Capítulo 5

Enseguida llegaron las vacaciones de Navidad y mami empezó a tener más trabajo y comenzamos a ir al hospital más pronto y llegábamos a casa más tarde. Pero la señora mayor nos dijo que a cambio de todo el trabajo que mami estaba haciendo, el día de Navidad mami podría tenerlo libre. Me alegro de que la señora mayor lo haya hecho.

El día de Navidad me desperté bastante inquieto y no sé porqué. En cuanto mami se dio cuenta, me cogió y fuimos hacia el salón. Allí habían un montón de paquetes y me sorprendí al ver que más de uno era para mí. Nunca antes me habían hecho regalos así. Mami me dejó sentado en el suelo sobre una manta muy calentita y comenzó a abrir alguno de mis regalos. Si son míos, ¿por qué tiene que abrirlos ella? Algo enfadado y sin pararme a pensar en otra cosa, comencé a acercarme a los regalos lo más rápido que me permitían mis piernas y mis brazos. Todos se quedaron mirando como avanzaba, aunque no tardé mucho en parar porque estaba algo cansado. En ese momento, mami me cogió en sus brazos y empezó a abrazarme. Según dijo, había empezado a gatear. Si supiera que mi intención eran mis regalos… Al final recibí un peluche muy blandito, con el que empecé a dormir, y algo de ropa muy calentita (creo que fue la tía porque muchos días se encerraba en su habitación y no dejaba que nadie entrara).

Esa misma tarde, los chicos vinieron a visitarnos. Cuando mami les contó lo que había pasado por la mañana, volvieron a rodearme y a mirarme igual que aquella vez hace varios meses, solo que esta vez si que sabía porqué lo hicieron y lo disfruté más. No salimos de casa porque hacía mucho frío y ninguno quería que yo me pusiera malo otra vez. Esa preocupación es lo que me da a entender que todos me quieren muchísimo. Pero igualmente, el hombre del perrito trajo una especie de silla, la ató a su perrito utilizando unas cuerdas y puso en ella. El perrito empezó a correr por toda la casa y yo me divertía mucho.

Este día de vacaciones ayudó a mami a relajarse de las presiones que tenía, la mayoría de ellas por culpa mías. Lo aprovechó para descansar más y mejor, pero no significaba que no disfrutara de mi compañía.

Volvimos a trabajar y mami comenzó a dejarme otra vez con el hombre del pelo rojo. Le contó lo que pasó y el hombre del pelo rojo y con su ayuda hizo algunos cambios en su despacho y comenzó a dejarme gatear libremente cogiéndome cuando llegaba a algún lugar por el que no debía estar.