Capítulo especial

Charlie POV

Ayer conocí a la chica más encantadora que alguna vez haya visto. Es la mesera nueva del café a donde voy todos los viernes con mis amigos. Su cabello era de un rubio oscuro y sus ojos azules, era delgada, pero era hermosa. Pude ver su nombre en la plaquita de su uniforme; Renée.

Por un momento nuestras miradas se encontraron y me perdí en sus pozos azules. Un adorable tono rojo cubrió sus mejillas, y más encantadora no pudo haberse visto.

Después de ese primer encuentro mis visitas al Eclipse fueron más frecuentes. Ya habían pasado un par de semanas y por fin hoy sería el día que le pediría una cita, por fin me había animado.

Me costó un par de intentos pero al fin Renée había aceptado salir conmigo, esperaría que terminara su turno en el Eclipse y la llevaría a cenar a una pequeña cafetería, siendo estudiante de primer año mi ingresos no eran los más altos, ganaba lo suficiente en mi trabajo de medio tiempo para alimentarme decentemente, mi madre me ayudaba con la renta del pequeño departamento donde vivía, y con la herencia que había recibido de mi padre pagaba la matricula de la universidad.

Renée era una chica muy divertida, hacía no mucho acababa de cumplir la mayoría de edad y estaba en el último curso del instituto, quería ser psicóloga y estaba ahorrando para la universidad. Esa primer cita la usamos para conocernos más, yo le conté acerca de mi familia, de mis raíces italianas y ella parecía maravillada con cada una de mis palabras.

Salimos un par más de veces hasta que por fin la hice mi novia.

Ayer Renée me había entregado un regalo precioso. Había sido el primer hombre en su vida, y esperaba ser el último.

Teníamos ocho meses de relación y Renée ayer me confesó que tenía dos semanas de retraso, estaba muerta de miedo y yo también, un bebé no estaba dentro de nuestros planes en estos momentos, ella apenas terminaría el instituto y yo empezaría mi segundo año de carrera.

Mi novia no dejaba de llorar desconsoladamente, mientras esperábamos que pasasen los cinco minutos de la prueba de embarazo casera. Quizá no tenía claro como lo haríamos, pero de algo estaba seguro, nuestro bebé nacería y estaría lleno de amor.

Renée y yo nos casaríamos; sus padres la habían echado de casa cuando supieron que estaba en cinta, quitándole todo su apoyo, no querían saber nada de nosotros; mi madre por su parte me había dejado muy claras las cosas "Charles, no te mentiré, me siento un tanto decepcionada con lo que ha pasado, pero mi apoyo con lo de la universidad lo tienes, tampoco mentiré diciendo que Renée es la mujer que esperaba para ser la compañera de mi único hijo, pero fue tu decisión y la respeto"

Nuestra boda fue en el registro civil, nuestros testigos, mi amiga Esme y mi madre. No tuvimos cena ni nada, saliendo del registro nos fuimos a mi apartamento, donde ella vivía hace poco más de un mes.

Estaba muy feliz, mi bebé estaba próximo a nacer, a pesar que mi matrimonio no era miel sobre hojuelas. Renée y yo teníamos muchas peleas últimamente. Por cosas realmente absurdas. Yo trataba de llevarlo lo mejor posible pero a veces era muy irritante y cansino.

Cando cumplió los seis meses de embarazo, el doctor nos dijo que estábamos esperando a una pequeña niña. Desde ese día comenzamos a buscarle nombre, llegamos al acuerdo que cada uno escogería un nombre para la bebé.

Para poder mantenernos, ambos trabajamos aunque Renée lo había dejado de hacer cuando cumplió los siete meses ya que tuvo amenaza de parto prematuro, así que yo me había conseguido otro empleo nocturno y así poder cubrir los gastos que se generarían. Mi madre había aumentado un poco el dinero que me proporcionaba mensualmente, y ese pequeño sobrante lo guardaba celosamente para cualquier eventualidad que pudiese surgir.

La mañana de un trece de septiembre nuestro bebé llegó al mundo. Isabella Marie Swan, entró a nuestras vidas, dando la clara señal que ya nada volvería ser igual para nosotros. Ese pequeño bultito rosa, con la piel tan clara como su madre y una melena tan parecida a la mía, se metió muy profundamente en mi corazón.

Los últimos meses de nuestra vida; desde la llegada de Isabella; no habían sido nada fáciles. Mi nena no daba mucha lata, en sus primeros tres meses solo despertaba para comer o para que le cambiasen el pañal, después el tiempo que permanecía despierta lo pasaba jugando con un sonajero que le compró mi madre el día en que nació o abrazando a copito, su conejo de felpa que le compré en una de nuestras visitas a la tienda de bebés. Isabella era la bebé más perfecta del mundo, en cambio Renée estaba cada día peor, luego de que Isabella naciera ella entró en depresión, tratamos de ayudarla con terapia y otras cosas pero ella se negó rotundamente y ante su negativa el doctor dijo que no podíamos hacer nada, que el lugar de beneficiarla la perjudicaríamos al obligarla. Más de una vez encontré a mi nena llorando de hambre, cuando llegaba al departamento, mientras Renée dormía. Incontables peleas hemos tenido y me preocupo por la dos.

Esa noche llegué a casa más temprano de lo acostumbrado, al entrar escuché el llanto de mi nena. No me sorprendió tanto como la primera vez que la había encontrado así. Fui a revisarla y la encontré en su cuna llorando, la tomé en brazos y se calmó, se acurrucó contra mí y la arrullé hasta que cayó dormida. La acosté en su cuna y fui a buscar a Renée.

Ella no estaba, en ningún lugar de la casa. Ella no estaba. Volví a nuestra habitación y encontré una nota suya.

Charlie,

No puedo más, no quería casarme tan joven, tampoco quería ser madre. Debí haber abortado. Me arruinaron la vida.

Se había ido, nos había dejado a mi niña y a mí.

Gracias al cielo mi madre había planeado visitarnos y no tuve que preocuparme por Isabella esos días, pero qué haría cuando mi madre se fuese. Qué pasaría con mi niña y conmigo, no podría cuidarla, trabajar y estudiar. La única solución sería dejar la escuela y trabajar a tiempo completo para poder cuidar de ella.

Cuando le planteé a mi madre lo que tenía en mente en dio un zape y me dijo "Charles Robert Swan tú dejas la escuela y te quedas sin la posibilidad de tener más hijos, ya veré como le hago pero me quedo contigo y con mi niña hasta que termines de estudiar, no los pienso dejar desamparados, hijo"

Las palabras de mi madre fueron suficientes para quebrarme y lloré, lloré como un niño, aferrado a mi madre, ella diciéndome que todo estaría bien.

Los siguientes años fueron más fáciles gracias a mi madre quien también actuaba de madre para mi niña. Ahora era residente de neurología y era más difícil ver a mi pequeña pero ella nos hizo las transición no tan dura, Isabella, que puedo decir de ella, era una niña un poco torpe, energética cuando le gustaba algo, muy inteligente, entendía perfectamente que papá trabajaba y estudiaba para poder comprarle todo lo que deseaba. Podría haber tenido el peor día en el trabajo, pero llegar a casa y sentir los pequeños brazos de mi pequeña a mi alrededor y escuchar de sus labios un "Te amo papi, te extrañé" me hacía ver que todo valía la pena.

Cuando mi niña cumplió nueve años mi madre decidió que era tiempo de dejarnos solos, jamás podría pagarle todo lo que había hecho por nosotros. Ya había terminado mi especialidad y ahora era neurocirujano, en cuanto empecé a ganar un sueldo relativamente alto, lo primero que hice fue comprar una casa, ya no era cómodo vivir en el pequeño departamento de mis años universitarios.

Debo admitir que algunas veces se me hacía difícil compaginar todas mis actividades con las de Bella; sí Bella luego de entrar a la primaria mi niña decidió que su nombre era muy largo y comenzó a buscar un diminutivo, mamá la ayudó llamándola simplemente Bella; y algunas veces terminé llevándola de contrabando al hospital. Fue ahí donde conoció a Rosalie su compinche. Rosalie era hija de una enfermera de quirófano, Abigail Hale. Casi siempre le tocaba en mi servicio era una gran persona, aunque no la había tratado mucho.

Decir que mi niña y Rose eran uña y mugre era poco, se querían mucho lo podía ver, por mi parte poco a poco fui conociendo a Abby y todo lo que había pasado junto a su pequeña. Yo tuve la confianza y le conté acerca de lo que había pasado con Renée. Abrirnos de esa manera nos ayudó muchísimo. Decidimos intentar tener una relación, nos atraíamos, las niñas eran muy felices juntas todo estaba bien.

Mi vida iba viento en popa, tenía una novia excepcional, tenía ahora no una, sino dos hijas maravillosas. Nada podría arruinar nuestra felicidad. O al menos era lo que creía.

Una mañana que tenía libre del hospital, ya que me tocaba guardia nocturna, llegó la peor carta que alguna vez pude haber creído recibir. Una citación al juzgado, Renée me exigía la guardia y custodia de Bella.

Esa hija de puta, quería quitarme a mi niña.

Consulté a mi abogado, me dijo que él se encargaría de hacer los arreglos. No quería que mi niña se enterara, así que no se lo dije, solo se lo comenté a Abby, necesitaba su apoyo.

Para mi mala suerte según mi abogado tenía muchas de perder, ya que se rumoraba que el juez era amigo de la nueva conquista de Renée. Ella hacía años me había enviado los papeles de divorcio donde lo único que pedía era su libertad, sin dudarlo se la di, ahí cometí un error garrafal, debí haber hecho que renunciara a los derechos sobre mi niña. Hicimos todo lo posible pero nos tenía acorralados. Intenté cambiarme de hospital, a uno en Nueva York, que era a donde se la llevaría pero mi contrato me retenía cuatro años más. Quería mandar el dichoso contrato a la mierda pero romperlo me llevaría a la ruina y no podría hacerle eso a mi bebé.

Hablé con ella cuando ya no tenía otra salida. Ese día no me dijo nada, ni el que siguió, el tercer día por fin me habló.

"Papi, ya sé cuál es la solución, me voy a ir con Renée, pero quiero irme con ciertas condiciones"

Y así fue, me dolió en alma dejar ir a mi bebé, pero no sé cómo diablos me convenció. Las condiciones que puso eran que, las vacaciones y feriados los pasaría conmigo, que Renée jamás le negaría permiso para salir del país conmigo, Renée acepto no muy convencida. Renée estableció una manutención mensual, a la cual yo accedí pero con un par de condiciones, yo directamente pagaría la escuela de Bella, a ella solo le daría la parte proporcional a los servicios, de luz agua y teléfono que generara Bella y lo correspondiente a su alimentación. De gastos médicos ella conservaría mi seguro y el resto del dinero iría directamente a la cuenta de Bella. Muy a regañadientes acepto las condiciones del dinero, pero lo hizo.

Rose comenzó la universidad en California, Abby y yo nos quedamos solos, eso fue lo que nos convenció de vivir juntos.

Cuatro años había pasado de que Renée se había llevado a Bella, pero por fin la vida nos sonreía de nuevo, mi contrato por fin se terminaba y tenía una plaza en el Hospital Presbiteriano de Nueva York. Abby también consiguió una plaza ahí. No se lo habíamos dicho a las niñas, era una sorpresa. Tampoco les habíamos mencionado que nos casaríamos, queríamos fijar una fecha antes de hacerlo.

La graduación de Bella llegó muy pronto, de regalo, iríamos a un Eurotur, luego visitaríamos la casa de mi mamá en la Toscana y finalizaríamos con un Crucero por las islas griegas. Cuando les dimos la noticia de la boda las niñas se pusieron eufóricas y empezaron a hacer planes mi madre por su parte me dijo "Ves te dije que Renée no era la indicada, ahora tienes a una maravillosa mujer a tu lado, hijo mío, cuídala"

Mi madre nos sorprendió con una pequeña boda en Italia, al parecer era amiga del padre y no hubo muchos arreglos que hacer, Abby adquirió un hermoso vestido junto con las niñas, a mí me preocupaba que no fuese la boda de sus sueños, pero me juro y perjuro que le importaba un cacahuate todo, que ella solo quería que fuésemos una familia ante los ojos de Dios, ya que en nuestros corazones ya lo éramos.

Ahora mi vida estaba completa, tenía una esposa maravillosa a mi lado y por fin tendría a mis hijas de nuevo a mi lado.