Título: La historia del Sombrerero

Rating: T

Fandom: Alice in Wonderland

Pairing: Alice/Tarrant

Status: En progreso

Disclaimer: Alice in Wonderland pertenece a sus respectivos dueños. Sólo escribo por placer y sin fines de lucro.

"Have I gone mad?"

Tarrant Hightop, the Mad Hatter

Capítulo 9: La espada escondida

Di varias vueltas, crucé varios pasillos, incluso pasé varias veces por las mismas habitaciones. El castillo de Salazem Grum era verdaderamente enorme. Pero finalmente, di con la habitación adónde habían enviado al Sombrerero. Lo encontré trabajando con sus sombreros. Tenía un delantal con un gran corazón rojo en el frente. Estaba sonriente y entusiasta. Me aproximé a él con cuidado, poniendo el sombrero sobre un mueble. Vi los sombreros que había fabricado. Eran muy hermosos y delicados, todos en gamas de rojo y negro, algunos incluso con forma de corazón.

-Son maravillosos- le comenté -Debes dejarme probar uno.

-Es bueno trabajar en mi oficio otra vez- me dijo con una gran sonrisa.

-Qué pena que los hagas para ella.

El Sombrerero dejó de trabajar de golpe. Se miró las manos y luego comenzó a mirar de un lado al otro, un tanto paranoico.

-¿Cuál es el problema conmigo?- murmuró para sí mismo.

Lo observé, intrigada. Seguramente era muy duro estar preso bajo las ordenes de la mujer responsable por la destrucción de su pueblo.

-¿Sombrerero? Ma... ma...- seguía murmurando él. Y entonces, enloqueció. Se arrancó el delantal y comenzó a golpear los maniquíes que estaban allí. Intentó irse más lejos, pero una cadena en su pie se lo impedía. Cayó al suelo aun gritando y me acerqué a él. Estaba tan fuera de sí que cuando lo sujeté, me agarró las manos, tan fuerte que arañó una de mis muñecas y me lastimó. Entonces, lo tomé por sus mejillas y le hablé con dureza.

-¡Sombrerero!

-"¿Tienes alguna idea de porqué un cuervo es igual que un escritorio?

Él hablaba con tanta desesperación que solo le pude dirigir una mirada de desentendimiento.

-Estoy aterrado, Alicia. No me gusta aquí. Hay mucha gente.

Estábamos en el suelo, yo acariciando su rostro para tratar de calmarlo y él divagaba sin parar. Luego, Tarrant notó la sangre en mi muñeca.

-¿Alicia? ¿Yo te hice esto?- preguntó aterrado.

-No importa, no me duele- lo tranquilicé.

-Aléjate de mí, Alicia. Soy peligroso.

-No es cierto. No es tu culpa- le dije y volví a sujetar sus mejillas -Aún tenemos que salir de aquí.

-¿Me he vuelto loco?- me preguntó al fin. Y entonces hice lo que mi padre solía hacer. Le puse la mano en la frente y le diagnostiqué.

-Me temo que sí. Estás totalmente loco… Pero te diré un secreto, las mejores personas lo están.

En su rostro, sus labios dibujaron una gran sonrisa. Nos pusimos de pie y yo tomé su sombrero.

-Aquí- le dije, acomodándolo en su cabeza -Así está mejor. Luces como tú otra vez.

Él y yo nos quedamos mirándonos por unos segundos, hasta que el momento fue cortado por el grito lejano de la Reina.

-¡Sombrerero! ¿Dónde están mis sombreros? ¡No soy una monarca paciente!

-Me han dicho que esconde la espada Vórpica en el castillo- se apuró a decirme -El conejo te ayudará. Encuéntrala, Alicia. Llévasela a la Reina Blanca.

-Iremos con la Reina Blanca juntos- le aclaré. Yo no quería irme sin él.

-¿Por qué siempre eres muy pequeña o muy alta?- me preguntó con un tono extraño. Sólo pude sonreírle al hombre loco. Me apuré a salir de allí y corrí por los pasillos, buscando al conejo. En el camino me encontré con los Tweedles.

-Tweedles- los llamé.

-Alicia- me dijo uno muy contento, tomándome la mano.

-¿Cómo estás?

-¿Dónde está el conejo?- les pregunté, pero como siempre los Tweedles no me escucharon.

-¿Cómo es que eres tan grande?- preguntó uno de ellos.

-Ella no es tan grande. Así es normalmente- lo corrigió el otro.

-Estoy seguro de que era más pequeña cuando la conocimos.

-Es porqué bebió el pishalver para pasar por la puerta.

-Oh, sí.

Ahora que habían terminado de discutir, intenté volver a preguntarles.

-¿Dónde está el conejo?

-Hacia allá- dijeron al unísono, pero señalando con sus brazos hacia lados opuestos del pasillo. Me di cuenta de que seguir hablando con ellos era inútil, así que seguí mi instinto. Me encontré con el conejo y la lirona, Mally, que al parecer no se alegraba mucho de verme.

-¿Qué haces aquí?- me espetó.

-Rescato al Sombrerero- le dije.

-Yo estoy rescatando al Sombrerero.

-Él me dijo que la espada Vórpica está escondida en el castillo. Ayúdenme a encontrarla.

-Yo no tomo ordenes de grandes y galumpiadoras...- gritó la lirona, sacando su espada amenazadoramente.

-¡Shu!- la interrumpí para que se callara.

Me dirigí a Mc Twips, que se veía muy nervioso. El animal parecía estar a punto de hiperventilar.

-¿Qué te sucede, Mc Twips?- le pregunté.

-Yo sé dónde está la espada- dijo, titubeando. Obviamente, estaba aterrado. Me llevó hacia la parte de afuera del castillo hasta una pequeña choza que se encontraba en uno de los patios internos.

-La espada está allá adentro. Ten cuidado, Alicia- me previno cuando comencé a acercarme. A cada paso que daba, el olor de lo que estuviera allí adentro me rodeaba y se me hacía más conocido.

-Conozco ese olor- me dije. Me asomé por una hendija de la puerta y allí estaba la bestia que me había rasguñado el brazo antes. El Bandersnacht estaba profundamente dormido e incluso así, causaba un gran temor en mí.

-No voy a entrar allí- le dije a Mc Twips -Mira lo que esa cosa le hizo a mi brazo.

Removí la mordaza que rodeaba la herida. Estaba completamente hinchada y mucho más roja que antes.

-Querida, ¿Por qué no lo habías mencionado?

-No estaba así antes.

Mc Twips estaba tan nervioso que empezó a hiperventilar, hasta caer desmayado en el suelo. Lo llevé hacia adentro y se me ocurrió una idea para buscar la espada. Me encontré con Mally mientras esta buscaba al Sombrerero.

-¿Sombrerero? ¿Dónde estás? ¿Sombrerero?

-Mallymkum. ¿Aún tienes el ojo de Bandersnacht?

-Justo aquí- dijo, golpeando el ojo que tenía en una redecilla colgada de su cintura.

-Lo necesito- le pedí.

-Ven a buscarlo- me respondió, enojada. Estaba un poco irritada por su actitud así que le arrebaté el ojo mientras ella se quejaba.

-¡Hey! ¡Devuélvelo!

Sin escucharla más, me fui hacia afuera otra vez, pero cuando estaba en el pasillo, noté que alguien me seguía. Era Stayne. Caminé más rápido pero él me acorraló contra la pared.

-Me gustas, Um. Me gusta la inmensidad- su mirada era perversa y me causó un asco tremendo, así que me libré de él.

-Aléjate de mí- le grité y salí corriendo lo más rápido que pude hacia el patio interno. Otra vez me acerqué adónde dormía la bestia. Abrí la puerta de la choza y el Bandersnacht se despertó de a poco.

Continuará...

Si te interesó esta historia y quieres leer más sobre Alice in Wonderland, puedes ver mis historias "La igualdad entre el cuervo y el escritorio" o "Sueños".

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Cereza Queenie