Título: La historia del Sombrerero
Rating: T
Fandom: Alice in Wonderland
Pairing: Alice/Tarrant
Status: En progreso
Disclaimer: Alice in Wonderland pertenece a sus respectivos dueños. Sólo escribo por placer y sin fines de lucro.
"In fact, you´re almost Alice"
Absolem, The Blue Caterpillar
Capítulo 11: Conversación con una oruga
-Bienvenida a Marmorreal- dijo ella poniéndose de pie.
La Reina Blanca tenía una forma muy extraña de levantar los brazos mientras hablaba y su voz dispersaba suavidad. Era una mujer hermosa que de pies a cabeza, exceptuando sus labios y sus ojos negros como la noche, era blanca. Me acerqué a ella y le entregué la espada vórpica con respeto.
-Creo que esto le pertenece a usted.
La blanca soberana tomó la espada en sus manos y la contempló como si esta fuera a romperse, cerrando con cuidado los ojos y soltando un suspiro de alivio.
-La espada vórpica ha vuelto a casa- murmuró para sí misma y puso la espada en una armadura -La armadura está completa.
Luego se dio vuelta, su mirada estaba llena de felicidad.
-Ahora todo lo que necesitamos en un campeón- suspiró y me miró con inteligencia -Eres más alta de lo que yo pensaba.
-Comí demasiado upelkuchen- le conté.
-Oh, ven conmigo entonces- dijo ofreciéndome su mano. La tomé, era una mano suave y delicada. Me condujo hasta la cocina y justo antes de entrar, la reina se agachó para esquivar un gran plato de sopa que alguien había revoleado a la pared. Esto me resultó familiar.
-¿La liebre de Marzo está aquí?- le pregunté.
-Llegas tarde para tu sopa, niña tonta- me respondió la Liebre mientras saltaba de acá para allá, llevando un cucharón y una sartén.
Probé un poco de la sopa que chorreaba en la pared. Estaba bien, pero no tenía demasiado gusto.
-Le falta sal- le espeté.
-Aquí está tu sal- contestó la liebre y me arrebató el salero que por surte pude esquivar y se estrelló contra la pared. La reina se había movido más atrás y la seguí. Me acerqué a la mesa que estaba llena de frascos, botellas y embudos; y ella comenzó a buscar algo entre ellas.
-Pishalver, déjame pensar- murmuraba. Esa era la poción para encogerse. En un embudo que estaba sobre una pequeña caldera, comenzó a meter cosas que sacaba de los otros frascos.
-Una pizca de grasa de lombriz, orina de libélula, dedos de manteca- al momento me impresioné bastante ya que esos dedos lucía como dedos de verdad. Supongo que la reina había notado mi cara de impresión.
-Mi hermana prefirió estudiar dominio de seres vivientes. Cuéntame, ¿Qué te pareció ella?
-Perfectamente horrible- dije, sin dudarlo.
-¿Y su… cabeza?- preguntó, haciendo la mímica de un globo.
-Bulbosa.
Sin embargo, la Reina Blanca seguía defendiendo a la Roja. Eran hermanas, después de todo.
-Yo creo que hay algo creciéndole allí y está presionando sobre sus emociones- y sin más en la preparación cosas que hicieron ruidos metálicos -Tres monedas del bolsillo de un hombre muerto, dos cucharadas de vagas ilusiones.
Yo aún no comprendía porqué ella pretendía que todo estaba bien. La Reina Roja mandaba a decapitar a la gente caprichosamente. Eso no estaba bien. Necesitaba que alguien la detuviera. El Sombrerero estaba preso allá.
-No se imagina las cosas que pasan allí- le dije, con esperanza de que me prestara más atención. Ella se detuvo en seco y puso una expresión de tristeza.
-Oh, sí que lo imagino.
No le contesté así que ella borró esa triste cara y tomó un cucharón.
-Pero cuando un campeón se adelante para matar al Jabberwocky, los seguidores de mi hermana se levantarán en contra de ella.
Y al finalizar esto, escupió en el brebaje. Sentí algo de repulsión, pero traté de no pensar en eso. Todo es una locura en Infratierra, realmente.
-Creo que eso es suficiente- me dijo sonriente, mientras se limpiaba las comisuras de los labios con un dedo. Sirvió un poco en el cucharón de madera y me lo ofreció –Sopla.
Le obedecí y me tomé ese líquido espantoso, pero esta vez no tosí, ya estaba acostumbrada a su horrible sabor. Me puse de pie y empecé a encogerme hasta llegar a mi tamaño normal. Tuve que sostener mi vestido para que no se cayera.
-¿Te sientes mejor?- preguntó la reina.
-Mucho, gracias.
-Hay alguien aquí que quiere hablar contigo- me dijo, ofreciéndome su mano otra vez. Primero, me dio otra ropa para ponerme y luego me llevó hacia el patio. Estaba oscuro y la reina me señaló un pilar rodeado de esta espesa niebla, que cuando me acercaba me di cuenta de que era humo.
-¿Absolem?- pregunté extrañada.
-¿Quién eres tú?- preguntó la oruga con aire arrogante y sopló una bocanada de humo hacia mí, haciéndome toser.
-Deja de hacer eso. Pensé que ya lo habías dicho, soy Alicia, pero no la que buscan.
-¿Cómo lo sabes?- musitó mientras mordisqueaba su pipa
-Tú me lo has dicho.
-Yo dije que no eras Alicia entonces, pero eres mucho más Alicia ahora. De hecho eres casi Alicia.
-Incluso si lo soy, no puedo matar al Jabberwocky aunque mi vida dependiera de eso.
-Dependerá de eso- me advirtió - Así que te aconsejo que tengas la espada vórpica a mano cuando el Frabulloso Día llegue.
-Te ves tan real. A veces olvido que esto es un sueño- le dije, porque incluso ahí, seguía creyendo que estaba dormida y Absolem me lanzó otra bocanada de humo para molestarme -¿¡Podrías dejar de hacer eso!?
Lo oruga comenzó a reírse con fuerza y sonoramente, así que me fui de allí y en el camino me encontré con la reina Blanca.
Continuará...
Si te interesa leer más sobre Alice in Wonderland, entra a mis historias "La igualdad entre el cuervo y el escritorio", "Sueños" o "Her Name is Alice"
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Cereza Queenie
