"Me encuentro colgado en un momento aquí contigo,

no tengo nada que perder, no hay nada que encontrar,

no hay nada en el mundo que me haga cambiar de opinión

y ya no hay nada que no seas tu…"

El viaje transcurrió en calma mientras atravesaban la ciudad. El muchacho se limitaba a conducir, desviando la vista del camino al retrovisor para asegurarse de no despegarse mucho de la escolta que los seguía y de vez en cuando, daba una mirada furtiva ala inocua chica cobijada en el asiento de copiloto, viendo como las luces de las calles iluminaban intermitentemente su rostro y su mirada perdida reflejada en el cristal de la ventanilla.

-Creo que debo regresar a Celeste- rompió el silencio sin moverse.

-Hoy no –le contesto un tono serio - es muy tarde y esta muy lejos, te quedaras conmigo-

-no creo que a May le agrade que pase la noche en su casa- dijo sin disimular el dejo de ironía en su voz.

-May se fue a Ciudad Fiusa…- confirmo lo que le había dicho esa tarde -y no creo que vaya a regresar-

La chica aparto la mirada de su propio reflejo para dirigírsela sorprendida al joven entrenador que no había cambiado su sobria actitud.

-pero…-

-Se llevo todas sus cosas, así que todo simplemente se acabo-

-Yo… lo siento mucho- le respondió arrepentida de su inapropiado comentario.

-Es lo mejor- le dijo esbozando una pequeña sonrisa – así nos ahorramos años de tortura.-

-Tienes razón, pobre May imaginas ¿tener que soportarte por el resto de su vida?-

-Pues tu no eres precisamente una perita en dulce ¿Sabias?- contesto levantando una ceja- tienes un carácter que podría asustar a un Gyara…- pero su provocación fue frenada por la bella sonrisa que surgió debajo del tizne que cubría el rostro de la pelirroja.

-¿falta mucho?-

-no, estamos por llegar- dijo concentrándose en la ruta para disimular el rubor que cruzo por sus mejillas.

Entraron al estacionamiento subterráneo del edificio y pararon en el cubículo marcado con el nombre del campeón. Era mucho más elegante que el lugar donde vivía la entrenadora, el vestíbulo estaba cubierto por un fino tapizado dorado y una larga alfombra verde que conducía a la recepción. Ash dejo claras instrucciones al hombre uniformado detrás del anaquel de no dejar subir a nadie a su departamento sin importar quien fuera, dejándolo en su error de imaginar que el joven disfrutaría la ausencia de su novia con la hermosa chica que lo acompañaba.

El espacioso apartamento coordinaba perfectamente con la antecámara del edificio: un bello recibidor seguido de una acogedora estancia alfombrada con chimenea junto ala cocina, en el fondo estaban el tocador, la habitación principal y un pequeño estudio que el entrenador utilizaba como oficina cuando llevaba trabajo atrasado a casa; los muebles y el decorado eran muy refinados pero algo ostentosos y mundanos para el gusto de la recién llegada.

-Vaya ¿realmente vives aquí? –dijo mirando desde el recibidor-Antes ni siquiera podías tener en orden tu bolsa de dormir-

-En realidad no paso mucho tiempo aquí- le contesto mientras sacaba algunas cosas en un pequeño armario- Creo que por eso May siempre estaba molesta conmigo.-

Misty se sentó en la estancia a esperar que su amigo dejara de entrar y salir por todos los cuartos. Finalmente se acerco y se hinco frente a ella.

-¿Cómo te sientes?-

-Últimamente es todo lo que me preguntas, ¿no podrías pensar en algo más original?-

-No me has respondido-

-Bien Ash, me siento bien- contesto ofendida - auch eso duele-se quejo después de que su amigo tocara un rasguño en su rodilla.

-Si, eso se nota- suspiro y se paro frente a ella entregándole el bulto que coloco en el suelo junto a el- si quieres puedes tomar un baño, espero no te moleste usar esto, fue todo lo que pude encontrar-

-De acuerdo, gracias- se adentro al departamento para tomar un relajante baño caliente.

El entrenador hizo algunas llamadas para poner al corriente a los demás que seguramente ya habrían escuchado algo del incidente, solo a Brock, a Gary y al profesor les contó la historia completa para evitar preocupar a su madre, a las hermanas de Misty y sus amigas; después hizo algunas llamadas mas y se retiro a su cuarto.

El baño le ayudo a asimilar los hechos que ocurrieron ese día, lo había perdido todo en el incendio: sus títulos, sus trofeos, su amada colección de muñecas, las fotografías de su familia y amigos, los recuerdos de sus viajes, todo había sido consumido por las llamas, tendría que conseguir un nuevo lugar para vivir (pues no estaba dispuesta a regresar a Ciudad Celeste asustada) y empezar de nuevo… salio de la bañera y se vistió con las prendas que Ash le había prestado :una enorme camisola blanca que cubría su cuerpo hasta la cadera y un pantaloncillo corto de likra negra, seguramente de la "ex señora de la casa"; arreglo un poco su cabello húmedo y salio del tocador pensando que su anfitrión también desearía relajarse un poco.

Lo encontró en la puerta del recibidor despidiendo a alguien, se había cambiado ya, usando únicamente un pantalón (por la tela y el color imagino era el juego de la pijama que ella usaba) y las vendas que cubrían las quemaduras en sus brazos, espalda y abdomen.

-¿Disfrutaste tu baño?- le pregunto acercándosele después de cerrar la puerta.

-Bastante, esta listo si quieres ducharte…-

-Gracias pero no creo poder soportar el agua en mi piel. –le contento tomándola de la barbilla para que lo viera a los ojos des pues de que bajara la mirada-Ya te dije que esto no es tu culpa, ven-

La condujo a la estancia y le pidió que tomara el mismo lugar que ocupo cuando llego al apartamento sentada en la orilla del sofá, esta vez el se sentó en el piso frente a ella saco un pequeño frasco de uno de los paquetes que había mandado pedir de la farmacia, untando cuidadosamente un aceite en los rasguños, cortes y abrasiones en las piernas de su amiga.

-Eso arde- se quejo haciendo una mueca de dolor.

-No tendría que hacerlo si hubieras dejado atender antes- le dijo en tono severo por el poco cuidado que tenia por ella misma, levanto la mirada un segundo para ver la mueca de dolor de la pelirroja y volvió a prestar atención a las curaciones –seré mas delicado ¿de acuerdo?

-¿Para que es?-

-Evitara que se infecten y que queden cicatrices, ¿ahora te puedes quedar quieta?

La chica obedeció la orden mientras el continuo aplicando el bálsamo sobre la delicada piel herida con el mayor cuidado posible y tomándose el tiempo necesario en su labor. Misty no podía creer la ternura con que se dedicaba a tratar sus lesiones cuando ella no lo había echo, Ash había madurado mucho mas de lo que ella quería admitir, ya no era mas el niño del que hizo objeto de su amor adolescente aunque aun conservaba la inocencia de la niñez, era un hombre que despertaba en ella una deliciosa sensualidad, un deseo inevitable de rodear su cuello y perderse en un sus labios… en un beso que sabia nunca se atrevería a robarle.

Disfrutaba captar toda su atención aunque fuera la única ocasión y la única manera de serlo, por primera vez en mucho tiempo se sentía feliz.

Después de asegurarse de haber cubierto todo los cortes paso sus manos por la parte interna de la rodilla y las pantorrillas buscando algún hematoma o lesión que hubiera pasado por alto.

Sentía como su piel se encrespaba ante las inocentes caricias de su amigo, rogando que no se diera cuenta.

El chico tomo una venda y empezó a cubrir los lastimados pies de la entrenadora sin saber como una mujer que parecía tan frágil pudiera soportar tal castigo sin quejarse, levanto la mirada para preguntárselo encontrándose directamente con sus hermosos ojos azules que lo observaban atentamente, buscando algo en los suyos.

Era la primera vez que se encontraban tan cerca, deseo poder leer lo que había en ellos, lo que trataban de decirle y sobre todo, lo que realmente pensaba de el o mostrarle, lo que algún día, tal vez, podría hacerla sentir si se lo permitiera.

Por mas que deseara perderse en sus ojos, la intensidad de su mirada la obligo a ceder y buscar refugio en algún objeto en la habitación, mientras que el, ignorando a su acelerado corazón y todo lo que ella trato de transmitirle, tomo su otro pie y repitió el vendaje.

Poso su mirada en una pared llena de marcos y retratos de personas que reconoció de inmediato y de otras tantas que no supo identificar, en algunas Ash se encontraba solo y en otras rodeado de sus pokemon, siempre sonriendo a la cámara; pero una capto su atención, el joven Ash de 15 años fuera de su hogar en pueblo Paleta junto a un chico moreno mucho mas alto que el y una versión mas joven de ella al lado contrario, lo curioso fue que Ash la tomaba de la cintura en la fotografía, supo que fue a partir de ese momento que ambos comenzaron a tomar cierta intimidad entre ellos ,claro, sin sobre pasar los limites de la amistad.

Siguió su recorrido por la pared. Justo en el centro estaba una foto con un marco mucho mas llamativo que los otros, donde Ash compartía un listón con una chica de vestimenta roja y cabellera castaña, era en el gran festival donde Ash y May iniciaron su noviazgo. La escena la deprimió, Ash parecía tan feliz con una chica que representaba todo lo opuesto a la entrenadora: recatada, delicada, preocupada por su apariencia, femenina, incluso sus ocupaciones se lo recalcaba, era coordinadora: una especialista de la estética y belleza, como podría fijarse en ella existiendo chicas como May cerca.

Se sintió avergonzada de su terrible aspecto actual y la falta de atención a su arreglo personal, era verdad que no era "un caso totalmente perdido" como solían decirle sus hermanas pero le dedicaba tanta atención al entrenamiento y a sus pokemon que no deseaba pasar su poco tiempo libre pensando en maquillarse o ir de compras como solían hacerlo ellas. Eso era parte del carácter difícil que la alejaba por mucho del estereotipo de "chica linda" del que se enamoraba su mejor amigo; estaba resignada a seguir en su papel de amiga incondicional y vivir a su lado sin estar con él.

-Necesito que me muestres tus brazos- le pidió al ponerse de pie. Ella remango las largas mangas que cubrían sus manos y se los mostró, dejándolo seguir con el tratamiento mientras ella seguía sus movimientos con su mirada.

-mañana quiero ir a ver a azurril y a pikachu- le pidió

-Llame al centro pokemon, ambos están bien, aunque pikachu no quiere dejar sola a azurril- le contesto divertido.

-No me sorprende, esos dos siempre se han querido mucho-

- Si, eso creo, bien ahora muéstrame tus hombros.-

Aun que la petición le sonó inapropiada, la chica se dio media vuelta y deslizo la camisola hasta la mitad de sus brazos dejando expuesta la piel de su espalda, hombros y cuello coloreada de tono rosa pálido que resaltaba entre el cabello suelto. Ash aparto la cortina de seda roja colocándola aun lado y repitió el procedimiento, primero los hombros para seguir ascendiendo hasta la base de la nuca con suaves movimiento circulares, asegurándose de cubrir cada rincón por donde pasaban sus dedos; su cuello te pareció terso e incitante bajo el rose de sus manos.

Casi apunto de terminar descubrió una pequeña zona abultada cubierta por su rojizo cabello, inseguro de si se trataba de una lesión antigua o recién hecha esa noche.

-¿Qué es esta cicatriz?- pregunto des pues de tocar la única parte de su piel aparentemente insensible

-Me golpe la cabeza dentro de la piscina-contesto poniendo la camisola en su lugar -tratando de amansar a Gyarados cuando volví al gimnasio, ya te lo había dicho-(N/A: Se que no paso pero ustedes hagan de cuenta que si)

-Creo que omitiste ese detalle- le dijo con los brazos cruzados en forma de reclamo

-Cielos ¿Cuándo te volviste tan gruñón Ketchum?- se defendió poniendo sus manos en su cintura.

-Y ¿tu cuando te volviste tan temeraria?- contesto inclinándose un poco para colocarse a su altura.

-Siempre lo he sido- le dijo imitando su postura-solo que nunca lo habías notado- se estiro y dio un pequeño bostezo-

-Será mejor ir a descansar- abrió la puerta de la habitación principal mostrándole donde dormiría -Mañana seguiremos con esta discusión. Buenas noches-

-Buenas noches- se despido antes de sembrarle un beso en la mejilla como agradecimiento por sus atenciones, dejando mudo al entrenador.

Era verdad, siempre había sido temeraria y aventurera, valiente, noble, centrada, divertida y risueña, cualidades que la convertían en "la niña perfecta" en millones de sentido, cualidades que solo a el le pasaron por alto como la obvia realidad que ahora le era imposible negar, siempre estuvo enamorado de su mejor amiga……