Destino (Capt 1

Destino (Capt 1. Parte 2)

Temprano, los hermanos Elric estaban camino a la florería de Gracia.

Al llegar, ella estaba acomodando unos arreglos florales y cuando los vio entrar a la tienda los saludó alegremente.

- Bueno días, ¿Listos para trabajar?

- Buenos días Gracia.- dijo Ed con una sonrisa.

- Sí, estamos listos.- agregó Al.

- La señora Carlota me pidió unos setos para esta tarde, le gustaría que los dejáramos a la entrada, ya que tiene visitas y no desea ser interrumpida. Por favor, encárguense de que así sea.- les pidió la florista.

Ed y Al asintieron de inmediato.

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- Ya recorrimos toda la cuadra y seguimos sin encontrar la casa.- decía Al sosteniendo una hoja de papel que tenía la dirección escrita.

- Seguramente está mal escrita la ubicación, regresemos.- dijo Ed dándose media vuelta y olvidándose del encargo.

- La señorita Gracia ha sido muy atenta con nosotros… ¿No crees que deberíamos agradecerle?- sensibilizó el castaño. Ed se detuvo por un instante y volteó a verlo.

- Tienes razón… encontremos esa casa.- sonrió.

Después de un rato finalmente hallaron la vivienda.

- Es ésta.- señaló Alphonse asegurándose con la hoja de papel.

- ¿Estás seguro?- dijo Ed sin perder de vista la enorme y elegante casa que tenía por delante. Ambos, la miraban desde la acera.

- Sí, va de acuerdo a la descripción.

Se acercaron a la residencia, tenía grandes rejas negras y en el jardín de la entrada dos niños peleaban. Edward y Alphonse los observaron detrás de la verja.

- ¡Devuélvemelo, es mío!- gritaba el más grande de los niños, jalando de las manos del otro un carrito de juguete.

- ¡Sólo quiero jugar un rato con él!- le respondía el más pequeño. Los dos forcejeaban el cacharro.

- Deberías pedirlo prestado.- dijo Al refiriéndose al más pequeño. El niño se detuvo y miró a Al, quien estaba a espaldas suyas. Había cruzado la reja junto con Edward.

- Deberías prestárselo.- aconsejó Ed refiriéndose al niño mayor, éste asimismo dejó de pelear y notó que aquel estaba junto a Al.

Los niños, curiosos, echaron un vistazo de pies a cabeza a los dos intrusos.

- ¿U-ustedes son hermanos, señor?- preguntó el niño mayor. Ed asintió al mirar a Al y sonreírle.

- ¿Entonces llegaremos a ser cómo ustedes?- preguntó inocente el niño pequeño.

- Bueno, no precisamente… jeje- respondió Alphonse riendo nerviosamente.

- ¡Claro que no llegaremos a ser como ellos! ¡Nosotros sí creceremos!- le gritó el niño mayor a su hermanito al reseñarse con Ed.

- … ¡¡ ¿QU… FUE LO QUE DIJISTE ?!- vociferó el rubio con todas su fuerzas tomando lo antes dicho como una insulto.

- Hermano, tranquilízate, son sólo niños pequeños.- añadió Al agitando las manos; en eso, llegó el mayordomo.

Ed miraba fijamente al niño mayor y viceversa, como hermanos mayores, eran demasiado orgullosos. Al se dio cuenta de que el mayordomo los observaba detenidamente.

- Lamentamos entrar de esa forma.- se disculpó para distraerlo.

Ed se incorporó y el niño adoptó de nuevo su inocente gesto.

- No se preocupe, ¿Trajeron el pedido?

- ¡Si! Aquí está.- entregó en manos del mayordomo los setos.

- Gracias, con permiso.

El mayordomo se retiró y de paso les hizo una seña a los niños para que lo siguieran.

Ed y Al sólo miraron a los niños alcanzarlo. El hermano mayor, teniendo el carrito de juguete en manos, volteó a ver al par de extraños que permanecían juntos de pie mirándolos retirarse. Se quedó pensativo sin perder el paso, espontáneamente le entregó cordialmente el carrito de juguete a su hermano menor.

La escena conmovió a Edward y Alphonse, les trajo gratos recuerdos de su niñez. Sonrieron al principio y después entristecieron, debido a que al pensarlo, quien siempre estaba ahí para corregirlos era Winry.

xXx

A mediodía, los hermanos Elric se despidieron de Gracia después de haber cumplido con su jornada de trabajo.

- ¡Que tengan suerte con lo que buscan!- les gritó Gracia asomada por la florería al verlos marcharse.

- ¡Gracias!- gritaron.

Ambos estaban al tanto de que realmente necesitaban suerte para encontrar lo que buscaban.

Se dirigían a la dichosa conferencia, cuando preguntaron por aquella sintieron que nada más podía ser tan fácil.

Ahí estaban los dos, dirigiéndose a conocer en cara a uno de sus enemigos, o peor aún, al principal de todos. La persona que buscaban no era precisamente su enemigo, pues ésta no tenía nada que ver con el hecho de que ellos estuviesen en nuestro mundo, pero no iban a permitir que destruyera o afectara el lugar que ahora habitaban, realmente no sabían qué esperar del encuentro. Creían con certeza que de saber esta persona de alquimia seguramente se encontraría vinculada con el hombre que buscaban.

Llegaron a un edificio grande. Ya en su interior, caminaron hacia una de las salas principales, tal y como se los habían indicado.

El lugar estaba repleto de personas. Tanto hombres como mujeres, todos sostenían un libro verde y murmullaban entre sí. Intentaron no distraerse y empezaron a buscar entre la multitud algún indicio sobre la presencia de la autora. Mientras buscaban, uno de los individuos presentes les reconoció. Era el oficial Huges que de inmediato se acercó a ellos.

- ¡Ed, Al! ¿Qué hacen aquí?- preguntó con gusto el oficial.

- Jem…lo mismo le preguntamos.- dijo Ed inclinándose hacia atrás y ocultando su propósito con una sonrisa.

Huges se sorprendió y luego actuó de forma apenada.

- Ejem, bueno, pues cof, cof...- tosió, comenzó a enderezarse y murmuró. -Soy fan de Lily Rosenberg...

Ed y Al casi caen de espaldas al escucharlo.

- Entonces… usted...- dijo Al desconcertado creyendo que el oficial retiraría lo dicho, pero sólo provocó que lo afirmara más.

- Así es, y si no les importa… ¡ME DECLARO FAN NÚMERO UNO DE ELLA! ¡Tan sólo miren sus obras, son tan profundas! ¡Además, espero pedirle consejos para conquistar a Gracia! ¡Aaaah... es toda una dama y debe saber de estas cosas!- exclamó eufórico.

Avergonzados, los dos hermanos observaron todas las muecas y ademanes que hacía Huges en muestra de halago hacia la autora, recodándoles demasiado al otro Huges cuando hablaba de Elysia.

De pronto, la multitud empezó a apartarse. Todos los presentes se retiraron con asombro. Entre la gente, una joven hermosa de rubios cabellos sobresalía. Ed y Al en seguida la reconocieron.

- ¡Es ella! ¡Es Lily Rosenberg!- gritó Huges al mirar a la chica.

Atónitos, no la perdieron de vista.

- Winry…- pronunció Ed sin aliento. La joven era idéntica a Winry, su amiga de infancia…

Era su doble, solamente que ésta traía los mechones del cabello más cortos y el resto de la cabellera ligeramente recogida en media cola por un listón. Usaba falda larga, botas, una camisera y guantes de piel; a pesar de su vestimenta no perdía el porte de dama como había mencionado Huges.

Sus admiradores se acercaron a saludarla y se mostró gentil, Ed no le apartaba la mirada percibiendo algo de Winry en ella, pero sus recuerdos sólo jugaban con él, lo mismo que le había sucedido cuando conoció a Alphonse Heiderich y notó el gran parecido que tenía con Al; sabía perfectamente que eran diferentes y que las apariencias engañaban.

- ¿Me permite su autógrafo?- preguntó Huges. De repente había aparecido emocionado frente a la autora con un lápiz y papel en las manos.

- Claro…- respondió discretamente asustada tomando el lápiz y el papel.

- Quería preguntarle, ya que usted tiene facilidad para comprender a la gente… ¡¿Cómo puedo llegar a conquistar a una mujer?!- le preguntó mientras ella escribía.

- Bueno, yo…- dijo sorprendida pero manteniendo seriedad.

En el momento, Al y Ed se acercaron a la joven.

- Me parece muy buena su obra, tiene facilidad al expresarse.- le habló Edward con fluidez, dirigiéndosele y sin rastro de considerarla una enemiga.

Huges se apartó y Lily le sonrió al muchacho, entonces éste aprovechó.

- Soy Edward Elric…- alargó la mano y la estrechó con la escritora.- Él es mi hermano, Alphonse.- completó al ver a Al.

Lily repitió el mismo gesto con él.

- Mucho gusto.- saludó Al.

Ed prosiguió al tiempo que Lily posó de nuevo la vista en él.

- Ambos consideramos su obra como claros ejemplos de lo que sucede en la actualidad, especialmente de las injusticias… pero, en lo personal, si me lo permite.- dijo estratégico.- considero que usted sería la injusta al juzgar a todos aquellos que no consiguen lo que merecen, ya que como veo, usted debió dar algo de gran valor para estar en el nivel donde se encuentra.- comentó al mirar a su alrededor y notar tanta elegancia.- Mi pregunta es, de todo esto… ¿Qué es lo que realmente espera usted a cambio?

Miraba fijamente a la chica; trataba de intimidarla para poder obtener algo más allá de lo que buscaba. Todos los presentes observaron a la autora, pero ella no se dejó intimidar fácilmente conservando seguridad al hablar.

- Admito que sí espero algo a cambio, pero lo obtenido no será para mí… tal vez no haya dado algo de gran valor, pero créame que he sacrificado mucho para llegar hasta donde estoy, no me fue entregado sin dar algo a cambio, como usted cree...

- Me gustaría que habláramos de ello.

Al sólo miró a Ed hablando con firmeza.

- A mí también me gustaría.- conservó Lily la mirada seria.

Invitándola de la forma que suele hacer Ed, le dijo:

- Entonces la espero esta noche en el café frente al parque principal.

- Así será.

Sonrió Ed con solidez y Lily contestó con el mismo gesto, luego empezó a retirarse dejando aturdido al oficial Huges por su altanería. Alphonse lo siguió inmediatamente.

- ¿No crees que fuiste demasiado duro?- le preguntó preocupado sin derrochar el paso.

- Lo suficiente para que asista.

Estaba al tanto de que Lily era diferente a Winry, y que Alphonse Heiderich también lo era de Al, pero no totalmente: había retado a Lily porque la Winry que conocía no se resistiría a tal desafío.