la mesa.

En cuanto la vio desaparecer volvió la vista a su pergamino. No, definitivamente esto le iba a llevar más de unos minutos, así que la esperanza de despejar un poco la mente y estirar las piernas se levantó a buscar algún libro que pudiese serle de ayuda.

Después de un par de vueltas entre las estanterías regresó con uno que podría servirle, pero no las tenía todas con ella. Así que se puso a bucear entre sus páginas, intercalando con las de su propio libro de texto, y después de un tiempo considerable escribió un par de líneas más.

"¿Pero qué me pasa? No puedo estar tan verde del verano" pensó mirando al puñado de palabras que había escrito. Levantó la vista con una mueca disgustada hacia ellas. El gentío que había ocupado las sillas había disminuido y hasta donde alcanzaba a ver únicamente había tres personas contadas. En el otro extremo de su mesa estaba una muchacha con el pelo oscuro recogido en un moño bajo improvisado, parcialmente oculta tras un gran tomo. Cat ladeó un poco la cabeza, la portada leía "De una montaña a un grano de arena: Guía práctica de transformación". Una bombillita se encendió en su mente y decidida a acabar esa tarde, se levantó en dirección a la chica.

Según se fue acercando se dio cuenta de que ya la había visto antes, era una Gryffindor de su curso, en la última clase no había respondido una sola vez mal.

-Perdona, McGonagall, Soy Catalin- Cat Ryan, hemos estado a última juntas.