Ron andaba tranquilo por el corredor de Hogwarts, un sábado al anochecer, de vuelta a la sala común de Gryffindor. Como habitualmente cuando iba solo, tenía una mano metida en el pantalón e iba pensando las mayores perversiones homosexuales imaginables. Tenía la mirada perdida y punzadas de gusto le recorrían su gran entrepierna.
—¡Weasley!
Ron sacó la mano del paquete y se dio la vuelta. Draco se acercaba a él, con paso lento y sonriente. A Ron le dio mala espina, pero por lo menos no iba acompañado de sus dos gorilas.
—He oído por ahí que eres marica— dijo el rubio.
«Mierda» pensó Ron. En verdad lo era, pero no se sabía en público.
—¿Qué tonterías dices?
Draco llegó junto a él y, sin parar quieto, le cogió la cabeza y llevó su boca a la oreja de Ron. Le mordió y succionó el lóbulo. Al pelirrojo le invadió una mezcla de rabia y placer que le irritó.
—¿Qué te crees, Malfoy?— dijo Ron apartándose.
—Quiero que follemos.
Draco cogió a Ron por la pechera y tiró de él. Abrió una puerta que Ron no había visto y le metió con él. «Requerimientos» pensó Ron. La sala tenía el suelo acolchado y había varios botes de lubricante, condones y demás objetos sexuales.
Ron se resistió a obedecer a su conciencia y se dejó llevar por el instinto. La tentación era muy fuerte y Draco no era ningún desperdicio. Así que cerró la puerta a sus espaldas.
Draco se quitó a una velocidad impresionante el jersey y la camiseta, dejando su torso fuerte al aire. Ron se lo comió con los ojos. Fue recorriendo con la vista su cuello, los pectorales musculosos, cada par de abdominales tan definidos, esa V que bajaba directa al placer… y los ojos de Ron bajaron más, pues ya se había quitado toda la ropa. El pene de Draco era… no era largo, más bien era corto, pero eso sí, era grueso y palpitante. Muy gordo.
—Qué pena no haberte quitado yo la ropa. Déjame ver tu culo.
Malfoy giró y el otro pudo ver el angelical trasero de Draco, perfecto y recio. Ron se acercó y frotó sus pantalones contra las nalgas del rubio, mientras recorrió su torso con las manos.
—Malfoy, mi polla quiere salir— pidió.
Este se dio la vuelta y sin dejar de mirarle a la cara le desabrochó el botón y le bajó la bragueta. Muy lentamente, para matar de nervios a Ron, le bajó los pantalones. Los bóxers blancos que llevaba debajo transparentaban un gran bulto que iba hacia un lado y llegaba hasta el muslo. Malfoy dio un respingo al verlo.
—¿Impresionante?— preguntó Ron con malicia.
Malfoy no respondió y terminó su tarea bajándole los calzoncillos al pelirrojo. A Draco le dolía su verga de tan dura que estaba. Ron se quitó la camiseta dejando al completo su escultural cuerpo al desnudo.
Ron se tumbó, excitado hasta más no poder. Draco se agachó y lamió el pecho de su enemigo mientras le masturbaba lentamente con las dos manos. Ron mientras le metió un dedo por el ano, rojo de pasión, para ir abriendo camino.
—¿Es tu primera vez, Malfoy?— preguntó entre jadeos.
—Sí.
Lo era, con un hombre. Ron tenía espasmos de pura sensación, tuvo que sacar el dedo porque no se concentraba. Mientras, Malfoy bajaba en círculos con la lengua hasta que llegó a la base del miembro de Ron y la polla del rubio seguía torturada, caliente sin nadie que la vaciara. Pero, como un mensaje del cielo en respuesta a las súplicas carnales de Draco, Cedric Diggory apareció entre las sombras.
—Cedric, ¿tú no estabas muerto?— preguntó Ron.
—Sí. Por eso he venido. Estar muerto proporciona ciertas… ventajas.
Ya estaba completamente desnudo. Su maravilloso, perfecto y musculoso pero delgado cuerpo aumentaba el placer de Ron solo mirando. Bajó la vista, esperando algo totalmente enorme, pero era de lo más normal.
—Soy multiorgásmico— concretó Cedric.
Esto es, puede tener varios orgasmos antes de correrse. Cogió un condón y se lo puso en el capullo excitado. Se acercó a Malfoy por detrás y le enculó de una embestida. Draco, que esperaba dolor, no sintió sino el más grande de los placeres.
—Lo haces genial, ¡ah! ¡ah!
—Yo también quiero— suplicó Ron
—Tranquilo, ya te he dicho que hay para todos. ¡Malfoy! No te masturbes— dijo Cedric apartando las manos de Malfoy de su polle— No querría que perdieras las ganas antes de tiempo.
Cedric penetró a Draco una vez, y otra, y otra… los dos gemían y disfrutaban. Ron había quedado a un lado. Al principio se estuvo haciendo una paja, excitado con aquella imagen, pero luego recordó las palabras de Cedric e intentó distraerse.
Diggory estaba agarrado al fuerte pecho de Draco mientras metía su pene en el recto del rubio muchas veces. Por fin llegó a su primer orgasmo. Gimió muy alto y con un tono de lujuria que estremeció a Ron. Draco había disfrutado, pero no había tenido su orgasmo. Tendría que esperar. Diggory miró a Ron y se señaló la polla, aun dura y caliente. Ron, impaciente se acercó. Cedric conjuró una mesa e hizo que Ron se tumbara boca arriba. Cedric le cogió las piernas y se las puso al cuello dejando al descubierto el caliente agujero. Se cambió el condón con una mano. La entrada de Ron ya había sido utilizada antes, por lo que no fue delicado y entró con todas sus fuerzas.
Al cabo de varias embestidas, Ron estaba en el séptimo cielo. Lo hacía tan bien...
—Draco, tú que la tienes más gorda, dame por culo.
Malfoy se colocó detrás de Diggory. Por fin su pene iba a liberarse. Separó las recias nalgas de Cedric. Se puso un condón con estrías y penetró por primera vez un culo de hombre. Era más cerrado que un coño, lo que daba más placer. Cedric seguía con su doble placer, y decidió que era hora de hacer que Ron también tuviera lo que se merecía. Agarró su enorme verga con ambas manos y las deslizó arriba y abajo.
«Dios, eso sí es hacer una paja» pensó Ron.
Después de un rato de intenso frotar, de sacudidas al compás, dos pollas se liberaron al fin de su angustiosa carga. El semen de Ron manchó la mano de Cedric y Malfoy dio una última embestida a Diggory con su gordo pene antes de quitarse el condón usado.
Cedric, de igual modo, se retiró de Ron, después de un segundo orgasmo. Pero todavía le quedaba uno más. Ordenó a los dos jóvenes que se tumbaran en el suelo. Ellos obedecieron, exhaustos. Estaban tan cansados que no podían hacerle nada a Cedric, así que este decidió tomarse el último gozo por su cuenta. Empezó a masturbarse. Pero no con sus manos. Se frotaba la polla con los musculosos cuerpos de sus compañeros. Una vez Draco, otra Ron. Se frotaba con los pectorales blancos del rubio y con el bajo vientre de Weasley. Y eso le daba placer mientras contemplaba unos cuerpos dignos de actores porno. Al fin, empezó a moverse con más rapidez, y a gemir por última vez. Soltó su disparo de semen sobre ambos cuerpos y se tumbó haciendo hueco entre ellos. Puso una mano sobre cada pene, ya flácido, de sus compañeros, dispuesto a volver a empezar cuando la erección volviera.
