Perdon perdon perdon a todooooooooooooos! Siento mucho no poder haber actualizado esto más pronto. PEro ya sabeís: trabajos de la uni, entregas, exámenes... y aun me quedan dos semanas así, de tortura Así que aquí tenéis un chap larguillo. Para que tengáis algo que leer XDDDD Espero Reviews! Mil besos!!
5.- Pensamientos
Era una chiquillada pensar en ello a estas alturas, pedirle garantías de amor eterno y devoción absoluta tras demostrarme tantas veces su amor era una idiotez y yo lo sabía. Pero la duda, el temor me corroían y quería tener algo a que acogerme: le iba a entregar mi vida, mi existencia, iba a dejar todo lo que quería por él y merecía estar segura. Obviamente Edward me aseguraría que sí, que me querría por toda la eternidad, pero no era lo mismo pensarlo yo que mi adorado vampiro me lo dijese con su armoniosa voz.
- ¿Enserio me estas preguntando eso?
Me miró serio. Yo asentí, mirándole a los ojos. Era obvio que lo necesitaba, que necesitaba escucharlo.
- Tú más que nadie debería saber que sí. Te amo, Bella, te amo por… - Frenó en seco, estas últimas palabras me hicieron languidecer ¿por qué vacilaba? -. Esto no tiene nada que ver con el amor, ¿Verdad? Con esto me estas preguntando si te amo por quien eres… o por la atracción de lo que… recorre tus venas… ¿No, Bella?
Agaché la cabeza sintiéndome realmente mal, culpable, una imbécil en resumidas cuentas. Pero sé que la primera vez que me vio, se sintió atraído por mi olor y luego por el hecho de que no podía escuchar mis pensamientos. Era mezquino pensar así, cuando tantas veces Edward había arriesgado su vida o su integridad por mí. Aun que eso era una escusa más para poder pensar que lo hacía para que yo no me convirtiese y no perdiese… mi aroma. Edward me miró con enfado, decepcionado, por que mi expresión le hizo adivinar que no se equivocaba en su afirmación.
- Después de tanto tiempo, de tantas cosas que hemos sufrido, si solo piensas que me atrae tu sangre, lo nuestro no tiene futuro. – Lo miré asustada. Más bien escandalizada ante la perspectiva que se presentaba con esta conversación.
- Edward, no dudo de tí o de lo que sientes por mí. Sé que me quieres… y sabes que te quiero – Me detuve, midiendo mis palabras, y levantando poco a poco la mirada para encontrarme con sus fríos y brillantes ojos ámbar. -. Lo que temo es que me convierta en algo que no te guste… o – respiré hondo – que no valga la pena el esfuerzo de pasar toda la eternidad… juntos.
La cara de Edward se tornó piedra ante mis palabras. Frío granito. Puro hielo. Se "olvidó" de respirar unos segundos, que a mí me parecieron horas. Hasta que sus labios se movieron lentamente, acompañados por una lejana y triste mirada, y un leve temblor en los labios… un temblor muy humano.
- ¿Cómo demostrarte que te amo con locura si mi corazón no late? ¿Cómo demostrarte que al encontrarte a ti encontré lo que estuve buscando todo este tiempo? ¿Cómo hacer que confíes en mí y en lo que te ofrezco en cada beso y en cada caricia, Bella? No pidas garantías en los sentimientos Bella, por que es imposible garantizar el amor, la tristeza, o la felicidad. – Mis ojos empezaron a llenarse de lágrimas – Pero lo único que puedo darte es esto – cogió mi mano acercándola a su pecho -, un corazón que no late pero que al sentir los laridos de tu corazón, al sentir lo que siento pienso que, de una manera u otra, no deja de latir. Pero… si no entiendes esto. No puedo hacer nada más para convencerte, Bella.
Edward bajó del coche, cerrando de un portazo con las manos en los bolsillos mirando al final del camino. Yo no podía dejar de llorar. Mi corazón golpeteaba mi pecho sin parar, y en mi garganta solo sentía un dolor inmenso, un dolor previo a los gritos. Pero aguanté. Edward estaba inmóvil, bañado por la luna, brillando con su porte elegante cual estatua griega. Bajé intentando no tropezar, pues tenía la vista nublada por las lágrimas. Intenté acercarme a él, y cuando mi mano estuvo a punto de rozarle, su voz hizo que parase en seco.
- Todo esto es por Jacob, ¿Verdad? Lo quieres y temes equivocarte.
Me quedé temblando a su espalda. No quería admitir que tenía parte de razón. Ese era uno de los momentos en que agradecía encarecidamente que no pudiese leer mi mente.
- Edward, te amo. Jacob no tiene que ver… o quizás si. Pero, entiende que tengo miedo. No dudo que te amo y que tú me quieres ...
- Te amo.
- Me amas – Suspiré con una media sonrisa momentánea en mis labios -. Pero después de la transformación, nadie me garantiza que todo será como ahora. Y eso es lo que me asusta. Y por supuesto….
Me detuve intentando escoger las palabras adecuadas. Esto era muy difícil y temía sobretodo la reacción de Edward.
- ¿Por supuesto qué, Bella?
- Por supuesto… temo a la soledad, a la sensación de perderlo todo. De dejar tantas cosas que quiero atrás. Lo siento.
Por extraño que parezca Edward no se acercó ni un ápice a mí. El frío empezaba a calar en mis huesos. Aunque fuese verano, las noches seguían siendo gélidas en Forks. Susurré su nombre, pero él seguía ahí, sin inmutarse lo más mínimo. Empecé a gimotear y llena de rabia me acerqué por detrás para darle un golpe con mi puño, pero se dio la vuelta lo suficientemente rápido para detener mi golpe y sujetarme para que no me cayese por la inercia. Lo miré entre lágrimas, su cara era una estatua, sin una gota de emoción en sus facciones. Entonces sus labios se movieron lentamente, acompañados de su melodiosa voz.
- Bella, tienes dos semanas aún para pensártelo. Yo te amo. Sigo queriendo casarme contigo y compartir toda la eternidad junto a ti. Pero que tú no estés segura ni siquiera de lo que siento, nos complicará la vida. No puedes estar huyendo de tus problemas. Jacob ha de superarlo, por mucho que lo quieras y no quieras verlo sufrir, y tú… tú también has de superarlo – Hizo una mueca parecida a una sonrisa, aunque yo sabía bien lo que le estaba costando arrancarse a sí mismo esa sonrisa. –. Te llevo a casa, no quiero que Charlie empiece a pensar otra vez que soy un mal partido para su hija.
Aunque estuvo de lo más tranquilo durante el viaje, se que esas palabras iban teñidas de una palabra que siempre me pareció malsonante y en ese momento aún más: ultimátum.
Debía solucionar todo esto pronto por que al final los perdería a los dos: a mi sol y a mi luna.
Al llegar a mi casa Edward se despidió con uno de sus apasionados besos, aunque este duró menos de lo previsto o de lo habitual estas últimas semanas. Pero no podía ni quería recriminárselo. Mis ojos lo miraron de arriba abajo, y mi miraba recitaba en silencio lo que en ese momento quería preguntar. Edward me miró con picardía y sonrió, esta vez, sinceramente.
- Nos veremos ahora en tu cuarto, mi vida – Besó otra vez mis labios con suavidad, y en segundos se bajó del coche y abrió mi puerta, ayudándome a salir. Al dejar ir su mano me sentí de nuevo, como si algo me abandonase, como cuando me separé de Jacob.
Entré en casa, sin gritar, pues Charlie estaba recostado en el sofá durmiendo mientras la tele seguía su propia rutina. Subí y me preparé para pasar otra noche agonizando en mis pensamientos mientras Edward me infundía su amor en cada caricia.
Tuve mi minuto humano antes de entrar a mi habitación, donde Edward me esperaba en la cama, como siempre, recostado esperando a que yo lo acompañase. No tardé en dejarme abrazar por sus fríos brazos, mientras me susurraba palabras de amor al oído. Cuando el sueño empezó a llevarme con él, Edward empezó a cantarme mi nana, variando de vez en cuando algún detalle de la melodía, del ritmo, pero seguía siendo mi nana. Como siempre, y como siempre cada noche terminaba dormida rodeada de sus brazos.
A la mañana siguiente Edward me despertó, se iba a cazar pero no sin antes despedirse de mí con uno de esos prohibitivos besos que últimamente me regalaba casi con ansiedad. Sus besos iban mutando poco a poco: antes simples roces, ahora incluso se atrevía a saborear el interior de mi boca, aunque frenase nuestros besos bruscamente. Pero yo ansiaba el momento en que aquello terminaría.
Tras ver como Edward desaparecía por la ventana, me di cuenta que estaba increíblemente de buen humor, quizás por que un extraño día soleado me golpeó en la cara, quizás por que me esperaba un largo día en la Push, y me sentía viva. Necesitaba moverme, así que me calcé mis deportivas, me puse unos vaqueros y me arreglé para el día que me esperaba. Corrí bajando las escaleras, sin caerme, que ya de por si era un logro, y me abalancé a la nevera para preparar un copioso almuerzo. Mientras empaquetaba las cosas el teléfono sonó, era la voz de Jacob, que estaba sorprendido al ver que yo estaba lista para irme a la Push, le dije que no hacía falta que me recogiese, que cogería el coche. Me apetecía conducir. Era algo extraño, pero necesitaba moverme, hacer algo diferente, comportarme como una niña descerebrada, aprovechar el tiempo que me quedaba como humana y disfrutar de los pequeños placeres de la mortalidad: el riesgo y el peligro.
Cogí el coche y me dirigí hacia la reserva. Hacía un día espléndido y se respiraba el aroma de los bosques húmedos con una gran intensidad. Al poco tiempo llegué al camino principal de la reserva donde Jacob me esperaba encima de su moto. No frené y él me siguió de cerca corriendo junto a mi coche… se llenó de barro varias veces y me reí muchísimo. Al aparcar en la reserva y bajar del coche me di cuenta de que no había nadie, o no parecía haber nadie allí. Jacob me explicó que estaban haciendo algo así como una ruta de reconocimiento, solo como una costumbre. Me dio mi casco y me subí en su moto. Corrió en la moto conmigo a su espalda, mostrándome sitios que no conocía aún de la reserva, bordeando los acantilados, recorriendo caminos que se situaban entre pequeñas montañas, todo era precioso. Almorzamos en lo alto de uno de los acantilados, lejos del acantilado donde me lancé el año anterior. Me reí muchísimo con Jacob, que parecía más relajado que el día anterior. Parecía que ambos no queríamos recordar el motivo de nuestra crispación y realmente lo conseguimos.
Después de almorzar, nos tumbamos en el suelo, tomando el sol y hablando de nada en especial. Pero como todo lo bueno no puede durar siempre, las nubes empezaron a hacer acto de presencia sobre nosotros, y el sol no era ya tan cálido. Sobre las 6 de la tarde decidimos volver. Jacob se puso el casco y antes de colocarme el mío me dijo.
- ¿Y qué tal si nos bajamos a la Push antes de que haga más frio?
Asentí, me puse el casco y nos dirigimos hacia la Push. Al llegar pudimos divisar un espectáculo increíble: las nubes se unían formando formas irregulares de un dorado cálido sobre un fondo azul que palidecía en tonos violáceos según el sol se iba escondiendo tras las montañas. Corrí hacia el agua lanzando el casco al suelo y obviamente me caí, pero aún así no podía parar de reír… Cuando Jacob se acercó corriendo preocupado por si me había pasado algo le hice tropezar con mi pie y a punto estuvo de aplastarme. Se apoyó en las manos y me miró divertido, no pude ocultar mi vergüenza al tenerlo tan cerca, pero tampoco pude frenar mi risa. Se incorporó poco a poco y me ayudó a levantarme.
- Vale, señorita Bella, ¿Y a usted que le pasa?
- Jajajaja ¡No lo sé, sinceramente! Ha sido un día realmente divertido, sin preocupaciones… Me lo he pasado muy bien. – Me giré hacia el mar y le insté a que me siguiera- . ¿Seguimos? - De repente algo húmedo me golpeó en el hombro, y me llevé la mano instintivamente sobre el lugar del impacto, donde encontré algo viscoso. Obviamente pensé lo peor (alguna gaviota o algo peor) y al mirar mi mano me di cuenta que era arena mojada… Me giré a mirar a Jacob que se reía a carcajada limpia al ver la expresión de asco que se podía ver en mi cara. Me agaché para lanzarle una bola a la cara a modo de venganza, cuando apareció delante de mi, sujetándome el brazo, que ya estaba erguido en pos de ataque. Y sonrió.
El aliento se detiene en mitad de mi pecho. Realmente, era guapo, con sus rasgos varoniles y su tez morena… y esa preciosa sonrisa. Jacob sin dejar de sonreír se acercó más a mí. Miré sus labios, que me sonreían. "Solo a mí" pensé. El viento húmedo del mar nos envolvía, mientras esa sensación de peligro flotaba en mi estómago. Ver a Jacob tan cerca, me hacía recordar nuestros momentos juntos, besándonos, sintiéndonos. Al ver su mirada penetrándome, me di cuenta que probablemente él estuviese recordándolo, o mejor dicho, deseando recrearlo otra vez. Su sonrisa cambió de repente, haciendo que la tensión entre los dos se relajase. Tras unos segundos, Jacob empezó a andar, sin soltarme de la mano.
- Hacía tiempo que tenía ganas de pasearme por aquí, contigo, envueltos en un atardecer como este – el agua fría del mar nos acariciaba los pies mientras andabamos hacia ninguna parte -. Las cosas desde luego se ven diferentes desde la perspectiva humana y la lobuna.
Lo miré inquisitivamente, y agaché la cabeza. Esa época, la época en que Jacob prefirió ser lobo antes que ser … simplemente Jacob… fue una mala época para mí. Bueno, para que ser egoístas, lo fue para todos. Me dolía y me sigue doliendo pensar en ello.
- Aunque eché mucho de menos el andar a dos patas. Es como comer con los pies… y Dios… comer, comida. No desperdicios ni carne cruda… - Lo miré escandalizada.
- ¿Qué hiciste qué?
- ¡Hey, hey!, díselo a mi padre… yo quería hamburguesas… pero con huevo frito, no crudas… pero el hambre, y el instinto… Dios, sinceramente, nunca pensé que diría que hubiese pagado por tener un cepillo de dientes.
Empecé a reir divertida, y obviamente, tropecé apoyándome en Jacob que me sujetó, sonriendo por mi ya conocida falta de equilibrio en cualquier terreno. Nos quedamos mirándonos unos segundos y vi como Jacob se ponía nervioso, entonces me percaté de lo que en realidad pasaba por la mente de mi amigo. Agaché la cabeza avergonzada y antes de poder separarme de él me alzó la barbilla. Me quedé paralizada, al ver sus ojos mirándome con deseo, como una súplica. Sus labios se posaron en mi frente, suave y lentamente, dejándome una sensación de tremenda calidez allí donde sus labios me habían besado. Bajó hasta mi nariz, besando la punta de la misma, posando allí su tibio calor, y entonces lo hizo, casi sin apenas darme cuenta. Se acercó a mi boca y la rozó: fue un inocente beso, una caricia, solo eso. Sin pedir ni exigir nada más. Sus manos temblaban a cada lado de mi cara. Jacob apoyó su frente en la mía, sin abrir los ojos, dejando escapar un suspiro.
- Yo… Bella, lo siento, no lo volveré a hacer. Pero solo… soy egoísta… pero ya no voy a hacerte nada más – Me besó la frente y llevó sus manos a mis hombros, sujetándome o quizás, intentando mantener el control de sus actos, marcando una distancia con sus enormes brazos -. Solo quería sentirlos una vez más.
Mi corazón palpitaba desbocado en mi pecho. La sensación de vacío se apoderó un poco de mí, sobretodo al sentir unas irrefrenables ganas de besarlo, de morder aquellos labios y aquel cuello que, sinceramente, me atraían más de lo que yo nunca hubiese pensado. Me escandalicé de mi misma. Me aparté el pelo de la cara, llevándolo detrás de mi oreja y sin mirarlo avergonzada sonreí.
- Tranquilo, no pasa nada… en… enserio. Sera mejor que me lleves a la frontera ya, ¿no?
- De acuerdo, no queremos que tu monstruito se preocupe… aunque hoy debería de hacerlo un poco… estoy, extremadamente sensible, y tú extremadamente sexy bajo la luna.
- Jacob Black cierra tu gran bocaza ya.
Jacob se rió divertido. Nos dirigimos hacia la moto y seguimos hacia la frontera. Estuve limpiándome la cara con una toallita húmeda para quitarme el posible o más que probable olor de Jacob: no importaba que la ropa pudiese olerme a lobo, pero la cara era otro cantar.
Al acercarnos a la frontera vimos el coche de Edward, que ya nos esperaba en él. La verdad se me hizo extrañó verlo allí, sin avisarle de que ya nos acercábamos a la frontera, como si él ya lo supiera. Al bajar de la moto, escuché como Jacob me decía adiós y arrancaba la moto, dejándome junto al coche de Edward. Miré como se iba, sintiéndome de nuevo vacía. Jacob, era tanto para mí… noté las manos de Edward rodeándome la cintura y como sus labios besaban mi cuello dulcemente y suspiraba mientras me daba la vuelta para besarme. Sus labios fríos se juntaron con los míos, dándome esa fantástica sensación de frescor y de ligereza, ese fervor que se escondía en lo más profundo de las caricias de mi novio. Le rodee el cuello con mis brazos, dejándome llevar. Era una grata sensación poder besarlo con menos cuidado que antes. Frenó esta vez poco a poco sus besos y lo miré extrañada. El simplemente sonrió y susurró con su voz aterciopelada:
¿Nos vamos, mi princesa?
Asentí medio atontada por su sensual mirada, mientras me guiaba con delicadeza hacia el coche. Arrancó y empezó a conducir. Puso un cd con música de jazz, la cual escuchaba últimamente con una asiduidad casi enfermiza. Estuve tensa todo el viaje, ya que Edward no me preguntó nada sobre lo que había echo durante el día ni tampoco me contó que había echo él, simplemente me miraba de vez en cuando y sonreía, enigmático. A los 15 minutos de trayecto me di cuenta de que no íbamos por el camino acostumbrado, cosa que me inquietó mucho más si cabe. Era un camino que se desviaba hacia el norte, alejándose de la casa de Edward y también de la mía. Lo miré y al intentar decir algo, Edward me miró dándome a entender que debía callar y que más tarde lo entendería todo.
Despues de unos 10 minutos más llegamos a un camino asfaltado, y aparcó debajo de un par de encinas. Me hizo bajar del coche.
- Espero que Alice tenga razón y que sea verdad que no vas a gritarme ni nada por el estilo.
Lo miré anonadada. No entendía que pasaba.
- Bueno, supongo que debo decírtelo ya. He estado pensándolo mucho estos últimos días. Antes de hacer cualquier viaje largo y para dejar todo arreglado antes de irnos a Alaska, había pensado que te gustaría estar cerca de los tuyos – Edward m cogió de la mano y echó a andar -. La transformación será complicada, por que todas lo son y quiero que te habitúes sin presiones – seguimos el camino hacia la derecha y entonces, apareció delante de nosotros, iluminada bajo la luna. – Es pequeña, lo suficientemente grande para dos personas. No es muy lujosa ni ostentosa y pensé que al ser tan parecida a la de Charlie no te desagradaría del todo.
Me quedé paralizada: una preciosa casita, de techos de pizarra altos, con una buardilla que se antojaba acogedora y luminosa, rodeada de árboles, discreta, hogareña y encantadora. Imposible de encontrarla fea, o inapropiada.
- Edward, no entiendo…esto
- Esto, mi vida, será nuestra casa durante unos meses, y si lo prefieres, podemos usarla como… casa de verano. La compré a muy buen precio, tiene unos cuantos años – Me miró nervioso -. Espero que te guste… se que no te gustan los regalos o que no te gusta que te presionen, yo solo…
- Edward, es preciosa… solo… me da rabia, no poder enfadarme contigo – me lancé instintivamente a sus brazos besándolo sin control, llorando de alegría -. Nuestra casa… es nuestra casa…
Edward me abrazó con fuerza, besándome feliz de verme reír ante la sorpresa. No podía frenarme, mi alegría me desbordó y noté como Edward a duras penas se podía controlar. Tuvo que separarse abruptamente de ella, apoyándose en un tocón de un árbol que estaba cerca de él. Vi como agujereaba la madera con la fuerza de sus dedos.
- Ya… nos hemos arriesgado bastante por hoy. Ya falta menos pero por favor no me pongas más a prueba así.
Sonreí divertida y esperé a que Edward se relajase.
- Solo espero, que…
Paró de repente. Se le notaba confuso y nervioso.
- ¿Qué pasa?
- Solo que… Bella, esta será la última vez que lo pregunte. ¿Seguro que no prefieres a Jacob antes que a mí? – me sorprendí al escuchar esa pregunta, y Edward se cercioró de las dudas que vagaban por mi mente en ese momento. – Estos días te he notado diferente, no soy tonto Bella, y se que lo quieres muchísimo aún. Cada vez que te deja junto a mí y se va, te das la vuelta como queriendo que vuelva y te lleve con él… y eso… me duele. No se afrontarlo.
Por primera vez lo ví dudar enserio. No celoso ni nada parecido, sino con miedo, miedo real a que yo pudiese elegir a Jacob. Miedo a ser yo la que se alejase. Miedo a que fuese sensata y eligiese el camino de la vida, antes que el de la eternidad. Me acerqué a él y me quedé pensando: Jacob y Edward. Pasión y amor. Suspiré y me crucé de brazos.
- Edward, te amo. No hay más que hablar. Anoche me diste a elegir, me diste dos semanas, me pediste que no dudase y yo… - Edward cerró los ojos, como temiendo mi respuesta – solo se que te amo. Y que nunca podré sentir por Jacob lo que siento por ti. Siento… no haber sido tan clara estos días, pero supongo que lo entenderás.
Entonces me arrodillé, tomé su mano libre, suspirando y aterrada por lo que estaba a punto de hacer, y mirándolo a los ojos dije:
- Así que… Edward Cullen, me harías la mujer más feliz si aceptases ser el vampiro que me de la vida.
Edward me miró, mordiéndose el labio como solía hacerlo muchas veces yo misma y se abalanzó sobre mí y me besó.
- Si, quiero. – sonrió como solo el sabía hacer. Las cosas empezaban a encajar poco a poco. Y aún me quedaban casi dos semanas hasta la boda. Y para mi "cambio de vida". Y me quedaban muchas cosas pendientes, como por ejemplo: decir adiós de verdad, o si no, un "hasta luego" a mi amigo Jacob, pero eso sería al cabo de unos días, ya que antes tenía que enfrentarme al echo de ser la novia, y tener a Alice de organizadora. Un escalofrío recorrió mi espalda al pensar en ello, mientras Edward me abrazaba. Estos últimos días, serían muy agotadores.
