Con suavidad, desliza la mano hasta su hombro y la guía hacia el comedor, sintiéndose relajado y feliz sólo con ese leve contacto. Ahora está con él, y todo está bien.
La música continúa, claro. El incesante sonido de los corazones latiendo, el contrapunto de cientos de emociones, interesantes unas pocas, pueriles la mayoría. Pero todo eso se apaga, se amortigua con el simple sonido de sus delicados pies deslizándose por el suelo deslucido del pasillo.
Al llegar al comedor, decenas de aromas asaltan su bien afinado olfato. Comida humana, alguna bastante menos fresca de lo que pretende aparentar. Sudor, fresco y viejo. Perfumes, polvo, desinfectante, humedad…
Y sangre... Siempre sangre.
Ella mira a su alrededor, y clava sus ojos dorados en una mesa. No la que él espera, no la que hubiera deseado. Y se vuelve hacia él. Lo mira sonriendo, casi disculpándose. La ama. Dios, cómo la ama. Y siempre le han enseñado que uno debe sacrificarse por amor. Es como debe comportarse un caballero como él.
Pero no hoy. No hoy. Baja la vista, esquivando sus ojos, sintiéndose egoísta, casi ruin. Se avergüenza de las palabras que va a pronunciar, mucho antes de que lleguen a rozar sus labios, pero no puede reprimirlas. ¿Qué más da? Probablemente, ella ya sabe lo que va a decir…
"No me dejes solo. Hoy no", susurra, intentando que su petición no suene como una súplica.
No le importa suplicar, en realidad. No es eso lo que le avergüenza. ¿Por qué iba a sentir vergüenza de eso? ¿Por qué iba a importarle que ella sepa lo mucho que la necesita? Ella ya sabe lo mucho que la necesita. ¿Y qué? Uno no siente vergüenza por necesitar sus brazos o sus piernas… ¿Por qué iba a avergonzarse de necesitar un corazón? Ella le robó el suyo – frío, inerte – hace mucho, mucho tiempo atrás, y a cambio se convirtió a si misma en un músculo vivo, capaz de sentir y de amar para él. Ella no tiene su corazón. Ella es su corazón. Y uno no debe lamentarse de necesitarlo.
No es eso lo que le provoca malestar reconocer. Es el fracaso. El poco dominio que tiene de sí mismo. Lo único que ella le ha pedido a cambio de ser su vida, la única razón de su existencia. Cada vez que, como hoy, siente que sus fuerzas flaquean, siente que le falla, que no es digno de ella. Y eso es más de lo que puede soportar. Odia reconocer la derrota. Un soldado no debe rendirse, debe luchar.
Ella sabe lo que está pensando. No necesita compartir el don de su hermano para eso. No necesita leer su mente, ni oír sus emociones. Sólo tiene que mirarlo a los ojos, y ver en ellos la lucha, la rendición… y el amor. Sonríe una vez más, y asiente con suavidad.
"Jamás te dejaré solo"
¿Cómo iba a hacerlo? Lo necesita tanto como él a ella. Más que el alimento, más que la vida. Y en el fondo, cuando las pesadillas y la sed no lo persiguen, él lo sabe. Y por eso sigue luchando.
Se sientan junto a sus hermanos. Su hermana apenas saluda, concentrada en analizar la mínima imperfección en su exquisita manicura. Su hermano sonríe de oreja a oreja. Feliz, como de costumbre.
Pero ahora él también empieza a sentirse feliz. Se relaja, sonríe. Con ella a su lado, nada puede ir mal.
"¿Algo bueno para contar?", resuena el vozarrón de su hermano.
"Pensaba que, a veces, conocer a alguien puede dar un giro a tu vida", susurra, más para ella, que para responderle a él.
Una risotada celebra su comentario.
"¿Conocerme ha cambiado tu vida?"
"Desde luego", asiente, con absoluta seriedad.
Su hermano vuelve a sonreír. Encantado. Siente las emociones que emanan de él con una intensidad abrumadora. Y le agradece esa alegría, aunque...
"Por favor, borra esa estúpida sonrisa de tu cara, Emmett", espeta, disimulando una sonrisa malévola. "Yo nunca he dicho que ese cambio haya sido para bien"
Sorpresa. Rabia. Confusión. Y finalmente, comprensión, y nuevas risas.
"En cuanto lleguemos a casa, voy a darte una soberana paliza, Jasper, ya lo verás", amenaza, sonriente.
Se encoge de hombros, con su mejor sonrisa de "aquí te espero", mientras su ángel sonríe junto a él, acariciándolo con la mirada. Y todo encaja en su sitio.
Es bueno tener una familia. Es bueno tener un corazón.
Es incluso mejor que la sangre.
……………………
Pshe… En fin… Bueno, que tenía que acabarlo de alguna manera… Aunque, la verdad, no me acaba de convencer...
Go go go
