Punto de vista de Seto
Jamás se me ocurrió que mi propio hermano menor conspirara contra mí. Eso que hizo con los vídeos realmente me molestó mucho, pero tampoco podía descargarme con él. Después de todo, sólo tiene doce años...
Aunque eso no justifica la mayoría de las macanas que se mandó a lo largo de su vida.
-¡Seeeeeetoooooo!
-¿Qué pasa ahora, Mokie?
-¿Dónde está la comida de Luna?-pensé un rato...
-Debería estar en la cocina.
-¡No la encuentro!
Gruñendo, me saco los anteojos para ponerlos sobre mi escritorio y me levanto. Este chico. Tiene las cosas delante de él y ni siquiera las ve. Es muy distraído. Bajo las escaleras, dirigiéndome a la cocina y al entrar encuentro a mi hermano tirado en el suelo mirando en las alacenas para encontrar la comida de la gata que esperaba sentada al lado de su plato.
-Mokie... –susurré, arrodillándome a su lado.
-¿Qué?
-¿De casualidad no se te ocurrió mirar en las de allá?-le pregunté señalando las que estaban cerca de la heladera.
-Pero siempre la guardamos acá.-me encogí de hombros.
-Por ahí la cambiamos de lugar sin darnos cuenta. Además, no perdés nada fijándote.
Sonreí al escucharlo gruñir, y murmurando cosas de que yo no tenía razón en que la comida estaría allí. Pero claro, él puede equivocarse al igual que yo y para que eso pase, bueno, la verdad no pasa muy a menudo que digamos. Sonrió en satisfacción cuando mi hermano abre las puertas y encuentra las bolsas de trocitos.
-No, digas, absolutamente, nada.-me advirtió. Cuando sacó una bolsa, Luna empezó a maullar exigiendo su alimento.
-Está bien.-le dije, poniéndome de pie. Le revolví el pelo cariñosamente antes de retirarme.-Acordate que tenés práctica en media hora.
-¡Ya lo sé!
-.-.-.-.-.-.-.-
-Meeeeooow...
¿Uh? Levanté mi vista de mis papeles, mirando alrededor de mi estudio. No vi nada fuera de lo común. Qué raro. Me pareció escuchar a Luna mau---
-¡GAH! ¡¡Luna!
Corro la silla giratoria y la encuentro jugando con los cordones de mis zapatos. Doy un gruñido. Siempre hace eso cuando estoy trabajando. Volviendo a mi lugar, sigo trabajando hasta que la gata trepa por mi pierna derecha, clavando sus uñas.
-¡Auch! ¡Luna!
La tomó entre mis manos y ella me maúlla, acurrucándose en mi regazo. Suspiro, regresando nuevamente a mi rutina, esperando que a la gata no se le ocurra hacer alguna travesura como usualmente hace. Pude trabajar tranquilo por tres horas, hasta que comenzó a estirarse, clavando sus uñas en mi regazo por lo que la saqué de inmediato y la alcé a la altura de mis ojos.
-Querés hacerme la vida imposible, ¿no?
-Meeeeoow... –suspiro.
-Sos igual que Mokuba.-la siento sobre mi escritorio, en un lugar donde no se encuentren mis preciados trabajos y comienzo a rascarle las orejas.-Siempre haciendo líos, nunca me dejan trabajar en paz, se la pasan corriendo de un lugar a otro.
Al principio me había negado que mi hermano tuviese una mascota pero cuando Wheeler se la regaló, no tuve más remedio que dejar que se quede. Era un regalo que no podía devolverse. Era divertido ver a esos dos colgados en la ventana, mirando la calle, o tratando de trepar los árboles (cuando Luna era chiquita, Mokuba la ponía dentro de sus ropas par que no se cayera) para sentarse en la rama más alta y contemplar el paisaje, o se la pasaban la tarde entera mirando televisión en la sala, o simplemente haciendo nada; se quedaban recostados en el suelo, mirando el techo, sin hablar o hacer algo. No sé, pero entre ellos se entienden como los más grandes amigos.
-Meow.
-¿Ahora qué querés?-se frota contra mis brazos y yo simplemente le acaricio el lomo.-No me vas a dejar trabajar, ¿verdad? Igual que Mokuba...
-¡¡Seeeeeeetooo! ¡¡Ya llegué!-ja, hablando del rey de Roma.-¡¡Más vale que no estés trabajando porque hoy te toca hacer la cena a vos!
Diablos, sabía que algo me estaba olvidando.
-Todo fue tu culpa.-la señalo a Luna en el pecho y ella ronronea.-No dejaste que me concentrara lo suficiente.-la tomo entre mis brazos, levantándome para salir del estudio.-Tal vez te de un poco menos de comida esta vez, como un castigo.
-Meow...
-Nada de eso. Te lo merecés por haberme molestado mientras trabajaba...
Al bajar las escaleras, me di cuenta de que le estaba hablando a la gata como si fuese mi propio hermano. ¿Quién sabe? Tal vez compartan algo entre ellos, después de todo.
