Bueno, primero pedir disculpa por estar desaparecida tantos meses. Pero este verano trabajando y ahora estudiando me han dejado poco tiempo para mí y para vosotros. He cortado el chap porque se hacía largo y casi prefiero capitulo más cortos y más que otra cosa.
Daros las gracias por vuestro constante apoyo y por los reviews y los favs que me vais dejando. Lo más bonito que me podéis regalar es esto, leerme y darme la oportunidad de que la gente lea lo que escribo.

Este chap me ha costado horrores, por que al salir el último libro y haberlo leido ya me cuesta despegarme de su hilo argumental. Hice bien en hacerme un guión para no dejarme llevar por lo que ya ha escrito la Srta. S. MEyer.

Espero que os guste! ^^


Capitulo 7 .- La novia llega siempre tarde.


- No te voy a negar, Alice que… si, tengo dudas. Y supongo que te imaginaras…

- ¿Qué es por el chucho? – suspiré, intentando no prestar atención a ese apelativo cariñoso con el que había bautizado a Jacob.

- En parte sí… Alice tú quizás no entiendas, por muy cruel que te resulte lo que voy a decirte, que yo he tenido y tengo una vida con mis amigos, mis familiares y que todo esto me cuesta. – la miré intentando averiguar si se había sentido dolida, pero parecía más relajada de lo normal.- A ver. Estamos hablando no solo de casarme con 19 años ¡Sino de desaparecer de la faz de la tierra! Dejar de existir para la gente que quiero y con la que no podré estar… nunca más. – Mi voz se tornó un susurro al cerciorarme de lo cruel, grave y doloroso que sonaba todo aquello. Ya lo sabía perfectamente, pero el decirlo en voz alta lo volvió más palpable, más tangible, más real. Noté como las lágrimas empezaban a agolparse en mis ojos e intenté controlarme. Alice no decía nada, parecía absorta aunque sabía que lo había escuchado todo. – Y…¡JODER! – noté como Alice clavaba sus ojos en mí. – No soy de piedra y el futuro que me propone Jake es más que tentador. No tendría que abandonar a mi familia ni mi vida actual… - las lágrimas resbalaban desconsoladas por mi piel. – Solo… tendría que abandonaros… a vosotros… a ti, a Carlisle… y a …

- A Edward.

Me puse a llorar. Me dolía todo aquello: amar tanto a una persona y no poder darme a ella al 100%, no poder amarla incondicionalmente. Hacer tanto daño a tanta gente. Intenté mirar a Alice, pero solo conseguía ver manchas borrosas.

- Sé que no es fácil. Es renunciar a muchas cosas y ganar bastante poco. Amor, una nueva familia, y la vida eterna. Quizás pueda entender… aunque me cueste, que el chucho te atraiga hasta el punto de dudar sobre si ser la esposa de mi hermano, y que te ofrezca una vida normal y feliz, sea mejor opción o peor de lo que puedes tener con Edward. Es normal que tengas dudas. Pero has luchado para que Edward quiera convertirte, para que Charlie vuelva a confiar, has querido arriesgar tu vida para salvarle a él, a mí, a ti. ¿No crees que las dudas están de más ahora, Bella? Lo amas, lo sé. Y créeme, serás feliz, todo se solucionará. Lo he visto.

Las palabras de Alice retumbaban en mi cabeza e iban ordenándose y tomando forma. Tenía tanta razón. Amaba a Edward por encima de todo. Jacob era más que mi mejor amigo, lo quería muchísimo pero lo que sentía por Edward era algo más que amor. Era devoción, era pasión, era vida. Mi vida. Jake tenía que entender que si había decidido casarme con Edward era por que realmente Edward me daba algo que él nunca podría darme y era todo su ser, todo lo bueno y lo malo. Cuerpo y mente. Todo. Miré a Alice que me miraba expectante y de repente sonrió.

- Al fin. Habrá boda. .- Y sonreí.

Estuvimos calladas mientras llegábamos a Seattle. Al pasar la primera glorieta para desviarnos hacia la entrada de la ciudad me percaté del problema que podría esperarme en cuanto volviese junto a Edward.

- Alice… ¿Edward sabe…?

- ¿Lo de tus dudas? No, tranquila, está de cacería bastante lejos con Emmet y Rosalie, para prepararse para la boda. Así que ni por asomo ha podido leer mis visiones a cerca de la boda.

- Uffffff… Me temía lo peor.

Al fin llegamos a la más exclusiva peluquería de todo Seattle, donde todas las peluqueras eran maravillosas, el dueño era de lo más cool, e incluso al lado de cada espejo (que ocupaba todo lo alto de la pared) había una pantalla para que las clientas pudiesen ver los últimos videoclips que ofrecía la MTv. Me senté a una señal de una de las peluqueras, horriblemente oxigenada y con un corte de lo más pintoresco, en una especie de butacón de piel que parecía más bien la butaca del dentista, y empezó a alabar el aspecto de mi pelo y la naturalidad que desprendía mi color (obviamente, era el mío) mientras me peinaba, desenredándomelo con cuidado. Entonces Alice sonrió mirando tras de mí.

- ¡¡Jean David!!

- Mi querida Alice, ¿cómo estás princesa? Cuanto tiempo sin verte. ¿Cómo está tu hermana Rosalie?

- ¡Oh! Ya sabes. Cazando.

Ambos empezaron a reír. ¿Ese tipo era vampiro también, o es que sabía su secreto? Qué familiaridad guardaban entre ellos. Eso me hacía temer mucho más mi destino en esa peluquería.

- Esa Rosalie, teniendo a un portento de hombre como Emmet… Ays… como le gusta el juego de la conquista.

- Ya sabes, le hace sentirse "mejor" con ella misma.- Alice le guiñó un ojo.

- Perdonad… ¿Qué me he perdido? – mi voz no sonó tan escandalizada como lo estaba yo.

- Jajajaja. Tranquila Bella, nos referíamos a la caza o conquista de hombres.

Empecé a hiperventilar ante el momento de agónico nerviosismo al que me habían sometido. Alice era más cínica de lo que solía ser.

- ¿Bella? ¿Tú eres Bella? ¡Oh! Al fin te conozco, la novísima novia. Has logrado lo que no ha logrado nadie, cariño. Encandilar al más arisco y sobretodo al más guapo, atractivo y elegante de los Cullen. Monsieur Edward Cullen ni más ni menos. ¡Ay cariño, cuánto he escuchado hablar sobre ti a mi pequeña musa Alice! Entonces guardas alguna idea especial seguro para el tocado que lucirá la novia, ¿Verdad pequeña?

Miré a Alice que me sonrió emocionada. Un escalofrío recorrió mi espalda. Empezaba lo peor.

(6 horas y media más tarde)

Tras una tortura continua de manicuras, limpieza de cara, pruebas de peinado y de maquillaje, y un par de descansos para comer algo, al fin salimos de aquel antro de perversión, Alice con un par de extensiones azules a un lado del pelo y yo con el pelo liso y con un corte nuevo en forma de v en las puntas, con el pelo aún lo suficientemente largo para poder hacerme trenzas si quisiera. Entramos en el deportivo de Alice y nos fuimos hacia mi casa. Alice no dejaba de parlotear emocionada ya que mañana íbamos a recoger mi vestido. Y yo no dejaba de pensar en mi situación con Jake, ya que debía encontrar la mejor manera de que nos alejásemos y de que las cosas se aclarasen. No me sentía con fuerzas para hablar con él. Aún no. Alice aparcó derrapando y tras volver a ponerme la cabeza en el sitio, bajé del coche, me despedí y me fui hacia casa. Decidí llamar a Jacob al día siguiente.

Pero no lo hice. Incluso me negué a coger el teléfono cuando él lo hacía. Tenía pavor por lo que pudiese decirme Jake, por mi reacción, porque a pesar de tener las cosas claras, de saber que amaba absolutamente a Edward, temía escuchar la voz profunda de mi amigo, de volver a perderme en la tentación y de cometer cualquier locura por culpa de mis hormonas y la sonrisa de mi querido lobo… Me pasé los días acatando las órdenes de Alice, controlando lo que comía para que no me saliesen granos, o se me hinchase el estómago, o para que no perdiera o ganase peso, ya que el vestido (que por cierto debía admitir que era precioso y nada ostentoso, como esperaba de Alice) debía encajar en mi como un pie a un calcetín (según mi queridísima Alice). Rosalie era la que se ocupaba de que cuidase en extremo mi piel y mi pelo, embadurnándome de cremas y otros potingues para estar "perfecta", ya que según ella, debía estar a la altura en cuanto a belleza vampírica se refiere de su hermano. Jasper estaba fatigado: se ocupaba de que yo me calmase ante tales torturas y Edward se pasaba los días con cara de cordero degollado como disculpándose por todo a lo que me sometían sus hermanas.

Durante los días siguientes hasta el día anterior a mi boda Jacob no paraba de llamarme todos los días intentando ponerse en contacto conmigo y sabía por Charlie que sus amigos intentaban retenerlo en casa para que no hiciese tonterías y para que me dejase prepararme para la boda. Yo sabía que eso era cosa de Emily y se lo agradecía con toda mi alma.

Y llegó el día de la boda, Edward llevaba un par de días sin pasar la noche conmigo, ya que tenía el vestido de novia en mi habitación y había estado haciendo todo lo posible por no ver en la mente de nadie como era el traje, por eso que da mala suerte. La boda era a las 6 de la tarde, y había amanecido un hermoso día gris. Estaba nerviosa, lo admito y más cuando pensaba en la macro-sesión de peluquería-maquillaje-spa que me tenía preparada Alice. Al llegar, tras una sesión de cremas a base de cítricos y barro en todo el cuerpo, un tratamiento especial para la piel de la cara, una manicura y una pedicura, tras maquillarme y peinarme con un bajo recogido lateral decidí que tenía bastante… Le dije a Alice que me portaría bien, que iría vestida a la boda, que era la última condición que les exigía para casarme: dejarme en paz hasta las 5 de la tarde, ya que estaba más que saturada. Amenacé con echarme atrás en lo de la boda o algo peor, destrozar el vestido al llegar a casa. Algo tuvo que "ver" Alice cuando dije eso. Vio como rompía el vestido y obviamente me dejó ir. Me fui a casa y envié a Charlie a casa de Billy o donde él quisiera. Quería tener la casa para mí sola. Y lo conseguí.

Sola.

Silencio absoluto.

Estuve pensando todo el día en lo que iba a hacer. Y la verdad es que me sorprendí a mi misma. Realmente tenia ganas de casarme, por que era Edward. Empecé a imaginarme la vida junto a él, levantarme con su sonrisa pícara todas las mañanas, con sus besos, con sus tiernos ojos mirándome y deseándome. Me puse una especie de redecilla que encontré en el pelo para que no se deshiciese el recogido y procuré cocinarme algo que no dejase olor en el pelo, no quería tentar a mi suerte, ya me imaginaba a Alice con una de sus visiones: yo con la redecilla cocinando huevos fritos con bacon. Horrible. Se plantaría en mi casa en un pestañear de ojos vampíricos y me mataría.

Cuando terminé de comerme una triste lasaña me senté en el sofá. Hice algo de zapping pero no había nada que valiese realmente la pena.

Así que me levanté y empecé a vestirme a mi ritmo. Faltaba tiempo. Pero prefería cambiarme de ropa por si había algo con lo que no me aclarase para llamar en caso de emergencia a mi futura cuñada.

Afortunadamente no se me dio tan mal… ni siquiera rompí las medias, y los tacones que llevaba no eran tan escandalosos como pensaba. Pero obviamente el velo no podía ponérmelo sola, así que le envié un mensaje a Alice para decirle que enviase a Jasper (que iba a ser mi chofer hasta la casa de los Cullen, donde se celebraría la boda) a recogerme, o mejor dicho, a conducir mi nuevo coche, regalo de bodas de mis suegros: un Pontiac G6 de color negro, escandalosamente precioso y sobretodo poco discreto, pero no dije nada por no herir los sentimientos de Esme y Carlisle. Bajé las escaleras al percatarme del leve sonido de la puerta del coche, señal de que mi conductor esperaba. No tenía ganas de escuchar el claxon por que al igual que el coche, tampoco era muy discreto, cosa que Jasper parecía siempre comprender. Cogí una pequeña maleta y me enrollé debajo del brazo el vestido, esperando no mancharlo con ese precioso lodo permanente que había alrededor de mi casa. Fui dando saltitos corriendo, esperando así mancharme menos los zapatos. Abrí la puerta trasera y lancé la maletita y tras cerrarla, me metí en la parte del copiloto.

- Siento haber tardado. ¡Dios! Alice me matará cuando vea los zapatos, están llenos de barro… ¿Qué tal van las cosas por... la...?

Me quedé de piedra al ver que quien estaba en el asiento del conductor y comprobar que no era el increíblemente guapo vampiro Jasper, sino mi increíblemente sexy amigo lobuno, Jacob. No pude decir nada al verlo, me quedé bloqueada, pero el sonido del motor al arrancarlo me hizo reaccionar.

- ¡Jacob Black! ¿Qué… qué… qué coño estás haciendo? – Jacob sonrió.

- Aprovechando mi última oportunidad de poder conducir esta preciosidad. Seguro que tu querida Alice se esta volviendo loca al ver que has desaparecido de sus visiones, ¿Verdad?

Siguió conduciendo hacia la carretera, acompañado de mis gritos.

- Jacob, haz el favor de parar.

- ¿Por qué? ¿Tienes prisa?

- Jacob no hace gracia.

- Nadie dijo que la tuviera.

Siguió corriendo por una carretera asfaltada, supongo que para no dejar huellas en el camino, evitando que nos siguiesen, aunque yo sabía que no era suficiente. Tras ver un pequeño ensanchamiento de la calzada cogí el freno de mano y lo accioné. Patinamos hasta que Jacob consiguió detener el coche. Nos quedamos inmóviles dentro del coche, con la respiración acelerada por la adrenalina. Cuando conseguí respirar intenté salir del coche pero Jacob accionó el seguro de las puertas, impidiendo que huyera.

- ¡Jacob, joder! Deja de comportarte como un crio. Abre la maldita puerta.

- No.

- Jacob, hazlo o juro que te arrepentirás, sabes que…

Sus labios bloquearon los míos. No pude moverme, ni intentar escaparme, me tenía acorralada. De repente sus labios se despegaron de los míos al ver que no respondía a su beso y vi como bajaba la mirada, con los labios temblando.

- Mírate… estás preciosa. Esa jodida vampira tiene buen gusto… Estas tan guapa, tan sexy, así de blanco. No sabes las veces que he soñado que yo era el que te recibía en el altar de la iglesia, viendo como entrabas con un vestido así, solo para mí.

- Jacob…

- … y luego en nuestra noche de bodas… podría darme a ti… conocerte completamente… y demostrarte lo que te amo…

- Jake, por favor…

- … Y tras un tiempo, un año quizás, verte con esa dulce sonrisa en la cara, embarazada con nuestro hijo en tu vientre… nuestro futuro y nuestro amor materializado en una nueva vida…

Jacob miraba el volante como si fuese su único punto de contacto con la realidad. Mi mano avanzó hacia su hombro para consolarlo, no lo podía evitar, mi mejor amigo, mi Jake se había desmoronado. De repente gritó.

- ¿Por qué tiene que tener el todo lo que yo quiero? ¿Lo único que quiero? Bella, eres mi vida, y sabes que yo podría hacerte tan o más feliz que él, ¡te ofrezco la vida Bella! Por favor, quédate conmigo, quédate como humana y vive, Bella… - le silencié los labios acariciándolos con mi mano.

- Jacob, sabes que no lo voy a hacer, y sabes cuanto me duele hacerte daño… Pero, lo siento.

Jacob intentó que las lágrimas se quedasen en sus ojos con todas sus fuerzas. Se sentía derrotado y más todavía por que comprendía que yo lo comprendía. Me miró, con mi vestido blanco y dio un golpe al volante. Gracias a Dios, es un coche fuerte.

- Vamos, te llevaré a casa de los Cullen.

No dijimos nada más. Busqué el teléfono y envié un mensaje a Alice, tranquilizándola, puesto que ya tenía varias llamadas perdidas en el móvil y un par de mensajes.

Al llegar a la residencia Cullen, solo Alice esperaba en la puerta. Me imaginaba el porqué. Supongo que Edward estaría retenido por sus hermanos luchando por saltar hacia la ventana para degollar a Jacob.

- Gracias por traerla señor Black.

- Un placer, ratita chupasangre.

Se miraron como si fuesen a matarse en milésimas de segundo. Me puse en medio de los dos.

- Bueno, bueno, aquí no ha pasado nada. Es normal que la novia llegue tarde, ¿no? Vamos Alice, tienes que colocarme el velo. Hasta luego, Jake.

Jake bajó la mirada y se fue hacia la parte oeste del jardín, mientras yo entraba en la mansión, por una ventana gracias a Alice, que no quería que nadie me viese.

Tras una hora más o menos, repasando si lo llevaba todo (el "algo" prestado, un detalle azul – un liguero de Alice- , algo regalado, algo nuevo…), Charlie apareció en la habitación donde yo esperaba mi "momento especial" y me avisó que la ceremonia iba a empezar. Suspiré, sonreí y temblando me acerqué a él.

- Vamos, Edward debe estar nervioso.

Mi padre rio con ganas.

- Si, pero tu tiemblas más que él.

Sonreí, y bajé las escaleras. Mi nana empezó a sonar mientras bajaba los escalones hacia el gran salón, donde Edward y los invitados me esperaban. Todo me empezó a dar vueltas. Busqué con la mirada y lo vi. Edward, maravillosamente perfecto, perfectamente guapo. Con un chaqué negro, con chaleco marfil y una corbata azul. Me miraba estupefacto, con la boca medio abierta, y por primera vez sentí que tenía control total sobre él, que por fin sacaba su lado más humano, y sonreí.

"Sí, estoy segura. Lo amo."


TAdaaaaaaaaaaaaaaaa. Fin del chap! Espero que os haya gustado!
Y que las fans de JAcob (yo soy una) no me maldigan con el fuego eterno por haberle exo tanta pupita a nuestro pequeño gran amigo lobuno ^^

Ya sabéis si necesitais amor, os enviare a JAsper si le dais al GO
Si lo que necesitais es calor humano, necesitais a Jacob, así que llamadlo dandole al GO
Si lo que quereis es que unos sexys dedos fríos de pianista os hagan enloquecer... lo siento pero ni dandole mil vece al GO os envio a Edward ;)

Para lo bueno, lo malo y lo peor, sea lo que sea, DADLE AL GO!