Título: La historia del Sombrerero

Rating: T

Fandom: Alice in Wonderland

Pairing: Alice/Tarrant

Status: En progreso

Disclaimer: Alice in Wonderland pertenece a sus respectivos dueños. Sólo escribo por placer y sin fines de lucro.

"This place is real. So are you and so is the Hatter"

Alice Kingsley

Capítulo 14: ¿Infratierra o el País de las Maravillas?

"Buenas noches, Alicia. Solo por si mañana te despiertas de este sueño".

La voz del Sombrerero fue lo primero que resonó en mi mente a la mañana siguiente. Me revolví entre las sábanas de mi cama con los ojos cerrados. El Sombrerero me había besado la noche anterior. Me había besado. No pude evitar sentirme abochornada por la situación. ¿Qué significaba eso? Bueno, además del obvio hecho de que él quería besarme.

Abrí los ojos, la luz de la mañana era demasiado brillante en Marmorreal, casi quedé ciega. Poco a poco, mis ojos se acostumbraron a tanta claridad. Se oyó un golpeteo en la puerta. Temblé al instante. Temí que fuera él.

-¿Quién es?

-Señorita Alicia, debes levantarte- se oyó la voz de Mc Twisp del otro lado de la puerta. Me apresuré a abrirle. El blanco animal estaba esperando con una trompeta entre sus patitas y un chaleco con diseño de cartas de póker. Aún no se había quitado la ropa que la Reina Roja le había hecho usar.

-¿Para qué?- pregunté.

-Es el Frabulloso Día, la Reina Blanca elegirá a su campeón frente a todos en la reunión de esta mañana. Debes asistir.

-El Frabulloso Día- murmuré con preocupación. Casi todos los que había conocido desde que llegué a Infratierra, ya habían dejado en claro que querían que yo asesinara al Jabberwocky. Como no tenía manera de negarme ante la situación, me vestí rápidamente y me aseé el rostro y el cabello. Seguí al conejo blanco hasta la entrada de Marmorreal. Allí, la reina Blanca me esperaba con su habitual estilo elegante. Me saludó con una sonrisa.

-Querida Alicia, la reunión no podía empezar sin ti- decretó. Era una mujer encantadora, pero a la vez muy severa –Cómo has sido la responsable de devolver la Espada Vórpica a Marmorreal, te quedarás aquí conmigo durante la reunión.

Asentí en silencio. Sabía cómo iba a terminar todo, pero me aferraba a la esperanza de que algo cambiara mi destino. Mc Twisp hizo sonar la trompeta que llevaba consigo y las personas que estaban allí prestaron atención. Eran una multitud algo grande, nos observaban a mí y la Reina Blanca. Mis ojos buscaron a Tarrant. Allí estaba, lo distinguí por su gran sombrero. En el momento en que lo miré, recordé sus labios sobre los míos la noche anterior. Se me erizó la piel de los brazos así que desvié la mirada.

Una vez que se había hecho silencio entre los participantes de la reunión, el conejo blanco habló otra vez.

-¿Quién se acercara a ser el campeón de la Reina Blanca?

Nadie contestó. Al cabo de unos segundos, Tarrant se adelantó con paso seguro entre las personas. Se tomó un segundo para mirarme fijo, sonriéndome altaneramente.

-Ese seré yo.

-Tienes pocas habilidades de evaporación. Yo debería ser el elegido - le mencionó Chess, el gato sonriente, apareciendo de brazos cruzados a su lado. El Sombrerero le dirigió una mirada de enojo pero al felino no pareció importarle.

-Yo lo haré- se adelantó Mallymkum, apenas visible detrás del tobillo de un caballero.

-No, yo- dijo un Tweedle levantando una pequeña espada de madera.

-No, yo- dijo el otro, imitando a su hermano.

Entonces, miramos a Mirana. La reina parecía dudar de elegir a cualquiera de estos, lo estaba meditando con mucha preocupación. Sin decir una palabra, le pidió con su mirada al conejo blanco que desenrollara el oraculum. Este buscó entre sus ropas y sacó el rollo de papiro avejentado. Lo desenrolló y lo hizo rodar por la escalerilla hasta los pies de los participantes de la reunión. Allí, en la punta del oraculum, donde estaba ese mismo día, estaba predicho que yo asesinaría a esa criatura. Comencé a sentir que el corazón me latía aceleradamente. Los Tweedles se acercaron a este y observaron lo que decía.

-No puede ser otro. No hay forma- dijo uno de ellos, como si estuviera diciendo algo evidente.

-Si no es Alicia, no se muere.

-Alicia, no puedes vivir tu vida para complacer a otros- la Reina Blanca fue la próxima en hablar. La miré asustada. Mi mente se paralizó. Ella volvió a hablar.

-La elección debe de ser tuya porque cuando enfrentes a esa criatura, lo harás sola.

Estas palabras se sintieron tal cual litros de agua fría corriendo por mis venas. Se sintió como una sentencia. Me di cuenta de que ellos esperaban que enfrentara a esa bestia, el Jabberwocky y no podría ser otro que no fuera yo. Miré el suelo un segundo y luego me animé a mirar al frente. La multitud me observaba, la presión de todos esos ojos esperando por mi respuesta comenzaron a sofocarme. Mi respiración comenzó a ser irregular y cometí el error de mirar a Tarrant. Por alguna razón, al mirar sus ojos entré en pánico. Salí corriendo de allí, como había hecho anteriormente cuando me escapé de mi compromiso en la tierra de arriba.

Corrí bastante. Terminé en un jardín, donde había muchos arbustos y comencé a caminar de lado a lado para aclarar mi mente. Mis pensamientos iban a toda velocidad y no podía encontrar la calma. En cuanto noté que caminar no funcionaba, me senté en una banca. Y sin más, me puse a llorar. Estaba muy preocupada, temía sin saber por qué. Mis sentimientos me confundían y asustaban.

-Nada nunca se arregló con lágrimas- una voz a mis espaldas me sermoneó. Levanté mi cabeza y vi que Absolem estaba colgado de cabeza en una rama. Entonces caí en la cuenta de ya había estado en ese jardín antes cuando había hablado con la oruga azul el día anterior.

-¿Absolem? ¿Por qué estás de cabeza?

-He llegado al fin de esta vida.

-¿Te vas a morir?

-A transformar.

-No te vayas. Necesito de tu ayuda. No sé qué hacer.

-No te puedo ayudar si no sabes quién eres, niña estúpida.

Sus palabras me ofendieron aún más en este estado.

-¡No soy estúpida! Mi nombre es Alicia. Vivo en Londres. Tengo una madre llamaba Helen y una hermana llamada Margaret. Mi padre era Charles Kingsleigh. Él tenía una visión del mundo diferente y nadie lo podía detener. Soy su hija. Soy Alicia Kingsleigh.

Mis palabras de enojo alegraron a la vieja oruga.

-Alicia. Al fin. Solo eras una pequeñita la primera vez que estuviste aquí. Lo llamaste el País de las Maravillas, si mal no recuerdo.

-El País de las Maravillas- pronuncié para mí misma. Esta palabra hizo que muchas imágenes pasarán por mi cabeza. Me vi a mi misma siendo interrogada por Absolem, cuando este no tenía arrugas. Me vi siendo guiada por Chess hacia una merienda de locos. Pude verme pintando las rosas blancas de rojo por órdenes de la Reina Roja. Mi primera estadía en Infratierra pasaba por mi cabeza en ese instante.

-Curiosezco y curiosezco- me dije, recordando que era mi manera de referirme a lo raro y curioso cuando niña -No era un sueño. Era un recuerdo. Este lugar es real. ¡Tú también igual que el sombrerero!- le comenté emocionada. La sensación de saber que este lugar era real, que Tarrant era real, era de pura felicidad.

-Y también el Jabberwocky- agregó tranquilamente la oruga -Recuerda, la Espada Vórpica sabe lo que quiere. Lo que debes hacer es aferrarte a ella.

Absolem iba desapareciendo en su crisálida -Fairfarren, Alicia. Quizás te encuentre en otra vida.

Con esta nueva información en mi mente, tomé la decisión de levantarme. No volví hacia la entrada del castillo. En su lugar, me dirigí hacia el salón principal de Marmorreal. La decisión se hizo más fuerte cuando la contemplé. La armadura que sostenía la Espada Vórpica. Supe lo que tenía que hacer. Me la puse y salí afuera. En el camino, me encontré con el Bandersnacht. Este se sintió contento de verme, comenzó a saltar como un perro juguetón y me monté en su lomo. Segura de mí misma, salí al encuentro con las tropas de la Reina Blanca. Blancos caballeros con formas de piezas de ajedrez. Al frente de la comitiva, estaban Mirana y Tarrant a su derecha con una gran espada en su poder. Me situé en medio de ellos. Me miraron en silencio y compartimos sonrisas cómplices. En un nuevo espíritu de batalla marchamos hacia el lugar pactado. Un duelo se acercaba.

Continuará...

Si te interesa leer más sobre Alice in Wonderland, entra a mis historias "La igualdad entre el cuervo y el escritorio", "Sueños" o "Her Name is Alice"

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Cereza Queenie