Capitulo 2: La muerte de Duessel
Cuando Ephraim llegó a Ji'on, una ciudad al este de Grado, encontró una compañía descansando. Preguntó por el general Duessel, hasta que dio con él. Estaba sentado, solo, en la sombra, dormitando. Ephraim se paró delante de él, lo miró un buen rato, y lo saludó:
-
Hola!- levantando una mano
- Ephraim?-se levantó lento,
adolorido, Ephraim se preocupó
Duessel
le dijo que lo acompañara, que no le hiciera preguntas, que él
le explicaría todo. Entraron a una habitación bastante
pobre, sin muchos muebles y una cama toda roñosa. Ephraim se
sentó en el suelo mientras que Duessel lo hizo en la cama. Le
relató sus aventuras durante los años que no se habían
visto, le dijo que durante un tiempo anduvo en una compañía
junto a Cormag, hasta que un día no supo más de él.
Terminó siendo General de esta, un grupo de novatos y
mercenarios que iba de nación en nación buscando
recompensas.
- El punto es Ephraim...que algo raro está
sucediendo a los alrededores...-lo miró nuevamente, dándose
cuenta de que no había respondido su pregunta- estoy enfermo
joven hijo de Renais, tengo tuberculosis. No podré llegar
hasta muy lejos, es esta la última misión que pensaba
brindar. Pero si has venido por mi, es por algo.
-
No..olvídalo..-Ephraim prefería no decir nada, prefería
dejar que el viejo general viviera sus últimos días
tranquilos.
- Ephraim..si me dejas acá, moriré
penosamente...
- Duessel...algo raro está pasando...lo has
sentido, no es verdad? Es una presencia...creemos que es la
resurrección del Rey Demonio- hubo un silencio total.
- ¿De
verdad crees eso?...pensé...
- Si...lo entiendo, lo
habíamos sellado...pero la piedra ha sido robada...desapareció
y nadie sabe como...
- Puedo acompañarte Ephraim, como
táctico y amigo, y daré todo lo que pueda,
pero...debes entender una cosa, desde entonces estaré solo en
el campo de batalla, no quiero tu ayuda...si me ves mal, déjame...soy
un viejo orgulloso, déjame morir con eso...
Esa tarde,
Duessel juntó a sus tropas y las convenció de acompañar
al joven rey. En las disputas, lograrían llegar a un acuerdo,
y Ephraim tendría su tropa.
Mientras tanto, él
miraba el horizonte, sin armas, sin armaduras, solo él...y el
viento...y el mar...y el sol...sabía que posiblemente esta
era la última vez que sentiría esto, luego...quien
sabe que...la oscuridad se hacía presente lentamente y no
sabía si podría volver a ver el siguiente amanecer.
-Logré
juntar a mis hombres, te acompañaremos...
- Gracias...
-
No hay de que...te apoyé una vez y no me echaré para
atrás ahora.
En las afueras de la ciudad, un grupo de
monstruos camina lento, pero eficazmente. Bestias por doquier,
rodeaban la ciudad. Ephraim lo sintió. Tomó a
Siegmund...su lanza, y salió. Nada. Ni por un lado ni por el
otro. Estaba seguro, algo se acercaba. Dio la alerta, Duessel y sus
hombres salieron armados. Un explosión. Dos explosiones, casas
destruidas, gritos desesperados. Ephraim emprendió carrera
hacia el primer fuego, no dejaría que inocentes murieran.
Duessel ordenó tomar armas y dispersarse, él siguió
a Ephraim. Tres, cuatro, cinco explosiones. Ephraim fue alcanzado por
una y cayó al suelo, se levantó lentamente, solo como
sus piernas lo dejasen, levantó la vista y vio la ciudad
azotada de monstruos, entre todos ellos y entre las llamas, un ser
extraño, vestido de capas caminaba directo hacia Duessel quien
esquivaba mordiscos y llamaradas. Tomó su lanza y corrió,
golpeando a cuanta criatura se le pusiera enfrente, un lobo lo
mordió, luego se le tiró otro encima, y otro más.
Esquivó, golpeó y golpeó, trató de
zafarse, mientras otros más cubrían a Duessel. Ephraim
estaba cubierto, ensangrentado, sentía que era su última
batalla cuando de repente ve que no hay nada encima, levanta la vista
y allí los ve, Kyle y Forde. Kyle traía un vendaje en
el hombro izquierdo, Forde tomó su lanza:
-
Vamos...-Ephraim se alegró de verlos a salvo.
Tomaron sus armas y prestaron a ayudar a la gente, mientras el Rey de Renais se dirigía hacia Duessel. El sujeto misterioso detectó la lanza de Ephraim y lo detuvo con una mano. Lo miró fulminante y lo lanzó lejos, sin la lanza. La tomó, y mientras Duessel peleaba contra los canes, se la enterró en la espalda. Un alarido se escuchó por toda la noche, Ephraim vio horrorizado la muerte del general, botando sangre, retorciéndose ante el dolor de aquella arma enterrada. Tomó un pequeño cuchillo y corrió esquivando cuanto obstáculo hubiese, lanzó un golpe pero fue detenido nuevamente...sintió un calor en todo el cuerpo al ver a los ojos al Rey Demonio, salió suspendido por los aires...y mientras veía una horrenda escena...caía desmayado.
Cuando Ephraim despertó,
no podía moverse. Una mujer lo cuidaba. Cuando la vio bien, la
reconoció. Su rojo cabello era reconocible en todo Magvel:
Tethys. Junto a ella, Gerik lo miraba y Marisa se encontraba apoyada
en la pared.
- ¿Gerik?...-Ephraim apenas hablaba.
-
Calma...estás bien, tardarás unos días en
recuperarte eso si...-cuando lo miró se dio cuenta de sus
preguntas- Kyle y Forde están bien, unos rasguños...están
afuera con el batallón...lo que queda...muchos se fueron
aterrados...además, Vanesa y Syrene se fueron a buscar
refuerzos alados...
- ¿Duessel?...¿él..?
-
Si...lo siento...-agachó la cabeza- el general...está
muerto...lo encontramos...enterrado a una pared, con
Siegmund...rota...yo lo siento mucho...
-
Hemos venido apenas supimos de una presencia extraña en los
alrededores...-Marisa se acercó a Ephraim.- sabemos también
que...Grado ha caído. No sabemos nada al respecto eso
si...
- Ephraim...mi hermano, Ewan...él...quiere decirte
algo...dice que es importante...-el pequeño mago pasa, se
acerca a Ephraim.
- Señor..Ephraim...me ha mandado mi
Maestro Saleh... él y Myrrh han sentido algo...ellos han
creado un vínculo con todos ustedes...y hace dos noches...ha
desaparecido uno de ellos...-miró a su hermana- se trata de
Artur...el mago de la luz...
- Creemos...que Lute sabe lo que pasó, pero ella no ha aparecido...sus hijos tampoco están..-Gerik toma su espada- te dejaré descansar Ephraim...hay cosas que no sabemos y debes pensar mucho para decirnos lo que debes decirnos...Tethys...Marisa..Ewan, vamos afuera.
Ephraim recordó su enfrentamiento contra Duessel, cuando se unieron, y lo fiel que había sido desde entonces. Esa misma tarde, Ephraim juró y pidió ante Dios un puesto en el infierno. Él, costara lo que costara, vengaría con sus propias manos al General Duessel.
Capítulo 3: Mercenarios.
El público aplaudía y vitoreaba. La bailarina sorprendía, de ciudad en ciudad, con su vanguardista baile. Ella, acompañada siempre de dos espadachines, recorría Magvel dando, mayoritariamente, espectáculos de caridad. "La gran diva". Así la conocían por todo el continente.
El hombre con la cicatriz en la cara siempre se encargaba de cuidarla, era su guardaespaldas, aunque la gente sospechaba un relación más intima. Además de ser el guardaespaldas, era el presentador del show. Junto a ellos, una mujer fría y calculadora se veía un poco más alejada, se paseaba entre el público o simplemente se desaparecía y provocaba disturbios al pelear cuerpo a cuerpo (y que cuerpazo) ante rudos luchadores y piratas.
Se encontraban en las afueras de Grado, luego de una gran función. Llegarían al reino a descansar y aprovecharían su estadía para olvidarse un rato del baile y el mundo del espectáculo.
Marisa se alejó del grupo un momento, salió de la pequeña habitación que les habían concedido a las afueras de Grado. La gran diva hacía resonar su nombre y la gente, admirada, le hacía grandes favores que no le harían a una simple bailarina. La espadachín de cabello lila caminó un momento con su espada en la cintura, llegó a un lago y la dejó en el suelo. Se soltó el cabello y se sentó un rato a contemplar el reflejo de la luna en el agua tranquila. Se sacó las botas y camino descalza hasta la primera sospecha de agua. Puso sus brazos entrecruzados y cerró los ojos. Si algo pasaba a distancia podría oírlo, no se preocupaba. Sintió algo. Algo rápido. Algo imperceptible para cualquier otra persona. Abrió los ojos, se dio vuelta y corrió hacia su espada. La empuñó y quedó mirando el vacío oscuro. No había nadie. "Estás nerviosa, eso es todo" pensó. Sintió de nuevo una brisa helada en su espalda, se giró. Nadie. Cuando finalmente la volvió a sentir se dio vuelta tratando de darle con su espada, y lo logró. El impactó hizo que la hemorragia fuera grave, en el abdomen un gran corte se hacía presente, y ante el horror de Marisa, al acercarse, vio a su jefe desangrándose.
- Jefe, lo siento...-las lágrimas cubrían totalmente sus ojos- yo...
- Marisa...
- Gerik...tú has sentido esa presencia, ¿verdad?-volvió a sentir la brisa helada, se dio vuelta y allí se encontraba. Frente a frente. Era un hombre alto y delgado, con peinado pegado a la cabeza. Su cabello color trigo y sus ojos negros profundos lograban intimidar en gran medida a Marisa. Se sacó la capa que lo cubría y dejó ver dos grandes espadas, aquellas que cualquier humano tomaría con ambas manos, un par de mandobles, el sujeto lo hacía con una. Lanzó un golpe el cual Marisa logró esquivar y salvar a Gerik.- yo me encargo jefe, usted...no se preocupe.
Marisa desenfundó la espada y corrió rápido hacia el sujeto gigante. Lanzó una estocada pero falló, el sujeto contraatacó con dos golpes a la vez, tratando de partir en dos a Marisa, quien en todo su intento de esquivar resultó herida en la pierna gravemente. Cayó al suelo y su espada voló lejos. Se arrastraba con ambas manos y la pierna que aún podía mover desesperadamente. El gigante levantó las espadas, y antes de bajarlas recibió una flecha en una de las manos. Miró de reojo, como si no le hubiera pasado nada. Se la sacó y la tiró al suelo, su objetivo había cambiado hacia las sombras. Lanzó una espada hacia el arquero encapuchado, este la esquivó y comenzó a disparar rápidamente todas las flechas que tenía, pero no le afectaban. Cuando se dio cuenta de que no tenía más flechas, el hombre alto se retiró, tras dejar una risa agregó: "Mi nombre...es Growl...no lo olviden...sobre todo tú, espadachín...tu preciosidad será desgarrada por mis mandobles...regresaré por ti...".
Cuando
Marisa y Gerik regresaron ayudados por el arquero, Tethys se
sorprendió. Recostó rápido a Gerik y a Marisa,
mientras iba a preparar las herramientas necesarias para saturar. El
arquero se destapó el rostro, y ante el asombro de todos solo
agregó "estarán bien, son heridas superficiales, nada
que quien haya servido alguna vez a Frelia no pueda aguantar."
Era
Innes. Se sentó mientras Tethys curaba a Gerik. Marisa, quien
podía hacerlo sola, se paró de inmediato.
-Como
nueva...-miró al príncipe de Frelia un momento- así
que tú eres Innes, me han contado mucho sobre ti, sinceramente
ya había olvidado tu cara. Aún así..¿por
qué has venido? No necesitábamos tu ayuda...
-
Seguramente. Pero gracias a mi tienes las dos piernas, es más,
conservas tu vida. Para mi ese gigantón no es nada,
solo...necesito encontrar su punto débil.
-Seguro...
-
He venido para avisarles de algo muy importante...cuando Gerik se
recupere deben partir inmediatamente Ji'on, una ciudad al este de
Grado.. Allí seguramente encontrarán a Ephraim con un
grupo de soldados y mercenarios camino a resguardar la capital.
Sospecho que algo pasará, es más, he oído
rumores sobre...la resurrección del Rey Demonio, si bien no
creo en eso...han pasado cosas extrañas últimamente.
Debemos unirnos, Tethys, logré comunicarme con Saleh, tu
hermano viene en camino junto a él.
-Gracias...
- Eso
no es todo, si les pido que acompañen a Ephraim es por que hay
algo que me huele mal...me han hablado de muerte...y sé que
esos soldados y esos mercenarios no resistirán mucho en aquel
lugar...por cualquier eventualidad no sería bueno que Ephraim
muriera...
- Príncipe Innes...¿quien le ha dicho
todo esto?¿y como llegó aquí?
- Eso no
importa ahora, lo importante es que vayan en cuanto antes, Ephraim
llegará a Ji'on en al menos cuatro días más.
Confío en que llegarán a tiempo...
Innes se marchó
aquella noche. Tres días después Gerik se levantó
y tomó sus armas, miró a sus compañeras y
emprendieron el viaje. Con ellos iban Ewan y Saleh.
