Le parecía increíble como el chico podía fingir tan bien la sorpresa. Hasta puso en duda si ella realmente le dijo o no sobre el tema. No pudieron hablar mucho aquella tarde, por lo que quedó pendiente la conversación.
En cambio, si pudo hablar con Marinette. Estaban en la casa de la última, con la televisión prendida y escuchándola suspirar por Adrien. Ese día, su amiga estaba de buen humor, por haber estado cerca de Adrien y todo eso.
—Entonces…¿hablaste con él?—Alya tocó el tema primero, para ver cómo daba un respingo y se acomodaba en el lugar.
—Nno… bueno, no pude iniciar conversación y Adrien parecía disfrutar el silencio en ese momento...—la vio nerviosa, dibujando círculos invisibles con la tapa de su lápiz mecánico.
Alya sonrió y negó con la cabeza.
—No te haría mal hablar con él, conocerlo un poco—sugirió y por la expresión que Marinette puso supo que eso no era una opción.
Era como si entrara en cortocircuito de solo pensarlo. Tener que elegir las palabras y formularlas de manera entendible sin divagar o enredarse, más todo lo que involucraba tener una conversación con alguien. La postura, gesticular, hacer contacto visual. No… Marinette no estaba preparada para conversar como una persona normal con el chico que le gustaba. Los nervios, la transpiración, la mala elección de palabras, los movimientos bruscos y si lo miraba a los ojos su cerebro dejaba de funcionar.
Frunció los labios.
—¿Quizás si empiezan a escribirse?—sugirió
La mirada que obtuvo fue reticente, pero al menos estaba siendo considerada como una opción más posible.
—Es que… me da miedo—confesó en un suspiro mientras se abrazaba a sí misma—¿Qué pasa si…?
Alya se acercó a su amiga y puso ambas manos sobre los hombros, para conseguir su mirada. Se miraron fijamente a los ojos.
—Mari, todo tiene solución; y si no lo tiene, no vale la pena preocuparse por ello—le aseguró—. Además si no le hablas…¿Cómo vas a poder tener una relación con él? ¿Cómo vas a conocerlo y saber que te gusta de verdad?
—¿De verdad?—hubo cierto tono ofendido en la repetición, pero Alya no hizo caso.
Bajo su tacto y tras esas palabras, la vio ponerse rígida y la vio esquivar su mirada. Alya no podía culparla. Marinette aún era inexperta en relacionarse con los demás en las cosas del amor. Si ya por miedo o timidez cometía sus errores en el campo de la amistad (errores de los que aprendía rápido), sus miedos sobre ella desenvolviéndose en el campo del amor justificados.
Pero solo necesitaba más confianza en ella misma. Y tener los pies un poco más en la tierra en vez de estar todo el día suspirando.
Frunció los labios, de nuevo, y la abrazó. Ella se dejó abrazar y la escuchó suspirar.
—Peor sería que tener lo que deseas y que no sea como esperabas—agregó cuando se separaron—. Sé que ahora no lo puedes ver así, pero… imaginate si pasa, imaginate si estas con Adrien por fin y no es… no es lo esperabas.
—¿Estas sugiriendo que Adrien puede no ser… quien muestra ser?—Marinette parecía realmente confundida ante aquella exposición.
—¿Sabes realmente como piensa o qué haría en determinada situación?
Marinette se la quedó mirando, con la duda mientras buscaba una respuesta honesta en su cabeza.
—Creo que…
—¿Crees que lo sabes o lo sabes?
La vio encogerse de hombros y bajarlos, adoptando una pose de derrotada. Alya
—Mira… no soy creyente del amor a primera o segunda vista; sino que creo que hay que conocer al otro. — intentó aclarar; se rascó la nuca con duda, intentando salir con algún ejemplo—. Es como… ehm… una pizza de muzzarella ¿lo es?
—¿lo es?—Marinette repitió sus últimas palabras y las amigas se miraron.
Alya suspiró y se dejó caer de nuevo en su asiento. Quizás no era la mejor opción, pero… las palabras ya habían salido de su boca y era hora de lidiar con las consecuencias.
—Creo que sí. Es una pizza, y todas las pizzas son atractivas y deliciosas. Pero una pizza de muzzarella no deja de ser pan al horno, con salsa de tomate y queso, y quizás orégano y aceituna. No tiene comparación con una Fugazzeta que tiene cebolla además del queso, o la Calabresa que tiene longaniza, queso y champiñones. ¡O la que tiene rúcula, tomate y aceituna negra! —gesticulaba con sus manos y se entusiasmaba con la idea—. A lo que voy, es que no tienes porqué quedarte con algo que se ve bien de lejos y no sabes si después de va a gustar o te vas a conformar con esa pizza para toda la vida.
Silencio.
Las amigas se miraron.
—¿Estás comparando a Adrien con una… pizza de muzzarella?—inquirió dubitativa, tomando demasiado literal la metáfora—. ¿Seguro que no quieres algo de comer?
Alya estalló en risas ahora, y Marinette no tardó en seguirle, contagiada por la risa de su amiga y las breves acotaciones de "¿te lo imaginas?", "Una pizza con ojos", "seguro que serían aceitunas", "Oh, Marinette, eres grandiosa", "Oh, Marinette, ven y besa mi corteza" que alargaron las risas por un buen tiempo.
.a.
El llamado vino bastante después, cuando estaba volviendo a su casa para cumplir sus obligaciones familiares. No estaba exactamente de mal ánimo, pero le alegró saber que buscaba hablarle. En una de esas, quizás le decía lo que no le dijo más temprano. Tras trivialidades, Adrien le expresó que había estado pensando sobre algo.
—No sabía que los rubios pensaban.
—¡Ey!—ante el inesperado reclamo, ella rió, le gustaba buscarlo.
—Broma, broma ¿en qué piensas?—escuchó un resoplido antes de tener su respuesta, pero había un tono divertido ahí.
—¿Recuerdas esa vez en la que mi padre me castigó sin ir a clases por haber tomado un libro de su biblioteca?
Alya se congeló a medio pasó. No sabía aquello ¿En serio existía un hombre tan…? Y no, estricto no era la palabra. Tampoco rígido. Se tomó su tiempo para encontrar las palabras adecuadas para decirle. Adrien, por su parte, esperó con paciencia.
—No sabía que te castigó por eso—logró articular al fin.
—Fue esa vez que me dejó sin ir a clases—Él le informó, sin demasiada importancia.
—¿Qué pasa con eso?—No tardó en apurar la conversación, así como reanudaba sus palabras; sentía mucha incomodidad en ese tema. Aún así, él tardó en dar la respuesta que él quería.
—El libro tenía una ilustración de Ladybug.
—¿En serio?—Alya se volvió a frenar en seco, sorprendida
—Y también estaba Chat Noir, y Rena Rouge.
—...Eso es interesante ¿Sacaste fotos?—le costaba reaccionar a aquella nueva información ¿por qué no lo recordó antes? Ahora sentía la necesidad de querer tener ese libro en sus manos y ojearlo.
—No, no tuve tiempo. —fue el turno de Alya de resoplar. Este chico nunca aprendería, y la opción que quedaba, bueno...
—Es casi seguro que si intentas sacar ese libro de nuevo…
—Lo sé, pero debería de haber una manera…
—Por no decir que levantaría sospechas…— ella seguía, sin prestarle mucha atención.
—¿Me estas escuchando?
—Además ¿Qué hacía tu padre con ese libro en primer lugar?
—Creo que tomaré eso como un no; ¿por qué no lo tendría? —resignado, Adrien le siguió la conversación a ella.
—No, por nada. Es solo que no me parecía del tipo de persona que es… bueno, seguidor de Ladybug y Chat Noir.
—Estoy bastante seguro que si él se entera que soy Chat Noir, me castigaría de por vida.
—Por como es, seguro.
Hubo risas de ambas partes. Luego, silencio. Algo le dijo a Adrien, qué era lo que Alya estaba pensando.
—¿También sospechas que mi padre...?
—¿Sospechar? ¿También? —¿Acaso Adrien sospechaba de su propio padre?
—Ladybug lo hizo en su momento, que era Hawk Moth. —explicó él—. Nunca me dijo por qué. La sospecha murió en el momento en el que fue akumatizado.
—Es interesante —reconoció después una breve pausa, con su cabeza maquinando a mil por hora algunas teorías.
—¿Por qué?
—¿Que tal si quien tomó el libro es Ladybug? ¿que la información que había ahí podía hacerle creer que tu padre lo era? Aunque el simple hecho de tener el libro y lo que sea que sepa Ladybug sobre el tema… en fin, eso no viene al caso .—comenzó a hablar sin esperar a que el rubio le respondiese—. A lo que voy es que, a nosotros nos está faltando información. Sabemos que hay un Guardián de Miraculous, por lo que debe de haber más Miraculous de los que conocemos. Sabemos que Ladybug o algo parecido existió en el Antiguo Egipto, pero la caja tanto de tu Miraculous como el de Trixx tienen claras connotaciones asiáticas. Y ella te esta ocultando cosas.
—Qué hizo con tu Miraculous y esas cosas. —acotó.
—Claro. —asintió —. No quiero pensar mal de mi heroina favorita número uno-
—¡Ey! ¿Y yo que?
—¿Hay algo que no me has dicho?
—¿Eh?
—Dije Heroína, no heroe
—Ah…
—Bien, como decía…
—¿Entonces soy tu héroe favorito número uno?
—Estoy intentando…
—¿Lo soy?
—Se pierde puntos cuando sé quién está detrás la máscara.
—Ugh, bueno, continua.
—¿ninguna respuesta desacarada? Si que estas muy Adrien hoy. —continuó ella y aún así, no le sacó nada—; pero puede ser que ella misma sabe lo que nosotros no y lo está ocultando por una buena razón… O está tan a oscuras como nosotros y por eso no te dice las cosas.
—Eso no explica por qué sabía lo de... Pero no viene al caso; ¿Y qué hacemos con eso?
—Nada, es solo una teoría. Nuestro objetivo sigue siendo encontrar más información sobre los Miraculous.
—Pense que era devolverte el Miraculous del Zorro…
—Eso… también—asintió ella.
.a.
—Entonces, ¿Qué hablaron con el Maestro Fu?— preguntó Marinette entrando a su habitación tras despedirse de Alya. Su conversación con ella la dejó con una sensación de intranquilidad que no sabía muy bien como tomársela o por qué.
Tikki salió de la cartera y la contempló mientras buscaba las palabras.
—Si… ayer tuve un encuentro con el Kwami de Chat Noir—Marinette la miró desconcertada y ella sabía muy bien lo que estaba pasando por su cabeza—. Respetando el acuerdo, no diré cómo ni cuándo.
—De… acuerdo —asintió con lentitud.— ¿Qué te dijo?
—Su poseedor está haciéndose preguntas y él tenía la inquietud sobre qué decirle.
—Oh —se sentó en la silla de su escritorio, dispuesta a comenzar sus deberes ni bien terminara aquella conversación.
Tikki asintió.
—Hay… hay un patrón en la historia, donde no siempre el poseedor de Plagg tuvo buenas intenciones. Plagg tiene una tendencia de ir donde sople el viento, por lo que tampoco sabe todo lo que tiene que saber.
—Uhm… Entonces tú pregunta era por si Plagg debía compartir lo que sabía
—O presentarle al Maestro Fu.
—¿Y que dijo el Maestro Fu?
—Que… no. Es peligroso si Chat llega a cambiar de bando—suspiró Tikki—. Y tiene razón.
—¡Pero Chat…!—fue increíble la rapidez.con la que saltó al oír eso, llenándose la boca de palabras y fallando a reproducirlas todas.
—Y aún así… a veces le mientes —le señaló.
—¿Y que esperabas que hiciera? ¿Decirle la verdad sobre Rena Rouge? ¿O que Alya me dijo lo que dijo? Si ella de verdad lo conoce…
Calló al ver el rostro de Tikki.
—Hay muchas más formas de hacer preguntas sin mentir, Marinette. Dañas la confianza de la persona si descubre que le mientes.
Marinette suspiró. Hoy parecía uno de esos días en los que recibía sermones sin solicitarlos. Y todos eran acertados. Asintió sin decir mucho más, pensando en como enmendar aquello.
Después de todo, Chat era un buen compañero, honesto y sacrificado por su causa. Lo menos que podía hacer era devolverle el gesto.
—Si, supongo que tienes razón en eso...—concedió con cierta amargura.
.a.
Nota: puede que Alya no tenga hambre, pero en el momento que escribí eso, yo sí tenía.
