Inevitable (Capt 4)

Inevitable (Capt 4)

Estefanía pensaba quedarse un poco más con Edward y Alphonse antes de volver al convento. La verdad es que ella y Ed también había forjado una gran amistad, como la que tenían Alphonse Heiderich con ella, pero no a tal grado de sentir algo más.

Era dulce pero con el carácter solitario, raramente hablaba y no era precisamente por la ausencia de Heiderich, aunque solamente con él llegó a abrirse particularmente.

Una noche, Alphonse se quedó despierto meditando todo lo que Ed le había contado. Le agradaba saber que en esos dos años en que no estuvo a su lado su hermano haya hecho más amigos de los que esperaba. Le llegó a preocupar la idea de que estuviera solo cuando él estaba del otro lado de la puerta.

Pensaba un poco de todo recostado en su cama, de pronto, oyó por la ventana unos maullidos que provenían desde la calle. Sonrió alegremente y se puso de pie.

Como a Al, le encantan los gatos, ni si quiera lo pensó y fue en busca del dichoso minino, claro, sin que Ed se diera cuenta.

Estaba bajando las escaleras cuando vio a Estefanía cerrar tras ella la puerta principal, trayendo en brazos un gatito que acariciaba tiernamente. No había notado que Al la observaba desde las escaleras, sino hasta que el minino huyó de sus brazos y fue directo hacia él.

Alphonse tomó al gato que ronroneó al sostenerlo, acurrucándose cerca de su mejilla.

- Parece que le agradas.- dijo Estefanía acercándosele.

- Siempre he tenido facilidad con los gatos.- le dijo Alphonse, al tanto que el gato le hacía una caricia.- No sabía que te gustaran.- mencionó con grandes ojos.

- De hecho…no me gustan.- dijo y Alphonse la miró confundido.-…me encantan.- agregó con una sonrisa.

En el rostro de Al, también se dibujo una sonrisa.

Alphonse y Estefanía estaban en pijamas, ella con una bata blanca y él con una camisa y pantalón para dormir. A pesar de las altas horas de la noche se sentaron a charlar.

Acompañados del gato, Alphonse le contó a ella todo lo que había sucedido para que él y Ed volvieran a estar juntos, no hubo problema al revelárselo pues Estefanía ya sabía mucho del par de hermanos. Lo escuchó con mucha atención y de vez en cuando dejaba a la vista su hermosa sonrisa.

- Alphonse, perdona que te lo pregunte ¿Acaso sentías algo cuando eras una armadura?

A Al no le molestó la arremetedora pregunta, así que contestó con calma.

- Pues, a pesar de todo, nunca deje de sentir cariño hacia mi hermano. Nunca sentí dolor, pero el verlo luchar por recuperar mi cuerpo me hacía sentir muy mal…

- De verdad me alegra que estén juntos.- interrumpió Estefanía sin dejar que Al terminara, sonriéndole de una forma penetrantemente dulce al tiempo que colocaba su mano sobre la de él.

Es verdad que cuando Alphonse era una armadura difícilmente sentía algo, pero tal gesto hizo que experimentara algo que nunca había sentido física y emocionalmente: se ruborizó y su corazón latió deprisa.

No entendía cómo o el porqué, pero no deseaba despertar de tal trance.

- Buenas noches.- se despidió Estefanía al ponerse de pie y empezar a retirarse. Alphonse tartamudeó las mismas palabras mientras ella se marchaba. Sólo volvió en sí, al oír otra vez los maullidos del gato.

- Será que… no, no puede ser, ella es una monja y yo…sólo un amigo más.- se dijo así mismo negando con la cabeza y tocando la mano que Estefanía le había rozado.

No durmió lo que restaba de la noche pensando en lo que le había sucedido. Jamás había estado enamorado, y cómo saber si realmente lo estaba, además, apenas la conocía, sin embargo, al pensarlo, la admiraba por sus aspiraciones y sacrificios por ayudar a los demás, y le atraía por su sensible y solitario carácter que inspiraba un aire de misterio.

Al otro día, recibió una agradable noticia al bajar a desayunar. Estefanía servía el desayuno, y Ed estaba sentado en el comedor.

- Alphonse, qué bueno que estás aquí, le comentaba a Edward que regiré como monja aquí en la iglesia de la ciudad, así que nos veremos seguido.- le dijo dulcemente la pelirroja. Una gran sonrisa de alegría nació en él.

Como era de saberse, el menor de los hermanos Elric fue visitando muy seguidamente a Estefanía en la parroquia, especialmente porque sus sospechas se fueron convirtiendo en realidad; estaba enamorado. No sabía cómo o porqué, pero ella reunía todo lo que Al esperaba en una chica. Además de que Estefanía se veía realmente hermosa en su traje de monja con esa brillante aura angelical. Aunque Al sabía que lo que sentía por ella era algo imposible, no podía quitársela del pensamiento.

Por otra parte, la relación entre Lily y Edward se fue forjando cada día más, logrando una completa confianza. Ahora sí, Ed consideraba a Lily una amiga.

xXx

- Al, llevaré a Lily a una conferencia que queda cerca de la ciudad, ¿Quieres acompañarnos?- Una mañana Ed le dijo al castaño.

- No, quedé con verme con Estefanía en la parroquia.

- ¿Otra vez? ¿Pues qué tanto te traes con ella?

- ¿Ah? Yo…nada, es sólo una amiga.- tartamudeó, aunque sabía que para Estefanía sí era un amigo, no podía decirle a su hermano lo que sentía por ella, era algo que Ed difícilmente entendería.

- Hmm…como quieras.- dijo aquel sin sospechar nada, tomó su abrigo y se fue.

Ya en el camino, mientras Ed manejaba, Lily inquirió por Al.

- ¿Por qué no vino Al, Edward?

- Fue a visitar de nuevo a Estefanía.- le contestó con seriedad sin perder la vista de la estrada.

Lily sonrió picaronamente ante la ingenuidad del rubio por la ignorada situación amorosa que atravesaba Alphonse. Ed sólo se limitó a fruncir el ceño al ver a la chica con divertida sonrisa.

A pesar de que no la conocía personalmente, la ojiazul sabía de Estefanía ya que Ed le había contado de ella.

Todo era agradable. El día era soleado y resplandeciente, y los prados se extendían por ambas direcciones. Lily, concentrada, leía uno de sus libros y Ed, indiferente, manejaba.

El último había olvidado el porqué de que esa chica estuviese a su lado. Sabía del pasado de Lily, pero no del pasado respecto a la alquimia que desde un principio quería saber. En ese momento no pensaba en ello.

Inesperadamente el motor empezó a sonar extraño y el vehículo se detuvo. A Ed no le quedó de otra que bajar del auto y abrir la capota delantera para ver qué pasaba. Lily también bajó del auto.

- ¿Qué sucede?- preguntó en lo que Ed examinaba el motor y con una mano mantenía alzada la capota.

- No tengo idea.- le contestó, lo que le hizo pensar que si Winry estuviera a su lado y no Lily, rápidamente daría con el inconveniente.- Pásame las herramientas que están en el asiento trasero.- le pidió. Ella velozmente fue por ellas y las llevó hasta él.

Edward examinó una y otra vez el motor tratando de hallar el problema. De la bolsa de herramientas sacó una llave inglesa.

- ¿Te puedo ayudar en algo?- se ofreció Lily mientras agachada se asomó acechar.

- No, sólo sostén esto.- le dijo sin si quiera verla y dándole la llave.

Concentrado en el motor se esmeraba por encontrar el maldito problema.

- Me puedes dar la….- pronunció sin terminar. Al voltear y ver a Lily, ella sostenía la llave con ambas manos encontrándose perdida en sus pensamientos mirando el horizonte. Sus rubios mechones se mecieron con el viento; un retrato perfecto.

No pudo evitar en esos instantes quedar embelezado con ella por lo mucho que le recordaba a Winry.

- ¿Sucede algo?- cuestionó inocente Lily e al notar que la observaba.

Ed se sonrojó, y por su misma reacción, estrelló su cabeza contra la capota.

- Argh…Tampoco podía faltar ese dolor.- murmuró quejándose y sobándose la cabeza, poco antes de que a su mente viniera el recuerdo de una llave voladora proviniendo de Winry.

- ¿Estás bien?- preguntó preocupada Lily al acercarse a Ed y tratar de auxiliarlo.

- Si, no te preocupes.- le respondió al hacerse hacia atrás para evitarla.

Pasaron un rato tratando de arreglar el motor, pero resultó inútil. A Lily y a Ed no les quedó de otra más que sentarse a esperar en los prados. Ningún otro coche pasaba por ahí, sólo estaban ellos dos rodeados de praderas.

- No te preocupes, yo sé que Al vendrá por nosotros…tarde o temprano.- suspiró Edward tratando de darle ánimos a la escritora que estaba un poco triste por el retrazo a su conferencia.

- ¿Crees que todavía podemos llegar a tiempo, Edo?- preocupó en lo que él miró a lo lejos.

- Pues no lo sé Winry, talvez si…

- ¿Winry?- preguntó Lily extrañada.

Ed se sorprendió por lo que había dicho. Miró a Lily, quien esperaba una respuesta.

- Lo siento, es que me llamaste Edo… y me recordaste mucho a una amiga.- dijo con un aire de nostalgia.

- Cuéntame de ella Edward.- pidió ansiosa Lily viéndolo a los ojos.

Él la miró de nuevo sorprendido y luego cedió para hablar.

- Bueno, pues ella…

Le contó todo detalle acerca de Winry, y de paso le contó de su infancia y todo lo que había sucedido con él y su hermano; la pérdida de su madre, la búsqueda de la piedra filosofal y el cómo es que él y Al habían cruzado la puerta. Después de todo, ya confiaba en ella.

Lily lo escuchó con mucha atención, sin perder ni una palabra de lo que él decía.

La tarde cayó y poco a poco empezó a oscurecer. Habiendo luna llena la noche se manifestó iluminada. Hasta ese entonces, Ed terminó de contar acerca de su pasado. Tras finalizar, alzó la vista y miró la luna con una sonrisa después de recordar tantas cosas; tanto buenas como malas. Lily tristemente bajó la cabeza sin que él se diera cuenta.

- Así que…sólo soy un recuerdo.- murmuró.

Ed captó lo que Lily trataba de decir.

- No… tú no eres un recuerdo…- trató de explicarle. Ella aún permanecía con la cabeza baja.- Tú eres….- continuó diciendo acercándose un poco más para hacerla entender, pero cuando pronunció esto, Lily alzó la vista en ese preciso instante, provocando que los dos se miraran directamente a los ojos.

Ed quedó atolondrado viendo lo azul y profundos que eran los ojos de Lily, y ella, miraba los ojos dorados y penetrantes de Edward, cara a cara.

- …tú eres más que eso.- terminó diciendo Ed en un hilo de voz. Lentamente cerró sus ojos acercando sus labios hacia los de Lily, los rozados labios de ella respondieron con la misma acción.

Apenas rozando sus labios, los puños de Ed se cerraron apretando con fuerza el pasto que estaba bajo sus manos, cuando de repente se vieron interrumpidos por una voz.

- ¡¿Hermano, dónde están?!- se escuchó gritar a Al.

Prontamente Ed y Lily se apartaron sin siquiera sellar ese romántico beso.

Se pusieron de pie y Ed tartamudeó:

- Aquí estamos…Al.

- Los he estado buscando y…- cortó sus palabras al verlos. Al notarles sus gestos percibió cierta confusión en ellos.- ¿Pasó algo malo?

- No, nada.- contestó sensato Ed y se subió al auto en donde llegó su hermano.

Lily apenada también subió al automóvil, pero sin decir ni una sola palabra. Alphonse tomó las herramientas del coche inservible y las dejó en el asiento trasero del otro auto, a un lado de Lily.

De regreso, Alphonse manejaba, y Ed, sentado a su lado, se encontraba muy serio y pensativo. Frunciendo el entrecejo no entendía cómo es que estuvo a punto de besar a Lily.

"¿Por qué? ¿Por qué su cuerpo lo traicionó y se dejó llevar?" se preguntaba una y otra vez. Recordó aquel momento cuando miró directamente a Lily a los ojos, y al recordarlos, notó que en ellos veía algo más que una simple amiga. Pero, ¿Por qué no se había dado cuenta antes? Era algo, que inconsciente había sucedido. No sabía en qué momento pasó, talvez fue cuando la conoció y reconoció su astucia, o porque le atrajo su fuerte carácter, o…talvez cuando Lily le confió su pasado y se sintió en cierta forma identificado con ella. Sinceramente no sabía el porqué.

Pasó por alto sus sentimientos creyendo que sólo fue otro malentendido. Por otro lado, Lily también hizo lo mismo.

xXx

Una tarde, Alphonse y Ed jugaban ajedrez. Alphonse, emocionado, había realizado el movimiento indicado para pronto vencer a Edward. Al miraba con una gran sonrisa el tablero.

- Te toca hermano.- dijo, pero Ed ni se inmutó.

Lo observó; otra vez estaba pensativo mirando por la ventana y apoyando la quijada en la mano.

- Ah…si.- reaccionó poco después.

Cuando intentó mover una pieza, ésta cayó al suelo. La recogió y un poco preocupado la sostuvo en sus manos, como si de nuevo se perdiera en sus inquietudes.

- ¿Hermano, qué te sucede?

- Al, alguna vez…no, nada.- empezó diciendo y finalizó con una sonrisa a secas.

Alphonse se quedó callado, sabía que Ed le ocultaba algo. Igual deseaba decirle lo que sentía por Estefanía, pero prefirió no mencionar nada.

Sonriendo de nuevo, Ed suspiró dándose por vencido. Sacó de su bolsillo un listón blanco, manteniéndolo en la palma su mano se lo mostró a su hermano. Él en seguida lo reconoció: el listón le pertenecía a Lily.

Edward no estaba sonrojado o tan si quiera apenado, tan sólo estaba resignado, aceptando su realidad.

- Sabes Al….- sonrió.- por un momento creí que nunca me enamoraría.- terminó con un cálida sonrisa y mirando el listón.

Alphonse contempló a su hermano y lo vio tan orgulloso como siempre, dejándose doblegar a lo último. También sonrió agregando:

- Yo tampoco.

Edward se sobresaltó en un principio, pero luego de atar cabos, volvió a reír.

Eran tantas las cosas por las que habían pasado los dos que nunca se dieron la ocasión de enamorarse. Talvez lo pensaron, pero tenían muchas cosas en la cabeza como para darle importancia; Ed por su lado no podía distraerse con ello pues andaba en busca de la piedra filosofal, y Al, no se daba la oportunidad por el cuerpo de armadura que antes poseía.

Ahora, las cosas eran diferentes, era algo inevitable…

xXx

El par de hermanos regresaron al departamento de Heiderich después de dejar a Lily en su casa. Alphonse se había adelantado a entrar, y Ed fue a bajar las herramientas que estaban en el asiento trasero, cuando fue por ellas, en el asiento halló un listón blanco, al parecer a Lily se le había caído mientras regresaban. Lo tomó y antes de entrar a la casa pasó por lo botes de basura. Extendió la mano para dejar caer dentro el trozo de cinta, pero al intentar hacerlo, no pudo. Su rostro reflejó debilidad; algo lo aferraba al listón blanco.

Lo guardó en su gabardina como prueba de lo que sentía.