Harry siempre se quedaba el último en los vestuarios después de un partido de Quidditch, así creía que debía hacer el capitán, pero en aquella ocasión se quedó por una razón especial. Sabía que Dean Thomas siempre tardaba mucho en ducharse. Así, cuando todos se hubieron despedido ya, el agua seguía sonando para Dean.
Harry se emocionó cuando el agua de la ducha dejó de sonar. Entonces fue a la puerta de los vestuarios y cerró el cerrojo. Sólo llevaba encima la toalla, que todavía no dejaba ver ningún bulto excepto el de su firme trasero. Dean no se esperaba que al salir de la ducha se iba a encontrar cara a cara con Harry medio desnudo.
—Hola, Dean.
—Harry, ¿no te has cambiado todavía?
Dean quería mirarle a los ojos, pero se le desviaba la mirada hacia abajo. El torso de Harry, sin un solo pelo, de piel lisa y clara y fuerte le había llamado siempre mucho la atención. Claro que él no era gay, o eso quería pensar. No, no lo era, simplemente tenía debilidad por Harry. Cuando bajó la mirada, vio que la toalla de Harry empezaba a moverse.
—Me pones, Dean— sentenció Harry.
Así era. El moreno cuerpo de Dean era más bien flaco, pero tenía músculos y sus labios era tan gruesos… Harry le miró de arriba abajo con una mirada de deseo y notó como su virilidad se agitaba. Por fin, tuvo una erección completa y la toalla se soltó por sí sola.
—Harry, yo…
Pero no pudo decir otra palabra. Dean no había visto nunca una polla cachonda, aparte de la suya, claro está. Era más o menos como la suya de tamaño. Notó que él también se excitaba, y se resistió. Sabía lo que pasaría si Harry notaba que le ponía también. El otro día, cuando iba a abrir la puerta de su dormitorio, oyó gemidos de Harry y Ron. Y Dean no era gay. Simplemente le gustaba Harry. No era lo mismo.
Harry se acercó a Dean, que era un poco más bajito. La punta del capullo tocó los abdominales del más moreno. Le puso una mano en el pectoral y la deslizó un poco hacia abajo. La retiró, lamió el dedo índice y volvió a poner su mano en el cuerpo de Dean, para hacer círculos con el dedo mojado en el pezón.
Dean no aguantó más y dejó que su verga se pusiera dura. Se soltó la toalla y así quedaron los dos desnudos, preparados para follar, que era lo que los dos querían. Harry tomó la iniciativa y se puso de rodillas. Dean se apoyó en la pared para recibir a Harry. Este agarró el miembro de su eterno rival y lo tocó entero, cada centímetro, mientras Dean se mordía el labio para no gemir. No aún.
Harry acercó su cara al pijo de Dean. Sacó la lengua y acarició la piel rosada de la punta. Acto seguido, sin esperar más, se metió todo lo que pudo en la boca, para empezar a succionar.
—Ahh, Harry. Nunca me habían hecho esto.
Harry sonrió para sí satisfecho. Su pene estaba lleno hasta más no poder, pero aquella vez, por primera, él no iba a recibir. Esta vez él montaría a alguien. Y el elegido había sido Dean. Sabía la técnica para chuparla mejor que nadie, lamer el tronco, succionar la punta y hacer círculos con la lengua. Y cuando alguna vez Dean hacía algún gesto de placer, Harry sabía lo que tenía que repetir.
La cadera de Dean acompasaba el ritmo que llevaba la boca de Harry. Al principio estuvo totalmente parado, pero luego hasta puso las manos en la cabeza del otro y empujaba. Le gustaba mucho, además con un tío como Harry. Aquel torso esculpido, no sabía si estaba depilado o era así, pero a Dean le encantaba. Empezó a mover a Harry más rápido, lo que indicó que estaba cerca de correrse.
Por eso, Harry paró con un último lametón al cipote de Dean.
—Ahora te toca a ti darme placer— dijo Harry levantándose.
Dean, un poco asustado y nervioso, se dispuso a agacharse. Tocó con la palma de sus manos todo el pecho de Harry, los abdominales, hasta que puso las dos manos alrededor del pene de Harry.
Harry se divirtió un rato, dejando que Dean le acariciara la polla, pero enseguida le cortó.
—No, Dean. No ese tipo de placer.
Dean supo enseguida a lo que se refería. Quería probar a ver que se sentía, pero le asustaba bastante. Despacio, se dio la vuelta. Harry vio el culo de Dean a la perfección. Se notaba cuando alguien practicaba el Quidditch por el trasero tan perfecto que se quedaba.
Harry se acercó a él y le abrazó. Sintieron la piel del otro junto a la suya. Dean notó el miembro de Harry pegado a su espalda. Notó como el suyo se endurecía aún más. Había estado cerca y se había quedado con las ganas de soltar su semen, de llegar al orgasmo. Harry le comenzó a besar el cuello mientras acercaba una mano al ano de Dean. Le empezó a abrir paso con un dedo. Dean dio un respingo. Era un poco incómodo.
—Espera— le susurró Harry.
Para que no le resultara tan amargo, Harry le siguió abriendo paso con un segundo dedo mientras le agarró el pene con la otra mano y le masajeó lentamente, de arriba abajo. Dean disfrutó mucho más así. Era un doble placer para él. Cuando gimió, Harry consideró que estaba listo y sacó los dedos del culo de Dean. Agarró su pene y lo dirigió al recién encaminado agujero.
—Espera, se me olvidaba— dijo Harry.
Se apartó un momento, dejando respirar a Dean. Fue a por un bote de vaselina. Se empezó a untar por toda la verga.
—¿Quieres hacerlo tú?— le sugirió a Dean.
Este asintió con la cabeza, ansiando poder volver a tocar aquel pene. Le untó bien de lubricante, tardando más de lo que necesitaba, pero haciendo revolverse a Harry del cosquilleo que le producía.
—Bien, sigamos.
Dean volvió a ponerse de espaldas. Esta vez, Harry no avisó. Con una mano abrió las nalgas de Dean y con la otra ayudó a su polla a entrar. Un gritó salió de los labios de Harry y Dean al mismo tiempo. Ya quedaba poco.
Harry empezó a embestir a Dean, mientras le masturbaba con las dos manos. Dean solo tenía que dejarse hacer mientras agarraba la cabeza de Harry por atrás con las manos. Era lo mejor que había hecho en su vida. Le hacían una paja, moviendo la mano de arriba abajo todo el rato. Y además alcanzaban su punto G dándole por detrás.
Harry disfrutaba como nunca, era la primera vez que abría el culo a alguien. Con Ron, siempre era él el que recibía. Así que lo alargó lo máximo que pudo. Acarició todo el cuerpo de Dean, le besó el cuello, apretaba cada vez más su cadera contra la suya. Le recibía la polla entera y era un placer inmenso cuando los dos cuerpos se tocaban. Por fin, Dean notó un espasmo y gritó como nunca, de puro placer. Su primer orgasmo con un chico. El líquido blanco salió disparado de su pene. Gimió un par de veces y paró.
Harry que sabía que a partir de ese momento no le daría placer que le estuviera penetrando, salió del cuerpo de Dean y le pidió que se la chupara por última vez. Dean estuvo de acuerdo y se la chupó tan fuerte que Harry se corrió enseguida y con un placer que no había sentido nunca antes.
