Nota: No me linchen si las explicaciones de alquimia son incorrectas, hice lo mejor que pude.
Nota 2: Cuando aparezca entre comillas y cursiva, significa que Edward está narrando.
Recuerdos (Capt 3)
Llovía a cántaros en la ciudad de Munich, la gente corría para resguardase y algunas personas abrían sombrillas para cubrirse.
Entre el gentío se perdía una chica a quien no se le veía el rostro.
Sostenía una sombrilla y un sombrero elegante le cubría hasta los ojos. Estaba parada entre la multitud, todos pasaban a su alrededor. Levemente alzó la cabeza al ver que un grupo de enfermeras salían apresuradas de un hospital cubriéndose de la lluvia con periódicos. En la acera una camioneta las esperaba para partir. Todas se adelantaron a subir; sólo una quedó atrás, un muchacho se le había acercado con un ramo de flores, aparentemente se despedía de ella.
Al percibir esto, la chica que los miraba no pudo evitar dejar correr una lágrima por su mejilla, lágrima que fácilmente se confundió con una gota de lluvia.
Llena de dolor arrancó a correr. Su vestido se deslizó entre la gente y sus lágrimas se desvanecieron en el diluvio. Corrió sin parar. A su cabeza venían recuerdos de Alphonse Heiderich; de su sonrisa, de sus ojos, de su rostro y de memorias que parecieron compartir. Pasó por un callejón en donde no había nadie, al juzgar no se detendría, hasta que chocó con un joven; se derrumbó en su pecho y éste de inmediato la sostuvo.
- ¿Está bien?- le preguntó preocupado.
En el momento en que ella alzó el rostro, su sombrero se deslizó por sus rojizos cabellos dejando a la vista su hermoso perfil. Cuando vio al joven que la sostenía, sus ojos verdes se llenaron de lágrimas.
- Alphonse….- murmuró, y en ese preciso instante cayó totalmente rendida en brazos de él.
Alphonse Elric logró retenerla antes de que cayera al suelo. Yacía inconsciente en sus brazos en lo que él la miraba extrañado.
xXx
- Hermano, ¿seguro que está bien?- preguntó Al preocupado al ver a Ed salir de la habitación.
- Si lo está, no te preocupes, suele recuperarse con facilidad.- le contestó con una sonrisa, como si conociera a la jovencita.
Al estaba confuso desde un principio. Cuando llevó a la desmayada al departamento, y su hermano la vio, en seguida la recibió sin chistar. Ya después, Edward le explicó que era amiga del difunto Alphonse Heiderich.
Rato más tarde, Alphonse le preguntaba a su hermano cómo le había ido con la visita con Lily, cuando de pronto la chica pelirroja salió de la habitación. Se acomodó su cabello y se acercó a ellos.
- Ella es Estefanía.- la presentó Ed con su hermano menor.
Alphonse no dijo nada. Sólo miraba lo hermosa que era.
- Me da mucho gusto conocerte Alphonse, Edward me ha hablado mucho de ti.- le dijo gustosa.
- ¿E-ella sabe de...?- preguntó estupefacto al tiempo que miraba a su hermano y él le respondía asintiendo.
- Lamento haberte confundido…- agregó apenada la chica y bajando la cabeza. - Pero al verte debo admitir que he recuperado las esperanzas de seguir adelante.- sonrió al presenciar que Edward ya había recuperado a su hermano.
Ellos acompañaron a Estefanía al cementerio donde yacía enterrado el cuerpo de Alphonse Heiderich. Se acercaron a su tumba, ella iba por delante y al ver la lápida se desplomó en llanto. Apretó con sus manos los pétalos secos que habían quedado de la ceremonia en su honor. Ed y Al se aproximaron a donde estaba.
- ¡¿Por qué no me dijiste antes?!- reclamó Estefanía entre lágrimas, hablándole a Ed.
- No quería hacerte dudar de tu fe.- contestó natural.
- ¡¿Y qué que te hace pensar que no lo hago ahora?!- preguntó al ponerse de pie.
Nadie se atrevió a contestarle.
Habiendo oscurecido estaban retirándose del cementerio. Alphonse se dio cuenta de que solamente se estaban retirando él y su hermano. Miró hacia atrás y observó a la afligida chica aún de pie frente en la tumba de Heiderich con una mano en el pecho; justo donde estaba su corazón. Ed también se detuvo para ver a Estefanía.
- Ha pasado mucho en estos dos años…- suspiró.- verás, hace mucho…- comenzó narrando.
xXx
Ese día muchos pacientes paseaban por el hospital. Las enfermeras se movían de un lado a otro con jeringas y medicamentos. Era un día normal, gracias a Dios ningún paciente de gravedad. Pero de todas las enfermeras había una que llamaba la atención. Cubierta de pies a cabeza con vendajes y con tan solo sus ojos verdes a la vista, acomodaba medicinas.
- ¿Ya viste al nuevo paciente?- se le acercó otra enfermera preguntándole en tono picaresco.
- No.- respondió la ojiverde.
- Es muy apuesto.- dijo entre risas otra que pasaba.
- Saben que no le tomo importancia a eso.- comentó sin prejuicios.
- Tienes suerte de que sea tu turno.- le guiñó un ojo la enfermera picaresca.
La de vendajes se acercó a un cubículo que estaba cerrado por cortinas, al tirar de ellas seguidamente vio a un joven rubio de ojos celestes sentado en la camilla.
- ¿Qué es exactamente lo que tiene?- le preguntó ella mientras leía su cartilla de registro.
- Sólo es una herida en el brazo izq.…- trató de explicar el joven sin siquiera terminar pues la chica lo había tomado inesperadamente del brazo.
- Parece profunda.- indicó. - ¿Qué tan oxidada estaba la herramienta, señor Heiderich?-preguntó con mucha franqueza.
- Pues…no mucho.- respondió un poco confuso.
- Es lo que todos dicen...- sacó una gran jeringa de un cajón de medicinas.
Alphonse H. miró con terror la jeringa que la enfermera sostenía.
- No creo que sea necesario.- dijo tras tragar un poco de saliva.
- Hmm…Talvez no.- dijo la chica un poco juguetona. -¡Lo tengo!- exclamó en lo que Alphonse H. la miró turbado. - Conozco un método menos doloroso. Pero, debe quedar aquí entre nosotros, ya que es una método secreto aquí en el hospital.- disminuyó el volumen de su voz.- Acérquese….- le murmuró acercando su boca a su oído. Entre las vendas que con dificultad le permitían hablar, susurró.- El método es…- velozmente se apartó de él.- ¡Listo!- pasó un algodón en el piquete, que sin que él se diera cuenta, le había dado en el brazo.
Alphonse no dijo nada, solo se quedó mirándola. Al verla bien figuró en ella a una momia con ropa de enfermera. Ni un centímetro de piel se le podía ver.
- Puede pasar a enfermería y decir que ya le aplicaron la antitetánica.- le dijo la chica recuperando seriedad al hablar.
Diciendo esto abrió de nuevo las cortinas. Justo al momento de hacerlo percibió por la ventana una nube de gas. Apenas la vio tuvo un vago presentimiento y sin dudar se arrojó sobre Alphonse. Un gran estallido se escuchó por todo el hospital. Se colocó por encima de él de tal forma que quedó como escudo, protegiéndolo de las llamas. Todo el fuego pasó por encima de ella. Su uniforme de enfermera, por la espalda, había quedado totalmente negro después de la explosión.
Cuando cesó el ruido, permaneció sobre Alphonse cerrando los ojos. Él no reaccionaba por el susto que se había llevado, pero al notar a la chica todavía protegiéndolo volvió en sí. Ésta se le quitó de encima y preocupada miró a su alrededor. Alphonse no entendía cómo es que permanecía herida y de pie, pero eso no fue motivo suficiente para que ella buscara algún otro herido para poder auxiliarlo.
Se arrostró hacia las camas que quedaban destruidas cerca de la ventana y entre las sábanas cogió a un niño que estaba muy mal herido. Lo llevó, manteniendo al niño en brazos, a donde estaba Alphonse sentado e ileso.
Las llamas seguían creciendo cada vez más pero los bomberos llegaron a tiempo.
Calmando el fuego, Alphonse observó estupefacto a la enfermera que lo había protegido, ella mecía en brazos al pequeño que había salvado y le susurraba palabras tiernas para que reaccionara.
La miraba con atención cuando se dio cuenta de que una venda del brazo de la joven se había desenvuelto, dejando a la vista su horrorosa piel que desde antes de conocerla había estado quemada y oculta durante largos y dolorosos años.
El incidente se dio por terminado.
La chica y otras enfermeras tenían la orden de ser trasladadas a otro hospital al tanto que arreglaban la fuga de gas y los daños que habían ocurrido el día anterior en la clínica. Se estaban marchando en grupo de las instalaciones cuando un joven corrió tras una de ellas.
- ¡Espera!- gritó al tomarla de la mano por la espalda.
Ella sintió un calor que le recorrió por todo el cuerpo y cuando se dio la vuelta vio al mismo rubio que había protegido en el hospital.
- Al menos me dirás tu nombre… ¿Verdad?- preguntó apenado.
- Estefanía.- le dijo tiernamente.
- Te gustaría…- empezó a decir Alphonse justo en el momento en el que se sonrojaba.- Salir a…- seguía diciendo.
Estefanía bajó la cabeza antes de que él terminara.
- Lo siento…será en otra ocasión.
Alphonse comprendió.
- Entiendo.- murmuró.
- Pero mientras puedes escribirme a ésta dirección.- dijo la enfermera con tono alegre. Sacó una pluma, tomó la mano de Alphonse y escribió una dirección postal.
Estefanía lo miró con simpatía y se marchó. Alphonse un poco confundido no apartó la vista de su mano. Solo la alzó para despedirse cuando vio una camioneta repleta de enfermeras perderse en la distancia.
"…Y así fue como empezó su amistad. En un principio Estefanía no podía creer que Alphonse hubiese sido capaz de escribirle, pero con el tiempo se fueron enviando más y más cartas. Una vez Estefanía le preguntó a él qué cómo es que no se había asustado al verla por primera vez, como la mayoría lo hacía, él simplemente respondió que no se había fijado en eso, sino en sus apacibles ojos verdes…"contaba Ed.
- ¿Y qué más pasó?- preguntó curioso Al.
"Estefanía regresó a la ciudad, y como no tenía a donde llegar Alphonse le dio alojamiento, después de todo ya se conocían, pero sólo eran amigos. Ahí en Rumania, conocí a los dos. En ese tiempo ella tenía deseos de entrar a un convento de monjas ubicado afueras de la ciudad, para así ayudar a quienes la necesitasen. Alphonse no le tomó mucha importancia a la decisión de Estefanía pues toda su atención se encontraba en su nuevo proyecto; el cohete.
Por lo tanto Estefanía accedió con facilidad al convento. A menudo venía a visitarnos, yo notaba que Alphonse la extrañaba en cierta forma, pero nunca se dijeron nada al respecto.
Un día, nos avisaron que Estefanía había tenido un percance: alguien la había apuñalado.
Sin averiguar porqué, nos fuimos pronto a verla. Ella estaba muy grave. La herida era justamente en su vientre, y por las quemaduras que tenia en el cuerpo era difícil que se recuperara. Alphonse estaba demasiado preocupado. Le comenté a nuestro padre sobre lo que sucedía y extrañamente me ofreció su ayuda, ni si quiera me dejó preguntarle cómo lo haría o porqué quería ayudarme. Yo le debía demasiado a Alphonse por haberme ayudado, no me quedó de otra que aceptar su ayuda…"
Alphonse miró a su hermano, Ed debía apreciar demasiado a Heiderich como para dejar atrás su orgullo y aceptar la ayuda de Hohenheim.
- ¿De qué manera te ayudó papá?- preguntó.
- Yo…creí que…en este mundo la alquimia ya no era posible. Pero estaba equivocado…- dijo Ed con la mirada perdida.
Alphonse miró confundido a su hermano, éste continuó narrando.
"Llevé a nuestro padre en donde se hallaba Estefanía. La vio grave y me pidió que la lleváramos lejos de cualquier testigo, y eso hicimos. La llevamos inconsciente a casa. Nuestro padre observó a Estefanía y me dijo..."
- Es verdad que en este mundo la alquimia ya no es posible…pero contigo a mi lado, todo es posible.- se iluminó Hohenheim al poder compartir momentos con su hijo.
"Descubrió el vientre de Estefanía y todos los presentes, papá, Alphonse y yo observamos sus quemaduras. En un costado estaba la herida. Hohenheim me pidió que colocara mis manos sobre la lesión. Cuando lo hice, él también lo hizo..."
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Edward miró preocupado a su padre quien seguía confiado. Al principio no sucedió nada pero pronto una luz destellantemente azul cubrió toda la habitación. Reaccionó estupefacto. De pronto, bajo sus manos observó que la herida de Estefanía empezó a sanar como por arte de magia, y eso no fue todo, sino que también las quemaduras empezaron a desaparecer. La piel rojiza y encarnada de Estefanía pronto volvió a su estado original. La curación le recorrió todo el cuerpo, de pies a cabeza.
Ella recuperó el aliento y cuando vio a Alphonse y a Edward sus ojos se llenaron de lágrimas de felicidad.
Se sintió extraña y se sentó en la cama. Desenvolvió una de sus vendadas manos y notó que ya no tenía quemaduras. Tocó con desesperación su rostro aún cubierto por vendas, se detuvo por instante y sin decir nada empezó a quitarse el vendaje.
Los dos rubios la miraban impresionados. Cuando Estefanía terminó de quitarse las vendas por fin vieron su rostro. Era hermoso, igual que sus ojos. Sus mechones eran rojizos; la curación había hecho que de nuevo le naciera su brillante cabellera. Después se quitó los vendajes de los pies y se puso de pie. Se dirigió a la ventana y de nuevo sintió la brisa acariciando su piel.
- En este mundo, esto es a lo que se le conoce como un milagro.- observándola dijo Hohenheim.
- Pero…- pronunció Ed atónito.
Su padre lo miró y le sonrió.
- Esa chica ha dado mucho por ayudar a los demás. Tan sólo tómalo como mi primer y talvez el último favor que te hago…hijo.
Empezó a retirarse no sin antes arrojar al suelo una piedra roja.
- Talvez esto aclare tus dudas respecto a lo que viste, aunque te recuerdo, eso ahora es un pedazo de roca.- mencionó antes partir.
Ed caviló un rato observando la piedra en el suelo. Luego entendió el porqué del uso valido de alquimia en este mundo: la piedra que era hecha con seres humanos, al ser traída a nuestro mundo, por más pequeña que fuera, no lograba un cambio equivalente y por lo tanto aún conservaba un leve poder alquímico, que con el uso de Hohenheim y él al mismo tiempo incrementó lo suficiente para sanar a Estefanía.
Todavía con esto no lograba aclarar todas sus dudas. Si su padre tenía un fragmento de piedra roja, ¿Por qué no la utilizó para traerlos de vuelta a su mundo? pero luego de pensarlo un poco más, resultaba imposible. Aún con la fuerza de ambos no lograrían abrir la puerta. De cualquier forma su padre lo había ayudado a pesar de su indeferencia hacia él.
"Estefanía sanó totalmente y de nuevo regresó al convento, dejándonos a mí y Alphonse una incógnita sobre el accidente. Por un momento creí que Alphonse tomaría rienda y aceptaría el cariño que sentían él y ella mutuamente, pero ambos decidieron seguir con lo suyo.
Yo y Alphonse partimos hacia Alemania, no volvimos a saber Estefanía y mucho menos de nuestro padre, sino hasta aquél día…" conmemoró Ed el instante en que vio morir a su padre en las fauces de Envy.
Sacó una piedra de su bolsillo y se la mostró a su hermano.
- La guardo como un recuerdo, más que por la alquimia, por Hohenheim.- sostuvo la piedra inservible en sus manos.
- ¿Y ella? ¿Lo recordará a él por amigo, o como el amor que nunca fue?- preguntó Al mirando a la chica que todavía seguía avistando la tumba de Alphonse Heiderich.
- No lo sé Al, no lo sé…- respondió Ed sin perder de vista a la melancólica Estefanía mientras sus palabras se perdían en el viento.
