Título: La historia del Sombrerero

Rating: T

Fandom: Alice in Wonderland

Pairing: Alice/Tarrant

Status: En progreso

Disclaimer: Alice in Wonderland pertenece a sus respectivos dueños. Sólo escribo por placer y sin fines de lucro.

"Why is a raven like a writing desk?"

Tarrant Hightop, the Mad Hatter

Capítulo 17: Nunca olvidaré

No me pude defender. Bajé mi mirada y me cubrí con los brazos. Fue todo lo que pude hacer en cuanto vi que la Reina Roja se abalanzaba sobre mí con una daga. Cerré mis ojos y el sonido se alejó de mi mente por unos segundos. No sentí nada. Al abrir mis ojos de nuevo, contemplé aquello que nunca hubiera deseado que sucediera.

Primero, vi la espalda de Tarrant. No lo comprendía. Tardé un momento en entender la situación. Allí estaba, el Sombrerero, situado entre la Iracebeth y yo. Los naipes rojos se abalanzaron sobre ella y la detuvieron una vez más. Por siempre, esta vez. Miré hacia los costados, las caras de horror de mis amigos. No quería entender lo que había sucedido, ya que esto era muy doloroso. El Sombrerero se dio vuelta y pude ver la daga clavada en su pecho.

-Alicia- me susurró con una dolida sonrisa. El Sombrerero tenía la mirada lejana y comenzó a tambalearse. Se sentó en el suelo y progresivamente se recostó. Me abalancé sobre él y sostuve su mano. La sangre brotaba de su herida.

-No te preocupes, estarás bien- le mentí mientras trataba de tranquilizarme.

-No importa, Alicia. Al menos sé qué tú estarás bien. Como te había dicho antes de que todo esto empezara.

Yo no quería aceptar ese hecho, la vida del Sombrerero escapaba de mis manos, justo frente a mí.

-No, no es cierto. Tú... tú... estarás bien.

Lágrimas caían de mis ojos. Mis temblorosas manos querían arreglar lo irreparable, corté un pedazo de su saco de un tirón y lo puse sobre la herida, sin miedo a mancharme de sangre. Toda mi mano se puso roja en sólo unos segundos. Entonces, él me sostuvo la mano con fuerza y me detuvo.

-Alicia.

-¿Qué?

-Te amo.

-Yo te amo también. Te... amo...- le dije acercándome más a él. Lo besé. Era lo único que quería hacer ahora. El Sombrerero estaba muriendo en mis brazos.

-Alicia- volvió a decir cuando nos separamos.

-¿Qué sucede, Tarrant?

-¿Por qué un cuervo es igual que un escritorio?

-La verdad, no tengo idea- le sonreí con mucho dolor.

Él sonrió. Nunca vi a un hombre moribundo morir estando tan cerca de su final.

-Bien, Alice. Lo has comprendido bien. Bien- me dijo con la voz apagada. Su mano soltó la mía y me acarició el rostro con ternura –Mi querida Alicia… quizás… nos volvamos a ver… algún día.

Y entonces, la luz se fue de sus ojos. Sus ojos se apagaron poco a poco y vi su vida dejar su cuerpo. Su mano cayó al suelo inanimada. Ya no se movía. No pude quitar mis ojos de él.

-No. No. Sombrerero, no estás muerto- me desesperé -¡No has muerto! ¡No has muerto!- sacudí el inmóvil cuerpo del Sombrerero. La Reina Blanca y Chess tuvieron que sujetarme para alejarme de Tarrant. Yo no quería soltarlo. Pateé, grité pero al final terminé abrazando a la albina soberana que lloraba igual que yo, silenciosamente.

El clima se había entristecido. Nadie podía decir una palabra.

Lo velamos al día siguiente. Yo no tenía fuerzas para más. Una vez terminado el servicio, los demás volvieron a sus vidas pero yo no pude. Me quedé sentada en la tumba del Sombrerero por horas. No podía resignarme a lo sucedido. Nunca había llorado así antes.

Cuando pude volver a la realidad y dejar de llorar, tuve la necesidad desesperada de salir de allí. No podía aguantar quedarme allí. Todo me recordaba a él, pero si él no estaba allí, yo no tenía otra verdadera razón para quedarme en Infratierra. Mirana me comprendió y me dio un líquido que me haría volver a mi hogar. Era un líquido viscoso y violáceo. Sangre de Jabberwocky, para ser exactos. Lo bebí e Infratierra se desvaneció frente a mis ojos, para pasar a ser el oscuro fondo de una madriguera de no más de un metro de altura.

Volví al mundo de arriba. Al mundo en dónde nací. Me negué rotundamente a casarme con Hamish Ascott, pero acepté trabajar con su padre para continuar el trabajo de negocios que mi padre había comenzado cuando era niña. Lo que había pasado en Infratierra me dejó el corazón destruido así que me encerré en mí misma y sólo me concentré en el trabajo que había que hacer.

Hubo noches eternas de insomnio, era difícil conciliar el sueño si pensaba en la noche en que Tarrant me besó o en el momento en el que él murió. Lloraba mucho por las noches, pero al menos si lograba dormir, soñaba con él y charlábamos. Pero no podía decirme a mí misma que yo estaba bien. ¿Cómo podría estarlo?

Y esa, mi querido lector, es la historia del Sombrerero. Es una historia triste, lo sé. El hombre perdió a su familia en la destrucción de Witsend. Se enamoró de una joven que lo creía imaginario e incluso murió tratando de salvarla. Yo, Alicia Kingsleigh, he tomado parte en esa historia. Sin embargo, querido lector de este diario, eso no significa que esta historia haya terminado realmente.

Continuará...

Si te interesa leer más sobre Alice in Wonderland, entra a mis historias "La igualdad entre el cuervo y el escritorio", "Sueños" o "Her Name is Alice"

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Cereza Queenie