¿Extrañaron a Winry

¿Extrañaron a Winry? Jé pues yo sí, tanto que le dediqué este capt.

Voluntad (Capt 5)

En Rizenbull reinaba el sol, era una mañana fresca y tranquila. En la terraza de una casa, una chica rubia daba mantenimiento a lo que parecía ser un automeil. Lo hacía con tanto esmero que daba la impresión que ya llevaba tiempo mejorando y perfeccionando el implante de metal.

Winry, siempre conservó las esperanzas de que Ed y Al regresarían, y las seguía conservando.

- Si sigues así, perderás ambas manos y yo seré la que te tendrá que poner automeils.- dijo a espaldas de ella la abuela Pinako, con su pipa, al ver las agotadas manos de su nieta trabajando sin parar.

Winry se asustó, no creyó que la abuela Pinako la observaba, mientras según ella, trabajaba a escondidas perfeccionando un nuevo automeil para cuando Edward regresara. Rápidamente intentó esconderlo, pero resultó inútil.

- Ocúltalo las veces que quieras, pero nunca podrás ocultar tu rostro.- dijo Pinako en lo que Winry la miró algo desolada.

- Yo sé que regresarán.- creyó en sus palabras recuperando su sonrisa.

- Jumh… esos dos sólo regresarán a causar más problemas.- le dijo la anciana y Winry bajó la cabeza reflejando desánimo en sus ojos.- Hace mucho que esos dos tomaron una decisión… tú también deberías tomar la tuya.- expresó quitándose la pipa y dejando salir una nube de humo de su boca.

Winry la observó y se llenó de resentimiento.

- ¡Tú también quieres que me vaya! ¿Verdad?- gritó.

- Winry, dentro de poco yo me iré y te quedarás sola, ¿Es eso lo que quieres?- volvió a llevarse la pipa a la boca. Winry se tranquilizó y se sintió apenada, sabía a lo que se refería su abuela.

- No, no quiero.- respondió con angustia y mordiéndose los labios.

Al día siguiente empezó a marcharse por el sendero de su casa, cargando en la espalda una bolsa de viaje. Se detuvo y sonriéndoles se despidió a lo lejos de la tía Pinako y de su perro Den, que aullaba con tristeza al ver que se marchaba.

- Tranquilo Den, ella también debe marcharse.- le dijo Pinako al perro. Ambos veían perderse en la distancia la silueta de la rubia.

Winry había tomado la decisión de marcharse, no sabía a dónde, pero debía hacerlo.

En el trayecto sentía que por cada paso que daba el aire le pasaba más y extrañaba acrecencia su hogar.

- Ahora entiendo por qué quemaron su casa….- se dijo a sí misma, recordando que para Ed y Al ya no había vuelta atrás.- Pero ni crean que me detendré.- volvió a decir, apretando los puños y continuando su camino.

En la estación de tren, pensaba hacia donde ir. Viajaba sola, con eso de que pronto asignarían a Mustang como Fürer del cuartel militar, necesitaba que Scieszka lo mantuviera al tanto con todos los documentos. El ratón de biblioteca no estaba a su lado para apoyarla y darle ánimos en esos momentos.

Pensó en Rose y en lo mucho que no la veía, a ella y a su hijo, así que decidió visitarla en la ciudad de Lior. Abandonó la estación para viajar en vagoneta y atravesar el desierto.

Cuando iba en camino, pensaba en lo mucho que le recordaba las pocas veces en que pudo estar con Ed y Al.

Pronto llegó a Lior y vio la ciudad en todo su esplendor, con establecimientos y comerciantes por doquier. La ciudad estaba enriquecida, no solo por lo material, sino también por la alegría de su gente.

Caminó vadeando los establecimientos llenos de baratijas y objetos de medio uso, a veces de plata y otros de oro. Pero de todos los establecimientos, hubo un objeto que le robó toda su atención.

Estaba caminando, cuando de pronto, un resplandor la cegó por un momento. Buscó de donde provenía tal centelleo, caminó un poco más y pareció perderle rastro, cuando de nuevo percibió el destello con más intensidad. A lado de ella, había un puesto con varios artículos de valor. Se acercó para ver de cerca lo que le había cegado. Colgado, entre los collares y baratijas, había un reloj de alquimista nacional que brillaba intensamente.

Alrededor del reloj, había collares de oro y plata, pero ningún otro objeto tan valioso como ése.

Winry sintió nostalgia al ver el reloj. Lo tomó en sus manos y deslizó sus dedos sobre el grabado con acabados artesanos, toda una obra maestra, lo mismo que pensó cuando tuvo en sus manos el reloj de alquimista nacional de Edward.

Lo contempló de nuevo y sintió curiosidad por abrirlo.

Lo abrió, y palabras que nunca podrá olvidar aparecieron de nuevo en su mente "Don't forget 3 Oct."

Una lágrima cayó opacando lo escrito. Winry se talló los ojos mientras sostenía el reloj con la otra mano. Para su suerte había encontrado el extraviado artefacto.

- ¿Va a llevarse el reloj?- preguntó el dueño del puesto.

- Si… ¿Cuánto cuesta?

- Pues… no entiendo para que una chica tan linda como usted lo quiere, pero supongo que sabe que tiene mucho valor pues le perteneció a un alquimista nacional…

- Lo sé.- sonrió Winry.

- Hmm, no creo que esté a su alcance señorita.- estimó el vendedor el precio.

- Le daré todo lo que tengo.- dijo una Winry segura, apretando con el mano el reloj, como si se negara a soltarlo.

- Tómelo.- dijo el hombre tras ver la reacción de la chica.- Supongo que vale más de lo que podría valer para mí.

Winry lo miró, le sonrió y le agradeció alegremente.

Sujetó con ambas manos el reloj, como si fuera un tesoro, y lo era, el más bello de todos, pues en su interior albergaba más que palabras, sino también deseos, frustraciones, alegrías, derrotas y victorias, y muchos, muchos recuerdos.