Aquello ya se les había salido de control estrepitosamente. Ambos supieron que ya no había marcha atrás cuando sus encuentros se volvieron cada vez más fogosos e incapaces de controlarlos de alguna manera.
Quedarse solos en cada era cada vez más sencillo a sus ojos, el engañar a todos para tener ese espacio de intimidad era algo que continuamente buscaban desesperados, y cuando no lograban tenerlos de día, sus escapadas nocturnas para saciar su hambre del otro en el baño eran algo obligatorio.
Karamatsu tenía sentimientos encontrados entre la culpa y el gozo que le producían estos encuentros cercanos con su hermano; no sabía qué hacer ni cómo actuar cuando las garras del mayor se clavaban en su poca fuerza de voluntad para aplacarlo.
Osomatsu era insaciable a sus ojos. Constantemente se veía envuelto entre sus brazos de manera demandante y posesiva, no podía negarse a sus peticiones, mucho menos a la manera en que lo convencía. Le gustaba ese momento en que el mayor usaba todas sus tretas para tentarlo y hacerlo caer a un espiral tortuoso de placer culpable.
Era su centro de atención en ese momento, lo único que se reflejaba en sus ojos, en lo único que pensaba, el único que lo tocaba de aquella manera. Querían más, siempre quería más del otro, y no desaprovechaba cada oportunidad para robarle un beso pasajero, lanzarle un gesto obsceno a viste y paciencia de todos. Nada le importaba, sólo lo quería a él.
Aquella tarde movió todas las piezas de su juego para que todo saliera como lo había planificado. Sacó a todos de la casa con diferentes excusas, gastó dinero en comprar entradas para Choromatsu, regaló comida de gato, pelotas nuevas, entradas al cine, y hasta cupones para un spa. Lo tenía todo fríamente calculado pese a su pereza frente al trabajo. Aquello que deseaba le ganaba a su lado más perezoso.
Se sentó a esperar a que todos marcharan a sus cosas, advirtió al segundo que él no debía irse ya que tenía algo muy importante que decirle cuando todos se fueran. El otro tembló de nervios y excitación al verse tan frontalmente abordado.
Prontamente, sus padres se fueron al spa, sus hermanos a sus respectivos asuntos aparentemente sin sospechar nada, y los dos restantes se quedaron ahí, esperando a que el crimen se cometiera en la cabeza de uno y las respuestas llegaran al otro como arte de magia.
Aquel ritual prohibido ya llevaba mucho tiempo sin concretarse y la ansiedad corría por las venas del mayor. La espera ya había sido mucha para algo que claramente ambos anhelaban con fuerzas. Este era el día en que se lanzaría con todo y concretaría aquel acto incestuoso que desde hace mucho tiempo rondaba en su cabeza.
Ambos se encontraron silenciosamente en la pieza de los seis; Karamatsu se veía ansioso y nervioso, cosa que sólo le causaba una gracia casi tierna al otro, quien se veía completamente seguro de aquello que buscaba.
-¿Qué es aquello que querías conversar de manera urgente, Brother mío?- El chico aparentó tranquilidad pese a que los nervios carcomieran sus entrañas, aquella soledad sólo podía significar que aquel ritual prohibido se llevaría a cabo como tantas otras veces
-Karamatsu, tengamos sexo-
El chico quedó parado en medio de la habitación, sin habla, con la mente en blanco y sin saber cómo responder a aquella proposición tan directa del otro, quien seguía viéndolo con gran decisión y sin una gota de vergüenza en sus facciones.
-¿Cómo?-
-Que tengamos sexo- Repitió con la misma seguridad marcada en su rostro.
-Creo que mi cerebro está mandando señales confusas que no puedo llegar a procesar de la debida manera. ¿Quieres que utilicemos ese espacio de soledad para consumar la necesidad de nuestras pieles por el contacto ajeno de otra cálida alma?-
-Sí, básicamente con sexo-
-¡No simplemente lo digas de esa manera!- Dijo ya superado por la situación, mientras trataba de que su cerebro volviera a racionalizar la situación.
-Vamos Karamachu- dijo acercándose lentamente al espacio personal del otro con pasos firmes y llenos de confianza - ¿Es que acaso no quieres mimar a tu nii-san?-
-No se trata de eso…pero esto es algo más grande de lo que teníamos hasta ahora- El doloroso chico de veía visiblemente consternado por la situación y su mente seguía gritando con fuerza que huyera de aquello antes de que fuera demasiado tarde.
-Pero si ya te dije que es simple curiosidad de dos hombres a solas, ¿no?, ¿no quieres saber que se sienten todas esas cosas que vemos en películas o revistas porno?-
Karamatsu no podía racionalizar con su hermano frente a él con la mirada llena de deseo que le lanzaba, sus manos agiles comenzando a tocar todo a su paso de manera lenta y tortuosa y un tono de voz grave, lleno de deseo contenido. Se sintió la razón de todo aquello, incitándolo a actuar sin pensar en las consecuencias.
-No lo dudes tanto- se acercó como si acechara a una presa indefensa – sólo déjate llevar-
El de rojo no lo dejó pensar más, se lanzó al cuerpo ajeno con urgencia besándolo como si le fuera la vida en ellos. Pese a la sorpresa y la duda creciendo en su mente, se dejó llevar a ese espiral de perdición que eran los labios del mayor.
El de rojo no perdía absolutamente ningún momento de tu preciado día, por lo que sus manos recorrían con descaró todo el cuerpo del otro, tratando con cada movimiento incitarlo y quitarle toda prenda que traía casi con urgencia desmedida.
El de azul se dejaba tocar con descaro, divertido en cierta manera por aquella urgencia en cada acción del de rojo. Lo dejó sacarle toda prenda superior entre besos y risas juguetonas de ambos, disfrutando aquello con nerviosismo y ansiedad.
Osomatsu quería todo de manera veloz, ojalá tener al de azul totalmente dominante, brusco y rápido de una buena vez; pero Karamatsu era todo lo contrario, con mucha regularidad lo trataba como si fuera a quebrarse entre sus manos. Quería sacar de sus cabales al otro, cosa que no pudiera controlar sus más bajos instintos.
¿Cómo? Aún no tenía idea, pero eventualmente lo lograría
Osomatsu se alejó por un momento para aclarar su cabeza ahora que ya veía que el otro aceptaba sus peticiones. Le provocó de manera extraña tenerlo ahí tan sumiso ante sus ojos, con el torso desnudo y un gran sonrojo en su rostro, cómo esperando instrucciones a algo que él tampoco sabía hacer. Por primera vez comenzó a dudarlo y tener miedo de no lograr su cometido como se lo había imaginado.
Se quedaron parados en mitad de la habitación sin saber cómo comenzar durante unos minutos; toda la seguridad en el rostro de Osomatsu se había transformado en duda y nerviosismo, mientras que la mente de Karamatsu seguía trastocada por aquellas caricias previas que lo tenía medio vestido.
Karamatsu pese a ser el que más dudas alojaba en su cerebro, en verdad deseaba continuar, y ver a su hermano dudando le causó una ternura inconmensurable en su corazón.
-Osomatsu- dijo suavemente mientras se acercaba con cautela – Sé lo que está pasando en tu cabeza ahora mismo, no hace falta que aparentes seguridad en este momento- El de rojo lo miró con el ceño fruncido por aquellas palabras
-Estoy seguro que quiero-
-Lo sé, igual yo…aquello no quita que ninguno sepa cómo empezar esto-
El de rojo visiblemente avergonzado evitó el contacto visual tratando de encontrar alguna respuesta que pudiera ejecutar sin morir de nervios. Karamatsu lo abrazó suavemente, permitiendo ese íntimo contacto que tanto le gustaba
-Si vamos a hacerlo, lo haremos como se debe…con calma, do you understand?-
El de azul se alejó del confundido chico, quien lo observaba en cada acción que hacía. El de azul sacó el futón del closet y lo colocó en el piso de la habitación; tomo al de rojo de la mano, quien seguía mirando sin saber cómo ayudar, e hizo que se sentara, quedando el justo al frente.
-Bien- dijo luego de calmar su intranquilo corazón – entonces, ¿estás seguro de esto?-
-Ya te dije que sí maldición-
-Ok, Let's go-
Karamatsu se acercó temeroso a reanudar los besos anteriores, tratando de quitar de su cabeza el sin fin de posibles situaciones catastróficas que pudieran ocurrir en aquella habitación. Pronto sintió las frías manos del otro recorrer su espalda suavemente.
No quiso seguir luchando contra lo moralmente correcto y aquello que estaba por hacer. Recostó entre besos al de rojo en aquel futón, permitiéndose tener el control de todo, besando cada rincón, alzando la molesta ropa para luego quitarla delicadamente.
En cada movimiento un beso le seguía, la respuesta del de rojo era surrealista. Parecía que seguía sus movimientos con maestría, dejándose hacer de manera sumisa y adorable.
Ambos con el torso desnudo se devoraban con urgencia mientras las manos traviesas recorrían todo a su paso. El de rojo movía constantemente su cadera para hacerla rozar descaradamente contra la pierna del otro que estaba entre sus piernas.
Osomatsu quería enterrar sus uñas en la amplia espalda a su disposición, cómo un signo de que aquello era de él y sólo de él; quería dejar una marcha visual que el doloroso y presuntuoso muchacho le pertenecía en aquel aspecto. Pasaba sus uñas tentativamente por los músculos de la espalda del otro, dejando caminos enrojecidos a su paso, pero ninguna cicatriz.
Karamatsu besaba con urgencia el cuello de la víctima que tenía entre sus brazos, tentado a dejar miles de pequeñas marcas rojas que reflejaran que él había estado ahí antes que cualquier otro, para saber que el de rojo estaba irremediablemente marcado por él. Mordía con suavidad la piel a su paso, dejando levemente enrojecido, pero que con el pasar de las horas se iría rápidamente.
El de rojo se removió inquieto mientras se acomodaba mejor para recibir al de azul entre sus piernas, aprisionándolo ahí por el tiempo que él quisiera.
-¿Qué pasa Karamatsu, tienes miedo de dejar algo muy visible nuevamente?- dijo provocativamente – ¿Te da susto que todos sepan lo que hacemos cuando nadie nos ve?- El de rojo disfrutaba con aquel enojo reflejado en el rostro ajeno y sus inmediatas repercusiones
El egocéntrico muchacho aprovechó la nueva posición entre las piernas del de rojo para rozar descaradamente ambas erecciones sin vergüenza, sacando un gemido reprimido en despreocupado chico que tenía bajo suyo.
Se lanzó contra el torso descubierto, centrándose en sacarle la mayor cantidad de gemidos obscenos mientras mordía y lamía los pezones del contrario. Besaba y mordía todo a su disposición, casi con rabia y deseo contenido.
Se sentía con poder, con la capacidad de hacer llegar al otro hasta las estrella si es que lo deseaba y aquello le encantaba. Adoraba saber que podía controlar ese pequeño espacio a su antojo, que su voluntad ahí es ley, que es líder incuestionable.
Bajó con sus besos por todo el torso hasta llegar al abdomen del acalorado joven, adoraba el olor que emana esa parte de su hermano. Rozaba su nariz contra la tersa piel mientras inspirada aquel aroma único; a Osomatsu aquello le causaba una extraña sensación de cosquillas y excitación que le encantaba. Se rio extasiado, sintiéndose pleno y deseado con aquel sujeto que cada tres besos le decía lo maravilloso que era ante sus ojos.
Las manos del mayor descansaban en su cabeza mientras se dejaba hacer; las del menor comenzaban un camino decidido desde las pantorrillas, subiendo por los muslos hasta posicionarse con firmeza en la cadera contraria. Karamatsu se alejó por un momento para poder contemplar cómo su hermano estaba a su total disposición. Le encantó.
Desbrochó con todo el tiempo del mundo los pantalones obscuros que el otro traía, deleitándose con el movimiento de caderas que hizo el otro, dándole a entender que podía simplemente sacar aquella molesta prenda.
Ahora lo tenía ahí, sólo con ropa interior, con una sonrisa confiada en su rostro pese al gran sonrojo, sus brazos sobre su cabeza de manera despreocupada, la respiración agitada y una muy visible erección entre sus piernas.
-mmm, parece que tienes un problema aquí, my dear brother- dijo de manera confiada Karamatsu mientras una de sus manos rozaba superficialmente aquel miembro frente a sus ojos – ¿necesitas que te deje a solas un momento para que te ocupes de ella?
-Creo que sería mejor si me ayudas a solucionarlo- respondió agitado el de rojo
-¿De qué manera piensas que puedo ayudarte brother?- la mano del de azul subía y bajaba creando presión en toda la zona de manera demandante
-Sorpréndeme-
Sin dejar de tocar la creciente erección, volvió a besar desde el cuello, bajando lenta y tortuosamente por todo el torso, besando el abdomen que lo volvía loco, hasta encontrar su cara con su propia mano, con su cara justo sobre donde el calor del cuerpo del mayor de acumulaba con creces.
Tragó saliva nervioso quien estaba de sumiso en ese momento, dudaba mucho que el otro fuera a hacer lo que tenía en mente, pero todas las señales le daban a entender que sí. El espasmo involuntario que dio cuando sintió que era despojado de la única prenda que le quedaba fue más fuerte de lo que esperaba.
Se sintió un poco vulnerable al estar ahí, con las piernas abiertas, con su hermano pequeño entre estas mismas y completamente desnudo. Karamatsu le dedicó la última mirada de completo control antes de dirigir tu total atención a la nueva tarea en su mente.
Osomatsu no pudo evitar sentir un escalofrió que le recorrió hasta la punta de sus dedos cuando sintió la mano grande y dominante sobre su miembro.
El de azul comenzó a masajear suavemente pero con firmeza aquella zona tan caliente, con el corazón completamente desembocado, disfrutando del espectáculo que era el de rojo, quien bajó sus manos a su costado para sujetar con firmeza la ropa de cama que lo acunaba.
Karamatsu estaba nervioso, pero también quería que el mayor disfrutara lo máximo posible aquel primer encuentro. Se acercó con seguridad hacia el miembro en su mano y besó con suavidad, casi con miedo de un rechazo. Osomatsu cuando sintió el suave toque de los labios abrió los ojos sorprendido y levantó su torso para ver al otro entre sus piernas
El de azul introdujo en su boca la punta del miembro con seguridad, ayudando a estimular aquella zona con su lengua que se movía de manera circular. Osomatsu se apoyó en sus brazos para observar el espectáculo casi con la boca abierta; no quería perderse ningún momento de aquella escena.
Subía y bajaba casi con maestría, presionando con su lengua puntos que el sentía podían ser más sensibles que otros, guiado por la adrenalina, el sentido común y esas miles de pornos que se había visto durante su adolescencia.
Osomatsu seguía en la misma posición, disfrutando de aquello con descaro absoluto, su voz reaccionaba a cada acción que el otro hacía y se lo hacía saber constantemente; ya no le importaba nada más que sentir aquella boca sobre su miembro y observar al otro devolverle la mirada. Aquello era totalmente diferente a sus sesiones de masturbación en soledad. Se sentía cálido y suave, la lengua que lo recorría por completo lo estaba volviendo un poco más loco y deseoso de más y más.
Posó una de sus manos en el cabello del menor, guiando el movimiento de la cabeza que subía y bajaba con una lentitud tortuosa y desesperante, tratando de aumentar la intensidad un poco para intensificar el gozo que sentía.
Su miraba subió al techo cuando aumento la velocidad, la mano que sujetaba firme su base comenzó a seguir aquel movimiento creando más sensaciones en el chico de mirada desorbitada. No hacía nada por impedir que sonoros gemidos salieran de su boca de manera casi escandalosa; a Karamatsu le incentivaban aquellos sonidos tan obscenos que lograba sacar con cada una de sus acciones. Sacó el miembro de su boca sin dejar de comer su mano para mirar fijamente al otro.
-Do you liked this, Brother?- dijo mientras sonreía petulántemente.
-¿No se nota?- sonrió de igual forma volviendo a mirar al otro entre sus piernas – Creo que he sido bastante claro-
-¿Puedo…continuar?-
-No tienes que preguntar algo así, tú sólo hazlo-
-No quiero incomodarte-
-Creo que a estas alturas nada de lo que me hicieras me incomodaría-
Ambos rieron nerviosos sabiendo que era lo que seguía; Humedeció sus dedos con su propia saliva viendo que no tenía nada mejor, posicionando sus dedos nerviosamente en la próximamente entrada que lo acunaría. Tomó con su mano izquierda el miembro del otro para que se distrajera de cualquier posible dolor.
Osomatsu se tensó de inmediato al sentir que algo trataba de entrar suavemente dentro suyo; aquello lo asustaba y emocionada en partes iguales; respiró hondo y se dejó llevar a las sensaciones.
Karamatsu cuando sintió menos presión pudo introducir su dedo suave y lentamente; comenzó a estimular el miembro con su mano izquierda para poder ver las expresiones del mayor, quien se había recostado nuevamente tratando de relajarse completamente. Comenzó a mover tentativamente su dedo dentro del cuerpo ajeno
-Se siente extraño- dijo entre risas el mayor
-¿Quieres que me detenga?-
-No- respondió de inmediato- sólo que no estoy acostumbrado a tener cosas ahí adentro simplemente, no te detengas- Osomatsu alzó sus brazos invitando al otro a acercarse a su rostro
Karamatsu hizo exactamente eso y el de rojo atacó sus labios de forma desesperada mientras sus manos recorrían todo el torso desnudo hasta llegar a los, aún puestos, pantalones de su compañero; desabrochó con maestría y comenzó a tironear todo hacia abajo para estar en iguales condiciones.
-No es justo que sea el único desnudo aquí- El de azul de rio con aquel seudo berrinche del mayor y se separó para sacarse todo y volver a su anterior tarea.
Osomatsu vio el miembro erecto de tu hermano y sin dudarlo lo tomó con una de sus manos; El de azul se alertó con aquello y emitió un gemido agudo que logró hacer reír al mayor.
-No hagas eso de repente- dijo con un visible tono avergonzado
-Se veía algo triste y desatendido- el de rojo sonreía satisfactoriamente mientras comenzaba a mover su mano por toda la extensión de su hermano, sacando varios gemidos roncos del otro que no dejaba de hacer lo mismo y mover su dedo
Ambos gemían, reían ocasionalmente por las caras que el otro colocaba, disfrutaban genuinamente ese espacio tan íntimo que habían formado en la habitación. El de rojo sintió que un segundo dedo comenzaba a entrar suavemente a su interior e inevitablemente sintió un pinchazo de dolor en aquella zona. Un sonido de molestia salió de su garganta, el de azul se asustó y quiso sacar sus dedos de inmediato pero el de rojo no lo dejó.
-No te atrevas a sacarlos-
-Pero te duele-
-No pares dije, el culo es mío y si quiero que sigas lo tienes que hacer-
El de azul comenzó a dudar, pero el mayor no permitiría que se echara para atrás luego de haber llegado a ese punto. Acercó con un brazo al otro desde la nuca para besarlo con intensidad; al momento de acercarse ambos miembros pasaron a rozarse levemente, por lo que Osomatsu aprovechó y tomo ambos miembros con su mano para masajearlos en conjunto.
La sensación era intensa, ambos gimieron sonoramente cuando ambas pieles estuvieron juntas, el calor de la habitación era sofocante, los dedos dentro del cuerpo cada vez molestaban menos.
-Osomatsu, ¿estás seguro que quieres llegar hasta el final?-
-Ya te dije que sí, deja de dudarlo- respondió sonriendo- Es nuestra graduación de ser unos ninis vírgenes-
Karamatsu deseaba continuar hasta el final, pero era difícil cuando miles de dudas volaban dentro de su mente incesantemente. Sabía que aquello estaba terriblemente mal, pero el placer lo cegaba de una manera deliciosa; estar entre las piernas suaves del mayor era algo que le encantaba, sentir sus labios tibios lo enloquecía, sus miembros juntos era delirante, la mirada llena de placer que le regresaba el otro junto a esa sonrisa confiada lo llenaba de gozo.
Le encantaba Osomatsu.
-¿Puedo continuar entonces? No quiero que en mi desesperación y cegado por las sensaciones placenteras que mi cuerpo está percibiendo, mi mente se desplace a un abismo de descontrol desmedido que puede ser perjudicial para ambos, ya que no podría contenerme del todo si es que esa nube rosa de sensaciones llega a mi cerebro de alguna manera, es por esto que insisto en pedirte el debido permiso, ya que tú serás el que reciba my love por completo y lo que menos quiero es forzarte a algo que no estas completamente seguro ya que eres my pretty boy, so my Osomatsu, quiero que seas completamente sincero en la respuesta que tus labios me darán, ya que si no-
-¡Oh dios mío cállate! Eres desesperante- El de rojo impaciente empujó al de azul hasta que él estuvo posicionado encima de su cuerpo con las piernas a cada costado del cuerpo del otro – Si te digo que si puedes, tu sólo hazlo-
Osomatsu de manera precipitada y sin aviso se sentó sobre el miembro erecto, introduciendo parte de él de golpe, provocando un gemido agudo de dolor; sin embargo no se detuvo pese a las protestas y quejidos de dolor que el otro también hacía. Era ahora o nunca y no se detuvo hasta tener el miembro en toda su extensión en su interior.
Le dolía, demasiado, sentía que su, ahora entrada, ardía y trataba de expulsar aquel miembro ajeno de su cuerpo. Definitivamente aquello era una salida y no un lugar donde de pudieran meter cosas. Pero debía acostumbrarse, no había llegado hasta ese punto para echarse para atrás por un poco de dolor.
Karamatsu no estaba mejor, sintió un dolor agudo mientras su miembro se introducía a la fuerza en aquel músculo, quizás fue debido a la poca lubricación o algo similar, pero le ardía un poco pese a la deliciosa presión que el interior del otro provocaba en él.
Ninguno sabía qué hacer ahora; lo estaban haciendo legalmente, estaban teniendo el preciado contacto sexual que habían esperado durante años, ¿cómo se suponía seguían ahora?
-¿Estas bien, Osomatsu?- El menor estaba preocupado de que el otro estuviera sintiendo un dolor abrumador y por eso no se movía o decía algo al respecto.
-Sí, sólo me estoy acostumbrando a esto- comenzó lentamente a moverse de adelante hacia atrás, tratando de ignorar el ardor que seguía sintiendo en toda su entrada. Era una posición vergonzosa y se sentía observado por el menor que sujetaba sus caderas pacientemente.
Lenta y pausadamente, el movimiento hacia que el menor sintiera unas cosquillas placenteras difíciles de dejar pasar por alto; era terriblemente estimulante tener al mayor sobre el montándose de aquella manera, viéndose hasta vulnerable con el sonrojo y las pequeñas lágrimas que se habían quedado en sus pestañas. Osomatsu comenzó a aumentar paulatinamente el movimiento conforme a se iba acostumbrando a la invasión y el ardor desaparecía.
Era extraño, una sensación de que en cualquier momento aquello se saldría de su trasero, pero que al mismo tiempo sus músculos no dejaban escapar. Apoyó sus manos en el pecho contrario y se movió con brusquedad sobre el miembro. Aquello le gustaba, había encontrado en esa posición un cosquilleo extraño pero muy agradable que se rehusaba a dejar.
El otro sujetaba sus caderas, marcando el lento pero brusco movimiento que el mayor hacía, aquello era de otro mundo, la presión era fantástica, tener esa visión estaba cegándolo poco a poco; dudaba mantener la cordura mucho tiempo más. El de rojo se enderezó buscando mayor contacto y su cuerpo se estremeció al sentir una corriente eléctrica pasar por su espalda.
El gemido agudo y alto inundó la habitación, Karamatsu no sabía que había sido, pero quería ese sonido otra vez en sus oídos, comenzó a seguir el ritmo con la cadera, sujetando con firmeza las de su hermano sobre él, disfrutando de los sonidos obscenos salían de la boca del otro, los suspiros de placer y el rostro sonrojado.
Se sentó para poder besarlo y sentirlo más cerca, quería el control de aquello, quería ser el que hiciera que la gran leyenda del carisma gimiera su nombre cómo el de ningún otro antes o después de él.
Lo empujó con cierta brusquedad hacia el futón antes de volver a posicionarse entre sus piernas nuevamente. Osomatsu no se quejó y el mismo fue el que tomó el miembro contrario para guiarlo a su entrada dilatada. El de azul le abrió las piernas mientras sujetaba ambos muslos con sus manos, introduciéndose se golpe en el cuerpo ajeno, gimiendo guturalmente.
Comenzó a penetrarlo con fuerza, de manera profunda y marcando el ritmo a su gusto sin permitirle escapatoria, embistiendo con fuerza, variando de estocadas rápidas a unas lentas y desesperantes.
Osomatsu pedía más, gemía sonoramente sin pudor alguno, sintiendo que su cabeza comenzaba a dar vueltas por el torrente de emociones que comenzaba a sentir todos sus sentidos
-¿Te gusta esto, my honey?- dijo Karamatsu, empujando con fuerza contra el cuerpo ajeno, recibiendo como respuesta un gemido que lo afirmaba –Quiero que me digas claramente si es que te gusta –
-Me gusta- Osomatsu estaba completamente sonrojado, excitado y abrumado por el placer que ahora sentía
-¿Quieres que me detenga?-
-No, no quiero- dijo entrecortadamente debido a las estocadas recibidas
-Pídemelo- Karamatsu gozaba con aquel poder que tenía sobre el mayor, su mente flotaba entre la irrealidad y el placer que suponía aquella situación. Por su lado al mayor le encantaba esa imagen dominante que había logrado sacar de su pequeño hermano.
-Por favor Karamatsu…No te detengas- respondió lascivamente, mientras gemía sin pudor, dejando el claro que aquello le encantaba, que quería más.
-Cómo tu desees, my sweet love-
Fue como encender un interruptor oculto dentro del de azul; pronto las embestidas fueron cada vez más veloces, profundas y placenteras. Karamatsu intercalaba todo esto con mordidas y besos en cuello, pecho y básicamente toda la piel que pudiera alcanzar. Osomatsu sentía su cabeza dar vueltas, se sujetaba de la espalda contraria, enterrando sus uñas en esta, marcando su territorio con alevosía. El miembro del mayor era rozado constantemente entre ambos cuerpo, produciéndole un placer extra.
Aquello era su primera vez juntos, pero sólo era la culminación de meses de espera para ambos; el poder estar unidos de aquella manera era un deseo que mantenían a flor de piel que no se habían atrevido a cruzar por miedo en varios aspectos, ambos sabían que después de esto ya nada volvería a ser como antes. Su relación quedaría para siempre marcada con este encuentro lleno de lujuria y pasión, y lo que más lamentaban era que ninguno estaba realmente arrepentido.
Karamatsu adoraba las sensaciones que el cuerpo del contrario provocaba en él, desde una simple caricia inocente, un fraternal abrazo, un beso casto hasta aquel roce de pieles, besos llenos de deseo y la exquisita presión en su miembro, todo era estupendo y hacía su mente volar.
Sentía que ya no podría aguantar mucho más, todas las señales de su cuerpo le decían que pronto todo culminaría.
Tomó el miembro libre y comenzó a masajearlo a la par de las embestidas que daba, sabiendo dónde y cómo tocarlo para que su cabeza explotara de placer, para que su huella quede marcada en su mente a fuego vivo.
Osomatsu no estaba muy diferente, su mente daba vueltas, aquel punto en su cuerpo que no sabía que era no dejaba de mandarle corrientes eléctricas por toda su espalda, sumado a como el otro lo masturbaba no ayudó a que pronto su cuerpo quisiera explotar en placer
-Karamatsu, Oni-chan va a terminar- dijo entre gemidos
-Me too, Darling- desde ese momento no se volvió a oír en aquella habitación nada que no fuera un sonido provocado por el placer de aquel encuentro.
Osomatsu fue el primero, eyaculando escandalosamente mientras no dejaba de recibir estocadas del menor cada vez más erráticas. Él otro lo siguió pronto, emitiendo un sonido grave de su garganta terminó dentro del cuerpo ajeno, dejando marcado aquel hecho incestuoso durante todo lo que les quedaba de vida.
Calló agotado, sudoroso y sonrojado a un costado del otro que estaba en igual condiciones, recuperando el aire perdido, calmando a su alocado corazón, enfriando un poco sus mentes.
Un silencio sepulcral llenó la habitación, la mente de ambos recién racionalizaban el hecho consumado. Pronto tendrían que hablar de aquello, decir o comentar algo, ¡lo que fuera! Deberían moverse se aquella posición, lavarse y vestirse, ordenar la habitación ventilar y seguir con aquella farsa que llevaban durante tanto tiempo.
Pronto, quizás luego lo harían, por ahora, Osomatsu se acercó tímidamente hacia el menor demandando un contacto simple, disfrutando de aquella piel que emanaba tan delicioso aroma para él. Se recostó sobre el pecho del otro, siendo abrazado de inmediato y estrechado con mucho afecto contenido.
Se besaron lentamente, como aquella primera vez pero con más experiencia encima, disfrutando aquel roce de manera sincera; ambos se sentían extasiados y extraños, cómo si flotaran sobre una nube rosa empalagosa. Rozaban sus narices, besaban los rostros ajenos, se abrazaban con fuerza, disfrutaban cada segundo. Y seguían sin arrepentirse.
Quizás mañana se preocuparían, después se arreglarían, más rato conversarían.
Ahora sólo existían ellos dos en el mundo, y les encantaba.
Después de 84 años les traigo porno! (como para compensar XD)
Capítulo 3 arriba! A esta historia no le queda tanto para llegar a la escena que vi de Len (vean sus dibujos por dios) y de ahí para el final es poquito uwu.
Debo recordar que esta historia la empecé a escribir para Len por sus dibujitos KaraOso que me cautivaron, así que sí, este porno es para ti Len! Love you u3u
Gracias a quienes leen, me han llegado muchas notificaciones de que la leen (sobre todo en wattpad xd) y me sentía mal por no subir nada en taaanto tiempo! Lo siento!
So, gracias a mi chiaki hermosa que le dio todas las manitos arriba en el proceso…me cuesta mucho escribir escenas así sin ir borrando todo una y otra vez…pues ella y la carito hermosa me ayudaron con las ideas y las acciones uwu las amo a ambas si leen esto!
Eso, nos vemos en el otro cap, si tienen tiempo libre siempre pueden ir a leer las otras historias uwu!
Cuando cierro los ojos ya está empezado el cap uwu paciencia si es que lo esperas!
