Bien, aquí está la continuación de la historia, sé que no tiene nuchos lectores pero, aún así la escribo con gran devoción, espero sea de su agrado.

Gracias a las personas que la están siguiendo, eso es mucho para mí

Ahora a leer...

Dos extraños

- ¿Por qué tenemos que ir como muggles? – se quejó Ron.

Estaban sentados en el metro subterráneo y a Ron no le agradaba la idea de viajar en él, a Hermione le daba igual, como era hija de muggles ya estaba acostumbrada a ese tipo de cosas y Harry también estaba acostumbrado, aún cuando sus tíos casi nunca lo sacaban de la casa.

Pero eso había quedado atrás, ahora él era independiente, ya no estaba atado a la voluntad de ellos, ni de nadie más. En ese momento estaba muy callado y tenía la mirada perdida, pensando en su siguiente paso.

- No lo sé, fue idea de Harry, pregúntale a él. - le contestó Hermione – Harry¡Harry!, te estoy hablando¿en qué estás pensando?

- Ya te oí y no pienso en nada, - miró la cara de Ron y le dijo – vamos así porque quiero hacer unas paradas antes de ir a tu casa, y porque la magia deja huella, y la verdad no quisiera que me encontraran tan pronto – lo dijo refiriéndose a Voldemort.

- ¿Por qué lo dices? – quiso saber Hermione.

- Voldemort me está buscando y como ya cumplí los 17 el encantamiento que tenía la casa de los Dursley desapareció, así que me pueden encontrar en cualquier parte. Antes estaba bien la casa de mis tíos porque Dumbledore la hizo inmarcable para los mapas de los magos pero eso ya terminó.

- ¿Crees que ya sepa que tu sabes lo de los Horrocruxes? – preguntó Ron.

- No lo sé, creo que no, porque, según Dumbledore, nadie mas lo sabía.

- Entonces estamos a salvo¿no? – dijo Hermione.

- Sí, eso creo. Por el momento – sentenció Harry

Esta anocheciendo. Bajaron del metro y se encaminaron por una larga avenida. Habían llegado al centro de la ciudad. A unas calles de donde ellos estaban, se encontraba el "Caldero Chorreante". Siguieron caminando con dirección a él pero antes de llegar Harry vio un edificio que había visto desde su habitación del pub hacía cuatro años. Se detuvo y entró en él.

- Harry¿qué hacemos aquí? - preguntó una dubitativa Hermione – Creí que nos quedaríamos en el Caldero Chorreante.

- No – puntualizó firmemente Harry, Hermione nunca lo supo pero creyó detectar un tono molesto en la voz de su amigo – espera, luego te lo explico – le dijo manteniendo el tono.

Llegó a la recepción del hotel, pidió dos habitaciones para dos noches y pagó con el dinero que le dio Tía Petunia.

Subieron al cuarto piso, le entregó a Hermione la llave de su habitación y le dijo que dejara su mochila y luego fuera a la habitación de él y Ron. Una vez estando los tres sentados a la pequeña sala del cuarto, comenzaron las preguntas.

- ¿Por qué en un hotel para muggles y no en el Caldero Chorreante? – dijo Ron.

- Ya te que no quiero que nos encuentren – dijo Harry, evidentemente molesto esta vez – Creo que sabrás que el tabernero Tom es muy metiche.

- Sí, lo sé – dijo Ron un tanto avergonzado.

- Hace poco leí en "El Profeta" encarcelaron a un mortífago que se hospedaba ahí porque Tom le vio la marca tenebrosa mientras espiaba por un agujero que tenía la puerta.

- ¿Y por qué crees que te delataría a ti? – preguntó Hermione.

- Por esto – les dijo Harry sacando un ejemplar de "El Profeta" del día anterior y extendiéndoselo a sus amigos.

La muchacha lo leyó rápidamente y se lo pasó a Ron.

- ¡¿Pero cómo se atreven?! – gritó la chica, obviamente furiosa e indignada.

- No….es….posible – murmuró Ron

- Pero¿Por qué el ministerio cree que tuviste que ver en la muerte de Dumbledore? – dijo Hermione.

- Eso es muy simple – contestó Harry – como me negué a ayudar al ministro puso a todo el mundo a buscarme, culpándome de la muerte de Dumbledore.

-Pero aquí no dice que te acusan de de haberlo matado – razonó Hermione.

- No, no lo dice. Ahí lo pone como si estuviera confabulando con los mortífagos, porque está seguro de que yo estaba con Dumbledore esa noche, dice que yo lo saqué del colegio para que los mortífagos entraran y que me simplemente me hice a un lado cuando lo mataron, que los dejé hacer su trabajo sin siquiera intentar impedirlo.

- ¿Y por qué demonios hizo eso? – gritó Ron.

- Porque quiere saber a dónde fui con Dumbledore y a dónde iba él cada vez que se ausentaba del colegio.

- ¡Pero claro! – dijo Hermione poniéndose de pie y chascando los dedos mientras sonreía – Como no pudo lograr que le dijeras ahora quiere obligarte, manchando tu reputación y haciéndote quedar mal con la gente – y sin más soltó una carcajada – no puedo creer qiue sea lo único que se les ocurra – dijo aún riendo.

- Sí, como si me importara lo que piense la gente - dijo Harry en tono sarcástico – Así que por eso no podemos quedarnos mucho tiempo en un lugar donde haya magos, porque no pienso perder el tiempo con el ministerio. Así que nos quedaremos aquí.

Después de un momento de silencio y habiendo zanjado la cuestión. Hermione cambió de tema:

- ¿Y nos vas a decir cuál es tu plan¿Y de dónde sacaste el dinero?

Harry les contó de la carta que le había enviado Dumbledore a su tía y su cambio de comportamiento hacia él, así como de los regalos que le hizo y lo que le platicó de su madre y finalmente, e sobre con el dinero.

- Así que tenemos suficiente para movernos hasta el día del examen de Aparición – finalizó Harry.

- Oye Harry, y si te están buscando ¿Cómo vas a examinarte si tienes que ir al ministerio para hacerlo? – dijo Hermione.

- Es que el examen no va a ser en el ministerio, sino en Hogsmade. En el mismo lugar en el que te examinaste tú.

- ¿Y cómo vamos a llegar hasta allí? – preguntó Ron.

- Por Hermione, ella nos llevará. Apareciéndose.

- Bueno, está bien pero será de uno por uno, porque con los dos no puedo al mismo tiempo – aseguró Hermione.

- Sí, está bien, solo tomará unos segundos.

- ¿Y cuál es el plan, Harry?

- Mañana iremos al callejón Diagon – comenzó Harry – Debemos tomar dinero de Gringotts y quiero destruir el armario de Burgin y Burkes, solo por precaución. El viernes iremos al Cuartel General de la Orden para obtener información de los movimientos de Voldemort y averiguar acerca de una sospecha que tengo. Además necesito saber los lugares que fueron visitados por él hace tiempo

- Entiendo – convino Ron - lo dices para ver si en esos lugares puede haber un Horrocruxe.

- Exacto. Bien, ahora debemos dormir, mañana iremos a desayunar a algún restaurante y luego vamos a Gringotts.

- Hasta mañana – se despidió Hermione y salió de la habitación. Harry y Ron se desvistieron y se metieron en sus camas, que aunque no eran las camas de dosel de Hogwarts, estaban bastante cómodas y se quedaron dormidos al instante, sin decir ni una palabra más.

Por la mañana se ducharon y vistieron para luego bajar desayunar a un restaurante que había enseguida del hotel.

Mientras comían solo hablaron de las vacaciones y de los preparativos de la boda de Bill y Fleur. Luego del desayuno anduvieron por la calle en dirección al Caldero Chorreante y durante el camino una lechuza se posó en el hombro de Harry, traía el periódico. Le dio un knut y se alejó volando. Harry desdobló "El Profeta" y en primera página encontró un artículo que decía que el colegio Hogwarts de Magia y Hechicería no abriría sus puertas ese año, porque no había pasado las pruebas de seguridad impuestas por el ministerio y porque habían pasado tantas codas en él como para considerar que los niños fueran a estudiar, alejándose de sus padres.

- Bueno, no me sorprende; además no íbamos a regresar – dijo Ron después de leer el periódico que Harry le había pasado.

- Sí, tienes razón. No íbamos a regresar – dijo Harry haciendo especial énfasis en la palabra 'íbamos'.

Hermione se detuvo, Harry también lo hizo, se volvió y la miró.

- ¿Qué quieres decir con eso? – preguntó Hermione.

- Quiero decir que vamos a regresar – contestó Harry con una sonrisa en el rostro – después de la boda de Bill y Fleur, volveremos a Hogwarts. Pero no a estudiar – añadió al ver la cara de incredulidad de su amiga - tenemos que averiguar lo que quería Voldemort del colegio, algo estaba buscando y necesito saber si lo encontró.

- ¿Y vamos a entrar así como a así? – dijo Ron, reanudando la caminata.

- No, voy a persuadir a Mcgonagall de que nos acepte, no le he dicho lo que quiere saber pero, creo que entenderá – Harry se detuvo frente a la puerta del Caldero Chorreante, dio media vuelta y e dirigió a sus amigos –. Muy bien, ésta será una visita rápida, así que cúbranse con la capucha, que no se les vea el rostro y no hablen hasta el rostro y no hablen hasta llegar al callejón Diagon. ¡Vamos!

Se pusieron las capas y entraron resueltamente en el bar. El lugar estaba casi desierto, a excepción de un par de magos que estaban bebiendo cerveza en una mesa alejada. Cuando cruzaron la habitación, los mago de la esquina dejaron d susurrar y los siguieron con la mirada y cuando los tres amigos hubieron cruzado la puerta trasera volvieron a murmurar.

Harry, Ron y Hermione salieron al callejón Diagon y caminaron hasta el edificio de Gringotts que se encontraba al final del callejón. Llegaron a la cámara acorazada y Harry sacó una buena cantidad de oro, y Hermione fue a cambiar dinero muggle por el mágico.

Al salir del banco con los bolsillos bastante llenos, comenzaron a pasar por las tiendas y observaron que la mayoría de ellas estaban cerradas y con tablas en las puertas.

Sólo había unas pocas abiertas y casi no tenían clientela. Una de las tiendas en las que había un poco más de personas era la llamada "Sortilegios Weasley". Entraron a la tienda y en cuanto pusieron un pie dentro, los tres amigos se vieron amenazados por un par de varitas; tal vez debido a que tenían las capuchas puestas.

- ¿Quiénes son ustedes y qué hacen aquí? – preguntó bruscamente Fred Weasley.

- ¡Identifíquense! – exigió George.

Los tres 'extraños' levantaron lentamente las manos y jalaron de las capuchas hacia atrás, descubriendo sus rostros. Fred soltó un suspiro de alivio al verlos.

- En verdad me dieron un buen susto – dijo George.

- ¿Podemos pasar ahora? – preguntó Harry.

- ¡Claro, adelante! Sean bienvenidos – dijo Fred.

Caminaron al interior de la tienda y se dirigieron al reservado de atrás, mientras Ron exclamaba a gritos: - ¡No es posible! Cuando le cuente a mamá ¡Casi soy asesinado por mis propios hermanos! Entre tanto las pocas personas observaban detenidamente a los recién llegados que eran tan bien recibidos, aparentemente asombrados de que no los hubieran arrestado por el simple hecho de llevar capas negras.

- Y….¿cómo van las cosas? – preguntó Hermione, rompiendo el silencio.

- No muy bien – dijo Fred denotando tristeza en la voz – la clientela ha bajado considerablemente, hasta los pedidos por lechuza van a pique.

- Lo único que se ha vendido muy bien ha sido el polo de oscuridad – dijo el otro gemelo - ¡Pero descuiden! – exclamó ante la mirada de incredulidad y asombro de sus amigos – No se lo vendemos a personas con una marca en el brazo.

- No, nada de eso – completó Fred, negando con la cabeza – Lo que pasa es que Rufus Scrimgeour quiere que cada empleado del ministerio tenga un poco, por si acaso – suspiró –Bueno, en fin. Y ustedes ¿qué hacen? Creímos que irían a casa inmediatamente.

- Venimos a sacar algo de dinero y por algunas cosas, luego nos iremos. Es una visita rápida – resumió Harry – Supongo que ya se habrán enterado de que el colegio cerró.

- Sí, es una lástima….No para nosotros, claro, sino para quienes les gusta estudiar. – dijo George, dirigiendo una mirada inquisitiva a Hermione, ella se molestó, le volteó la cara y no le habló por un rato.

No se quedaron mucho tiempo, solo el necesario para comprar polvos de oscuridad y otros artículos que tal vez les servirían después. Se despidieron de los gemelos y salieron al desierto callejón Diagon. Anduvieron caminando cuando Harry vio que la librería "Flourish y Blotts" estaba aún abierta. Se dirigieron hacia ella y entraron, Harry comenzó a buscar entre las estanterías de libros acerca de Magia Oscura y encontró un libro grueso que le llamó la atención, lo tomó y comenzó a hojearlo, entre tanto, Hermione ya estaba escogiendo unos libros para leer y Ron los miraba un tanto aburrido.

Harry cerró el libro y se acercó a Hermione, le susurró al oído y le dio el grueso libro; luego volvió con Ron.

- ¿Qué le has dicho? – preguntó.

- Que compre el libro y se quite la capucha para hacerlo o de lo contrario asustará al vendedor.

- ¿Y de qué era el libro?

- Ya lo verás.

Hermione descubrió su rostro y pagó los libros. Regresó con los chicos y salieron denla tienda. Al llegar a la salida Harry dobló a la izquierda y entró en el callejón Knorturn, se colocó en el mismo lugar en donde habían escuchado la conversación de Malfoy y se asomó por la ventana del local "Burgin y Burkes". La tienda estaba vacía, supuso que el dependiente estaría en el reservado Harry se volvió hacia Hermione y le dijo:

- Escúchame bien, Hermione, necesito que entres a esa tienda, toques el armario y te aparezcas con él en la habitación del hotel.

- Pero, Harry, eso es robar.

- Losé. Y no entres por la puerta del local, aparécete también.

- Pero…

-Sin peros¿estás en esto o no?

Ella asintió e inmediatamente después desapareció de la vista y reapareció dentro denla tienda; Hermione fue hasta el armario lo tocó y se asomó por la ventana, Harry le dijo sólo con mover los labios: "Quédate en el hotel, no vuelvas". Ella asintió una vez más y volvió a desaparecer, pero esta vez llevaba un objeto con ella.

Harry y Ron se volvieron y comenzaron a caminar de vuelta al pub. Entraron al patio con el cubo de basura y la pared se cerró detrás de ellos. Sin embargo, en ese pequeño lugar no habían únicamente dos personas, sino que estaban también los dos magos que bebían en una esquina cuando entraron.

- ¿Quiénes son ustedes? – dijo uno de ellos.

- Nosotros deberíamos hacer esa pregunta – respondió Harry en tono mordaz - ¿Qué quieren?

El segundo se adelantó unos pasos y le dijo: - No mucho, solo que los vimos entrar al bar y se nos antojó molestar y adquirir un poco de oro.

- ¿pero qué pasó con el tercero de ustedes? – preguntó el primero – Creí que eran tres – dijo dirigiéndose, esta vez a su compañero.

- No importa, creo que el vale la pena es éste – señaló a Harry con un movimiento de cabeza.

- ¡Apártense! – ordenó Harry apretando los dientes y hablando con un tono amenazador.

El segundo hombre avanzó hasta Harry y subió su brazo lentamente y levantó la manga de su túnica, dejando al descubierto una marca tenebrosa grabada en su brazo izquierdo.

Harry no necesitó más motivación sacó su varita tan rápido que el otro no pudo ni siquiera intuirlo y le lanzó un hechizo aturdidor. El hombre salió volando por los aires y chocó contra la pared, por la que resbaló y quedó inconsciente sentado en el suelo. Harry dirigió la mirada hacia el otro hombre, sabía que él no podía verle el rostro pero podía ver que el hombre temblaba de miedo. Avanzó unos pasos hasta quedar tan cerca que estaba seguro que el hombre podía oír su furiosa respiración, se aseguró que no se le viera la cara.

- Con que te gusta ser mortífago¿eh? – le dijo con una voz burlona y amenazadora, una voz nada propia de él – Pues a ver si te gusta esto – e hizo un movimiento con la varita, sin pronunciar palabra, de ella salió un rayo de luz azul turquesa que atravesó el pecho del hombre y lo dejó tirado a los pies del otro.

Harry pasó por encima de él y Ron lo siguió. Cruzaron en silencio el pub y salieron a la calle muggle. No dijeron nada hasta llegar al hotel y ver a Hermione

- Se tardaron demasiado – dijo ella al verlos.

- Unos tipos, que resultaron ser mortífagos nos entretuvieron un rato – dijo Ron.

- ¡¿Qué?!...y ustedes¿están bien? – preguntó la castaña alarmada y preocupada.

- Estamos bien – dijo Harry, muy serio y evidentemente molesto.

Ron y Hermione se miraron, los dos estaban de acuerdo en que Harry se estaba comportando de forma extraña.

- ¿Qué pasó ahí, Harry? – dijo Ron

- Nada, solo apliqué algo que acabo de ver en ese libro – dijo señalando el libro que Hermione tenía en las manos – además, estuve practicando los hechizos no verbales.

- ¿Y esos hombres…mortífagos, van a estar bien? – preguntó Hermione con cautela.

- No lo sé – contestó Harry sinceramente – Al que le hice el hechizo aturdidor, sí, pero al otro….no tengo idea; el conjuro que usé se basa en las emociones, pero ¡estaba FURIOSO! – gritó aventando el cojín al suelo y apretando los dientes - ¿Dónde está el armario? – le preguntó a Hermione, un poco más calmado.

- En la otra habitación¿para qué lo quieres?

- Para ir a Hogwarts, después de entrar destruiré al otro.

- Bien¿y el libro? – argumentó Ron

- Ah, sí – dijo Harry tomando cuenta de ello – Encontré hechizos, encantamientos, maleficios y otras cosas que podrían servir. Los practicaremos todo lo posible, serán como clases intensivas para los tres en Defensa – miró a Hermione y vio en su rostro de incredulidad que ya había hojeado el libro y sabía que solo era parte de la verdad. Suspiró – Bien, tú ganas Hermione….es magia oscura – los muchachos se sorprendieron – no crean que me interesa, es solo que vienen los conjuros de magia oscura más comunes y lo mejor es que dice cómo defenderse de ellos y eso es lo que a mí me interesa.

Sin más preámbulos pusieron los cojines en el suelo y abrieron el libro al azar y comenzaron a practicar hasta muy entrada la noche.

De verdad, unas palabras no son muchas. Dejen reviews, plis.

Amis amigos que la están siguiendo, gracias.

Un beso, Naomi.