No es que no me guste el colegio, pero a veces estar sentado durante todo el día oyendo a los profesores explicar temas, de los cuales la mayoría tengo yo conocimiento, es aburrido. Siempre fui un joven aplicado debido al constante trato de parte de mi padrastro y a la larga terminé acostumbrándome. Además, no me distraigo fácilmente. Eso un gran punto a favor.

Regresé al aula terminado el receso y noté que volando a nivel del techo había un moscardón. Realmente era enorme y las chicas no tardaron en enloquecer cuando lo vieron, gritando como tontas al notar al insecto que buscaba una salida.

-¿Por qué joden tanto, carajo?-dijo Wheeler a mis espaldas.-No les hace nada. Creo que está más asustado de ustedes que ustedes de él. Pobre bicho…

Sonrío. Admito que tiene razón, y eso es algo poco común en mí. Siempre estamos discutiendo o peleando por el aire alrededor nuestro, pero en raras ocasiones nos llevamos bien. Más de una vez me pidió consejo y ayuda en materias complicadas como lo era química o psicología y yo accedí a sus pedidos. Por más escandaloso que sea, me caía bien.

La profesora de dibujo técnico entró haciendo alboroto ante el griterío de las chicas. Todos nos sentamos, sacamos los tableros y comenzamos a preparar el formato mientras la profesora comenzaba a explicar el tema del día.

Debo decir que dibujo técnico me saca de mis casillas. La materia requiere de mucha concentración y prolijidad al hacer los planos y vistas de los objetos, algo con lo que no estoy relacionado muy íntimamente. Jamás me gustó el dibujo y con esto, lo aborrezco más.

Algunas chicas sentadas en el fondo, de entre ellas Tea, gritaron cuando el moscardón bajó y pasó volando entre ellas. Se cubrieron con los tableros y abanicaron las reglas al aire. Por unos momentos temí por la seguridad de los demás estudiantes, en especial de Yugi y Tristán, quienes estaban al lado de Tea. Las reglas se acercaban cada vez más a sus rostros, y creo que ambos se percataron porque se levantaron y cambiaron de sitio. Tristán se sentó al lado de Wheeler y, extrañamente, Yugi vino a mi lado.

-Temí que ella te decapitara con la regla.-comencé y él se rió.

-Yo también, pero dudo mucho que logre golpear al moscardón.

El susodicho ahora se paseaba de un lado a otro del aula, todavía sin encontrar una salida, y las chichas comenzaban a agotar la poca paciencia que me quedaba. Ya había gastado suficiente de ella tratando de hacer la lámina y estaba a punto de revolear el tablero por los aires de lo frustrado que estaba. Yugi pareció notarlo y se ofreció a resolver una parte difícil del trabajo. No negué su ayuda porque era eso o terminar de arrancarme los cabellos intentando descifrarlo. Odio esto.

La profesora se levantó del escritorio. Tomó unos papeles, se calzó los anteojos sobre la nariz y empezó a borrar un poco el pizarrón para comenzar a dibujar el próximo ejercicio. Gracias a la ayuda de Yugi terminé a tiempo y ahora estaba copiando el boceto en una hoja a parte para resolverlo antes de llevarlo a la lámina. Un concejo que me dio Yugi para no enfadarme cada vez que teníamos dibujo técnico.

Todo fue bien hasta que el moscardón comenzó nuevamente a "acosar" a las chicas. Iba y venía de un lado a otro y pareció interesarse en Wheeler, quien andaba de pie al lado de Tristán charlando. El bicho le daba vueltas y eso pareció molestarlo mucho, ya que lo ví tomar una carpeta tamaño seis, marrón clara con calcomanías de sus equipos preferidos de fútbol. Noté la punta de una de las escuadras que guardaba dentro y cómo miraba al moscardón con malicia.

-Ya va a ver ese bicho de mierda… -lo oí decir, siguiendo el punto negro con los ojos.

Seguimos tranquilos hasta que por fin Wheeler se hartó, y todo sucedió en cámara lenta.

Pude ver como él blandeaba su liviana carpeta contra el moscardón que pasó justo a su lado, pero no le dio. En cambio, vi, lentamente, como la escuadra salía disparada de la carpeta girando por el aire. Golpeó a la profesora cerca del cuello antes de chocar con el pizarrón y después recuerdo haberme echado a reír a carcajadas como tantos otros en la clase, no por el hecho de que la profesora tenía una crédula expresión en rostro, sino por Wheeler, que estaba más blanco que una hoja. Parecía haber visto un fantasma.

-Ay mierda… -lo escuché susurrar, sabiendo que la profesora le iría a meter una suspensión.

-¿¡Quién fue?!-gritó ella furiosa, pero inmediatamente se dio cuenta la ver a Wheeler más asustado que una gallina frente a una comadreja. Supo que no lo hizo a propósito, pero seguía furiosa.-Más le vale que cuide mejor esa regla porque se la meteré en un lugar no muy cómodo para usted, Wheeler.

Nuevamente estallaron las carcajadas, y Yugi me miró raro.

-¿Qué pasó?

-¿No viste?-dije anonado. Él negó con la cabeza.-Wheeler quería matar al moscardón con la carpeta, pero cuando la agitó la escuadra salió volando y le pegó a la profesora.

Yugi parecía no creerlo pero rió de todos modos. Ese día quedaría grabado en mi memoria hasta el día en que muera.

Luego vino el examen de química. No era tan complicado y lo hice en menos de quince minutos. La profesora corrigió los primeros papeles y los devolvió, pero cuando leyó el de Wheeler arqueó las cejas interesada. Una vez que terminó, lo llamó y él levantó la cabeza.

-Señor Wheeler, ¿desde cuándo la leche es un sistema gaseoso?-preguntó ella. Yo y otros más rieron por lo bajo.

-Ah, ¡Ve! ¡Sabía que algo estaba mal cuando entregué!

-¡Que no cunda el pánico!-gritó Tristán.- ¡Que les presento a ustedes el nuevo producto que todo ha de tener! ¡La leche gaseosa! Ahora disponible en garrafas por un bajo costo.

Todos nos echamos a reír, incluso la profesora, pero Wheeler parecía más furioso que nunca. Definitivamente ese no era su día.

-¡Estaba medio dormido cuando escribí, che!-se defendió.

Después de clases decidí recoger a Mokuba y nos fuimos juntos a casa. Él me contó lo que hizo en el día y yo de las dos ocasiones de Wheeler, y sonreí al ver a mi hermano descostillarse de la risa.

-¡No andes con jodas, Seto!-gritó, lagrimeando de tanto reír.

-Es cierto. Tendrías que haberle visto la cara cuando la regla golpeó a la profesora. Blanco como el papel.

Así regresamos a casa; muriéndonos de risa. Definitivamente este día quedará grabado en mi memoria hasta el fin de mis días.

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N. d. A: Basado en dos historias que le ocurrieron a un compañero en tercer año de secundaria. Sí. Lo de la "Escuadra Voladora" es cierto, por más irreal que les suene.