Luego de aquel día, nada fue igual. En todo momento de descuido, espacio de soledad o rincón obscuro un ataque desenfrenado caía sobre uno u otro de los Matsunos mayores
Osomatsu siempre lo tomaba desprevenido, sonriendo pícaramente antes de atacar los labios ya expertos de su hermano, que siempre se dejaba hacer en los brazos del mayor. Karamatsu era más cuidadoso y eran contadas las veces en que se había acercado decididamente con aquella intención a su hermano. Por lo general hacía un ruido y cuando captaba la atención del otro, este era quien se acercaba sabiendo cuales eran los deseos que no verbalizaba su hermano menor.
Besos húmedos, y ya expertos, era lo que los unía en la soledad, besos llenos de pasión y necesidad de contacto humano. El chico de rojo no sabía de donde habían nacido esas imperiosas ganas de tocar y besar a su doloroso hermano, pero no se detenía a pensarlo cuando sentía los suaves y tibios labios del otro sobre los suyos de manera demandante.
Karamatsu no entendía de donde habían salido esos deseos incestuosos de su parte, pero no podía negarse al dulce sabor de su hermano cada vez que lo abordaba de manera demandante y con urgencia. Se sentía deseado y aquello le llenaba el alma de una forma extraña y reconfortante.
Pero cuando estaban sus hermanos, ambos mantenían una distancia exagerada, con un miedo latente de ser descubiertos en cualquier momento. Aquello destrozaba la mente del menor, quien esperaba el rechazo generalizado de sus hermanos sin ninguna consideración.
En su cabeza ya había creado mil posibilidades de reacción por cada uno de sus hermanos. De seguro Choromatsu lo miraría con desprecio, Jyushimatsu no lo entendería, Ichimatsu lo miraría con mayor asco del usual y Todomatsu renegaría de su parentesco fraternal por el resto de la vida.
¿Osomatsu lo defendería o se haría el desentendido dejándolo enfrentar todo aquello solo?
Por su parte, el mayor no pensaba en aquello; dejaba que los días transcurrieran tranquilos y esperando que aquello no fuera ni muy evidente simplemente. En su mente, Karamatsu sólo lo estaba utilizando de la misma manera en que lo hacía él, y nada más. No había ahí nada extraño ni incestuoso, solo una sana experimentación de un par de vírgenes veinteneros.
Pero lejos de la realidad, ambos sabían que aquello terminaría en algo más grande de lo que pudieran controlar, y en ese momento se verían superados por la situación tan complicada que estaban creando con cada beso o roce indebido tras la puerta, lejos de los ojos de todos sus familiares.
Era cuestión de tiempo que necesitara más, que desearan más, que no pudieran disimular sus deseos y fuera más evidente a los ojos de los ingenuos que vivían con ellos.
Una tarde cualquiera, en un silencioso acuerdo, ambos se quedaron en casa viendo como el resto de sus hermanos salía despreocupadamente del hogar en común. Son aquellos momentos en que la pasión aprovecha para introducirse en los cuerpos de la gente; es cuando crees que nadie puede verte que todas las cosas que inconscientemente deseas salen a flote sin poder controlarlo. Como agua torrentosa de una cascada.
La espera a que el último de sus hermanos saliera de la casa era insufrible para ambos, que sentían que su piel quemaba y la respiración de les agitaba de los nervios.
El mayor quería gritarle a ese último hermano que se largara de una vez, pero no haría algo así obviamente; aquello sería estúpida e imprudentemente obvio para hasta el más imbécil. Por su parte, el segundo hermano se miraba aparentemente despreocupado esperando que su querido brother apresuraba su marcha para ir a su destino, sea cual fuera ese.
El de rojo cansado de esperar, se paró de su lugar y se sentó en el sillón aparentando leer un manga cualquiera; justamente se colocó en el rango de visión de Karamatsu detrás de su espejo y esperó.
El otro vio aquel cambio y no lo tomo realmente en cuenta. Solo quería que Choromatsu, el último hermano que aún no salía pese a estar ordenando sus cosas, apresurara su marcha y los dejara a solas. Se observó en el espejo aparentando tranquilidad cuando en su rango de visión a través de aquel objeto observó que Osomatsu lo miraba por sobre su manga.
El de azul sintió su corazón tronar dentro de su pecho por darse cuenta de aquel hecho y miró al chico de verde quien seguía en sus cosas despreocupado; le devolvió la mirada a través del espejo de manera tímida a lo que el mayor sonrió pícaramente.
Karamatsu se enderezó y posicionó para mirar mejor a su hermano, quien no dejó su posición en ningún momento.
Osomatsu comenzó por guiñarle un ojo coquetamente a modo de saludo al de azul, quien sentía que su cara de enrojecía sin poder controlarlo de alguna manera. Aquellos gestos en su hermanito menor hacían que sus ganas de molestarlo e incitarlo aumentaran exponencialmente. El mayor siguió con sus mensajes que rayaban en lo obsceno, mientras el menor se avergonzaba cada vez más. Pasaba su lengua por sus labios, los mordía sin dejar de mirarlo o lamía se dedo como excusa para cambiar de página, todo las acciones tenían la intención de tentar al menor para que actuara de alguna manera cuando ya se encontraran solos. Por su parte, el de azul le costaba cada vez más concentrarse y no quedarse viendo con cara atontaba al mayor hacer cada gesto.
-Saldré a buscar trabajo, ¿alguno quiere acompañarme?- interrumpió aquella silenciosa conversación entre los mayores el tercer hermano
-Que flojera, de todos modos no encontraras nada y terminas yendo a un concierto de alguna de tus idol's ¿cierto?- respondió despreocupado el mayor sin dejar de "leer" su manga
-Con esa actitud nunca conseguirás nada en la vida Osomatsu nii-san- respondió ignorando al último comentario del mayor – ¿Qué tal tu Karamatsu?-
-He, si bien me honra en el alma que me consideren en tu vida, debo negarme a tan amable invitación querido brother mio, debido a que hoy tengo que cumplir con importantísimos menesteres que me mantendrán ocupado all day, i'm so sorry-
-Ok, tampoco era para que me contaras tu vida. En ese caso me voy- dijo saliendo del salón a modo de despedido para ambos ahí.
-Que te vaya bien- respondieron ambos mientras escuchaban los pasos alejarse hasta la puerta de entrada y luego un silencio absoluto que inundó la casa completamente.
El presuntuoso chico se mantuvo en la misma posición, sólo que ahora ya no sujetaba firme su espejo. Estaba ahí sentado en la mesa, esperando algo que no quería verbalizar, pero que su piel anhelaba con fuerza, casi podía sentir como temblaba ligeramente por la expectativa de que aquello llegara rápidamente.
Osomatsu no iba a andarse con rodeos con semejante espera innecesaria que habían tenido que vivir. Apenas se aseguró que de que nadie vendría, se paró de su lugar y se sentó justo atrás de su hermano, abrazándolo por la espalda y apoyando su cabeza en el hombro del menor, dejando que su nariz rozara y jugueteara con el cuello del de azul, quien se dejaba hacer sin decir o hacer nada.
Ambos jóvenes ardían en deseo, pero aún no se atrevía ninguno a ir más allá que unos cuantos besos esporádicos y clandestinos. El de azul estaba expectante con el mayor a su espalda. Ninguno decía o hacía algo. Osomatsu quería provocarlo para que fuera el otro quien diera comienzo a aquel ritual prohibido.
El de rojo descansó su cabeza en el hombro ajeno, dejando que su nariz rozara la piel expuesta del cuello de su víctima. El de azul se estremeció al sentir aquella cercanía; su respiración tan cerca quemaba sobre su cuello.
Aquello lo volvía loco, el simple aroma que emanaba su hermano ya era estimulo suficiente para hacer su corazón palpitar de emoción. Alzó su mano sin dudas y toco la cabeza del de rojo para acercarlo de manera demandante, haciendo que el otro comenzara a besar sin reclamos, memorizando cada rincón y atesorándolo en su memoria.
No tardaron mucho en ir girando lentamente hasta estar cara a cara y devorarse demandantemente, sin pudor alguno. Eran como una sinfonía perfectamente alineada en sus altos y bajos, danzando en el espacio personal ajeno como si fuera el propio.
Ya estaban interiorizados en los gustos adquiridos en conjunto, repetían acciones pasadas que habían causado reacciones. Karamatsu se había percatado que, pese a ser el mayor, a Osomatsu le gustaba cuando él era demandante y llevaba las riendas de todo, como un deseo de sumisión oculta a sus hermanos, y por supuesto, estaba completamente dispuesto a cumplir con cada uno de los anhelos de su brother.
Osomatsu por su parte ya sabía qué hacer para causar ciertas reacciones en su doloroso compañero. El de azul sólo quería atención y un poco de poder, algo que le complacía darle sin replicas. Sacar a ese hermano demandante y autoritario no había sido tarea fácil, pero estaba complacido con el resultado.
El segundo hermano se sentía extasiado con cada acción contraría, le gustaba respirar ese aire en común, los suaves besos en su cuello, los dedos enredándose en su cabello. Sus manos fueron guiadas por ese deseo oculto en su interior hasta tocar la piel ajena, yendo más allá del límite auto-impuesto. Sus manos se adentraron bajo la polera del de rojo, creando caminos con sus dedos que memorizaba posibles diferencias.
El mayor se desasía en estremecimientos y suspiros quedados, las manos extrañamente suaves y firmes lograban que su piel se encendiera de una manera inexplicable, ¿Cómo era posible que las mismas manos que cuando niños le ayudaban a levantarse luego de alguna caída estúpida, ahora fueran capaces de saber dónde y cómo tocarlo para lograr derretirlo inevitablemente?
Sentía que se convertía en fuego entre sus brazos y le encantaba. Se acercaba cada vez más al cuerpo frente a él, por lo que acabó sentado sobre las piernas del segundo hermano de una manera digna de su película para adultos favorita, Karamatsu no dudo en aprovechar esa cercanía para tocar y besar toda la piel a su disposición. Se mecían suavemente contra el cuerpo contrario, rozándose leve pero intensamente a través de las telas, Osomatsu se dejaba hacer mientras sus manos insistían en jalar suavemente el cabello obscuro.
Tener al mayor así de doblegado ante sus deseos, era estímulo más que suficiente para desear tenerlo aún más allá. Quería recorrer con sus manos y boca al otro de pies a cabezas, besar cada recoveco, recordar cada lunar y atesorar cada suspiro.
Pero había una barrera invisible que lo detenía de quitar esa capa de tela que los separaba, algo que lo detenía a buscar aquello que ambos deseaban pero no se atrevían a decirlo en voz alta por pudor y miedo.
Que tanto estaban dispuestos a perder como hermanos para ganar en placer era la cosa. Nadie les había dicho que aquello se convertiría en una adicción que iría consumiendo su vida poco a poco, dejándolos en un limbo entre lo moralmente correcto y su propio deseo.
Se separaron un momento para calmar sus respiraciones. Osomatsu no podía dejar de imaginar qué tal se sentirían juntar sus pieles si con tan solo con las manos del otro su cuerpo había reaccionado de aquella manera.
Kara lo observaba con las pupilas dilatadas de excitación, era como un tigre expectante a devorar al descuidado panda, quien a su vez, deseaba ser devorado por él. Pero algo lo frenaba y odiaba eso; sus acciones se detenían siempre en el mismo punto de manera inconsciente, lo cual lo frustraba y molestaba en sobre manera. se sentía un enfermo en cierta forma, esto había empezado por su puro y mero capricho, quizás Karamatsu ni siquiera quería hacer esto y se veía obligado por él. ¿Cómo se supone que pararía esto ahora que ya se sentía adicto a los besos y toques de su hermano menor? Era definitivamente algo muy enfermo, y lo peor es que no se arrepentía absolutamente nada.
-¿Osomatsu?- dijo de improviso el doloroso hermano menor
-¿ah? ¿Qué?- respondió casi asustado el mayor
-¿Estás bien? Pusiste una cara muy extraña de un momento a otro-
-oh sí, sólo pensabas en cosas-
-Te molesto… ¿algo?-
Oso lo miró ahí bajo él, sonrojado y con cara de culpa por algo que ni siquiera había pasado. Lo encontró adorable e irónico; que aquella sea la misma persona que lo tocaba con tanto deseo era como un mal chiste del cual él se burlaría.
-No es nada, dramaticomatsu, cosas de hermano mayor- dijo sonriendo despreocupadamente tratando de tranquilizar al de azul.
-Si hago algo que no te guste, sólo dímelo, ¿understand?- El de azul sacó sus manos de debajo de la ropa del otro, generando cierta molestia en el receptor.
-Sí, sí, lo sé- dijo mientras tomaba las manos ajenas y las guiaba por donde quería ser tocado – pero no has hecho nada que no quiera, así que no dejes de hacer lo que hacías-
El doloroso chico miraba anonadado las acciones del otro, ¿Desde cuándo Osomatsu era capaz de estimularlo sólo con una simple acción? Comenzó a mover sus manos por cuenta propia rápidamente.
-Osomatsu- comenzó a hablar sin dejar de tocarlo en ningún momento – necesito que conversemos de ciertas cosas-
El de rojo comenzó a tocarlo de vuelta, siempre con una sonrisa traviesa en su rostro
-¿Si? Dime Karamachu- El de azul sintió aquellas manos y su pulso volvió a acelerarse, no sabía de donde, pero definitivamente el mayor sabía cómo y dónde tocarlo para lograr estremecerlo.
-Quiero que conversemos acerca de esto que está aconteciendo entre nosotros de manera ya casi regular- el otro no pudo evitar hacer un gesto de dolor cuando terminó aquella petición
-Dios, habla normal, no es necesario tanto dramatismo-
-Lo siento… Pero eso es básicamente, quiero saber qué es esto-
-Pues, estas mimando a tu hermano mayor-
-Necesito más que sólo eso, Osomatsu-
-¿Qué es lo que te preocupa exactamente?-
-Pues, hacer algo que tú no quiera, por ejemplo-
-Pero si algo no me gustara ya te lo habría dicho en ese momento-
-No es suficiente- Karamatsu se veía genuinamente preocupado con todo aquel asunto y no dejaría ir a Osomatsu de aquella conversación tal fácilmente.
-Ok…- El de rojo dejó de tocarlo y lo encaró directamente - ¿Quieres decirme algo? ¿Algo no te gusta a ti?-
-No, claro que no. Creo que es más que evidente cuanto me gusta esto- respondió mientras sentía la vergüenza y el calor subir por su pecho hasta sus mejillas- pero el no saber que es específicamente "esto" me inquieta-
-Pues somos dos hombres besándonos a escondidas del mundo por simple curiosidad-
-No sólo somos dos hombres, somos hermanos-
-Por eso el "a escondidas del mundo"-
-Esto está mal Osomatsu, si alguien se llega a enterar podemos hasta ir a la cárcel-
-Oh eres un exagerado, nada va a pasar si somos cuidadosos-
Karamatsu no se veía totalmente convencido por lo que oso volvió a besarlo, pegando de paso sus cuerpos nuevamente.
-No pienses, tú único trabajo aquí, es mimarme- dijo entre besos y toques obscenos al cuerpo ajeno que lograron hacer volar la cabeza del de azul
-¿Hasta cuándo seguiremos con esto?- dijo entre besos mientras volvía introducir sus manos al contacto de la suave piel ajena que estaba a su completa disposición.
-Supongo que hasta que alguno se aburra o consiga algo mejor- respondió despreocupado
Karamatsu quería decirle que el sólo lo quería a él, pero aquello hubiera sido muy extraño, más porque el que despertaba aquellos confusos sentimientos era su hermano mayor. ¡Por donde se mirase estaba incorrecto e increíblemente mal! Algo definitivamente estaba descompuesto dentro de él.
Se quedaron así, explorando el cuerpo ajeno, besando cada rincón a la vista y enterrando las dudas que surgían en cada cabeza en lo más profundo de su mente; disfrutaban genuinamente la compañía ajena, sus toques dejaron de ser desesperados para dedicarse a hacerlo con calma, explorando y conociendo, casi sin malicia y entre risas juguetonas cuando encontraban algún punto demasiado sensible en el otro.
A Karamatsu le encantaba pasar sus dedos suavemente por el estómago de Osomatsu, que se movía inconscientemente evitando las cosquillas y aquella sensación de fuego que aquellos le transmitían; le encantaba que reaccionara a sus manos, y aquella zona había resultado más sensible que otras y le fascinaba. Por su lado, Osomatsu había encontrado un gusto descarado en tocar la espalda ancha del doloroso chico; no entendía cómo siendo supuestamente idénticos, el otro tenía aquella espalda marcada y ancha, que el claramente no tenía. Lo encontraba fascinante, además de que ya se había dado cuenta que aquel lugar era muy sensitivo en su hermanito.
Cuando la tarde cayó, los eufóricos gritos del quinto hermano acercándose los hizo saltar y separarse rápidamente, tratando de actuar con tranquilidad. Cualquiera que los viera sabría a simple vista las señales de que hacía muy poco algo había ocurrido entre aquellas dos personas dentro de la sala.
Quizás tenía suerte, o los que lo rodeaban eran descuidados, despreocupados o un poco idiotas. El crimen permaneció en completo anonimato.
