2.- Te echaba de menos
Edward me cogió de la mano e intentó averiguar como siempre mis pensamientos aún sabiendo que no podría. Lo miré con ojos llorosos.
- Bella no me hagas sufrir más. ¿qué ha dicho Charlie?
- Jacob.
- ¿Qué pasa con él?
- Jacob va a venir mañana a verme… ha… ha avisado a Charlie.
Edward se quedó estático, no se acordaba ni de respirar, cosa que me ponía nerviosa. Su mirada en ciertos momentos inexpresiva, en aquel momento brillaba de ira: nunca lo vi tan humano.
- Edward… eso no cambia las cosas… solo…
- Solo las complica un poco más, ¿No, Bella?
- Edward, por favor, ya te he dado el sí y Jacob, no se a que vendrá pero… sabes que te quiero a ti. – Edward me miró crispado.
- No incluyas en la misma frase su nombre y el mío. Si intenta hacer algo o complicar algo "más" las cosas… no me detendré Bella, ya aguanté suficiente.
Edward estaba más nervioso que nunca, es más creo que nunca lo vi nervioso y menos por culpa de Jacob. Él había aceptado o… no me había recriminado mi beso con Jacob, en la última, no se si llamarla así, batalla frente a Victoria. Es más su actitud de comprensión fue aún peor. Me dejó echa polvo. Y ahora lo estaba viendo como perdía los estribos.
- Edward, por favor….
- No pienso aguantarme si…
Lo besé, nunca pensé que pudiese acallarlo así ni que él se pudiese controlar como lo hizo para no "saltarse las reglas". Al separarme de él lo miré a los ojos.
- Podrás escuchar la conversación si quieres quedarte más tranquilo, aunque yo prefiero que no sea así. Sabes que voy a entregarte mi vida, déjame al menos aclarar esto. Por favor.
Edward me miró serio, con ese rictus siniestramente inmóvil que tenía cuando se abstraía. Y sonrió.
- Vale, no escucharé la conversación. No es cosa mía y confío en ti. – no pude dejar de abrazarlo en ese momento. Lo quería tanto… - Pero – vaya, se acabó la magia. – hazme un favor, no más besos.
- Solo son tuyos. – le di un corto beso - ¿Me llevas a casa?
- Claro que sí, princesa.
- Edward…
- ¿Sí?
- Acuérdate de respirar. – Él sonrió, dando un largo suspiro.
El viaje de vuelta fue tranquilo, estuvimos hablando de los preparativos para nuestro viaje a Canadá, ya que finalmente habíamos decidido irnos de viaje de novios a Europa y luego instalarnos en Alaska. Era el regalo de Carlise y Emmet, no les permití más. Además como negarme ante ese viaje, y bueno, sabía que al formar parte de su familia, su inmensa fortuna estaba a mi disposición, Edward y Jasper se ocuparon de ponerme al corriente. Aunque Edward hablaba animadamente no podía dejar de estar nerviosa por mi reencuentro con Jacob. ¿Qué haría yo al verlo? No se cual sería mi reacción… ¿Y Charlie? No había pensado en ello. Me lo iba encontrar en casa, comprometida. Me esperaba una laaaaaaaarga charla entre padre e hija, y odio esas charlas, casi tanto como mi padre.
Edward notó como mis pulsaciones aumentaban, y preguntó que me pasaba.
- Nada, Charlie… ¿Cómo se lo ha tomado?
- Muy bien, pude leerle la mente y parece resignado. Algo triste por que siente que te vas, pero parece que entiende que al irnos a Alaska, el matrimonio da seguridad de que no te faltará de nada... Es curioso como piensa tu padre, porque… ¡Oh! Tienes compañía en casa.
Vi el impresionante coche de Alice en la puerta. No sabía que hacía ahí, hasta que una media sonrisa de resignación se dibujó en los perfectos labios de Edward. Entonces lo comprendí.
- Edward… Alice…. ¿no vendrá…?
- Creo que quiere enseñarte unas revistas de vestidos que…
- ¡No por Dios! ¡Hoy no! Edward, gira…
Pero Alice me adivinó el pensamiento y apareció por la puerta corriendo hacia el Volvo de Edward.
- ¡Bella! ¡Bella! ¡Tengo muchas ideas para la boda! ¡Por cierto, Felicidades! ¡Qué bien voy a tener una hermana preciosa a la que regalarle muchísimos vestidos y muchas tardes de compras! ¡Gracias Edward!
Todo esto lo hizo mientras Edward y yo bajábamos del coche. Alice le dio un beso a Edward. Me sentí como si Edward me hubiese regalado para Alice a modo de Barbie a tamaño natural.
- Alice, no es buen momento para….
- Lo sé, lo sé. No he podido ver tu futuro de mañana. Supongo…
Miró a Edward y Alice asintió. Se giró a verme a mí con una gran sonrisa. Me dio un abrazo y me susurró al oído: "Si tienes problemas mañana, no dudes en avisar, estaremos expectantes"
Asentí insegura ya que aunque Alice tenía un aspecto tan dulce, quizás era una de las más mortíferas dentro del clan Cullen.
- Bueno, te he dejado un par de revistas de vestidos. Obviamente voy a ser yo quien organice la boda, Charlie me ha dado el visto bueno. Ha hablado con tu madre y también está de acuerdo, ya que ella sigue en Phoenix y de momento no puede venir… Así que tomo el mando. Estúdiate las revistas, te he marcado los que mejor te quedarían, elige al menos 4 de esos por que este miércoles nos iremos a tomarte medidas y a elegir vestido. Mamá está avisada, ella también vendrá. Rosalie dice que colaborará en la decoración y en el catering. ¿Tenéis los padrinos?
Cuando Alice paró de hablar Edward y yo nos miramos. Tuve que cogerme a él porque empecé a marearme. Charlie vino a abrazarme riendo.
- Creo que Alice debería dedicarse a esto. Edward, Bella. Pasemos dentro a hablar. Alice muchas gracias, en cuanto sepan algo sobre los padrinos te avisarán, tranquila. Déjalos que respiren. – Alice sonrió. Disfrutaba con todo esto.
- De acuerdo, aún tengo que planear muchas cosas. Como las tarjetas, vestidos de las damas de honor…
- ¡Alice! ¡Por Dios, quiero que sea una boda tranquila por favor!¡ Nada de orquestas, vestidos pomposos, grandes lujos, ni coches de caballos, que te veo capaz de…!
Alice sonrió con una expresión inquietante.
- Bella… Bella… ¡Que ideas tan geniales me has dado! – Se subió a su coche y despidiéndose con la mano se fue a toda velocidad. Yo miré a Edward asustada y él no dejó de sonreír. Parecía que se divertía.
- No sufras Bella, ya hablaremos con ella. Vamos dentro.
Entramos dentro de casa con Charlie, la cual cosa me daba casi tanto miedo como las… paranoias de Alice. Estuvimos hablando sobre nuestro futuro, si era preciso casarse tan pronto, como íbamos a pagar la casa y los alimentos… resumiendo, dijo todas los contras que me esperaba que nos expusiese, aunque ya daba por hecho que iba a ser inútil discutir sobretodo con Edward, que respondió a todo lo que Charlie nos preguntó. El principal problema era el dinero, y era difícil de explicar, pero Edward lo solucionó todo en una frase.
- He sido concertino de piano desde los 11 años y el dinero de los conciertos lo invertí en bolsa: Tenemos suficiente para pagarnos la carrera y subsistir hasta que terminemos y tengamos trabajo. La casa de Alaska es de mi familia, así que no hay problema.
Charlie se quedó de piedra y ya no pudo decir nada más. Nos miró y suspiró.
- Está bien. Me habéis ganado. Tenéis mi bendición, eso si, procura no hacerle más daño, ¿de acuerdo, Edward Cullen? – No sé por qué, pero me lancé a sus brazos dándole las gracias.
Charlie tosió disimulando su incomodidad y su alegría de verme tan contenta. Me sorprendí incluso yo de mi reacción. Edward se despidió aunque sabía que al subir lo tendría en mi habitación. Cené con Charlie que tenía un semblante entre feliz y melancólico y tras recoger la mesa, le di las buenas noches y corrí hacia mi cuarto. Edward estaba allí esperándome. Cerré la puerta y me abalancé sobre él. Le di un gran abrazo respirando su aroma. Él me quitó la coleta dejando mi pelo suelto para poder acariciarlo y enredarlo entre sus dedos, como a él le gustaba hacer.
- Increíble, has conseguido que yo quiera casarme contigo y que Charlie acepte. Tienes que estar contento.
- Obviamente. Pero lo hago por la recompensa.
- ¿Qué recompensa?
- Ésta. – me besó con pasión, esta vez contenida, no quería jugar más a ser un héroe. Al separarse de mí me miró sonriente – Tener tus besos solo para mi es mi mayor recompensa.
Sonreí, supongo que roja como una amapola, sentándome en mi escritorio. Edward se puso detrás de mí sin dejar de acariciarme el pelo.
- Estoy asustada… casarme, es algo que no se tiene previsto para tan joven. Y además mañana… Jacob.
- Shhhhhh… Mi princesa, ahora no te preocupes por eso. Prometo que esto será todo lo leve posible para ti. Déjame… - Cogió mi cepillo a velocidad de la luz y empezó a peinarme suavemente. Es una costumbre que había cogido hacía un mes más o menos. Le encantaba mi pelo tan largo, decía. Pero esa noche fue diferente. Me peinaba con una sensualidad tal que cada vez que el cepillo recorría mi pelo tenía que cerrar los ojos y aguantar la respiración. Dejó de peinarlo y lo apartó hacia un lado lentamente dejando mi cuello al descubierto.
- Edward…
- Shhhh… no estropees el momento.
Me callé comprendiendo esas palabras más allá del carácter erótico: esto era una prueba más para él. Se acercó a mi cuello besándolo con ternura, haciendo que mi piel se erizara. Dio otro beso. Y otro. Y otro. Instintivamente empecé a ladear la cabeza hacia el lado contrario, dándole vía libre para que siguiese besándome. Noté su fría mueca en forma de sonrisa dibujarse en mi piel. Y entonces hizo algo inesperado: con la punta de su lengua recorrió de la forma más sensual que yo podía haber imaginado, mi cuello hasta el lóbulo de mi oreja. Tuve que cogerme a la mesa para no caerme ante aquel gesto de declaración de intenciones.
- Si no fuese un chico bueno, no me esperaría hasta nuestra noche de bodas. – Su aliento gélido hablándome al oído me hizo estremecerme.
- No lo seas.
- Provocadora.
- Niño malo.
Edward rio, dándome un beso en la mejilla.
- Vamos, cámbiate. No tengo el estómago tan lleno como para volver a acercarme a ti y poder controlarme. Hoy ya he jugado demasiado con mi instinto.
Suspiré fastidiada. Mi mente no dejó de dar vueltas a lo que hubiese podido pasar. Edward se dio la vuelta mientras me cambiaba. Al acostarme se acostó conmigo, separados por la manta, estuvimos hablando un poco sobre el plan del día siguiente. Sobre las 11 de la noche empezó a cantarme al oído mi nana, y me dormí, con el sonido de su voz acompañándome.
A la mañana siguiente la falta de Edward en mi cama hizo que me despertase de repente. Vi a Edward mirando mi álbum de fotos, donde estaban todas las fotos que nos habíamos echo, pero estaba detenido mirando un par de fotos mías con Jacob en la Push, que nos hizo Emily y que me las dio dos días después que Jacob se hubiese marchado. Fui a poner mi mano sobre su hombro pero su voz ronca e inexpresiva me detuvo.
- Dentro de 20 minutos estará aquí. Será mejor que te vistas.
Me puse a temblar por que no sabía cual sería mi reacción, no sabía que estaba pensando Edward, no sabía nada. Edward se levantó y se acercó a la ventana. Esto era muy difícil también para él. Se giró y sin mirarme siquiera se lanzó sobre mí, rodeándome con sus brazos.
- Bella, te esperaré. Te amo.
Sin dejarme hablar abrió la ventana y desapareció. Me quedé absorta durante unos minutos mirando por la ventana. El cielo estaba esclareciéndose, las nubes empezaron a dejar paso al cielo y como el sol, un rayito de esperanza y tranquilidad, y una inmensa sensación de que todo iba a salir bien inundó mi pecho.
Empecé a arreglarme y escuché como Charlie se despedía para irse a trabajar a la comisaría. Estaba sola en casa, pero eso no me preocupaba. Me puse una camiseta que Alice me regaló la semana pasada, de lino azul cielo y de mangas anchas, unos vaqueros. Recogí mi cuarto y cuando me dispuse a salir por la puerta noté un viento frio entrando por la ventana, supuse que era Edward y me giré enfurruñada.
- Edward, ¿quieres dejarlo ya…?
Y al girarme lo vi, de pie dentro de mi cuarto frente a la ventana. Llevaba unos desgastados vaqueros grises y una camiseta blanca que le daba un aire fresco. El pelo ondeaba con el viento. Lo llevaba tremendamente largo. En estos dos meses Jacob había mutado en un hombre increíblemente sexy, con una mirada limpia y sincera. No pude ni moverme. Su imagen me tenía más que obnubilada. Dos meses. Dos meses sin él, dos meses sin verlo sonreír, sin escuchar su voz, sin abrazarlo. Eran demasiados meses y ahora no tenía tiempo ni ganas para reprocharle nada. Dio dos pasos hacia mí lentamente, con sus manos hacia mí. Y sus labios se movieron, dando paso a una grave y dulce voz que pronunció mi nombre, como saboreando todas las letras, como si fuesen las primeras palabras que se le enseñan a un niño y las repite emocionado. Una lágrima resbaló por mi mejilla.
- Jacob…
Entonces se lanzó sobre mí, abrazándome, repitiendo una y otra vez mi nombre, prestándome su calor con cada caricia y con cada palaba que susurraba en mi oído. Lo abracé y lloré. Por que lo echaba de menos, por que lo quería.
- Bella, Bella… estas aquí, Bella, mi Bella, te he echado tanto de menos...
No me percaté hasta el octavo "Bella" de que él también lloraba. Terminamos los dos abrazados en el suelo de mi habitación. Nos debíamos muchos abrazos. Y muchas explicaciones, y quizás eso era lo más difícil de todo.
Siiiiiii! otro capitulo. Ante todo gracias a todas las que me estáis apoyando y ayudando en especial a mi "new love" aquí en el mundo de los Fics. (Cariño, tu ya sabes quien eres jujuju). Espero que disfrutéis de este capitulo. He intentado acortarlo por que me había salido muuuuuuuuuuuuy largo y no pasaban tantas cosas como para ello.
Ante todo pedir disculpas por mis muchos fallos en cuanto a redacción: soy de valencia y muchas veces pongo cosas mal traducidas al castellano UU
Espero poder actualizar más a menudo, pero no prometo nada por que soy estudiante y ya sabéis que pasa con eso ¬¬U.
Así que sin más preámbulos ...
dadle al Go si queréis que venga Jasper y os "quite las penas"
dadle al GO si queréis ver a Jacob cantando "livin' la vida loca" como Ricky Martin en su videoclip
dadle al Go si queréis que Edward "os peine"...
dadle al GO sobretodo... si queréis tanto como yo ver una escena YAOI entre Edward y Jacob o
en cualquier caso, para lo bueno y lo malo, dadle al GO!
