Dustin Henderson y su Amor Secreto

Espero que está historia les esté gustando, por favor quisiera saber que opinan.

Nos leemos abajo…


CAPITULO 4

Por más que lo intentaron, Dustin y Elle no pudieron, a lo largo del fin de semana, idear estrategias razonables para hacer que Sylvia se enamorara de él. Todas sus ideas resultaron poco prácticas, poco éticas y simplemente tontas.

-¿Qué tal si me haces volar? Dustin le dijo a Eleven mientras estaban sentados en el sótano de Mike el domingo por la tarde, junto con el resto del grupo (quienes estaban tratando de hacer la tarea).

-¿Cómo se supone que eso hará que ella te guste? Lucas se burló. –Las chicas no se van por ahí diciendo, "Oh, mira, ese tipo puede volar, quiero salir con él ahora".

-¡Funcionó para Superman! se opuso Dustin. -¿No crees que si comenzara a volar por el patio de recreo, estaría impresionada?

-Ni siquiera lo pienses, advirtió Mike. –No podemos arriesgarnos a que alguien descubra los poderes de Elle. –El jefe nos mataría.

-Uf, bien, dijo Dustin. –Fue solo una idea.

Se sentó y pensó, garabateando en su libro de texto de historia. Diez minutos después, se levantó, emocionado.

-Bien, y si ustedes tres, señaló a Will, Mike y Lucas. –Se visten como ninjas, y luego me atacan en la cafetería…

-Um, ¡No! se opuso Lucas. –Absolutamente no.

Will estuvo de acuerdo. –Nadie dijo nada sobre disfrazarnos.

-Sí, solo porque Elle te esté ayudando no significa que nosotros vayamos a hacerlo, le recordó Mike.

Dustin se rió entre dientes. –En realidad, Wheeler, tener a Elle de mi lado significa que absolutamente me vas a ayudar, no puedes decirle que no a ella y lo sabes.

Mike se sonrojó y pateó a Dustin debajo de la mesa.

Elle habló después de pensar por un tiempo. –Deberías besarla.

Los muchachos la miraron y Dustin casi escupió su Pepsi. –Estás bromeando.

Elle negó con la cabeza, luciendo perfectamente seria.

Dustin estaba teniendo problemas para formar oraciones completas. –No puedes, no puedo, quiero decir…

Will le dio una palmada a Dustin en la espalda. –Cálmate amigo.

-¿Cómo sería posible que eso funcione? Dustin le preguntó a Elle, todavía asustado por la idea. -¡No puedes simplemente acercarte y besar a una chica de la nada sin previo aviso!

Mike estaba mirando fijamente a Elle. –No lo digas, no lo digas, no lo digas…

-¡Sí, puedes! ¡Mike hizo eso conmigo! Dijo Elle inocentemente, sonriendo.

-Mierda.

Lucas casi se cae de la silla, se estaba riendo fuertemente. -¿Oh enserio? Dustin preguntó, actuando de manera casual y tratando de mantener una cara seria. -¿Puedes decirnos más sobre eso?

Elle asintió felizmente. –Bueno, estábamos en la escuela esperando a Nancy y Jonathan y tú fuiste a buscar pudín y…

-Oh, ellos no quieren escuchar esa historia, Elle, dijo Mike, apresurándose para interrumpirla.

-¡Sí! Will dijo.

-Sí, tal vez sea… dijo Lucas, hablando contra una risita. –Tal vez nos ayude a pensar en una idea para Dustin.

Mike los miró. –Es una situación muy diferente. Luego se suavizó y sonrió a Elle, no queriendo que ella se sintiera desanimada. –Pero es una buena idea, Elle. –Simplemente no creo que Dustin y Silvia se conozcan lo suficiente todavía.

Dustin suspiro. –No es como si tuviera las agallas para besarla, de todos modos…, parecía triste.

Mira, Dustin, dijo Lucas. –Mi padre siempre dice que la primera regla de la estrategia es que necesitas ser muy inteligente. Antes de que hagas algo drástico, Elle necesita saber que piensa Sylvia de ti. Luego puedes ir desde allí. Sintiéndose satisfecho con su declaración, abrió su libro de texto de historia. –Ahora, odio decirlo, pero creo que tenemos que estudiar para esta prueba antes de que nos suspendan de la escuela secundaria.

Dustin puso los ojos en blanco, pero sabía que su amigo tenía razón. –Bien, dijo.

Lucas, Will y Dustin se turnaron para interrogarse el uno con el otro mientras Mike trabajaba en solución de problemas para la clase de matemática. Después de escuchar lo que los chicos dijeron, Elle habló.

-Mike, ¿puedo leer tu… tu… suspiró… in-cy-glo…. en-cíclope…? se sonrojó, tropezando con la palabra difícil.

-¿Enciclopedia? Mike preguntó.

Elle asintió. -¿Puedo?

-Claro, Elle, dijo Mike, sonriendo. –Vamos, está en mi habitación. Subieron de puntillas escaleras arriba, con cuidado de no despertar a Ted Wheeler que estaba durmiendo en el Lazy Boy en la sala de estar.

La habitación de Mike estaba desordenada y atestada de libros, por lo que le llevó unos minutos encontrar la Enciclopedia para niños con la que Elle había estado trabajando durante las últimas semanas. Mike la buscaba mientras Elle se sentaba en su cama y se envolvía en su edredón.

-¡Aquí está! Dijo, sacando el pesado volumen de debajo de una pila de libros escolares. Se lo presentó a ella dramáticamente y Elle lo tomó con una sonrisa. Lo abrió ansiosamente, recordando exactamente donde se había quedado.

Mike se quedó allí incómodo, mirándola pasar las páginas. –Um, ¿Elle? ¿Vas a volver a bajar?

-No. Dijo, sonriendo hacia el libro y agarrando la manta más cercana.

-Oh, dijo Mike, luciendo decepcionado. –Está bien, bueno, disfrutala… dijo, caminando lentamente hacia la puerta.

Para su sorpresa, cuando fue a girar el picaporte, estaba atascado. -¡Pero qué! Dijo, girándolo hacia adelante y hacia atrás e intentando abrir la puerta.

Detrás de él, Elle se reía.

Mike se dio la vuelta y vio su expresión. Puso los ojos en blanco, tratando de parecer molesto, pero no puedo evitar la sonrisa en su rostro. –Nos encerraste de nuevo.

Elle asintió con la cabeza, sonriendo.

Con una sonrisa, Mike volvió a su lado y tiró de su capullo de manta hasta que ella le hizo sitio en la cama. –Está bien, pero tenemos que volver abajo antes de que aparezca tu mamá en una hora.

Ella asintió y se desenvolvió lo suficiente para poder acurrucarse junto a Mike. Elle le entregó el libro. ¿Puedes leerme? Preguntó ella con voz baja.

Mike sonrió contra su frente y encontró la página que ella había mordisqueado.

-El reino de Dinamarca es el más meridional de los países que forman la región conocida como Escandinavia, leyó Mike. –Escandinavia también incluye a Suecia y Noruega. Aunque es pequeña en territorio y población, Dinamarca ha desempeñado un papel notable en la historia europea.

Elle escuchaba, cautivada por cada detalle, sin importar cuan mundano. A pesar de que todavía amaba los cuentos de hadas, se encontraba atraída aún más por la información sobre el mundo real, que era mucho más grande, más extraño y más hermoso de lo que jamás podría haber imaginado.

-Aquí estamos en Indiana, dijo Mike señalando. Dibujo una línea con su dedo. –Dinamarca está en Europa, al otro lado del océano y hacia el norte.

Elle frunció. –Parece muy lejos.

Mike asintió. –Incluso si viajáramos en un avión, llevaría casi un día llegar allí. Volvió a una de las páginas anteriores, mostrándole la entrada de un avión.

Elle suspiró. –Quiero ir allí…

Mike le apretó la mano. –Nos iremos algún día. Aunque realmente creo que deberíamos ir primero a otros lugares como Egipto, Pompeya, Londres o la ciudad de Nueva York.

-Está bien, dijo ella. –Y luego a Dinamarca.

Mike rió. –Entonces, Dinamarca, estuvo de acuerdo.

Pausaron la página para la siguiente entrada: Dickinson, Emily.

-Una escritora de Nueva Inglaterra cuyo trabajo fue desconocido en su vida, Emily Dickinson es considerada hoy en día como una de las mejores poetas estadounidenses… Mike leyó en voz alta.

-¿Mike? ¿Qué es un poeta? Pregunto Elle.

-Un poeta es alguien que escribe poemas, explicó Mike. Se dio cuenta de que todavía podría estar confundida, por lo que continuo. –Los poemas son como historias, pero son más cortos y a veces riman. Mike le mostró el poema impreso en la página. –Este es un famoso poema que ella escribió.

¡No soy nadie! ¿Quién eres tú?

¿Tú tampoco eres nadie?

Ya somos dos entonces, ¡no lo digas!

Nos desterrarían, ¿sabes?

¡Qué triste ser alguien!

Qué público, como una rana

Decir tu nombre el día de la vida

¡Para admirar un pantano!

Elle no dijo nada, parecía pensativa. Mike pensó que estaba trabajando en la comprensión del poema, pero cuando finalmente habló, fue con un comentario totalmente inesperado.

-Creo… que escuché que eres un poeta, dijo, sonriendo tímidamente.

Mike la miró confundido. -¿De qué estás hablando?

-Tú escribiste un poema. Entones, eres un poeta, dijo. –Sylvia me lo dijo.

¿Sylvia te contó… sobre mi poema? Repitió, un rubor extendiéndose por su cuello. –Um ¿Cuál?

¿Sobre…Once? Ella lo miró, mordiéndose el labio. –Pensé… que tal vez… ¿Qué era para mí?

Mike sonrió tristemente y se pasó la mano por el pelo. –Bueno, sí, así fue, admitió.

-¿Puedo leerlo? Preguntó ansiosa-mente.

Mike se resistió, las palmas de sus manos estaban sudando. –No estoy seguro… la única manera en que se había convencido a sí mismo de poner el poema en papel fue al jurar nunca permitir que Elle, o cualquier persona que la conociera, alguna vez lo viera. Hubiera sido demasiado vergonzoso de lo contrario.

Elle captó su mirada. -¿Por favor? Preguntó, con una voz pequeña y esperanzada, con lo ojos muy abiertos y la boca frunciendo levemente.

-Maldición. Ella era buena en esto. Las palabras de Dustin resonaron en su cabeza: "No puedes decirle que no a ella y lo sabes".

Patético, pero cierto.

-Bien, suspiró. –Pero tienes que prometer que no te vas a reír y que no se lo vas a decir a nadie, ¿está bien Elle?

Elle asintió con fuerza. –Lo prometo.

Mike se dirigió a su escritorio y sacó su libreta de escritura creativa. Arrancó la página con el poema y después de comprobar que no había garabatos embarazosos en la página, se la entregó.

-Aquí, murmuró, con los nervios haciéndolo inusualmente brusco. Se sentó en la cama e inmediatamente comenzó a juguetear con los cordones de sus zapatos, aparentemente incapaz de mirar a Elle mientras elle leía el poema.

Su letra era pequeña y tuvo que acercar el papel para leerlo. Podía ver donde su mano había manchado la tinta y habían varias líneas que habían sido tachadas, o palabras que habían sido añadidas. Elle articuló las palabras en voz alta mientras leía, interpretando las letras inclinadas y atestadas.

Poema para Once/Eleven

Déjame llevarte de la mano, la fría lluvia de la noche

Cae fuerte y rápido y no tienes protección de él.

El agua…

-¡Eleven! Will gritó por las escaleras. -¡Mamá está aquí!

Ella levantó la vista, sorprendida. –Me tengo que ir, le dijo a Mike, frunciendo el ceño.

No estaba seguro de si estaba aliviado o decepcionado, pero cuando él quiso tomar el poema devuelta, ella se apartó de su alcance. Elle soltó una risita, no dispuesta a renunciar a su premio.

-Elle, ¿puedo tener el poema de vuelta, por favor? Preguntó un poco aterrorizado.

-No, es mío, le dijo con un sonrisa. –Voy a leerlo. Doblo el papel en un cuadrado y se lo metió en el bolsillo de la camisa, luego abrió la puerta y bajó corriendo las escaleras antes de Mike pudiera detenerla.

Entre ayudar a Joyce a poner la cena en la mesa y pasar por una rápida lección de vocabulario después de cenar, Elle no tuvo oportunidad de leer el poema de Mike hasta que Joyce la metió en la cama. Esperó hasta que la casa estuvo en silencio, se escondió bajo las sabanas, encendió la linterna y leyó.

Déjame llevarte de la mano, la fría lluvia de la noche

Cae fuerte y rápido y no tienes protección de él.

El agua brillando en tus cejas y goteando de tu cabello

Te hace parecer tan pequeña y asustada, como el único superviviente

De algún terrible naufragio, pero de nuevo, realmente podía creer

Que naciste de esta tormenta, hecha de relámpagos

Y de la oscuridad, poderosa como nadie lo sabrá jamás.

Pero de cualquier manera, no importa, porque estás aquí ahora,

Segura en tierra firme en la sudadera de mi padre, los calcetines de mi hermana,

Descansando en mi hombro y esperando el amanecer.

Dime tu nombre (será nuestro secreto), quédate durante once siglos.

-Hermoso, le susurró a Mike en su mente, y a un kilómetro y medio más adelante, en Maple Street, Mike se sentó en la cama con el corazón latiéndole en el pecho, sonriendo ampliamente, atolondrado de orgullo.

Elle se durmió con el papel en la mano y por la mañana encontró rayas de tinta en su barbilla y no le importó ni un ápice.

Unos días más tarde, Dustin, Lucas, Will y Mike estaban sentados en su mesa habitual en la cafetería de la escuela, discutiendo sobre la logística del viaje en el tiempo, cuando se acercaron Sylvia, Melissa y Kate.

-Hola, Will, dijo Sylvia, saludando. Dustin frunció el ceño.

-Oh, eh, hola, dijo Will torpemente. Él no estaba acostumbrado a ser recibido por chicas populares al azar.

-Elle vive contigo, ¿verdad? Preguntó Sylvia.

-Um, sí, dijo Will, sin saber a dónde iba todo esto.

-Genial, bueno, solo quería invitarla a una fiesta de pijamas en mi casa, el viernes en la noche.

Mike sonrió. -¡Se lo diremos! Intervino Mike.

Melissa lo miró fijamente. -¿Eres Mike? Ella preguntó, de repente. Él asintió, confundido. Kate y Melissa se miraron y comenzaron a reírse.

-Escuchamos todo sobre ti, comentó Kate, sonriendo. Mike se puso rojo como un tomate.

Sylvia puso los ojos en blanco y se volvió hacia Will. –Aquí está mi dirección, dijo, entregándole un pedazo de papel. –Y mi número de teléfono. Puede llamarme después de la escuela para saber si puede o no venir. Ah y dile que traiga un saco de dormir, y cualquier refrigerio o video que ella quiera, ¿está bien? Will asintió y se guardó el trozo de papel en el bolsillo.

Tan pronto como las chicas doblaron la esquina, Dustin buscó en el saco de Will, agarró el trozo de papel y lo alisó sobre la superficie de la mesa del comedor. –Espera, tengo que escribir esto, dijo buscando en su mochila un bolígrafo.

Will tomó el papel de vuelta. –Ella no te dio esto, es para Elle.

-¡Pero es su número de teléfono! ¿Y si lo necesito?, se quejó Dustin.

Lucas rodó los ojos. –No es como si realmente lo usaras para hablar con ella, señaló. –Lo vas a mirar fijamente por un momento, luego la llamaras un par de veces para luego colgar si ella responde, luego volver a mirar el número de teléfono un poco más.

Will asintió. –Exactamente.

Dustin abrió la boca para discutir, luego la cerró nuevamente, sabiendo que tenía razón.

Mike todavía estaba mirando al espacio. -¿Oigan chicos? ¿Qué creen que quisieron decir? ¿Hemos oído todo sobre ti?

Lucas se rió entre dientes y le dio unas palmaditas en la espalda a su amigo. –Significa que estás jodido.

-Sí, Mike, bromeó Dustin. –Parece ser que a tu novia le gusta besarse y contar cosas.

-Ella no es mi novia, dijo Mike, lo que provocó que los otros chicos rodaran los ojos y gimieran. –Vamos chicos, ¿no creen que somos un poco jóvenes? Preguntó, a la defensiva.

-Teniendo en cuenta el hecho de que luchamos contra un monstruo interdimensional y asesinos del gobierno el año pasado… Dustin dijo, sarcásticamente. –Creo que diré, no.

-Razón de más…, murmuró Mike, frunciendo el ceño.

-¿Qué fue eso? Preguntó Lucas. Mike se removió y suspiró, obviamente incómodo con tener esta conversación.

-Es solo que… no creo que Elle esté lista, ¿de acuerdo? Dijo, su voz tan baja como para ser casi inaudible, sus manos ocupadas girando una tapa de botella sobre la mesa del almuerzo.

-¿Le has preguntado si está lista? Will dijo.

Mike negó con la cabeza.

-Si no se lo preguntas, nunca lo sabrás, dijo Dustin con aire de suficiencia.

-¿Oh enserio? Mike le respondió. –Hagamos que Sylvia regrese de nuevo aquí para que le puedas preguntar algunas cosas.

Los ojos de Dustin se abrieron de par en par y pateó a Mike debajo de la mesa. -¡Eso es diferente! Susurró enojado, mirando alrededor para ver si alguien había oído.

-Realmente no lo es, insistió Mike, pateándolo de vuelta.

Lucas y Will simplemente se rieron y pusieron los ojos en blanco y comieron su almuerzo, preguntándose como dos de sus amigos habían perdido la cabeza en el lapso de un año y juraron que nunca dejarían que les sucediera a ellos.

Nos leeremos en el próximo…


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